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25 Octubre 2008

Andalucia_Málaga: inauguran Centro Social Ocupado "NORMAN BETHUNE"

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25 Octubre 2008

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Andalucia_Málaga:

inauguran

Centro Social Ocupado

"NORMAN BETHUNE"

Centro Social Ocupado
"NORMAN BETHUNE"
VIERNES 24/10/08

17:30 - Asamblea del CSO Norman Bethune
( c/ Torre de San Telmo, nº 4,
frente a los Baños del Karmen)
19:00 - En el local de CGT para convocar ''presonalmente''
a los colectivos que vayan a
apoyar la mani del 22N
(CGT está en C/ madre de dios, 23 ;
frente al teatro Cervantes)

SÁBADO 25/10/08

- INAUGURACIÓN
DEL CSO
"NORMAN BETHUNE"

12:00 -Ruta guiada
por Torre de San Telmo

14:00 -Comedor ecosocial FREEGANO

16:00 Presentación oficial del CSO
y sus 14 colectivos/iniciativas
18:00 -Charla sobre la okupación
por Miguel (SAT)
20:00 -Fiesta inauguración
del BAR-neario
y Shil Out 24/7

SÁBADO 01/11/08

18:30 - Asamblea contra

las macrocárceles
(importante la asistencia
de tod*s los
interesad*s, sean colectivos
o individuales).
En CSO Norman Bethune

SÁBADO 08/11/08

19:00 - Asamblea CAM

(Coordinadora Antifascista de Málaga)
en CSO Norman Bethune
___________________________________________________________________
información adicional acerca de Norman Bethune

Norman Bethune

Pasaje procedente del libro The Scalpel,
the Sword. The Story of Norman Bethune de Ted Allen
y Sydney Gordon (Toronto McClelland y Steward, 1971),
traducido al español por Ana Lizón
Centro de formación profesional Norman Bethune de Almayate

Fotografías:


Artículos publicados sobre Norman Bethune:
- La Promenade des Canadiens à Málaga
L’actualité médicale, 22 de marzo de 2006
- El inventor de la unidad móvil en la Guerra Civil
El Correo Digital, 26 de febrero de 2006
- Los 'canadienses' ya tienen su paseo junto al Peñón del Cuervo
Málaga Hoy, 16 de febrero de 2006
- La memoria regresa por la carretera de Almería
Por Cristobal Montilla - El Mundo, 7 de febrero de 2006
- España rinde homenaje al 'doctor sangre'
(PDF en español e inglés)
Por Andrés Aguayo - El País, 5 de febrero de 2006
- Norman Bethune, ese desconocido
Por Jesús Majada - Sur, 30 de abril de 2004
- El solidario Norman Bethune
El País, 26 de abril de 2004
- Homenaje a Norman Bethune
Casa de América, 23 - 24 de octubre de 1996
- El médico de los brigadistas
Por José Ramón Ariño - El País, 31 de julio de 1996

Notas de prensa:
- Inauguración del Paseo de los Canadienses

en homenaje a Norman Bethune en Málaga -
Embajada de Canadá, 2 de febrero de 2006

Más información en inglés y francés

Norman Bethune

El cirujano canadiense Norman Bethune (1890 -1939), hombre con un hondo compromiso social, tuvo una breve pero intensísima trayectoria vital. Después de participar en la Primera Guerra Mundial, ejerce la medicina en los Estados Unidos. Tras contraer tuberculosis en 1926 y verse desahuciado, logra no sólo curarse, sino protagonizar un desarrollo innovador de la cirugía torácica, llegando a inventar numerosos instrumentos quirúrgicos empleados en su cruzada contra la tuberculosis.

Pero la condición de médico de éxito no le satisface, y; tras cultivar la medicina social en Montreal y viajar a la Unión Soviética, Bethune llega al Madrid en guerra el día 3 de noviembre de 1936, a fin de poner sus conocimientos al servicio de la causa republicana. Funda el Servicio Canadiense de Transfusión de Sangre, la primera unidad móvil que se crea en el mundo, y salva numerosas vidas mientras se empapa de todo el complejo dramatismo de la contienda española. En 1937 regresará a Canadá, trabajando para recaudar fondos en apoyo de la II República.

