No Más Sangre por Petróleo
Entrevista con Ramón Fernández Durán, miembro de Ecologistas en Acción y autor "El crepúsculo de la era trágica del petróleo"
| Una versión reducida de la entrevista se publicó en la revista El Viejo Topo, septiembre de 2008 |
El crepúsculo de la era trágica del petróleo es el título de tu libro más reciente. Empecemos por una definición básica si parece ¿Qué es el petróleo?
Una herencia energética: luz arcaica concentrada, que ha tardado unos 300 millones de años en formarse bajo la corteza terrestre.
¿Cuándo empezó a explotarse industrialmente?
El petróleo empezó a explotarse industrialmente hacia el último tercio del siglo XIX. El primer pozo se perforó en la costa Este de EEUU en 1859, pero su explotación masiva y mundial no se abordaría plenamente hasta entrado el siglo XX, cuando cambia la matriz energética del capitalismo de la época. Recordemos que, inicialmente, el petróleo se utilizó principalmente como lubricante.
Por otra parte, esta revolución de los combustibles fósiles, que permitió sustituir y multiplicar la capacidad de trabajo animal y humana, afianzaría de forma potente y definitiva la idea del progreso indefinido, del crecimiento ilimitado, y de los enormes beneficios derivados de la explotación sin control de la naturaleza.
¿Qué ha significado en su opinión lo que solemos llamar el siglo del petróleo? Usted recoge en su libro una cita de Ecodinámica de Kenneth Boulding: “En 1859, la especie humana descubrió un enorme cofre del tesoro en su sótano: el petróleo y el gas, unas fuentes de energía que se encontraban con facilidad y a bajo coste. Hicimos, al menos algunos de nosotros, lo que nadie hace con un tesoro en el sótano, sacarlo y despilfarrarlo”.
Creo que ese paso resume bien la situación. El siglo del petróleo ha significado un paso de gigante en la expansión de la lógica del capital a escala global, fundamentalmente gracias al petróleo. Un nuevo régimen energético tarda décadas en desplegarse (necesidad de desarrollar nuevas tecnologías, nuevas empresas, nuevas formas de distribución, nuevas infraestructuras, nuevos vehículos, nuevas necesidades sociales, nuevos marcos legales, nueva financiación), y en desplazar el régimen energético previo, en este caso, el del carbón. Por eso el petróleo no se pudo afirmar como el régimen energético dominante hasta entrado el siglo XX, a pesar de que se venía explotando con cierta intensidad en EEUU desde antes de 1880, y de que en esa fecha la Standard Oil de los Rockefeller controlaba ya el 90% de las explotaciones en EEUU y en el mundo entero. En 1872 una filial de la Standard Oil iniciaba la primera explotación petrolífera en Perú, abriendo la vía a otras que seguirían más tarde en América Latina.
¿Cuándo y dónde se producen las primeras explotaciones en el continente europeo y en Asia?
En Eurasia, las primeras explotaciones impulsadas por los Nobel tienen lugar en el imperio ruso, en el Caspio, a finales también del XIX. Fueron de mucho menor calado que en EEUU. Las potencias y los capitales europeos intentan asimismo subirse al carro del nuevo régimen energético que se vislumbraba en el horizonte, y empiezan a impulsar los embriones de futuras grandes empresas petroleras para posicionarse adecuadamente en el nuevo escenario. Pero en el siglo XIX tan sólo la Shell, con base en Londres, y la Royal Dutch, de capital holandés, que más tarde se fusionarían, empezarían su andadura. El resto de lo que luego serían las grandes empresas petrolíferas europeas, incluida la que sería más adelante la poderosa British Petroleum -inicialmente Anglo-Iranian Oil en 1901-, no se crearían hasta la década de los ‘20. Las potencias europeas tardan, pues, décadas en reaccionar ante la avalancha petrolífera que se avecinaba, que estaba ya en marcha. Además, Europa, al principio, no “tenía” petróleo, no sabía de su existencia bajo el Mar del Norte. Este fue un factor determinante para que el siglo que se abría se convirtiera en el siglo de EEUU. Norteamérica en general, y EEUU en particular, tenían mucha más abundancia natural que Europa de minerales energéticos y, sobre todo, de petróleo
¿El siglo XX ha sido, por tanto, desde un punto de vista energético, primero el siglo del carbón y luego el del petróleo?
El siglo XX se puede dividir en dos grandes periodos. Desde sus inicios hasta, grosso modo, el final de la Segunda Guerra Mundial, y la segunda mitad del mismo. Los rasgos que caracterizan esos dos períodos son enormemente distintos, y entre esos rasgos cuentan mucho las diferencias del régimen energético dominante. La primera mitad estaría todavía marcada por el predominio mundial del carbón como fuente energética principal, a pesar de la intensa progresión del consumo del petróleo, en especial en EEUU, y en menor medida en Europa, muy ligada a la fuerte irrupción de la industria del automóvil, y al transporte por carretera. Emergía con fuerza el American Way of Life, lo que tendría repercusión planetaria a lo largo del siglo. El nuevo bastión de Occidente iba a intentar ganar así las mentes y corazones del mundo, e iba a difundir nuevas formas de vida que tendrían también un enorme impacto territorial. En EEUU se empezaría a desarrollar asimismo una potente revolución de la producción agropecuaria, de la agricultura y la ganadería industrializadas, posible igualmente gracias al petróleo. Pero el predominio global del petróleo, incluso en EEUU, no se produciría hasta la segunda mitad del siglo XX.
En el cambio de régimen energético jugaron muchos factores, e indudablemente las grandes ventajas, múltiples usos y flexibilidad del petróleo sobre el carbón, que fueron decisivas. Pero, aunque a veces se olvida, un elemento de gran importancia fue también sin duda las importantes huelgas mineras y ferroviarias que sacudieron Europa y EEUU en el periodo 1880-1920. Las minas eran fundamentalmente de carbón que se transportaba prioritariamente por ferrocarril. El grueso de la capacidad de resistencia y organización del importante movimiento obrero de esos años estaba principalmente en esos sectores. La extracción de petróleo, en cambio, requería mucha menos fuerza de trabajo que el carbón. Su transporte sería, principalmente, mediante oleoductos, barcos y transporte por carretera, por lo que su irrupción era también una forma de intentar domesticar y contener dichas luchas.
En cuanto al papel del petróleo en las dos grandes guerras mundiales.
El petróleo iba a ser uno de los elementos determinantes de las importantísimas partidas geopolíticas de la primera mitad de siglo, y en especial del desarrollo y desenlace definitivo de las dos guerras mundiales que iban a ser las más destructivas que se han conocido en la historia de la Humanidad, con unos 70 millones de muertos en territorio europeo, más de 5 -como es sabido pero a veces revisado u olvidado- sólo a causa del Holocausto. El petróleo iba a cambiar decisivamente el “arte de la guerra” en la Primera Guerra Mundial: de la caballería, soldados a pie, artillería tirada por caballos y buques de carbón, se pasó a buques, tanques, transporte motorizado y aviones con derivados del petróleo. La propia Royal Navy británica dejaría de quemar carbón a principios del siglo XX y pasaría a alimentarse de petróleo.
