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La Coctelera

Red Latina sin fronteras

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23 Junio 2009

MANIFIESTO ECO-SOCIALISTA

redactado por Joel Kovel y Michael Löwy

El siglo XXI se inicia de manera catastrófica, con un grado sin precedentes de deterioro ecológico y un orden mundial caótico, amenazado por el terror y por conglomerados de guerra desintegradora, de baja intensidad, que se extienden como gangrena a través de amplios segmentos del planeta -África Central, Medio Oriente, Asia Central y del Sur y noroeste de Sudamérica- y reverberan a través de las naciones.

En nuestra visión, la crisis ecológica y la crisis de deterioro social están profundamente interrelacionadas y deben ser vistas como distintas manifestaciones de las mismas fuerzas estructurales. La primera se origina ampliamente en la industrializació n rampante que desborda la capacidad de la Tierra para amortiguar y contener la desestabilizació n ecológica. La segunda se deriva de la forma de imperialismo conocida como globalización, con efectos desintegradores en las sociedades que encuentra a su paso. Más aun, estas fuerzas subyacentes son esencialmente aspectos diferentes de una misma corriente, que debe ser identificada como la dinámica central que mueve a la totalidad: la expansión del sistema capitalista mundial.

Rechazamos todos los eufemismos o la suavización propagandística de la brutalidad de este régimen: todo intento de lavado verde de sus costos ecológicos, toda mistificación de sus costos humanos en nombre de la democracia y los derechos humanos. Insistimos, por el contrario, en mirar al capital desde la perspectiva de lo que realmente ha hecho.

Actuando sobre la naturaleza y su equilibrio ecológico, el régimen capitalista, con su imperativo de expansión constante de la rentabilidad, expone los ecosistemas a contaminantes desestabilizadores; fragmenta hábitats que han evolucionado durante eones para permitir el florecimiento de los organismos, despilfarra los recursos y reduce la sensual vitalidad de la naturaleza al frío intercambio requerido por la acumulación de capital.

En lo concerniente a la humanidad y sus demandas de autodeterminació n, comunidad y una existencia plena de sentido, el capital reduce a la mayoría de la población mundial a mero reservorio de fuerza de trabajo, mientras descarta a muchos de los restantes como lastre inútil. Ha invadido y erosionado la integridad de las comunidades a través de su cultura global de masas de consumismo y despolitizació n.

Ha incrementado las desigualdades en riqueza y poder hasta niveles sin precedentes en la historia humana. Ha trabajado en estrecha alianza con una red de estados clientes serviles y corruptos, cuyas élites locales ejecutan la tarea de represión ahorrándole al centro el oprobio de la misma. Y ha puesto en marcha una red de organizaciones supraestatales bajo la supervisión general de los poderes occidentales y del superpoder Estados Unidos, para minar la autonomía de la periferia y atarla al endeudamiento, mientras mantiene un enorme aparato militar para asegurar la obediencia al centro capitalista.

Creemos que el actual sistema capitalista no puede regular, y mucho menos superar, las crisis que ha desatado. No puede resolver la crisis social y ecológica, porque hacerlo requiere poner límites a la acumulación -una opción inaceptable para un sistema cuya prédica se apoya en la divisa: ¡ crecer o morir ! Y no puede resolver la crisis planteada por el terror y otras formas de rebelión violenta porque hacerlo significaría abandonar la lógica imperial, lo que impondría límites inaceptables al crecimiento y a todo el "modo de vida" sostenido por el ejercicio del poder imperial. Su única opción restante es recurrir a la fuerza bruta, incrementando así la alienación y sembrando las semillas del terrorismo.. . y del antiterrorismo que lo sigue, evolucionando hacia una variante nueva y maligna de fascismo.

En suma, el sistema capitalista mundial está en una bancarrota histórica. Se ha convertido en un imperio incapaz de adaptarse, cuyo propio gigantismo deja al descubierto su debilidad subyacente. Es, en términos ecológicos, profundamente insustentable y debe ser cambiado de manera fundamental, y mejor aun, lo que pretendemos, reemplazado, si ha de existir un futuro digno de vivirse.

