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La Coctelera

Red Latina sin fronteras

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19 Febrero 2009

ENTREVISTA al MIR de CHILE (2)

Segunda parte

http://www.chile-mir.org

(1ra parte en mensaje anterior)

7. En el comunicado difundido por los 43 años del MIR, señalan que Chile se vive un periodo de "estabilización de la lucha de clases". ¿Creen que la crisis económica conllevará una crisis de legitimidad política?

La legitimidad del agente político hegemónico viene siendo cuestionada con fuerza desde fines de los noventa, debido a la polarización provocada por el régimen neoliberal y por publicitados casos de corrupción estatal.

En un primer momento de desconcierto, sectores de la pequeña burguesía y populares han visto en la derecha una alternativa a los gobiernos de la Concertación, sin embargo, la derecha sigue siendo asociada al gobierno militar y al empresariado en el imaginario popular, lo que otorga una ventaja relativa a la Concertación, porque muchos descontentos igual terminan votando por ella de acuerdo a la tesis del mal menor.

El gobierno de Bachelet fue un intento de recrear la vinculación popular con la Concertación a través de una líder carismática, cercana, que se supone tendría en mente las necesidades de su pueblo. Además de ser hija del general Bachelet, un militar constitucional reivindicado por la memoria histórica de la izquierda, la señora provenía también del ala izquierda de la Concertación, de los socialistas que apoyaron la lucha armada contra la dictadura.

En un contexto de reanimación de las luchas sociales, de apertura de un nuevo ciclo de movilización popular, el gobierno de Bachelet lograría contener esa movilización y dar continuidad a la Concertación en la administración del Estado y en la conducción del capitalismo neoliberal. Le daría un sello más social al agente político hegemónico del bloque en el poder.

Comunicacionalmente esa era la idea fuerza, sin embargo, si alguien tuvo alguna duda respecto al carácter del gobierno de Bachelet, bastó conocer el primer gabinete de la presidenta, lleno de neoliberales y oscuros personajes asociados al trabajo de inteligencia y contrasubversión del primer gobierno post-dictadura, para hacerse a una idea de lo que venía tras esa sonrisa.

Sin embargo, el objetivo fue cumplido sólo parcialmente, y si bien logró concitar el apoyo de los comunistas y descomprimir tres importantes movimientos populares, como lo fueron el estudiantil secundario, el de los obreros forestales y el de los trabajadores subcontratistas de la minería, creó otro foco de conflicto social con la implementación del sistema de transporte urbano de la capital, el Transantiago, afectando prácticamente a la totalidad de los habitantes de la capital del país y convirtiéndolo en la gota que rebalsó el vaso del descontento a nivel nacional.

Crecientemente desde entonces, es más baja la capacidad de resolver políticamente los conflictos, y como ya señalamos, el gobierno en toda la línea ha validado el uso de la fuerza contra el movimiento social

En forma paralela, las tensiones provocadas por la polarización social del país se han traspasado al bloque dominante, y el consenso básico en torno al neoliberalismo, que primó durante los tres primeros gobiernos de la Concertación, se ha resquebrajado impactando al sistema de partidos y al régimen político en su conjunto.

Las alternativas frente a la polarización social, frente a la necesidad de reimpulsar el crecimiento económico, frente a los efectos diferenciales de la crisis en el campo de la burguesía y pequeña burguesía, están reconfigurando todo el sistema de partidos vigente, con la crisis y fraccionamiento de los partidos tradicionales (DC, PS) y la creación de nuevas organizaciones políticas: Chile Primero, de los tecnócratas neoliberales de la Concertación liderados por el senador Fernando Flores (exPPD); el Partido Regionalista Independiente (PRI), que si bien ya existía, recibió al sector de demócratas cristianos expulsados del partido, liderados por el senador Adolfo Zaldívar y que ha emergido con fuerza tras las últimas elecciones municipales en el país; el Movimiento Amplio Socialista (MAS), del senador y candidato presidencial Alejandro Navarro (exPS) y más recientemente el autodeclarado "socialismo allendista" articulado en torno a la candidatura presidencial de Jorge Arrate (exPS). Los últimos dos, buscando articular alianzas con las fuerzas del reformismo extraparlamentario y editar un frente electoral parecido a los que han llevado al gobierno a fuerzas progresistas en Bolivia, Ecuador y Venezuela (o sea, copiando, y copiando mal más encima, porque los comunistas no están considerando en ningún caso esa posibilidad).

Es este descontento social persistente el que ha hecho ver a los dueños del poder y la riqueza la conveniencia de modificar el régimen político y permitir, después de 17 años de rogativas y súplicas del reformismo, la inclusión del PC en el bloque hegemónico, ya que históricamente los comunistas chilenos han aportado gobernabilidad al régimen parlamentario.

La primera medida fue modificar el régimen binominal en la base del sistema, la elección de concejales municipales; por otro lado, la Concertación ha podido mantener en sus manos la presidencia gracias al apoyo de los comunistas en las últimas dos segundas vueltas presidenciales, por lo que el paso siguiente ha sido formalizar esa alianza, a través de un pacto parlamentario y presidencial en las elecciones de 2009.

Así, el agente político hegemónico se renueva generando ofertas socialdemócratas con un mayor perfil social y estatalista, pero también y principalmente, cooptando a la izquierda reformista, fortaleciendo al bloque histórico del capital monopólico asociado al capital trasnacional. Domesticando, finalmente, a los comunistas de la política de Rebelión Popular de Masas, oficializando su rol de ala izquierda del bloque en el poder, justo cuando se inicia un nuevo ciclo de movilización popular, justo cuando los trabajadores y el pueblo comienzan a cuestionar fuertemente al capitalismo neoliberal, y justo cuando se cierne sobre los trabajadores el impacto de la crisis de los capitalismos centrales y se sufren los efectos concretos de la política económica del gobierno de la Concertación. Es decir, justo cuando las condiciones objetivas de la lucha de clases son más favorables a la organización y lucha independiente de la clase trabajadora y el pueblo chileno.