Las consecuencias de la Gran Guerra quedaron determinadas por el petróleo. Los aliados trataron de cortar las líneas de suministro alemanas, mientras EEUU el mayor productor de petróleo del mundo fue importante para la ayuda de los aliados. Alemania se rindió cuando apenas le quedaba combustible. En la Segunda Guerra Mundial Alemania tenía como objetivo el acceso al petróleo, fundamentalmente el del Cáucaso, que no pudo alcanzar y dominar tras el desastre de Stalingrado, y lograr victorias decisivas mediante ataques mecanizados sorpresa, la guerra relámpago, que requería una movilidad impensable sin petróleo. Uno de los principales objetivos de la expansión de Japón era también hacerse con el petróleo de las Indias Holandesas (Indonesia)
A mediados del siglo XX, el petróleo se había convertido en un combustible cada vez más crítico y en un objetivo geopolítico para la guerra.
Hay una curiosa paradoja que probablemente valga la pena remarcar: el siglo XX empieza con un abrumador predominio global de EEUU en relación con la extracción de petróleo, sobre todo después de la puesta en explotación de los yacimientos gigantes encontrados en Texas y Oklahoma en los ‘30, siendo el principal consumidor y primer exportador mundial de crudo hasta después de la Segunda Guerra Mundial, y, por otra parte, Estados Unidos termina el siglo convirtiéndose en el mayor importador de crudo del mundo, quedando desplazado al tercer puesto de extractor global de petróleo, y a bastante distancia de Arabia Saudí y Rusia, aunque continua manteniendo el cetro como el megaconsumidor del planeta.
Efectivamente, sin duda. En la segunda mitad del siglo XX, EEUU se convierte en importador neto, un giro completo respecto a la primera mitad, y muy en concreto a partir de 1970, cuando EEUU atraviesa su pico del petróleo. Es decir, el momento a partir del cual el gigante estadounidense es incapaz de extraer ya más cantidad adicional de crudo de sus yacimientos, ya que se habían agotado entonces la mitad de sus recursos, los más fácilmente accesibles y de mayor calidad, iniciándose su declive petrolífero, lo que acentúa su dependencia energética mundial. En la actualidad importa más del 60% del petróleo que consume. En esos cien años de la historia del petróleo en el mundo, pasarán muchas cosas pero quizás la más destacable es el cambio del epicentro mundial del petróleo de EEUU a Oriente Medio, donde se encuentran las principales reservas mundiales de crudo, y las transformaciones de todo tipo que ello va a implicar. Aunque, de hecho, hasta hace algo más de treinta años, EEUU era el principal extractor de petróleo, gas natural y carbón del mundo. De esta forma, la creciente dependencia mundial de oro negro de EEUU es uno de los signos que anuncia una crisis de su hegemonía, si bien, desde finales de los setenta, ha intentado basar la hegemonía conquistada sobre nuevas bases, sin descuidar nunca su creciente control del grifo mundial del petróleo: Oriente Medio.
¿Cuándo se inician las ambiciones de las grandes potencias sobre los yacimientos petrolíferos del Golfo?
Las ambiciones de las principales potencias sobre los yacimientos del Golfo Pérsico se remontan a finales del siglo XIX y principios del XX. Gran Bretaña sería la primera potencia que extraería petróleo de Oriente Medio a través de la Anglo-Iranian Oil Company, con mayoría de capital estatal, desde el inicio mismo del siglo XX. Más tarde, ya antes de la Primera Guerra Mundial, Gran Bretaña apoyará a los árabes a rebelarse contra el dominio turco, pero luego les traicionaría tras la caída del Imperio Otomano al final de la contienda, y pasaría a repartirse dichos territorios con Francia, a partir del Tratado de Versalles de 1919 y la creación de la Sociedad de Naciones. El Tratado obligaba a Alemania a pagar los costes de la Gran Guerra, y la dejaba al margen del reparto colonial de Oriente Próximo y Medio entre Gran Bretaña y Francia. EEUU permanece fuera del acuerdo. Decide no participar en esa organización controlada por las principales potencias europeas. La legitimación de este nuevo reparto colonial, a través de mandatos o protectorados impulsados por la Sociedad de Naciones, se va a hacer en base a la misión sagrada de extender la “civilización” para mejorar el bienestar de los pueblos intervenidos o tutelados. Al final de la Gran Guerra, el Reino Unido aprueba la llamada Declaración Balfour, que va a permitir la llegada de colonos judíos a tierras de Palestina, bajo la promesa de recuperar la Tierra Prometida. En esa época también se termina de construir el discurso del Orientalismo, como un estilo occidental para dominar, reestructurar y tener autoridad sobre Oriente. Todo ello en gran medida por el crudo que se aventuraba abundante bajo sus entrañas.
¿Cuál es el origen de las grandes petroleras? En las primeras décadas del siglo XX se van a crear las grandes petroleras occidentales. Primero fueron las petroleras estadounidenses, que se originan principalmente a partir del fraccionamiento obligado del gigantesco monopolio privado de la Standard Oil de los Rockefeller. Luego irrumpirían las petroleras europeas, la mayoría de las cuales reciben apoyo estatal para empezar a funcionar, o son directamente creadas por el Estado. El petróleo se convierte en una cuestión de Estado, como se había visto claramente en la Primera Guerra Mundial. Todas ellas inician en esas décadas una intensa búsqueda de yacimientos por todo el mundo. En este periodo se va a asistir a una guerra de precios, que va a desembocar en los acuerdos de Achnacarry de 1928, una especie de cartelización entre las grandes petroleras occidentales para fijar los precios mundiales del crudo y no hacerse la guerra económica. Es decir, un acuerdo entre las llamadas Siete Hermanas (Exxon, Chevron, Mobil, Gula, Texaco, BP y Shell), para controlar el mercado mundial del crudo, pues no en vano poseían las 4/5 partes de las reservas petrolíferas fuera de EEUU y Rusia. Pero también se acometen en esas fechas las primeras nacionalizaciones petroleras como resultado de cambios políticos, el primero como consecuencia de la Revolución soviética en 1917, y más tarde en Argentina (1923), Bolivia (1937) y México (1938). Sin embargo, a pesar de la creciente difusión planetaria de la extracción de crudo, en especial en Oriente Medio, el dominio de EEUU era entonces sencillamente abrumador. Al iniciarse la Segunda Guerra Mundial, EEUU controlaba más del 60% de la extracción mundial de crudo. La Guerra Fría iba a evidenciar que los nuevos gigantes mundiales basaban en gran medida su poder, aparte de en la dimensión puramente militar, en un poderoso patrimonio y capacidad de control de recursos fósiles, y en concreto de petróleo. Ese era el caso no solo de EEUU sino también de la URSS. ¿Cuándo se produjeron las nacionalizaciones el petróleo en la región del Oriente Próximo?
Las nacionalizaciones en la región que se vislumbraba ya como el grifo mundial del crudo, no se van a producir hasta la segunda mitad del siglo, cuando esta zona se convierte progresivamente en la principal área extractora y abastecedora mundial, lo cual implica un tensionamiento político en toda esta región, que se ve acentuado desde la creación del Estado de Israel en 1948, y la primera guerra árabe-israelí tras la partición de Palestina. La primera nacionalización la va a acometer el régimen nacionalista de Mossadegh, en Irán, en 1951, tras la caída del Shah. Pero un golpe de Estado orquestado por la CIA y Gran Bretaña va a reponer al nuevo Shah, su hijo, en 1953, permitiendo otra vez la entrada en la compañía estatal iraní de las petroleras occidentales.