De este modo, regresa la categórica disyuntiva planteada una vez por Rosa Luxemburgo: ¡socialismo o barbarie!, en momentos en que el rostro de esta última refleja ahora el sello del siglo que empieza y asume el semblante de la ecocatástrofe, el terror-contraterror , y su degeneración fascista.

Pero, ¿por qué socialismo, por qué revivir esta palabra en apariencia destinada al basurero de la historia por los fracasos de sus interpretaciones del siglo XX?.
Por esta única razón: por muy golpeada e irrealizada que esté, la noción de socialismo aún sigue en pié para la superación del capital. Si el capital ha de ser vencido, tarea que ahora tiene carácter urgente para la supervivencia de la civilización misma, el resultado será por fuerza "socialista" , porque ése es el término que significa el paso hacia una sociedad poscapitalista.

La torpeza en su aplicación pasada obliga a su reformulación desde la radicalidad democrática y la participación activa y fluida de los ciudadanos.

Si decimos que el capital es radicalmente insustentable y se fragmenta en la barbarie esbozada arriba, estamos diciendo también que necesitamos construir un "socialismo" capaz de superar las crisis que el capital ha venido desatando. Y si los "socialismos" del pasado fracasaron en hacerlo, entonces es nuestra obligación, al elegir no someternos a un destino bárbaro, luchar por uno que triunfe y aprender de los aspectos que fallaron en el pasado para no repetirlos y desmarcarse claramente de lo que el socialismo mal entendido significó.

Y tal como la barbarie ha cambiado de un modo que refleja el siglo transcurrido desde que Luxemburgo expresara su alternativa fatídica, así también el nombre y la realidad de "socialismo" deben hacerse adecuados para este tiempo.
Por estas razones escogimos llamar ecosocialismo a nuestra interpretació n del "socialismo" y dedicarnos a su formulación desde el único ámbito de actuación de la democracia real y participativa.

¿ Por qué el ecosocialismo ? Vemos al ecosocialismo no como la negación sino como la realización de los socialismos "de primera época" del siglo XX, en el contexto de la crisis ecológica. Como aquéllos, éste se construye entendiendo el capital como trabajo objetivado, y se funda en el libre desarrollo de todos los productores o, en otras palabras, en el desmantelamiento de la separación de los productores respecto de los medios de producción. Entendemos que este objetivo no pudo ser realizado por los socialismos de primera época, por razones demasiado complejas de abordar aquí, excepto resumirlas en los diversos efectos del subdesarrollo en un contexto dominado por la hostilidad de los poderes capitalistas existentes. Esta coyuntura tuvo numerosos efectos nocivos en los socialismos existentes, principalmente la negación de la democracia y el pluralismo ideológico junto a la emulación del productivismo capitalista, lo que terminó por conducir al colapso de esas sociedades y a la ruina de sus ambientes naturales.

El ecosocialismo mantiene los objetivos emancipatorios del socialismo de primera época y rechaza tanto las metas reformistas, atenuadas, de los grupos y sectores de la socialdemocracia que no cuestiona el sistema actual económico, como las estructuras productivistas de las variantes burocráticas de socialismo. En cambio, insiste en redefinir tanto la vía como el objetivo de la producción socialista en un marco ecológico. Lo hace específicamente con respecto a los "límites del crecimiento" esenciales para la sustentabilidad de la sociedad. Estos se adoptan, sin embargo, no en el sentido de imponer escasez, privación y represión. El objetivo, por el contrario, consiste en una transformació n de las necesidades y un cambio profundo hacia la dimensión cualitativa, alejándose de la cuantitativa. Desde el punto de vista de la producción de mercancías, esto se traduce en una valorización de los valores de uso por sobre los valores de cambio -un proyecto de vasto significado, que se funda en la actividad económica directa.

La generalizació n de la producción ecológica bajo condiciones socialistas puede proporcionar la base para superar las crisis actuales. Una sociedad de productores libremente asociados no se detiene en su propia democratizació n. Debe, por el contrario, insistir en la liberación de todos los seres como fundamento y propósito. Supera así el impulso imperialista, subjetiva y objetivamente. Al realizar tal objetivo, lucha por superar todas las formas de dominación, incluyendo en especial las de género y raza. Y supera las condiciones que dan origen a las distorsiones fundamentalistas y sus manifestaciones terroristas.

