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8 Marzo 2009

Mujeres combatientes: Juana Azurduy

 

 MUJERES DE LA RESISTENCIA CONTRA EL IMPERIO: JUANA AZURDUY

Escrito por Miguel Landro Lamoreaux - la Gazeta Federal -

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Juana Azurduy, Manuela Pedraza; Macacha Güemes; Marina Céspedes Mujeres en la milicia de la Independencia.               

   JUANA AZURDUY
"Las mujeres combatientes se suman a la defensa de la Patria"

Nació, en el cantón de Toroca en las cercanías de Chuquisaca, el 12 de julio de 1780.  

Ese año la ciudad de La Paz fue sitiada por Tupac Catari y Bartolina Sisa, alzados en armas en apoyo a Túpac Amaru. 

Durante su infancia su familia tiene un buen pasar. Ella aprenderá el quechua y el aymará. 

Trabajará en el campo, en las tareas de la casa, y se relacionará con los campesinos e indios. A la muerte de su madre primero y luego de su padre, su crianza quedará a cargo de sus tíos junto a su hermana Rosalía.  

Su adolescencia será conflictiva, ya que chocará con el conservadurismo de su tía, por lo que será enclaustrada en el Convento de Santa Teresa.  

Se rebelará contra la rígida disciplina, promoviendo reuniones clandestinas, donde conocerá la vida de Túpac Amaru y Micaela. 

Leerá la vida de Sor Juana Inés de la Cruz entre otros, lo que le llevará a la expulsión a los 8 meses de internada.  

De regreso a su región natal, conoce a Melchor Padilla, padre de su futuro marido, amigo de los indios y obediente de las leyes realistas, quien muere lejos de su casa, en una cárcel porteña, acusado de colaborar con otra rebelión indígena, en el año 1784.

Ligados a la historia de la resistencia alto peruana, estos hitos biográficos de Padilla ejercerán una enorme influencia sobre la formación de Juana Azurduy.  

Manuel Padilla, hijo, establece una relación de profunda amistad con Juana.  

Éste frecuentó las universidades de Chuquisaca y compartió con Juana, su conocimiento por la revolución Francesa, las ideas republicanas, la lucha por la libertad, la igualdad, la fraternidad.  

Conoció los nombres de: Castelli, Moreno, Monteagudo.

 El 8 de marzo de 1805 contrajeron matrimonio, y tuvieron tres hijos: Marino, Juliana y Mercedes.  

Gozaron de una buena posición económica, pero Don Manuel como era criollo no pudo participar de cargos en el cabildo.

Con la caída de Fernando VII bajo la ocupación de Napoleón, el 25 de mayo de 1809 se produjo la revolución de Potosí.

Manuel Padilla se sumó a la resistencia y encabezó a los indios Chayanta y triunfó. Juró servir a la causa americana y vengó a los patriotas fusilados en el levantamiento de La Paz.  

Un año después el general Vicento Nieto asumió la Real Audiencia , y condenó a la cárcel y a las mazmorras a todos aquellos que participaron de los levantamientos, entre ellos Padilla. 

Juana defendió con rebenque en mano su propiedad ante los realistas.  Al año siguiente de la Revolución de Mayo, Manuel Padilla se unió a Martín Miguel de Güemes, fueron la pesadilla del ejército realista.  

Doña Juana quiso acompañarlos pero estaba prohibida la presencia de mujeres en el ejército.

Su casa fue confiscada y debió ocultarse en la casa de una amiga. Manuel Padilla se enfrentó con las tropas realistas utilizando el método de guerrillas, venció en varias oportunidades y su nombre comenzó a convertirse en leyenda.  

Hacia 1813 los revolucionarios ocuparon Potosí y Padilla fue el encargado de organizar el ejército, tarea a la cual se sumó ahora sí Juana. 

Su ejemplo hizo que muchas mujeres se sumaran a la gesta.

"En poco tiempo, el prestigio de Juana Azurduy se incrementó a límites casi míticos: los soldados de Padilla veían en ella la conjunción de una madre y esposa ejemplar con la valerosa luchadora; los indígenas prácticamente la convirtieron en objeto de culto, como una presencia vívida de la propia Pachamama".

Luego de la derrota de Vilcapugio y Ayohuma, la lucha se desplazó al nordeste de Bolivia, se le llamó la "Guerra de las Republiquetas".

 Durante este tiempo el cacique Juan Huallparrimachi, músico, poeta y descendiente de los incas, se unió a Juana Azurduy, fue su fiel lugarteniente.  

En el mes de marzo de 1814. Padilla y Azurduy vencieron a los realistas en Tarvita y Pomabamba.  

