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La Coctelera

Red Latina sin fronteras

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11 Septiembre 2008

Salud: Dime qué comes y te diré de qué enfermarás

distribuido por:
SumendiTaldea@yahoogroups.com

Rosa Montserrat Ferré <rosa.montserrat@ yahoo.es>
escribió:

Y tampoco ingieren proteína animal, cuyas moléculas tienen la facultad de unirse a las moléculas de contaminación, metales pesados y otras toxinas y almacenarlas en los distintos órganos del organismo si no se dispone de los suficientes minerales para expulsarlas.

No se está más sano por lo que se come sino por lo que no se come.

IMPACTO SOBRE LA BIOQUÍMICA DE UNA NUTRICIÓN INADECUADA :

• Inhibición y destrucción de enzimas
• Dificultad para la producción de energía a nivel mitocondrial
• Incapacitació n para la síntesis de algunas proteínas
• Afectación del material genético
• Daños en la estructura y función celular
• Alteración de las rutas metabólicas
• Daños oxidativos sobre la estructura celular

Saludos.

CARNE DE CERDO - Fuente : “Dime qué comes y te diré de qué enfermarás”, Francisco Fajardo, Dilema Editorial.

Durante la segunda guerra mundial en la famosa campaña del norte de África bajo el mando del Mariscal Rommel, enfermaron muchos soldados alemanes de “úlceras tropicales”. Éstas eran ulceraciones fétidas de las piernas que realmente los inutilizaba para la lucha. La permanencia en aislamiento era larga y finalmente habían de ser transladados a zonas de clima más benigno. Después de agotar todas las medidas terapéuticas ortodoxas se pensó que quizá la alimentación de la tropa tenía algo que ver con este penoso asunto. Los nativos no las presentaban y comparativamente lo único que no consumían era cerdo. Se procedió a eliminar de la dieta dicho alimento y las lesiones desaparecieron prácticamente desde ese mismo instante.
Ya desde antes de la guerra se conocía que la carne porcina tenía una acción empantanante de la mesénquima y que desencadenaba efectos tóxicos, pero no se sabía cómo expresarlo. Se suponía en aquel entonces que este penoso hecho sólo era válido para las preparaciones frescas tales como el plato variado de fritanga, costilla, chuleta, bola de pierna, lomo, etc., pero no se sabía que el jamón, la mortadela, la manteca, el tocino y los productos ahumados también ejercían un efecto deletéreo para la salud.
Se cometía esta equivocación debido a que el consumo de productos frescos del cerdo suele desencadenar afecciones de tipo agudo tales como :
<!-->Apendicitis
<!--->Sinusitis
<!->Colecistitis
<!-->Cólicos biliares
<->Problemas intestinales
<!-->Gastroenteritis con cuadros clínicos similares al tifo y al paratifo
<->Eccemas agudos
<->Forúnculos
<->Abscesos de glándulas sudoríparas, …
Otro experimento involuntario aclaró más las cosas. Los años de hambre después de la guerra, obligaron a toda la población alemana a cambiar sus costumbres dietéticas. La reforma monetaria de 1948 encontró al pueblo alemán bajo el régimen del más estricto ayuno de carne porcina, que vivió prácticamente sano durante los últimos años de la guerra hasta mediados de 1950; nadie podía comer hasta saciarse. La carne de cerdo era tabú. Carnes de otro tipo eran de estricto racionamiento, así como la grasa y el azúcar, en tanto que cereales, pan y pastas podían obtenerse para llenar un poco más el plato que gracias a las patatas, remolachas, zanahorias y verduras frescas por lo menos apagaba el hambre aguda de la mayoría.
