BIODIVERSIDAD
BIODIVERSIDAD
EDITORIAL
http://www.grain.org/biodiversidad/?id=348
¿Argentina, Paraguay, Colombia, Ecuador, Bolivia, Centroamérica, México? ¿Quiénes son estos hombres que beben algo caliente, café soluble o yerbaluisa, té de monte o un trago de agua mientras las mujeres prenden fuegos y se afanan entre los toldos improvisados donde permanece el grupo? ¿Son desplazados por las denominadas autodefensas colombianas (esos paramilitares que a sueldo atropellan, matan y siembran el terror), o tal vez gente que huye de las fumigaciones con glifosato en la selvática frontera ecuatoriana con Colombia? ¿O por las agroindustrias que con mañas se apoderaron de sus tierras? ¿Acaso son refugiados de las guerras de contrainsurgencia centroamericanas de los ochenta? ¿O jornaleros exiliados, semiesclavos en algún aledaño verde y turbio mar de soja transgénica en la profundidad de Paraguay, Argentina o la Bolivia santacruceña? ¿Gente sin tierra en algún remoto rincón brasileño? ¿Mexicanos corridos por las invasiones ganaderas y del narco hacia algún campo de cultivo transnacional dentro del propio México?
No tenemos datos de la foto. Ni dónde ni cuándo se tomó, ni quién atestiguó de primera mano esas miradas fijas en un horizonte invisible. Un horizonte que sigue ahí. Sea cual sea su vida, su valentía los hizo viajar para volver a ser, aunque sea fugazmente. Y aunque enajenen su futuro en esa apuesta, el sinsentido pesa más y hay que romperlo, por eso arriesgan todo para sentir, por lo menos en la familia o en la comunidad improvisada que forman con otros destituidos, que están vivos y que hay esperanza.
El embate es más fuerte que nunca, es más vasto y brutal, más cohesionado. Pero los pueblos saben que nunca está todo perdido. Y reflexionan en colectivo, se organizan y comienzan a entender lo que pesa y cómo darle la vuelta. Y más temprano que tarde los proyectos autogestionarios, comunitarios, autonómicos, comienzan a dar respuestas puntuales en lo cotidiano de los espacios que con la lucha siembran y hacen florecer los grupos, los pueblos, la gente, la comunidad.
Sirva esta foto anónima, de seres sin nombre, como acicate a la memoria. Como manera de mantener viva la vida que, acuclillada y con un pocillo de peltre en la mano, sigue viendo el futuro desde cada rincón de un continente americano más y más insumiso.
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¿Ámbitos comunes?
En un mundo más y más privatizado, donde empresas y gobiernos se apropian de más y más ámbitos comunes, entre ellos el lenguaje que en manos del poder nos falsea la realidad, es vital discutir qué entendemos por ámbitos o entornos comunes o comunales, bienes comunes, patrimonio común, o los commons —ese antiguo y a veces no bien entendido término medieval.
Cuál es el significado de su “confinamiento”, de su apropiación en manos privadas. Qué significan los actuales intentos por emprender una defensa “global” de com¬mons sometiéndolos a estrategias de propiedad “colectiva” o “común”, co¬mo el Sky Trust, las reservas de la biósfera, o los proyectos de emprender un muestreo genético de la población mundial en aras de “preservar” el “patrimonio común de la humanidad”.
¿Por qué olvidamos que las sociedades anónimas, corazón del capitalismo, son su propuesta más acabada de colectivizar la propiedad? Mientras hablemos de propiedad, sea del mercado o del Estado, no rompemos el confinamiento de los ámbitos comunes.
Ésa es la discusión. Por eso debemos subrayar que los ámbitos comunales o entornos y bienes comunes son relaciones, no cosas. El confinamiento de los ámbitos comunales no sólo los roba al privatizarlos: hace que la gente los perciba como riqueza, y como mercancía, y acepte que otros decidan su destino —su utilización, su explotación, su manejo monetario o su devastación.
Los ámbitos comunes han sido siempre base de lazos sociales respetuosos. Al secuestrar estos ámbitos, nuestras relaciones quedan sometidas a la voluntad del mercado o del Estado. La antigua integralidad de producción-satisfacción de necesidades se rompe también y se vuelve trato comercial entre productores y consumidores, o dádiva no siempre de¬sinteresada por parte del Estado. En ese momento, se nos roba la libertad de ser constructores de nuestras relaciones. La comunidad no es sino la construcción colectiva, común, de los fines y modos de nuestras relaciones humanas y con la naturaleza. Ningún interés privado, sea individual o colectivo, puede estar por encima de esta libre construcción común.
Presentamos dos esclarecedores textos. El primero apareció en Seedling en octubre de 2006, como colaboración entre Brewster Kneen y el equipo de GRAIN. El segundo es la reflexión de uno de los más importantes y lúcidos pensadores de nuestra época, Iván Illich (1926-2002), pionero de la sociedad civil en su sentido contemporáneo y sin duda profeta de cómo el capitalismo devastará el mundo, la vida y nuestra comunalidad, si lo dejamos. Lo sorprendente es que hoy su alegato, expresado en Japón durante el simposio La Ciencia y el Hombre en marzo de 1982, es más actual y pertinente que entonces.
Biodiversidad
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