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La Coctelera

Red Latina sin fronteras

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17 Junio 2008

Argentina: 2 notas sobre situaciòn actual -junio 2008-

¿Qué arreglar?

Por Eduardo Aliverti

Hay dos grandes maneras de mirar para delante, que es lo que todo el mundo exige en torno de este choque no insólito pero sí inédito que vive el país. Una es pensar que las cosas se van a arreglar, y la otra es que no. Pero podría haber una tercera: que pasen las dos cosas a la vez.

El Gobierno formalizó aquello que todos sabían desde el comienzo porque, con seriedad, nadie podía suponer que se suicidaría políticamente aceptando las condiciones demandadas por los ruralistas. Se informó qué se hará con la plata excedente de las retenciones tomando como base, en ligera síntesis, el piso que los gauchócratas querían bajar. A partir de ahí puede discutirse y cuestionarse todo lo que se quiera: que suena a tomadura de pelo haberse acordado recién ahora de notificar el destino del dinero; que la cifra en juego es una porción muy pequeña del presupuesto nacional y que no se requería de retenciones móviles para anunciar nuevos hospitales, viviendas y rutas; que no tiene respuesta oficial la pregunta de qué sucederá en caso de que baje la cotización internacional de cereales y oleaginosas, siendo que en esa hipótesis el dinero no estaría. Puede debatirse todo eso y bastante más, pero el punto concreto es que los anuncios dejan a las retenciones extraordinarias como hecho consumado e irreversible. Así movió el Gobierno y así es que los campestres tomaron nota oficial de que su exigencia de máxima, virtualmente exclusiva, no tiene concreción posible. Quedaron encerrados entre eso y la impopularidad de volver al paro, lockout o como quiera llamársele a seguir trabajando tranquera adentro y para afuera cortar rutas, o no despachar mercadería, o mermar su entrega o subirse a las tribunas para denominar “patria” a sus hectáreas propias o arrendadas. Como sea que eso se llame, los campestres ya cansaron tanto como la sucesión de errores gubernamentales y no tienen plafond de largo aliento, en las grandes urbes, para sus medidas de acción directa.

Esta es una reproducción, pero vestida de gaucho, de algunas de las condiciones que generaron 2001/02. Hoy no son los ahorristas porteños unidos por fuerza circunstancial a las calderas tribales del conurbano bonaerense (que alguna izquierda políticamente analfabeta insiste en llamar “argentinazo”). Son sectores de las nuevas clases medias sojizadas de las poblaciones chicas y medianas de la Pampa Húmeda, que se toman el vermucito en el centro del pueblo y putean contra los políticos de Buenos Aires o contra estos zurdos de mierda que están en el Gobierno; juntados, estímulo mediático mediante, con el tilingaje de las ciudades principales. Esas cosas siempre están como elementos de la puja por el ingreso, ahora con el agregado de este nuevo sujeto social que influye al centro desde la periferia y no al revés. Esa cosa se despierta cada tanto, como un volcán. Y podría no tener arreglo, porque tenerlo supondría contar con un liderazgo político contenedor de las expectativas de consumo de las clases medias urbanas, que son las que, amplificadas por el coro de los medios, fijan el patrón de humor social. La coyuntura produce angustia intelectual acerca de cómo se saldrá de ella, además de que ya resulta sospechoso el nivel de crispación y violencia crecientes con que actúan los campestres. ¿Qué están buscando? ¿Provocar represión para subir la apuesta? ¿Y qué, si tampoco disponen de una oposición política que pudiera vehiculizar un golpe institucional? ¿Qué van a hacer, seguir amarrocando en sus campos sin comercializar hasta cuándo, con qué objetivo? En algún momento, más tarde o más temprano, estos gauchócratas desaforados no podrán resistir porque el clima social terminará de volvérseles adverso por completo. De modo que eso tendrá solución de alguna manera. Pero el daño generado ya es inmenso si se lo mide por las consecuencias de haber dejado un país exasperado, a punto caramelo para que nuevas reivindicaciones del sector se conviertan en polvorines que acentuarán una atmósfera de convulsión permanente.