En suma, supone una sociedad mundial en un grado de armonía ecológica con la naturaleza impensable en las condiciones actuales. Una consecuencia práctica de estas tendencias se expresaría, por ejemplo, en la extinción de la dependencia en los combustibles fósiles consustancial al capitalismo industrial. Y esto a su vez puede proporcionar la base material para la liberación de los países oprimidos por el imperialismo del petróleo, mientras que permite la contención del calentamiento global, junto a otros problemas de la crisis ecológica.

Nadie puede leer estas propuestas sin pensar, primero, en cuántos problemas prácticos y teóricos generan, y segundo y más abrumadoramente, en lo lejanas que están con respecto a la configuración actual del mundo, en su anclaje institucional y en la forma en que se imprime en la conciencia. No necesitamos desarrollar estos puntos, que deberían ser instantáneamente reconocibles para todos. Pero quisiéramos insistir en que sean tomadas desde una perspectiva apropiada. Nuestro proyecto no consiste ni en delinear cada paso de esta vía ni en ceder ante el adversario debido a la preponderancia del poder que ostenta. Se trata, en cambio, de desarrollar la lógica de una transformació n suficiente y necesaria del orden actual, y en empezar a desarrollar las etapas intermedias en dirección a este objetivo.

Lo hacemos para pensar con mayor profundidad en estas posibilidades y, al mismo tiempo, empezar el trabajo de diseñar junto a todos los que piensan parecido. Si algún mérito hay en estos argumentos, entonces debe ocurrir que pensamientos similares, y prácticas que realicen esos pensamientos, germinen coordinadamente en innumerables puntos alrededor del mundo.

El ecosocialismo será internacional, y universal, o no será. Las crisis de nuestro tiempo pueden -y deben- ser vistas como oportunidades revolucionarias, lo que es nuestra obligación afirmar y dar nacimiento.

[La reproducción de este Manifiesto Ecosocialista, que simultáneamente está siendo publicado en la revista norteamericana Capitalism, Nature, Socialism, fue solicitada a Ambien-tico por varios ecologistas costarricenses adherentes del mismo. Los autores centrales del original en inglés son Michael Lowy (mlowy@free.fr) y Joel Kovel]

                     
                    

Por una ética ecosocialista

Michael Lowy

El capital es una formidable máquina de reificación. Después de la Gran transformació n de la que habla Karl Polanyi, es decir, después de que la economía capitalista de mercado se ha autonomizado, de que se ha -por decirlo así- "desatorado", ésta funciona únicamente según sus propias leyes, las leyes impersonales de la ganancia y de la acumulación. Ésta supone, subraya Polanyi, "la transformació n de la sustancia natural y humana de la sociedad en mercancías", gracias a un dispositivo, el mercado autorregulador, que tiende inevitablemente a "romper las relaciones humanas y... aniquilar el hábitat natural del hombre".

Se trata de un sistema impiadoso, que avienta a los individuos de los estratos desfavorecidos "bajo las ruedas mortíferas del progreso, ese carro de Jagannâth".
Max Weber ya había detectado en forma notable la lógica "cosificada" del capital en su gran obra Economía y Sociedad: "La reificación (Versachlichung) de la economía fundada sobre la base de la socialización del mercado sigue absolutamente su propia legalidad objetiva (sachlichen) ... El universo reificado (versachlichte Kosmos) del capitalismo no deja ningún lugar a la orientación caritativa.. ." Weber deduce de esto que la economía capitalista es estructuralmente incompatible con los criterios éticos: "en contraste con las otras formas de dominación, la dominación económica del capital, por el hecho de su carácter impersonal, no podría ser regulada éticamente... La competencia, el mercado, el mercado de trabajo, el mercado monetario, es decir consideraciones objetivas, ni éticas, ni antiéticas, simplemente no-éticas... comandan el comportamiento en el punto decisivo e introducen instancias impersonales entre los seres humanos involucrados" . En su estilo neutral y no comprometido, Weber indica lo esencial: el capital es, por su esencia, "no-ético".

