Argentina: Recordando a Gustavo Rearte
Recordando a
Gustavo Rearte 1 de julio de 1973
(1931-1973)
Fundador de la primera Juventud Peronista
Cofundador del MRP
Fundador de la JRP
Fundador del MR17
Gustavo Rearte
Por Luis Bruschtein
archivo 2006 _"Pagina12"
Gustavo Rearte fue uno de los fundadores de la primera JotaPé en la Resistencia Peronista, junto con John William Cooke estableció los puentes del peronismo con la Revolución Cubana, con Fidel y el Che, participó en la toma del frigorífico Lisandro de la Torre y escribió el documento de Huerta Grande que marcó un hito en la historia del movimiento obrero. El viernes 17 la Legislatura de la ciudad de Buenos Aires hará un homenaje a este protagonista activo de las luchas populares. “Yo nací con un padre militante –afirma su hija Eva– y siempre me explicó que luchaba contra las injusticias y por los derechos de la gente, era un tipo muy estudioso, muy pensante, muy reflexivo.”
Rearte empezó como obrero en la fábrica SIAM, después en Jabón Federal y llegó a ser secretario general del Sindicato de Jaboneros y Perfumeros. Después del ‘55 participó en los primeros grupos de peronistas que se manifestaban contra el gobierno militar y organizó la primera JotaPé, junto a sus hermanos Alberto y Miguel, Felipe Vallese, Héctor Spina, Carlos Caride, Jorge Rulli y Cacho El Kadri, entre otros.
“Papá estaba en Plaza de Mayo con mi madre cuando fueron los bombardeos –cuenta Eva Rearte–, siempre nos contaba que se habían tenido que refugiar de las bombas bajo la recova. Ese fue un punto de inflexión para las decisiones que tomaría después en su vida.”
La Revolución Cubana, Fidel y el Che también impactaron en su pensamiento. Junto con Cooke fueron el puente entre Perón y Fidel. Rearte incluso fue el enlace para preparar dos viajes de Perón a Cuba, que finalmente no se realizaron. “El viejo estuvo con el Che cuando pasó hacia Bolivia. Discutió para convencerlo que no estaban dadas las condiciones, que el PC lo iba a traicionar y que lo iban a matar”, señala Eva.
Al mismo tiempo, Rearte mantenía un vínculo muy fuerte con Perón, quien le había pedido que formara una organización político-militar para su regreso. Rearte fundó el Movimiento Revolucionario Peronista y envió a numerosos cuadros a entrenarse a Cuba. El contacto entre Rearte y Perón era fluido, a veces por visitas de Rearte y a veces por carta.
“Perón lo trató muchas veces como a un hijo –afirma Eva–, yo creo que vio en él una veta pese a que muchas veces no estaba de acuerdo y le discutía. Perón le ofreció sentarse en la mesa del PJ, ser su enviado, le ofreció viajar en el avión de su retorno. Pero mi viejo le decía que él no veía ningún revolucionario donde le ofrecía que estuviera y que no se sentaba con cualquiera. Era peronista y amaba a Perón, pero se había formado en otro momento, tenía otra formación.”
“Es la contradicción que se vive con alguien a quien se admira, pero se crece distinto –continúa–, yo soy ahijada de Perón. Me bautizaron a los siete años con los Contursi como representantes de Perón. Se escribían, Perón lo recibía. Mi papá le llevaba sus análisis sobre la situación en el país. Hasta que llegó un momento en que no lo recibió. No vivió ese corte con bronca, sino más bien con tristeza. Fue muy doloroso para él.”
Rearte estuvo entre la dirigencia combativa que organizó la toma del frigorífico Lisandro de la Torre para evitar su privatización. Tras la represión fue preso y en el peronismo combativo fue creciendo la idea de que solamente quedaba la lucha armada como opción, así comienzan las experiencias guerrilleras de Uturunco y luego Taco Ralo en Tucumán.
“Muchos de los que se preparaban para esas experiencias eran compañeros suyos –recuerda–, discutió con ellos, les dijo que los iban a aniquilar y la discusión vuelve a repetirse unos años más tarde con Taco Ralo. También creía en la lucha armada, pero pensaba que la lucha principal era política, porque la lucha armada tenía que ser apoyada por la gente.”
Esas discusiones eran duras incluso entre compañeros. Eva cuenta que cuando le pusieron el nombre de su padre a una calle, Cacho El Kadri se le acercó para pedirle disculpas porque en medio de aquellas discusiones lo había calificado de traidor. La posición de Rearte con las últimas organizaciones armadas del peronismo, FAP y Montoneros, también fue la misma. Creía que no estaban dadas las condiciones y que un proceso de ese tipo terminaría en una masacre.