Entonces, si bien existe crisis en la legitimidad de la Concertación y del bloque en el poder en su conjunto, también estos desarrollan instrumentos para mantener niveles mínimos aceptables de gobernabilidad, reeditando para el bloque hegemónico una configuración similar a la de los tres tercios tradicionales de la política parlamentaria del siglo XX.

En este caso el bloque hegemónico gana el tiempo necesario para posponer una crisis política mayor, al precio de traspasar la polarización social al régimen político durante los próximos años.

8. En el caso de Chile, pero también de Uruguay, gobiernos "progresistas" han implementando políticas neoliberales, que han acabado por agravar todavía más la situación de los sectores populares. Pese a ese desencanto, la izquierda revolucionaria no parece presentar para esos sectores una alternativa real. ¿Qué pasos deben darse para revertir esa situación?

Nosotros creemos que la izquierda que se autocalifica como revolucionaria debe darse cuenta que el proyecto político revolucionario es un proyecto para las mayorías, un proyecto que se encarna en marejadas de pueblo organizado y movilizado. Y no hay revolución posible sin lograr movilizar a millones de personas por ese objetivo. Quizá no a toda la población, pero si a los suficientes...y esos, para nuestras naciones, siguen siendo millones de personas.

Si bien actualmente somos una minoría, eso no quiere decir en ningún momento que la política que debamos hacer sea una política de bastión, una política testimonial, de guetto. No podemos contentarnos con ser apenas una subcultura o contracultura del capitalismo.

Por el contrario, queremos acabarlo, sustituirlo por otro orden social, y para esto debemos estar dentro de los procesos de la lucha de clases, no al lado, no como un fenómeno exterior o de presencia esporádica o virtual, no como un residuo marginal, sino dentro de la lucha de clases, como expresión política concreta en los movimientos y organizaciones sociales y en los movimientos y organizaciones políticas. De lo contrario, como decía un compañero, las contradicciones terminan peleando solas.

El descontento existe; las condiciones de explotación y opresión política también, al igual que el desgaste del agente político hegemónico y las contradicciones al interior del bloque dominante, pero el pueblo es sabio, y si bien puede explotar de pura ira frente a determinadas situaciones de injusticia, no va a seguir ciegamente ni a organizaciones ni a políticas que le aparezcan inviables.

Comprendemos que históricamente, tras las grandes luchas de los setenta y ochenta, tras la derrota de los movimientos populares, las organizaciones sobrevivientes y los revolucionarios hayan debido replegarse a sus retaguardias sociales y políticas, para desarrollar una lucha de resistencia frente a la alianza hegemónica de los dueños del poder y la riqueza.

En nuestro caso, por ejemplo, ese espacio natural de repliegue fueron las poblaciones más combativas en la lucha contra la dictadura.

Sin embargo, creemos que no debe confundirse una necesidad contingente con un programa político, porque eso sólo refleja una situación temporal a la que hemos sido llevados por nuestros enemigos de clase.

 

Incluso, esa confusión conlleva errores graves de apreciación política, como elevar sin mayor reflexión a nuevo sujeto de la revolución a los pobladores, o redescubrir el "autonomismo", propio de los periodos de derrota y dispersión del movimiento popular, como la nueva panacea política, logrando con ello única y exclusivamente encubrir posiciones reformistas y profundizar aún más la dispersión.

 

Esto ha llevado -y lo decimos por experiencia propia- a tener una izquierda que piensa y hace en función de una franja radicalizada del movimiento popular, en función del activo político o incluso peor, para el autoconsumo. Eso, sin contar a las sectas ideológicas, que están más concentradas en la polémica entre ellas, haciendo hermenéutica de los clásicos, que en combatir a nuestros actuales enemigos de clase o intentar desarrollar alguna política en el mundo real, el de los vivos.

 

Así, es muy difícil que logremos levantar una propuesta que se encarne en el movimiento de masas, a pesar de que las condiciones sean extremadamente favorables, dado el ascenso en las luchas populares y a que el actual régimen político obliga a que las luchas sean todas extra institucionales, al menos en nuestro país.

Como sector, el activo revolucionario es numéricamente significativo, pero mientras sigamos haciendo política de pequeño grupo, mientras no recuperemos nuestros vínculos orgánicos con el conjunto del pueblo, estamos restando a cientos de hombres y mujeres a la construcción de una alternativa revolucionaria verdadera para nuestro país. Y creemos que esta situación es más o menos similar en el resto de nuestros países.

 

La reversión de esta situación pasa evidentemente por tomar conciencia del problema y no echarle la culpa al empedrado o sobredimensionar la efectividad de los instrumentos utilizados por el enemigo de clase. Pasa por reconstruir o reelaborar un programa revolucionario. Por levantar plataformas y formas de lucha que logren interpretar los reales intereses de los trabajadores y el pueblo y que les permitan luchar en mejores condiciones frente a las fuerzas y los instrumentos de que disponen las clases dominantes. Por fortalecer las organizaciones de la izquierda revolucionaria, por profesionalizarlas y hacer un aporte a la unidad, pero en torno a procesos de organización y de lucha de los trabajadores y el pueblo, en los espacios y de acuerdo a las dinámicas que el mismo movimiento popular se da, no a través de coordinaciones espurias entre los mismos grupos, en iniciativas vacías de pueblo o con formas de lucha que las mismas organizaciones andan inventando.

