CHILE_DEBATE: Cartas de Miristas y o ex miristas
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Junio 3, 2008
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LA HISTORIA LA HACEN LOS PUEBLOS Señor Alvaro Vivanco H.Ex-militante del MIR Profesor de Historia y Ciencias SocialesLicenciado en Ciencias JurídicasMagíster (c) Historia Universidad ARCISHe querido responder por carta abierta a sus opiniones vertidas a la red Charquican sobre lo que fue mi participación en el Seminario 'Militancia Revolucionaria y Lucha Armada en Chile' invitado por el Doctor en Historia Claudio Perez de la USCH y por el Director de la carrera de la propia Universidad donde usted está concursando por su Magister, profesor Pedro Rozas, seminario que duró dos días, y en el cual tuve la oportunidad en veinte minutos de exponer loe elementos que tanta ira y furor han despertado en usted, al punto de descalificarme y tratarme de 'opinologo' y epítetos semejantes.
Hubiese sido más productivo que, estando yo en su propia casa, como invitado, hubiese usted levantado su voz y sus tesis.
Muy curioso resulta que de la misma comunidad de historiadores y académicos, de la misma Universidad Arcis en la que usted concursa para ser Magíster, se levante una actividad donde somos invitados a participar para entregar nuestras opinión que usted descalifica 'por no estar bajo responsabilidad de la historiografí a y los historiadores y no de comentaristas u opinólogos por muy gloriosos o combativos que estos hayan sido'.
O sea, de una parte es de interés de un sector de la comunidad académica que se quema las pestañas intentando 'sacar un balance cientifico (?) de la historia del movimiento popular' y de otro es inaceptable que alguien como yo pueda hablar de mi propia vida, experiencias y reflexiones.
Durante mis largos años de participación en las luchas populares, me había tocado enfrentar muchas formas de represión, nunca una como su intento de acallar mis opiniones. Lo hicieron los militares en dos Consejos de Guerra, el del 1973 y el de 1981 en uno calificado como prisionero de guerra y en el otro como subversivo. Lo hizo la represión envenenándome de manera posterior y dejándome sin voz. Nunca acepte quedarme callado ni dejar de expresar mis opiniones.
Así que permítame disentir con usted pero no voy a guardar silencio sobre mis opiniones porque usted crea que la historia es propiedad de intelectuales, de historiadores, materia de especialistas.
¡Que gran regalo a los 'historiadores' burgueses que vienen formateando desde las aulas a nuestros jóvenes!
Pobre del historiador que se cree que él va a escribir la historia junto a sus pares. Simplemente recuerdo un histórico mensaje de alguien que sin ser escritor dejo profunda huella en la historia chilena: LA HISTORIA LA HACEN LOS PUEBLOS. Soy parte de él y tengo el derecho a dar mis opiniones.
Es más, fui muy claro al señalar que son opiniones personales, sin otra pretensión que entregar a los constructores de hoy, a los militantes que intentan construir un camino propio, estas reflexiones, sin escudarme, sin esconder lo que pienso.
Muchos compañeros del MIR conocen mi conducta abierta, franca y a pesar de lo duro del debate con compañeros que sostenían otras visiones, jamás se me ocurrió tratarlos con la furia y arrogancia que usted a mostrado, esa furia la guarde para el enemigo.
Lamentablemente tuve que optar entre ir a la universidad y asumir las tareas que el MIR me planteó, quizás me equivoque y debería haberme titulado de 'algo' para que mis opiniones fueran valederas, asumí la lucha de resistencia el mismo once, los 14 años prisión, asumí responsablemente el retorno al país y fue conocida mi opinión de opinologo cuando realice la defensa ante el Consejo de Guerra, en fin.
Después de mi salida del la cárcel en 1992 hablé como opinologo día a día través de las ondas de Radio Cerro Navia y luego cuando milité en la SurDA firme cada una de los más de 30 artículos publicado, fui opinologo cada vez que hable con los forestales de Valdivia, con los diversos colectivos que me invitaban para conocer mi opinión, con los obreros del SINAMI o con los pobladores de la Toma de Peñalolen, así como cada novela o testimonio que he escrito, entre ellos el testimonio de mi militancia en 'De la Brigada Secundaria al Cordón Cerrillos' comentado por el historiados Igor Goicovic en la CUT hace algunos meses, que por cierto no me trató de opinologo ni reclamó para los historiadores la exclusividad de referirse al tema.
Y voy a opinar, exponer mis ideas sobre nuestra práctica toda vez que lo estime conveniente, no por un afán de 'hacer historia', de lucir pergaminos o de prestigio. Lo hago porque estoy educado en la vieja escuela de los que analizan no para contemplar la historia sino para cambiarla, para intervenir en ella, para desprender tareas, acciones, práctica política.
Mi poesía, dibujos, cuentos, novelas, mis opiniones están asociadas a una propuesta de lucha contra el estado de dominación en que vivimos, contra 'su' democracia y paz social que sigue matando gente con balas y también de hambre, privada de salud, de vivienda, de educación. En el fondo, eso es lo que desata sus iras señor historiador. Que aún seguimos estando presentes.
