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La Coctelera

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23 Marzo 2009

Uruguay: A sus 84 años: EL LEGADO DE RAÚL SENDIC ANTONACCIO

 

En aquellos protagonistas destacados de la historia que no hemos podido conocer contemporáneamente y de los cuales tan solo disponemos de referencias históricas muy indirectas y dudosamente fidedignas, discernir lo real del mito o la leyenda, lo sabemos, no es nada fácil ni siempre es posible.

Artigas puede ser para los rioplatenses un buen ejemplo de ello, acentuado, obviamente, por una "reconstrucción" burguesa de su vida y su obra, premeditada y caprichosamente inventada a imagen y semejanza de los propios contenidos e intereses filosófico-materiales de la burguesía dependiente de ambas márgenes del Plata. O, en menor grado -y en otra dirección sin duda opuesta a aquella- por visiones desde posicionamientos de izquierda que seguramente han contribuido a la idealización excedidamente revolucionaria de su figura, haciéndose abstracción de los tiempos históricos y sus determinantes y condicionantes concretas, mediante análisis que subestiman la historia misma de los conceptos y las ideas políticas como productos sociales desarrollados en el tiempo y en el espacio también concretos. (Por supuesto que la figura de Artigas y las connotaciones de su vida de lucha ejemplar, no se empequeñecen o empañan porque los objetivos de esa lucha no fueran propiamente socialistas).

El caso de Raúl Sendic escapa por ahora a este fenómeno que podríamos llamar de disociación-asociación de lo objetivo y lo subjetivo, al menos claramente para algunos -seguramente la mayoría- de los que hemos sido efectivamente contemporáneos suyos y de sus hechos. En todo caso, la "leyenda Sendic" no ha podido separarse de la "realidad Sendic" o superarla artificiosamente; una y otra, por lo pronto, calzan sin distorsionar o tergiversar lo esencial del legado Sendic.

Aun aquellos que fueron y siguen siendo sus enemigos más concientes y encarnizados, no pueden divagarse con el sueño descabellado de pintarse o pintarnos un Sendic rebelde pero en última instancia funcional al sistema. O un Sendic que en el ocaso de su vida se pasara a las filas de los opresores tan siquiera por vía del derrotismo, el escepticismo o la exacerbación democratista y maquiavélica que en general hace desertar fatalmente de la senda revolucionaria.

No pueden hacerlo, ni lo desean. Sendic es para ellos, todavía, el fusil que apunta, el comando que secuestra burgueses oligarcas, la bala que ejecuta al verdugo, la expropiación, la denuncia de los corruptos y, más que nada, la pre-figuración nítida y sin maquillaje de una sociedad sin explotados ni explotadores. Es aún acción popular directa, frontal y violenta, virtualizada, mediatizada por la distancia de los años y la contundencia de los traspiés, pero todavía portentosa, temible y, aunque parezca mentira, capaz de hacerlos pensar dos veces y hasta tres, ante la tentación, de nuevo, de la represión feroz o el recurso extremo -como en la primera época "antisubversiva" de Pacheco y luego, con los milicos timoneando la nave del fascismo criollo- de la cacería humana y el asesinato de los "escuadrones de la muerte" en la oscuridad callejera o de algún balneario agreste.

Para ellos -los que aún temen al guerrillero sin pelos en la lengua y sin eufemismos para referirse a los objetivos de la lucha- y para el pueblo "de los tiempos de Sendic", "El Bebe" es el prófugo de casi una década, el fugitivo mimetizado tanto en La Teja o en el Borro como en Carrasco o Piriápolis y, a la vez, el que sigue arrimando las palabras "derechos" y "revolución" tanto a los cañeros esclavizados del Norte como a los obreros reventados de la decadente industria del vidrio o de los frigoríficos del Oeste montevidano.

Separar relativamente la realidad de la leyenda o el mito que sin dudas es también Raúl Sendic, se hace posible antes que nada porque los postulados filosófico-ideológicos y la acción política consecuente impulsada y desarrollada por él, más allá de aciertos y errores, no dejaron márgenes para la especulación interpretativa o el revisionismo histórico de izquierda o de derecha. Las ideas y los ideales de "El Bebe" no habilitan la duda, y su práctica social, menos aun.

