SIDA: las hipòtesis alternativas (2da parte)
Javier Garrido
http://biblioweb.sindominio.net/escepticos/sida/sida2.html
En busca del virus perdido
En diciembre de 1995, la revista Continuum, que actúa como una especie de órgano semioficial de los heréticos más radicales, estableció un premio de 1000 libras esterlinas a “la primera persona que encuentre un artículo científico estableciendo el aislamiento del HIV”, o, en otras palabras que demuestre que el Virus de la Inmunodeficiencia Humana efectivamente existe (la convocatoria del premio comienza con esta provocación “Blind romantics still believe HIV causes AIDS”). Al parecer, los mentores intelectuales de este reto fueron Eleni Papadopulos y su grupo, así como Stefan Lanka (vocero del MuM y del REGIMED). Posteriormente, otras organizaciones han seguido este ejemplo, entre ellas algunas cuyas coincidencias con cualquier forma de pensamiento lógico o racional no han pasado del rango de eventualidad plenamente indeseada, como el grupo español Centro Orientativo de Bio-Regeneración Aplicada (C.O.B.R.A.), que ha promovido nada menos que ocho convocatorias similares desde 1996. Lamentablemente, semejantes “ayudas” no contribuyen precisamente a mejorar la credibilidad de los heréticos...
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Por supuesto, siguió entonces la inevitable réplica de Papadopulos y su grupo. Como era de esperar, estos rechazaron la respuesta de King, pues los argumento expuestos por este en su carta “no satisfacen sin ambigüedad los requerimientos de la prueba” (recuérdese aquí que King ya habían calificado esos requerimientos de “irrazonables”). Por demás, en la respuesta de Papadopulos aparecen otros datos interesantes: para empezar, hallan la justificación de sus pretendidos “siete pasos” del aislamiento de los retrovirus en una referencia de JW Beard de ¡1957! (pero ¿no habían dicho en primer lugar que eran las guías del Instituto Pasteur de 1973?). En segundo lugar, para intentar justificar la imprudente referencia al Instituto Pasteur, se vieron obligados a citar dos artículos de investigadores de dicho Instituto, sobre técnicas de purificación de virus tumorales, uno de los cuales contiene un figura titulada “Flow chart for purification of RNA viruses by double sucrose density gradient zonal centrifugation”, complementada más adelante por una tabla, dentro de todo lo cual aparecen algunos de los tan traídos y llevados siete pasos; solo que por ninguna parte aparece que se traten de "las reglas para el aislamiento de un retrovirus [...] ampliamente discutidas en el Instituto Pasteur, París, en 1973". A lo más, pueden considerarse como el método adoptado por el autor de uno de los estudios (no existe evidencia de que esto sea cierto en el otro). Uniendo los dos artículos se obtienen los citados “requerimientos mínimos”. Y que hayan o sido no discutidas ampliamente, es algo que no está documentado en ninguna parte. Es llamativo que el Instituto Pasteur sea tan descuidado como para “discutir ampliamente” las “reglas para el aislamiento de un retrovirus”, y luego “olviden” publicarlas, como no sea unas pocas aquí y otras más allá, en publicaciones dispersas. En cuanto a las alegaciones de King de que el HIV ha sido cultivado, extraído de células infectadas, su material genético purificado, y sus genes clonados, Papadopulos las rechaza en base a que previamente no se han cumplido las reglas (apócrifas) del Instituto Pasteur, y que por lo tanto no se puede saber si lo que realmente se ha clonado ha sido el virus... A pesar de todo esto, no tardó mucho en aparecer alguien reclamando el premio. Y ese alguien resultó ser nada menos que... Peter H. Duesberg. Pues sí, Peter Duesberg. En una carta dirigida a Continuum, Duesberg aduce que puede demostrar que “la clonación molecular de DNA infeccioso de HIV excede los criterios de las viejas «Reglas del Pasteur»” logrando exitosamente el aislamiento y la identificación del virus. Tras exponer sus pruebas, concluye que “La singularidad del HIV es confirmada por la detección de secuencias de DNA específico del HIV en el DNA de muchos individuos seropositivos. El mismo DNA no se encuentras en humanos no infectados, y la probabilidad de encontrar dicha secuencia en cualquier muestra de DNA es de 1 en 4× 10 9500”. Papadopulos no se dejó amilanar por el calibre de este quizás inesperado oponente. Siguieron las réplicas y contrarréplicas, siempre dentro las páginas de Continuum. Por momentos, las respuestas de Papadopulos dan la impresión de que estuviera dándole una lección de virología a un alumno no muy dotado, al punto de tener que de explicarle las propiedades de los virus. Por su lado, Duesberg extrema las muestras de cortesía: “Me siento honrado por las profundas y apasionadas reacciones Hodgkinson, Lanka y Papadopulos-Eleopulos a mi carta sobre la existencia o no existencia del HIV”, pero sin dejar de señalarles que están equivocados:
- Contrariamente a la consigna de Papadopulos et al. «No aislamiento, no clonación», la clonación es aislamiento, y es de hecho el más riguroso aislamiento que la ciencia puede ofrecer para los retrovirus.