“Papá había estado en la Plaza durante los bombardeos, entre los fusilados de aquellos años tenía conocidos, todo eso lo llevó a pensar que la única opción era la lucha armada, pero al mismo tiempo llegó a la conclusión de que la capacidad de odio y de saña de los militares podía desembocar en una masacre tal como pasó después.”
Pero en esa vida agitada, en la militancia popular, en la clandestinidad y en la cárcel, Eva Rearte recuerda también a la persona que era su padre. “Siempre nos explicó todo lo que hacía y por qué y además nos hacía partícipes, a su manera, un poco como era la lucha de esos primeros años de la Resistencia, en plena prohibición del peronismo y sus símbolos. Me acuerdo cuando yo era chiquita, él me decía ‘Eva salí corriendo’ y cuando yo me alejaba, empezaba a gritar a todo pulmón ‘¡Evita! ¡Evita!’. La gente se horrorizaba y él lo gozaba porque estaba llamando a su hija.” Otra vez en pleno San Justo, iban en un colectivo. Rearte le pedía a Eva que cantara la Marcha Peronista y cuando se armaba el revuelo, la sacaba por la ventanilla porque afuera ya había otro compañero para recibirla.
“Papá había escrito el programa revolucionario de Huerta Grande, era obrero, no había terminado el secundario. A fines de los ’70, cuando empecé el colegio, se puso a estudiar conmigo. Hizo el secundario libre y hacíamos juntos los trabajos prácticos. Con sus manazas tenía que bordar unas batitas con punto vainilla. Quería recibirse para estudiar abogacía, pero no pudo por la enfermedad.”
Rearte era autodidacta. Los primeros grupos de la resistencia debían afrontar una realidad que no tenía precedentes, tenían que inventar todo, eran los primeros de una historia que luego tomaría formas más sofisticadas. “Era un convencido de la necesidad de concientizar y concientizarse, se pasaba hasta altas horas de la noche leyendo, le gustaba la historia de las revoluciones, discutía mucho sobre la revolución argelina y la cubana, por supuesto.”
Eva recuerda también la cárcel. “La primera imagen que tengo de mi padre es su brazo saliendo por una ventana de la cárcel de Caseros y hablándonos a los gritos.” Y recuerda cuando regresaron a su casa y había un túmulo con una cruz que decía: “Rearte te queda poco tiempo”, a pesar de que su padre intentó taparlo con los brazos para que no lo vieran.
“Ya estaba enfermo en su último viaje a Cuba, en el ’72.” Participó en la campaña presidencial de Héctor Cámpora pese a que no estaba de acuerdo porque pensaba que Perón tenía que ser el candidato. En marzo lo internaron y murió en julio, “tras ver con tristeza la masacre de Ezeiza” puntualiza Eva. “Yo creo que el homenaje que le van a hacer en la Legislatura es también un homenaje a la gente que luchó con él y que entregó todo en forma desinteresada por esa lucha dentro del movimiento peronista. Y también es una forma de recuperación de la memoria porque de alguna manera, los hechos de los años ’70 relegaron las figuras de muchos luchadores populares de los años anteriores. Recordarlos es una forma de hacerles justicia.”
Documento: Violencia y Tarea Principal
La nota que se transcribe, publicada en la revista En Lucha de la organización que conducía Rearte como heredera del MRP, el Movimiento Revolucionario 17 de Octubre plantea el peligro de divorcio entre las necesidades populares y el activismo de las organizaciones armadas. Además el documento en revista incluye una reseña sobre la vida y la acción de Gustavo Rearte, en la pluma de Carlos Eichelbaum.
La lucha armada ha dejado de ser en nuestro país para convertirse en una realidad concreta que diversos comandos operativos llevan adelante, como expresión de la voluntad popular que ya no puede ser constreñida en los mecanismos tramposos de las instituciones burguesas a través de las cuales fue tantas veces burlada. Los sucesivos triunfos tácticos alcanzados hasta el momento por las vanguardias armadas, no sólo ponen en evidencia la superioridad moral y militar de los combatientes populares, sino que confirman la validez y la eficacia de esta método para oponerse a la violencia del sistema y a la recolonialización iniciada en 1955; y en el curso de un proceso de guerra prolongada, para conquistar la verdadera y definitiva independencia nacional y social. Sin embargo es necesario puntualizar que la historia de nuestra resistencia -como la de la lucha de otros pueblos-, nos enseña que la lucha armada sin inserción en el marco de ciertas premisas teóricas, políticas y organizativas puede deparar al movimiento revolucionario nievas derrotas más trágicas que las conocidas hasta hoy, con la secuela de vidas valiosas sacrificadas prematuramente, las que operarían negativamente en el desarrollo de la conciencia popular, favoreciendo por toda una etapa la permanencia y gravitación de elementos y políticas burguesas u oportunistas.