Sendic planteó y explicó hasta el cansancio, sin disfraces de ninguna especie, los extremos entre los cuales se producía el devenir histórico oriental una vez finalizada la segunda guerra mundial de la cual se nutrió el Uruguay para vivir una efímera y fantasiosa prosperidad parida por el hambre y la escasez dejada en Europa por la última gran contienda bélica internacional motivada por un nuevo reparto del mundo entre las grandes potencias imperiales: oligarquía-pueblo, ricos-pobres, imperio-nación, dentro de esa contradicción universal entre burguesía y proletariado de la que algunos han querido "distanciarlo" reinterpretándolo.

Podrán tejerse historias acerca de los operativos en los que intervino o los que él mismo inventó a lo "libre pensador"; podrán novelarse sus vicisitudes pseudo sentimentales o sus arrebatos de furia enfrentando a alguna "mente brillante" movida por el afán de inútil competencia caudillista; toda la figura externa de Sendic es pasible de construcción literaria o parecida...

Lo que no puede transformarse en leyenda a gusto del consumidor o del distribuidor, es su interior revolucionario y su fibra removedora de todo lo que la fuerza de la costumbre tiende a sacralizar y llenar de telaraña ideológica. No es sólo el olor a pólvora que todavía produce su nombre o el hecho de que aún sobrevivan quienes convivieron con él, lo que obstaculiza la ficción o el mito apologético o difamador; es la vigencia profunda y vital de su pensamiento revolucionario aun si discrepasemos con su inveterada tendencia a someter a "examen clínico" periódico y regular al equipaje filosófico que cargó consigo desde la adolescencia y hasta el final de sus días, muchas veces contradiciéndose severamente a sí mismo y hasta dando lugar a que algunos trasnochados y oportunistas le diagnosticaran demencia canera crónica o "subjetivismo de cantón" perpetuo, o algunas "desviaciones" más propias que de Sendic.

"El Bebe" Sendic llega a su octogésimo cuarto cumpleaños sin que nadie pueda desprenderse de sus opiniones y propuestas políticas de hace más de dos décadas. Nadie puede olvidar sus reparos acerca del desarrollo de la fuerza política F.A. (¿no será más adecuado decir "las fuerzas políticas"?) a la que él pretendió en vano ayudar a reorientarse con sentido revolucionario aun sin que para ello entendiera imprescindible estar comprometido en estructuras orgánicas o con alguno de los aparatos partidarios tradicionales, ya demasiado vetustos y contagiados del burocratismo y el dirigentismo que "El Bebe" detestaba racional y epidérmicamente.

Nadie puede desconocer que el tema de las alianzas políticas era uno de los temas que le quitaban el sueño, y la iniciativa que él bautizó como "Frente Grande", independientemente de detalles técnicos más o menos discutibles, es categórica en cuanto a una percepción que priorizaba siempre las alianzas naturales en el seno del pueblo y desde bien abajo, diferenciándolas claramente de las alianzas circunstanciales entretejidas, en general, cupularmente.

Ni que hablar que su visión no era nada ingenua: se contraen alianzas circunstanciales para facilitar el combate contra el enemigo estratégico o circunstancial común, pero no se las improvisa facilicitando absolutamente nada que reste potencialidad a la perspectiva de ejercer en esas alianzas un rumbo o una orientación de signo predominantemente revolucionario de largo aliento, en la convicción, además, de que sobre todo los aliados circunstanciales aspirarán indefectiblemente a ejercer también ese mismo rol -aunque en sentido inverso- en el matizado y contradictorio universo del relacionamiento en conjunciones político-ideológicas a las que se llega por imposición de condiciones históricas que reclaman el entretejido de fuerzas diferentes y hasta antagónicas temporalmente enfrentadas a un mismo y común enemigo político-ideológico, para potenciar el combate coyuntural.

Sendic sabía que al contraerse una alianza circunstancial, la perspectiva del futuro en apariencia remoto, pesa tanto o más que los objetivos tácticos inmediatos y que, por lo tanto, irán presentándose inevitablemente las contradicciones internas a la alianza en desarrollo paralelo a las contradicciones externas que dan razón de ser a la alianza.