La segunda réplica de Duesberg culmina con este dramático llamado a la razón, que más bien suena a queja:
- Me parece trágico que más del 99 % de los investigadores estudien un virus que no causa el SIDA, y que los pocos que no lo hacemos estemos ahora ocupados en un debate sobre la existencia de un virus que no causa el SIDA.
De cualquier manera, el grupo de Perth y Lanka no se dejaron ablandar, y al final no le otorgaron el premio a Duesberg. Lo que por otra parte, era de esperarse, dadas las condiciones exigidas, y por mucho que el virus, indiferente a todas estas polémicas, siga creciendo en los laboratorios y su código genético sea secuenciado una y otra vez. Como ya había sido claramente advertido por King, dichas condiciones son “simplemente irrazonables” (descripción que quizás convenga también a Papadopulos, su grupo y Lanka).
Una respuesta final a Duesberg estuvo a cargo de Stefan Lanka. Este es uno de los más radicales de los herejes, y se ha caracterizado por su antipatía sin concesiones (que en ocasiones raya en lo patológico) hacia los retrovirólogos. En su artículo–respuesta Rethinking HIV – Collective Fallacy (Continuum Sept./Oct. 1996) el pobre Duesberg queda mal parado ya a partir de un epígrafe harto ilustrativo:
- He aquí un tremendo ejemplo de cómo un distinguido académico que contribuyó mucho al adelanto de la ciencia, luego impide nuevos adelantos con su terca adhesión a un dogma de su propia creación [...]
Johan Wolfgang von Goethe, Maximen und Reflexionen, Textstelle 586.
En el resto del texto no se le trata mucho mejor: habla de que “se ha dejado embaucar”, menciona su “falta de rigor intelectual”, su “celo retrovirológico” (???), lo trata de “bienintencionado y crédulo”. Todo lo cual resulta bastante fuerte, por no decir ofensivo, en especial dentro del marco de un supuesto debate “científico”.
Como ya se mencionó antes, otras organizaciones se han sumado a la propuesta inicial de Continuum, de modo que ahora el reto es internacional: la ya mencionada Asociación C.O.B.R.A., el MuM (Alemania), el ASI–NO–SIDA (Colombia), la TAPS (Brasil), la HERETES (República Checa); con lo que el monto del premio se ha incrementado sustancialmente. Pero hay que recordar aquí que en realidad no arriesgan demasiado (o mejor dicho, nada), pues las condiciones impuestas hacen prácticamente imposible que alguien lo reclame, así estas no tengan el más mínimo apoyo documental (pues las llamadas guías del Instituto Pasteur simplemente no existen como tales). C.O.B.R.A. incluso impone unas condiciones aún mas absurdas y menos probatorias, al parecer inventadas por el mismo Lanka. Contra ese riesgo mínimo obtienen un arma propagandística poderosísima: nadie reclama el premio porque nadie puede probar que el virus existe (aunque se les olvida aclarar “como nosotros queremos...”). La polémica volvió a reavivarse una vez más en el encuentro de Bucaramanga de 1997. En esa oportunidad, Duesberg y Stefan Lanka sostuvieron un prolongado encuentro verbal tras una conferencia de este último (que, naturalmente, versaba sobre la inexistencia del HIV) que ocasionó “preocupación” entre muchos de los asistentes. Que este intercambio de opiniones no debe haber transcurrido precisamente dentro de las más depuradas reglas académicas lo demuestra la descripción incidental que del mismo hace el redactor de la omnipresente Asociación C.O.B.R.A., cuando se refiere a “la preocupación que este choque produjo, manifestada oralmente por unas personas y simplemente con la expresión de sus caras por otras muchas”. Y uno no puede menos que compadecer al pobre Duesberg: después de ser el que inició la lucha, y de haber dejado en ella su prestigio académico y la consideración de sus colegas (en un artículo se menciona que “ha sido privado de su influencia en su Departamento, y ha sido colocado a cargo de tareas como organizar el picnic anual”), al final viene a resultar que algunos de sus compañeros de herejía lo vienen a considerar, en el mejor de los casos, como un tonto o un terco dogmático, y en el peor, una especie de compinche de Robert Gallo y de los perversos retrovirólogos...
