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21 Junio 2008

Desigualdad y pobreza: la urgencia de cambiar el modelo

Desigualdad y pobreza: la urgencia de cambiar el modelo
Raúl Zibechi

ALAI AMLATINA, 20/06/2008, Montevideo.- La guerra global por los
alimentos pone en videncia que los planes sociales son insuficientes
para paliar la pobreza y que sólo la superación del actual modelo
permite disminuir la desigualdad que acecha la región.

En sólo seis meses hay 10 millones de nuevos pobres en América Latina.
Aunque en esta región el precio de los alimentos subió menos que en el
resto del mundo (15% frente al 68%), la cantidad de pobres creció de 190
a 200 millones en sólo seis meses, según el sociólogo argentino Bernardo
Kliksberg, asesor del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo
(PNUD) (1). Pero esto es apenas el comienzo.

Según Amartya Sen, premio Nobel de Economía con quien Kliksberg acaba de
publicar el libro “Primero la gente”, desde hace treinta años se viene
previendo que puede haber hambruna en los países productores de
alimentos. La crisis alimentaria en curso, hija directa del estallido de
la burbuja especulativa inmobiliaria, corta en seco cualquier análisis
que pretenda eludir la responsabilidad del modelo en la generación de
pobreza. Sobre todo, cuando se sabe que la región produce alimentos
suficientes para atender a una población tres veces superior a la que
contiene.

Combatir la desigualdad

América Latina es la región con más desigualdad del mundo. Pese a que
buena parte de los países de Sudamérica cuenta desde hace varios años
con gobiernos progresistas y de izquierda, la desigualdad sigue
creciendo, por lo menos en el Cono Sur.

Un reciente estudio del Intituto de Investigación Económica Aplicada
(IPEA) de Brasil, revela que el 10% de la población concentra el 75,4%
de la riqueza. Las políticas sociales del gobierno Lula, que se aplican
desde 2003 para aliviar la pobreza, han mejorado levemente la
desigualdad, pero tan poco que apenas se nota. Lo grave es que se trata
de los mismos niveles de desigualdad que existían en el siglo XVIII.
Marcio Pochman, miembro del PT y director del IPEA, afirmó que los datos
demuestran “cómo a despecho de los cambios en el régimen político y en
el padrón de desarrollo del país, la riqueza continúa pésimamente
distribuida entre los brasileños”(2).

Según Pochman, en el siglo XVIII en Rio de Janeiro el 10% más rico
detentaba el 68% de la riqueza, mientras hoy concentra el 63%. Sao Paulo
marcha delante de otras ciudades con el 73,4% de concentración de
riqueza por el 10% más rico. En opinión del director del IPEA, “ningún
país del mundo consiguió acabar con las desigualdades sociales sin una
reforma tributaria de verdad”. Explica que los impuestos indirectos como
el IVA (valor agregado), predominantes en la región, castigan a los más
pobres: el 10% más pobre en Brasil paga un 44,5% más que el 10% más
rico, ya que la carga tributaria representa un 33% de la renta de los
más pobres y sólo un 22% de la renta de los más ricos.

Gobernabilidad conservadora

Un estudio del economista Claudio Lozano, de la Central de Trabajadores
Argentinos (CTA), difundido en febrero de 2008, revela que en los
últimos cuatro años “de cada 100 nuevos pesos que se generaron, el 30%
más rico se apropió de 62”. Por eso, estima, luego de cinco años de
crecimiento económico (con un un PIB un 36% mayor que el de 2001), sigue
habiendo un 30% de pobres.

Se trata de un modelo concentrador, al que denomina “gobernabilidad
conservadora”, que está comenzando a bloquear la continuidad de la
expansión y que impide aprovechar las buenas oportunidades como las que
existieron en los últimos cinco años. Peor aún, porque el ciclo de
crecimiento parece estar llegando a su fin, en medio de una espiral
inflacionista especulativa. “La inflación actúa como mecanismo corrector
y preservador de las ganancias extraordinarias del empresariado más
concentrado”, asegura Lozano. A la vez, en el caso argentino es
potenciada porque “los ricos consumen mucho e invierten poco y mal”(3).

El caso uruguayo, por completar un breve panorama de tres gobiernos
surgidos como consecuencia de la oleada anti neoliberal, no es muy
diferente. El de Tabaré Vázquez es el único gobierno que implementó una
reforma tributaria importante, progresiva, que grava más a los que
tienen mayores ingresos. Pero no grava al capital. Así, los datos avalan
el crecimiento de la desigualdad aún en los tres años de gobierno
progresista.

El índice Gini, con el que se mide la desigualdad, se viene deteriorando
en Uruguay en los últimos 20 años, o sea desde la implantación del
modelo neoliberal. Y lo hace de modo consistente, en períodos de crisis
y de crecimiento, bajo gobiernos de derecha y de izquierda. En 1991 era
41,1 para pasar a 45 en 2002, en el pico de la crisis
económico-financiera. En 2005, cuando asumió Tabaré Vázquez, bajó a 44,1
para situarse en 2007 en 45,7(4). Incluso bajo el gobierno de izquierda,
y en un país que presenta el menor índice de desigualdad del continente,
el 20% más rico sigue concentrando cada vez más ingresos. En 2001
captaba el 46,4%, en 2002 llegó al 50,3% y en 2007, luego de la reforma
tributaria, llegó al 51,1%.

Parece evidente, como señala el citado informe de las economistas
Verónica Amarante y Andrea Vogorito, que “no se puede esperar que las
políticas de transferencias de ingresos solucionen por, sí solas”, los
problemas de pobreza e indigencia. Se refieren a los planes sociales
vigentes en Uruguay, pero también en Brasil y Argentina, que aliviaron
la pobreza hasta que la especulación con los alimentos comenzó a
revertir los pequeños avances del último lustro.
* * *

Parece fuera de duda que lo que está en cuestión es la continuidad del
modelo neoliberal en su fase de apropiación de los bienes comunes
(minería, forestación, soja, caña para agrocombustibles). Hasta ahora,
la exclusión y la pobreza que genera se venían suavizando con planes
sociales, que en el caso de Brasil abarcan al 25% de la población. Pero
la voracidad del capital impone un cambio de rumbo. Las reformas en los
impuestos y los planes sociales seguirán siendo instrumentos necesarios.
Pero la pobreza y la desigualdad, sólo bajarán de forma significativa
cuando el actual modelo de acumulación por robo y especulación, sea
archivado y se implemente otro asentado en el crecimiento endógeno.

- Raúl Zibechi, periodista uruguayo, es docente e investigador en la
Multiversidad Franciscana de América Latina, y asesor de varios grupos
sociales.

Notas:
(1) Cash, suplemento de Página 12, 15 de junio de 2008.
(2) Folha de Sao Paulo, 18/5/2008.
(3) Claudio Lozano, “Una visión sobre la coyuntura. ¿Cambio de gobierno
o cambio de etapa?; Instdituto de Formación de la CTA, mayo de 2008.
(4) “Pobreza, desigualdad y transferencias de ingresos”, en Brecha, 13
de junio de 2008.

Más información: http://alainet.org

Tags: hambre

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