Grecia: “O Sporos – La Semilla” un proyecto de economía solidaria
Grecia: “O Sporos – La Semilla” un proyecto de economía solidaria
“La Semilla”: un proyecto de economía solidaria
Cooperativas zapatistas de café que comercializan su producción a través de redes de solidaridad y comercio alternativo; empleados que recuperan y hacen funcionar con éxito fábricas cerradas, quebradas por culpa de sus propietarios; movimientos vecinales que aprovechan y cultivan terrenos vacíos en sus barrios; organizaciones de desempleados que forman cooperativas y crean puestos de trabajo; bancos y entidades financieras que atienden proyectos económicos alternativos; redes sociales de distribución de productos que funcionan en beneficio de productores y consumidores. Estas son algunas muestras de una economía alternativa en práctica, que se desarrolla a nivel mundial y que se alza contra el modelo neoliberal dominante. Muestras que ofrecen un apoyo práctico al principal lema de resistencia de nuestro tiempo: “otro mundo es posible”.
En Grecia, aún son pocos los pasos que se han dado en este sector. Se observan fundamentalmente a nivel agrícola, donde bastantes grupos e individuos que se dedican en su mayoría al cultivo biológico, tienen un planteamiento similar. “La Semilla”, un colectivo que se mueve en el campo de la comercialización alternativa de productos, constituye, tal vez, el esfuerzo más organizado en este sector.
“O Sporos – La Semilla”
Empezamos hace poco más de tres años un proyecto colectivo de comercio “alternativo y solidario”, conociendo muy pocas cosas pero teniendo la convicción de que había gente dispuesta a apoyarlo. No nos juntamos por casualidad, sino que nos conocíamos por nuestra participación en grupos de solidaridad y en colectivos que dan prioridad a la horizontalidad y la participación directa. Inspirados inicialmente en el movimiento de los Zapatistas, empezamos a distribuir su café.
Hoy distribuimos productos de agrupaciones del Sur que luchan por liberarse de los intermediarios locales y las grandes multinacionales. Por mediación del colectivo Café Libertad alemán, importamos café de las cooperativas zapatistas de Chiapas en México, cacao de la cooperativa El Ceibo de Bolivia, mate del Movimiento de los Sin Tierra (MST) de Brasil, té del movimiento Adivasi de la India, así como a través de la cooperativa social italiana Libero Mondo traemos té verde de Vietnam, té rojo de Sudáfrica, azúcar de cooperativas de Ecuador, además de chocolate, cuyos ingredientes se producen en cooperativas de Paraguay, Brasil y Ecuador.
En el intervalo que ha transcurrido, aparte de la importante experiencia práctica que hemos adquirido, se han venido desarrollando diversas discusiones sobre la identidad y la dirección que queremos darle al proyecto de La Semilla. A través de este proceso, hemos reparado que no queremos ni dedicarnos sólo al comercio solidario y alternativo, ni mucho menos limitarnos al marco de la solidaridad internacionalista.
Enmarcamos nuestros esfuerzos en una corriente general de cambio social, en un proceso social mundial que abraza todos los aspectos de la vida, desde la resistencia a las actuales condiciones reinantes hasta la búsqueda de nuevos modos de vida. Así sentimos que somos aliados de cualquier otro tipo de esfuerzo, mayor o menor, que luche por la liberación social. Concebimos nuestra acción en el marco más amplio de la economía solidaria, un proceso de transformación en la práctica y en la cotidianeidad de las actividades económicas generales.
Ante el enorme poder de la maquinaria comercial mundial, en donde los productores y los consumidores son meras marionetas y el aumento de los beneficios es el único objetivo, es sumamente esperanzador saber que hay otra réplica manifiesta, igualmente mundial.
Nuestras relaciones con los productores
La comercialización de productos por estas redes alternativas ofrece a los productores mejores precios que los habitualmente humillantes del mercado. Se fortalece su autonomía para que puedan elegir la manera de producir y organizarse, construyendo al mismo tiempo lazos de comunicación con los movimientos del Norte.
Los esfuerzos para la construcción de formas de comercio alternativas no son invención de La Semilla. El movimiento del “Comercio Justo”, que tiene sus raíces a finales de los 50, es ya en muchos países de Europa considerable económicamente y reconocido socialmente. Entrando en relación con sus manifestaciones actuales e indagando acerca de su historia, descubrimos que no se trata de un movimiento homogéneo, sino más bien diverso y con varias tendencias, e incluso contradictorio. Alternan diferentes ideas y prácticas dentro del movimiento, en un rico, aunque muchas veces tenso, diálogo. La Semilla participa en este diálogo, buscando ideas e inspiración, pero huyendo de etiquetas y soluciones preparadas. Por ello, no aceptamos la definición de “justo” por organismos tecnocráticos del Norte que se dedican a la certificación de productos, tanto si ésta se refiere al precio o a los demás requisitos que tienen que cumplir los productores.
Si bien La Semilla comercializa hasta ahora productos del llamado “mundo en vías de desarrollo” y principalmente de países de América Latina, no lo concibe en absoluto como una forma de “concesión de ayuda” a los “pobres del Tercer Mundo”. Esto no significa que no comprendamos que nuestros conciudadanos allí se encuentren en una situación mucho más difícil que nosotros y que sus necesidades sean más apremiantes. Pero “solidaridad” significa comprensión y ayuda mutua entre partes autónomas y no filantropía y creación de las relaciones de dependencia. Con este planteamiento, La Semilla prima las relaciones con organizaciones de productores comprometidas con luchas sociales en las regiones donde actúan.
En función de nuestra voluntad de crear relaciones directas e igualitarias con los productores, hemos dado ya algunos pasos por lo que respecta a las cooperativas zapatistas de café, producto que constituye la principal materia que distribuye La Semilla; tanto con el contacto directo con las cooperativas zapatistas y la importación directa de café (por primera vez, en la primavera de 2008 saldrá un contenedor de café del puerto de Veracruz al de Pireo, en Grecia), como con nuestra participación en la red de organizaciones que distribuyen el café en Europa (Red ProZapa). Por último, con el beneficio obtenido por la comercialización del café hasta finales de 2006, devolvimos 2000 euros a las Juntas de Buen Gobierno zapatistas.
Las relaciones con los consumidores
Los consumidores compran productos a precios razonables, que no se han producido en condiciones de explotación y agresión a la naturaleza y su calidad no se basa en la publicidad y el envase. Al contrario, sus ingredientes están impregnados de la historia y el esfuerzo de los hombres y mujeres que los producen.
Consideramos que las actuales estructuras de distribución comercial a gran escala (comercio al por mayor, supermercados) son totalmente incompatibles con nuestra filosofía respecto al comercio solidario y alternativo. En lugar de utilizarlas para aumentar las ventas en nombre de la solidaridad, preferimos el desarrollo de una red de colectivos, individuos y pequeñas tiendas a nivel de todo el país. De este modo, aparte de en nuestro local y otros puntos de Atenas, los productos circulan en otras 27 poblaciones de Grecia con la misma filosofía y a un precio unificado.
La importancia de esta red no tiene para nosotros y nosotras un interés cuantitativo (es decir, económico) sino, sobre todo, cualitativo. Por medio de la creación de relaciones, entran en contacto ideas y experiencias que, más allá de presentarnos una dinámica esperanzadora, son el germen de futuros proyectos de economía solidaria.
El comercio solidario y alternativo, tal y como lo ve La Semilla, debe promover un modelo alternativo de consumo, formar consumidores críticos y participativos, y no buscar una parte del mercado. Por ello, nuestro local recuerda más a un punto de encuentro que a una tienda normal, en donde conversamos y reflexionamos con el público que compra los productos.
Construimos, pues, relaciones de confianza basadas en la información y el contacto cotidiano y no por mediación de certificaciones de carácter burocrático, porque estamos contra cualquier tipo de certificado o sello que convierte los productos en mercancías con valor añadido. No tenemos nada que ver y denunciamos el “comercio justo” de las multinacionales (p. ej. Starbucks) y las cadenas de supermercados que utilizan el comercio justo para relanzar su “lado filantrópico” y aumentar así sus ventas.
Puesto que consideramos como participantes a los consumidores, les pedimos asimismo que abandonen las “comodidades” del supermercado. Nuestros productos tienen, aparte de nombre y precio, una historia humana completa detrás y les invitamos a que la conozcan a través de los folletos que los acompañan. Alguna vez no nos encuentran abiertos porque hemos ido a algún acto o manifestación, y otras veces, les rogamos paciencia y les explicamos los motivos por los cuales no disponemos de algún producto, (p. ej. hubo mala cosecha este año).
Al mismo tiempo, queremos que los productos sean asequibles para todos y todas y no para una elite de consumidores privilegiados. Los precios de los productos que distribuimos, que son ya de por sí abordables en relación con otros del comercio a gran escala, no han variado desde que empezó a andar el proyecto. Teniendo además una experiencia comercial práctica, nos preguntamos cómo en los supermercados encarecen los productos continuamente.