Serán estas mismas inquietudes las que le harán dejar otra vez Canadá en 1938, esta vez con dirección a la China en guerra. Para él, España y China forman parte de la misma batalla, y así se une al 89 Ejército Popular ejerciendo una labor incansable como cirujano de campaña. Las duras condiciones del trabajo, y en especial la necesidad de operar con una gran precariedad de medios, ocasionarán su muerte prematura, derivada de una septicemia incontrolable. El propio Mao-Tse-Tung compondrá un famoso ensayo en su memoria, convirtiéndole en figura legendaria de la Revolución China.

Bernd Dietz

Norman Bethune en Málaga

El 7 de febrero de 1937 la población de Málaga, temerosa de las represalias del ejército del general Franco, huye despavorida y en masa en dirección hacia Almería, única salida posible. Sesenta mil, tal vez cien mil personas, la gran mayoría civiles inermes, son perseguidos por las columnas italianas y atacados despiadadamente por la aviación alemana y por los buques de la marina nacionalista. Es una inmensa hilera humana, que se estira de Málaga a Almería. La componen los más débiles: sobre todo ancianos, niños y mujeres. Aunque menos conocido que otros, fue el hecho más vergonzante de la Guerra Civil: más que las matanzas de Badajoz, más que el bombardeo de Guernica.

Norman Bethune se había dirigido desde Valencia a Almería con el fin de alcanzar el frente de Málaga y socorrer a los heridos. Pero no puede llegar. Se topa en la carretera con la multitud de fugitivos. Cuando comprueba la dimensión de la tragedia, decide desmontar los utensilios médicos de la ambulancia y utilizar el vehículo para llevar hasta Almería a los más necesitados, especialmente niños. Durante tres días sin descanso él y sus ayudantes Hazen Sise y Thomas Worsley hacen repetidas incursiones en la carretera para transportar a niños y ancianos. Los horrores de estos hechos (la muerte, el hambre, el cansancio, el miedo, la angustia y la desesperación de los malagueños) quedaron reflejados en el inquietante relato (El crimen de la carretera Málaga-Almería) que escribió el Dr. Bethune y en las tremendas veintiséis fotografías de su colaborador Hazen Sise.

Jesús Majada

fuente:
____________________________________________________________________________
fuente:

NORMAN BETHUNE

UN GRAN SER HUMANO

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TODO UN HEROE
¡Que personaje de la historia contemporánea, más digno!. Comprometido con su época, un médico innovador en muchos campos, su causa fue la salud de los pobres, lo mismo en su Canadá local o en Europa, en la primera gran guerra o en España, en la Guerra Civil o en la china ocupada por los japoneses, donde murió como consecuencia del ejercicio de su labor.
Sin pausa, Bethune y su equipo no cesó en socorrer a los huidos de Málaga. Durante días, heridos, moribundos por el agotamiento; la sed y el hambre, niños, mujeres y ancianos fueron socorridos por la unidad móvil de transfusión de sangre, que creó en España, salvó muchas vidas. A la vez, que dejó un testimonio gráfico, de incalculable valor histórico.