Que no nos lograron barrer por completo, que cada día se levantan nuevos Migueles 'estrechos ideológicamente' , que a pesar de todo el esfuerzo realizado por erradicar a los que desafían al poder y levantan estrategias de lucha autónomas, independientes, desde fuera del juego electoral, no para ganar unos cuantos votos y entrar a la repartija de las sobras, sino para acumular fuerzas para levantar sus propias propuestas de lucha y vida digna. De fondo.
¿Le molesta mucho al señor Vivanco, candidato a magíster, hablar por si mismo y presentar sus tesis? ¿Por qué, si el evento era organizado por el propio ARCIS con semanas de anticipación, no intervino ni descargó sus iras sobre los organizadores y todos los opinologos allí presentes, público incluido que repletó las salas reclamando exclusividad para los historiadores? ¿Por qué no presentó allí su opinión política y sus tesis?
Porque claro que, usted tiene tesis y tiene una concepción reformista de tomo y lomo que esconde tras su túnica de 'académico'.
Me parece muy, pero muy bien que usted tenga sus opiniones, que las defiendas, que las exponga. El debate, la lucha ideológica es también y por excelencia un campo de la lucha de clases. Pero por favor, tírese al agua con sus posturas claramente y no tome una intervención que tenía por sentido hablar del balance de la lucha armada para contrabandear sus propias opiniones que uno tiene que leer entre líneas.
Porque luego de sus reclamos porque este militante habla de historia, usted desliza su crítica a Miguel Enriquez y la conducción por él establecida. (No lo voy a defender porque se defiende solo desde la historia) y desliza su critica al 'estrechamiento ideológico' del MIR del 70-73.
Por qué no dice usted, abiertamente, que tiene una concepción política concreta ( 'Lo que pasaba es que existía la suficiente paz burguesa como para que un sector importante del movimiento popular se planteara la legitimamente la tarea de una transformació n democrática y pacífica de la sociedad') y deja de presentarse como 'historiador objetivo, que se quema las pestañas'.
Yo lo animo señor Vivanco para que se despoje de su mascara de académico, historiador y magíster, y se presente al debate político como una persona que tiene claramente una concepción distinta a la del MIR e incluso una visión distinta de lo que debió ser el MIR Pero el MIR fue lo que fue -una organización que levantó un Programa, una Estrategia de lucha por el Poder, una concepción militar, desarrolló un accionar, todo lo cual existió y ante la inexistencia de balance colectivo, tengo el derecho a plantear mi opinión respecto a lo que postuló, levantó como propuesta y línea y no lo que se le ocurre a usted lo que debió ser. Y hoy el MIR también es lo que es y no lo que se le ocurre a usted, que determinó su extinción. Ciertamente hay diversas orgánicas que tratan de construirlo con esfuerzo y lucha.
No será un decreto del señor historiador quien dictamine si existe o no. Una persona meridianamente activa en el campo político conoce de los esfuerzos realizados en este sentido, de al menos tres orgánicas e intentos de coordinación entre alguna de ellas.
No quisiera referirme a otros aspectos de su carta, creo que no vale la pena un debate donde una de las partes se escuda en títulos, y en una supuesta comunidad de historiadores que se quema las pestañas, para re-lanzar una propuesta reformista tan vieja y conocida por los miristas. Al menos yo, he tratado clara y lealmente plantear mis reflexiones que tienen que ver con la práctica de muchos que no nos quemamos las pestañas estudiando papeles: nosotros pusimos nuestro pellejo, como decía el Ché a otro connotado reformista chileno, para probar nuestras verdades. GUILLERMO RODRIGUEZ M
SOBRE LA INTERVENCION DE GUILLERMO RODRIGUEZ EN SEMINARIO ARCIS SOBRE LUCHA ARMADA EN CHILE
El señor Guillermo Rodríguez, escritor y ex-militante mirista, termina su intervención sobre el MIR y la Lucha Armada, que dictó en un reciente seminario en la Universidad ARCIS señalando: 'La Guerra es demasiado seria (...), como para tomarla con ligereza y a titulo de aventura personal'
A esta acertada frase debemos agregar nosotros, que la historia de Chile y del MIR también es demasiado seria para analizarla con la ligereza que lo hace Rodriguez. Hoy existe una respetable comunidad de historiadores, trabajando y quemándose las pestañas para sacar adelante una balance científico de la historia del movimiento popular reciente, como para que se continué aceptando que cualquier opinólogo se pretenda historiador : 'desde mi practica iniciada el año 1967 en una unidad técnico militar de la Brigada Secundaria del MIR' y quiera sentar cátedra sobre una historia tan compleja como la del MIR chileno.