El ecosocialismo se desarrolló -a partir de las investigaciones de algunos pioneros rusos de final del siglo XIX e inicio del XX (Serge Podolinsky, Vladimir Vernadsky)- sobretodo en el curso de los últimos 25 años, gracias a los trabajos de pensadores de la talla de Manuel Sacristán, Raymond Williams, André Gorz (en sus primeros escritos), así como las importantes contribuciones de James O'Connor, Barry Commoner, Juan Martinez Allier, Francisco Fernández Buey, Jean-Paul Déléage, Elmar Altvater, Frieder Otto Wolf, Joel Kovel y muchos otros.

la mayor parte de sus representantes comparte ciertos temas comunes. En ruptura con la ideología productivista del progreso -en su forma capitalista y/o burocrática (léase "socialista real")- y opuesta a la expansión al infinito de un modo de producción y de consumo destructor del medio ambiente, representa en el movimiento ecológico la tendencia más avanzada, más sensible a los intereses de los trabajadores y los pueblos del sur, la que entendió la imposibilidad de un "desarrollo sostenible" en el marco de la economía capitalista de mercado.
¿Cuáles podrían ser los principales elementos de una ética ecosocialista, que se oponga radicalmente a la lógica destructora y "no-ética" (Weber) de la rentabilidad capitalista y del mercado total, este sistema de "venalidad universal" (Marx)?

Es importante que los individuos sean educados en el respeto del medio ambiente y el rechazo del desperdicio; sin embargo, el verdadero nudo está en otra parte: el cambio de las estructuras económicas y sociales capitalistas- mercantiles, el establecimiento de un nuevo paradigma de la producción y la distribución, fundado, como lo hemos visto más arriba, en la consideración de las necesidades sociales, -en particular, la necesidad esencial de vivir en un medio natural no degradado. Un cambio que exige a actores sociales, movimientos sociales, organizaciones ecológicas, partidos políticos y no solamente individuos de buena voluntad.
Esta ética es una ética humanista.

La crisis ecológica, amenazando el equilibrio natural del medio ambiente, pone en peligro no solamente la fauna y la flora, sino también y sobretodo la salud, las condiciones de vida, la supervivencia misma de nuestra especie. Ninguna necesidad entonces de hacer la guerra al humanismo o al "antropocentrismo" para ver en la defensa de la biodiversidad o de las especies animales en vía de desaparición, una exigencia ética y política El combate para salvar el medio ambiente, que es necesariamente el combate para un cambio de civilización, es un imperativo humanista, relativo no solamente a tal o cual clase social, sino al conjunto de los individuos.
Este imperativo está relacionado con las futuras generaciones, amenazadas con recibir en herencia un planeta inhabitable a causa de la acumulación siempre más incontrolable de los daños al medio ambiente. Pero, el discurso que centraba la ética ecológica fundamentalmente en este peligro, está hoy ampliamente superado. Se trata de una cuestión mucho más urgente relacionada directamente con las generaciones presentes: los individuos que viven al principio del siglo XXI conocen ya las consecuencias dramáticas de la destrucción y el envenenamiento capitalista de la biosfera, y arriesgan encontrarse -en todo caso los jóvenes- dentro de veinte o treinta años con verdaderas catástrofes.

Se trata también de una ética igualitaria: el modo de producción y de consumo actual de los países capitalistas avanzados, fundado en una lógica de acumulación ilimitada (de capital, de ganancias, de mercancías), de desperdicio de recursos, de consumo ostentoso y de destrucción acelerada del medio ambiente, no puede de ninguna manera ser extendido al conjunto del planeta, bajo el riesgo de una crisis ecológica mayor. Este sistema está entonces necesariamente fundado en el mantenimiento y la agravación de la desigualdad estridente entre norte y sur. El proyecto ecosocialista apunta a una redistribució n planetaria de la riqueza y a un desarrollo en común de los recursos, gracias a un nuevo paradigma productivo.