Los 50 son años de fuertes cambios en Oriente Próximo y Medio, entre los que destacan la llegada al poder de Nasser en Egipto, en 1954, y la revolución iraquí, en 1958. La URSS daría apoyo a ambos regímenes, y ampliaría sus vínculos con el panarabismo y su influencia en la región. En esa época va a desaparecer la presencia militar europea de Francia y Gran Bretaña en la región, después del fracaso de su incursión bélica en el Canal de Suez tras su nacionalización por Nasser, en 1956, apoyada por Moscú. Nasser bloqueó el paso de petroleros hacia Europa, ante la agresión militar franco-británica, que finalmente se desactivó. Esta retirada se da sobre todo por el rechazo de EEUU a dicha guerra, ante el temor a que el conflicto adquiriera una dimensión global, obligando al repliegue de las tropas de Londres y París, lo que marcaría el declive definitivo de su potencia imperial. A partir de entonces la proyección de EEUU en la zona va a ir in crescendo, apoyándose por supuesto en su socio israelí. Inmediatamente después, en 1957, se inicia formalmente el “proyecto europeo”, con el Tratado de Roma. ¿Una casualidad?
¿Y cuándo se crea la OPEP?
En 1960, en Bagdad, para intentar controlar el precio del crudo, al tiempo que se establecen las primeras petroleras estatales en Oriente Medio, aunque dicho objetivo no se alcanza en los sesenta, pues las grandes petroleras occidentales siguen fijando el precio del petróleo. A finales de los ‘60 y primeros ‘70, se procede a la nacionalización de las reservas petroleras controladas por las empresas occidentales que operaban en la zona, y en otros países del mundo árabe (Libia, por ejemplo, cuando Gadafi derroca a la monarquía gobernante), como reacción a la “Guerra de los Seis Días”, en 1967, cuando Israel se apodera de Cisjordania, Gaza, Jerusalén Este y el Sinaí. Un fracaso tremendo del panarabismo nacionalista, laico y “socialista”, que no puede frenar al enemigo sionista, y al que se intenta responder más tarde, entre otras medidas, con las nacionalizaciones petroleras mencionadas. Es a partir de entonces cuando la OPEP empieza a tener capacidad para incidir en la fijación del precio del crudo, que se negocia con las grandes petroleras occidentales. Son los tratados de Teherán y de Trípoli. En esos años se dan también nacionalizaciones en Perú y en Venezuela.
Fue en octubre de 1973 cuando tuvo lugar el primer gran shock petrolero como resultado del embargo árabe tras la tercera guerra árabe-israelí. ¿Qué pasó entonces?
El embargo, en el que Irak cumple un papel clave, se establece contra los países occidentales que habían apoyado a Tel Aviv en la contienda. Los precios del petróleo se disparan, se multiplican por cuatro, lo que, junto con la crisis del sistema monetario de Bretton Woods (quiebra del patrón dólar-oro y fin del sistema de cambios fijos), desata una profunda recesión mundial. La OPEP, con un fuerte componente árabe, deja meridianamente claro que a partir de ese momento es ella la que puede controlar e imponer los precios mundiales del crudo. Pero, eso sí, su subida beneficia también a las petroleras occidentales. El centro de gravedad petrolero pasa a partir de entonces de EEUU a Oriente Medio, y la OPEP se convierte en un actor político mundial clave.
Y el segundo shock petrolero… El segundo shock es en 1979-1980, a consecuencia de la caída del Shah de Persia, el “Gendarme del Golfo” de EEUU, debido a la revolución iraní. Washington perdía un aliado clave en Oriente Medio al que había armado fuertemente. La llegada de Jomeini expulsa a las petroleras occidentales del país, al tiempo que la URSS invade también Afganistán, colindante con Irán. ¿Qué iba buscando la URSS? ¿Una posible salida para el crudo y el gas de Asia Central hacia el mercado mundial? ¿Avanzar aún más sus peones hacia Oriente Medio? Me es difícil responder a esas preguntas. Fue también entonces cuando Jimmy Carter, el Carter de la fundación que lleva su nombre, tras la llamada crisis de los rehenes en Irán, declara que EEUU utilizará., si es preciso, toda su fuerza militar para garantizar el flujo energético hacia EEUU desde la región ya que están en juego sus intereses vitales. En 1980 se inicia la guerra del Irak de Saddam Hussein contra Irán, auspiciada por EEUU y sus aliados occidentales, para ayudar a derrotar al incómodo Irán jomeinista, y para que se destrozaran también entre sí los principales actores político-militares de Oriente Medio que Occidente no controlaba, y además los dos países del mundo con más reservas de petróleo después de Arabia Saudí. Esa guerra se producía entre dos miembros de la OPEP e iba a ayudar a debilitar a dicha organización demonizada desde Occidente reiteradamente. La confrontación gozará, por supuesto, del beneplácito israelí. El balance fue una guerra de casi nueve años, desde 1980 a 1988, que provocó un millón de muertos, la mayoría iraníes. Ambos contendientes quedarían fuertemente debilitados y endeudados por la guerra, situación que les pasaría una fuerte factura cuando los precios del petróleo caen bruscamente en las dos últimas décadas del siglo.
Y estas crisis originaron una fuerte subida del petróleo.
Efectivamente. El petróleo se pondría por las nubes a resultas de estas dos crisis: 40$ en 1980, que equivaldrían a algo más de 100$ actuales. Occidente, y especialmente Europa occidental y Japón, sufrirían en carne propia el tremendo impacto del desabastecimiento y encarecimiento energético, disparándose la inflación a niveles desconocidos. Pero los países del llamado Tercer Mundo “no OPEP”, también sufrirían las consecuencias de la subida sin precedentes del precio del crudo, aunque el reciclaje de los “petrodólares” hacia sus territorios, vía préstamos de la banca internacional, les ayudaría a solventar el shock en los 70, si bien les endeudó hasta las cejas. Sin embargo, es preciso resaltar que las crisis petrolíferas de los setenta se producen por decisiones o acontecimientos políticos, no porque la capacidad de extracción de petróleo fuera incapaz de satisfacer la demanda, que es la megacrisis que se avecina en el próximo futuro. Occidente, y en especial EEUU, empieza a demonizar a los árabes por la subida de los precios del petróleo, al tiempo que prepara un profundo cambio de rumbo, el giro o (contra)revolución neoliberal, hacia un nuevo capitalismo más global, desregulado y financiarizado.
¿Qué países y grupos ganan y pierden en esos conflictos?
Europa occidental y Japón se convierten en las principales víctimas de las crisis de los setenta y primeros ochenta, junto como hemos dicho los países del Sur sin petróleo, y en especial sus clases trabajadoras. La razón fue su fuerte dependencia de crudo externo, en especial de Oriente Medio, que además se ven obligados a pagar en dólares. Europa occidental, y en concreto la Comunidad Económico Europea, habían incrementado de forma acelerada su dependencia del petróleo desde los ‘50. Recordemos que los primeros pozos en el Mar del Norte se empezarían a abrir a partir de 1969, pero eran incapaces en los 70 de hacer frente a crisis de suministro como las que se produjeron en esas fechas, y de ayudar a regular los precios mundiales del crudo, que controlaba el grifo de la OPEP. Las circunstancias de Japón eran similares. En esas circunstancias es cuando se decide la creación de la Agencia Internacional de la Energía en el marco de la OCDE, con sede en París, que impulsa la creación de reservas estratégicas de crudo para hacer frente a futuras crisis energéticas, y coordina las políticas energéticas de los países miembros.