Más aún el señor Rodriguez nos señala pontificando que al MIR hay que pensarlo a partir del resultado 'de su propuestas a nivel del campo popular, muy lejanas del espontaneísmo y de las caricaturas que hoy día suelen transmitirse del MIR'. Y sin embargo, él presenta una caricatura política del MIR, en la cual ni siquiera se toma la molestia de hacer una mínima periodización, ejercicio que permitiría por ejemplo entender que no se pueden mezclar en un mismo tiesto experiencias como 'las corridas de cerco' de 1972 con la 'propaganda armada' de 1981. Cualquier alumno de primer año de pedagogía en historia sabe que son momentos distintos y por lo tanto en alguna parte hay que tirar la raya divisoria, ya que una experiencia se vive en el marco de una 'democracia burguesa' al decir del propio Rodríguez y otra en el marco de una dictadura militar. Que comparación se puede hacer entre una y otra, ¡por favor!
Los problemas de Rodríguez con la historia comienzan cuando trata de hacer la genealogía de la organización señalando 'el MIR surgió (...) por la convergencia de diversos sectores de antigua militancia de izquierda revolucionaria y jóvenes del PS y del PC', es decir una mirada casi etaria del MIR, libre de conflictos, se olvida señalar que esa 'antigua militancia', son anarquistas, sindicalistas, cristianos y troskistas, que son luego desalojados de la dirección política por los 'jóvenes' que tenían a Miguel a la cabeza. Se reafirma, esta vez por omisión, el mito que cuenta que MIR nace ideológicamente inmaduro y madura cuando en 1967 Miguel se apodera de la conducción, por su brillantez dicen los mistificadores de la historia, nosotros agregaríamos, y con una buena máquina en sus espaldas.
A nadie se le ocurre pensar que esa victoria de Miguel significó el primer paso hacia el estrechamiento ideológico de una organización que todos reconocen nació con una gran amplitud de orígenes.
Sin embargo, cuando nuestro comentarista ingresa al territorio de los historiadores comienzan los tropezones peligrosos. Sentencia en forma categórica; 'Lo singular de la experiencia del MIR en décadas pasadas (...) es que surgió a partir del agotamiento de las estrategias reformistas y de los intentos de transformació n del Estado mediante la legalidad burguesa'.
Si consideramos que el MIR surgió en 1965 y Allende asume al gobierno en 1970 y es derrocado en 1973, ¿qué estrategia reformista se había agotado en 1965?.
Aquí Rodríguez definitivamente desconoce de un plumazo lo que los historiadores de la escuela social-popular han reconocido como el período de mayor profundizació n democrática vivida por la sociedad chilena, los años comprendidos entre 1967 y 1973.
Por lo demás, no está de más considerar que cuando esta estrategia 'se agota', o es agotada a cañonazos, también se agotan todas las otras estrategias de cambio social incluyendo la mirista.
En que sostiene esta visión del destino de fracaso ineludible de las estrategias políticas pacíficas el comentarista Rodríguez, lo hace en una recurrida estrategia de contramitificació n muy extendida en un sector de la izquierda, que ante la fuerza arrolladora del mito del Chile estable y democrático levantado por la historiografí a conservadora, intenta por su parte imponer el mito del Chile conducido por una oligarquía que a la única herramienta que hecha mano es la violencia, repite así Rodríguez un discurso aprendido (o recordado), 'los poderosos que no vacilaron en desatar la guerra de exterminio en la araucanía, masacrar a trabajadores en Iquique, Ranquil, San Gregorio, La Coruña, Salvador, Pampa Irigoin, hipócritamente rasgan vestiduras respecto a la violencia'.
¿Y entre esa matanzas que pasaba?, nada nos dice Rodríguez. Lo que pasaba es que existía la suficiente paz burguesa como para que un sector importante del movimiento popular se planteara la legitimamente la tarea de una transformació n democrática y pacífica de la sociedad.
Y reincide el comentarista 'En décadas pasadas, uno de los mitos presentes en la izquierda chilena era la existencia de Fuerzas Armadas neutrales, respetuosas de la ley'. No es que pretendamos exculpar a nadie, lejos estamos de vestir algún tipo de uniforme, pero la historia es contundente entre 1924 y 1973 las FFAA se mantuvieron relativamente al margen de la política, por lo cual es difícil decir que Salvador Allende creía en mitos (aunque era masón), al diseñar un camino de transformació n pacifica y democrática de la sociedad chilena, si hubiese intentado lo mismo en El Salvador o Bolivia, otra cosa pensaríamos.Correcta mente el opinologo en cuestión señala:
'Estimadas compañeras y compañeros: es difícil en los pocos minutos con que contamos, sintetizar la experiencia del MIR, que cruza tres periodos de la lucha de clases y ya casi 43 años de existencia'. Esto lamentablemente no lo motiva a sacar la conclusión correcta, que es dejar la historia a los historiadores e insiste, desarrollando ahora sus 'ideas centrales', las cuales no vamos a comentar en extenso porque no pasan de ser lugares comunes como: 'hemos asistido a una sola guerra, la guerra de los poderosos'; o misterios como 'el campo popular no ha pasado de la fase de acumulación primaria de fuerza'; y agudos descubrimientos tales como 'la estrategia de lucha armada se ha logrado instalar de manera puntual en franjas sociales reducidas, sin lograr acortar las brechas que le impiden ligarse al conjunto del pueblo'.