Los casos de apendicitis eran una verdadera rareza. Se veían un par de colecispatías severas en ciertos pacientes que a escondidas degollaban de vez en cuando uno que otro cerdo. El reumatismo, los problemas discales de columna y las enfermedades similares, el infarto de miocardio así como arteriosclerosis e hipertensión arterial eran patologías prácticamente desconocidas. Por otra parte a los soldados jóvenes de las fuerzas de ocupación se les agolpaba en hospitales con arterioesclerosis y demás patologías ya citadas. Los alemanes de las fuerzas armadas empezaron a “comer mejor” y a engrosar la lista de los enfermos.
Poco después de la reforma económica de 1948 empezó a mejorar la moneda. Por ello se vendía carne de cerdo, jamón ahumado, así como tocino y manteca, es decir, aquellos grandes ausentes durante los últimos siete años “de las vacas flacas”. El cuadro cambió fundamentalmente. Aparecieron sin pausa apendicitis, colecistitis, purulencias agudas de la piel como son piodermatosis, impétigo, furunculosis y abscesos de las glándulas sudoríparas.
Desesperante fue en los años subsiguientes la forma como las enfermedades cancerosas aumentaron. Numerosos pacientes entre los 60 y 70 años, quienes hasta el momento gozaban de relativo bienestar sufrían de gastropatías cuya causa pudo comprobarse luego como carcinomas del esófago, del estómago o del intestino. El curso de estos casos fue tan instructivo y biológicamente significativo por su causa fundamental que se empezó a obtener datos comprobatorios de que el origen de todas las enfermedades tienen un condicionamiento tóxico.
Con el correr de los años y con el aumento de la experiencia se supo que muchas otras enfermedades tales como la artritis y la artrosis también le agradecían buena parte de su existencia a la carne de cerdo. La leucorrea de las mujeres, las fístulas crónicas a partir de otitis y cirugía de mastoides, así como fracturas producidas por balazos durante la guerra, eran en parte sostenidos en su purulencia por el consumo de carne porcina. El grupo de enfermos que después de años de sufrimientos se curó definitivamente, al utilizar convenientes medidas dietéticas, debería ser un punto de referencia para quienes sufren alguna de las patologías mencionadas y, a su vez, son consumidores habituales de productos procedentes del cerdo.
El Dr. Hans Heinrich Reckeweg se dedicó a alimentar animales en forma estrictamente experimental. Compró toda una población de ratones blancos y empezó. El resultado lo publicó en 1955 en su libro Homotoxinas y Homotoxicosis, bases para una Síntesis de la Medicina, Aurelia Verlag, Baden-Baden.
Los ratones alimentados con carne de cerdo presentaron una tendencia hacía el canibalismo. Después de algunos meses, particularmente después de un año, la incidencia de cáncer en diversas partes del cuerpo aumentó considerablemente, la presencia de dermatopatías se hizo también muy frecuente. Los ratones alimentados normalmente también enfermaron, pero la aparición de cáncer y de enfermedades mortales era mucho menor y el canibalismo igual a cero.
Con otros informes acerca de los efectos tóxicos de la carne porcina en animales pudo redondear mejor la visión de conjunto. Perros Boxer, por ejemplo, si se les dá carne de cerdo enferman de eczepruriginosis y viven mucho menos en promedio, pues las enfermedades internas y la sarna que los invade suelen ser malignas y precoces. Lo mismo se afirma de animales de circo, especialmente de leones y tigres, a los cuales si se los alimenta con cerdo se vuelven perezosos y obesos, presentan epistaxis e hipertensión. El propietario de un criadero de truchas las vio morir en cuestión de días por haberlas alimentado con fino picadillo de carne de cerdo.