La exigencia ético-social de la satisfacción de las necesidades sociales no tiene sentido sino al interior de un espíritu de justicia social, de igualdad -lo cual no quiere decir homogenizació n- y de solidaridad. Implica, en última instancia, la apropiación colectiva de los medios de producción y la distribución de bienes y servicios "a cada uno según sus necesidades". No tiene nada que ver con la pretendida "equidad" liberal que quiere justificar las desigualdades sociales en la medida en que estarían "ligadas a funciones abiertas a todos en condiciones de igualdad equitativa de oportunidades" (Rawls) ; argumento clásico de los defensores de la "libre competencia" económica y social.

El ecosocialismo implica, de igual manera, una ética democrática: mientras que las decisiones económicas y las elecciones productivas queden en manos de una oligarquía de capitalistas, banqueros y tecnócratas, o en el desaparecido sistema de las economías estatalizadas, de una burocracia que escape a todo control democrático, no saldremos del ciclo infernal del productivismo, de la explotación de los trabajadores y de la destrucción del medio ambiente. La democratizació n económica -que implica la socialización de las fuerzas productivas- significa que las grandes decisiones sobre la producción y la distribución no serán tomadas por "los mercados" o por un politburó, sino por la sociedad misma después de un debate democrático y pluralista en el cual se opongan las propuestas y las opciones distintas. Es la condición necesaria para la introducción de otra lógica socioeconómica y de otra relación con la naturaleza.

Por último, el ecosocialismo es una ética radical, en el sentido etimológico de la palabra: una ética que se propone ir a la raíz del mal. Las medias medidas, las semirreformas, las conferencias de Río, los mercados de derecho de contaminación son incapaces de aportar una solución. Se requiere de un cambio radical de paradigma, un nuevo modelo de civilización, una transformació n revolucionaria.

Esta revolución toca a las relaciones sociales de producción -la propiedad privada, la división del trabajo- pero también a las fuerzas productivas. Contra cierto marxismo vulgar -que puede apoyarse sobre algunos textos del fundador- que concibe el cambio únicamente como supresión -en el sentido del Aufhebung hegeliano- de las relaciones sociales capitalistas, "obstáculos al libre desarrollo de las fuerzas productivas", hay que poner en cuestión la estructura misma del proceso de producción.

Para parafrasear la célebre fórmula de Marx sobre el Estado después de la Comuna de Paris: los trabajadores, el pueblo, no pueden apropiarse del aparato productivo y hacerlo simplemente funcionar en su provecho: tienen que "romperlo" y sustituirlo con otro. Lo que quiere decir una transformació n profunda de la estructura técnica de la producción y de las fuentes de energía -esencialmente fósiles o nucleares- que le dan forma. Una tecnología que respecte el medio ambiente, y las energías renovables -en particular la solar- está en el corazón del proyecto ecosocialista .

La utopía del socialismo ecológico, de un "comunismo solar" no significa que no haya que combatir desde hoy para objetivos inmediatos que prefiguran el porvenir y están inspirados en estos mismos valores:
- Privilegiar a los transportes públicos contra la proliferación monstruosa de los automóviles individuales y el transporte por carretera.
- Salir de la trampa nuclear y desarrollar fuentes energéticas renovables.
- Exigir el respeto de los acuerdos de Kyoto sobre el efecto invernadero, rechazando la mitificación del "mercado de los derechos de contaminación" .
- Luchar por una agricultura biológica, combatiendo las multinacionales de las semillas y sus OGM.
Son solamente algunos ejemplos, se podría fácilmente extender el listado. Encontramos estas demandas, y otras similares, entre las reivindicaciones del movimiento internacional contra la globalización capitalista y el neoliberalismo, que ha surgido de la conferencia "intergaláctica" contra el neoliberalismo y por la humanidad, organizada por los zapatistas en las montañas de Chiapas, y que reveló su fuerza de protesta en las manifestaciones en las calles de Seattle (1999), Praga, Québec, Niza (2000) y Génova (2001). Un movimiento que no es solamente crítico de las monstruosas injusticias sociales producidas por el sistema, sino que es también capaz de proponer alternativas concretas, como por ejemplo en el Foro Social Mundial de Porto Alegre (enero de 2001).
Ese movimiento, que rechaza la mercantilizació n del mundo, encuentra la inspiración moral de su rebelión y de sus propuestas en una ética de la solidaridad inspirada en valores sociales y ecológicos cercanos a los enunciados aquí.