BIOGRAFIA

Henry Norman Bethune Cirujano canadiense nacido en Gravenhurst (Ontario, Canadá, 1890), especializado en el tratamiento de la tuberculosis, creador de una terapia novedosa para dicha enfermedad, llegó a ser un célebre especialista en su tratamiento. Siendo pionero en la neuro-psico-immunología. Desarrollo técnicas innovadoras en la cirugía como un nuevo instrumental quirúrgico o las técnicas para el trasporte de sangre para su posterior transfusión, escribió un tratado que se convirtió en referencia esencial de cualquier cirujano. Bethune propuso al gobierno de Canadá la implantación de una Seguridad Social que alcanzara en la q tuviesen cabida todas las capas sociales. Creó una clínica de atención gratuita para necesitados y fundó una escuela de arte para niños pobres. En Europa intervino en el Servicio de Ambulancias de Cuerpo Expedicionario Canadiense en la Primera Guerra Mundial desde 1.915.
En 1936 deja su puesto de jefe de sevicio del Hospital Sacré-Coeur de Montreal y se traslada a España como médico voluntario de las Brigadas Internacionales para colaborar con el Socorro Rojo Internacional. En el frente de Madrid organizó el servicio de transfusión de sangre del ejercito republicano. Ante la negativa de los servicios médicos de la República a su propuesta, ya que la veían "utópica e impracticable". La primera vez en el mundo que se crea una unidad móvil de transfusión de sangre. Bethune decidió encargarse él solo de la organización y financiación del proyecto. Instaló un frigorífico, un esterilizador y diverso material médico en una camioneta Ford. Ejerciendo su labor en Madrid, Valencia y Barcelona. En febrero de 1937 ayudó a la población civil de Málaga que huía en masa de la ciudad. En junio de 1937 regresó a Canadá y Estados Unidos. Realizó una gira en la que, a través de conferencias y de la proyección del documental Corazón de España, dio a conocer el trabajo realizado por el Servicio Canadiense de Transfusión de Sangre en nuestro país.
En julio del año mil novecientos treinta y siete regresa a Canadá y Estados Unidos donde realiza una gira explicando sus vivencias en España. En 1938 se traslada a China para ayudar como médico a las tropas de Mao Zedong en la lucha contra la invasión japonesa. Muere el 12 de Noviembre de 1939 en China de septicemia a causa de una herida infectada, que sufrió realizando una operación. En China es venerado como uno de los grandes heroes nacionales.


"...España es una herida en mi corazón. Una herida que nunca cicatrizara. El dolor permanecerá conmigo, recordándome siempre las cosas que he visto..."
Norman Bethune

