LUCIO. ANARQUISTA: El albañil que estafó al mayor banco del mundo
LUCIO. ANARQUISTA, ATRACADOR, FALSIFICADOR PERO ANTE TODO... ALBAÑIL
(2007, Estado Español, film dirigido por Aitor Arregi y Jose Mari Goenaga)
El albañil que estafó al mayor banco del mundo!-->!-->Casi analfabeto y anarquista, el navarro Lucio Urtubia fue el hombre más buscado en los ochenta. Puso en jaque al First National City Bank falsificando cheques. Ahora, una película recoge su vida. Nos recibe en su casa de París.
Jesús Duva 08/11/2007
Lucio, el anarquista irreductible
Bernard Thomas
Thomas, Bernard: Lucio, el anarquista irreductible (col. Isabelle Villemont, trad. Albertina Rodríguez y Francisco Rodríguez de Lecea), Barcelona, Ediciones B, 2001 (Memorama), 301 págs. 2.900 pts. (_ 17,43).No es fácil hacer un comentario de un libro como este, lleno de vitalidad, emoción, pasión... Difícil de resumir porque incluso sus extensas páginas son pocas para condensar una vida tan intensa.
Lucio es el producto de un niño sensible y honesto en un mundo donde reina la violencia, la injusticia y la opresión. Nace en un pueblo de Navarra en el seno de una familia humilde. Sus condiciones materiales son tan escasas que Lucio sufre el desprecio de los que tienen, y se siente desde muy pequeño marginado y menospreciado. Las relaciones durante la adolescencia, cuando empiezan las amistades con el otro sexo, son patéticas. Una sociedad clasista y anclada en el pasado, recién salida de una guerra civil, impide que se formen parejas donde la economía de sus respectivas familias no esté equiparada. La gota que rebosa el vaso: un padre enfermo, sufriendo, que no puede aliviar sus dolores por falta de recursos económicos para adquirir medicamentos. Así comienza a forjarse su rebeldía contra el Poder e inicia su andanza para transformar la sociedad. Su vida desde entonces será un empeño constante, tenaz, con férrea voluntad para vulnerar las normas del juego que hacen factible el mísero, opresivo e injusto mundo en el que vive.
Sus primeras ilegalidades comienzan en la frontera, pasando clandestinamente productos franceses a España. Empieza a constatar la hipocresía. Son los poderosos los que se enriquecen con el contrabando, con los oídos sordos y la vista ciega de las autoridades. Su primera gran proeza, donde muestra su inteligencia y astucia, es en el Ejército, cuando hacía el servicio militar. El primer susto serio: a punto de ser descubierto por la venta de ropa militar, tuvo que desertar y pasar a Francia. En España, si le cogen, le hubieran podido condenar a muchos años de prisión. Lo mismo que hacía Lucio lo hacían otros, pero no eran simples soldados. Los chanchullos para enriquecerse los podían hacer los jefes, los que tenían medallas, pero no un cualquiera.
En Francia trabaja en la construcción. Al poco de su llegada al país vecino conoce a Francisco Sabaté, el Quico, y comienza sus andanzas en el mundo libertario, desconocido para él hasta entonces. El guerrillero catalán aparece en casa de Lucio en momentos de apuro. Sabaté está en plena acción contra la dictadura franquista, con incursiones habituales por los Pirineos.Siempre con la paleta para poder vivir, en su tiempo libre Lucio es un inagotable, incansable y activo anarquista que no deja de pensar cómo hacer para luchar por la causa. El anarquista irreductible tiene como lema «ladrones privados contra ladrones de Estado». El dinero que se obtiene por otros medios que no sean la paleta serán destinados a difundir las ideas, ayudar a compañeros en situaciones difíciles..., pero no para vivir. Lucio es un trabajador de la construcción, no un revolucionario a sueldo.
Son varios los casos por los que Lucio es más conocido. Cuando Albert Boadella fue procesado por representar La torna con la compañía Els Joglars, Lucio le facilitó un pasaporte perfecto. El cómico catalán pudo salir y entrar en España cuantas veces quiso, sin ningún problema. Eran los inicios de la democracia en España, y ya para entonces el anarquista irreductible era un gran experto y especialista en falsificación de documentos.
