Buenos Aires: El payador de San Telmo

EL PAYADOR DE SAN TELMO
J. Lojo
Payador que pulsara tan lindo
y cantara con tanta emoción,
como aquel payador de San Telmo
no recuerdan los tiempos mejor.
Gaucho errante de noble figura
que una tarde cayera al poblao,
sin saber de ´ande vino y quien era,
ni que rumbo tenía ensillao.
Su guitarra tenía el secreto
en las noches de placida calma
de llegar con sus notas dolientes
al rincón mas lejano del alma.
Cuantas veces al verlo pulsando
en las rejas del viejo San Telmo
las morenas lloraron de pena
y las rubias lloraron de celos.
Trovador de la vieja parroquia,
cuantas veces lo vieron pasar
enancao en el zaino de ensueños,
que encerraba su lira inmortal,
pero un día salió de su barrio
y a una rubia pulpera encontró
el le dijo, te llevo en el alma,
y ella dijo contigo me voy.
Payador que tuviste la gloria
de llevar la pulpera que un día
alumbró con sus ojos celestes
la parroquia de Santa Lucía.
¿Donde están payador que no vuelven
tu guitarra, tu voz, ni tu acento?
con Lavalle se fueron tus pasos,
y en San Telmo solloza un lamento.
Gabino Ezeiza, el payador de San Telmo
Payador y cantor
(3 de febrero de 1858 – 12 de octubre de 1916)
Por Héctor Ángel Benedetti
Algunos mencionarán a Betinotti, otros quizá señalen a Vázquez, a
Cazón o a Trejo, y aún quedará quien se incline por Acosta García o
por Cepeda; pero de esa camada tan particular de payadores que se
vio y se escuchó, entre finales del siglo XIX y comienzos del XX,
sólo uno conservaría, mucho después de su deceso, la condición de
haber sido "el más extraordinario improvisador" de su época: Gabino
Ezeiza, representante del porteño barrio de San Telmo.
Nació en 1858, por lo que puede decirse que creció a la par de la
conformación de la república; y lo hizo en una ciudad que
definitivamente dejaba de ser la "Gran Aldea" para convertirse en
una verdadera metrópoli. En su obra ulterior quedaría un reflejo de
este período tan particular de la sociedad bonaerense, que
políticamente vio el crecimiento de los partidos políticos y los
caudillos de atrio, y en lo cultural también se vio transformada con
la presencia del inmigrante a la par del criollo.
No es éste el lugar para desarrollar ni el origen ni los pormenores
del arte del payador, pero vale la pena recordar que hacia las
últimas tres décadas del siglo XIX este género cobró una inusitada
importancia y logró integrarse con solidez y permanencia en el
ambiente urbano. En esta generación de payadores se incluye a Ezeiza.
Muchos datos de su biografía adolecen de vaguedad. Son inseguras las
referencias sobre sus antepasados; se los ha imaginado como
orgullosos libertos que vivieron su época de esplendor antes de
Caseros.
También son pocas y pobres son las noticias que se tienen de su
iniciación y de sus maestros, aunque se recuerda un nombre más bien
borroso: el de un tal Francisco Luna, identificado o quizá
confundido con un moreno Pancho que payó y perdió contra Santos
Vega. Activo desde los tiempos de Rivadavia, este Luna ofició de
pulpero y obtuvo alguna nombradía en el "Barrio del Mondongo",
ubicado dentro de los límites de la parroquia de San Telmo;
aparentemente, fue quien invistió de payador a Ezeiza cuando, al
retirarse, le regaló su guitarra.
Antes de 1880 ya estuvo midiéndose y cosechando victorias. Fueron de
su gusto los contrapuntos de preguntas y respuestas, de los que han
quedado graciosos testimonios. Uno de ellos apunta a cierto
encuentro en Lomas de Zamora, durante el cual alguien del público
pidió como tema la metempsícosis (una doctrina religiosa según la
cual las almas transmigran de un cuerpo a otro). Ezeiza lo resolvió
de un modo genial: Al que me mete metempsícosis / le contesto en
estilo vario, / le contesto en estilo vario: / ¿por qué al mandarme
la pregunta / no me mandó también el diccionario?
Picardías como ésta serán su gran triunfo. Como todo payador, era
consciente que su habilidad no consistía en lo florido del lenguaje
o en una observación rigurosa de las reglas poéticas, sino que todo
su éxito dependía de una respuesta rápida e ingeniosa.