Traducción: Massimo Modonesi

                     
                    

ECOSOCIALISMO: TENEMOS QUE CAMBIAR EL PLANTEAMIENTO VITAL

Por: Clodovis Boff

El Ecosocialismo supone una nueva visión del mundo

El Ecosocialismo es más que una cuestión puramente técnica (cómo garantizar la «biosfera» y la naturaleza en general) y más que una cuestión sólo social (de modelo económico y político).

Es también eso, pero más al fondo es una cuestión cultural, o sea, de concepción del mundo y de manera de comportarse frente a las cosas. Se trata, concretamente, de una «cultura de la vida» (como se ve en el hinduismo, en las culturas indígenas).

El «descentramiento antropológico» desbanca sin duda el antropocentrismo de dominación, por el que el ser humano aparece en el mundo como déspota, «señor y dueño de la naturaleza» (Descartes). Pero es posible concebir un nuevo antropocentrismo, de comunidad en el que el hombre emerge como administrador responsable del mundo y parte del mismo y, por eso, servidor de la vida.

Plantear la cuestión de la ecología sin ver su contexto social es quedarse en el ambientalismo o conservacionismo. Es necesario plantear la cuestión del sistema social, y particularmente del «control de los medios de producción» (que pueden ser también los grandes «medios de destrucción» ecológica). Hay pues una necesaria «ecología social» y una indispensable consideración económica (infraestructural) de la ecología. Ese es un punto que frecuentemente se deja en la sombra. Sin embargo, son los dueños de los grandes medios de producción los que son potencialmente los mayores agentes de contaminación.

Por su «lógica sistémica», el capitalismo concretamente es un modo de producción depredador (de la naturaleza humana y de la naturaleza biosférica). La ecología cuestiona necesariamente ese sistema socioeconómico.

Una política de tipo «ecocapitalista» no es capaz de resolver la cuestión ecológica, (desde el punto de vista de las estructuras sociales). Eso no significa que no se puedan o incluso se deban apoyar estratégicamente medidas particulares de un estado capitalista (sobre la deforestación, leyes contra la polución, etc.).

Solamente en un sistema social de «economía democratizada» (socialismo) se puede resolver, en cuanto a estructuras sociales, la cuestión de la ecología. Decimos que «se puede», pero no necesariamente, pues ahí se necesita mucho más que una economía socialista: se necesita una «cultura de la vida»; Por lo demás, es evidente que los países llamados socialistas no consiguieron resolver esa cuestión. La ecología, en efecto, tiene una dimensión social, sí, pero va más allá. En ese sentido, es preciso hablar de Ecosocialismo (socialismo con dimensión ecológica) o, tal vez, mejor todavía, de «socialecologismo» (ecología con dimensión socialista).

El enfoque correcto para tratar la cuestión social de la ecología es a partir de las poblaciones empobrecidas por el sistema capitalista, pues, es en ellos donde la vida, en su expresión más alta (humana, moral y espiritual), se encuentra más amenazada. Más que seres contaminantes, las poblaciones empobrecidas son las víctimas del desastre ecológico, porque tienen menos medios de defenderse.

Este criterio es importante dentro de la «jerarquía de la vida», pues permite hacer la crítica al ecologismo romántico, que lucha por defender mariposas y árboles, dejando de lado la inmensa mayoría de los pobres (cosa que ocurre frecuentemente en los círculos liberales y capitalistas) .

Eso no dispensa a los pobres de la necesaria educación para la ecología, tanto desde el punto de vista de la sensibilidad cultural como de las técnicas ambientalmente sanas. Por el hecho de que son las mayores víctimas de la destrucción ecológica, tal vez los pobres puedan llegar a ser incluso los protagonistas en este campo.

                    

Joel Sangronis Padrón es Profesor UNERMB

Para comprender plenamente la problemática ambiental de nuestro tiempo es menester remontarnos a las raíces del modelo cultural dominante en el mundo en que vivimos. Desde hace 500 años la mayor parte de las sociedades humanas coexisten bajo el influjo del modelo histórico-cultural europeo, mejor conocido como "cultura occidental".
Este modelo cultural -hoy dominante en casi todo el mundo- se nutre fundamentalmente de 2 grandes fuentes: La filosofía griega por una parte y la teología judeocristiana por la otra.