HOMOTOXICOLOGÍ A DE LA CARNE DE CERDO
La carne de cerdo ha de considerarse como una homotoxina pesada (veneno humano) que genera en el cuerpo manifestaciones diversas de defensa; dichas manifestaciones se presentan en forma de las más variadas enfermedades. Teniendo en cuenta los informes de investigaciones científicas que existen en la literatura mundial y analizándolos desde el punto de vista Homotoxicológico, tenemos que aceptar que numerosos componentes de la carne de cerdo actúan como homotoxina, como factores de sobrecarga (stress factor) y como alergizantes, de tal forma que la denominación “sutoxina” nos parece justificada.
Entre otras cosas se comprobó que la grasa animal exógena (es decir, ingerida) se almacena en nuestro cuerpo como tal. Un perro, por ejemplo, que se alimenta con carnero contiene en sus depósitos lipídicos “la grasa del carnero” químicamente comprobable como se vé por las reacciones quimicas del tejido graso subcutáneo, del yodo, etc.
Más tarde se descubrió que una alimentación tan grasa, constituye una severísima sobrecarga para el tejido conectivo.
El profesor Hauss (Münster) informa en su libro La reacción Mesenquímica Inespecífica, que especialmente la grasa de ternera y el tocino empeoraban en forma severa los cuadros clínicos de sus pacientes.
El profesor Wendt (Frankfurt), considera que la arterioesclerosis, la diabetes y los problemas circulatorios se deben prácticamente a la “ceba proteica”, o exceso de proteínas. Sabemos que los mucopolisacáridos, especialmente los componentes gelatinosos del cerdo llevan en esto, junto a otras carnes, la mayor culpa.
SUSTANCIAS ESPECIALMENTE NOCIVAS DE LA CARNE DE CERDO
¿En qué consiste la diferencia entre la carne de cerdo y otras clases de carnes? Es muy difícil obtener datos completos a este respecto pues la mayoría sólo se ocupa de analísis calóricos. Sin embargo se pudo comprobar lo siguiente :
1 – La carne de cerdo es marcadamente grasa, incluso la carne magra. En el cerdo, la grasa se encuentra intracelular, mientras que en otros animales (ternera, cordero) está fuera de la célula, en el tejido conectivo. En alguna ternera muy vieja también puede encontrarse pequeñas cantidades de grasa dentro de la célula, en tanto que en el cerdo el porcentaje es bien alto. Esto se puede ver al colocar un pedazo de carne magra de cerdo en la sartén caliente. De inmediato suelta la grasa para freírse “en su propia salsa”.
Puesto que la grasa, “la deliciosa grasa de cerdo”, contiene el doble de calorías que los hidratos de carbono y las proteínas, lo primero que el cuerpo hace con ella es almacenarla en el tejido conectivo. Esto explica la legión de regordetes entre los comedores de cerdo. Es grasa firme y dura, difícil de desmontar. Este proceso corresponde en parte a la “ceba proteica” de la que habla el profesor Wendt.
2 – La grasa siempre está asociada al colesterol. Las macro-moléculas están cargadas de colesterol y juegan su papel en la hipertensión y en la arterioesclerosis. Se las considera factores adicionales en el infarto de miocardio y en las coronariopatí as, en las afecciones circulatorias de la periferia especialmente en combinación con nicotina. ROFFO encontró colesterol en la pared de las células cancerosas.
3 – Peligros especiales parten de la sustancia conectiva sulfurosa. Aminoazúcares, condroitinsulfato, hexosamina, glucosamina, etc. todos tienen un carácter gelatinoso (mucopolisacá ridos). El embutido de untar, si es del bueno, si se deja untar y corre bien con el cuchillo es de cerdo y lo contiene en alto grado. Estas sustancias se almacenan en fascias, cartílagos, aponeurosis, trayendo como consecuencia reumatismo, artritis, artrosis, problemas discales de columna, etc., puesto que las sustancias conectivas elásticas se tornan blandas y gelatinosas perdiendo resistencia.
Aquí se debe nombrar los experimentos llevados a cabo por el profesor Bier, quien al inyectar Sulfur DS a sus conejillos les movilizó el azufre de los tejidos; los animales lo eliminaron y la sustancia cartilaginosa readquirió consistencia al perderlo. De dicha manera también actúan los baños sulfurosos. Un cartílago es más fuerte y resistente cuanto menos azufre contenga.
La carne de cerdo contiene mucho azufre. Esto se comprueba en los experimentos de putrefacción y descomposició n en los cuales el azufre de los tejidos se degrada. Se le nota por su penetrante fetidez (H2S). Experimentos diferenciados de putrefacción con carne de cerdo, de ternera y de cordero dieron a conocer que la que tiene el menor contenido de azufre es la de cordero. Los recipientes con cerdo tuvieron que ser retirados del cuarto a los pocos días pues su hediondez era simplemente insoportable. La carne de ternera se acidificó pronto pero no hedía ni la cuarta parte. La carne de cordero aún después de tres semanas apenas si comenzaba a mostrar signos de putrefacción.