La presencia vital y todavía fecunda de "El Bebe", no es un capricho de lo legendario ni creación literaria o cinematográfica de ficción política. Ella es vital y fecunda por la fuerza de una visión del futuro más o menos cercano, esencialmente acertada, y reforzada, además, e indirectamente, por la tozudez e inconsecuencia de quienes debía esperarse voluntad y capacidad para tenerla presente y traducirla en estrategia revolucionaria, y no en caricatura ridícula y electorera, como ocurrió claramente después de su muerte (después, pero no porque él estuviera muerto; seguramente tampoco hubiera podido detenerlos, aunque tampoco hubiesen contado con su auxilio).

Hablar de la vigencia del pensamiento y la acción de Sendic, sin mencionar su propuesta -y los argumentos que le dieron pié- de "frente grande" concebido como gran alianza popular nacida desde el cordón de la vereda, la parada de ómnibus, el almacén, el liceo, el taller o la esquina; o hacerlo refiriéndose a ello como anécdota mitológica y pintoresca, es bastardear y hacer escarnio de este legado pujante y portentoso perdurable a pesar de los 20 años de su muerte.

Aun a riesgo de pasar por esquemáticos, pero más que nada tratando de no ser hipócritas homenajeando leyendas vacías de contenido o caricaturas de auténticos revolucionarios, hay que decir que recordar con intención revolucionaria a Raúl Sendic, hoy, a 84 años de su nacimiento y 20 de su muerte, supone prestar atención concienzudamente a sus propuestas de construcción de una unidad popular para la revolución, que trascienda el democratismo electoralero o el proselitismo cultor de personalidades más o menos carismáticas.

El legado de "El Bebe" no son simples registros documentales para algún museo anti olvido o coleccionistas de periódicos atrasados; el legado de "El Bebe" son ideas e iniciativas políticas fundadas sin duda en la razón y la percepción científica de la realidad, pero también en una impresionante fé revolucionaria que no sucumbió siquiera en las profundidades macabras del aljibe dictatorial fascista.

Nada de "sanos consejos", pero sí de reflejos atentos y pensamiento crítico, como para recoger armas de revolución que hoy reclaman sobre todo los más jóvenes; o sea, los revolucionarios "biológicos", los que sienten la revolución como un imperativo natural, casi, rememorando algunas reflexiones del Ché.

Se llamará "frente grande" o como el pueblo lo bautice. Ahí está la propuesta, no como receta, pero sí como "abc" filosófico en tiempos en los que, en general, todavía está por verse aquello de que "hay otra forma de hacer política", que es la que se hace con el pueblo y no "por el pueblo".

Desempolvar a "El bebe" de la leyenda y las bibliotecas quietas, es la consigna. Y para Sendic, las consignas respondían a necesidades revolucionarias de largo aliento y de mucho sacrificio, y no a demandas del marketing quinquenal de eso que él llamó en 1958 "careta de democracia".

(Vale la pena transcribir un fragmento del artículo "Recibos para transitar y parodia de fusilamiento" publicado en El Sol el 7/11/1958)::

 "(...) El régimen que impera en nuestro país tiene una cara y una careta. La careta es esa apariencia de libertad y democracia que solo experimenta la gente rica y que se muestra para el exterior. Libertad de prensa, libertad de opinión, libertad de circulación,  libertad de agremiación, derechos de huelga,  etc.

Pero la democracia de nuestro país, como la democracia burguesa en todos lados, no resiste la prueba de fuego de la lucha de clases. Ante la mínima amenaza a los intereses capitalistas, una huelga obrera, por ejemplo, se esfuma hasta el último rastro de la democracia. Tal es lo que ha sucedido en Paysandú con motivo de la huelga remolachera. Aquí ha caído por completo la careta y ha quedado en descubierto una cara siniestra que ya evoca las macabras fauces del fascismo.

Hablamos en números anteriores de cómo se fraguó una declaración para crear la absurda calumnia del "campo de concentración comunista" en Paysandú. Hablamos de las detenciones interminables a activistas y dirigentes del sindicato. Del fichaje y prontuariamiento de los huelguistas, de la detención de los que venden bonos, pegan murales o compran comestibles para el campamento de los huelguistas (...)".

 Gabriel Carbajales
gabriel.carbajales@gmail.com
- Publicado en "Nueva Tribuna", Montevideo

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