MEMORIAS
"La Desbandá"
"...caminaban de noche agrupados en un sólido torrente, hombres, mujeres, niños, mulos, burros, cabras, gritando los nombres de sus familiares desaparecidos, perdidos entre la multitud."
"La evacuación masiva de la población civil de Málaga comenzó el domingo día 7. Un contingente de 25.000 tropas alemanas, italianas y moras entraron en la ciudad el lunes día 8 por la mañana; tanques, submarinos, barcos de guerra, aviones, todos a la vez, para aplastar a las defensas de la ciudad mantenidas por un pequeño y heroico grupo de tropas españolas sin experiencia militar, tanques, ni aviones que los defendieran.
Los así llamados "nacionalistas" entraron en lo que prácticamente era una ciudad desierta, del mismo modo que habían hecho en cada pueblo y ciudad asediada en España.
Así que imagínense a 150.000 hombres, mujeres y niños disponiéndose a marcharse en búsqueda de seguridad hacia una ciudad situada o más de 100 millas a pie. Hay una única carretera que pueden tomar. No hay ninguna otra manera de escapar. Esta carretera, limítrofe por un lado, con las altas montañas de Sierra Nevada, y por el otro, con el mar está construida sobre la ladera de unos acantilados y sube y baja a más de 500 pies por encima del nivel del mar. La ciudad que deben alcanzar es Almería, y está a más de doscientos kilómetros más allá. Un joven fuerte y sano puede caminar a pie unos 40 o 50 kilómetros diarios. El viaje a que estas mujeres, ancianos y niños debían enfrentarse les llevará a 5 días y 5 noches de camino, al menos. No encontrarán alimentos en los pueblos, ni trenes, ni autobuses para transportarlos. Ellos debían caminar y a medida que iban andando se tambaleaban y tropezaban con los pies llenos de rajas y de heridas de ir por el pedernal y el ardiente asfalto de la carretera, los fascistas los bombardeaban desde el aire y les disparaban desde los barcos de guerra.
Ahora lo que quiero contarles es lo que yo mismo vi de esta penosa marcha, la más grande y terrible evacuación de una ciudad en los tiempos actuales. Llegamos a Almería a las cinco del día 10 con un camión refrigerado, cargado de sangre almacenada desde Barcelona. Nuestra intención era continuar hacia Málaga para poner transfusiones de sangre a los heridos. En Almería, oímos por vez primera que Málaga había caído y fuimos advertidos de no ir más lejos ya que nadie sabía ahora donde estaba la línea del frente enemigo, pero todos estaban seguros de que la ciudad de Motril había caído también.
Pensamos que era importante continuar y descubrir corno se desarrollaba la evacuación de los heridos. Salimos por la tarde a las seis por la carretera de Málaga y a unas cuantas millas más allá nos encontramos con la cabeza de la lamentable procesión. Aquí estaban los más fuertes con todas sus pertenencias sobre los burros, las mulas y los caballos. Los pasamos, y cuanto más lejos íbamos, aún más penosa a la vista, se hacían los espectáculos.
Miles de niños, contamos unos cinco mil de menos de diez años, y al menos, mil de ellos iban descalzos y, muchos de ellos cubiertos con una sola prenda. Estos iban recolgados de los hombros de sus madres o agarradas a sus manos. Aquí habla un padre que iba tambaleándose con dos niños, uno de un año y otro de dos años, sobre sus espaldas, además de estar cargando cazos y sartenes, junto con alguna valorada pertenencia. El incesante torrente de gente llegó a ser tan denso, que apenas podían os forzar el coche entre medio. A ochenta y ocho kilómetros de Almería nos suplicaron que no fuésemos más lejos, ya que los fascistas estaban justo detrás.
Por entonces habíamos pasado al lado de tantas mujeres y niños afligidos que pensamos que lo mejor era volver y comenzar a poner a salvo los peores casos. Era difícil elegir cuales llevarse, nuestro coche era asediado por una multitud de madres frenéticas y padres que con los brazos extendidos sujetaban hacia nosotros sus hijos, tenían los ojos y la cara hinchada y congestionada tras cuatro días bajo el sol y el polvo.
"Llévense a este; "miren este niño; "este está herido". Los niños envueltos de brazos y piernas con harapos ensangrentados, sin zapatos, con los pies hinchados aumentados de dos veces su tamaño, lloraban desconsoladamente de dolor, hambre y agotamiento. Doscientos kilómetros de miseria. Imagínese, cuatro días y cuatro noches, escondiendo de día entre las colinas ya que los bárbaros fascistas los perseguían con aviones, caminaban de noche agrupadas en un sólido torrente, hombres, mujeres, niños, mulos, burros, cabras gritando los nombres de sus familiares desaparecidos, perdidos entre la multitud.
"Llevábamos a treinta o cuarenta personas en cada viaje..."
¿Cómo podíamos elegir entre llevarnos a un niño muriéndoos de disentería o entre una madre que nos contemplaba silenciosamente con los ojos hundidos llevando contra su pecho a un niño nacido en la carretera hacía dos días?. Ella había parado de caminar durante diez horas solamente. Aquí había una mujer de sesenta años incapaz de seguir arrastrándose para dar un paso más, sus gigantescas piernas hinchadas con úlceras y varices sangrando dentro de sus rotas sandalias de trapo. Muchas ancianas abandonaban simplemente esta lucha, se tendían a los lados de la carretera y esperaban la muerte.
Decidimos vaciar la ambulancia de todo su valioso contenido para crear espacio libre, y llevarnos primero a los niños y a las madres, pero luego la separación entre padre e hijo, marido y mujer se hizo demasiado cruel para poder soportarla. Acabamos por llevarnos a las familias con mayor número de hijos pequeños, y a los niños solitarios de los que había centenares, sin padres. Llevábamos a treinta o cuarenta personas en cada viaje durante tres días sucesivos a Almería, al Hospital del Socorro Rojo internacional, donde recibían cuidados médicos, comida y ropa.