El caso más sobresaliente es el de los falsos cheques de viaje. Eran tantos y tan bien confeccionados que incluso los más expertos peritos del propio banco dudaban de cuáles eran auténticos y cuáles falsos. La situación era realmente preocupante para el banco americano First National City Bank, rebautizado Citibank. Altos directivos tuvieron que desplazarse a Francia para solucionar el problema porque de seguir así el banco iba a la quiebra. Lucio está acorralado y casi sin salida, las autoridades galas ya le han detenido en diversas ocasiones y ha estado varios meses en la cárcel. Los directivos del banco quieren negociar, pero no con un simple operario detenido, quieren hablar con el jefe de la banda. Los ejecutivos americanos no alcanzan a comprender cómo un trabajador de la construcción, que vive de un salario, puede tener la capacidad de hacer cheques falsos y que los destine a una causa que no alcanzan a comprender, y no para sí mismo, para poder vivir mejor sin trabajar. Después de interminables discusiones y acusaciones subidas de tono llegan a un acuerdo: Lucio entrega las planchas con las que elaboran los cheques de viaje y el Banco retira la demanda.
No solo no entendían su actitud los directivos americanos. Las autoridades francesa tampoco alcanzan a comprender su entrega a la lucha contra las injusticias. Durante uno de los registros de su casa, la policía encuentra un cheque auténtico, firmado para poder cobrarlo, y Lucio nunca hizo uso de él. Este cheque se lo había proporcionado años atrás un directivo del Barcelona cuando por un procesamiento tuvo que salir de España para evitar la cárcel. Quien le proporcionó un perfecto pasaporte falso para irse a América fue Lucio. El directivo, tratando de compensar su noble gesto, le entregó el cheque. Las autoridades se preguntaban ¿por qué no ha hecho uso de este cheque legal y fabrica cheques falsos?
Tampoco era entendido entre los presos de la cárcel. En realidad era un bicho raro para chulos de putas que se muestran orgullosos de vivir del dinero que obtienen con la prostitución de algunas mujeres, traficantes de todo tipo, sicarios... No podían comprender cómo un hombre falsificaba documentos para ayudar a gente perseguida en lugar de hacerlo en beneficio propio. La cárcel fue una dura experiencia para una vida ya marcada por el sufrimiento. Lo que le salvó a Lucio de perder la vida o el sentido común en situaciones límites fue la intuición y el trabajo.
El sufrimiento no solo fue durante su niñez. Las decepciones vienen con la edad, cuando las penas son más profundas, más dolorosas, cuando se conoce el desengaño y se es más consciente de todo. El conocido modisto Paco Rabanne adquirió una antigua fábrica de la época de la Primera Guerra Mundial para rehabilitarla. Le encarga el proyecto a Lucio, que se muestra encantado. Por fin, sin patronos, entre los compañeros se muestra dispuesto a armonizar la práctica con sus ideas. La realidad, un auténtico fracaso; los revolucionarios no acuden a trabajar. Lucio empieza a comprender que al revolucionario se le conoce por el trabajo, pero los más revolucionarios, los más radicales, aunque sin patrono, le tienen alergia a la tarea. Ellos están destinados a transformar el mundo, no a ir todos los días a trabajar. Sin embargo, la revolución no se alcanza por un hecho aislado o heroico, sino con el trabajo y el ejemplo diarios. La revolución es una forma de vida, no es un puerto o estación a los que haya que llegar, es un interminable camino que ha de ir recorriendo la humanidad. Alcanzar una revolución final, si es que existiera, supondría el final de la vida humana. Una revolución nunca se puede dar por concluida, entre otras razones porque la imaginación humana no puede alcanzar a vislumbrar todo cuanto una sociedad puede desarrollar o realizar. Cuando una revolución triunfa, inmediatamente muere, porque siempre hay algo por cambiar que está en el horizonte de la humanidad.