Creemos que por ahí va la recuperación de un rol más significativo en la lucha política para los revolucionarios. Ahora bien, estamos muy conscientes que ciertamente esto es siempre más fácil decirlo que hacerlo...

9. Junto a la implementación de medidas neoliberales se han agudizado los hechos represivos. Ustedes llegan a hablar de Estado contrainsurgente ¿Están en condiciones las organizaciones populares chilenas de hacer frente a esta violencia?

Creemos que sí. En la medida en que la violencia represiva se deja caer sobre estos sectores, son los mismos trabajadores, pobladores y estudiantes los que se organizan mínimamente para enfrentar la represión, directa o indirectamente. Para ejercer el derecho a la autodefensa y a la acción directa, y ahí la memoria colectiva se activa rápidamente para utilizar las formas de lucha que sean necesarias.

Respecto al movimiento popular, la contrainsurgencia ha operado más que nada buscando determinar los liderazgos sociales y tratando de detectar y evaluar las posibles amenazas al orden vigente. Esa ha sido una de las principales funciones de la Agencia Nacional de Inteligencia y las policías.

En el caso de los militares, hasta donde sabemos, sólo el ejército y la armada han estado más involucrados en labores de inteligencia interna. Los primeros en su espionaje político tradicional, pero también preparando escenarios y monitoreando permanentemente la evolución del conflicto con los Mapuche, y la Armada preocupada más que nada del movimiento de los trabajadores portuarios y de los pescadores artesanales.

Las acciones represivas directas contra los trabajadores y el pueblo, han sido las detenciones masivas durante las movilizaciones, las palizas a dirigentes y manifestantes, el uso indiscriminado de gases y escopetas antimotines.

Se notan un poco menos los montajes comunicacionales, siempre destinados a aislar y deslegitimar todas las luchas sociales, y el amedrentamiento a los dirigentes sociales y sus familias, pero forman parte de la misma concepción institucional grabada a fuego por los dueños del poder y la riqueza, de que el pueblo que lucha por sus derechos y legítimas reivindicaciones es un enemigo del Estado.

Del lado del pueblo y los trabajadores, la lucha por el ejercicio de sus derechos económicos y sociales les ha llevado directamente a la necesidad de ejercer su derecho al uso de la violencia frente al orden patronal, sea como acción directa o como autodefensa ante la represión policial.

En el caso de los pobladores, fuera del 29 de marzo y 11 de septiembre, los enfrentamientos más fuertes se han dado los últimos años en el marco de la lucha por la vivienda, durante las últimas tomas de terrenos a fines de los ´90 y en las masivas movilizaciones de los deudores habitacionales. También en algunos casos contra la instalación de industrias contaminantes, tanto al norte como al sur del país, y como una explosión de malestar, de descontento, cuando fue implementado el Transantiago, viviéndose al menos en algunas poblaciones de Santiago, hasta cinco noches seguidas de movilizaciones, barricadas y violentos enfrentamientos con Carabineros debido al problema generado con el transporte público de la capital.

En el caso de los estudiantes secundarios, junto a las masivas movilizaciones al centro cívico de las principales ciudades del país, y al intento de impedir estas manifestaciones por parte del poder político, los estudiantes respondieron tomándose las calles, enfrentando por horas la represión policial con lucha callejera y tomándose cientos de establecimientos educacionales, sobre los cuatrocientos en todo el país, organizándose para mantener las tomas, y lo más importante, también para defenderlas.

En el caso de los trabajadores, a los enfrentamientos que se venían dando con Carabineros por las movilizaciones callejeras, se añadieron los cortes de ruta con barricadas, las tomas de instalaciones productivas en la minería privada, en la minería estatal, en la agroindustria, la salmonicultura, la pesquería artesanal y en algunas empresas de servicios. También, la quema de instalaciones, vehículos, botes e incluso el descarrilamiento de un tren de carga, en el conflicto de los mineros, y la quema de un cargamento de celulosa en el puerto de Coronel, por trabajadores portuarios. El enfrentamiento con Carabineros ha sido constante, dándose incluso al interior de los piques mineros, como en El Teniente o en el sur del país, en el marco de las protestas de los obreros subcontratistas de las empresas forestales, donde el obrero Rodrigo Cisternas fue acribillado al embestir un bus y un vehículo blindado de carabineros con maquinaria pesada.

En el caso del conflicto Mapuche, a las recuperaciones de tierras por parte de los comuneros, hay que añadir la quema masiva de plantaciones forestales, camiones y maquinaria de las grandes compañías de la industria de la madera, la quema de instalaciones productivas y el hostigamiento a colonos que no reconocen sus reivindicaciones, acciones en las cuales han sido muertos dos jóvenes Mapuche por parte de Carabineros. A la virtual ocupación militar de las VIII y IX regiones, los comuneros han respondido emboscando a tiros y quemando camiones en las carreteras, e incluso atacando convoyes de policía, siendo frecuentes los enfrentamientos en las comunidades producto de los allanamientos indiscriminados ordenados por los fiscales, sólo para amedrentar a mujeres, niños y ancianos, como ya reconocen las organizaciones de derechos humanos a nivel internacional.

Eso en general ha permitido al pueblo mantener a la represión a raya, e incluso en algunos casos sobrepasarla y propinarle algunas derrotas. Son hechos puntuales, es cierto. Pero son tantos puntos, que nosotros consideramos que ya tenemos algo parecido a una línea o, lo que es lo mismo, una tendencia.