EE. UU. también se ve afectado indudablemente por las crisis energéticas de los setenta. A partir de entonces va a pasar de ser acreedor a deudor mundial. Pero EEUU es capaz de desvincular el precio del petróleo interno del de los mercados mundiales, debido a su capacidad de extracción doméstica, lo que le confiere una ventaja importante de costes a su industria en los mercados mundiales. Además, Washington en negociaciones con el gigante petrolero Arabia Saudí, su principal socio en Oriente Medio, se garantiza que el petróleo mundial se denominaría y se pagaría en dólares, y que el nuevo flujo de petrodólares se reciclaría a través del sistema financiero anglosajón, así como mediante la compra de bonos del tesoro estadounidense, y a cambio Riad recibiría un importante aporte de armas para reforzar su régimen y su papel en la región.
Todo ello era una forma de ayudar a apuntalar la hegemonía mundial del dólar.
Exacto, y también de reforzar su papel de moneda de reserva global, una vez que ésta se había desvinculado del oro en agosto de 1971. El dólar pasaba a estar “respaldado” por el petróleo propio y ajeno, en lugar de por el oro. EEUU aumentaba, además, su influencia en Oriente Medio y seguía dividiendo a la OPEP. Arabia Saudí se convertiría en el Caballo de Troya de Washington en la organización. Aún así, el dólar experimentaría un declive en los setenta, que podía haber sido más pronunciado de no mediar dichos acuerdos. Declive que duraría hasta el final de los setenta, cuando la Reserva Federal decide una brusca subida de los tipos de interés, que llegarían a situarse a primeros de los 80 en el 20%, catapultando el valor del dólar.
Y más adelante EEUU conseguiría debilitar el frente árabe… Sí, con los acuerdos de Camp David en 1979, en los que Israel firma la paz con Egipto, devolviéndole el Sinaí. Eso atrae a El Cairo hacia el área de influencia de Washington, y al mismo tiempo Israel, sellada la paz en su frontera Sur, se lanza a la guerra del Líbano en su frontera norte, iniciándose un nuevo conflicto en la región. Poco después Anuar el Sadat, el dirigente egipcio que había firmado la paz con los israelíes, cae ametrallado en un atentado orquestado desde sectores del Islam político, lo que va a significar el inicio de la presencia de la Yihad en toda la región. Sin embargo, recordemos también, que EEUU financiaría a los mujaidines en Afganistán, a través de Pakistán y con la ayuda inestimable de Arabia Saudí, con el fin de expulsar a la URSS de dicho país. Lo cual sentaría las bases de la expansión incontenible de la Yihad. De esos polvos vendrían todos los actuales lodos, pero detrás de esos polvos estaba también la importancia estratégica del control del petróleo a escala mundial.
De resultas de ello, el precio del petróleo, momentáneamente, se abarata…
En los ochenta y noventa vamos a asistir a una caída continuada de los precios del crudo, si exceptuamos el breve pero intenso repunte ocasionado por la Guerra del Golfo de 1991, llegando a bajar hasta 8$ el barril en 1998, bastante menos que el precio del petróleo en los 60 si se descuenta la inflación. Esa intensa caída de los precios del oro negro va a activar otra vez el crecimiento económico mundial, y la expansión de la urbanización-metropolitanización, la motorización y la movilidad a todos los niveles, así como los procesos de mundialización productiva y la propagación de la agricultura industrializada en muchos países del mundo, incluidos muchos agroexportadores del Sur, aparte de la explosión del consumo, especialmente en el Norte, y el desarrollo del turismo de masas continental e intercontinental proveniente de los espacios centrales. Todo ello es factible por el consumo en ascenso del petróleo como resultado de la reducción de su precio y se ve alentado por la mejora de eficiencia energética ganada durante los años de las crisis energéticas. El petróleo, por otra parte, se dedica cada vez más al transporte motorizado y a la agricultura industrializada, los dos sectores más dependientes, mientras que es sustituido en gran medida por otras fuentes (gas natural, carbón, industria nuclear) en la generación de energía eléctrica.
¿Qué pasó exactamente en la primera guerra del golfo? ¿Por qué el Iraq de Hussein invadió Kuwait?
En realidad no fue la primera, fue la segunda, tras la guerra de Irak-Irán. Y esta segunda guerra del golfo parecería una “guerra que nunca existió”, como diría Baudrillard. Pero no fue así. Vaya si existió. Saddam Hussein decide en el verano de 1990 invadir Kuwait, con el objetivo de apropiarse de sus importantes recursos petroleros y convertirse en un actor político de primer orden en Oriente Medio. Irak era en ese momento el segundo país del mundo en reservas de petróleo, pero con esta expansión y anexión se aproximaba al nivel de reservas de Arabia Saudí, la meca del petróleo mundial. Saddam, habiendo tenido el apoyo occidental en su enfrentamiento con Irán, cree contar con el posible beneplácito de EEUU para una acción así, que comunica previamente a la embajadora estadounidense. Washington utiliza esta provocación para montar la mayor coalición bélica de la historia, con el apoyo de NNUU, y para reforzar su papel de hiperpotencia mundial, en plena crisis de la URSS tras la caída del Muro de Berlín. En la coalición participan algunos países árabes (Egipto, Siria, Arabia Saudí), lo que logra romper definitivamente la solidaridad entre los mismos. EEUU lanza su “Tormenta en el Desierto”, una guerra de alta tecnología, trasmitida mediáticamente al mundo entero, para reforzar aún más su proyección global en el mundo unipolar que se abría en los noventa, tras el fin de la Guerra Fría.
La “madre de todas las batallas” de Saddam, que llega a atacar también a Israel con misiles, es un enorme fracaso, ante la tremenda potencia bélica de la coalición y en especial de EEUU, provocando más de 30.000 muertos en sus filas, contra solo 400 en la alianza internacional. El mensaje era claro. A partir de ese momento ya se sabía lo que le podía pasar a quien desafiase el nuevo orden internacional, sobre todo en Oriente Medio.
¿Y qué paso después de este primer enfrentamiento? EEUU establece por primera vez tropas en algunos países de la región de forma estable: Arabia Saudí, Kuwait y Emiratos Árabes Unidos, garantizándose una mayor capacidad de control y acceso al grifo global del oro negro.
Efectivamente. Además, EEUU cuenta claramente con Israel en ese empeño, que actúa como una especie de enorme base militar avanzada de Occidente en la zona, con 700.000 soldados (de una población de seis millones) que “tan sólo” le cuestan a Washington unos 8.000 millones de dólares anuales. Una cifra alta, pero no disparatada. Más tarde, a lo largo de la década, con los Acuerdos de Oslo de 1993 y su “política de paz” en la región, Washington intentaría atraer a los países de la OPEP hacia la OMC, para imponerles sus reglas de acceso a sus recursos petroleros y la apertura de sus mercados, cosa que no lograría, y además el “proceso de paz” estallaría al final de la década ante la intransigencia de Israel, dando lugar a la primera Intifada. Una resistencia palestina que era capaz de poner en jaque el enorme poder represivo policial y militar israelí, y captar las simpatías y el apoyo de una parte nada desdeñable de la población mundial
En los noventa, por otra parte, las políticas del Consenso de Washington van a provocar una privatización de empresas y recursos petroleros en diversos países de la periferia.
