Chile: Que no se vaya de nuestra memoria Sebastián Acevedo
enviado por: 119memoria119@gmail.com
Chile
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Noviembre 2008 |
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Que no se vaya de nuestra memoria Sebastián Acevedo por Manuel Ahumada Lillo Los buscó el hombre con desesperación durante dos días pero nadie le dio una respuesta, solo sabía que esos civiles no identificados que detenían a discreción, que entraban a las casas destruyendo todo a cualquiera hora del día o de la noche, que actuaban igual que las SS alemanas, eran miembros de la siniestra CNI y que cualquiera que caía en sus manos era sometido a crueles torturas y corría el riesgo cierto de pasar a engrosar las listas de detenidos desaparecidos o ejecutados políticos. Sebastián buscaba y buscaba sin resultado, y a ratos constante, y luego a intervalos, podía sentir en su cuerpo cada golpe que recibían sus críos. Pasaron todas las horas del 10 de Noviembre y se fueron agarrotando sus miembros y la cabeza parece que le iba estallar, sin embargo se mantenía en pie buscando, sin encontrar a sus hijos, que en poder de los chacales también habían de estar desfallecientes. El 11 de noviembre se fue acercando lentamente, tambaleando a veces producto de la falta de sueño, hacia el centro de la ciudad de Concepción, esperando encontrarse a cada vuelta de esquina con el cuartel secreto de la CNI. Ya había resuelto que patearía con furia la negra puerta de latón. - Mis hijos, mis hijos, deben aparecer mis hijos con vida, no importa lo que a mi pueda sucederme, pero a mis hijos les queda toda una vida por delante. Susurra, grita, llora. El fuerte viento se lleva las nubes blancas de noviembre y en espaciados períodos de tiempo deja ver el cielo azul, ese cielo azul que miran por última vez los ojos de Sebastián Acevedo, mientras sus ropas se van empapando del fuego que luego se hará llamas que cubrirán su cuerpo. La antorcha humana de la dignidad, el fuego sagrado encendido en defensa de los derechos humanos se va apagando lentamente y llegan aún los quejidos de Sebastián Acevedo Becerra a los oídos de todos quienes lo rodean atónitos, consternados, incapaces quizás de entender ese sublime acto de amor humano y fraterno. En las puertas de la iglesia donde se fue haciendo polvo y aceite Sebastián Acevedo, el padre que entregó la vida a cambio de la de sus hijos, hasta el día de hoy se mantiene el sello indeleble que dejara este hombre a las generaciones futuras. Por eso hoy, en que por vigésima quinta vez nos tocamos con ese 11 de Noviembre, pienso que debemos trabajar muy duro para que Sebastián Acevedo no se nos vaya de la memoria, por que ahí será cuando morirá definitivamente y eso no podemos permitirlo. (*) Presidente de la CGT MOSICAM.
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11 de Noviembre
A 25 años de la inmolación de
Sebastián Acevedo
" Sólo veo al inmolado de Concepción que hizo humo
de su carne y ardió por Chile entero en las gradas
de la catedral frente a la tropa sin
pestañear, sin llorar, encendido y
estallado por un grisú que no es de este Mundo: sólo
veo al inmolado.
Sólo veo ahí llamear a Acevedo
por nosotros con decisión de varón, estricto
y justiciero, pino y
adobe, alumbrando el vuelo
de los desaparecidos a todo lo
aullante de la costa: sólo veo al inmolado.
Sólo veo la bandera alba de su camisa
arder hasta enrojecer las cuatro puntas
de la plaza, sólo a los tilos por
su ánima veo llorar un
nitrógeno áspero pidiendo a gritos al
cielo el rehallazgo de un toqui
que nos saque de esto: sólo veo al inmolado.
Sólo al Bío-Bío hondo, padre de las aguas, veo velar
al muerto: curandero
de nuestras heridas desde Arauco
a hoy, casi inmóvil en
su letargo ronco y
sagrado como el rehue* acarrear
las mutaciones del remolino
de arena y sangre con cadáveres al
fondo, vaticinar
la resurrección: sólo veo al inmolado.
Sólo la mancha veo del amor que
nadie nunca podrá arrancar del cemento, lávenla o
no con aguarrás o sosa
cáustica, escobíllenla
con puntas de acero, líjenla
con uñas y balas, despúntela, desmiéntanla
por todas las pantallas de
la mentira de norte a sur: sólo veo al inmolado. "
Gonzalo Rojas
Sebastián Acevedo De El alumbrado, 1986.
11 de noviembre de 1983 - Concepción
Hoy 11 de noviembre se cumplen veinticinco años de la muerte de Sebastián Acevedo Becerra, un modesto trabajador de la construcción de la ciudad de Coronel al sur de Chile que, desesperado ante la detención ilegal e inminente tortura de sus hijos María Candelaria y Galo Fernando, por parte de los aparatos represivos de Pinochet, y en señal de protesta ante la negativa de la Dictadura de informar sobre el paradero de ambos jóvenes, se quemó a lo bonzo frente a la Catedral de Concepción, clamando a viva voz porque la CNI (Central Nacional de Informaciones) se los devolviera intactos.
El martirio de este sencillo hijo de un minero del carbón no sólo salvó la vida de María Candelaria y Galo Fernando, sino que sembró una semilla que pocos meses más tarde brotó para transformarse en la que quizás haya sido la más impactante y certera bofetada moral en las mejillas de los torturadores y sus cómplices: el Movimiento Contra la Tortura Sebastián Acevedo, encabezado por el sacerdote jesuita José Aldunate, que realizó audaces y llamativas protestas y denuncias en las puertas mismas de los infiernos diseñados por Pinochet, Sergio Fernández, Sergio O nofre Jarpa, Cristián Labbé, Francisco Javier Cuadra y tantos otros, muchos de los cuales miran hoy, impunes al puerto de Valparaíso desde las oficinas del Congreso.

