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17 Marzo 2009

película "La teta asustada"

Violencia de genero: LA PELICULA LA TETA ASUSTADA
17 Mar 2009


MAS ALLA DE LA TETA ASUSTADA

  La premiada película "La teta asustada" de la directora, Claudia Llosa
se basó en la creencia andina del traspaso del miedo y la tristeza que
se da de madre a niño; creencia que fue investigada con rigor y
precisión por la antropóloga estadounidense, Kimberly Theidon, la
autora intelectual del guión de Llosa.
 Kimberly Theidon, una mujer que ha afrontado con lucidez un tema tan
duro de tratar: la violación sistemática del ejército en los distritos
altoandinos amujeres y niñas indefensos, olvidados por todos nosotros.
La antropóloga Kimberly Theidon investiga, desde mediados de la década
del noventa, las violaciones y maltratos que sufrieron las mujeres
durante la guerra interna que sacudió al país, en especial en
Ayacucho. En sus estudios se describe la existencia de creencia que
consiste en pasar la tristeza de madre a hijo a través de la leche
materna. La bautizó con el sugestivo nombre de "La teta asustada".
Theidon, que es profesora asociada de la Universidad de Harvard y
autora del libro Entre prójimos (publicado en Perú por el IEP en
2004), estudió a siete comunidades campesinas en el centro-sur de
Ayacucho, cuyas vidas quedaron marcadas a fuego por los años de
violencia, en especial del período de 1980 a 1992, llamado el
sasachacuy tiempo, "los tiempos difíciles" en quechua.
La investigadora contó, que se
enteró de que la película La teta asustada de Claudia Llosa había
ganado el Oso de oro en el Festival de Berlín por llamadas de sus
colegas, quienes le dejaron mensajes en su contestadora. "Miré la
premiación por Internet y luego vi a Magaly Solier hablando en
quechua. Es lo máximo, es el sueño de cualquier investigadora. Yo
estuve conmovida por lo que investigué y escribí, así que la idea de
que ese trabajo pueda motivar a otras personas me congratula mucho".
Theidon recuerda que hay un libro de Marcel Mauss sobre el don, que
dice que los dones recirculan y establecen redes sociales. "Cuando me
hablaron de sus experiencias, estas mujeres me encargaron un don, con
la responsabilidad de reciprocar; yo compartí lo que me contaron.
Pensar que haya una persona que normalmente no se interese por un tema
de violencia sexual, pero que gracias a la película se acerque al
tema, es una satisfacción enorme".

 Según sus investigaciones, ¿Fue la violación una estrategia de
guerra durante los años difíciles? ¿Se podrá saber la magnitud de
ella?
KT: No hay manera de saber la magnitud exacta, pero fue un hecho
generalizado. Uno de los problemas es que el verbo violar no se usa en
quechua; se usa "fastidiar", "molestar", "abusar", etc.
En los inicios, me empezaron de hablar de abusos, pero en tercera
persona, como hablando de otra comunidad a la distancia; pero poco a
poco, cuando trabajé en Vilcashuamán, donde hubo bases militares, me
decían "violaron a todas nuestras niñas". Ahí me di cuenta que era un
problema masivo.
En términos de violación grupal se trataba del Ejército, pues las
mujeres narran experiencias de grupos de 20 personas que las atacaron.
En cambio, (el método de) Sendero Luminoso era diferente: ellos
entraban a "reclutar" a las chicas y luego decían "tú estas aquí, vas
a estar con él". Pero la estrategia de las Fuerzas Armadas era la
violación en grupo.

¿Qué otros tipos de abusos sufrieron las mujeres de las
comunidades campesinas en Ayacucho?

KT: Un hecho que acabo de descubrir es que los sacerdotes, en alianza
con el Ejército, comercializaban mujeres que pertenecían a Sendero
Luminoso y que terminaban casadas con los indeseables de cada pueblo,
tras una venta en el mercado.
Es una revelación: los sacerdotes ponían a caminar a las mujeres que
atrapaban a los miembros del Ejército, y a la fuerza tenían que
casarse. Ese fenómeno recién acabó cuando entraron los warmakunas
("jóvenes modernos"). Estas mujeres salvaban su vida, casándose con
los "opas" (tontos) o viejitos de cada pueblo; los sacerdotes sacaban
dinero por el matrimonio, fue una manera de resignificar el parentesco
con la violencia sexual.

¿Es difícil romper el hielo al hablar de un tema tan difícil
con las mujeres de Ayacucho?