La inagotable devoción de Hazen Sise y de Thomas Worsley, conductor del camión, salvó muchas vidas. Se alternaban para conducir día y noche, ida y vuelta, durmiendo en medio de la carretera entre viaje y viaje, sin comida, excepto pan seco y naranjas.
Y ahora viene la barbarie final. No contentos con bombardear y ametrallar a esta procesión de campesinos indefensos, a lo largo de esta larga carretera, en la tarde del día 12 cuando el pequeño puerto de Almería estaba repleto de refugiados, habiendo aumentado en población el doble, cuando unas cuarenta mil personas exhaustas alcanzaron un puerto de lo que ellos pensaban que era seguridad, fuimos masivamente bombardeados por aviones fascistas alemanes e italianos.
La sirena dio la alarma 30 segundos antes de que cayera la primera bomba. Estos aviones no hacían esfuerzo alguno por alcanzar los barcos de guerra del Gobierno que estaban en el puerto, ni por bombardear las barricadas. Estos lanzaron deliberadamente diez grandes bombas en el centro mismo de la ciudad, donde en la calle principal, dormían apiñados sobre la calzada, de tal forma que apenas si podía pasar algún coche, los exhaustos refugiados. Después de que hubiesen pasado los aviones recogí en mis brazos a tres niños muertos de la calzada, justo enfrente del Comité Provincial para la Evacuación de refugiados donde hablan estado esperando en una larga cola a que les dieran una taza de leche y un puñado de flan seco, era el único alimento que algunos tornaban durante días.
La calle parecía una verdadera carnicería, llena de muertos y de moribundos, alumbrada solamente por el resplandor anaranjado de los edificios en llamas. En la oscuridad, los lamentos de los niños heridos, los chillidos de las madres agonizantes, las maldiciones de los hombres, iban elevándose en un solo grito masivo, alcanzando un tono de intolerable intensidad. Uno mismo sentía su cuerpo tan pesado como el de los muertos, pero, vacío y hueco, y uno sentía su cerebro arder con una intensa luz de odio. Aquella noche fueron asesinadas cincuenta personas de entre la población civil y, unas 50 personas mas fueron heridas. Hubo dos soldados muertos.

A hora bien, ¿cuál era el crimen que esta indefensa población civil había cometido para ser asesinados de este modo tan sangriento? Su único crimen era que habían votado para elegir un Gobierno de personas encargadas de la más moderada mitigación de la abrumadora carga de siglos de codicia capitalista.
La cuestión había sido ya abordada, ¿por qué no se habían quedado en Málaga esperando la entrada de los fascistas? Sabían lo que les pasaría. Sabían lo que iba a ocurrirles a sus hombres y mujeres, lo mismo que les había pasado a tantos otros en las demás ciudades apresadas. Todo varón entre 15 y 60 años que no pudiera demostrar que no había sido forzado a ayudar al Gobierno, sería inmediatamente fusilado. Y es el conocimiento de todos estos hechos lo que concentró a dos tercios de toda la población española en una cuarta del país y lo que aún sostuvo la República.

El solidario Norman Bethune.

Una exposición fotográfica en Málaga muestra el trabajo del brillante cirujano canadiense y su gran labor en la Guerra Civil
EL PAIS | Cultura - 26 abril 2004