Otro tema de reflexión que nos plantea Lucio es el de la violencia, un drama anarquista. El uso de esta implica una contradicción irresoluble para el libertario. Aquel que la utiliza puede cambiar la realidad social al menos por un tiempo, a través de la fuerza o del terror, pero acaba siendo compañera inseparable y herramienta de viaje, y se concluye cometiendo injusticias similares a las que realizan los opresores a los que se combate. A la larga se acaba utilizando no contra el enemigo contra el que se empezó a utilizar, sino contra todo aquel que acabe disintiendo de la opinión del que la usa, que suelen ser los compañeros de viaje. Los pasos de Lucio han ido encaminados a la consecución de los objetivos sin el uso de la violencia física, sin víctimas. Hábil y astuto, cuando la policía quería echarle el guante ya había desaparecido con el botín. Empeñado el Poder en transmitir la idea de que el anarquismo es la respuesta violenta a situaciones sociales, algunos compañeros parece que se han creído el mensaje que emana de Arriba y actúan reproduciendo el esquema que diseña el Estado. No es por la fuerza, es a través del convencimiento mediante el conocimiento. El fin no justifica los medios; los medios son los fines.
Habrá quien pueda pensar que una editorial comercial, como es Ediciones B, se haya prestado a publicar el libro de un anarquista por el hecho de ser un fabuloso falsificador de cheques para estafar al Capital, cuando poca atención presta a dar a conocer obras constructivas como las de la Revolución española. Cuestiones como estas, que se pueden plantear, son discutibles. Quizás alguien ajeno a nuestros medios pueda confundir el mensaje. Mas de la lectura meditada del libro creo que lo que transmite queda claro. Los trabajadores son los que hacen los pueblos, que procuran que funcionen y que se pueda vivir en ellos, y es el trabajo la base de una sociedad libertaria y solidaria. Debe quedar claro que Lucio no solo falsificó cheques para la causa, preparó en muchas ocasiones pasaportes para que los compañeros pudieran salir de situaciones muy difíciles en países con dictaduras y golpes militares que al grito descerebrado de ¡viva la muerte! tratan de erradicar el pensamiento.
Amador
2002 Fundación de Estudios Libertarios Anselmo Lorenzo l Contacto: fal@cnt.es
Artrítico y diabético, Lucio Urtubia Jiménez conserva, a sus 76 años, el espíritu rebelde, anarquista y revolucionario de su juventud. Albañil de profesión, contrabandista, atracador y secuestrador en defensa de sus ideales, llegó a poner de rodillas al First National City Bank norteamericano al inundar el mercado con miles de cheques de viaje falsificados en las postrimerías del franquismo. Le han llamado el buen ladrón, el último Robin Hood, el irreductible?
Durante décadas fue un referente de la lucha contra la dictadura. Su casa de París era (y sigue siendo) un refugio no sólo para libertarios, sino para gente de todo pelaje: etarras, montoneros, tupamaros, activistas de las Brigadas Rojas italianas o de Acción Directa. Su vida, cuajada de huidas, atracos ("expropiaciones" o "recuperaciones", según su terminología) y cárceles, ha sido llevada ahora al cine. Los directores guipuzcoanos José María Goenaga y Aitor Arregi son los autores del documental Lucio, realizado con apoyo económico del Ministerio de Cultura y del Gobierno vasco (además de EITB y TVE).
Ya desde niño, Urtubia dio muestras de sus futuros derroteros. "Yo soy de Cascante, en Navarra, y me dedicaba a azotar, con ramas de ortigas, las piernas de las niñas burguesas. Me detenían y, como mi madre era pobre y no podía pagar la multa de cinco pesetas, me metían a la cárcel", recuerda riendo a mandíbula batiente.
Nacido en 1931, el joven Lucio aprendió a jugar al ratón y al gato con la Guardia Civil desde muy temprano. Aprovechando que tenía un hermano camionero, empezó a contrabandear café, fruta y otras mercancías por la frontera franco-española. "Ahí aprendí que tú puedes ganar 99 veces, pero que, si pierdes una sola, ya te puedes dar por jodido. O sea, que el revolucionario no puede fallar nunca y que no te puedes dejar coger", afirma. Entonces robaba para sobrevivir. Y siguió haciéndolo en la mili. Los militares descubrieron el saqueo, y eso forzó al soldado a escapar a Francia en 1954. La otra opción era acabar fusilado.
Sin oficio ni beneficio, casi sin saber leer, Lucio trabajó en París de alicatador, un oficio que ha mantenido hasta jubilarse a los 73 años. "El trabajo es lo mejor y lo más revolucionario", sostiene. Y repite una frase que ha convertido en su lema: "Si el paro y la marginación crearan revolucionarios, los Gobiernos acabarían con el paro y la marginación".