Si está claro que éste no es un Gobierno revolucionario, ni mucho menos, que dejó correr el modelo de sojización, que continuó apostando a la concentración de la economía en pocas manos y que dispone casi sólo de la extracción agropecuaria como proyecto de producción y recaudación, más claro está todavía que, sin embargo, la pieza que movió con el aumento de las retenciones afectó intereses incapaces de construir nada, pero aptos para destruir mucho. Ahora ya está y hay que ir por más, alcanzando a las cadenas de comercialización y a la fiesta de la minería, entre otros aspectos, porque además eso implicaría mostrar la proyección de que no solamente es “el campo” el que sostiene la base de sustentación. Si la réplica apuntara que eso significa abrir nuevos focos de conflicto, la respuesta insistirá con que ya están abiertos o latentes a partir de que tampoco es sostenible construir un modelo más inclusivo, dependiendo únicamente del precio internacional de los granos. Ya quedó demostrado cuánto se parece eso a bailar arriba del Titanic.

La pregunta es si el Gobierno se animará a tomar medidas que toquen los privilegios de otras fracciones de la clase dominante. Porque eso requiere apoyo de movilización popular por afuera de los ejercicios electorales. Si por toda alianza política el oficialismo cuenta con el aparato del PJ y el sindicalismo cegetista, no tiene resto para afrontar mayores desafíos. Y la clase media continuará fugando rumbo a un malestar que, de una u otra forma y aunque hoy resulte muy difícil de percibir, terminará hacia la derecha. ¿Tiene arreglo eso?

¿Alguien más?

El actual Gobierno asumió en el 2003 la consigna central del 2001: No seguir avanzando con el avasallamiento de los sectores populares a manos del capital (más conocido por “el mercado”). Con lo que la resistencia de los “ajustados” había puesto fin a 20 y pico de años de “ajuste”…

Pero nunca cambió el fondo, nunca tocó la propiedad ni la forma de distribución de la riqueza… Hoy eso cambió en un solo flanco: Cuando mantener “congelada” la situación, frente a los cambios en los precios internacionales de los alimentos, le impuso rozar los intereses del gran capital.

Hoy, este gran capital (más conocido por “los mercados”) pretende avanzar sobre el crecimiento de nuestra economía, sobre la normalización parcial del mercado laboral, sobre la perspectiva de que el pueblo, a fuerza de luchas y esfuerzos, pueda seguir mejorando… Su poder se corporiza en los oligarcas empresarios “del campo sojero”, que ahora son respaldados por los empresarios camioneros y desde el primer día por los monopolios sojeros… Con una lista que amenaza con extenderse al resto de nuestra burguesía…

Dos polos hasta aquí empatados: Uno que quiere dejar las cosas como están, otro que quiere volverlas al peor momento de nuestra historia: A los `90 del pleno dominio del capital sobre los destinos de todos nosotros…

Frente a esta situación de empate que se prolonga peligrosamente en el tiempo, queda pendiente la participación popular en el proceso de definición del rumbo que vamos a seguir como Nación. Participación popular que, necesariamente, debe empalmar desde la exigencia de transformaciones de fondo, con el enfrentamiento que desde algunos sectores del Gobierno hacen hasta aquí de manera tímida y vergonzante al avance del capital…

Así, con este objetivo de formar un polo popular que vaya por más, un grupo de intelectuales más un grupo de dirigentes sociales, políticos y sindicales, hemos hecho la siguiente declaración, en busca de sumar voluntades…

¿Quién más se suma?

¿Vos?

¿Tu organización?

Aquí va:

Conflicto agrario

OTRO CAMINO PARA SUPERAR LA CRISIS

Desde el 11 de marzo, cuando el gobierno nacional tomó la decisión de aumentar las retenciones y hacerlas móviles en función de los precios internacionales, escaló un conflicto que ha concluido instalando una polarización política entre el gobierno y las entidades del campo. No es verdad que tengamos que aceptar a libro cerrado los argumentos y las propuestas de ambos sectores, como si no hubiera propuestas y medidas superadoras.

Detrás de las demandas de eliminación de las retenciones móviles, las entidades del campo han enarbolado un programa de liberalización del mercado exportador de alimentos, con el fin del acaparar el máximo posible de las rentas extraordinarias, mientras difunden el planteo ideológico que el Estado no debe meterse con los negocios privados.

Bajo la cobertura de un falso federalismo se promueve una plataforma de medidas afín a los intereses del agro-negocio y la Sociedad Rural, con el acompañamiento y la fuerza social de los pequeños productores que han quedado entrampados en un lock-out agrario que favorece a los grandes capitalistas del sector y apunta a crear las condiciones favorables a una restauración neoliberal.

Las clases propietarias y los grupos agrarios más concentrados no toleran siquiera una tibia e inconsecuente regulación estatal y distribución de renta, enarbolando sus intereses privados y su ganancia creciente por sobre la alimentación, el salario, la educación y la salud de todo el pueblo argentino. Hoy el campo acumula superganancias que no se encuentran en ninguna otra rama de la producción. Esa situación impar es la que permitió batir records año tras año, incluso a costa de desplazar de sus tierras ancestrales a los campesinos pobres del norte argentino y de las condiciones laborales precarias e irregulares de más de un millón de peones rurales.

La derecha cuestiona las retenciones móviles en tanto mecanismo regulador que permite divorciar los precios internacionales de los locales y amortiguar el impacto inflacionario de un encarecimiento de las exportaciones. El lock-out se ha transformado también en una trinchera política desde donde promueven regresivamente el retorno al período previo al 2001.

Los cacerolazos que hemos visto en la Capital y otros centros urbanos, pese a su heterogeneidad inicial, se han ido configurando en la antítesis de la rebelión del 2001, motorizados por sectores altos de la sociedad, muchos de ellos rentistas, y por la oposición de derecha que ya se había manifestado en las elecciones legislativas y en las presidenciales de octubre pasado.

La mayoría de los medios de comunicación, grandes grupos concentrados que detentan el poder comunicacional y el cuasi monopolio de la palabra y la imagen, han jugado un rol protagónico como aglutinantes de una derecha invertebrada, distorsionando la realidad, creando una atmósfera política artificial y una opinión popular ficticia.

La principal preocupación del gobierno frente al lock-out ha sido reafirmar su autoridad política frente a un desafío sectorial que rompe el equilibrio de alianzas que ha sostenido su gestión, desde el inicio se ha apoyado en el modelo sojero que ahora cuestiona. Recurrió a todas las variantes posibles: discursos agresivos y contemporizadores, amenazas y negociaciones y ha quedado políticamente debilitado. Incapacidad política y errores de implementación técnica unificaron el campo opositor y le hicieron perder aliados naturales.

Profundizó este esquema con el consiguiente desplazamiento de productores, afectando la soberanía alimentaria, fortaleciendo los “pools” de siembra y los grupos exportadores (Dreyfus, Cargill, Nidera, Bayer…), permitiendo la escandalosa apropiación diferencial entre los impuestos pagados por los productores y lo realmente ingresado a las arcas del Estado. No casualmente estos grupos económicos no han sido casi mencionados en la crisis actual ni por el gobierno ni por las entidades del campo.

El gobierno tampoco cambió la estructura tributaria regresiva, ni adoptó ninguna iniciativa para recuperar el patrimonio nacional rematado durante el menemismo.

A pesar de las fenomenales tasas de crecimiento del actual ciclo económico, de la fuerte creación de empleo y de la recuperación salarial, persisten la segmentación y la precarización en el mercado de trabajo, se conservan muchas de las peores leyes laborales de los ’90, e incluso de la dictadura como la de los peones rurales. Al no adoptar medidas para modificar efectivamente la distribución del ingreso la brecha entre ricos y pobres continúa ensanchándose.

La políticas en curso no pueden asegurar, ni tampoco se lo proponen, la reconstrucción de un sistema de transporte ferroviario barato y ecológicamente sustentable, aunque se proyecta un “tren bala” que nos vuelve dependientes de tecnologías que no poseemos, que es inservible para el transporte de cargas y que solo podrá ser utilizado por una elite de pasajeros de altos ingresos.

