MEX_La Otra Chilanga: EZLN, 25 años.
LA OTRA CHILANGA ::::::::::::::::::::::::::::: |
Ciento doce años Alejandro Martínez Lira
Ciento doce años. Cincuenta y dos años de reclusión para dos narcos dice el diario, éstos, hallados culpables de delincuencia organizada, secuestro, delitos contra la salud y portación ilegal de arma de fuego. Cincuenta y dos años consideró el Juzgado tercero de Distrito en Materia Penal, allá, en Toluca, que era lo necesario para estos crímenes. En Veracruz, mientras tanto, otro fue condenado a quince años, otro a diez y otro a cinco. Ciento doce años, por otro lado, el “Estado de Derecho”, la “Ley” consideró necesario sentenciar a un hombre por el crimen de pensar que:
¡Los males de un pueblo no pueden curarse con palabras, ni con buenas intenciones, nos reclaman sacrificios! ¡Dejé de creer que, a los golpes, se deba responder con una bendición! Creo que responder es inevitable; la humillación y el dolor nos lo enseñaron, dejando tras de sí su cortejo de atrocidades e infamias.
Ciento doce años para el autor de estas palabras. Sesenta y siete no fueron suficientes. La Procuraduría General de “Justicia” del Estado de México (PGJEM), como quedó registrado en El Sol de México, con fecha del 7 de mayo de 2007, no se sintió satisfecha con los sesenta y siete años; sesenta y siete años no era suficiente encierro para quien responde a las humillaciones, a los golpes, al dolor, a la infamia provocada por los diversos instrumentos e instancias del Estado. Sesenta y siete años no fueron suficientes. De ahí que Alberto Cervantes sentenció cuarenta y cinco años más de prisión. Vaya que ha quedado claro quienes son los criminales más peligrosos: cincuenta y dos años para quienes han sido hallados culpables de delincuencia organizada, secuestro, delitos contra la salud y portación ilegal de arma de fuego, y ciento doce años a quien ha decidido amar a su tierra, a su gente:
Aquí nos damos cuenta que vivimos un periodo de la historia de nuestro país en el que el destino personal no cuenta, por que el destino de todo un Pueblo está en juego!. ¡La libertad no es privilegio de quienes aprisionan nuestras carnes! ¡Es el milagro de quienes anidan y paren en sus corazones amor por los demás!
Se penaliza con más odio, con más miedo a quien ha decidido amar una causa justa. Ahí está, Ignacio del Valle, Nacho, con ciento doce años de cárcel. Ahora leo y releo aquella carta escrita por él, titulada “Para los guardianes de los sueños”. Lo imagino escribiéndola, en una tarde invernal, una tarde infernal. Tarde fría de cárcel, tarde que se desfigura, tarde de Penal de Máxima Seguridad del Altiplano, tarde injusta, avara de luz entre las celdas, entre su celda. Lo veo escribir con su ánimo indoblegable, pues, al igual que él, algunos otros también sabemos:
Que un nuevo amanecer nos llama más allá del ayer, más allá del hoy, más allá de la misma muerte. |
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Y las mujeres se juntan,
rebozos, brazos y codos, y por más que les preguntan: "No lo sabemos, ni modos; si es que zapatistas buscan, zapatistas somos todos". Lalo "El Guajolote".
Los tiempos actuales parecen advertirnos que estamos en un momento propicio para mirar al allí de donde venimos y retomar el paso rumbo al allá donde vamos. La derecha, en la presidencia que usurpa, hace lo propio; así, podemos ver a su gerente en Los Pinos nombrando a un hombre de cepa panista, defensor de saqueadores de distinta, pero parecida, ralea para sustituir al nuevo niño héroe de la patria por decreto. Por su parte, la izquierda, o eso que dice serlo, en la presidencia que chotea, no se queda atrás y nos enteramos de firmas "de buena fe" para retrotraer las leyes a tiempos en que las nociones de izquierda y derecha políticas ni siquiera existían; propio de quien nombra a ex priístas y ex panistas con un largo historial burlándose del mismo pueblo, mal administrando los mismos energéticos y lesionando la misma soberanía nacional que dicen querer defender.