Sus compañeros le preguntaron un día: "¿Tú qué eres?". Y él contestó: "Yo soy comunista". Y ellos replicaron: "¿Tú comunista? ¿Qué coño vas a ser comunista? ¡Tú eres anarquista!". Fue la primera vez que escuchó esa palabra, que desde entonces ha sido casi como su apellido, de tan pegada que ha vivido a ella.
Comenzó a relacionarse con las Juventudes Libertarias de la Fédération Anarchiste, en principio para aprender el francés, pero más tarde por convicción y porque allí pudo relacionarse con intelectuales de la talla de André Breton y Albert Camus. "Al poco de vivir en París, el anarquista Germinal García me pidió que escondiera a tres revolucionarios españoles. Uno de ellos resultó ser el mítico Quico Sabaté. ¡Cuando me enteré de quién era! Porque entonces El Quico ya era conocidísimo entre nosotros. En la España franquista era el enemigo público número uno del régimen, pero para mí era dios", recuerda Lucio, pugnando con las lágrimas.
El encuentro con sabaté, el célebre maqui que después sería asesinado en Sant Celoni en 1960, le marcó de por vida. El audaz guerrillero le facilitó a Lucio contactos con libertarios exiliados en Toulouse, Perpignan y París y con miembros de la CNT española en Barcelona, Zaragoza, Madrid y Pamplona.
Deslumbrado por su héroe Sabaté, empezó a emularlo realizando incursiones en territorio español. Posteriormente pegó una serie de robos y atracos por Europa armado con la metralleta Thompson que Sabaté le dejó como legado.
"En aquella época, las expropiaciones eran muy fáciles. Íbamos a cara descubierta. Los bancos no tenían cámaras de grabación, ni puertas blindadas, ni guardas de seguridad. Llegabas y los empleados se cagaban de miedo. Te daban todo en cuando veían las armas. Pero a mí me gustaban poco. Tenía miedo de hacerle daño a los trabajadores, que no eran más que unos asalariados de los verdaderos ladrones que son los banqueros".
Su oficio de albañil le facilitaba una cobertura perfecta. Lucio Urtubia se levantaba antes del alba y se iba a la obra. Como un clavo. Después, al salir del tajo, se convertía en un revolucionario. Y así, con semejante tapadera, ¿quién podía pensar que detrás de ese hombre casi analfabeto, de manos ásperas y manchadas de yeso, había un ácrata? "Nadie. El trabajo ha sido mi salvación", contesta Lucio, ante una exposición fotográfica sobre la Guerra Civil montada en el caserón donde vive.
El viejo edificio está en la Rue des Cascades, en el barrio de Belleville. Es una zona cuajada de inmigrantes, escultores, viejos refugiados políticos, contestatarios, jóvenes antisistema. En las mismas calles en las que actuó el legendario bandolero Louis Dominique Bourguignon, Cartouche, famoso en el siglo XVIII por saquear a los ricos para ayudar a los pobres. Una especie de Robin Hood. "¿Ah, sí? Eso es lo que me han dicho a mí muchas veces: que yo he sido como Robin Hood. ¿Y quién es ese Robin Hood?", pregunta, cándido, el anarquista. Mantiene la mente lúcida, aunque los recuerdos se agolpan atropellada y desordenadamente en su cabeza. Camina con torpeza (la artrosis) y tiene que vigilar su nivel de azúcar en la sangre (la diabetes). Pero invita al acompañante a dar un paseo por su barrio, donde conoce a todo el mundo y todo el mundo le conoce a él. El barrio está cuajado de imprentas. Le fascinan. Están muy ligadas a su vida y a su gran golpe: la falsificación de 8.000 hojas de 25 cheques de viaje de 100 dólares. Unos 20 millones de dólares de la época (los años ochenta).
Ya antes había comenzado su actividad de falsificador, de manera que no había exiliado que no tuviera documentos facilitados por él. "Yo no sé nada de imprenta. Mi mérito es que logré que trabajadores que sí sabían de eso hicieran carnés de identidad, pasaportes y cualquier documento. Los hacían idénticos y con los colores perfectos. Siendo un pelagatos, convencí incluso a empresarios para que arriesgaran su vida y su fortuna".
Pues usted ha pasado a la historia como un hábil pendolista.
¡Quiá! Yo sólo me ocupaba de dejar todo limpio en la imprenta. Rompía las pruebas, limpiaba los rodillos, los cauchos? Eso era muy importante, ¿eh? Una vez estaba quemando papeles en la chimenea y se quemó el hollín. Alguien llamó a los bomberos y llegó la policía cuando estaba en plena faena [ríe con ganas al recordarlo]. ¡Menos mal que me dio tiempo a esconder los papeles chamuscados!
En 1962 conoció al Che Guevara, al que propuso falsificar dólares americanos a gran escala. "Rechazó el plan diciendo que Estados Unidos seguiría siendo rico hiciéramos lo que hiciéramos. El Che no me gustó, me pareció flojo", dice.
Este viejo libertario ha saltado a la fama por ser el inspirador de un golpe maestro: la falsificación de 20 millones de dólares en cheques de viaje del First National City Bank, lo que estuvo a punto de llevarle a la quiebra.
"Compré en Bruselas 30.000 francos en travellers cheques con documentación falsa. Después compré el papel para las falsificaciones. Costó imitarlos. ¡Es muy difícil llegar a la perfección! Yo daba el visto bueno, pero no fabricaba los cheques porque no sé nada de imprentero.
¿Cómo empezaron a dar salida a esas falsificaciones? ¿Nunca se dieron cuenta los bancos?
Éramos un montón de equipos dedicados a colocar los travellers cheques. Primero entraba yo, y si todo salía bien decía a los demás: "La sala de baño está perfecta". Era la clave. Ahí empezaba la cadena. Los de los bancos, antes de pagar, miraban en una lista para ver si la numeración figuraba entre los robados o extraviados. Al ver que no, pagaban sin problemas. ¡Ja, ja, ja?! No podían estar en la lista porque llevaban la numeración de los que compré en Bruselas!
La primera oleada de cheques de viaje fraudulentos les reportó unos 300.000 francos, que sirvieron para financiar a montoneros, tupamaros y otros revolucionarios. Al poco, un ex cocinero de la cárcel de Segovia le confía a Lucio que tenía la posibilidad de vender todos los travellers cheques al 30% de su valor. ¡Menudo pelotazo! Pero después de una serie de citas con un norteamericano que estaba interesado en el negocio, el cerebro de la operación cayó en la trampa. Fue en junio de 1980 en el famoso café Les Deux Magots. Dio con sus huesos en la cárcel. "Es una falsificación de excelente calidad y por ello muy peligrosa", admitía un informe policial. Lo preocupante es que Lucio se niega a revelar dónde tenía escondidas las planchas de impresión. Y mientras este material esté ilocalizado, el banco corre el riesgo de sufrir un descalabro descomunal.
El astuto anarquista llevaba varios meses entre rejas, pero feliz al comprobar que había logrado poner contra las cuerdas al mayor banco del mundo. Sólo cumplió seis meses de presidio gracias a un acuerdo extrajudicial con el City Bank, que consiguió hacerse con las planchas de impresión a cambio de retirar los cargos y, según Lucio, abonar 50 o 60 millones de francos.
Lucio Urtubia es aventura y riesgos: cinco órdenes internacionales de búsqueda, incluida la CIA; un plan frustrado para secuestrar al nazi Klaus Barbie en Bolivia; la fuga del líder de los Panteras Negras; su mediación en el secuestro del diputado Javier Rupérez por ETA político-militar? "¡Bah! A los periodistas sólo os gustan estas historietas".
¿Qué le parece la Ley de Memoria Histórica que impulsa Zapatero?
No tenemos que olvidar lo que fue la dictadura. ¿Y esto de Fraga? ¿No dice Fraga que hay que olvidar? Fraga ya chochea. ¡Que olvide él, que tendrá remordimientos por mucho de lo que hizo!
"Yo no estoy de acuerdo con la violencia. Yo no estoy por matar a nadie. En España, con todos los inconvenientes que se quiera, hoy hay libertad", responde cuando se le pregunta por ETA. "La libertad es para mí como Dios: inexplicable".
Lucio se estrenó en la pasada edición del Festival Internacional de Cine de San Sebastián. La cinta llegará a cines de toda España próximamente.