El Judaísmo es la más antigua de las teologías denominadas "Abrahámicas" , esto es, las religiones que provienen del pacto que hizo Dios con el patriarca Abrahám; las otras dos son el cristianismo y el islamismo.

Las dos primeras teologías comparten ciertos principios de fe cuya incidencia en el desarrollo del modelo cultural occidental, y por ende en la actual crisis ambiental mundial, es necesario resaltar: El Pecado y la Caída: Según la doctrina del pecado original contenida en el libro del Génesis, todo el mundo cayó bajo el poder del demonio debido al pecado original introducido por el ser humano.

Para el judeocristianismo - cuyo Dios es trascendente, no inmanente: crea y gobierna la naturaleza pero no se identifica con ella- la naturaleza a partir de la caída de Adán y Eva perdió el carácter sagrado que había tenido hasta entonces, (y que aun tiene para muchas otras formas de creencias), pasando a ser la antítesis de lo divino, de lo sagrado: corrompida, pecaminosa y decadente. Aun hoy, muchas congregaciones cristianas utilizan el término mundano, el mundo, es decir, el entorno, como sinónimo de pecado. El texto bíblico en este punto es concluyente: "maldita sea la tierra por tu causa" (Gen 3,17).

Si la tierra, la naturaleza, es un lugar maldito por Dios, un lugar de pecado y corrupción, es lógico comprender que cualquier forma de agresión, ignorancia o irrespeto hacia ella esté mas que justificado.

Al quedar la naturaleza desacralizada ningún acto del hombre en su contra fue considerado como malo o reprochable. Esta posición contrasta con la visión holística y sagrada que la mayoría de nuestros pueblos originarios tienen con su entorno. Hace cerca de diez años caminando en la Sierra de Perijá con un indígena Barí, me sorprendió observar como este le pedía permiso a un árbol antes de proceder a arrancar sus frutos; al inquirirlo sobre el respecto me explicó que, de no hacerlo así, el espíritu del árbol se negaría en posteriores oportunidades a ofrecerle sus frutos y que corría el riesgo de atraer sobre si el enojo del resto de espíritus que habitaban la sierra que era su hogar y la fuente de sustento para él y su gente.

De igual forma es interesante notar como uno de los ecosistemas mas respetados y menos intervenidos de Venezuela es la montaña de Sorte en el centroccidental estado de Yaracuy, pues al ser este ecosistema el asiento de la veneración y el culto animista de María Lionza, muy extendido entre la población venezolana, se considera que tanto la floresta como la fauna del lugar están protegidos por la diosa y por ende no pueden ser dañados so pena de atraer la ira de esta.
Es en el judeocristianismo donde se inicia la oposición hombre-naturaleza. Si el hombre de la antigüedad, del que los estoicos en occidente y las religiones y filosofías orientales (Hinduismo, Budismo, Taoísmo) son claros representantes, buscaban acomodar (y aun lo hacen) sus vidas y acciones a los ritmos de la naturaleza, el hombre judeocristiano tratará no sólo de negar y rechazar lo natural, sino de oponerse a ello y aun de destruirlo. Las palabras del Cristo en el nuevo testamento vienen a confirmar esta apreciación (mi reino no es de este mundo Jn 18,36)

Patriarcalismo: (El hombre como centro del mundo). La tradición judeocristiana no solo es antropocentrista (genero humano), sino fundamentalmente androcentrista, es decir, masculina. El hombre, no el género humano, es el punto final de la creación; la mujer vino después como simple objeto de compañía, como una segregación toráxica del primer hombre. Las características femeninas y esencialmente maternas de las divinidades de las sociedades neolíticas, mediterráneas y germánicas en Europa y luego sus pares en América, asociadas al culto de la tierra y de la naturaleza, fueron perseguidas, deslegitimadas y execradas por la misoginia exacerbada del judeocristianismo. Gaia no es sino una de las innumerables diosas madres - genéricamente llamadas Venus en arqueología - que existían en dichas civilizaciones. A la tierra se le han dado innumerables nombres femeninos: África, Europa, Galia, Hispania, Germania, América, