Argentina: Del agronegocio a las retenciones

11 Agosto 2008
Otra gramática sobre el conflicto
¿Desde una posición progresista lo que hay que pedir es retenciones?
Norma Giarraca es profesora de Sociología Rural y coordinadora del Grupo de Estudios Rurales del Instituto Gino Germani (UBA).
Trabajó sobre el Movimiento de Mujeres Agrarias, los movimientos campesinos y la biodiversidad.
Es una de las pocas voces públicas que cuestionan el modelo del agronegocio, y lo explica en esta conversación con Lavaca (de la que publicamos los fragmentos centrales) donde describe a los pooles, los fondos de inversión, los rentistas, los campesinos, y algunas claves para entender el fondo del conflicto que sigue estallando cada día.
Cuando hablamos de modelo hablamos del tramado institucional para que cualquier parte de la economía se vaya orientando hacia determinada dirección.
El modelo sojero del agronegocio tiene una lógica muy distinta del modelo agrario y agroindustrial que nos conformó como nación: tiene una lógica financiera, económica.
Ahí hay una diferencia muy grande que se fue armando en los '90, hubo una preparación para que pase.
Este era un país de chacareros, de cooperativas, de industrias nacionales, de cadenas agroindustriales, tanto en los frigoríficos como en las harinas.
Terrabusi o Bagley, por ejemplo eran algunas de las viejas empresas nacionales que estaban en la cadena agroindustrial y les iba bien.
No era un mercado interno muy grande, como Brasil, pero era un país en el que toda la cadena participaba del sistema agroalimentario: alimentos baratos para salarios baratos.
De ahí que a comienzos siglo se crearon la Junta Nacional de Carne y de Granos, y la Dirección de Azúcar.
A diferencia de otros países de latinoamericanos, en la Argentina la producción era para el mercado interno y la exportación.
En México el campesino producía para mercado interno y los empresarios para exportar.
Aquí no, el pequeño y mediano abastecía a los dos mercados.
Para equiparar los precios internacionales y que los precios internos no se dispararan había una serie de regulaciones, dos de las cuales era el tipo de cambio y las retenciones.
Lo primero fue que aparecieron grandes empresas transnacionales que producen agroquímicos y semillas en la agroalimentación, empresas que empezaron a tomar posiciones estratégicas en Latinoamérica.
Ya estaban en México desde los '70, pero en la Argentina había un sector medio muy grande en el agro y el sector industrial, y eso retrasó un poco la penetración trasnacional.
El Estado, a partir del '75, tomó medidas para favorecer la incorporación del capital trasnacionalizado.
Además, el 24 de marzo del 76 mataron a Atilio Santillán, la figura de los trabajadores rurales más importante del momento, los dirigentes de las ligas agrarias fueron presos, los productores quedaron aterrados, no salieron de sus fincas por años.
La Federación Agraria quedó en silencio, aunque hay que reconocer que Humberto Volando tuvo una posición muy digna en relación a los derechos humanos.
La Federación Agraria, cuando nació, planteaba la reforma agraria, tiene perfil socialista.
En la dictadura el banco de semillas del INTA se desmontó, y ese conocimiento pasó a las corporaciones que llegaban al país. La dictadura abrió el banco genético de la biodiversidad y se empezó a compartir con las multinacionales.
Los proveedores de insumos extranjeros, entonces, empezaron a traer a los híbridos, una semilla que el productor no puede reproducir y que al mismo tiempo es más rendidora.
Comenzó un proceso de agriculturación con cinco granos que utilizaban la semilla híbrida y agroquímicos, que subieron muchísimo la producción: el girasol, el sorgo, trigo, maíz y soja.
Estos cultivos se expandieron progresivamente al interior.
Hubo un aumento de la productividad con apertura del tipo de cambio y comenzó la trasnacionalización de la agricultura.
Pero cuando comenzaron a caer los precios internacionales hubo un paro agrario, que lo hicieron ochenta y cinco ganaderos, la Sociedad Rural.
Recuerdo que los diarios hablaban de la patota ganadera.
La Federación Agraria no participó de aquellos tractorazos.
La sensación era que el agro andaba bien con los cultivos pampeanos, pero mal con la ganaderia.
La esperanza comenzó a decaer.
En el '91 lanzó la desregulación de granos, carnes y azúcar.
A fines de los '80 las empresas alimentarias comenzaron a pasar a manos extranjeras.
Aparecieron los hipermercados como un nuevo actor.