Esto es especialmente así en América Latina -Argentina, Bolivia, Venezuela, Colombia, etc.- en donde las empresas petroleras occidentales, y muy en concreto Repsol, se van a hacer con importantes reservas petroleras y gasísticas. Repsol, una nueva transnacional “española”, proveniente de la privatización de la empresa estatal CAMPSA, va a acabar convirtiéndose en la principal empresa petrolera de América Latina, y uno de los agentes más impactantes en su territorio. También vamos a presenciar en los noventa un fuerte movimiento de fusiones y adquisiciones entre petroleras occidentales, que va a crear auténticos gigantes mundiales: Exxon-Mobil, Chevron-Texaco, Total-Fina-Elf, Conoco-Philips, BP-Amoco, etc., las llamadas Majors. De esta forma, estos “nuevos” gigantes petroleros aumentaban sus reservas vía fusiones, y no mediante nuevas prospecciones e inversiones, al tiempo que reducían de forma importante personal asalariado, incrementando con ello sus beneficios y cotización bursátil, a pesar de los bajos precios del petróleo en esa época. La racha bajista de precios terminaría a finales de 1998, cuando EEUU y Gran Bretaña, los Estados que albergan las principales petroleras mundiales, deciden unilateralmente bombardear Irak, provocando un considerable repunte del precio del crudo. El bombardeo se produce, curiosamente, poco antes del inicio de la entrada en funcionamiento del euro.
Pero, según parece, los gigantes petroleros occidentales cada vez controlan menos reservas petroleras a escala global y, además, algunos -Shell, Repsol- se han visto obligados a declarar que poseen menos reservas de lo que decían.
Sí, es así. En la actualidad tan solo controlan el 10% de las reservas petroleras mundiales, y las petroleras estatales de países OPEP y no OPEP, como Rusia, México, China, India, Malasia, etc., el 90% restante, cuando ese balance era más o menos el contrario después de la Segunda Guerra Mundial. Además, las reservas que controlan están pasando a ser las de peor calidad y de las que pueden extraer una menor “renta del petróleo”. Esta “renta” depende de la calidad del crudo, de su coste de extracción, de la tecnología que haya que utilizar para obtenerlo, del clima de la zona en que se ubique el yacimiento, de los costes de transporte. Una vez más los costes de extracción en Oriente Medio son los más bajos del mundo, situándose en torno a los 5 dólares el barril, por lo que la renta petrolífera es la más alta en esta región. Lo que sí controlan las grandes petroleras occidentales es la tecnología más avanzada, y además poseen el grueso de las refinerías que hay en el mundo, así como dominan también las redes de distribución. Las petroleras estatales, de la OPEP o fuera de ella, dependen en gran medida de esa tecnología y de sus redes de distribución, y muchos de sus Estados se ven obligados a importar los productos refinados a costes de mercado. Los países centrales defienden los intereses de sus petroleras a través de los mecanismos de propiedad intelectual en el marco de la OMC, y los fomentan a través de ayudas a la I+D+i.
¿Cuándo resurge el poder de la OPEP?
A finales de los noventa, si solo atendiésemos a los indicadores del mercado, nada parecía augurar que el combustible determinante de la expansión capitalista global del siglo XX se estaba acercando a su punto de declive definitivo: el pico del petróleo (peak oil) mundial. Es más, la sensación de abundancia “sin fin” era manifiesta. Sin embargo, al término de la década, distintos acontecimientos políticos van a cambiar ese escenario de exuberancia petrolera, y la OPEP se va a convertir una vez más en el actor clave del mercado del crudo, pues controlaba (y controla) aproximadamente el 40% de su volumen actual, porcentaje que irá en aumento inexorable en el futuro.
Uno de esos acontecimientos, claro está, es la elección popular democrática de Hugo Chávez en Venezuela en 1999.
Claro está. Junto con Irán, van a tensionar una vez más la OPEP, apoyando una restricción de su capacidad de extracción global, para hacer subir el precio del crudo. A ello se suma, indudablemente, que la sed petrolera del sistema urbano-agro-industrial (que en esta época desborda claramente los espacios centrales y se proyecta a escala mundial) había ido disparando la demanda global hasta hacer que los excedentes de extracción petrolera que existían en los ochenta se fueran progresivamente evaporando. Y es por eso por lo que, desde finales de los noventa también, distintas crisis político-sociales, militares y ambientales: bombardeos de EEUU y Gran Bretaña sobre el Irak de Saddam Hussein (1998-1999), huelgas y conflictos en áreas petroleras (Nigeria), paro petrolero contra Chávez (2002), Guerra contra Irak (2003), huracán Katrina (2004), guerra del Líbano (2006), logran provocar fuertes tensiones en el mercado mundial del crudo, iniciándose una subida continuada que dura hasta nuestros días, cuando el precio del barril ha llegado a situarse cerca de los 140$, un precio bastante más alto que el que llegó a tener el crudo en 1980, si se descontase la inflación.
Sea como sea, al finalizar el siglo XX, el petróleo es la energía dominante a escala mundial
Sin duda. En la segunda mitad del siglo XX, no sólo se multiplica por 8 la demanda mundial de crudo, pasando de 10 a 80 millones de barriles día –mbds, sino que también se inicia la extracción del gas natural como nuevo combustible fósil, de menor impacto ambiental, cuyo uso se acentúa a partir de los ochenta como respuesta a las crisis energéticas de los setenta. El momento de máxima preponderancia del petróleo a escala mundial fue 1973, cuando el crudo llega a representar el 50% de la energía primaria mundial.
Por otra parte, desde finales de los cincuenta, y sobre todo en los sesenta y especialmente en los setenta, se crean asimismo más de cuatrocientas centrales nucleares en el mundo, de forma casi exclusiva en los países centrales (occidentales y del Este), que son los que disponen la compleja tecnología necesaria para acceder a esta energía. Tecnología que siempre ha estado relacionada, desde sus inicios, con el acceso al arma nuclear, y con una intensa participación estatal y militar, así como del estamento científico. Curiosa, significativamente el programa de “Átomos para la Paz”, con el que se impulsa en tiempos de Eisenhower este tipo de energía, coincide en el tiempo con el momento en que EEUU empieza a ser importador neto de petróleo en los cincuenta. En Europa occidental el inicio del “proyecto europeo” coincide con el impulso de la energía nuclear (Tratado del EURATOM). Pero el programa de expansión nuclear en el mundo se frenaría después de los accidentes de Harrisburg en 1979 y Chernobil en 1986, al tiempo que caen también bruscamente los precios del petróleo en los ochenta. El coste de la energía nuclear era mucho más caro de lo que se pensó en un principio, y la gestión de sus residuos muy compleja y altamente peligrosa. Todo lo cual nos da una idea del tremendo incremento del flujo energético mundial que tuvo lugar en los últimos cincuenta años del siglo pasado, en especial de petróleo, pero no sólo, que fue el más firme aliado de la expansión espectacular y proyección geográfica del nuevo capitalismo global, y que posibilitó también una más que duplicación de la población mundial (y su cuadriplicación a lo largo de todo el siglo XX). Pero ese proceso de crecimiento “sin fin” del flujo energético mundial está tocando a su fin en el siglo XXI
En resumen: al finalizar el siglo XX, los combustibles fósiles garantizaban grosso modo un 85% de las necesidades energéticas mundiales; aproximadamente el 40% lo aseguraba el petróleo, y el 45% restante lo hacía el carbón y el gas natural, más o menos a partes iguales.