Al otro extremo
Como era de esperarse, todo este apasionante debate no podía pasar desapercibido así como así para cierta gente sagaz. Y esa gente sagaz se presentó enseguida; me refiero a los manipuladores de energías ignotas, a los vendedores de cartílago de tiburón, de melanotonina, de hierbas chinas y de otras inutilidades por el estilo, detractores a ultranza de la medicina “oficial”. En pocas palabras, a los partidarios de las “medicinas alternativas”.
Por supuesto, para los practicantes de las terapias complementarias de cualquier pelaje, el repetido reclamo de Duesberg sobre que el AZT es “SIDA por prescripción” no podía dejar de sonar como música celestial para sus oídos, siempre atentos según acostumbran a cualquier rumor que les permita atacar a la agonizante y malsana medicina “oficial”. Y la postura extrema de los negadores de la existencia del HIV no pudo venirles mejor: la medicina “oficial” no solo suministra medicamentos que matan en vez de curar, sino que ni siquiera existe aquello contra lo que se indican. ¿Acaso es concebible mayor perversidad? Aclaremos: la mayor parte de los “herejes del SIDA” son individuos cuyos referencias académicas son intachables; ahí encontramos a un Harvey Bialy, a un Walter Gilbert, a un Peter Duesberg, incluso a un Kary Mullis, y a muchas decenas más. Ya se han mencionado los antecedentes de Peter Duesberg: de haber continuado en su línea de investigación, muy probablemente habría terminado por recibir el premio Nobel. Esto no implica que no puedan estar equivocados (y de hecho, todo parece indicar, lamentablemente para ellos, que lo están). Pero también encontramos otra clase de gente, incluyendo autodenominados “expertos” que no son tales, e individuos disfrazados de “herejes del SIDA” que en realidad son herejes respecto cualquier forma de pensamiento racional y organizado. Naturalmente, la presencia en el debate de está clase de elementos no favorece en nada la repetida solicitud de los heréticos “ortodoxos” de que la comunidad científica inicie una discusión crítica respecto al rol del HIV en el SIDA; en todo caso, lo que hace es desnaturalizarlo. Por continuidad se asimilan los argumentos (buenos o malos) de los “herejes” a las especulaciones perfectamente gratuitas del gremio de los alternativos. Por supuesto, los heréticos ganan un foro para sus ideas (dada la repercusión desmedida que tienen en los medios de comunicación las ridiculeces paracientíficas) pero pierden credibilidad ante la comunidad científica y ante el público bien informado. Veamos algunos ejemplos de estos discutibles “herejes”. El Dr. Heinrich Kremer se nos presenta como “exdirector médico de una clínica de drogodependencia”, posición de la que hubo de dimitir debido a sus puntos de vista sobre el SIDA (por supuesto). Pues bien, el Dr. Kremer tiene algunas cosas interesantes que contarnos. Ha descubierto que el SIDA es ocasionado por la lesión mitocondrial que produce el uso del Trimetropim–sulfametoxasol o cotrimazol, combinación de antimicrobianos de amplísimo uso a nivel mundial (sus componentes inhiben pasos sucesivos del metabolismo del ácido fólico). Demás está decirlo, el apoyo documental a esta brillante observación es inexistente (por lo visto, es algo que simplemente se le ocurrió). Por supuesto, los homosexuales comenzaron a tomarlo consuetudinariamente y sus mitocondrias se dañaron, por lo que terminaron enfermando. A partir de aquí el buen Dr. Kremer desarrolla la típica teoría conspiranoica: desde altas instancias gubernamentales y de la industria farmacéutica se decidió inventar la Operación SIDA para ocultar la verdad; según parece, en la génesis de esta operación estuvo implicado nada menos que el entonces vicepresidente de los Estados Unidos, George Bush. Por lo visto, este solo fue el inicio, pues posteriormente alguien decidió seguir sacándole provecho a la situación y comenzaron a aparecer los dañinos antirretrovirales. ¿Y que hay respecto a los hemofílicos? Ellos no toman cotrimazol rutinariamente, y por lo tanto, no deberían enfermar ¿No?. Pero el Dr. Kremer también tiene su respuesta a mano: es porque recibieron sangre con proteínas contaminadas. ¿Con que se contaminaron? Pues eso no se sabe (presuntamente no fue con el HIV). Debemos señalar aquí que los “argumentos” del Dr. Heinrich Kremer no son más que una burda simplificación de los de Duesberg. Pero aún hay más: después de darnos todas estas razones “científicas”, y antes