El profesor Lettre (patólogo de Heidelberg) pudo demostrar en base a experimentos en animales que los productos constitutivos de un tejido, cuando han sido introducidos en el organismo, y allí se descomponen o disocian, migran en un altísimo porcentaje hacía el sitio al que biológicamente pertenecen. Esto lo evidenció con elementos constitutivos de tejidos, órganos y glándulas, los cuales habían sido marcados previamente con isótopos radioactivos con objeto de comprobar la velocidad de la terapia con células frescas. Se ha podido constatar en muchos pacientes, pues aquellos que consumían con frecuencia la grasa del lomo presentaban casi un armazón de cebú en la nuca y espalda. Los que gustaban de la sobrebarriga eran panzudos. Quienes comían jamón portaban nalgas feamente onduladas y con tendencia a la celulitis. Este “fenómeno” tratándose de damas, las atormentaba al máximo pero las pobres eran ignorantes de las verdaderas causas del desastre y continuaban consumiendo fiambre de jamón en las dietas para adelgazar.
4 – La importancia de la hormona del crecimiento. La carne de cerdo la contiene y ella viene a ser un factor inflamatorio culpable de edematizaciones tisulares a veces comprobadas e inexplicables. Algunos investigadores están empezando a temer una cierta influencia sobre las acromegalias y las hipertrofias de todo tipo.
5 – Efectos claramente pruriginosos de la carne de cerdo. En base al contenido de histamina fluyente que viene a ser culpable de muchos procesos inflamatorios ya citados, tales como forúnculos, carbúnculos, apendicitis, colecistitis, flebitis, flujo blanco de las mujeres, abscesos y flemones, dermatopatías, urticarias, eccemas, neurodermitis, …
En pacientes de edad avanzada resurge fuertemente la urticaria cada vez que comen carne de cerdo. Sólo curan si definitivamente aceptan y siguen el cambio de dieta recomendado.
Las inflamaciones y el prurito se deben al contenido de Histamina y de Imidazoles, por ejemplo, el Metronidazol.
Con inyecciones de Histamina es posible producir experimentalmente úlceras gástricas, prurito, inflamaciones, enfermedades alérgicas, asma, fiebre del heno, rinitis vasocontrictora, arritmia cardíaca e inclusive infarto de miocardio. Los amenazados de infarto no deberían probar jamás la carne de cerdo.
6 – “Factores intrínsecos” sobrecargantes de mesénquima. Se encuentran contenidos en gran cantidad en la carne de cerdo, son muy particulares y su plena identificació n aún no se ha logrado. Nieper los denomina agentes oncogénicos, Enderlein los llamó endobientos, von Brehmer siphonospora polymorfa y Scheller parasitantes eritrocíticos invasores.
Todavía no se sabe hasta qué punto son parecidos e idénticos los unos con los otros. Speransky sospechó que ellos eran los iniciadores de los peores procesos degenerativos. La carne de cerdo es en todo caso rica en tales factores formadores es esporas, los cuales últimamente han sido catalogados como mitocondrias migrantes provenientes de células inestables descompuestas por el mero contacto con los humores del organismo que las ingiere.
7 – El virus de la gripe porcina. Es un factor tóxico de gran importancia. Según el profesor Shope del Instituto de Investigaciones Virales de Londres, alcanza a pasar todo el verano en los pulmones del cerdo y prácticamente se le encuentra siempre elaborado en embutidos y salchichas. Quien come de esta carne logra adquirirlo. Una vez en el cuerpo migra, según el profesor Lettre, al sitio de su pertenencia biológica, es decir, el tejido conectivo pulmonar, en donde permanece en estado de eclipse (de invisibilidad) hasta que le llegue una oportunidad propicia para su reproducción, por ejemplo, en primavera cuando hay carencia mineral-vitamí nica, pobreza de sol y resfriados. Brotan entonces las epidemias de gripe viral. Quiero recordarles la epidemia de gripe aparecida después de la Primera Guerra Mundial que cobró casi más vidas que la misma guerra, recordada como la Gripe española. El pueblo alemán completamente hambriento fue inundado con tocino americano como primer alimento necesarísimo para cubrir el enorme déficit calórico de aquel entonces.
Observaciones muy similares se pudieron hacer otros años. Sirva de ejemplo los muchos noviembres en que eran vendidas en Alemania centenares de miles de conservas canadienses de carne porcina. Al terminar el invierno empezaban las epidemias de gripe “como por encanto”. Los pueblecitos mahometamos que realmente se ciñen a la prohibición de la carne de cerdo tienen como es sabido una incidencia bajísima de epidemias virales de gripe. Claro que tales epidemias pueden provenir también del consumo de carne de caballo, la cual puede estar contaminada con el virus.
GRÁFICA DE LAS SUTOXINAS O TOXINAS PORCINAS
Principales enfermedades y fases que surgen al ingerirlas :
1 – Colesterol :
A – Macromoléculas cargadas de colesterol en la sangre (hipertensión, arterioesclerosis, plétora).
B – Colesterol en las paredes de células cancerosas (Roffo), (Fases de neoplasma).