Norman Bethune (1890-1939) fue un brillante cirujano canadiense especializado en el tratamiento de la tuberculosis, y autor de un importante tratado profesional, que en 1936 decidió abandonar su puesto de jefe de servicio del Hospital Sacré-Coeur de Montreal para trasladarse a España como médico voluntario de las Brigadas Internacionales.
Propuso a los servicios médicos de la República la creación de una unidad móvil de transfusión de sangre, algo insólito en aquellos tiempos hasta el punto de que su idea fue calificada de utópica e impracticable. Bethune decidió encargarse él solo de la organización y financiación del proyecto para lo que instaló un frigorífico, un esterilizador y diverso material médico en una camioneta. En febrero de 1937 llegó con su ambulancia a Málaga, bombardeada por las tropas y aviación fascistas, para ayudar a la población civil de la ciudad que huía en masa en dirección a Almería.
La exposición Norman Bethune. El crimen de la carretera de Málaga-Almería (febrero de 1937), inaugurada el pasado jueves en la sala Alameda de la Diputación de Málaga y organizada por el Centro Andaluz de la Fotografía, reúne 56 imágenes en blanco y negro en las que se recogen la actividad social y profesional del cirujano canadiense, un personaje extraordinario por algo tan sencillo e infrecuente como es el conseguir aunar consecuentemente lo que se piensa y lo que se hace.
El propio Norman Bethune, en sus memorias de la Guerra Civil española, describe la terrible situación.
"Imagínense a 150.000 hombres, mujeres y niños disponiéndose a marcharse en búsqueda de seguridad hacia una ciudad situada o más de 100 millas a pie. Hay una única carretera que pueden tomar. No hay ninguna otra manera de escapar. Esta carretera, limítrofe por un lado con las altas montañas de Sierra Nevada y por el otro con el mar, está construida sobre la ladera de unos acantilados y sube y baja a más de 500 pies por encima del nivel del mar. La ciudad que deben alcanzar es Almería, y está a más de 200 kilómetros más allá. Un joven fuerte y sano puede caminar a pie unos 40 o 50 kilómetros diarios. El viaje a que estas mujeres, ancianos y niños debían enfrentarse les llevará a cinco días y cinco noches de camino, al menos. No encontrarán alimentos en los pueblos, ni trenes, ni autobuses para transportarlos. Ellos debían caminar, y a medida que iban andando se tambaleaban y tropezaban, con los pies llenos de rajas y de heridas de ir por el pedernal y el ardiente asfalto de la carretera; los fascistas los bombardeaban desde el aire y les disparaban desde los barcos de guerra" [...].
"Por entonces habíamos pasado al lado de tantas mujeres y niños afligidos que pensamos que lo mejor era volver y comenzar a poner a salvo los peores casos. Era difícil elegir cuáles llevarse, nuestro coche era asediado por una multitud de madres frenéticas y padres que con los brazos extendidos sujetaban hacia nosotros sus hijos, tenían los ojos y la cara hinchada y congestionada tras cuatro días bajo el sol y el polvo".
"Llévense a éste'; 'miren este niño'; 'éste está herido'. Los niños envueltos de brazos y piernas con harapos ensangrentados, sin zapatos, con los pies hinchados aumentados dos veces su tamaño, lloraban desconsoladamente de dolor, hambre y agotamiento. Doscientos kilómetros de miseria. Imagínense cuatro días y cuatro noches escondiéndose de día entre las colinas, ya que los bárbaros fascistas los perseguían con aviones; caminaban de noche agrupados en un sólido torrente hombres, mujeres, niños, mulos, burros, cabras, gritando los nombres de sus familiares desaparecidos, perdidos entre la multitud".
Jesús Majada Neila, coordinador de la exposición y del libro-catálogo de la misma, aporta sus consideraciones sobre el protagonista de la muestra: "Hay personajes que subyugan por encima de ideologías, confesiones o pronunciamientos políticos. Son esos personajes altruistas, solidarios, desinteresados y generosos que dedican su vida a una idea. Son esos personajes en los que la idea que les marca el camino les lleva siempre a ayudar a los demás. Son esos personajes a los que los jóvenes deseosos de cambiar el mundo miran como punto de referencia. Entre estos personajes se encuentra Norman Bethune. Dedicó su vida a atender a los más desfavorecidos, primero en Canadá, su país; luego en España, y finalmente en China, donde murió".
Efectivamente, su generosa solidaridad le llevó en 1938 a China para ayudar como médico a las tropas de Mao Zedong en su lucha contra la invasión de los japoneses. Al poco de llegar le encomendaron la jefatura de los servicios médicos del Ejército Rojo. La falta de equipamiento y suministros con que desarrollar su actividad era su principal problema. La ausencia de guantes de goma para operar tuvo consecuencias funestas. A finales de octubre de 1939 se cortó un dedo durante una operación de urgencia. Su condición física era ya delicada, y la herida se infectó. Enseguida la infección se propagó por todo el cuerpo. Murió el 12 de noviembre de 1939.
Aunque quizás no sea políticamente correcto citar a quien fue considerado "El Gran Guía", lo cierto es que sobre Bethune escribió el propio Mao Zedong el 21 de diciembre de 1939: "Todos debemos aprender de su desinterés absoluto. Quien posea este espíritu puede ser muy útil al pueblo. La capacidad de un hombre puede ser grande o pequeña, pero basta con que tenga este espíritu para que sea hombre de elevados sentimientos, hombre íntegro y virtuoso, hombre exento de intereses triviales, hombre de provecho para el pueblo". (Mao Zedong, 21 de diciembre de 1939).
La exposición que se muestra en Málaga hasta el 22 de mayo es, en definitiva, un justo homenaje a quien decidió abandonar su confortable situación profesional para dedicar sus esfuerzos, tiempo y dinero a quienes más lo necesitaban.

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