de que la depresión ocasionada por el conocimiento de verdades tan sorprendentes nos induzca al suicidio preventivo, el Dr. Kremer nos ofrece una luz de esperanza: en lugar de los nocivos inhibidores artificiales de las proteasas, se deben tomar productos que ayuden a recuperar el funcionamiento correcto de las mitocondrias como la coenzima Q-10 y Padma-28 (un producto de la fitoterapia tibetana); también resultan útiles el condritimsulfato y el agar (no faltaba más). Por no hablar de la melanotonina. De paso, hay que mencionar que Kremer es uno de los fundadores de REGIMED y asesor “científico” de C.O.B.R.A. Tomemos también el ejemplo de uno de los heréticos más radicales, el belicoso Stefan Lanka, quien siempre se nos presenta como virólogo y genetista alemán, portavoz de REGIMED (Research
Group in Investigative Medicine and journalism) y del MuM; al Dr Lanka sus credenciales académicas parecen aportarle, hasta cierto punto, alguna autoridad. Sin embargo, existen ciertos detalles que inducen precozmente a la duda, como el hecho de que también asesore al funambulesco grupo catalán C.O.B.R.A. (otro más; ¿qué será lo que los induce a juntarse?). Y he aquí que de pronto nos enteramos que el Dr. Lanka afirma que la ingeniería genética produce daños masivos en medicina, incluyendo en esto en esto el uso de insulina recombinante (??), así como en la agricultura y la ganadería (???), qué los antibióticos dañan la actividad celular y la formación de la energía y del material genético (????) y que no existen los virus de las Hepatitis B y C (?????). Semejante colección de insensateces echa por tierra cualquier credibilidad que pudiéramos atribuirle a este “investigador”, y más aún si se tiene en cuenta que las expresó en una serie de conferencias patrocinadas (cuando no) por la Asociación C.O.B.R.A., y apoyadas por una larga retahíla de centros de terapias alternativas y establecimientos por el estilo (entre los que se incluyeron, vaya a saber por que, varios restaurantes vegetarianos). Eso sí, Stefan Lanka no pierde oportunidad de proclamarse, cada vez que tiene oportunidad, como descubridor del virus Ectocarpus silicosus . Y de paso, nos recomienda también ese excelente producto tibetano que se comercializa en Suiza, el Patma-28. Otros no intentan ni siquiera escudarse tras credenciales académicas mas o menos “convencionales” (como Lanka con su virus). El personaje más ilustrativo de esta tendencia es el archiconocido Dr. Ryke Geerd Hamer, autor de la imaginaria y celebradísima (por sus creyentes) “Ley de Hierro del Cáncer”, descubridor de los no menos imaginarios Focos de Hamer y del Síndrome Dirk Hamer, y actualmente en prisión por infracciones a la Ley de la práctica médica. No es este el lugar para detallar las extensas y enrevesadas ideas de Hamer sobre el SIDA, que no son otra cosa que una heterogénea mezcla de reinterpretaciones y plagios de los argumentos de Duesberg con la Ley de Hierro. Según parece, Hamer considera que el SIDA es conflicto de desvalorización consigo mismo, ocasionado por el diagnóstico de un paciente como seropositivo (“¡sólo se convierte en víctima del S.I.D.A. quien sabe que es seropositivo o cree serlo!” – afirma). Por lo visto, Hamer es el que ha ido más lejos al plantearse la etiología del SIDA; la causa no es un virus, sino el mismo diagnóstico (bueno, pero esto no es tampoco original; el grupo de Reppraising AIDS ya había hablado del “terror psicosomático inspirado por un diagnóstico de seropositividad al HIV”). Mas tarde, la perversa medicina oficial se encargará de liquidar al paciente por medio de sus pócimas nocivas (idea, por otra parte, nada nueva entre los devotos del alternativismo). ¿Qué tratamiento ofrece Hamer? Por supuesto, la “Nueva Medicina”, inventada por él mismo. ¿No suena todo esto conocido? La “ayuda” de estos supuestos herejes no hace sino caricaturizar la postura de los auténticos disidentes. Y es de prever que a corto plazo, de mantenerse la tendencia actual, lleguen incluso a convertirse en mayoría. Con lo que algo que comenzó como una lucha por un debate científico abierto terminará por convertirse en uno más de los grandes mitos de las pseudomedicinas.
Conclusión
¿Existe alguna posibilidad de que Peter Duesberg y los demás herejes estén en lo cierto cuando afirman que la “hipótesis” HIV/SIDA es errónea? Es muy dudoso. La evidencia acumulada tras dieciocho años de investigaciones está, en general, en contra de esa posición.