2 – Histamina e Imidazoles :
A – Sustancias pruriginosas. (Urticaria, herpes, dermatitis, eccemas, etc.)
B – Inducen procesos inflamatorios. (Forúnculos, canbúnculos, apendicitis, colangitis, colecistitis, tromboflebitis, flemones, flemón albus, etc.)
3 – Hormona del crecimiento :
Activa la inflamación y el crecimiento (adiposidad, acromegalia, fases de neoplasma)
4 – Sustancias sulfurosas :
Mucopolisacáridos de carácter gelatinosos que empantanan el mesénquina (aminoazúcares, ácido hialurónico, condroitín-sulfato, hexosamina)
A – Edema gelatinoso del mesénquima. (Malogelosas, adiposidades, etc.)
B – Almacenamiento de sustancias gelatinosas en fascias, bandas, cartílagos, aponeurosis. (Reumatismo, artritis, artrosis, osteocondrosis, etc.)
5 – Ácidos grasos sutóxicos (porcinos):
Se encuentran incluso intracelulares. (Adiposidad, hipertensión arterial, policitemia y otros)
6 – Agente oncógeno : (Nieper)
Endobiento (Enderlein), siphonospera polymorfa (von Brehmer).
Eritrocitos parasitados (Scheller)
Son importantes factores indicadores del surgimiento de fases de neoplasma.
7 – Virus de la gripe :
Permanece durante el verano en los pulmones del cerdo (Shope).
SIMILITUDES BIOLÓGICAS
En la Edad Media, cuando estaba prohibido hacer disecciones a seres humanos, el cerdo servía a los estudiantes de medicina para el estudio de anatomía, debido a que toda la estructura del animal es extraordinariamente similar a la del hombre. También la piel del cerdo casero tiene, como se sabe, grandes similitudes con la del hombre.
Los asesinos múltiples utilizaron la carne humana, la preparaban, adobaban y la ofrecían en venta, fresca o en salchichas, como si fuera carne de cerdo. Como tal fue consumida con especial apetito. Según datos tenía el mismo sabor que el cerdo y era de fácil y buena digestión. Les nombro al respecto los legendarios asesinos Hamann y Kürten.
En la Primera Guerra Mundial fue descubierto en el norte de Berlin un asesino múltiple que adobaba en salchichas y embutidos de gusto exquisito la carne de todas las mujeres que asesinó. “Daba gusto ver como los clientes reclamaban y hacían cola para adquirir la mercancía”, les decía este hombre a sus jueces. Un nativo de Nueva Guinea que devoró a su mujer y a sus hijas se disculpó ante las autoridades que lo incriminaban con las palabras : “…es que tenían un sabor…”
En las islas del Mar del Sur, en Polinesia, los caníbales llamaban “cerdos largos” a los hombres que fagocitaban, lo cual sin duda subrayaba una cierta semejanza en el sabor de ambos tipos de carne. La similitud entre la carne de cerdo y la del hombre posibilita además un intercambio biológico más fácil de las sustancias que contienen. Esto vale especialmente para la comprobación del profesor Lettre, quien al analizar la terapia con células frescas vio migrar macromoléculas y péptidos hacia el lugar anatómico al que biológicamente pertenecían.
Esto explica por qué el tejido conectivo en el hombre que consume frecuentemente carne de cerdo se torna gelatinoso. Los factores sulfurosos ya citados (mucopolisacá ridos) lo reblandecen, lo transforman y en algunos casos se llega a tales extremos que el hombre empieza a tomar el aspecto de lo que come. Es muy conocido el proverbio de : “el hombre es lo que come”.
ESCROFULOSIS (ENFERMEDAD DEL CERDO) Y TUBERCULOSIS
Aquí llamamos la atención sobre la escrofulosis que se presenta en los niños, caracterizada por la inflamación de glándulas y ganglios. Estos últimos se descomponen literalmente y terminan formando fístulas. Se llega a constituir en verdaderos paquetes ganglionares especialmente en el cuello, de tal modo que los niños toman un aspecto de cerditos.
Posiblemente se quiso, al dar este nombre, subrayar la enfermedad y su causa. Niños con glándulas y ganglios que nunca se desinflaman, niñas con flujos hediondos desde la más tierna edad, seres pequeños plagados de infecciones aparentemente virales y a quienes “todo se les inflama” están atiborrando los consultorios de los pediatras. Ni que decir acerca de las “alergias”.
Las medidas de defensa se movilizan especialmente contra la grasa del cerdo. Después de su disociación en el intestino y de su resíntesis, los vasos linfáticos la absorben y pasando por los ganglios llega al conducto torácico y a las venas cavas. La sobrecarga que tienen los ganglios linfáticos con la filtración y detoxicación de los factores sutóxicos contenidos en dicha grasa después de su disociación en el intestino se acumula en el tejido conectivo retornando allí las características “propias de su clase y tipo”; todo esto deja su sello en la inflamación de los ganglios linfáticos.
Todo esto corresponde ni más ni menos a una intensificació n de todas las funciones fisiológicas, es decir, hinchazón e hipertrofia de glándulas, dolores, fiebre, purulencias, hasta fistulación, todo esto asociado a manifestaciones irritativas dérmicas, eccemas, etc. Si tomamos en cuenta que todo esto está acoplado a una constitución hidrogenoide caracterizada por una especial sensibilidad al frío y a la humedad, no podremos ver salir al paciente de su diátesis exudativa (sudores, fiebres, gripes, etc.)