A pesar de esto, la cantidad de detenidos en manifestaciones ha ido superando con creces los récords establecidos por la dictadura, y el uso de armas de fuego por la policía va cobrando nuevas víctimas, sólo estos últimos años: Daniel Menco, universitario; Alex Lemún y Matías Catrileo, Mapuche; Rodrigo Cisternas, obrero; Johnny Cariqueo, poblador 

Claramente, el enfrentamiento entre el pueblo y las fuerzas represivas ha ido escalando, en forma paralela al desarrollo del movimiento popular y a la crisis de gobernabilidad de las clases dominantes, lo que es más evidente para las jornadas nacionales de protesta del 29 de marzo (el día del Joven Combatiente) y 11 de septiembre, donde son los pobladores los protagonistas de la violencia popular.

A pesar de que el discurso oficial busca situar en el lumpen al actor principal de ambas jornadas, que asumen la característica de verdaderas asonadas populares, lo cierto es que en ambas los principales actores son miles de jóvenes trabajadores, pobladores y estudiantes, y crecientemente personas de todas las edades, que a lo largo del país prácticamente toman el control de sus territorios durante la noche de ambos días para protestar.

Efectivamente se dan hechos delictuales, no lo vamos a negar con los niveles de descomposición social que provoca el neoliberalismo, pero son claramente fenómenos menores o periféricos a los enfrentamientos principales.

Esos días, principalmente el 11, la actividad económica se comienza a paralizar después del medio día en la capital; Las universidades públicas y algunas privadas cierran sus sedes, para prevenir movilizaciones de los estudiantes, y los establecimientos secundarios terminan antes su jornada; El transporte público baja sus frecuencias y comienza a escasear al atardecer, generando una psicosis colectiva por llegar a casa que es casi tangible; Desde temprano, Carabineros, la policía militarizada, toma posiciones rodeando a las principales poblaciones de trabajadores, con cascos de guerra, subametralladoras y hasta tanquetas, y dispone sus medios aéreos y sanitarios casi para una guerra civil.

Hasta los periodistas se transforman en verdaderos corresponsales de guerra, con cascos y chalecos antibalas, que al caer la noche comienzan con sus despachos desde los campos de batalla de las principales ciudades y los informes de bajas institucionales desde el hospital de Carabineros, durante jornadas con varios carabineros y pobladores heridos a bala, y al menos ya un carabinero y un poblador muertos los últimos dos años, en un país que según todos los discursos oficiales se supone "en paz" y "ordenado".

Este nivel de violencia, que ya no es esporádica, generalmente no es considerado en los análisis políticos, se pasa por alto, incluso en aquellos que hacemos desde la izquierda revolucionaria. ¡No es normal en ningún país del mundo que esto ocurra! Acá se despacha simplemente como un par de fechas testimoniales, donde miles de lumpen son trasportados desde una dimensión desconocida para hacer destrozos, levantar barricadas que se extienden por calles y calles en torno a las principales ciudades del país, para enfrentarse a piedras y tiros con la policía y desvanecerse en el aire antes de que amanezca.

Eso es un cuento de hadas, pero es la versión oficial, por lo que el tema no se incluye en los análisis políticos.

En el caso de los analistas de la izquierda, incluso aquellos con posturas más radicales, tendemos a pensar que este "olvido" se debe, por un lado, a que simplemente no viven en los sectores donde se producen los enfrentamientos y por lo tanto no tienen cómo cuantificar ni analizar cualitativamente la situación, y por otro, a que es una realidad que existe a contrapelo de sus preferencias parlamentaristas o movimientistas, por lo que se la niega, al igual que la lucha que están dando los Mapuche, donde lo único que se toma en cuenta en los análisis, sólo a efectos de denuncia y siguiendo con una lógica incluso paternalista, son las acciones represivas del estado, pero en ningún caso el nivel de desarrollo que han alcanzado las acciones milicianas de los comuneros.

Es por eso que creemos que las organizaciones sociales populares si pueden hacer frente a las escaladas represivas, hasta este punto.

La clave de la acción directa y la autodefensa ha sido su masividad, su legitimidad, su surgimiento desde las bases, su carácter político evidente en medio de un conflicto de intereses que pone a los trabajadores y al pueblo de un lado, y a los empresarios, al gobierno y al Estado del otro.

Esos elementos se han estado dando, han estado presentes, y no creemos que vayan a dejar de estarlo en el corto plazo, por el contrario, creemos que esta tendencia continuará desarrollándose.

Para que esta situación no se agudice, en lo inmediato, los dueños del poder y la riqueza han buscado criminalizar la protesta social. Han rebajado la edad de imputabilidad penal. Han transformado en delitos graves las acciones de autodefensa... y están construyendo más cárceles, en un país que en proporción a su población tiene más personas presas que cualquiera en Latino y Centroamérica. Han más que duplicado y tecnologizado las Fuerzas Especiales de Carabineros, el cuerpo especializado en la represión de las manifestaciones, y ahora hay un ejército de fiscales prontos a perseguir y encarcelar a quienes promuevan "desordenes", gracias a la reforma procesal penal.

Por otro lado, en una perspectiva de mayor largo plazo, al interior del bloque dominante se vienen planteando distintas alternativas para retomar la gobernabilidad del sistema en su conjunto, y en este marco también entendemos la apertura hacia la izquierda extraparlamentaria, como una forma de descomprimir y desviar esta tendencia de lucha del movimiento popular, hacia la negociación en la mesa del parlamentarismo burgués, hacia la intermediación y clientelización de los descontentos, que es el papel que vendría a cumplir el PC.

11. Ustedes reafirman la existencia del MIR como una organización político-militar. Al respecto, ¿qué papel ocupa en la actualidad la actividad armada en la estrategia del MIR?

Sigue cumpliendo un papel principal, pero eso no significa que en éste momento estemos desarrollando actividades armadas en forma abierta en el país.