La evidencia epidemiológica respalda con mucha más fuerza la etiología infecciosa que la tóxica; para hacer encajar a esta última hay que apelar a argumentos forzados, como ocurre con las diferentes “soluciones” que se ofrecen para cada grupo de riesgo en particular: los homosexuales por los nitritos de amilo, los drogadictos intravenosos por el abuso de fármacos, los hemofílicos por la inmunosupresión por las transfusiones, el SIDA infantil por las madres adictas... Y lo peor es que ninguna de estas propuestas se sustenta cuando se estudian en profundidad, empezando por su inconsistencia epidemiológica. El hecho es que aparece una nueva enfermedad, y poco después se descubre un virus completamente nuevo. El virus solo afecta al 0,3 % de la población, pero dentro de ese mínimo porcentaje se encuentran todos los casos que muestran un patrón inmunológico y un espectro clínico característicos. El virus se aísla, se cultiva, se clona y se secuencia; tres laboratoristas se inoculan accidentalmente con él y enferman. La enfermedad se transmite por vía sanguínea, pero solo si el donante está infectado por el virus. Mujeres heterosexuales sin ningún factor de riesgo tóxico enferman al mantener relaciones sexuales con un infectado. Hijos de madres con infección por el virus desarrollan también la enfermedad. ¿Errores y fallas en la posición “oficial”? Muchísimos, sin duda. Empezando por la forma en que se dio a conocer el supuesto descubrimiento del virus por Gallo, en una aparatosa rueda de prensa, sin dar lugar a que otros investigadores contrastaran previamente los hallazgos o que los sometieran a revisión crítica. Por no hablar de las absurdas expectativas que se crearon tras este anuncio, haciendo parecer que una vacuna o una cura estaban prácticamente al alcance de la mano. También la apresurada aprobación del AZT sin un adecuado respaldo experimental, quizás como un modo de intentar demostrar que al fin y al cabo se estaba haciendo algo y cediendo a la presión del momento. Pero nada de esto influye particularmente para que Duesberg tenga que tener razón. Solo demuestra que los hombres de ciencia son falibles (cosa sabida desde hace mucho) y en especial cuando comienzan a hacer “ciencia” en base a consideraciones políticas o de relaciones públicas.
La posición de los “heréticos” trasciende el mero debate científico o académico. Nadie puede criticar que se exija un controversia abierto sobre cualquier tema, pero existen peligros muy reales en este caso en particular. Decir que el SIDA no es una enfermedad infecciosa o que el HIV no existe puede echar por tierra todos los esfuerzos de prevención y crear una falsa sensación de seguridad. Y el precio a pagar sería muy alto. Faltarían sin duda muchas cosas que decir. No falta quien afirme (sin el mas mínimo apoyo documental) que el HIV fue diseñado en un laboratorio durante la guerra fría, con la finalidad de servir de arma biológica. O que es un castigo divino a las prácticas homosexuales y demás conductas pecaminosas. El SIDA da para todo, en especial si se es devoto de las teorías conspiranoicas y se carece de algunos conocimientos elementales sobre el tema. Es indudable que existe gente capaz de creer en ideas tan absurdas como estas, como es capaz de creer en las fantasías de los ovnis, en el biorritmo y en las pirámides. Pero ese es ya otro tema.
Enlaces de interés
Hablan los heréticos
Infectious AIDS: Have We Been Misled? Es la página de Peter Duesberg.
HIV & AIDS - Rethinking AIDS WebSite - Homepage Con la polémica de Continuum y su premio.
Indice del SIDA (en castellano) La única virtud de este sitio, que recogió la herencia del grupo "COBRA" al desaparecer este, es que contiene algunos artículos de los otros traducidos al castellano. Por lo demás, no aporta nada a un debate que pretende ser científico. Abundantes payasadas "alternativas".
Hablan los partidarios de la versión oficial
The Evidence That HIV Causes AIDS "Hoja de Hechos" del NIH explicando las razones por las que se piensa que el HIV causa el SIDA. Muy concisa. Recomiendo leerla tras haber estudiado primero los argumentos de los herejes.
The AIDS Heretic Who Won't Die Nathan Crow expone los errores de los argumentos del libro de Duesberg "Inventing AIDS".
The AIDS Heresies Estudio tan extenso como bien documentado de Steven B. Harris, en el que se pasa revista y se analizan casi todos los aspectos de la herejía del SIDA y las razones por las que los heréticos están equivocados. Absolutamente fundamental.
Otras fuentes sobre el SIDA
HIV | InSite | Home
AIDS HIV AEGIS Información muy amplia sobre todos los aspectos del SIDA.