Es muy probable que en tiempos ya pasados se ofrecía con más frecuencia el cuadro clínico de la escrufulosis debido a una alimentación únicamente de cerdo y sin verduras, con pobreza mineral- vitamínica.
Hoy día ha cambiado el cuadro. Sólo vemos formas incipientes de escrofulosis como cólicos umbilicales, hinchazón de los nódulos mesentéricos, a veces también hipertrofia de los ganglios del hilio pulmonar que presentan en ese estado el mejor terreno para la tuberculosis. Este tipo de TBC se manifiesta preferencialmente después de supresiones medicamentosas de fiebre.
La alopatía mata con estreptomicina los bacilos de Koch, sin tener en cuenta la situación tóxica causal, que vista biológicamente, sería de primerísima necesidad corregir. A nadie hasta ahora se le ocurrió pensar que nos hallamos ante una lesión de origen alimenticio la cual debido a una terapia no biológica de convirtió en una patología yatrogénica.
En los primeros decenios de este siglo se habló mucho de Gustavo Nagel conocido en su época como el apóstol de la naturaleza. A base de crudos y de una vida biológica se liberó totalmente de una tuberculosis pulmonar avanzada. Dichos casos y el del mundialmente famoso cura Kneipp son ejemplos típicos de la importancia que tienen los tóxicos que contiene nuestra alimentación, para la evolución y desarrollo de enfermedades.
Existen aún otros peligros provenientes de la carne de cerdo. Pensemos simplemente como un cerdo de ceba que alnacer sólo pesa unos cuantos gramos, y, en cuestión de seis meses es ya un animal de varias arrobas. Todo esto se debe a la hormona del crecimiento. Un animal semejante consta de escasa musculatura, pocos huesos pero mucho tejido conectivo, grasa, sangre y órganos. El carnicero le saca utilidad a todo. Hasta el último resto se adoba y se prepara de tal modo que su sabor es exquisito, en razón a esto y de su elevado nivel calórico, la venta es segura. Las preparaciones ahumadas son doblemente tóxicas pues durante el proceso se impregnan de Benzopireno a quien todos aprendieron a temer como cancerígeno.
LA CARNE DE CERDO CREA ADICCIÓN
Aquellas personas que se acostumbran a consumir carne de cerdo llegan a ser prácticamente adictos a ella. Basta oír las protestas de los enfermos cuando, en vista de sus dolencias crónicas, se les prohibe. El psiquiatra Dr. W. Hoffmann (Mannheim), llegó a la conclusión de que la inmensa mayoría de los consumidores de cerdo analizados por él, cumplían todas las condiciones para considerarlos adictos.
Los porcinómanos encuentran toda clase de disculpas para comer cerdo. Rechazan enfáticamente la culpabilidad de la carne de cerdo en relación a sus dolencias y justifican su consumo con toda clase de razonamientos, al igual que fumadores y bebedores. A quienes se han podido liberar de la afición a la carne porcina termina ésta produciéndoles asco y la reconocen si alguna vez equivocadamente la sirven en su plato. Algo similar ocurre con aquellos exfumadores que de pronto huelen un cenicero abandonado.
¿HORMONAS SEXUALES COMO CANCERÍGENOS?
Es poco lo que se ha investigado hasta ahora acerca de las hormonas andrógenas del cerdo reproductor, sin embargo ellas juegan un papel en la valoración de la calidad de la carne de cerdo.
Los cerdos machos deben castrarse semanas y hasta meses antes de sacrificarlos, de lo contrario la carne tendrá sabor apestoso. Las hormonas sexuales del cerdo se consideran muy sospechosas.
Los cerdos no viven mucho tiempo pues su edad biológica está limitada a pocos años, además en su calidad de animales de ceba y degüello no se les permite vivir más de seis años pues de lo contrario aparece indefectiblemente una degeneración cancerosa. Es un hecho que el cerdo tiene muchos atributos en común con el hombre; de ahí que se diga que el cerdo es, hasta cierto punto, “la imagen negativa del hombre”.
El cerdo, “como cerdo” puede gozar de excelente salud, pero si lo incorporamos al hombre, veremos en él sus cualidades : corazón, hígado graso, hidropesía, aumento de la histamina fluyente con sus respectivos cuadros de inflamaciones, ulceraciones y alergias, hipertrofias, lipomas, gelosas, etc., y ahora factores hormonales tóxicos. A pesar de que su contenido vitamínico es alto, tenemos que saber que el organismo humano no logra metabolizarlo, quemarlo y descomponerlo como lo hace con otras carnes. Se impregna tan íntimamente que no logramos deshacernos de él a través de fases de excreción comunes y corrientes. Si lo tenemos en el cuerpo, la “fase de reacción” aparecerá indefectiblemente aunque se necesiten decenios para comprobarlo. Si las sutoxinas no salen de nuestro cuerpo, envejerán en nosotros y jugarán entonces un papel significativo en nuestras enfermedades degenerativas y crónicas.
ABSTINENCIA PORCINA COMO SOLUCIÓN DEL PROBLEMA
Acabo de comentar como la carne de cerdo no abandona nuestro cuerpo de forma fisiológica, que no logramos detoxicarla a través de las válvulas de salida y eliminación normales como son la orina, el pulmón, los intestinos y la piel, de tal manera que al no utilizarse fases de excreción debe salir en forma patológica, la más inocua de las cuales es la inflamación aunque el dolor sea la característica dramática de esta fase.
Según sea el órgano o el tejido del cerdo que consuma el hombre así serán sus enfermedades. El índice va desde colecistopatí as con litiasis vesical (colesterol) , cólicos biliares y apendicitis aguda, muchos pacientes mueren debido a complicaciones secundarias como trombosis y embolias, pues las apendicectomí a no logra eliminar la toxicosis porcina.
En aquellos casos en los cuales el consumo no ha sido muy elevado puede no aparecer inflamación y en vez de ello se depositan los componentes porcinos en el tejido conectivo especialmente grasas.
El consumidor de cerdo pasa entonces por varias etapas : gorduras en comedores de salchichas, adiposidad en los amantes del tocino, con un tronco redondo pesado como una aplanadora. Quienes comen jamón y manteca tienen nalgas y extremidades características. Cuando “la taza está llena” y el organismo no encuentra ninguna posibilidad de salir adelante con tanta sobrecarga se inician las fallas en la irrigación cerebral y coronaria. Puede hacer un último intento por salvarse y se sirve para ello de alguna inflamación. Los pacientes acuden entonces a las consultas con peligrosos carbúnculos en la nuca, forunculosis, abscesos de glándulas sudoríparas (casi patognomónicos de las fritangas). Graves apendicopatías, colangitis, empiemas de vesícula, etc.
Una consecuencia típica del consumo de la pezuña de cerdo y de los productos derivados de la pierna de este animal es la úlcera cruris. Berlin es famoso por su elevado consumo de pezuña, de bola y de grasa de pierna (el típico Eisbein). La estadística de dicha ciudad en ulceraciones de las extremidades inferiores es algo apesadumbrante. Todo empieza con la flebitis especialmente.
La úlcera cruris hay que considerarla como un último intento del organismo por liberarse de la inflamación profunda de sus tejidos a través de esta válvula mesenquímica. Es una fase de reacción con la cual el cuerpo esquiva al cáncer amenazante expulsándolo en forma de excreción purulenta, dolorosa, fétida y asquerosa. Es, repito, un intento desesperado por librarse de las graves sutoxinas introducidas con deleite a nuestro cuerpo desde años atrás.
Si nos vamos “lanza en ristre” contra estas ulceraciones las tapamos, quemamos, pincelamos con colorantes e incluso las cerramos a la fuerza sin conseguir que esas pobres víctimas cambien radicalmente su alimentación, veremos cómo aparecen por los puntos de resistencia menor las más graves enfermedades cuyo registro va desde flemones agudos, pasando por tromboembolismos con sus consecuencias, hasta el florecimiento súbito de malignomas sobre todo cuando se adicionan al cuadro factores de sobrecarga psíquica. Ya otros investigadores están empezando a llamar la atención al respecto.
El consumo crónico de carne de cerdo produce como ya hemos dicho depósitos de grasa y alteración de la sustancia cartilaginosa humana, que habría de tener consistencia dura y fuerte. El tejido conectivo gelatinoso del cerdo ablanda los cartílagos, los cuales bajo la presión y peso del cuerpo empiezan a lacerarse. Las enfermedades discales, artritis y artrosis, son la dura cuenta que se les presenta a estos pacientes. Todo el aparato de sostén del cuerpo se vuelve gelatinoso. Los deportistas que consumen cerdo preferencialmente se tornan perezosos y pesados. Son muchos los profesionales que han tenido que retirarse prematuramente.
Es posible que a través de una gripe, especialmente cuando se ha ingerido con la salchicha el susodicho “virus”, se expulse en forma de esputo una buena parte del material mucoso sutóxico acompañado del virus.
Si todas estas enfermedades agudas, como el flujo vaginal particularmente cuando está asociado a ulceraciones del cuello uterino, se entiende como reacción de defensa eliminatoria de toxinas porcinas y se tratan con una dieta adecuada, vemos en el transcurso del tiempo la liberación de muchísimos males. Por desgracia no suele ser este caso, porque la información no está al alcance de todos los enfermos.
Los facultativos que practican una medicina biológica no abundan y la situación tóxica debida al consumo de cerdo y de otras grasas animales inconvenientes, es algo totalmente desconocido por la medicina universitaria.
La Homotoxicologí a ha comprobado que todas las enfermedades son medidas de defensa contra toxinas o lesiones producidas por las mismas en el cuerpo. Así adquieren las enfermedades el carácter de procesos biológicos convenientes que por ningún motivo deben suprimirse pues son claro testimonio de que el cuerpo intenta recuperar la salud a través de excreciones inflamatorias. De lo contrario existe el peligro de que procesos agudos de detoxicación como fiebre, gripe, inflamaciones de la garganta, etc. sean interrumpidos en su mecanismo desintoxicante, impidiendo que los venenos y toxinas culpables puedan ser eliminados, surgiendo en esta forma lo que aquí llamamos “retoxicaciones” . Ésto sucede especialmente cuando hacemos uso de quimioterápicos, antibióticos, antipiréticos, antiinflamatorios, antihistamínicos, etc. Los antibióticos y las sulfas, eliminan las bacterias, pero de ninguna manera erradican las toxinas causantes de la enfermedad. Sabemos que los cadáveres de dichos gérmenes con sus endo- y ecto-toxinas empeoran aún más la Homotoxicosis.
Quien no come cerdo suele escaparse de la gripe viral.
Es una triste realidad el hecho de que el uso crónico de quimioterápicos, analgésicos y tranquilizantes, le ha hecho perder a la mayoría de los seres humanos su efectividad defensiva. Es deber de la medicina biológica propiciar el refortalecimiento de nuestro sistema de la gran defensa, para ello, contamos con excelentes medios de estimulación, dietas biológicas y una vida ceñida a las sanas leyes de la naturaleza.
Más de una joven vida ha sido destruída después de tratar flujos e inflamaciones del terreno urogenital, nefritis o trombo-embolismos post-quirúrgicos con medicamentos de síntesis química, pues nunca se pensó que todas ellas provenían del consumo de las sutoxinas y similares.
La carne del cerdo salvaje o jabalí es tan peligrosa como la del cerdo doméstico. Cuando el jabalí cae ha de abrirse de inmediato para que “sude sus humores”, pues de lo contrario no hay quien lo coma con gusto, además de que se vuelve tóxico.
La situación tóxica de cada ser viviente es la causa de todas sus enfermedades. Es un hecho que la carne de cerdo y sus similares sobrecargan gravemente tal estado tóxico de inicio. Las toxinas porcinas llenan rápidamente nuestro basurero mesenquímico y ésta es una condición sine qua non para enfermar.
Debemos ser conscientes de que la mejor terapia (bioterapéutica, antihomotóxica, homeopática, neural-terapé utica, etc.), de nada sirve sin una prohibición consecuente de la carne de cerdo. El acné, cara y piel llena de eccemas, las otitis, sinusitis, etc., exigen la dieta más estricta. Si llenamos a nuestros pacientes con antibióticos tendremos que tratar más tarde quistes (incluso pilonidales) , fístulas o fases aún más avanzadas.
No importa que se nos diga que éste o aquel abuelo llegó a los 90 años con pipa y tocineta. Examinen esos casos detenidamente y se convencerán de que algo anduvo mal en ellos. A menudo se nos habla de los “sanos y robustos campesinos” a quienes nunca les faltó el cerdo en la mesa. Un estudio científico comprobó hace años que esto era puro cuento. La población campesina resultó ser la más enferma a pesar del aire puro, particularmente aquella que consumía cerdo (o carne de roedores) de forma constante.
Se han examinado a muchos campesinos. Sirva de ejemplo una familia acomodada y numerosa. El padre tenía artrosis, coxitis y lesión hepática; la madre úlceras crónicas en ambas piernas monstruosamente varicosas, constante dolor y pruritos. La hija enfermó de fiebre reumática después de una amigdalitis; el hijo también presentó transtornos cardíacos después de una angina y ahora sufría de furunculosis generalizada a pesar de ser “el demostrar” en esa casa. La otra hija padeció de bronquitis crónica y sospecha de bronquiectasis post-amigdalectomí a. Otro hijo tenía pleuritis crónica y formación recidivante de fístulas.
Condiciones similares de salud se encontraron en numerosas familias campesinas de la zona montañosa de la Selva Negra, naturalmente también las había en los valles y en las riberas de los ríos.
La carne de cerdo es pues la más cara que existe, no por su precio en dinero, sino por las muchas enfermedades que produce. Las consecuencias positivas de dejarla no las veremos de inmediato ni mucho menos. Se necesita un tiempo bastante largo, pueden ser años, para desintoxicar un organismo.
El ser humano podría lograr en nuestra era una edad biológica de 150 años. En sitios dónde no se consume cerdo desde hace siglos, por ejemplo en el Cáucaso, Turquía y países islámicos que tienen además un clima suave, abundan congéneres de 130 y 150 años.

--- El mié, 10/9/08, Ange < lizaba@euskalnet. net escribió:

Asunto: [SumendiTaldea] RE: ...comen alimentos crudos para evitar enfermar
Para: SumendiTaldea@ yahoogroups.com
10 septiembre, 2008 6:01

les vi ayer en tve1, balta y unos amigos, fue grato por lo que dijeron
y por mostrarlos en horas de mucha audiencia, enseguida me acordé de
esta página de sumendi, aprovecho para mandar un gran abrazo a todos
los amigos que hacen esta página tan interesante.

servido por red-latina-sin-fronteras sin comentarios compártelo

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