La lucha armada es sólo un método, y sin duda el fundamental, para la expulsión del imperialismo -causa de nuestro atraso-, y para acabar con el capitalismo -causa de la explotación del hombre por el hombre-, ambos empeñados en retener y resistir con la violencia un cambio que la razón y la justicia, encarnadas en las mayorías populares reclaman, antes que en nombre de ideología o filosofía alguna, en el de la necesidad de su misma humanidad herida y negada en su legitimo derecho a la existencia. Pero la lucha armada no sólo no debe ni puede desarrollarse fuera del marco de la lucha política de las masas, sino que la de éstas debe contar con la orientación y dirección permanente de su organización político-militar.
Esto no presupone condicionar la formación, capacitación y empleo de métodos superiores de lucha a la organización política tal como la concibe el reformismo, ni tampoco como suelen suponer quienes tratan este tema como dos problemas separados u opuestos entre sí. Acción política y lucha armada constituyen aspectos indivisibles de un mismo y único proceso en el que se forjan organización política y fuerzas armadas; pero de su planteamiento resulta una contradicción de la cual, la necesidad de constituir un mínimo de vanguardia, surgida de la lucha popular y orgánicamente unida a ella en torno a una política que se construye en una relación constante con las bases populares, representa el aspecto principal, el aspecto dominante de la referida contradicción, sin cuyo desarrollo no se resuelve favorablemente. En las condiciones que se desarrolla la lucha en la Argentina, donde el proceso productivo ha determinado la distribución de la población fundamentalmente en las ciudades, concentrando una numerosa clase obrera con rica experiencia sindical y gran madurez política, la que se desenvuelve en el marco policlasista del Peronismo, con gravitación local de elementos burgueses, etc... la idea estratégica de unir, organizar y dividir al pueblo por el empleo de la lucha armada, renunciando o despreciando la actividad que permita establecer un mínimo de vanguardia o, lo que es lo mismo, de organización política, constituye imponerse desde el comienzo una limitación suicida para el propio desarrollo, bajo la amenaza de ser aislado y derrotado en la intención.
Las fuerzas políticas revolucionarias ya existentes en el país, aunque aún débiles --fundamentalmente por la falta de una línea política suficientemente sólida-- constituyen ya la base esencial para la construcción de ese mínimo de vanguardia organizada, sin cuya presencia y actividad no puede trazarse una estrategia de poder independiente. Por todo un período histórico, la lucha del pueblo, en particular la que pueda y sea capaz de librar la clase trabajadora, sindical y políticamente influenciada por la orientación de las ideas y la acción revolucionaria, será determinante para rechazar y derrotar los planes neocolonialistas hoy a cargo de la dictadura militar. Es fundamentalmente del marco de la presente etapa, y no de la visión del proceso general, de donde debe deducirse el objetivo principal que debe inspirar la acción revolucionaria, en función de los medios, esto es la relación de las fuerzas, en tanto que según ésta se resuelva serán condicionadas más o menos favorablemente las etapas siguientes. Se puede afirmar sin reservas que la acción de las vanguardias armadas concita simpatías y entusiasmo en el seno del Movimiento Peronista; y ello constituye un hecho positivo. Pero por otro lado se puede advertir que dicha acción no opera como elemento acelerador de la necesidad de buscar los términos políticos que hagan posibles la unidad entre los núcleos y organizaciones revolucionarias dispersas y aisladas en el país, cuestión de fundamental importancia en esta etapa en que la dictadura procura una salida con el apoyo de las fuerzas liberales, el colaboracionismo "peronista", restos del aparato vandorista y los neos, para de esta manera aislar primero y facilitar después la represión selectiva de los cuadros políticos revolucionarios y de las organizaciones armadas revolucionarias.
La tarea principal es dar respuestas adecuadas a esta maniobra, y para ello el esfuerzo fundamental debe orientarse en la búsqueda de una política que una al Peronismo Revolucionario mediante métodos organizativos que permitan estrechar sólidos vínculos con la base, aislando de ella a la dictadura y a los traidores del Movimiento, Condicionando, con el fortalecimiento de la organización revolucionaria y su crecimiento interno, nuevas y más claras perspectivas. Para alcanzar este objetivo es suficiente y necesario lograr la hegemonía concreta, y ello no depende del número sino de la orientación política y de la actividad revolucionaria efectiva.
Gustavo Rearte