En la cadena industrial agraria hay núcleos de poder que deciden qué producir, cómo producir y cuándo producir y este lugar fue ocupado por los hiper.
Mientras tanto, se iba extranjerizando la parte industrial de la cadena.
Aparecieron las trasnacionales.
No se puede decir que a los industriales de la alimentación argentinos les iba mal, pero hubo una vocación de entrega.
Empresas que los padres habían amasado durante toda la vida fueron entregadas por los hijos por cinco millones, en un momento en que la renta financiera era importante.
El diario hablaba continuamente sobre las ganancias extraordinarias de los pooles de siembra y los fondos de inversión.
Insistía en que el campo tenía que cambiar al ritmo que cambiaba el resto del país.
Decía que ganaban las consultoras agronómicas y los grandes inversores, no el pequeño productor.
La última gran jugada fue la autorización de las semillas transgénicas, en 1996.
Esa no fue una cosa más: hay sólo diecinueve países que autorizan los transgénicos, apenas cinco autorizaron su uso a gran escala y uno de ellos es la Argentina.
El motivo de que en el resto del mundo no estén autorizadas es que no se sabe todavía cuáles son las consecuencias de los transgénicos para la salud humana.
Si aquí se autorizaron fue por el lobby de las transnacionales extranjeras, sobre todo de Monsanto.
La manera de producir es conocida como labranza cero.
Las transnacionales siempre encuentran el discurso progresista para presentarse, y dicen en este caso que la labranza cero es ecologista porque no rompe la tierra.
La semilla transgénica, modificada para resistir a los herbicidas, se siembra y luego se fumiga el campo con glifosato, un agroquímico que arrastra con todas las malezas y también con toda la biodiversidad, menos con la soja.
La labranza cero lleva a que se necesiten muchísimos menos trabajadores por hectárea.
Sin pagar mano de obra, contratando servicios a determinada escala de producción, son cultivos que rinden muy bien.
Los chacareros y productores que venían de la época del endeudamiento, de precios internacionales muy bajos, entran en el modelo.
El mundo y el éxito van hacia la modernización absoluta.
Va hacia el negocio y no hacia la chacra, al agronegocio y no la unidad de producción.
"Yo soy un sin tierra porque tengo apenas 20.000 hectáreas , un hombre sin trabajo porque no tengo empleados, y casi sin capital", dijo Gustavo Grobocopatel.
Efectivamente el sistema financiero es el que adelanta el capital, las tierras se las alquila al pequeño productor y utiliza contratistas para labrar la tierra.
Así funciona el modelo.
Muchos ahorristas ponen la plata y otro lo gestiona.
Son los grandes sectores financieros los que operan.
El que antes apostaba a renta financiera, ahora lo hace en el campo.
Los pequeños productores estaban muy mal, endeudados, y entraron en la soja.
El que tiene un tambo lo levanta y se dedica a la soja.
Llegan a vivir en campamentos en las peores condiciones.
Muchos son golondrinas.
Están apenas mejor que un desocupado.
Los campesinos no entraron en el modelo sojero.
Uno puede decir que no tienen escala o tierra buena, pero lo real es que están intentando sacarles las tierras.
Es la fuerza de la cultura, de las ideas.
El movimiento está muy ligado a Vía Campesina, que estimula el cuidado de la tierra y la naturaleza, el cuidado de la biodiversidad.
Son valores que se defienden.
Si ellos pueden, quiere decir que se puede.
En este momento ellos están mucho mejor, produciendo, intercambiando en mercados regionales, trabajando con productos orgánicos y ferias francas.
El nuevo secretario de Ciencia y Técnica dice: "le vamos a dar prioridad a la biotecnología".
El CONICET saca un premio a la innovación tecnológica con Monsanto, la empresa más criticada del mundo, la que tuvo un juicio en Estados Unidos por haber sido la fabricante del agente naranja.
Ellos crearon un Frankestein, se hicieron socios de un monstruo que les hizo creer en la idea del desarrollo.
El gobierno dice que con las retenciones enfrentan a la soja, pero el Estado y el agronegocio son socios.
Si el gobierno los grava es para convertirse en socio de sus ganancias.
Hay que volver a la idea de producir alimentos, porque en este país hay diez millones de personas sin alimentos.
Hay que volver a la soberanía alimentaria.
La política, para mi, es la capacidad de alterar la gramática del poder.
El tema es si el gobierno quiere producir política y modificar esa gramática del poder.