Por otro lado, como otro desafío de economía alternativa, estamos poniendo en práctica otra manera de consumir, un dame y toma sin dinero, un espacio de intercambio y solidaridad. Por esta razón, hemos puesto en funcionamiento un bazar gratuito permanente en el altillo del local de La Semilla. Para empezar por algo, por pequeño que sea, y hacer realidad la teoría anticapitalista. En el bazar gratuito hay diversos objetos que para alguien no resultan útiles pero que a alguna otra le pueden hacer falta. Sin precio, porque una cosa es el valor y otra el dinero; sin dinero, porque las cosas pierden su valor sólo cuando no se utilizan. Sin necesidad de llevar algo para coger otra cosa, la única condición es que se utilice lo que se coja. De este modo, se reduce el consumo de bienes inútiles así como la producción de basura.
Nuestro funcionamiento
Hacíamos alusión al principio a la corriente en la que nos incluimos que investiga la creación de nuevos modos de vivir. Nuestro funcionamiento interno pues no puede alejarse de esta apreciación. Optamos por el régimen legal de cooperativa con fines no lucrativos, que se acerca más que cualquier otro estatus a lo que nosotros consideramos como funcionamiento democrático. En la práctica, intentamos avanzar con la participación, la asamblea, el consenso, la horizontalidad y la ausencia de representantes como principales características, aspirando finalmente al equilibrio entre las metas y la práctica cotidiana.
Los pasos siguientes Vivimos cada día la acogida que experimenta La Semilla, nos reunimos con redes de productores de cultivos ecológicos y productores aislados por los rincones de Grecia, nos inspiramos en la experiencia internacional que es cada vez más interesante. Nuestra cabeza bulle de diversos proyectos para el futuro. Por el momento, ampliamos nuestra actividad, con cautela, a productos de diversas asociaciones, buscamos en Grecia productores comprometidos que se muevan en una lógica paralela a la nuestra, con el fin de distribuir sus productos. Queremos dar impulso al bazar gratuito y ampliar esta idea a otros espacios. Somos conscientes de que avanzamos a tientas, que damos pasos atrás, que no estamos todavía preparados y preparadas para afrontar todo lo que se está madurando de cara al futuro. Nuestro objetivo es la creación de un movimiento social de economía solidaria y alternativa, que esté compuesto de redes horizontales de colectivos de productores organizados, estructuras de distribución y consumidores activos.
Cooperativa para el comercio solidario y alternativo
C/ Sp. Tricupi, 21 Atenas (Grecia)
Tel. (0030) 210 3801375
www.sporos.org
EL CAFÉ ZAPATISTA
De acuerdo con el mito más difundido, el café fue descubierto casualmente por una cabra en Etiopía. La repentina vitalidad del animal atrajo la atención de su propietario, de manera que cuando un día la seguía por abruptos caminos, localizó su comida preferida: era el fruto rojo de un árbol. Se entusiasmó con el efecto tonificante que experimentó tras haberlo probado él mismo y recogió los frutos necesarios para preparar un dulce para los monjes del monasterio vecino. Sin embargo, éstos no se quedaron satisfechos con su sabor y lo condenaron a la hoguera. Como en otros casos similares, hizo falta quemar primero el café para que reconocieran su valor: su sorprendente aroma llegó directamente a sus narices. No tardó el café en convertirse en la bebida favorita de los monjes y seglares en todo el mundo.
LA ECONOMÍA
En nuestros días, el café es una mercancía con un enorme valor. Ocupa el segundo puesto después del petróleo en el mercado mundial de materias primas, mientras que la supervivencia de unos 25 millones de pequeños productores en Asia, África y Latinoamérica depende de su cultivo. Asimismo, mientras un productor puede ganar incluso menos de un euro por un kilo de café con el cual se pueden preparar centenares de tazas, nosotros podemos pagar hasta cuatro euros para beber una única taza. ¿A qué es debida esta enorme diferencia?, ¿quién saca fruto del enorme margen de beneficios?.
Los bienes que ofrece el “café-oro” no se distribuyen en absoluto equitativamente entre los que están implicados en su ciclo económico. Sólo un 2% de todos los ceros de beneficio que origina el producto va a parar a los productores: casi la totalidad va a manos de los diversos intermediarios en el procesamiento y la comercialización del café, fundamentalmente a las grandes multinacionales. Aunque esta desigualdad ha ido estrechamente unida desde siempre al comercio del café, se ha agravado dramáticamente estos últimos años en razón de la liberación del comercio. Hasta 1989 existía un sistema de protección de los pequeños productores a escala mundial: cada productor sabía qué cantidad necesitaba el mercado y el estado garantizaba un precio relativamente estable. La eliminación de estos porcentajes y los ventajosos préstamos de los organismos internacionales para el cultivo del café en países tradicionalmente no productores, condujeron a un exceso en la oferta en el mercado mundial. Los precios cayeron fuertemente en las bolsas internacionales y desde entonces oscilan a niveles bajos, a pesar de las subidas esporádicas.