De esta suerte, apreciables e improbables lectoras y lectores, hago una también mi práctica genealógica para traer a colación que el próximo lunes, 17 de noviembre, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional y el puñado de loquitas y loquitos que aún seguimos mirando hacia el horizonte que dibuja la praxis zapatista, celebraremos las bodas nuestras de plata con la dignidad, la rabia, la rebeldía... –¿Nuestras, kimosabi?– interrumpiría Don Durito, si por una remotísima casualidad estuviera leyendo estas ideas sueltas que no encuentran como irse articulando… pues, sí: nuestras. No porque hubiésemos participado en la instalación de "La Pesadilla", el primer campamento zapatista; ni, mucho menos, porque hubiéramos formado parte de aquella primera célula donde militaban apenas, a penas, cinco hombres y una mujer. Pero, de alguna manera, así como en el teatro algunos llegamos a sentirnos herederos de una historia que se teje en una doble trenza entre el cuerpo y la palabra, lo que llaman oriental y lo que nombran occidental, lo popular y lo reservado para la élite, en la política (una política que quiere ser una muy otra) cada cual tiene una su herencia donde se reconoce. La nuestra, sin duda, pasa por eso que Carlos Antonio Aguirre Rojas clasifica como neozapatismo. Para nosotros, y por nosotros me refiero esta vez sólo a mí y mi otro yo, el neozapatismo no es ya sólo las Juntas de Buen Gobierno de los Municipios Autónomos en Rebeldía Zapatistas ni el EZLN, así como el EZLN no es nada más su Comité Clandestino Revolucionario Indígena ni el Subcomandante Insurgente Marcos… como dijera Lalo "El Guajolote": zapatistas somos todos. Claro, zapatistas los hay, las hay, de muchos cada quien su modo: quienes han hecho del zapatismo su forma de vida porque son bases de apoyo, milicianos o insurgentes, o quienes en el andar viejos senderos nuevos se sumaron al caminar zapatista sin experimentar, todavía, un deseo incontenible de salir huyendo. Así, el neozapatismo no es ya, insisto, únicamente el valioso proceso autonómico que están construyendo las comunidades y pueblos zapatistas, y que algunos opinadores, más o menos prolijos, reducen a una mera discusión sobre derecho consuetudinario o usos y costumbres. El zapatismo tiene ahora sus espacios y tiempos de repercusión en resistencias que "abajo y a la izquierda" están dándose a la tarea de encontrarse, mirarse, escucharse y tomar acuerdo para echarse a andar, manque los perros ladren. Sus porqués están más o menos esbozados en todas y cada una de las declaraciones políticas apellidadas "De la Selva Lacandona", por decir lo menos; sus cuándos estaban previstos para fechas como aquestas en que la política se vuelve, más que un circo, un esperpento; sus cómos son lo que nadie sabe bien a bien qué rostro tienen, porque llevan paliacate o pasamontañas y aún no ha sonado la hora de desprendérselos. En las próximas entregas, a manera de breve itinerario, iremos platicando de éste caminar que a últimas fechas se ha vuelto polémico para unos, aburrido para otros, contradictorio para los más, enriquecedor para las y los menos. Por ahora dejo hasta aquí estos apuntes que no llevan a nada, cual si de una invitación se tratara, para que le caigan al Festival Contra el Capitalismo y por la Humanidad que se llevará al cabo entre el medio día y la media noche del próximo 15 de noviembre en el Auditorio Comunal Nochtincalli/Casa de Todos, en Ocotepec, Morelos. Dejo en prenda, también, mi palabra empeñada, de que en la página electrónica de La Jornada Morelos daré próxima respuesta a las reflexiones y cuestionamientos que nos hace nuestro buen amigo Pável González, a quien por supuesto que recordamos. Sólo hemos conocido en la vida a dos Pável González; uno de ellos fue asesinado bajo las narices de un gobierno de izquierdas que prefirío guardar silencio ante el crimen para que, como dijera doña Rosario Castellanos, prosiguiera el banquete; el otro, a Dios gracias, sigue dando lata y dejándonos tarea. |