Lucio Urtubia
De Wikipedia, la enciclopedia libre
Lucio Urtubia Jiménez Nacimiento: 18 de febrero de 1931
Cascante, NavarraOcupación: Albañil Cónyuge(s): Anne Garnier Hijo(s): Juliette Urtubia Lucio Urtubia Jiménez (Cascante, Navarra, 18 de febrero de 1931) es un albañil y militante anarquista. Considerado como el último de los "bandidos buenos", ha sido definido como un "Robin Hood", como un Quijote; aunque en palabras de Albert Boadella "Lucio es un Quijote que no luchó contra molinos de viento, sino contra gigantes de verdad".
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Biografía [editar]
Lucio Urtubia nació en Cascante en una familia muy pobre de 5 hermanos, dentro de la carlista Navarra. Su padre entró en la cárcel como carlista y salió convertido en comunista. A los 19 años, Lucio oyó de su boca por primera vez la palabra que marcaría su vida: "Si pudiera volver a empezar, sería anarquista".
Reclutado para el servicio militar, descubriría muy pronto la facilidad para realizar contrabando en la frontera hispano-francesa. Con otros compañeros del servicio, desvalijó un almacén de la compañía a la que estaba adscrito. Al ser descubierto, desertó y huyó a Francia en 1954, ya que los delitos cometidos podían llevar aparejada la pena de muerte.
En París comienza a trabajar de albañil, oficio que le acompañará toda su vida. Comenzó a relacionarse con las Juventudes Libertarias de la Fédération Anarchiste, radicada en París, en principio para aprender el idioma, pero más tarde plenamente convencido por las relaciones que allí inició, que incluían entre otros a André Breton y a Albert Camus.
Al poco tiempo de vivir en París se le pidió que escondiera a un miembro del maquis antifranquista en su casa. El refugiado resultó ser el mítico Quico Sabaté, con el que compartió casa durante varios años, hasta la muerte de este:
Para Lucio, Quico era su dios, su maestro del anarquismoBernard ThomasSabaté le facilitó direcciones de familias y libertarios exiliados en Toulouse, Perpiñán, París y de miembros que seguían en activo de la antigua CNT española en Barcelona, Zaragoza, Madrid y Pamplona. Lucio, ante la detención y encarcelamiento de Quico, empezó a emularlo realizando incursiones en territorio español; posteriormente emprendió una serie de robos y atracos por Europa, para conseguir fondos para la causa revolucionaria, acompañado por su inseparable ametralladora Thompson, heredada de Sabaté a la muerte de este. Más tarde abandonaría estas actividades "por miedo a hacerle daño a los empleados de los bancos".
Ya anteriormente había comenzado su actividad de falsificador, de manera que no había guerrillero o exiliado político que no tuviera documentos falsos salidos de la mano de Lucio. Se unió con otros compañeros libertarios en los años 60 para falsificar moneda, con la que financiaban a numerosos grupos por todo el mundo, a la vez que procuraban desestabilizar las economías capitalistas. Subsecuentemente con estas actividades, en plena invasión de la Bahía de Cochinos, propuso a la embajadora de Cuba en Francia, Rosa Simeón, destruir con explosivos intereses estadounidenses en Francia, a lo que esta se negó. Sin embargo, resultó tentada con la propuesta que le hizo de falsificación masiva de dólares americanos, de los que le llevaba una muestra. Fue entonces cuando la embajadora medió para presentarle a Ernesto Che Guevara en 1962, al que le presento su plan de falsificación a gran escala de dólares, siendo rechazado por el mismo, a la sazón Ministro de Interior de la Revolución Cubana. Salió Lucio desencantado de la reunión, el Che le había dicho que los EE.UU. seguirían siendo ricos a pesar de todo, dándose cuenta de que el revolucionario argentino empezaba a estar cansado del rumbo que tomaba la política en la isla.
Su golpe maestro y que le cambió su vida, fue la falsificación de cheques del City Bank, de los cuales realizó 8.000 hojas de 25 cheques de 100 dólares cada uno, con lo que estuvo a punto de hacer quebrar al banco, que sufrió una importante caída en su cotización en bolsa. Este dinero fue utilizado, como siempre, en la ayuda de movimientos guerrilleros en Latinoamérica (Tupamaros, Montoneros, etc.) y Europa. A pesar de la espectacularidad de la falsificación, sólo fue condenado a 6 meses de cárcel, gracias a la ayuda que le prestaron casi todos los abogados progresistas de Francia, y a un acuerdo extrajudicial con el City Bank, que fue forzado a retirar los cargos a cambio de las planchas de grabación.