Pezuela, el jefe del ejército español, puso todo su batallón a perseguir a la pareja de caudillos.  

Las tropas revolucionarias debieron dividirse: Padilla se encaminó hacia La Laguna y Juana Azurduy se internó en una zona de pantanos con sus cuatro hijos pequeños.  

Allí se enfermaron cada uno de sus cuatro hijos, donde murieron Manuel y Mariano, antes de que Padilla y Juan Huallparrimachi, llegaran en auxilio.  
De vueltas en el refugio del valle de Segura murieron Juliana y Mercedes, las dos hijas, de fiebre palúdica y disentería. 

"Dicen los biógrafos que comienza aquí la guerra brutal contra los realistas:"Padilla es cruel, es sanguinario (...) La guerra se ha desatado bárbaramente; ya no es la ley del Talión la que prima, sino una ley más inhumana, por un muerto se exigen dos, por dos, cuatro", afirma Gantier". "Juana Azurduy está nuevamente embarazada cuando combate el 2 de agosto de 1814 con Padilla y su tropa, en el cerro de Carretas. Y Juana Azurduy sufre ya los dolores de parto cuando escucha las pisadas de la caballería realista entrando en Pitantora. Luisa Padilla, la última hija de los amantes guerreros, nace junto al Río Grande y experimenta ahora en brazos de su madre los ardores de la vida revolucionaria".

Un grupo de suboficiales quisieron arrebatarle la caja con el tesoro de sesenta mil duros, el botín de guerra con el que contaban para su supervivencia las tropas revolucionarias, y que Juana Azurduy custodiaba con celoso fervor. 

Juana se alzó frente a ellos con su hija en brazos y la espada obsequiada por el General Belgrano.

Feroz y decidida, montó a caballo con la pequeña Luisa y, juntas, se zambulleron en el río.

Lograron llegar con vida a la otra orilla. 

La hija recién nacida quedó a cargo de Anastasia Mamani, una india que la cuidó durante el resto de los años en que su madre continuó luchando por la independencia americana. 

En 1816 Juana y su esposo, quienes tenían bajo sus ordenes 6000 indios, sitiaron por segunda vez la ciudad de Chuquisaca.  

Los realistas lograron poner fin al cerco, y en Tinteros, Manuel Ascencio Padilla encontró la muerte. Manuel Belgrano, en un hecho inédito, envió una carta donde la nombraba teniente coronel.  

La cabeza de Padilla fue exhibida en la plaza pública durante meses, ésta se convirtió en un símbolo de la resistencia.  

El 15 de mayo de 1817 Juana al frente de cientos de cholos la recuperó.

Juana Azurduy intentó reorganizar la tropa sin recursos, acosada por el enemigo, perdió toda colaboración de los porteños.

Juana decidió dirigirse a Salta a combatir junto a las tropas de Güemes, con quien estuvo tres años hasta ser sorprendida por la muerte de éste, en 1821.  

Decidió regresar junto a su hija de 6 años, pero recién en 1825 logró que el gobierno le dé cuatro mulas y cinco pesos para poder regresar.  

En 1825 se declaró la independencia de Bolivia, el mariscal Sucre fue nombrado presidente vitalicio.  

Este le otorgó a Juana una pensión, que le fue quitada en 1857 bajo el gobierno de José María Linares.  

Doña Juana terminó sus días olvidada y en la pobreza, el día 25 de mayo de 1862 cuando estaba por cumplir 82 años.  Sus restos fueron exhumados 100 años después, para ser guardados en un mausoleo que se construyó en su homenaje.

Esta carta fue escrita ocho años más tarde de la muerte de Güemes, cuando vagaba pobre y deprimida por las selvas del Chaco argentino:

"A las muy honorables juntas Provinciales: Doña Juana Azurduy, coronada con el grado de Teniente Coronel por el Supremo Poder Ejecutivo Nacional, emigrada de las provincias de Charcas, me presento y digo: Que para concitar la compasión de V. H. y llamar vuestra atención sobre mi deplorable y lastimera suerte, juzgo inútil recorrer mi historia en el curso de la Revolución. Uno de los pocos momentos de felicidad fue aquel en que sorpresivamente Simón Bolívar, acompañado de Sucre, el caudillo Lanza y otros, se presentó en su humilde vivienda para expresarle su reconocimiento y homenaje a tan gran luchadora. El general venezolano la colmó de elogios en presencia de los demás, y dícese que le manifestó que la nueva república no debería llevar su propio apellido sino el de Padilla, y le concedió una pensión mensual de 60 pesos que luego Sucre aumentó a cien, respondiendo a la solicitud de la caudilla: Sólo el sagrado amor a la patria me ha hecho soportable la pérdida de un marido sobre cuya tumba había jurado vengar su muerte y seguir su ejemplo; mas el cielo que señala ya el término de los tiranos, mediante la invencible espada de V.E. quiso regresase a mi casa donde he encontrado disipados mis intereses y agotados todos los medios que pudieran proporcionar mi subsistencia; en fin rodeada de una numerosa familia y de una tierna hija que no tiene más patrimonio que mis lágrimas; ellas son las que ahora me revisten de una gran confianza para presentar a V.E. la funesta lámina de mis desgracias, para que teniéndolas en consideración se digne ordenar el goce de la viudedad de mi finado marido el sueldo que por mi propia graduación puede corresponderme". 