Sin embargo, lo difícil de comprender son los denominados aciertos de la política mirista, que el historiador amateur enmarca en lo/las definiciones 'táctico-estraté gicas' ( es importante aclarar que el año 1987 el MIR discutió la ambiguedad de este término). Serían así acciones acertadas: 'el correcto impulso de acciones directas de masas en diversos periodos, comprendidas como las tomas de terreno, de industrias, de predios agrícolas, de centros de estudios, las corridas de cerco y recuperación de tierras. El trabajo de Inteligencia desarrollado previo y durante el periodo de la Unidad Popular, así como el aporte a la seguridad personal del Presidente Allende. el correcto impulso del control obrero de la producción y desarrollo de poder popular embrionario en la etapa prerrevolucionaria. Lo acertado de la construcción de diversos tipos de fuerzas como milicias, grupos operativos, Fuerza Central, así como especializaciones en información, inteligencia, comunicaciones, talleres, logísticas, grupos caza-tanques, fuerzas guerrilleras rurales'.
Es decir, reconstruir la estrategia política del MIR se reduce a dictar un catálogo de todo lo que el movimiento popular chileno hizo, trato de hacer, o soñó con hacer entre 1967 y 1973. Sin embargo, lo grave no esta en esto, ya que soñar no se le prohíbe a nadie, sino está en confundir en un mismo saco experiencias y formas de lucha que son impulsados por diversos actores, seguramente con motivaciones distintas y objetivos diversos. ¿Alguien puede afirmar la existencia de una línea que una social o políticamente las corridas de cerco de una comunidad agraria del maule y el aparato militar central del MIR? o ¿colocar las tradicionales luchas democráticas universitarias a la altura de un indeterminado 'poder popular embrionario' ?.
¿Es posible creer que el 'desarrollo del poder popular' reconocídamente alternativo a las políticas de gobierno de Salvador Allende es coherente con ser parte de la guardia personal de ese mismo Presidente?. No será mejor pensar que el MIR que decide abandonar las acciones armadas ante la eventualidad de la elección de Allende y luego se hace parte del GAP, expresa el momento más amplio de alianzas alcanzado por el movimiento popular en su historia y el otro MIR el que abandona el GAP y se lanza a radicalizar por la izquierda el proceso, con el 'control obrero y corridas de cerco' expresa el rompimiento de esta alianza de facto. Preferimos pensarlo así, porque la otra alternativa, que se desprende del razonamiento de Rodríguez, nos resulta particularmente dolorosa: un MIR que con un oportunismo político de alcance histórico, le hace espacio al diseño allendista y se integra a la guardia personal del Presidente con el oscuro propósito de obtener algún provecho político o material de un líder cuya propuesta política en las ideas y en la práctica desprecian. Ve compañero Rodriguez que el trabajo de historiador político o social es un poco más complicado que hacer un catálogo de movilizaciones sociales o formas de lucha.
Finalmente el comentarista nos anuncia que todos estos 'aciertos' tuvieron a la larga como conclusión : 'la desarticulació n, cerco y aniquilamiento de casi todas las unidades construidas, precipitando la crisis que de manera posterior quebraría a la organización' . En que quedamos entonces, porque en la lucha revolucionaria como dijo muy bien Fidel se vence o se muere, pero no se pueden hacer las dos cosas al mismo tiempo.
Veamos la parte autocrítica del escritor Rodríguez, porque hay autocrítica que hacerse, porque según él hay errores y horrores (sic) cometidos por el MIR, pero aquí vuelven los lugares comunes ; 'La poca preparación y capacidades a nivel estratégico', parece que no bastaba con considerar todas las formas de lucha como tan brillantemente el comentarista nos expone antes de llegar a esta mea culpa. 'Debilidades para enfrentar los fenómenos del individualismo y falta de discusión colectiva... mesianismo de poner a la vanguardia y a la propia organización como sujeto protagónico y no a las masas...Rigidez estratégica, poca capacidad de maniobra para asumir los cambios de la situación política nacional o internacional. Esta vez podemos estar de acuerdo con Rodríguez, y podríamos gracias a esto excomulgar al MIR porque si estos son los 'errores' y 'horrores', entonces no cometió ninguno que no haya cometido la gran mayoría de las organizaciones de izquierda hasta 1989.
Hay uno de estos desaciertos en el cual queremos detenernos, dice Rodríguez: 'visiones dispares desde Dirección Interior y Exterior, hasta llegar a impulso de políticas fraccionales y al quiebre por arriba de la organización' . Señor Rodriguez sea consecuente con su mismo análisis: el MIR no se dividió por 'políticas fraccionales' , se dividió y desapareció por que su programa y práctica política no fue capaz de responder a los cambios que se produjieron a lo menos desde 1986 en adelante, por que el ethos mirista estaba diseñado para un mundo que nosotros cambiaríamos y no nuestros enemigos, como en realidad termino pasando y por ello el MIR no se fracciono, sino que se extinguió que es distinto.
