Mentira y medios sobre la masacre al pueblo palestino

Mentira y medios sobre la masacre al pueblo palestino
Dabid Lazkanoiturburu _ 3 de enero de 2009
fuente: web Gara
. Salpicados por los ríos de sangre palestina que bajan de Gaza, nos
hemos puesto todos de acuerdo en que los conflictos nacionales, más
incluso cuando tienen expresiones violentas, responden a situaciones
complejas y poliédricas (muchas caras). Todo un paso hacia adelante.
Sentado este axioma, lo que no es de recibo es tratar de enrevesar
aún más la complejidad analítica de la cuestión israelí -o
palestina, si se quiere-, repitiendo una y otra vez mentiras para
tratar de convertirlas en verdad o intentando vender como realidades
tesis que tienen su origen en el desconocimiento, por no decir en la
mala fe.
Ruptura de la tregua: No es cierto que Hamas rompiera la tregua
alcanzada seis meses antes y que expiraba el 19 de diciembre. La
tregua ya estaba rota. Israel no cumplió en ningún momento, y ha
alardeado incluso de ello, su compromiso de levantar el bloqueo
sobre Gaza. Si a ello sumamos las incursiones y ataques selectivos
que ha llevado a cabo todos estos meses -una veintena de muertos en
las últimas semanas del año- tenemos una radiografía de la
situación, que se completa, ciertamente, con el lanzamiento de
cohetes artesanales por parte palestina.
Hamas no quiere negociar con Israel: Igualmente falso. Los
movimientos islamistas del tipo de Hamas -que tienen su origen en
los Hermanos Musulmanes egipcios- son bastante más pragmáticos de lo
que se vende en los últimos años por estos lares en plena campaña
antimusulmana.
Hamas siempre ha mostrado su disposición a negociar con Israel, pero
insiste en que, en todo caso, el reconocimiento del estado de Israel
no debe ser una condición previa sino el resultado, hipotético, de
unas negociaciones serias.
La victoria de los extremos: El rotundo triunfo de Hamas en las
últimas elecciones legislativas libres -con todas las comillas que
se pueden poner en una situación de ocupación- obedeció más a la
corrupción del movimiento al-Fatah que a otras consideraciones. Sin
duda alguna, la implicación de al-Fatah en procesos truncados como
los de Oslo y posteriores le hizo perder apoyos, pero lo decisivo
fue la desastrosa gestión de las migajas que Israel ofreció a Arafat
(la Autoridad Palestina).
El «progresismo» israelí: Es indudable que la sociedad israelí vive
un proceso de escoramiento hacia posiciones extremas que se explica
en parte por el cambio demográfico de los últimos decenios (llegada
masiva de judíos del este europeo...). De ahí a sostener que la
pérdida de peso del laborismo israelí es un obstáculo a una paz
duradera va un abismo que sólo se puede rellenar con apriorismos
falsos.
El laborismo israelí es por naturaleza sionista, como lo es el
estado israelí. Que formaciones pacifistas como Meretz hayan
defendido públicamente el actual ataque israelí a Gaza se explica,
en parte, por puro tactismo electoral -hay que robar votos a un
laborismo a la deriva- y, en otra parte, por la deriva
esquizofrénica de la sociedad israelí.
El fundamentalismo palestino: Palestina es mayoritariamente
musulmana. El islamismo no es una construcción israelí. Guerrillas
palestinas que tenían como base el islamismo político lucharon
contra Israel antes y después de su constitución como estado. Hamas
no es más violenta de lo que lo fueron, o son, las organizaciones
armadas que, erróneamente, se consideran desde aquí como laicas. No
es la sociedad palestina la que se ha escorado hacia posiciones
extremas. Es la facción en el poder de al-Fatah -ni mucho menos toda
la organización- la que ha plegado la bandera de los intereses
nacionales palestinos.
Poner el acento en el fundamentalismo palestino sirve para ocultar
el verdadero fundamentalismo étnico-religioso imperante en la zona.
El de Israel, estado basado en una concepción teocrática y
excluyente: «La patria de los judíos».
La culpa es de Hamas: Sostener que la culpa de lo que está pasando
en Gaza es de Hamas movería a risa si no estuviéramos ante un drama.
Hamas venció en las legislativas de 2006 y respondió a un intento de
golpe de estado de al-Fatah -lo reconoce hasta la CIA- expulsando a
sus dirigentes. Estos últimos iniciaron una caza del islamista en su
reducto de Cisjordania.
Lo de que Hamas utiliza a civiles como escudos humanos en un
territorio hacinado como Gaza es pura desverguenza. ¿Estaría
dispuesto quien eso afirma a defender ese axioma para el caso
contrario? ¿Para los escasos civiles israelíes muertos bajo los
cohetes artesanales palestinos?
El recurso a la lucha armada: Sostener que el recurso a la lucha
armada no trae más que sufrimiento a la población palestina es una
simple tautología. Otros pueden sostener lo contrario. Que la lucha
palestina ha impedido su sometimiento y definitiva aniquilación, o
puede incluso poner ejemplos de lo contrario sin salirse de aquel
área geográfica. Está el caso de Hizbulah y de la retirada israelí
de Líbano y de su reciente derrota en la última ofensiva de 2007.
La fuerza de la razón: Un pueblo es expulsado de su territorio a la
fuerza por una decisión de las grandes potencias, que se libraban de
un lado de su sentimiento de culpa por el holocausto nazi y se
olvidaban del problema judío -mejor dicho, del problema del
antijudaísmo en Europa y EEUU.
De paso, Occidente ponía una pica en Flandes en medio del mundo
árabe o musulmán.
Un pueblo que lleva 60 años intentando resistir por todos los
cauces, más o menos acertados.
Una cosa es reconocer lo complejo y poliédrico de las situaciones.
Otra, tratar de hacernos trampas en el solitario. Sobre todo, porque
esto último nos aleja de una posible solución.