Su vida ha sido una continua aventura: cinco órdenes internacionales de búsqueda, incluida la CIA; preparó el secuestro del nazi Klaus Barbie en Bolivia, colaboró en la fuga del líder de los Panteras Negras, intercedió en el secuestro de Javier Rupérez, medió en el caso de Albert Boadella, simpatizó con los Grupos Autónomos de Combate-Movimiento Ibérico de Liberación y con los posteriores Grupos de Acción Revolucionaria Internacionalista (GARI), sobre todo con uno de sus miembros franceses, Jean-Marc Rouillan...
Siempre defendió el trabajo: "somos albañiles, pintores, electricistas, no necesitamos el estado para nada"; "si el paro y la marginación crearan revolucionarios, los gobiernos habrían acabado ya con el paro y la marginación". Actualmente continua viviendo en París de su trabajo de albañil.
LUCIO
- Documental
- Año: 2007
- Duración: 90 min.
- Formato: 35mm.
- Idioma: Castellano, Francés
- www.lucio.com.es
FOTOGRAMAS
SINOPSIS
http://www.lucio.com.es/lucio.html
El navarro Lucio Urtubia ha dedicado toda su vida al anarquismo. Ha colaborado con el Che Guevara, estafado 3.000 millones de pesetas a Citibank, ha participado en sonados secuestros... y todo ello sin faltar un día a su trabajo como albañil.
Proyecto coproducido con Irusoin con la participación de EUSKAL TELEBISTA y TELEVISIÓN ESPAÑOLA y con el apoyo del Departamento de Cultura del Gobierno Vasco, Media desarrollo y del ICAA.FICHA TÉCNICA
Productora: Moriarti Produkzioak, Irusoin Directores: Aitor Arregi, Jose Mari Goenaga Producción Ejecutiva: Fernando Larrondo, Jon Garaño Producción: Xabier Berzosa Guión: Aitor Arregi, Jose Mari Goenaga Fotografía: Javi Agirre Dirección de Arte: Luis M. Olmo Música: Pascal Gaigne Sonido: Iñaki Díez, Alazne Ameztoy Montaje: Raúl López Postproducción Imagen: Raúl López Postproducción Sonido: Irusoin Documentación: Aitor Arregi, Jose Mari Goenaga, Jorge Gil Munarriz
EL DOCUMENTAL
Lucio: Anarquista, Atracador, Falsificador, pero sobre todo… albañil
El documental sobre Lucio, va ser projectat en el Festival Internacional de Cinema de Donostia-San Sebastián i també va ser nominat als Goya com a millor pel·lícula documental. El documental sobre l’anarquista navarrés “Lucio” està dirigit pels guipuscoans Jose Mari Goenaga i Aitor Arregi.
Sinopsis
Anarquistes n’hi ha hagut i continua havent-hi bastants en el món. Els que han hagut de cometre atracaments o introduir-se en el contraban per a la causa són nombrosos. Els que han discutit estratègies amb El Ché o han ajudat a Eldridge Cleaver -El líder dels Panteres Negres- són els menys. Els que unit a tot l’anterior, hagin aconseguit posar contra les cordes al banc més poderós del planeta per mitjà de la falsificació massiva de traveller checks, i sense faltar un sol dia al seu treball d’obrer de la construcció, només n’hi ha un: Lucio Urtubia, fill de Cascante (Navarra).
Lucio, avui en dia, viu en Paris, retirat. Ha sigut testimoni -moltes vegades part activa- de diversos esdeveniments històrics que s’han donat la segona mitat del segle XX. Va viure des de dins el fenomen del maig de 1968, va recolzar amb la seva participació l’inici del règim de Castro, va participar en qualsevol classe d’activitats antifranquistes… Però sense cap dubte el seu gran colp el va donar en la segona meitat de la dècada dels setanta, acaparant així en la premsa titulars com el “bandido bueno”, o el “Zorro vasco”. Va aconseguir estafar al First National Bank (ara Citibank) 3.000 milions de pessetes de l’època, per a invertir els diners en causes en què creia. Sorprenentment, la seva “carrera” li ha costat només uns mesos de presó.
Toda la información sobre el documental al web:
http://www.lucio.com.es/