Termina Rodriguez señalando, 'el balance presentado, reitero a titulo personal, no me cabe duda que puede prestarse para que chillen y rasguen vestiduras los que detentan el poder y los reformistas que creen que dando certificados constantes de buena conducta ganaran un espacio en el tinglado del escenario político publico, mascarada que mantiene en la oscuridad a los poderes reales'. Aunque su declaración final citando sus mismas palabras me suena a 'rigidez estratégica' permítanme un 'chillido'. La verdadera HISTORIA del MIR la construiremos cuando ésta deje de ser rehén del mito , el ideologismo y el fetichismo político y sea objeto de estudio bajo responsabilidad de la historiografí a y los historiadores y no de comentaristas u opinólogos por muy gloriosos o combativos que estos hayan sido.
Alvaro Vivanco H.
Ex-militante del MIR
Profesor de Historia y Ciencias Sociales
Licenciado en Ciencias Jurídicas
Magíster (c) Historia Universidad ARCIS
Militancia revolucionaria y lucha armada: reflexión personal de un combatiente del MIR
Guillermo Rodríguez
Rebelión
Durante los días 28 y 29 de mayo se realizó en la Universidad ARCIS un seminario sobre militancia revolucionaria y lucha armada en Chile. Tres sesiones de trabajo convocaron a académicos, historiadores, universitarios, militantes y ex militantes que debatieron largamente sobre los temas en discusión: Militancia Revolucionaria y Dictadura; Militancia Revolucionaria y Transición; Actores.
Se presentó además el libro 'Los Fusileros' de Cristóbal Peña, comentado por César Bunster Aristía.En el último panel, 'Actores' entregaron sus reflexiones José Miguel Carrera, Alihuen Antileo, Marcos Paulsen y Guillermo Rodriguez. Carrera combatiente internacionalista se refirió a la experiencia del FPMR, Antileo se centró en desarrollar un balance de la política de rebelión de masas y de sublevación nacional desarrollada por el Partido Comunista, Paulsen intervino en relación a la experiencia del MAPU y el Movimiento Juvenil Lautaro tanto en la lucha contra la dictadura como en la fase de transición. Guillermo Rodríguez quien militó en el MIR desde 1967 participando de las luchas estudiantiles, luego miembro de grupo de seguridad del Presidente Allende, dirigente de las Milicias de la Resistencia Popular, dos veces encarcelado, sometido a Consejos de Guerra en 1973 y en 1981, envenenado en prisión, desarrolló la intervención siguiente:' Quisiera agradecer a quienes me han invitado a participar de este seminario que reúne a académicos, tesistas y estudiantes que investigan desde la historia y desde otras disciplinas la lucha armada en Chile durante las últimas décadas.
Se cruza esta actividad con muchas otras instancias de análisis y discusión en la izquierda, lo que refleja una activa búsqueda, procesamiento y síntesis en que se encuentran diversos grupos, colectivos, organizaciones e individuos que buscan respuestas a las muchas interrogantes sobre los aciertos y errores, lo correcto o incorrecto de nuestra praxis como pueblo en el pasado reciente. Para muchos, estos debates permiten construir una lectura de lo sucedido y desde allí encontrar pistas, rutas, señales útiles para quienes hoy día construyen alternativas de lucha contra la dominación.
Quisiera señalar inicialmente que no represento ni hablo a nombre de ninguna organización, sino que hablo desde mi practica iniciada el año 1967 en una unidad técnico militar de la Brigada Secundaria del MIR, que continuó en unidades de información e inteligencia hacia 1970, luego en el Dispositivo de Defensa del Presidente Allende hasta 1972, en el Cordón Cerrillos y en su Comité de Defensa hasta el Golpe, continuando con experiencias militares en el exterior y en la Resistencia Popular como Responsable de las unidades milicianas en Santiago, hasta mi segunda detención el año 1981. Digo esto porque de todos es conocido el proceso de división y fragmentación vivido por el MIR por lo que no pretendo arrogarme representació n alguna y mi ponencia refleja a lo más las discusiones y reflexiones realizadas con diversos compañeros en la prisión y en la práctica de los años posteriores.
Ayer fueron presentados diversos trabajos, visiones, experiencias investigadas y tratadas por académicos y alumnos. Se nos invita a participar como “actores”, categoría discutible a la que yo quisiera oponer la categoría de “militante”, lo que desde ya nos coloca en una esfera distinta a la academia, a la contemplación de los sucesos históricos, sociales, políticos y militares desde una supuesta objetividad y nos lleva a una evaluación y reflexión que hacemos parados desde un proyecto, desde un compromiso, desde una visión política, desde los intereses de una clase o sector del pueblo en pugna con otro. Finalmente, desde una apuesta realizada en base al análisis de la formación social, a la definición de que tipo de cambios queríamos realizar, de quienes serían nuestros aliados y nuestros enemigos en fin, un conjunto de señalamientos y definiciones constituidas en Programa, Lineamientos estratégicos, Táctica para cada periodo, táctica para cada frente, modelo de construcción orgánica y de fuerzas, en fin, definiciones realizadas colectivamente y modificadas por la praxis de una organización que procesaba permanentemente los resultados de su propuestas a nivel del campo popular, muy lejanas del espontaneismo y de las caricaturas que hoy día suelen transmitirse del MIR.