Exacto. El carbón, aunque había ido disminuyendo su peso dentro de los combustibles fósiles a lo largo del siglo, había multiplicado nada menos que por seis su consumo global en cien años. El 15% remanente, al margen de los combustibles fósiles, estaba compuesto más o menos a partes iguales también por la energía nuclear y por las llamadas “energías renovables”: hidráulica (una parte de la misma, las grandes presas, de gran impacto ambiental), energías renovables comerciales de nueva generación (fundamentalmente eólica, pero también solar térmica y de forma residual solar fotovoltaica) y biomasa. Esta última fuente energética, la biomasa, la leña, era y es la energía fundamental de los pobres del mundo. Cerca de la mitad de la población mundial, unos 3.000 millones de personas, la utiliza para calentarse y cocinar, y accede a ella al margen del mercado y con un trabajo humano realizado fundamentalmente por mujeres (No es esta por supuesto la única divisoria de género en cuanto al acceso a la energía, pues en general el uso del automóvil tiene un acusado sesgo androcéntrico). Sin olvidar, en todo caso, que unos 1.600 millones de personas del planeta no tenían acceso a la energía eléctrica, a pesar de que el consumo de esta fuente de energía final había crecido a un ritmo doble del consumo energético mundial durante el siglo XX.
En cuanto a las condiciones laborales que acompañan a esta fuente energética, ¿qué puedes decirnos?
En la llamada OPEP “rica”, las monarquías del Golfo, el núcleo duro de la extracción petrolífera mundial, de reducida población autóctona, más del 70% de la fuerza laboral es de origen foráneo, principalmente de origen indio, paquistaní, o de Bangladesh, y la gran mayoría trabaja en el sector del petróleo en condiciones de semiesclavitud. En el mundo también trabajan unos veinte millones de personas en la extracción, procesamiento y distribución del petróleo y sus derivados, así como en la industria petroquímica. En general, hasta ahora, hay un alto nivel de sindicación en toda esta industria, salvo principalmente en los países del Golfo, y también en Rusia, China, etc., que está siendo erosionado y atacado gravemente por las políticas neoliberales, y en algunos casos, como en Colombia, mediante el asesinato de líderes sindicales. En todo caso, las luchas de los trabajadores han conseguido en ocasiones paralizar procesos de privatización en marcha de recursos y empresas petroleras. Igualmente, tanto las huelgas de los trabajadores del sector petrolero, como las luchas de las comunidades afectadas por la extracción del crudo, han puesto en muchos casos en jaque la llegada del crudo a los mercados mundiales. Pero el cada vez mayor consumo de petróleo, y el creciente flujo energético mundial de estos últimos treinta años, tras las crisis de los setenta, han permitido también el despliegue del nuevo capitalismo global, y la reestructuración postfordista, que han implicado un desplazamiento del poder del “factor trabajo” en los procesos productivos. Al mismo tiempo, la automatización en los principales procesos productivos ha terminado con la centralidad de la “clase obrera”, que ha ido desapareciendo como actor político, sobre todo en los espacios centrales.
¿Por qué esta adicción mundial al crudo?
La adicción que señalas alcanza cada vez más a las sociedades en su conjunto, y la veneración de la movilidad motorizada, el automóvil y la velocidad se ha acabado convirtiendo en una verdadera enfermedad de las sociedades “desarrolladas”, o en trance de modernización acelerada. Una patología de dimensiones civilizatorias. El vehículo privado se ha acabado convirtiendo en un Moloch al que se sacrifica todo, ingentes cantidad de dinero en infraestructuras, cientos de miles de vidas humanas cada año en el mundo, así como millones de heridos como resultado de la “violencia vial”. La Formula 1 o el Moto GP se han acabado convirtiendo en espectáculos de masas globales, que son capaces de movilizar a cientos de miles de personas, como hemos podido comprobar con la locura de Fernando Alonso o Dani Pedrosa. También, cada vez más, los derivados del petróleo, y en concreto el queroseno, hace viable el estallido del turismo continental y transoceánico mundial proveniente de los países centrales, que se ha visto fuertemente acrecentado en los últimos años como resultado de los vuelos de bajo coste. El petróleo nos ha permitido tener “cientos de esclavos energéticos” a nuestro servicio, sin saber cuales son los tributos de toda índole que tenemos (y tendremos) que pagar por ello, entre los cuales cabe destacar los impactos ecológicos a todos los niveles.
¿Y cuáles son, en tu opinión, los principales impactos ecológicos de esta sed insaciable de oro negro?
Los impactos ambientales directos de la industria del petróleo son muy variados. Impactos en las zonas de extracción, que deterioran los hábitats naturales cercanos (cursos de agua, recursos hídricos subterráneos), incidiendo negativamente en las distintas formas de vida de los mismos, y afectando en muchos casos gravemente a las comunidades humanas que habitan en ellos. Impactos debido al transporte del petróleo, como resultado de la construcción de oleoductos y de los vertidos de crudo que se producen en ocasiones, pero especialmente como resultado de los vertidos y accidentes en plena mar de los petroleros y buques cisterna. Algunos de ellos han entrañado un tremendo impacto ambiental cuyos efectos han durado años (y todavía perduran): Exxon Valdez, Erika, Prestige. Y finalmente, los impactos allí donde se procesa el petróleo (refinerías), o donde se consumen los derivados del mismo (gasolinas, diesel, queroseno), lo que se da principalmente en las metrópolis, siendo el tráfico la principal causa de la contaminación de las aglomeraciones urbanas; pero también en pleno campo, en los espacios de agricultura industrializada, o en los altos niveles de la atmósfera, debido al tráfico aéreo. Todos ellos contribuyen además al agravamiento del cambio climático.
Pero los impactos territoriales y ambientales del petróleo van mucho más allá si consideramos que algunas de las actividades más nocivas del presente modelo urbano-agro-industrial no se darían sin el petróleo, pues son altamente dependientes de él: movilidad motorizada, urbanización acelerada y dispersa, turismo de masas intercontinental, agricultura industrializada, globalización de la producción y del consumo, desarrollo incontrolado de la minería a cielo abierto a escala global, etc. Estos son los impactos ambientales indirectos del petróleo.
Así, pues, el petróleo se ha convertido en el principal contribuyente al cambio climático global, de consecuencias tan peligrosas como impredecibles, y cuyos principales damnificados serán las sociedades del Sur del planeta.