Argentina posee el raro privilegio de ser el único país que enajenó su renta petrolera y, a contrapelo de las tendencias latinoamericanas -Bolivia, Ecuador Venezuela-, no hay proyecto alguno para recuperarla, por el contrario asistimos a la profundización de la política menemista en materia de hidrocarburos. Lo mismo sucede con las empresas privatizadas de servicios públicos y la generación y distribución de energía. Los grupos de medios de comunicación hoy denunciados por su papel en la crisis son los mismos que ayer fueron beneficiados con la renovación de las licencias, basados en la ley de radiodifusión de la época de la última dictadura militar.

Debajo de toda la parafernalia de acusaciones cruzadas se advierten divergencias al interior del bloque de las clases dominantes: mientras los sectores agro financieros tradicionales exigen darle prioridad a un proceso de acumulación basado en la exportación de bienes primarios y son indiferentes al consumo y el mercado interno, los sectores industriales, al contrario, aspiran a liderar dicho proceso con apoyo subordinado del sector agroindustrial.

Cómo se resuelva esta disputa no resulta ocioso ni indiferente para el movimiento obrero y las clases subalternas, como tampoco lo es la intervención estatal, aún a sabiendas que lo más probable sea un acuerdo donde el modelo primario-extractivo-exportador no será modificado sustancialmente, con las consecuencias sociales y ambientales y el tipo de desarrollo que lleva implícitas, lo que exige desarrollar por parte de todo el movimiento popular, un planteo de transformaciones profundas más allá de dichos acuerdos.

No puede haber neutralidad ante la amenaza de que la derecha logre parte de sus demandas y coloque sobre la agenda futura su programa de restauración neoliberal. Una liberalización de las exportaciones como demandan los ruralistas y los ideólogos del establishment dispararía los precios de los alimentos con el consiguiente efecto sobre los salarios reales de los trabajadores y las condiciones de vida y existencia de las clases populares.

Rechazamos enérgica y categóricamente su chantaje y defendemos el derecho del gobierno a implementar retenciones móviles y cupos de exportación. Pero sostenemos que el curso que ha tomado hasta el día de hoy lejos de ser una palanca para iniciar un cambio efectivo del modelo, cohabita con él, favorece a los grandes propietarios y “pool” sojeros y a los grandes exportadores, mientras afecta a su propia base popular al mostrarse impotente para un control eficaz de la inflación.

Los abajo firmantes pretendemos contribuir a cambiar los ejes del debate y discutir soluciones populares efectivas para el agro.

Sin que sea una enumeración taxativa:

Creemos necesario afectar las ganancias de los grandes propietarios, los grupos exportadores, comercializadores y “pool” de siembra, que se quedan con el grueso de los beneficios. También comenzar a discutir la nacionalización de varios segmentos de estos sectores

Elaborar un plan agrario que permita organizar la producción de acuerdo a un programa racional que permita contar con alimentos baratos y de calidad para todo el pueblo. Que contemple una política de fomento a los pequeños campesinos y de garantía de sus tierras, así como medidas protectoras del ambiente y una política de estatización de los insumos de los productores medianos y pequeños y de impuestos diferenciados según el tamaño de sus exportaciones.

Regular el comercio exterior y los precios mediante una junta nacional de granos y carnes, adoptar una clara reforma fiscal desgravando las cargas tributarias al consumo, modificando las alícuotas del impuesto inmobiliario y a las ganancias.

Eliminación del IVA de los productos esenciales en el consumo popular y aplicación efectiva de la Ley de Abastecimiento.

Es imperioso derogar la ley de Videla del peón rural y garantizar el blanqueo de todos los trabajadores en negro, así como garantizar la capacidad adquisitiva de los salarios para todos los trabajadores y del subsidio a los desocupados.

Con esta declaración apuntamos a que una tercera voz a favor de las mayorías populares comience a cobrar cuerpo frente a la crisis actual.