Lo singular de la experiencia del MIR en décadas pasadas, en relación a las experiencias de otros compañeros de panel aquí presentes, es que surgió a partir del agotamiento de las estrategias reformistas y de los intentos de transformació n del Estado mediante la legalidad burguesa. Surgió en un contexto histórico marcado por la revolución cubana, por la convergencia de diversos sectores de antigua militancia de izquierda revolucionaria y jóvenes del PS y del PC que rompieron con sus organizaciones para fundar una nueva alternativa de lucha. Claramente en contra del estado capitalista y por transformaciones radicales de la sociedad, asumiendo que dichos cambios sólo se materializarí an con la conquista del poder. Ello llevó a fundar una estrategia de lucha por el poder, una estrategia de acumulación de fuerzas sociales, políticas y militares, de construcción de la fuerza social revolucionaria a partir del proletariado y los pobres del campo y la ciudad. Se negaba, por tanto, la existencia de burguesía progresista supuestamente aliada, se negaba por tanto, la necesidad de una etapa de lucha democrático nacional, tesis sostenida por la izquierda tradicional. Se asumía, por ende, la necesidad de tener una política militar y consecuentemente con ello una orgánica construida para ello. No vamos a discutir en este momento lo ético o legitimo del uso de la violencia. Este debate es instalado hipócritamente por quienes tienen el control del monopolio de las armas y del uso de ella: las clases dominantes a escala nacional o planetaria. Descaradamente quienes tienen el mayor arsenal a escala mundial y controlan la industria y el trafico de armas, quienes han estado presentes en todas las guerras durante las ultimas décadas, se permiten definir quienes pueden o no pueden tener y usar las armas o que guerra es legitima o no, que violencia es terrorista y que violencia tiene es ejercida legítimamente en forma preventiva. En nuestro país, no es distinto el tema.
Los poderosos que no vacilaron en desatar la guerra de exterminio en la Araucania, masacrar a trabajadores en Iquique, Ranquil, San Gregorio, La Coruña, Salvador, Pampa Irigoin, hipócritamente rasgan vestiduras respecto a la violencia. Cobardemente incluso niegan sus responsabilidades y el papel que jugaron durante los años de la dictadura militar y la extrema violencia desatada contra el pueblo y sus organizaciones desatadas. En décadas pasadas, uno de los mitos presentes en la izquierda chilena era la existencia de Fuerzas Armadas neutrales, respetuosas de la ley. Que manera tan cruenta de despertar a una realidad señalada por miles de victimas y de combatientes que intentaron enfrentar al poder militar. Esa violencia y poder militar desatado y en manos de la burguesía que a través del golpe y la dictadura refundaron su dominación, su Estado y su patrón de acumulación capitalista, haciendo retroceder al movimiento de masas y escarmentándolo para que no intentara nunca jamás desafiar su poder.
Caro, muy caro pagamos el sueño ayer y lo seguimos pagando bajo el actual sistema de dominación. Donde si no en Chile se han confirmado en las décadas pasadas el carácter del Estado como maquina de opresión de las clases dominantes. Donde sino en Chile se comprobó el rol que juegan las clases y fracciones de clases cuando está en disputa el poder. Donde si no en Chile se comprobaron conceptos como ascenso de las luchas de clases, periodo prerrevolucionario, periodo de reflujo, campo popular, lucha de clases. Ciertamente la ideología de la dominación ha intentado e intentará mil veces negar las herramientas de análisis para la acción que desde el campo popular se ha forjado, así como intenta negar y desacreditar las formas de organización y lucha, ayudados hoy día por los tránsfugas que optaron por cruzar a la vereda de enfrente. Estimadas compañeras y compañeros: es difícil en los pocos minutos con que contamos, sintetizar la experiencia del MIR, que cruza tres periodos de la lucha de clases y ya casi 43 años de existencia.
Más aun cuando la dispersión y fraccionamiento han impedido una síntesis construida colectivamente. Discrepo profundamente de un sector que en días recientes, como gesto de buena conducta a los dominadores ha emitido una declaración pública para dar fe de su conducta “democrática”.
Lamentablemente para ellos que se presentan como continuidad del MIR, la historia de esta organización esta ligada a una concepción de lucha político-militar, a una construcción orgánica ideada para impulsar la lucha armada, al desarrollo de diversas formas de luchas, pacificas y violentas, legales e ilegales, armadas y no armadas, a la construcción de masa armada, de milicias, al impulso del sabotaje, de la propaganda armada, de la lucha guerrillera urbana y rural, del desarrollo de distintos tipos de fuerzas técnico militares, del desarrollo de inteligencia, talleres, construcción de retaguardias y trabajo de fronteras, al desarrollo de la formación y capacitación en los temas militares, el estudio de la guerra, de la insurrección, del trabajo incluso de acercamiento a miembros de las fuerzas armadas en un tiempo en que soldados, marinos, aviadores, carabineros también asumían compromisos con el campo popular, muchos de los cuales también rindieron sus vidas luchando junto al pueblo.
