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27 Septiembre 2008

Aniversario de la Convención de los Derechos del Niño


En el Aniversario
de la Convención de los Derechos del Niño

Ni un Pibe Menos

-I-

Los pobres de hoy, a la vez que ascendidos al status de sujetos de derechos humanos fundamentales, carecen de lugar y función en la sociedad: son "deportados", obligados a emprender una fuga del mundo de la que nadie regresa con la misma mirada que se llevó. Como ateridos regimientos de fantasmas a la hora de la siesta, los destinatarios de la Convención de Naciones Unidas sobre Derechos del Niño recorren las calles tirando de sus carritos cargados con los despojos de una felicidad ajena y descartable.

-II-

El Hambre es un crimen

Hay que detenerla. Sí o sí. Porque en nuestro país no faltan ni alimentos, ni platos, ni madres, ni médicos, ni maestros, faltan en cambio la voluntad política, la imaginación institucional, la comprensión cultural y las ganas de construir una sociedad de semejantes que asegure a nuestros hijos las oportunidades vitales para que puedan crecer con dignidad. Es imperativo terminar con un sistema económico -que en la mayoría de los casos- no da hijos sino hambre, que no da futuro sino Paco, que talla caricias olvidadas en cuerpos olvidados.

Niños hermosos nacen a la muerte aunque ya todos sepamos que la infancia es el principal recurso natural no renovable de nuestro país, ya que la mayoría de las capacidades humanas quedan -de alguna manera- determinadas durante los primeros años de vida cuando los niños están haciendo ahora mismo sus huesos, criando su sangre y ensayando sus sentidos.

La infancia es por lo tanto la gran oportunidad de la sociedad para mejorarse a sí misma en lo biológico, en lo cultural, en lo económico, incluso en lo político. La infancia es el terreno más fértil para sembrar inteligencia, trabajo, creatividad, justicia y democracia.

Sin embargo, los niños se nos mueren de hambre por decenas cada amanecer. Se nos mueren "acabaditos de nacer" mientras los padres lloran por los días hermosos, cuando la vida era azul.

Sin una infancia sana, amasada y entera es impensable una Argentina mejor. Porque un país que mutila a sus niños es un país que se condena a sí mismo.

¿Cuánto tendrán que andar nuestros hijos pobres, para no morirse de hambre, como goteras vivas que desangra las estrellas? Entre dolores y silencios hay una calle por donde marchan los niños hacia una primavera que se domicilia en los extremos del viento borrando de los calendarios la contribución de sangre a la acumulación capitalista.

Pero nuestros PIBES vencerán porque son el golpe temible de un corazón no resuelto: Con ternura y airosos como alas.

Alberto Morlachetti
Coordinador Nacional



Los impunes
25/09/08

Por Miguel A. Semán

I

(APe).- Una de las últimas estadísticas del gobierno de la provincia de Buenos Aires dice que de enero a mayo de 2008 fueron detenidos 5351 menores y que de ellos, 4634 fueron liberados por la justicia y 717 fueron internados en institutos. Estos datos le dieron pie al jefe de la policía bonaerense para lamentarse de que el 90 % de los menores detenidos hayan sido entregados a sus padres en menos de 12 horas, y concluye que los chicos liberados tan rápidamente se creen impunes y por ese motivo vuelven a delinquir.

Lo que no registra la estadística y se le escapa al funcionario es que un poco antes de considerarse impunes, al menos unos 5000 chicos, por alguna razón, deben haberse sentido expulsados de la vida y esa sensación, poco tiene que ver con la impunidad.

II

Encuestas y estadísticas sólo sirven para contar los peces que quedan atrapados en las redes. El problema comienza cuando los encuestadores, los censistas y quienes los contratan, al ver el resultado de la pesca, creen estar ante un muestrario de la vida en las profundidades del mar. Ningún gobernante de nuestro tiempo resiste la tentación de medir y de medirse, y de creer, después, que ha compendiado el océano en un vaso de agua.

Mientras los gobiernos cuentan y recuentan los delitos que le sobran y los presos que le faltan la realidad navega en otras aguas. Los excluidos, tal vez por un miedo atávico y justificado a los encuestadores, hacen todo lo posible por fugarse de las estadísticas, dejan de mirarse para que no los vean, se visten de su propio olvido y se vuelven parte del paisaje de intemperie y cartón que siempre va con ellos.

III

Hace pocos días una madre con sus cinco hijos, después de ser exhibidos en televisión como ejemplares de una fauna exótica y autóctona, se aparecieron en la municipalidad de Moreno para pedir ayuda. Los funcionarios de minoridad reconocieron, sin culpas, que hasta ese momento, no se habían enterado de su existencia.

Ni los pibes que hoy piden monedas en la calle, ni sus madres, pisaron jamás escuela alguna, no forman parte siquiera del ejército de desertores, porque nunca pudieron entrar en ningún lado. Sólo son consumidores de droga y alcohol y nadie daría dos centavos por conocer los tristes datos de sus vidas. No leen, no escriben, no pesan, no cuentan y no miden. Sólo vamos a saber de ellos cuando sean parte de una cifra que los comprenda y sepulte, cuando entren, vivos o muertos, en el censo del delito.

IV

Ni el gobernador ni los intendentes desconocen que casi en ningún partido de la provincia funcionan los servicios locales y zonales de promoción y protección de los derechos del niño, sin embargo, lejos de sentirse responsables de sus omisiones, se muestran indignados, se aferran a los números y exigen que se baje la edad de imputabilidad de unos chicos que ellos ni siquiera saben que existen.

Las mismas autoridades que hoy censuran la rapidez con que los menores detenidos vuelven a sus casas, son responsables de una policía que no ignora en qué esquinas de cada una de las ciudades y pueblos de la provincia de Buenos Aires hay un tipo vendiéndole paco a los chicos que mañana o esta noche van a salir a robar para volver a comprarlo.

Los pibes no se sienten impunes. La impunidad suele ser un privilegio de los inquilinos del poder. Los pibes se sienten como están: desnudos y perdidos, sin saber a dónde ir en un país que ha dinamitado los puentes mucho antes de que ellos llegaran.

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