KT: Para mí era éticamente imposible preguntarle a alguien: "¿señora,
fue usted violada?". Nosotros buscamos hablar con las mujeres en un
contexto donde no sintieran que iban a recibir una retribución a
cambio, pero si uno se queda mucho tiempo viviendo con la gente, ellas
van a empezar a hablar.
Cuando empezaron a hacerlo, me fascinaron varias cosas. El contexto,
pues tenían que explicar por qué estaban vulnerables ante el atacante;
luego, todo lo que hicieron para defenderse, o para defender a sus
familiares durante el ataque. Pienso ahora en una madre cuando narró
su experiencia con 5 soldados: "yo les dije de frente que no iban a
tocar a mis niñas salvo que me maten". En su historia, aunque vivió
una experiencia horrible, hay algo de orgullo porque pudo defender a
sus hijas, a quienes querían violar los soldados. Esta señora las
agarró entre sus piernas y las protegió durante ese momento
repugnante.

¿Usted quiere decir que nuestras mujeres buscaron el heroísmo y
mantuvieron la dignidad en un trance tan difícil?

KT: Me da tanta pena que las violadas siempre sean humilladas,
estigmatizadas. Esas mujeres lo hicieron para salvar a sus hijos, pero
lo que me da tanta pena es que siempre que se habla de las violadas se
habla de suciedad, de un estigma, pero no hay tiempo para hablar del
heroísmo. ¿Cuántas vidas se salvaron por el sacrificio de estas
mujeres? A cambio se les ataca, los maridos las abandonaron. Ocurrió
una doble injusticia, eso es lo que me mata.

¿Cuán generalizado fue el fenómeno de "la teta asustada"?

KT: Absolutamente omnipresente. Durante los años del terror surgió una
y otra vez el temor de dar de mamar a los niños, pasarles la leche de
rabia, la leche de preocupación. Hubo mujeres que intentaron dejar
morir a sus bebés. "Mira, yo les di teta de preocupación, ¿qué va a
pasar con esa criatura?, ¿cómo va a vivir así?". Fueron mujeres que
dejaron a sus bebés boca abajo, esperando que fallecieran. Se cometió
infanticidio por evitarles una vida de sufrimiento. La idea de que
jamás iba a ser normal un bebé que ha tomado esa leche, en el útero o
en la lactancia, fue un fenómeno absolutamente generalizado.

¿El nombre de "teta asustada" se lo dio usted o la enfermedad
ya se llamaba así?

KT: Fue el nombre que le puse al traducirlo del quechua. Es lo que la
gente dice, "leche de rabia", "leche de miedo". Para mí fue la mejor
manera de traducir este fenómeno, y lo usé por vez primera en mi tesis
y luego en varios artículos y libros. Me puse a pensar cómo se sentirá
una mujer con el temor de que su propio cuerpo sea un peligro para su
bebe. Que la cosa más natural que se la da a un bebe es lo que lo
daña. Es terrible.

¿Cómo fueron esos niños que fueron producto de la violación y
cuyas madres no fueron asistidas en su salud mental?

KT: Es un tema muy difícil. Hubo mujeres que intentaron abortar con
hierbas, literalmente no podían tolerar el feto. Cuando hablamos de
una mujer producto de la violación se está jugando con el tiempo,
porque se crea una memoria futura: cada vez que esa mujer vea la cara
de su hijo recordará el momento más difícil de su vida. Un día
encontré un niño que casi no hablaba, que solo se la pasaba pastando a
su llama y a sus dos cerdos, y al preguntar sobre su historia me
dijeron que se llama Chiqui, es decir "maldición" en quechua. ¿Puedes
imaginar que haya una criatura con un nombre tan terrible? Está
marcado para siempre.

¿Cuán necesaria es una política de salud mental en zonas
afectadas por la violencia?

KT: Para mí no se trata solo de pensar en los servicios de salud
mental. La violencia sexual fue en fenómeno en la guerra interna,
pero, ¿dónde están los hombres que cometieron las violaciones, sean
soldados, ronderos o senderistas? En una guerra se exacerban las
violaciones, pero ¿qué pasa en tiempo de paz?
Me da pena la carga negativa que cae sobre las mujeres, pero cómo
podemos hablar solamente de la mujer y de su estigma, olvidándonos de
los hombres. Entrevisté a oficiales de la Marina que me dijeron que
sus jefes incentivaban la violación; yo abriría un espacio en las
Fuerzas Armadas para hablar del tema en tiempos de paz, y me
preguntaría qué tipo de sociedad queremos para nuestros niños y
adolescentes sino reflexionamos sobre los actos de violación masiva
que cometieron sus miembros a miles de mujeres, cuyas vidas quedaron
estigmatizadas.

¿Considera que el premio a la película La teta asustada ayudará
a conocer mas esta terrible realidad que vivieron las peruanas en los
Andes?

KT: Claro que sí. Es una película que abrirá el espacio para dialogar
sobre lo que pasó; queremos que sea una ventana de esperanza al
diálogo sobre la persistencia de la violencia sexual en tiempos de
paz, un desafío para cualquier investigador social.
Paola Ugaz / Terra Perú

Tags: cine, mujeres

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