En la concepción político militar que manejamos, tenemos una especie de "línea militar de masas", por así decir, que apunta a la necesidad de desarrollar la acción directa y la autodefensa de los sectores movilizados, como práctica generalizada del movimiento popular, y avanzar al desarrollo de niveles primarios de trabajo miliciano, en apoyo a las dinámicas territoriales, sectoriales y nacionales de lucha.

Lo explicamos:

El objetivo fundamental de nuestra estrategia revolucionaria es lograr la derrota de las fuerzas políticas, económicas y militares, nacionales e internacionales, que sustentan el capitalismo en Chile, abriendo paso a la construcción del poder popular y a las transformaciones necesarias para la construcción del socialismo en nuestro país. Evidentemente, por la envergadura de la tarea, esto sólo puede ser obra protagónica de los trabajadores y el conjunto del movimiento popular, en un proceso de suma cero que excluye la posibilidad de cualquier acuerdo de colaboración de clases con los enemigos del pueblo, porque los intereses que defienden ambos bandos son contradictorios, antagónicos y excluyentes entre si.

Como los dueños del poder y la riqueza no dejarán su posición de privilegio sin luchar, cosa que demuestra nuestra historia reciente en forma más que transparente, y como las condiciones de explotación y dominación en que es mantenido el pueblo también le obliga a éste a avanzar en sus posiciones mediante la lucha, nosotros consideramos entonces que, en lo estratégico, este proceso sólo puede desembocar en un enfrentamiento violento, armado, entre las fuerzas militares de las clases dominantes, de un lado, y el pueblo armado, del otro.

La actualidad de esta consideración la demuestra nuestra historia contemporánea: El 11 de septiembre en Chile sólo estuvo uno de los componentes de esta ecuación, y todos conocemos los resultados; El 2008 en Bolivia vimos una intentona golpista similar, y si bien el pueblo boliviano se movilizó, sólo la presión internacional logró frenar los planes de la reacción.

Cuando fue el golpe en Venezuela, al primer momento de desconcierto el pueblo respondió movilizándose masivamente, sin embargo lo que definió la suerte de Chávez fueron las armas en manos de militares leales aún, en esa coyuntura, al pueblo pobre venezolano. La convocatoria al pueblo venezolano a incorporarse a las reservas de las fuerzas armadas, en una solución de compromiso con los sectores castrenses, entendemos que es un paso adelante en el desarrollo del armamento general de pueblo en ese país.

Por esto, nosotros creemos que en nuestro diseño estratégico la combinación de todas las formas de lucha deben converger, en espacios geográfico sociales y tiempos políticos específicos, hacia el desarrollo de la violencia organizada de las masas, hacia un enfrentamiento, que del lado de los poderosos asume la forma de guerra contrarrevolucionaria, y del lado del pueblo, asume la forma de guerra popular revolucionaria, siendo necesario entonces que los trabajadores y el pueblo constituyan su propia fuerza militar.

Esta fuerza militar del pueblo sólo podrá combatir en buenas condiciones, esta pelea sólo la podrán dar los trabajadores y el movimiento popular, si logran acumular mayores fuerzas ideológicas, sociales, políticas y militares que el enemigo de clase, de lo que surge la necesidad de una estrategia revolucionaria que es a la vez política y militar, una estrategia de guerra popular revolucionaria.

La idea básica es que el pueblo no podrá vencer si no logra constituir una fuerza militar, pero para construir a su vez esa fuerza también debe constituir una fuerza política que la desarrolle y organice. A ese proceso lo llamamos acumulación de fuerza social revolucionaria.

Los objetivos de este proceso ya los enunciamos. Son el logro de la unidad ideológica del pueblo, en torno a la construcción de un programa de transformaciones revolucionarias que logre interpretar a la mayor cantidad de sectores populares posibles, a la vez que ser la base para el inicio del proceso de construcción del socialismo en nuestro país. El logro de la unidad política de los distintos partidos y organizaciones políticas populares y revolucionarias, a través de un frente político o una figura similar que permita su complementación, su mutuo fortalecimiento y principalmente, su acción conjunta y coordinada. El logro de la unidad social de los trabajadores y el pueblo, de los explotados y excluidos, a través de un poderoso movimiento social, asociado al logro histórico de la alianza plurinacional, multiétnica e intercultural entre el pueblo chileno y las naciones Aymara, Rapa Nui y Mapuche. Y, finalmente, el logro de la unidad en la conducción militar, en el sentido de que al ir construyendo las condiciones para el logro de los otros objetivos también se irán sentando las bases para que el movimiento popular y las organizaciones revolucionarias acerquen posiciones en torno al esfuerzo estratégico que es conducir la guerra popular.

Evidentemente esa tarea es gigantesca, pero todos los grandes viajes se inician dando los primeros pasos, y en este caso ya se han dado algunos importantes. La situación del pueblo chileno hoy es distinta a la de hace cuatro décadas atrás. Hoy, como pueblo, tenemos la experiencia del periodo prerrevolucionario desde 1969 al ´73, y tres décadas de experiencia de lucha insurgente y popular. Y eso hace una diferencia.

Esa es la concepción que nos orienta, y es a partir de ahí entonces que tratamos de valorar e intervenir en los distintos conflictos y dinámicas de lucha social. Cuando impulsamos determinadas tareas o actividades, es eso lo que tratamos de mantener en mente, y bueno, si vamos a ser consecuentes con esa concepción eso implica que la construcción orgánica que estamos realizando debe incorporar centralmente estos elementos, ajustados a la situación política del país y a nuestra realidad orgánica.

 

La actividad armada entonces para nosotros no es un fetiche. Lo que nos otorga identidad y lo que nos entrega contenido político no son las armas, sino el diseño estratégico político militar. Y lo que estamos haciendo hoy en términos sociales, en términos políticos e incluso comunicacionales, si bien no es actividad armada propiamente dicha, se enmarca en ese diseño, porque el desarrollo de la violencia de masas es la base de toda política militar revolucionaria.