Quisiera por tanto, desde la perspectiva de una organización que se planteo la lucha por el poder, que se planteo la construcción de una fuerza social revolucionaria y una estrategia de guerra popular, establecer algunas ideas centrales:
a) En Chile, en las últimas décadas hemos asistido a una sola guerra, la guerra de los poderosos, entendida ésta como la continuación de la política de la clase dominante por medio de las armas para imponer su voluntad.
b) Desde el campo popular, a pesar de que se han levantado proyectos de guerra popular, guerra patriótica u otras similares, estas propuestas no han pasado de la fase de acumulación primaria de fuerza, sin lograr constituirse como voluntad del conjunto del pueblo o de fracciones significativas de él, por lo que en la practica la lucha armada desencadenada en diversos periodos no ha pasado de las fases de lucha de masas, lucha de masas apoyadas por milicias, acciones milicianas y de grupos operativos urbanos o rurales de diverso carácter, sin lograr constituirse en fuerza beligerante con territorios bajo control, con iniciativa estratégica, fuerzas que en definitiva han sido aisladas del apoyo de masas, cercadas, aniquiladas o dispersadas en sus diversos intentos; derrotas que el poder ha aprovechado para profundizar la dispersión, desmoralizació n y desmovilizació n de la fuerza militar, política y social previamente acumulada.
c) Desde la perspectiva de la acumulación de fuerzas, la estrategia de lucha armada se ha logrado instalar de manera puntual en franjas sociales reducidas, sin lograr acortar las brechas que le impiden ligarse al conjunto del pueblo, principalmente por su débil inserción en sectores estratégicos de las clases trabajadoras, por el accionar de represión, terror y miedo que la ofensiva de los poderosos ha instalado, movimiento de masas afectado igualmente en esta etapa por la crisis y las derrotas de la izquierda a escala mundial y la ofensiva que mantiene el capital a escala mundial.
d) Desde la perspectiva de capacidades de conducción estratégica y de la resolución de los problemas centrales que se plantean en esta esfera, no hemos logrado generar dichas capacidades de conducción y no hemos resuelto problemas fundamentales: · La contradicción de crecer como proyecto y alternativa protegiendo la fuerza propias versus la necesidad de agitar, organizar, insertarse en las luchas populares y difundir el proyecto revolucionario. Vale decir, entre la construcción clandestina y el abrirse para insertarse en las luchas de masas. · La contradicción de estar obligado a tomar iniciativas tácticas de acción cuando en todos los periodos transcurridos hemos estado a la defensiva estratégica, haciendo la salvedad que en el periodo prerrevolucionario del 70-73 se trató de un periodo principalmente de lucha política de masas y de existencia de una conducción mayoritaria del reformismo en el campo popular. ·
La contradicción entre la necesidad de articular y coordinar la lucha de masas construyendo la fuerza social revolucionaria y las necesidad de respetar la autonomía e independencia de las organizaciones sociales que luchan principalmente por reivindicaciones que no necesariamente se traducen en demandas políticas o maduración política. e) Desde la perspectiva de las acciones táctico-estraté gicas desarrolladas podemos señalar como balance: · el correcto impulso de acciones directas de masas en diversos periodos, comprendidas como las tomas de terreno, de industrias, de predios agrícolas, de centros de estudios, las corridas de cerco y recuperación de tierras. · El trabajo de Inteligencia desarrollado previo y durante el periodo de la Unidad Popular, así como el aporte a la seguridad personal del Presidente Allende. · El correcto impulso del control obrero de la producción y desarrollo de poder popular embrionario en la etapa prerrevolucionaria. · Lo acertado de la construcción de diversos tipos de fuerzas como milicias, grupos operativos, Fuerza Central, así como especializaciones en información, inteligencia, comunicaciones, talleres, logísticas, grupos caza-tanques, fuerzas guerrilleras rurales. ·
Lo acertado del impulso del trabajo hacia soldados, marinos, aviadores y carabineros tanto para la lucha político reivindicativa en periodo prerrevolucionario como para la información e inteligencia. · No resolvimos adecuadamente la crisis generada el año 73 luego del Tancazo, la aprobación de la Ley de Control de Armas y el inicio de la estrategia de dialogo y convocatoria a plebiscito levantada por el Gobierno de la Unidad Popular. Aún cuando convocamos a la contraofensiva popular, las masas ya estaban en retroceso y la alternativa de una resistencia mediante insurrecciones de masa apoyadas por fracciones de las fuerzas armadas simplemente no funcionó. Entramos al periodo contrarrevolucionar io con toda nuestra fuerzas abiertas, encuadradas por la represión, sin retaguardia social dado el propio retroceso de masas, y equivocándonos en la evaluación de las capacidades que teníamos para resistir.
