Día del niño en Chiapas: de infantilismos a infanticidios
Día del niño en Chiapas: de infantilismos a infanticidios
Expreso Chiapas 30 de abril de 2008
Héctor Javier Sánchez Pérez*
Investigador Titular de El Colegio de la Frontera Sur (Ecosur)
y miembro del colectivo de la 99.1 Frecuencia Liobre de San Cristóbal de las Casas
Año con año, por cada 1,000 habitantes en Chiapas nacen 21 niños/as, lo que nos posiciona como el estado con mayor “tasa de natalidad” del país (en otras entidades, como el Distrito Federal, nacen 16 niños/as por cada 1,000 habitantes). También somos el estado en el que las mujeres tienen el promedio más alto de hijos/as, 2.5, mientras que, por ejemplo, en el Distrito Federal tienen en promedio 1.7. Chiapas es la entidad del país con mayor población menor de 15 años de edad, el 40 por ciento de sus habitantes (en el resto del país el 34 por ciento tiene menos de 15 años, y en el Distrito Federal, el 26.5 por ciento de su población).
Es decir, somos el estado que, en términos de porcentaje, tiene más niños/as en México. En aspectos socioeconómicos, Chiapas “compite” con Oaxaca en ser el estado más pobre del país, con las peores condiciones de vivienda, menores ingresos, muy poca cobertura de seguridad social y los peores niveles educativos, entre otros indicadores.
En el ámbito de salud, la niñez chiapaneca no tiene nada que presumir y sí mucho que reclamar. Para ilustrar dicha afirmación, se pueden citar los siguientes ejemplos.
Somos el estado con mayor mortalidad entre las y los menores de un año de edad; 30 de cada mil niños y 24 de cada mil niñas mueren aquí en esa condición, mientras en el Distrito Federal mueren 17 niños y 13 niñas de cada mil antes de su primer año de vida.
Registramos también el mayor número de muertes por enfermedades diarreicas en menores de cinco años de edad; mientras en Chiapas mueren al año 69 niños/as de cada cien mil por esta causa, en el país mueren 28, y en algunos estados como Tamaulipas, apenas fallecen siete por este tipo de enfermedades. Asimismo, tenemos los mayores niveles de desnutrición, sobre todo en áreas rurales.
Así, mientras en el país el 44 por ciento de los y las niñas tiene una talla normal respecto a su edad, en Chiapas apenas el 28 por ciento la tiene. En cuanto a desnutrición severa, Chiapas tiene niveles cinco veces mayores a los registrados en Baja California (20.1 versus 4.3 por ciento, respectivamente) .
Tan sólo con estos ejemplos —de los que desafortunadamente podríamos poner muchísimos más— sería oportuno hacernos algunas preguntas para ver qué tan lejos estamos como sociedad de brindar un mínimo de condiciones dignas y de bienestar a esos seres que supuestamente representan “el futuro de nuestro país”, pero a los que en el presente llenamos de frustraciones, violencia, abusos, de necesidades que no podemos cumplir —desde las creadas por la televisión, hasta las básicas de alimentación, casa, vestido y educación— y de un futuro incierto con pocas posibilidades de trabajo, seguridad social y salud, entre otros aspectos.
¿Qué tanto cumplimos los derechos de las y los niños que se establecen en la Constitución, tales como “la satisfacción de sus necesidades de alimentación, salud, educación y sano esparcimiento para su desarrollo integral”? ¿Qué tanto el Estado provee lo necesario para propiciar el respeto a la dignidad de la niñez y el ejercicio pleno de sus derechos? ¿Qué tanto como padres/madres, “tutores y custodios” cumplimos el deber de preservar esos derechos? ¿En cuántos de nuestros/as niños/as se cumple el derecho a la educación (mínimo hasta la secundaria –Artículo 3)? Y, ¿Qué tanto se cumple aquello de que se prohíbe el trabajo para los menores de 14 años (Artículo 123)?
En cuanto al cumplimiento de los ordenamientos internacionales a los que México está suscrito, como “La Convención de los Derechos del Niño”, el país, y particularmente Chiapas se encuentran muy lejos de cumplirlos.
Nuevamente podemos preguntarnos, ¿Qué tanto los discriminamos? ¿Qué tanto respetamos su opinión (aunque aquí mejor valdría preguntar si realmente nos hemos dado cuenta de que las y los niños también tienen opinión)? ¿Respetamos su derecho a no ser sometidos/as a torturas ni a tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes (o aún pensamos que la “letra con sangre entra” y que “más vale un golpe o grito a tiempo...”)? y también podríamos cuestionarnos ya no sólo si hacemos algo, sino siquiera si nos damos cuenta de la situación de las y los niños de grupos más marginados socialmente, como los indígenas, los de áreas rurales y los que se encuentran en la calle en las zonas urbanas.
Así, mientras en el país el 44 por ciento de los y las niñas tiene una talla normal respecto a su edad, en Chiapas apenas el 28 por ciento la tiene. En cuanto a desnutrición severa, Chiapas tiene niveles cinco veces mayores a los registrados en Baja California (20.1 versus 4.3 por ciento, respectivamente) .