Dicho de otro modo, y para finalizar, desarrollar una política militar no significa necesariamente estar realizando acciones armadas.

12. Durante los últimos años la actividad de grupos libertarios ha experimentado un importante desarrollo. ¿Cómo interpretan este accionar?

Primero que nada, decir que tenemos un profundo respeto por el movimiento libertario, que es una de las matrices ideológicas de las cuales se nutre el movimiento obrero, popular y revolucionario chileno.

Desde sus inicios en nuestro país, a fines del siglo XIX, el anarquismo ha contribuido a la organización de clase y a la lucha de los trabajadores, como lo demuestran la profusa prensa obrera de la época y las grandes luchas obreras en las que participaron, muchas de las cuales ellos mismos lideraron, principalmente a través de la sección chilena de la IWW.

Si bien como corriente política popular y revolucionaria tuvieron su mayor desarrollo en nuestro país entre fines del siglo XIX y principios de la década del ´30 del siglo XX, la represión ibañista, la posterior conformación de un bloque histórico con participación de los trabajadores y la consecuente estabilización e institucionalización de los conflictos de la lucha de clases en ese periodo, llevaron a esta corriente ideológica a su mínima expresión en las décadas siguientes, aunque igual tuvieron un importante rol en la unificación de las organizaciones sindicales y la constitución de la CUT en la década de los ´50.

Una CUT de lucha, proletaria y popular, anticapitalista y antiimperialista, no como la de ahora.

A fines de la década del ´60, jóvenes trabajadores ácratas se incorporaron también a nuestra organización, fortaleciendo la vinculación del MIR con los trabajadores, fortaleciendo la concepción de la acción directa como medio de lucha, concientización y fortalecimiento del movimiento popular e incluso posibilitando el contacto e incorporación de militantes revolucionarios provenientes de las Fuerzas Armadas, por lo que en el ADN del MIR también hay un componente anarquista relevante, que ha contribuido a otorgarle identidad a nuestra organización y a darle un perfil definido.

El resurgimiento ideológico libertario actual, creemos que está vinculado en su aspecto positivo, al derrumbe de los socialismos reales, a la bancarrota de los partidos del reformismo comunista y a la involución socialdemócrata de los socialistas.

Esos procesos han constituido -o eso por lo menos es lo que piensan muchos compañeros- una validación a posteriori de los postulados ideológicos del anarquismo frente a las deformaciones estalinistas, frente a la socialdemocracia y también, en un sentido teórico más profundo, frente al marxismo (con lo que nosotros obviamente no estamos de acuerdo).

En su aspecto negativo, creemos que el resurgimiento de algunos grupos o individuos que se reclaman anarquistas, está vinculado a la derrota del movimiento popular y de las organizaciones revolucionarias, a la dinámica de dispersión e incertidumbre ideológica que trae el periodo de reflujo del movimiento popular en los ´90. Creemos que eso es lo que explica también el resurgimiento del maoísmo, del trotskismo, del estalinismo, del autonomismo y de las nuevas formas de reformismo en el campo popular.

Para nosotros, en este aspecto negativo, son todas expresiones de la derrota y se mantendrán mientras dure el reflujo, por lo que una vez superado, tenderán a desaparecer como dinámicas de organización o corrientes políticas.

Esto no lo decimos por soberbia, porque el proceso también afectó al mirismo, sino que lo planteamos en atención a una cierta regularidad histórica que se ha presentado ya en otras oportunidades, tanto en nuestro país como en otros antes que el nuestro, en similares circunstancias.

Además, y aquí hay un elemento importante de diferenciación con el anterior ciclo de desarrollo del anarquismo en Chile, socialmente no estamos hablando de una corriente anarquista enraizada fuertemente entre los trabajadores. La corriente anarquista actual es fundamentalmente pequeño burguesa, surge con facilidad en el medio estudiantil y también entre pobladores radicalizados y lumpenizados, y no es precisamente una corriente revolucionaria.

Es decir, a diferencia de los viejos anarquistas, fuera de la pura expresión de rabia y rebeldía, fuera de la estética, de una hiper radicalidad que se queda en el gesto, no hay un proyecto detrás, no hay una convocatoria real de transformación hacia los trabajadores, hacia el pueblo. No hay una convocatoria de organización, una convocatoria de lucha o de solidaridad entre trabajadores.

Hay más bien mucha retórica, autoafirmación y autoconsumo, e incluso, en algunos casos, ya descomposición ideológica por parte de algunos núcleos de jóvenes que se autoproclaman anarquistas, que se han pasado definitivamente al lumpen, a la delincuencia común, y eso lamentablemente no puede ser desmentido por estos días ni tampoco justificado con el argumento de que es delincuencia social clasista contra los explotadores y privilegiados, porque afecta a nuestra propia gente. Volvemos a insistir en que estos procesos de descomposición también han afectado a grupos que se autoproclaman como miristas, por lo que no es desde la torre de marfil desde la que estamos hablando, sino desde un conocimiento de causa bastante cercano.

Eso, que pensamos caracteriza a la mayoría de los sectores que se consideran a si mismos libertarios, no significa que no alcancemos a darnos cuenta que hay una minoría dentro de ese movimiento que se toma el anarquismo en serio, y que está en otra lógica. Aunque en términos de composición social creemos que tiende a ocurrir lo mismo que con los anteriores, algunos han estado desarrollando una labor contracultural y de apoyo mutuo relevante, sobre todo con la causa Mapuche, en forma bastante esforzada y silenciosa y otros accionando efectivamente contra los símbolos del poder económico, político y militar/policial.