Es necesario decirlo alguna vez: gran número de compañeros, de combatientes preparados quedaron expuestos, sin retaguardia, deambulando, sin medios, sin apoyo de masas y fueron fácil presa de la represión perdiéndose valiosas vidas, experiencia y muchos medios de combate, sin haber logrado en dicho periodo realizar acciones tácticas de alguna envergadura. · Consolidada la contrarrevolució n y con un reducido numero de sobrevivientes, la Resistencia Popular de los años 75 al 79 fue creciendo poco a poco, desatando una fase de propaganda armada que enfatizaba en la protección de la fuerza propia, en la unidad de las fuerzas antidictatoriales, cuidándose del voluntarismo, combinando la lucha de masas y la lucha de resistencia armada, la lucha legal e ilegal, con una clara perspectiva de lucha irregular y prolongada.
· Los resultado de la fase anteriormente descrita, el incremento de luchas armadas en Latinoamérica y a escala mundial, la clara noción de que se avecinaba en Chile una crisis económica de envergadura, llevan al MIR al desarrollo del Plan 77, a la construcción de retaguardia geográfica cercana, al retorno de cuadros desde el exterior, a elevar la intensidad de las acciones urbanas y a instalar fuerzas guerrilleras rurales en dos zonas del sur de Chile. Esta escalada evidenció la fragilidad de nuestra retaguardia social, la poca infraestructura y medios existente, los problemas de conducción táctica en terreno, exponiendo a las fuerzas y a la organización en general a golpes estratégicamente definitivos, que llevaron a la desarticulació n, cerco y aniquilamiento de casi todas las unidades construidas, precipitando la crisis que de manera posterior quebraría a la organización. f) Desde la perspectiva del tipo de acciones desarrolladas exitosamente podemos rescatar: · Las acciones de masas anteriormente descritas (tomas, recuperaciones de tierras, corridas de cerco) · Las acciones milicianas (propaganda, propaganda armada, sabotaje, voladuras de postes, cortes de energía eléctrica, de oleoductos, gaseoductos, construcción de armamento casero, recuperaciones de medios y recursos financieros menores) · Las acciones de grupos operativos y de Fuerza Central: iguales a las anteriormente descritas, incorporando atentados, posturas de artefactos incendiarios y explosivos, ataques a cuarteles, acciones antidepresivas.
· El trabajo de Talleres y de aseguramiento logístico. · El trabajo de inteligencia y procesamiento de información. · La construcción de retaguardia cercana y trabajo de fronteras. g) Los principales errores y horrores cometidos: · La poca preparación y capacidades a nivel estratégico. · Falta de unidad y cohesión política para implementar la táctica acordada, principalmente a partir de 1973, visiones dispares desde Dirección Interior y Exterior, hasta llegar a impulso de políticas fraccionales y al quiebre por arriba de la organización.
· Debilidades para enfrentar los fenómenos del individualismo y falta de discusión colectiva para sancionar temas estratégicos, que derivaron en voluntarismo, sobrevaloració n de la organización y sus capacidades, subvaloración de las capacidades de las clases dominantes y del aparato represor, cortoplascismo traducido en la búsqueda de réditos a corto plazo, mesianismo de poner a la vanguardia y a la propia organización como sujeto protagónico y no a las masas. · Rigidez estratégica, poca capacidad de maniobra para asumir los cambios de la situación política nacional o internacional.
· Y sobretodo en los últimos años, falta de humildad, de trabajo unitario, desarrollando mucho ruido, banderas, declaraciones y escasas acciones de masas reales. Estimadas compañeras y compañeros: El balance presentado, reitero a titulo personal, no me cabe duda que puede prestarse para que chillen y rasguen vestiduras los que detentan el poder y los reformistas que creen que dando certificados constantes de buena conducta ganaran un espacio en el tinglado del escenario político publico, mascarada que mantiene en la oscuridad a los poderes reales. Estas son notas para un balance de un periodo histórico en que la lucha armada estuvo presente en nuestra vida cotidiana.
La Guerra es demasiado seria y ciertamente es un monstruo que pisa fuerte como dice León Gieco, como para tomarla con ligereza y a titulo de aventura personal. La verdadera guerra del pueblo contra la dominación se funda en la conciencia y voluntad de lucha de las mayorías explotadas y oprimidas. La apertura de un periodo de alza de las luchas de las masas y luego el periodo dictatorial permitieron a una generación de revolucionarios plantearla como alternativa posible. Las generaciones actuales de constructores en el campo popular saben perfectamente que hoy es la hora de sembrar, de reconstruir campo popular, de ganar el corazón del pueblo como reclamaba Ho Chi Minh, de unir a quienes aún creen que es posible luchar por construir un mundo mejor. El mejor aporte para ellos y las luchas actuales y futuras es rescatar nuestra propia experiencia, con honestidad y transparencia, con humildad y con la certeza de que mientras exista hambre y opresión, mientras existan explotados y pobres del campo y la ciudad, sólo la lucha nos hará libres. Gracias'.
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