Juana Azurduy
(Letra: Féliz Luna - Música: Ariel Ramírez)

Juana Azurduy,
flor del Alto Perú:
no hay otro capitán
más valiente que tú.

Oigo tu voz
más allá de Jujuy
y tu galope audaz,
Doña Juana Azurduy.

Me enamora la patria en agraz,
desvelada, recorro su faz;
el español no pasará
con mujeres tendrá que pelear.

Juana Azurduy,
flor del Alto Perú,
no hay otro capitán
más valiente que tú.

Estribillo
Truena el cañón,
préstame tu fusil
que la revolución
viene oliendo a jazmín.

Tierra del sol
en el Alto Perú,
el eco nombra aún
a Tupac Amaru.

Tierra en armas que se hace mujer,
amazona de la libertad.
Quiero formar
en tu escuadrón
y al clarín de tu voz
atacar.

Ver tambien:

- Mujeres en la milicia

- Manuela Pedraza

- Macacha Güemes

- Marina Céspedes

 Fuentes:
- Mónica Deleis, Ricardo de Titto, Diego L. Arguindeguy, "Mujeres de la Política Argentina ", Editorial Aguilar, Buenos Aires, Argentina, 2001.
- Graciela Batticuore, Juana Azurduy en "Mujeres Argentinas, El lado femenino de nuestra historia", Maria Esther de Miguel, Editorial Extra Alfaguara, Buenos Aires, Argentina, 1998.
- Pacho O´Donnell, "Juana Azurduy, La Teniente Coronela ", Editorial Planeta.
- Gabriel O. Turone - Juana Azurduy.
- Elizabeth Fernández e Irene Ocampo, Juana Azurduy, 2005
- Oscar J. Planell Zanone - Oscar A. Turone. Efemérides Históricas.

màs informaciòn: http://es.wikipedia.org/wiki/Juana_Azurduy

y en   Juana Azurduy

La Revolución continental Juana Azurduy es la máxima heroína de la Independencia ... Juana Azurduy fue nombrada Teniente Coronel del ejército argentino a pedido de ... www.elortiba.org/azurduy.html  

tambièn en: http://uncajonrevuelto.arte-redes.com/index.php?p=143

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http://www.prensadefrente.org/pdfb2/index.php/a/2007/10/08/p3237

EN MEMORIA DE JUANA AZURDUY
La dulce libertad

Boletín quincenal Nº74 - En "El socialismo y el hombre nuevo en Cuba" el Che afirma duramente sin temor a perder la ternura: "El revolucionario verdadero está guiado por grandes sentimientos de amor (...) Nuestros revolucionarios de vanguardia tienen que idealizar su amor a los pueblos. No pueden descender con su pequeña dosis de cariño cotidiano hacia los lugares donde el hombre común lo ejercita. Los dirigentes de la revolución tienen hijos que en sus primeros balbuceos no aprenden a nombrar al padre; mujeres que deben ser parte del sacrificio general de su vida para llevar la revolución a su destino...". ¿La radicalidad del cambio social debe partir de la negación del cotidiano, de la destrucción del sentido común que configura el poder? ¿Qué vale la pena conservar y qué merece perecer?

Un repaso por la vida de Juana Azurduy, revolucionaria de la independencia americana, nos deposita en el umbral incómodo del compromiso absoluto, aquel que no negocia días ni horas pero sacrifica vidas: la propia, la del enemigo, la propia nuevamente al enfrentar el desgarramiento de ver a sus hijos morir uno detrás del otro víctimas de la persecución y las enfermedades.

Corría el año 1780 y un lunar de plata engastado en la corona española empezaba a quebrarse, agotado en el corazón andino del imperio por el torbellino de una furia de siglos latiendo en los pies descalzos de indígenas y criollos pobres, estallando en la rebelión anticolonial de Tupac Amaru, Tupac Katari y Bartolina Sisa.

