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8 Septiembre 2008

Argentina: UN MERENDERO PARTICULAR EN ALMIRANTE BROWN

5/09/2008

http://www.prensadefrente.org/pdfb2/index.php/a/2008/09/05/p3877

UN MERENDERO PARTICULAR EN ALMIRANTE BROWN
Juventud, divino tesoro

Fotos Prensa De Frente

A primera vista, la escena puede ser la de cualquier barriada suburbana: calles de tierra, necesidades irresueltas, un galpón comunitario y un merendero que apacigua la cotidiana falta de todo. Pero una particularidad distingue la secuencia: los y las que amasan el pan y les sirven la leche a los chicos son un grupo de jóvenes; los mismos que hace unos cinco, seis años, siendo pibes, iban a ese mismo galpón en busca de su "copa de leche".

La historia transcurre en el barrio Cerrito, en el galpón del MTD “Darío Santillán” de Almirante Brown (FPDS), sur del conurbano bonaerense, y tiene como protagonistas a un grupo de adolescentes de entre 13 y 16 años que participan hace un año y medio en los talleres de jóvenes. “Resulta que el merendero no estaba funcionando como cuando ellos eran chicos, entonces decidieron hacerse cargo y tomar la posta. Un día vinieron y nos preguntaron si podían ayudar a organizar la Copa”, cuenta Mirian, una de los referentes del barrio. Con el visto bueno, lo propusieron en la asamblea de jóvenes y ocho manos se alzaron para sumarse a la iniciativa. Se organizaron en grupos para dividir los días y, sin más, a la semana siguiente ya estaban al pie del cañón ejecutando la idea.

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“Lo propusimos porque cuando éramos chicos nos encantaba venir a la Copa –cuenta Brenda, una de las impulsoras-. Todos los días esperábamos que sean las 5 y veníamos corriendo; jugábamos, comíamos de todo, siempre hacían algo diferente, nos ayudaban a estudiar, nos trataban como si fuéramos los hijos o los nietos, no nos queríamos ir más. Yo no quería crecer para poder seguir viniendo... Como nosotros la pasamos, queremos que ahora los chicos tengan la Copa que se merecen”. Mayra explica que “hay muchos chicos que no tienen nada, las cosas están re caras, el pan está 6 pesos, el azúcar 3 pesos. En las casas muchas veces no hay para hacerles la leche: o falta azúcar o se acaba la garrafa, a veces sólo hay mate cosido. Es re lindo poder ayudar para que ellos vivan lo que vivimos nosotros”.

El futuro ya llegó
Llegan al galpón a las 15 hs, bien puntual, prenden la radio y clavan el dial al primer sonido de cumbia. Se ponen a amasar, pan, rosquitas, tortafritas... tratan de ir variando el menú. Mientras la masa se leva, preparan una gran olla con leche con chocolate y otra con mate cosido. Aprenden a evitar los grumos, a calcular la cantidad de azúcar. Cantan lo que suena en la radio, saben todas las canciones. Cortan el pan en rodajas y lo untan con mermelada. Algunos van a buscar a los chicos, otros esperan en el galpón. Esperan bailando cumbia.

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A las 5 y media empieza el trajín, sin respiro, que durará casi una hora. Como si supieran de toda la vida, organizan a la manada de niños, les sirven, los atienden, improvisan algún juego, los miman. El descontrol organizado durará hasta pasadas las 8, cuando termina el taller de murga. Limpian todo, ordenan los bancos, barren, y se quedan chusmeando, escuchando cumbia. No se quieren ir más, como cuando eran chicos.

“Los domingos estamos viniendo a aprender panadería con Yolanda –cuenta Támara-. Eso nos sirve un montón porque ahora sabemos hacer pan, cremonas, rosquitas... y podemos hacerles a los chicos cosas distintas. No queremos que vengan sólo a tomar la leche y se vayan, sino que sea un lugar que les guste venir, quedarse, jugar, como hacíamos nosotros. También ayudamos a organizar el Día del Niño”.

El Turu, otro referente histórico del barrio, no puede ocultar la emoción: “Ver como hace unos años había que servirlos, atenderlos, hacerles el pan, y ahora que ellos estén haciendo ese trabajo te llena de orgullo. Pienso que en el momento en que hubo más necesidad en el barrio nosotros le pusimos el cuerpo y los pibes no se olvidan”. Mirian agrega: “Esto es un ejemplo para nosotros los grandes, pensar tienen 14, 15 años, y en vez de estar en las casas mirando la tele o jodiendo por ahí eligen venir al galpón para hacer algo por los chiquitos del barrio, y la voluntad que le ponen, es muy valorable. De alguna manera, es una muestra de que el cambio social que tanto hablamos no es imposible”.

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La gran cantidad de chicos que se acerca desmiente los rimbombantes discursos oficiales. El Turu explica que “hay chicos que a la noche no cenan, entonces vienen con botellas para llevarse más leche, pan o lo que haya. Está claro que, más allá del chamuyo del gobierno, la necesidad sigue existiendo, y en este último tiempo, con la inflación y todo eso, se hizo más evidente”.

Los chicos crecen, y se hacen ejemplo
Brenda revela que “nosotros pensábamos que los que hacían la Copa venían porque les pagaban y ahora vemos que no es así, que lo hacían por voluntad, como nosotros ahora”. “Me acuerdo que nos decían que ellos no iban a estar siempre y que por ahí algún día podíamos seguir nosotros”, agrega Pamela. Y todas se ríen conjeturando que algún día los chiquitos de hoy los suplanten: “¡Lo importante es que la copa no termine nunca!”.

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Juancito es el más chico, recién tiene 13, habla poco y hace mucho. Se inhibe ante el grabador pero no le tiembla el pulso para amasar, ir a buscar a los chicos a las casas, mantener el fuego del horno chileno, lavar o barrer. Sólo atina a explicar, sencillo y contundente: “Vengo porque me gusta ayudar”. Sus decenas de vecinos, hermanitos y primos que van al merendero algún día se lo reconocerán.

Contacto:
mtdaltebrown@yahoo.com.ar

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