Exacto. Conviene resaltar que el petróleo ha tenido la capacidad de destrozar los mecanismos que regulan el clima del planeta, siendo el uso de los combustibles fósiles el responsable determinante. Estamos trascendiendo los límites del planeta a todos los niveles, y eso está teniendo ya sus efectos en el propio despliegue del capitalismo global, aunque los impactos de dicha translimitación se verán acentuados en el futuro. En definitiva, no sólo estamos empezando a sobrepasar los límites de recursos y materiales de la corteza terrestre (entre ellos los combustibles fósiles), acentuando los impactos de toda índole en su busca para garantizar las necesidades del brutal metabolismo urbano-agro-industrial del capitalismo global, sino que estamos alterando el clima a escala planetaria como resultado de dicho metabolismo, en una escala nunca vista en los últimos 400.000 años, con potenciales efectos catastróficos en las próximas décadas. Curiosamente, desde parte de las actuales estructuras de poder se nos alerta de los peligros del cambio climático en marcha, aunque se nos ocultan o se tergiversan sus verdaderas causas, y se nos proponen falsas soluciones, pero para nada se señalan los límites de los combustibles fósiles (y de otros materiales y recursos) a la expansión del actual modelo urbano-agro-industrial. Es por eso también por lo que los principales actores estatales mundiales, y muy en concreto los EEUU, se involucran en prácticas belicistas y se preparan para una guerra cada vez más abierta en la lucha por unos recursos mundiales crecientemente escasos.
Te pregunto sobre esto último. ¿Qué papel jugó el petróleo, si fuese el caso, en el ataque usamericano a Afganistán?
La ruptura de negociaciones de Unocal (petrolera estadounidense) con el régimen talibán de cara al paso de los oleoductos, puede haber sido la chispa que encendiera el ataque a Afganistán, con el 11-S como “excelente” excusa, con el fin de conseguir manu militari lo que de repente estaba siendo difícil de obtener en la mesa de negociaciones. Desde entonces, la presencia y la implicación occidental en la zona no ha hecho sino acentuarse. Desde hace ya unos años es la OTAN en su conjunto la que interviene militarmente, aparte de EEUU, y su actuación encuentra una resistencia crecientemente fuerte. De hecho, se habla ya de que la Alianza está perdiendo la guerra, y algunos agoreros comentan que puede ser la primera y quizás la última intervención de la OTAN fuera de su área original de actuación. La razón son las disensiones que han surgido en el seno de esta operación de la Alianza entre los países más implicados en los ataques militares, y de mayor riesgo, y aquellos otros más involucrados en tareas de retaguardia y “humanitarias”, pero que actúan también y son percibidos como fuerzas de ocupación.
El ataque de EEUU a Afganistán es el primer paso para una aún mayor proyección de su poderío militar en lo que se ha llegado a llamar el Gran Oriente Medio, y quizás una forma también de controlar e impedir el acceso de China al grifo mundial del crudo. Más tarde, Washington orquesta un ataque contra Irak bajo la excusa de que Saddam Hussein poseía armas de destrucción masiva. El definitivo fin del “síndrome de Vietnam” que había facilitado el ataque del 11-S, le permite a Bush impulsar una actuación militar crecientemente agresiva a escala mundial, logrando el apoyo del Congreso a la llamada Guerra Preventiva. Pero el verdadero objetivo del ataque era llegar a controlar el Grifo Mundial del Petróleo, Oriente Medio, y en concreto el tercer país del mundo actualmente en reservas de crudo, pensando apuntalar así una hegemonía estadounidense progresivamente en crisis. Al mismo tiempo, también se buscaba el reforzamiento del dólar, pues Saddam Hussein había empezado a vender su petróleo en euros, lo cual significaba un importante ataque a la hegemonía mundial del dólar. Finalmente, la invasión de Irak junto con su control de Afganistán permiten a EEUU “rodear” también a Irán.
¿Qué papel juegan actualmente Asia y América Latina en el conflicto del petróleo?
Las tensiones geopolíticas (y hasta bélicas) en relación al petróleo se han ido ampliando progresivamente a otros espacios mundiales. Hasta América Latina y Asia, o en sus mares cercanos (Timor Oriental, con la irrupción de tropas australianas), donde las grandes petroleras privadas y/o estatales buscan desesperadamente el acceso a los últimos yacimientos de petróleo convencional que aún quedan por explotar. Todos ellos de carácter cada vez más marginal, con crecientes costes de exploración y afectados también por crecientes costes de transporte, pues están ubicados en muchas ocasiones en enclaves difícilmente accesibles, y en zonas lejanas a los puertos de exportación. El reciente conflicto de Colombia con Ecuador y Venezuela, provocado al atacar el ejército colombiano a un comando de las FARC en territorio ecuatoriano, augura un probable incremento de la tensión político-militar a partir de ese Estado, cabeza de puente de los intereses de EEUU en la región, con los dos principales Estados petroleros de América del Sur, y miembros de la OPEP. Tanto Venezuela como Ecuador están alejados de los intereses de Washington, y plantean utilizar una mayor soberanía sobre sus recursos fósiles para reforzar un proyecto de integración regional propio. El debate se está empezando a plantear en estos términos: ¿deben utilizarse los combustibles fósiles de la región para impulsar principalmente una integración de América del Sur, y reforzar su papel en el mundo, al tiempo que sirven para redistribuir (en parte) las rentas del petróleo? ¿O deben venderse o compartirse sus potenciales beneficios al mejor postor foráneo, sean estas transnacionales petroleras occidentales o empresas estatales de otros grandes actores mundiales?
De todas formas, no hay que olvidar que las propuestas de explotación de los combustibles fósiles con sello autóctono son en muchas ocasiones tan impactantes como las foráneas, aunque comporten ciertas ventajas y beneficios mercantiles y redistributivos para sus pueblos, y es por eso por los que muchas comunidades campesinas e indígenas también cuestionan la explotación de los combustibles fósiles, pues va contra los intereses de la Pachamama.
Es decir, que en tu opinión los gigantes corporativos privados o estatales de extracción de crudo se comportan cada vez más como verdaderos “imperios del petróleo”, como han llegado a ser descritos, por el cada día mayor poder empresarial, pero también político, policial y hasta militar que despliegan.
Son imperios realmente. Su capacidad para alterar y condicionar la política de los Petroestados es manifiesta, especialmente de aquellos Estados “débiles” cuyo único monocultivo es el crudo, especialmente en las regiones petroleras de África, provocando su deriva hacia la corrupción, autoritarismo, militarismo y concentración extrema de la riqueza. El petróleo en estos casos más que una “bendición” es una verdadera desgracia. Muchos de estos “imperios del petróleo” disponen de fuerzas policiales y militares mercenarias propias, al tiempo que son protegidos por las fuerzas de seguridad de los Estados en los que operan, y ambas reprimen sin contemplaciones las protestas y resistencias a su actuación. Finalmente, en esta huída hacia adelante tras los últimos rastros del petróleo convencional, algunos de los gigantes petroleros estatales están empezando ya a sobrepasar a las transnacionales petroleras occidentales (Petrochina, Saudiaramco, NIOC –iraní-, Rofsnet –rusa-, Petronas –malaya-, Petrobras –brasileña-, etc.; algunas de ellas con parte de capital privado, pero con férreo control estatal). Petrochina es ya la segunda petrolera mundial tras Exxon, por delante de Shell, y ha llegado a superar el valor en bolsa de Exxon. Es más, se han empezado ya a dar asaltos vía mecanismos de mercado de compras de gigantes empresariales privados occidentales, por parte de los nuevos actores corporativos estatales periféricos, que han sido bloqueados por los Estados: es el caso de Unocal en EEUU ante Petrochina. Hasta hace poco, estos últimos no tenían esa capacidad de actuación y proyección, pero el fin del petróleo barato, y los abundantes ingresos que han conseguido en los últimos años algunas de las empresas estatales de petróleo, las están convirtiendo poco a poco en los nuevos depredadores globales.
¿Qué reacción están provocando las nuevas prospecciones y extracciones petrolíferas?
Las nuevas prospecciones y extracciones de crudo en distintas partes del mundo están provocando un creciente rechazo social. Afectan a muchos territorios poco “modernizados”, y en ocasiones casi vírgenes, habitados por comunidades campesinas e indígenas. Esta es principalmente la situación en América Latina: Amazonia peruana y ecuatoriana, Valle de Arauca y Magdalena Medio en Colombia, distintas zonas en Bolivia, Plan Puebla Panamá (donde resalta la resistencia zapatista), etc. Pero también cada vez más en África, donde es especialmente intensa en el Delta del Níger. En algunos casos, las resistencias a la extracción del petróleo (y gas natural), o a las condiciones en que se produce la misma, han provocado la caída de gobiernos (caso boliviano con la llamada Guerra del Gas), y han alterado sustancialmente las relaciones con las empresas petroleras que los explotan (en Venezuela, Bolivia, Ecuador y hasta en Argentina). Es más, la nueva Constitución boliviana (pendiente todavía de referéndum popular) fija un nuevo reparto de las regalías de explotación de los hidrocarburos, y establece importantes condiciones por parte de las estructuras sociales comunitarias a su explotación. Ante estas dinámicas, se están produciendo intentos de fragmentación de los Estados (Bolivia, Venezuela), para escapar a estos controles sociopolíticos que han impuesto las resistencias, por parte de las elites sociales y políticas de los territorios subestatales ricos en recursos fósiles.
En suma, el auge de las resistencias, y el nuevo marco sociopolítico que en muchos casos éstas han creado, han revertido la ola privatizadora de los noventa, y asistimos ahora a una marea de progresivo control estatal y hasta comunitario de los recursos del subsuelo. Dentro de esta deriva antineoliberal se producen reivindicaciones como las del Parque Natural Yasuní (Ecuador), en donde se plantea directamente dejar el petróleo existente bajo el subsuelo, para defender hábitats de gran valor ecológico y a sus poblaciones, así como una vía también para luchar contra el cambio climático en marcha. Esa opción se propone por el nuevo gobierno a cambio de la aportación de recursos económicos que permitan amortizar la deuda externa, y asimismo por los movimientos sociales como parte de la deuda ecológica que el Norte ha contraído con el Sur a lo largo de la historia.
Y tal vez todo este conjunto de resistencias, junto con las crecientes restricciones físicas al incremento de la oferta mundial del crudo, incluso la falta de capacidad de refino mundial, son la causa del fuerte auge del precio mundial del crudo y de los derivados del petróleo, que se viene manifestando en lo que va de siglo.
De acuerdo. La Era del Petróleo barato es ya historia, estamos entrando en el principio del fin de la era de los combustibles fósiles. El petróleo barato se ha acabado ya para siempre. A partir de ahora el precio del crudo solo podrá ir al alza, que será una de las formas por las que se regule el mercado. La otra será la guerra y el control y el acaparamiento del oro negro por parte de los poderosos.
¿De qué hablamos exactamente cuando hablamos que nos acercamos al pico de la producción mundial del petróleo?
El llamado pico mundial del petróleo parece que ya está aquí, o estamos a punto de entrar en él. Es el momento a partir del cual ya no será posible poner más crudo adicional en el mercado, por mucho que se hagan nuevas y costosas prospecciones y extracciones, pues habríamos consumido ya grosso modo la mitad de los reservas globales de petróleo. Eso es lo que sería el peak oil (o pico del petróleo), definido por el geólogo Hubbert en los ‘50 del pasado siglo, aplicado a escala planetaria. Distintos analistas (Campbell, Heinberg, Duncan, Brown, etc., etc.) y webs dedicadas a estudiar y alertar sobre esta grave cuestión, ya venían anunciando su inminencia en los últimos años, situando el pico o cenit muchos de ellos antes del 2010, o en torno a esa fecha, mientras que los organismos oficiales de los principales Estados lo desmentían, y en todo caso lo pronosticaban hasta hace poco bastante más allá en el tiempo (no antes del 2030). En realidad, los máximos hallazgos de reservas se habían dado en los años 60 del siglo XX, y desde entonces los descubrimientos han ido cayendo en picado, y sobre todo el tamaño de las reservas encontradas. Así, en la actualidad, de cada cinco barriles de crudo que consumimos cuatro (es decir, el 80%) corresponden a antiguos yacimientos y tan solo uno corresponde a los nuevos que se encuentran. En EEUU el lapso de tiempo que pasó entre el periodo en que se encontraron las mayores reservas (años 30) y su respectivo peak oil (1970) fue de unos 40 años, y ahora muy probablemente estemos en una situación similar, pero a escala mundial. Recientemente, hasta la propia Agencia Internacional de la Energía (IEA, 2007) ha venido a reconocer que al ritmo actual del crecimiento de la demanda de “petróleo” en el mundo, en el 2012 esa demanda ya no podría ser satisfecha, o quizás antes. En definitiva, nos encontraríamos en la situación de que habríamos consumido ya el primer billón de barriles de petróleo de las reservas (convencionales) que el planeta disponía, y nos quedaría por explotar el segundo billón remanente bajo las entrañas de la Tierra. Ese primer billón de barriles de crudo se ha tardado en consumir unos 130 años, pero la segunda mitad del petróleo que nos ha legado la Madre Naturaleza quizás podríamos devorarla en unos 30 años, si continúa el ritmo actual de crecimiento del consumo.
Pero, ¿qué países en concreto han llegado o pasado por su propio pico del petróleo?
La inmensa mayoría de los países exportadores ya han pasado por su propio pico del petróleo, 56 de los 65 mayores exportadores, incluso la gran mayoría de los países OPEP, muchos de los cuales tienen unas cifras de reservas infladas, como resultado como ya hemos apuntado de la negociación de cuotas de extracción en base a las mismas. De hecho, la mayoría de los grandes yacimientos mundiales están ya en fase de contracción y los países OPEP son incapaces de poner crudo adicional en el mercado para bajar el precio, pues no tienen capacidad excedente de extracción como en los 80 y 90. Ni siquiera Arabia Saudi. Esta situación de progresiva escasez no se manifiesta todavía en el Norte, o en los países centrales, por su capacidad de compra respecto al resto del mundo; es más en EEUU y en gran parte de la UE el consumo se ha incrementado algo en estos últimos años. Y es de resaltar que EEUU consume aproximadamente el doble per capita que la UE. La escasez tampoco se plasma por ahora tampoco en la mayoría de los países extractores, pero sí en los países periféricos No OPEP (salvo en China), en donde está cayendo sustancialmente desde hace años el consumo de petróleo per capita. En muchos países periféricos estamos empezando a presenciar ya los conflictos que provoca la dificultad de acceso al crudo, una vez que se había hecho dependiente del mismo a sus sociedades, y estos conflictos se están empezando a manifestar hasta en países exportadores que se ven obligados a importar a alto precio los productos refinados (colas y disturbios en Irán, p.e., siendo como decimos el segundo país del mundo por reservas de petróleo).
Nos acercamos, pues, en tu opinión al inicio del fin de la era del petróleo. ¿Qué escenarios contemplas?
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Rebelión (14-10-2008)