Otro ejemplo, de cuando el caricaturista José María Cao le exigió
que payase sobre el logaritmo: Ezeiza pidió permiso, fue hasta la
casa de un profesor amigo para asesorarse y volvió al rato dispuesto
a improvisar con el nuevo conocimiento: Señores, voy a explicar / la
ciencia del logaritmo, / si acierto a cantar al ritmo / de mi
modesto payar. / Pongamos, para empezar, / dos progresiones
enfrente; / por diferencia y cociente / correspondiendo entre sí, /
y ¡ahijuna! saldrá de aquí / un sistema sorprendente. ..
En 1884 hizo una payada de contrapunto con Nemesio Trejo, a
beneficio de las víctimas de una inundación en Barracas. La forma
elegida fue la milonga; Ezeiza coronó la función haciendo una
descripción en verso de la ciudad de Montevideo, pero su momento más
brillante fue cuando por accidente saltó una de las cuerdas de su
guitarra. En un alarde de repentización, Ezeiza comparó aquella
cuerda rota con sus propios sentimientos.
Presentándose en teatros y en circos criollos (y también en
sociedades y en comités), Ezeiza fue forjando una destreza envidiada
y temida. Entre sus contrincantes más célebres se recuerdan a Félix
Vega, del Tuyú; Ramón Barrera, de Dolores; y su rival más temido:
Pablo J. Vázquez, de Flores. Con éste mantuvo una peligrosa payada
en Pergamino, que comenzó el 13 de octubre de 1894 y duró dos
noches. Ha sobrevivido versión taquigráfica de esta topada, en la
que Ezeiza llegó a provocar a Vázquez diciéndole: Hay algunos que
pensaban / que del todo yo había muerto; / calcular ahora usted
puede / lo que puede haber de cierto.
Sin embargo, Ezeiza solía recordar como un gran adversario en el
contrapunto al tenor Florencio Constantino, de reconocida
trayectoria en el Teatro Colón a partir de 1909. Si bien se lo ha
identificado como intérprete lírico al punto de borrarse casi todo
registro de su actividad como payador, Constantino practicó la
improvisación al mejor estilo de Ezeiza; y éste no dudaría en
afirmar que en dicho campo el tenor, otrora, "se hacía temer".
Ezeiza payó en el Uruguay con Juan de Nava; fue entonces cuando
nació su canción "Saludo a Paysandú" —también llamada "Heroico
Paysandú", por su verso inicial—, compuesta sólo para congraciarse
con un público insólitamente hostil. (Como Ezeiza payó también con
Arturo de Nava, hijo de Juan, es frecuente que al relatar este
episodio se equivoquen sus nombres). Pero esta obra perduró ante su
propio asombro, pues reconocía no poseer aptitudes literarias: aún
hacia 1911, cuando ya desde hacía mucho era uno de los artistas
favoritos de los porteños, confesaba en un reportaje de la revista
P.B.T. que no tenía condiciones de escritor.
Entrada la década del veinte, a más de un lustro de la muerte de
Ezeiza, esta canción todavía estaba en el repertorio de muchos
cantores. El dúo Gardel-Razzano la grabó para discos Nacional en
1922; sus versos aún eran populares: Heroico Paysandú, yo te
saludo / la Troya americana porque lo es; /saludo a este pueblo de
valientes / y cuna de los bravos Treinta y Tres.
Pero lo cierto es que no sólo subsistió el "Saludo a Paysandú".
También quedaron "El silencio de las tumbas", "Él sabía", "Mi
caudal", "Ella", y algunos episodios históricos como "El combate de
San Lorenzo" y "Naufragio de la "Rosales" que, al igual que los
poemas citados, serían ampliamente reproducidos en folletos. También
escribió por lo menos dos piezas dramáticas: "Lucía Miranda" y "El
cacique Mangoré".
La Revolución del Parque (1890) lo encuentra militando en las filas
de Alem, adhesión que le llevará a sufrir la cárcel y posteriormente
el incendio del "Pabellón Argentino", un circo que había adquirido
gracias a un golpe de suerte en la lotería. Fue partícipe también de
los alzamientos de 1893, y muchos años después seguiría luciendo con
orgullo las medallas con que lo distinguieron por su lealtad el
doctor Mariano Candioti y el general Frías.
En 1895 Ezeiza contrajo nupcias con Petrona Peñaloza, de la familia
del lanceado caudillo de La Rioja. De los seis hijos de este
matrimonio, Fortuna, la mayor, demostró desde niña tener excelentes
dotes de soprano. En su primer domicilio de la calle Cuenca, y más
tarde no muy lejos, en Azul 92, los Ezeiza solían recibir
permanentes visitas de las personalidades de aquellos años, que a
menudo iban acompañadas de periodistas, deseosas de escuchar ese
talento tan particular de Gabino y de retratarse junto a él.
A partir de 1905 el fonógrafo lo recogió y lo prolongó en el tiempo.
Por eso es inexacta la letra del tango compuesto en su
homenaje, "Gabino", de Antonio de Bassi y Manuel Romero, cuando
dice "no cantó para el disco Gabino..." Por el contrario, Ezeiza
grabó y lo hizo en cantidad, en placas de los sellos Zonofono
(discos que traían registros en una sola faz), Columbia Record y
Era. De estos últimos se han visto publicados algunos temas bajo
otras etiquetas, como Artigas.
Es probable que la voz de Ezeiza provoque hoy una especie de
desilusión si se espera encontrar en ella un estilo virtuoso o algún
recurso fuera de lo común. Pero encarar estos discos con oídos de
melómano sería un error. Su valía es otra: es la del documento
sonoro de una clase de intérprete que pocos años después
desaparecería. No puede pasar inadvertido un dato: a la par de sus
canciones en tiempo de milonga, cifra u otros ritmos adecuados para
la payada, Ezeiza también componía, cantaba y grababa tangos,
alrededor de 1905.
El invencible payador falleció el mismo día en que Yrigoyen asumía
la presidencia de la Nación. Sus restos descansan en el Cementerio
de San José de Flores. Héctor Blomberg lo recordó en su milonga "El
adiós de Gabino Ezeiza", musicalizada por Enrique Maciel y
felizmente llevada al disco por Ignacio Corsini en 1933. En una de
sus estrofas pedía a Buenos Aires que no lo olvidase, pero a la
memoria suele gustarle de vez en cuando el olvido.
------------ --------- --------- --------- --------- --------- -
-----------
Gabino Ezeiza
De Metapedia
Sus comienzos
Hay seres que parecen nacer para dar pábulo a la leyenda, para
alimentar la llama inextinguible del Mito. Gabino Ezeiza, el famoso
payador negro, fue uno de ellos. Ya en vida su figura había
adquirido perfiles legendarios, que el tiempo transcurrido desde su
desaparición ha ido acrecentando, al punto que sólo una precisa y
nítida investigación podrá distinguir, en su biografía, lo real de
lo imaginario.
Gabino Ezeiza nació el 3 de febrero de 1858 en el barrio de San
Telmo, en Buenos Aires. Poco se sabe de su hogar y de su familia. Su
padre había servido a la familia Ezeiza, de ahí su apellido, y
descendía por su abuelo de un trompa de Juan Manuel de Rosas.
Según Héctor P. Blomberg "el negrito Gabino no faltaba nunca a las
payadas que se realizaban con frecuencia en su barrio. Escuchaba,
conmovido y absorto, los torrentes de coplas que surgían de labios
criollos, bajo el alero de los patios coloniales, sobre las vihuelas
melodiosas, y sentía despertarse en su corazón infantil el amor a
todo aquello".
Quien primero puso una guitarra en sus manos fue un pardo muy viejo,
que tenía una pulpería en el bajo de San Telmo. Se llamaba Pancho
Luna, y fue payador cuando joven, en los tiempos de Rivadavia. Al
cumplir quince años le compraron a Gabino una hermosa guitarra
española. El la adornó con cintas celestes y blancas, se despidió de
su madre y de sus hermanos Tomás y Matilde Ezeiza –el padre había
muerto en la Guerra del Paraguay-, y comenzó su existencia de cantor
errante.
En un pueblo del sur bonaerense conoció al estanciero Mones Ruiz,
quien lo protegió, le brindó su amistad y lo hizo trabajar en dos o
tres oficios, entre ellos el de sombrerero, pero Gabino, al fin, se
despidió de aquel y se fue a los campos como Santos Vega. El payador
había nacido y su fama creció por el sur y el oeste de Buenos Aires
antes de cumplir los veinte años. No se olvidó, empero, de su ciudad
natal a la que volvió a principios de 1880, encontrándola en plena
lucha, en la que tomó parte, para volver luego a su oficio de cantor.
Por entonces ya lo envuelve en su círculo amistoso, en el seno de la
colectividad morena de Buenos Aires, una aureola de prestigio.
Pardos y morenos forman mundo numeroso y aparte allá por la década
del ochenta. Tienen sus asociaciones particulares, organizan
pintorescas comparsas para Navidad y Carnaval, crean sociedades
propias de socorros mutuos, discuten con vehemencia sus problemas en
sus periódicos y fuera de ellos, y hasta piensan en establecer
escuelas para la educación del hombre de color. Llevan, en fin, una
intensa e interesante vida de sociedad. De ahí que el juvenil Gabino
asista con frecuencia a tertulias familiares, participe en bailes y
fiestas, y entretenga en la amable compañía de amigos y muchachas
buena parte de sus horas.
En la revolución del 1880, concurrió al combate del 21 de junio con
el batallón 15 de febrero a las órdenes del comandante Eliot, y el
entonces mayor Vico. En donde se portó bizarramente recitando
algunas estrofas en el momento de la lucha.
Fue en ese mismo año de 1880 cuando Gabino Ezeiza se enfrentó con
Nemesio Trejo y fue ésa la primera de una serie de payadas que ambos
sostuvieron a lo largo de los años, hasta que el segundo, que era
escribano y se dio con éxito a escribir para el teatro, abandonó la
guitarra y las improvisaciones.
Para 1882 ya hace varios años que Ezeiza canta y que incluso
sostiene payadas de contrapunto y para ese entonces, empujado sin
duda por la necesidad, había trocado sus condiciones de cantor y su
arte de payador en una profesión retribuida, olvidándose de sus
sueños de poeta y de sus ambiciones literarias de la adolescencia.
Su fama se había propagado rápidamente, al punto de considerársele
ya uno de los mejores exponentes del arte, y que el solo anuncio de
sus actuaciones bastaba para atraer un gentío.
En 1884 se trasladó a Montevideo y canto allí por primera vez,
payando de contrapunto con un famoso oriental, Juan de Nava. Ese
mismo año, en Buenos Aires, payó dos veces con Nemesio Trejo. En una
de ellas el argumento que cantaron fue la muerte del malogrado
Benigno Lugones (periodista y escritor) y la fiesta que para
socorrer a su familia se había organizado, salpicando sus cantos con
estrofas alusivas a los incidentes ocurridos tanto en los asaltos de
sable, florete y palo que allí se efectuaron esa misma noche como en
la propia payada.
Gabino no se daba pausa en su trajinar por los pueblos. Empezaba a
convertirse en aquel payador errante que solo y con un circo –propio
o ajeno- recorrió prácticamente toda la República.
Heroico Paysandú
El año 1888 lo encuentra de nuevo en la capital oriental, donde mide
sus fuerzas en un contrapunto con Arturo Nava, hijo de Juan, en el
teatro Artigas de Montevideo. La concurrencia que se juntó fue
enorme y Gabino salió una vez más victorioso de la prueba. Se ha
dicho que actuó esa noche ante un público hostil, que esperaba el
triunfo de su favorito Nava. Sin embargo, ello no parece cierto. Y
tampoco que Gabino haya improvisado su famoso "Saludo a Paysandú":
Heroico Paysandú, yo te saludo,
Hermano de la patria en que nací.
Tus hechos y tus glorias esplendentes
Se cantan en mi patria como aquí.
Para congraciarse con la concurrencia. La función había
prácticamente concluido cuando alguien le comunicó a Ezeiza que en
la sala estaba una delegación de sanduceros que había ido a
escucharle. Entonces volvió a templar su guitarra e improvisó
aquellos versos, que se cuentan entre los más felices de su carrera
y que lo han sobrevivido.
Un año después paya con Pablo J. Vázquez, que fue uno de los mejores
exponentes de su arte en aquella época, y el enfrentamiento se
repite en 1890. Pero este año es el de la célebre Revolución del 26
de julio y, según parece, Gabino, ganado ya por la pasión política,
intervino en aquella memorable jornada.
En algunas ocasiones contratábase en los circos, cuyo público, como
es de imaginarse, mucho apreciaba su arte. Con ellos no solo actuó
en Buenos Aires sino que también recorrió el interior del país.
En 1891, hallándose en La Plata, la buena suerte lo acompañó: ganó
un premio grande en la lotería y con el dinero cobrado compró un
circo al que llamó "Pabellón Argentino", con el que se largó a
recorrer, como siempre, los caminos. Con ese circo llegó, al año
siguiente, a San Nicolás de los Arroyos, donde conoció a una
biznieta del general Angel Vicente Peñaloza, el Chaco riojano, doña
Petrona Peñaloza, de quien se enamoró y con quien habría de casarse
un tiempo después. Antes tuvo que atender Gabino sus obligaciones de
hombre de partido. Desde 1890 él seguía a Alem y había puesto su
musa de payador al servicio de sus ideales cívicos.
Empezar de nuevo
La revolución fue en cierto modo desastrosa para él. Lo apresaron y
estuvo un tiempo en la cárcel y cuando lo pusieron en libertad fue
para enterarse, con el dolor consiguiente, que le habían quemado el
circo. ¡A empezar de nuevo! Pero el pájaro cantor estaba enamorado y
los tropiezos poca mella hacían en su alma ilusionada. Se casó con
su amada Petrona y formó su nido el zorzal.
Entretanto llega el año 1894. Es el de la gran payada con Pablo J.
Vázquez en Pergamino, uno de los sucesos capitales, por así decir,
en la biografía del negro cantor y en la misma historia payadoresca,
donde aquella justa sigue resonando con acentos poco menos que
legendarios, por la calidad de sus contendientes y por su duración,
que fue de dos noches, el 13 y el 14 de octubre de 1894 en el teatro
Florida de Pergamino. El jurado que actuó en esa oportunidad
dictaminó que debía reputarse como vencedor a Gabino, según acta
suscripta el 28 de noviembre de ese año.
Dos años más tarde, en Rauch, provincia de Buenos Aires, se enfrentó
con el crédito de La Pampa, Maximiliano Santillán, quien lo había
desafiado de modo tan singular como atrevido, por no decir ofensivo,
al enviarle en el cuero de un rebenque corralero esta cuarteta:
¿Dónde está ese negro poeta
que tanta fama le dan?
Díganle que Santillán
a ningún negro respeta!
La justa se llevó a cabo en la pulpería El Indio, sobre un solo
tema: ¿Cómo se corta la carne sin cortar el cuero?, que da idea
cumplida de las dificultades que aquellos esforzados cantores se
proponían vencer, y en ella, pese a la bravata de Santillán, resultó
triunfante Ezeiza.
En 1902 sostuvo otra payada memoriosa en San Antonio de Areco. Esta
vez su contrincante fue Luis García, a quien no pudo vencer.
En 1912 intervino con éxito en un torneo internacional payadoresco
efectuado en un teatro de Buenos Aires en el que los cuatro primeros
premios fueron adjudicados a Ezeiza, Curlando, Vieytes y Caggiano.
Gabino también realizó una payada memorable, en las esquinas de
Yerbal y Nazca, junto a Martín Castro, payador de Ciudadela y autor
de "El huérfano".
Nace la leyenda
Murió el día 12 de octubre de 1916, el día en que más debió haber
anhelado vivir, como lo dijo un diario al dar la noticia de su
desaparición. Ese día, en efecto, se hizo cargo de la primera
magistratura del país el Dr. Hipólito Irigoyen, caudillo del
radicalismo e ídolo político del gran payador.
Una placa colocada en Azul 92, en el barrio de Flores, recuerda al
negro Gabino Ezeiza. Allí, a los 58 años murió en su humilde casa,
pobre como todos los juglares del pueblo.
La leyenda de Gabino se despierta cada 12 de octubre, cuando sus
seguidores se reúnen en la tumba del cementerio de Flores, para
brindarle homenaje a este personaje tan recordado y querido.
Buenos Aires de mi amor, ¡oh, ciudad donde he nacido! No me arrojes al olvido yo, que he sido tu cantor. De mi guitarra el rumor recogió en sus melodías, el recuerdo de otros días que jamás han de volver, los viejos cantos de ayer que fueron las glorias mías.
Nació en San Telmo el 3 de febrero de 1858 y vivió en nuestro barrio, en la calle Azul 92, hasta su muerte ocurrida el 12 de octubre de 1916. En el lugar existe hoy una panadería que lleva su nombre "Don Gabino" en cuya entrada una placa de bronce nos recuerda su grandeza. De ascendencia negra y cuna humilde, adquirió celebridad como payador y autor de más de quinientas composiciones, que el mismo interpretaba. Según se afirma, ya en el año 1872 incursionaba en el arte de la payada, siendo considerado el más antiguo y notable payador del Río de la Plata. |
|||||||||
|
|||||||||