México es hoy la séptima potencia mundial en producción de café. El 91’7% de los 380.000 productores de café mexicanos tiene una propiedad que no sobrepasa las 5 hectáreas. La mayor cantidad de café proviene de Chiapas, la región más pobre de México. En mayor medida, el café es producido por campesinos indígenas cuya economía depende íntegramente de los ingresos que obtienen con él. La crisis de la década de los noventas agudizó todavía más su pobreza y aislamiento social. Los indígenas de Chiapas que viven desde hace centenares de años marginados y víctimas de las políticas racistas del estado mejicano, se agruparon masivamente en el Ejército Zapatista y en 1994 se rebelaron para que su causa fuera atendida. Pedían el reconocimiento de sus derechos y la posibilidad de escoger y decidir su futuro por sí mismos de manera democrática.
EL CAFÉ DE LOS ZAPATISTAS
En oposición al francés, al turco o al griego, que tomaron el nombre de sus compradores, el café zapatista lo toma de sus productores. Es un café que llega a nuestra taza junto a la historia, la vida y la lucha de sus productores.
Los productores se organizan en cooperativas para la búsqueda colectiva del establecimiento de formas alternativas de comercio, con el objetivo de escapar de la dependencia con respecto a los intermediarios y las multinacionales. En estos momentos, hay tres cooperativas zapatistas en Chiapas (Mut Vitz, Yachil Xojobal Chulchan, Yochin Tayel Kinal) que funcionan con estructuras absolutamente democráticas e invierten un porcentaje de sus ingresos en iniciativas para beneficio social como el sistema autónomo de educación y salud. En estas cooperativas participan unos 3000 zapatistas y la cantidad anual de exportaciones asciende a unas 400 toneladas. Estas cooperativas son quizás el ejemplo más palpable de desarrollo de estructuras económicas alternativas en Chiapas e instauran un nuevo modelo de relaciones políticas y comerciales entre el Norte y el Sur.
El café zapatista circula en Europa y los EE.UU. gracias a colectivos que se solidarizan con las reivindicaciones de los zapatistas de democracia, paz y justicia y que eligen apoyar su lucha con la práctica. Estas personas, organizadas en agrupaciones o cooperativas en Europa y los EE.UU., compran el café sin la mediación de ninguna empresa con ánimo de lucro. Todos nosotros formamos parte de la Red de Circulación de los Productos Zapatistas (RedProZapa), que garantiza cada año a los productores un precio mínimo estable que sobrepasa de largo el del mercado mundial liberalizado. Este café llega a Grecia a través de la cooperativa alemana “Café Libertad”,la cual destaca tanto en la solidaridad práctica con los productores en lucha del Sur como en la puesta a prueba de formas alternativas de comercio en la realidad europea.
Y EL CAFÉ, ¿QUÉ DICE?
El café que producen las cooperativas zapatistas pertenece a la variedad arábica, de calidad superior a la variedad robusta, a la que se está acostumbrado en Grecia. Contiene alrededor de la mitad de cafeína y se caracteriza por su mayor riqueza en el sabor y por su suave aroma. Se cultiva habitualmente en terrenos situados a una elevada altitud, con intensa humedad, condiciones consideradas especialmente potenciadoras de su calidad. Las plantas del café crecen bajo la sombra natural de los árboles, de manera que no alteran el equilibrio ecológico de la región. En su producción, se aplican exclusivamente métodos naturales: los zapatistas rechazan el uso de cualquier medio químico, decisión que se basa en el firme y bien fundamentado respeto a la naturaleza. Dos de las cooperativas poseen el certificado de cultivo biológico mientras que la tercera está en proceso de obtenerlo.
Después de la cosecha, los granos de café sufren una serie de procesos naturales por etapas: en primer lugar, el descascarillado, el lavado y la selección en agua, el secado al sol, para pasar al segundo descascarillado, de tal manera que acaban en los sacos como café “verde” (sin tostar), preparado para ser enviado a los colectivos encargados de su distribución, para su posterior torrefacción. ¡Y de ahí a nuestra taza!