Juana Azurduy creció en el Alto Perú -hoy Bolivia-, hija de terratenientes radicados en las afueras de Chuquisaca. Habiendo muerto su hermano menor, Juana comienza a experimentar la subversión cuando su padre la familiariza con las faenas del campo, aprende a montar, a hablar quechua y aymara y ocupa el lugar del hijo perdido, del heredero deseado, en un mundo donde los papeles del varón y la mujer son igual que hoy una construcción social, pero además tienen rigidez y jerarquía feudales.

Las clases sociales se ven a sí mismas como castas infranqueables que impiden el contacto entre puros e impuros, entre negros, mestizos, indígenas y blancos, donde podemos pensar con Franz Fanon que "Cuando se percibe en su aspecto inmediato el contexto colonial, es evidente que lo que divide al mundo es primero el hecho o no de pertenecer a tal especie, a tal raza. En las colonias, la infraestructura es igualmente una superestructura. La causa es la consecuencia: se es rico porque se es blanco, se es blanco porque se es rico". La mujer es un bien de familia, un objeto que puede venderse como un esclavo o una mula. Cuando los padres mueren y una tía se hace cargo de Juana, el bien de familia es enviado a un convento, que junto al lazo conyugal hacía las veces de cárcel del cuerpo y la mente para las mujeres de sangre española o criolla en las colonias. Allí pasa ocho meses donde, según sus compañeras de celda lee la vida de Sor Juana Inés de la Cruz y sueña con santos guerreros como Juana de Arco o San Ignacio de Loyola, hasta que es expulsada en 1797 del Monasterio de Santa Teresa. De regreso a la finca familiar, conoce a Manuel Ascencio Padilla y se casa en 1805. Padilla simpatizaba con los "abajeños", los criollos rioplatenses que pululaban por las calles de Chuquisaca para comerciar, buscar esposa con apellido ilustre o estudiar en la universidad como Juan José Castelli, Mariano Moreno y Bernardo de Monteagudo.

En 1809 estalla nuevamente la rebelión anticolonial en Potosí, Manuel Padilla organiza un ejército indígena entre la parcialidad Chayanta y obtiene algunos triunfos, pero el movimiento es aplastado por las milicias enviadas desde Buenos Aires, las mismas que habían defendido aquella pequeña ciudad con su puerto empantanado de las tropas inglesas dos años antes. Juana debe esconderse cuando los realistas confiscan su hacienda, y en 1813 se suma activamente a la rebelión que se ha transformado en revolución no bien Napoleón invade España, el imperio queda acéfalo y las juntas criollas se multiplican en América cuestionando el lazo colonial.

Como Artigas en la Banda Oriental, Guemes en Salta o Manuel Rodríguez en Chile, Juana Azurduy debió armar milicias populares y practicar la guerra de guerrillas desafiando las jerarquías de la sociedad de castas, luchando por una América sin fronteras ante la desconfianza o el espanto de las oligarquías criollas. En marzo de 1814 Juana y Manuel vencen a las tropas realistas que persiguen a la pareja sin descanso, obligándola a refugiarse en una zona pantanosa donde sus cuatro hijos van muriendo de paludismo y disentería. Dispuesta a conquistar la libertad con su familia a cuestas, al final de la parábola que comenzaba con la sentencia del Che vemos el acto más radical de Juana, que arroja a la hoguera revolucionaria su propia imagen prefabricada de género -la madre sumisa y acomodada, la religiosa en el convento- para convertirse fugazmente en una mujer guerrera con poderes sobrenaturales sacrificando todo por una causa en la que paradójicamente no parece querer -y nadie le permite- liberar su cuerpo del simbolismo maternal: Pachamama para los pueblos originarios según algunas versiones, Virgen del ejército independentista para Mitre, Teniente Coronela embarazada que defiende su vida y alumbra otra con la espada que le obsequiara Belgrano, muralla en la puerta de los Andes para sostener el triunfo de la revolución continental de Bolívar y San Martín, muere pobre y olvidada en 1862 como tantos otros revolucionarios de la independencia que desafiaron al imperio y a las oligarquías criollas, incapaces de poner precio a sus sueños de libertad: "con mis armas haré que dejen el intento, convirtiéndolos en cenizas, y que sobre la propuesta de dinero y otros intereses, sólo deben hacerse a los infames que pelean por su esclavitud no a los que defienden su dulce libertad como yo lo hago a sangre y fuego".

Fuentes:
Pacho O´Donnell, Juana Azurduy, La Teniente Coronela.
Franz Fanon, Los condenados de la tierra.
Eduardo Anguita y Martín Caparros, La Voluntad (Tomo I).
Elizabeth Fernández e Irene Ocampo. Una biografía de Juana Azurduy en  www.rebelion.org 
 

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