.
Primeras firmas:

Claudio Katz, Guillermo Almeyra, Maristella Svampa, Hugo Calello, Susana Neuhaus, Guillermo Gigliani, Alejandro Bercovich, Mabel Bellucci, Eduardo Faletty, Ezequiel Adamovsky, Claudia Korol, Clara Algranatti, Jose Seoane, Antonio Bitto, Jorge Marchini, Jorge Sanmartino, Eduardo Lucita, Bruno Fornillo, Martin Bergel, Hernan Ouviña, Diana Mauri, Ricardo Orzi, Guido Galafassi, Agustín Santella, Gustavo Robles, Emilio Taddei, Judith Feldman, Leandro Sowter, Mabel Twaites Rey, Aldo Casas, Nora Ciapponi, Antonio Por, Beatriz Morales, Claudio Pandolfi, Pablo Guillermo FRISCO, Irene Muñoz, Herman Schiller, Guillermo Caviasa, Julio Vergara, Ariel Petruccelli, Alejandro Medici, Franco Catalani, Manuel Gonzalo Navarro, Aníbal Viguera, Alberto Wiñaszki, Eduardo Gorostegui, Nicolás Lion. Meriem Choukroum, Mariano Féliz, Liliana Soto, Daniel Pereira, Octavo del Valle, Fernando Stratta, Joaquin S. Gomez, Carlos M. Herrera, Hernan Camarero, Silvana Ferreira, Omar Acha, Hernan Apazza, Agustín Nieto, Leandro Andrini, Héctor Menendez, José Luis Heller, Luis Galand, Luciano Alonso, Natalia Vega, Alejandro A. Cieri, Diego Heluani

Carlos “Perro” Santillán

Fabio Resino – Pte. FACTA-Coop. BAUEN,

Luciana Santillán-Coord. Corriente del Pueblo Jujuy.

Bloque Piquetero Nacional

Frente de Trabajadores Combativos-Movimiento 29 de Mayo (FTC-Ml29), Movimiento Teresa Rodriguez La Dignidad (MTR La Dignidad),
Unión de Trabajadores en Lucha (UTL), Movimiento Brazo Libertario (MBL), Trabajadores Ocupados y Desocupados Unidos (TODU), Movimiento Teresa Rodriguez 12 de Abril (MTR 12 de Abril).

Enrique Gandolfo (Secretario General de SUTEBA Bahía Blanca y de la CTA Bahía Blanca – Coronel Borrego).

Norberto Señor (Secretario General de la Seccional Gran Buenos Aires Sur de ATE).

Alejandro Mascareño (Secretario General Seccional Almirante Brown – Presidente Perón de ATE).

Susana Ancarola (Secretaria de Prensa Seccional Gran Buenos Aires Sur de ATE).

Luis Angió (Delegado General de la Comisión Interna Seccional Buenos Aires del Banco Provincia de Buenos Aires).

Jorge Montero (Delegado General de la Comisión Interna de Destilería Shell de Dock Sud).

Carlos González (Delegado General de la Comisión Interna de SIDERAR Haedo – UOM).

Juan Pablo Casiello (Secretario Adjunto de la Seccional Rosario de AMSAFE).

Comisión Interna de Acetatos Quilmes – AOT.

Gustavo Ibaldi y Jorge Pérez (integrantes de la Agrupación Verde de SUTEBA Almirante Brown).

Marcos Britos y Pablo Goodbar (integrantes de la Agrupación Semilla Ramírez de Trabajadores de la Universidad de Buenos Aires).

Raúl Wanzo (Agrupación Negra de Mineros de Río Turbio de ATE).

Jerónimo Altschuller (Unión de Trabajadores Piqueteros).

Miguel Ángel Ruocco (MTR 12 de Abril).

Cristina Martín – Delegada ATE-Justicia

Carlos Penoncello – (Delegado UEPC-Córdoba)

Jorge Urruchua – (Sec. Unión ferroviaria – TBA-Mitre)

Oscar Arturo ( Agrup. Trabajadores del Subte “Los topos”)

Militancia Comunista

Corriente Praxis

Colectivo Rompecabezas

Foro de Debate para la Acción (FDPA)

Grupo Frente Comunista

Adhesiones a: jorgesanmartino4@fibertel.com.ar

eduardo.lucita@gmail.com

Tags: argentina

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