Los componentes de esta minoría creemos que son los únicos libertarios que tienen una idea consistente de lo que están haciendo o hacia dónde apuntan.

Que la compartamos, es otra cosa, ya que claramente utilizamos lógicas distintas, como lo planteamos en la pregunta sobre nuestra concepción político-militar, pero eso no significa que en algún momento no podamos marchar juntos. 

Por el contrario, creemos que hay varios puntos que nos unen, quizá no en la forma de organizarnos pero si en nuestra postura política frente a los dueños del poder y la riqueza, frente al reformismo, en el impulso de la acción directa, de la autodefensa, y de la concepción del poder popular.

13. Recientemente, uno de estos grupos insurreccionalistas reveló sus sospechas respecto a que el llamado Frente Anarquista Revolucionario sería obra de Inteligencia. ¿Regresó "La Oficina"? 

La verdad es que lamentablemente "La Oficina" no se fue nunca. Por el contrario, se institucionalizó, pagando la Concertación el precio de permitir y legalizar la intervención de las fuerzas armadas en labores de inteligencia y seguridad interna, como ellos le llaman. Sólo así pudieron crear la ANI y traspasar el personal de la DISPI formalmente a esta nueva agencia.

Con el refuerzo que le proporcionan las fiscalías y sus procedimientos ad-hoc, ya durante el 2008 lo que volvió con fuerza fueron las querellas por ley de seguridad interior del estado y por ley antiterrorista, que están afectando mayoritariamente a los presos políticos Mapuche.

Los montajes se han concentrado al sur del país, con pruebas y testigos falsos, buscando criminalizar y sancionar en forma ejemplar la insurgencia Mapuche, por lo que el gobierno y las policías están llenando las cárceles del sur con las autoridades tradicionales de las comunidades, que son a los que pueden encontrar.

También, a raíz de la muerte de carabineros en asaltos en los que las policías supusieron participación de ex militantes de organizaciones populares armadas, se desató a fines del 2007 y principios del 2008 una ofensiva de persecución a ex militantes de esas organizaciones, tuvieran o no que ver en los asaltos.

A los ex lautarinos que se dejaron detener en Argentina, se sumaron otros detenidos en allanamientos en casas okupa y un grupo de compañeros miristas detenidos en el sur del país, relacionados por las policías con un par de expropiaciones realizadas por el MIR-EGP hace un par de años atrás, con lo que las policías buscan dar un golpe indirecto a esa organización, en vista y considerando que no sólo no los pueden detener, sino que además, cuando lo hacen, se les escapan.

En el caso de la documentalista Elena Varela, por ejemplo, quien no reconoce su militancia en esa organización, la fiscalía ha realizado todo un montaje para mantenerla en prisión, ya que creemos lo que más les preocupa es buscar sancionar ejemplarizadoramente la denuncia sobre la represión a los Mapuche que ha realizado en sus películas, y enviar un mensaje a otros comunicadores.

Junto a los casos anteriores, también el gobierno, las fiscalías y las policías han tratado de controlar la autodefensa de masas durante las movilizaciones, por lo que han detenido a estudiantes y jóvenes anarquistas aplicándoles una nueva normativa que sanciona el uso de bombas molotov con hasta diez años de cárcel.

En relación a estos últimos, efectivamente gobierno, ANI, policías y fiscalía están particularmente preocupados porque le adjudican a los grupos libertarios la mayoría de los bombazos registrados los últimos dos años, más de 50, y respecto a estos grupos no tienen ningún parámetro todavía como para articular un trabajo de inteligencia efectivo. Además, los grupos que han estado actuando se han preocupado de mantener el secreto y cumplir las normas básicas del trabajo clandestino, por lo que hacen más difícil su detección y captura por parte del enemigo.

Sin embargo, como la operación de los libertarios en grupos autónomos y sin coordinación necesaria entre si se parece mucho a la situación de dispersión de las organizaciones armadas a fines de los ´80, se ha abierto un espacio propicio para la acción de inteligencia por parte del Estado, sobre todo a través de la creación de falsos grupos anarquistas, que permitan el reclutamiento de estudiantes y pobladores radicalizados, para después "cargarlos" y hacer sus montajes comunicacionales, en vista que, por lo que se puede apreciar, no van a poder atrapar a los que quisieran.

En el caso del MIR, la CNI realizó una de estas operaciones a fines de 1988 en la zona poniente de Santiago (comunas de Pudahuel y Estación Central) con el resultado de dos compañeros asesinados y muchos más neutralizados al ser expuesta su legalidad. Posteriormente, la Oficina montó la operación sobre el Destacamento Mirista Pueblo en Armas, a principios de los ´90, con el resultado de varios compañeros presos y el resto neutralizado u obligado a pasar a la clandestinidad.

En este sentido, es comprensible la denuncia que hacen los compañeros libertarios de una posible operación de inteligencia, y creemos que habría que investigarlo más a fondo.

Sin embargo, queremos aprovechar de señalar también, que tanto daño hace al movimiento popular el enemigo, a través de sus operaciones y montajes de inteligencia, como la actuación irreflexiva en estos temas por parte de personas u organizaciones pertenecientes al campo popular.

Nos referimos a dos situaciones: Primero, a la lógica del MIR de Demetrio Hernández, que cada vez que el MIR-EGP realizaba alguna acción, o alguno de sus miembros era detenido por parte de las fuerzas represivas, se apresuraba a sacar una declaración desconociendo a esta organización, deslizando que pudiera tratarse de un trabajo enemigo y reiterando, hasta el ridículo, que ellos se mantenían dentro de la legalidad. Actitud que tuvieron muchos comunistas también en la época en que el FPMR se autonomizó de su dirección partidaria.

Segundo, que también sucede que muchos auto declarados libertarios y/o auto declarados revolucionarios, envueltos en su propia ignorancia encubierta con fraseología radical y revolucionaria, son sumamente paranoicos e irresponsables en las denuncias que hacen, como se puede confirmar patéticamente en algunos foros de Internet.

Eso no lo justificamos ni lo vamos a justificar de ningún modo. Por el contrario, creemos que es un signo claro de descomposición política e ideológica. Si hay sospechas de trabajo enemigo, debe ser realizada una investigación seria y acuciosa, y si se confirma, actuar en consecuencia. Si vamos a andar con miedo por la vida, si la represión nos provoca tanto temor que nos lleva a ver enemigos por todas partes, entonces mejor no nos dediquemos a revolucionarios o libertarios. 

Esta irresponsabilidad genera una situación de sospecha y desconfianza permanente, desprestigia a la izquierda revolucionaria y a los ácratas de verdad, contribuye a la dispersión de los esfuerzos en el campo popular y apunta a lograr paralizar la extensión de la iniciativa insurgente del movimiento popular, por lo que cumple cabalmente uno de los objetivos del enemigo y le es funcional a su estrategia.

Si consideramos que en el campo de nuestros enemigos de clase, al servicio de los dueños del poder y la riqueza, tenemos a organismos profesionalizados de inteligencia, como la ANI, DIPOLCAR, JIPOL, DID, DEIC, DINE, DIRINTA y DIFA, y con la Reforma Procesal Penal a un ejército de fiscales serviles a lo largo de todo Chile, ¡Para qué les vamos a seguir haciendo el trabajo nosotros! Por eso hablamos de responsabilidad, de consecuencia, sobre todo cuando de lo que se trata es de proteger la vida y la integridad de otros, del mismo pueblo al que decimos pertenecer, que decimos defender y por cuyos intereses nos organizamos para luchar. 

14. La estrategia represiva de las instituciones chilenas es especialmente intensa en cuanto al "conflicto" mapuche. ¿Cuál es la posición del MIR respecto a la lucha del pueblo mapuche?

Decimos, para caracterizar los contenidos de nuestro proyecto revolucionario, que la revolución chilena será, en términos genéricos, obrera, campesina, indígena y popular, por las fuerzas que la componen, y democrático-popular, socialista, plurinacional, ecológica, antiimperialista, descolonizadora y antipatriarcal, por sus objetivos.

Decimos además que es una revolución nacional, ya que el ámbito de su realización se enmarca dentro de las actuales fronteras nacionales del Estado Chileno, pero que necesariamente se proyecta internacionalmente, en la medida en que no vemos posible la construcción del socialismo en Chile, sin la construcción del socialismo en todo el continente.

Esto se plasma en la actual concepción bolivariana de una segunda independencia en la región, que apunta a la unidad de los pueblos latinoamericanos en la construcción del socialismo del siglo XXI. Así mismo, dentro del proceso de construcción de la fuerza social revolucionaria, cuando hablamos del logro de la unidad social del pueblo, planteamos también la necesidad del logro de una alianza plurinacional, multiétnica e intercultural entre el pueblo chileno y los pueblos Aymara, Rapa Nui y Mapuche. 

Entonces, si bien nuestra revolución es nacional y popular, y nos sentimos participes y recogemos las tradiciones de lucha y desarrollos culturales idiosincrásicos generados estos 200 años de vida republicana como chilenos, no tenemos ningún problema en comprender que esto ha formado parte de una construcción histórica, y que por lo mismo, podemos avanzar perfectamente durante los años que vienen, a la abolición de las fronteras heredadas de las pugnas inter oligárquicas del siglo XIX en la región.

Como quiera que el Estado tal cual lo conocemos es un desarrollo histórico también decimonónico, ligado al desarrollo y expansión del capitalismo, creemos que Aymara, Rapa Nui, Mapuche y chilenos podemos avanzar también, sobre una base socialista y democrático-popular, a la conformación de un nuevo tipo de Estado, que nos permita evolucionar de las fronteras administrativas establecidas en función de la reproducción del capital para la oligarquía, a la organización social en función de la reproducción cultural de nuestros pueblos, lo que implica la revitalización en todo orden de los territorios poblados por las naciones Aymará, Rapa Nui y Mapuche, en relación con el proceso de integración de los pueblos latinoamericanos.

 No nos queda tan claro, eso sí, que los pueblos originarios, para sobrevivir y proyectarse al futuro como pueblos, deban reproducir la misma ruta institucional establecida por los Estados occidentales. Creemos que ese es el máximo grado de internalización de la ideología dominante. Por esto, la única alternativa que vemos como posible para la liberación nacional de los pueblos originarios, está ligada indisolublemente a la suerte de los procesos revolucionarios en nuestros países.

Ahora bien, como organización, el MIR logró construir un vínculo bastante antiguo con el pueblo Mapuche, desde las corridas de cerco a fines de los años ´60, pasando por la conformación del MCR durante el gobierno de la UP hasta las luchas de resistencia a la dictadura. Incluso a principios de los noventa, todavía el MIR-EGP conservaba sus vínculos con algunas comunidades.

Nosotros creemos que la reedición de esa alianza hoy es posible, y además conveniente para ambos pueblos. Creemos que ambos procesos son solidarios, y que esa alianza es estratégica para el desarrollo de la guerra popular.

Sin embargo, en este momento de desarrollo de las luchas, tanto de los Mapuche como de los trabajadores y el pueblo chileno, esa alianza es incipiente, una posibilidad, por lo que su concreción es una de las tareas que vemos como una de las más importantes para los próximos años.
Por el Movimiento de Izquierda Revolucionaria MIR de Chile

http://www.chile-mir.org

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