Tan sólo con estos ejemplos —de los que desafortunadamente podríamos poner muchísimos más— sería oportuno hacernos algunas preguntas para ver qué tan lejos estamos como sociedad de brindar un mínimo de condiciones dignas y de bienestar a esos seres que supuestamente representan “el futuro de nuestro país”, pero a los que en el presente llenamos de frustraciones, violencia, abusos, de necesidades que no podemos cumplir —desde las creadas por la televisión, hasta las básicas de alimentación, casa, vestido y educación— y de un futuro incierto con pocas posibilidades de trabajo, seguridad social y salud, entre otros aspectos.
¿Qué tanto cumplimos los derechos de las y los niños que se establecen en la Constitución, tales como “la satisfacción de sus necesidades de alimentación, salud, educación y sano esparcimiento para su desarrollo integral”? ¿Qué tanto el Estado provee lo necesario para propiciar el respeto a la dignidad de la niñez y el ejercicio pleno de sus derechos? ¿Qué tanto como padres/madres, “tutores y custodios” cumplimos el deber de preservar esos derechos? ¿En cuántos de nuestros/as niños/as se cumple el derecho a la educación (mínimo hasta la secundaria –Artículo 3)? Y, ¿Qué tanto se cumple aquello de que se prohíbe el trabajo para los menores de 14 años (Artículo 123)?
En cuanto al cumplimiento de los ordenamientos internacionales a los que México está suscrito, como “La Convención de los Derechos del Niño”, el país, y particularmente Chiapas se encuentran muy lejos de cumplirlos.
Nuevamente podemos preguntarnos, ¿Qué tanto los discriminamos? ¿Qué tanto respetamos su opinión (aunque aquí mejor valdría preguntar si realmente nos hemos dado cuenta de que las y los niños también tienen opinión)? ¿Respetamos su derecho a no ser sometidos/as a torturas ni a tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes (o aún pensamos que la “letra con sangre entra” y que “más vale un golpe o grito a tiempo...”)? y también podríamos cuestionarnos ya no sólo si hacemos algo, sino siquiera si nos damos cuenta de la situación de las y los niños de grupos más marginados socialmente, como los indígenas, los de áreas rurales y los que se encuentran en la calle en las zonas urbanas.
Es muy probable que, después de una breve reflexión a las preguntas anteriores, nos podamos dar cuenta de que a gran número de las y los niños de Chiapas no se les están cumpliendo sus derechos humanos.
Más allá de discursos de las y los políticos tomándose la foto para este día, más allá de celebraciones y regalos de juguetes, más allá de “teletones” y miradas indiferentes o de lástima o de caridad, y de dar a las y los más desfavorecidos objetos materiales que nos sobran o nos estorban, es necesario que cambiemos desde lo individual hasta lo colectivo y procuremos transformaciones radicales en esta “salud enferma” de Chiapas.
Más allá de discursos de las y los políticos tomándose la foto para este día, más allá de celebraciones y regalos de juguetes, más allá de “teletones” y miradas indiferentes o de lástima o de caridad, y de dar a las y los más desfavorecidos objetos materiales que nos sobran o nos estorban, es necesario que cambiemos desde lo individual hasta lo colectivo y procuremos transformaciones radicales en esta “salud enferma” de Chiapas.
Es inaceptable que inclusive instituciones académicas, como la Universidad Autónoma de Chiapas, en vez de generar conocimientos para resolver la problemática de la niñez, otorgue reconocimientos –como el Doctorado Honoris Causa- a personajes como el anterior Secretario de Salud de México, Dr. Julio Frenk, quien, en el mejor de los casos, lo único que hizo fue darle atención durante nueve minutos al grave problema de las muertes de niños y niñas recién nacidos en el Hospital General de Comitán, mientras él se postulaba y prácticamente radicaba en Ginebra, Suiza, tratando de ser el Director General de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Bajo la actual estructura social, económica y política de Chiapas y del país no seremos capaces de darles ya no un futuro sino un presente digno a nuestra niñez. En nosotros y nosotras está la posibilidad de dejar de jugar infantilmente a que todo va bien, a que lo “normal” es como están las cosas y dejemos de cometer infanticidios, no sólo en lo que literalmente significa esa palabra –la muerte de niños/as—, sino de sus potencialidades como seres humanos.
Bajo la actual estructura social, económica y política de Chiapas y del país no seremos capaces de darles ya no un futuro sino un presente digno a nuestra niñez. En nosotros y nosotras está la posibilidad de dejar de jugar infantilmente a que todo va bien, a que lo “normal” es como están las cosas y dejemos de cometer infanticidios, no sólo en lo que literalmente significa esa palabra –la muerte de niños/as—, sino de sus potencialidades como seres humanos.
Héctor Javier Sánchez Pérez*
* Investigador Titular de El Colegio de la Frontera Sur (Ecosur) y6 miembro del colectivo de la 99.1 Frecuencia Liobre de San Cristóbal de las Casas
Día del niño en Chiapas: de infantilismos a infanticidios
http://www.expresochiapas.com.mx/portal/index.php?option=com_content&task=view&id=2410&Itemid=27
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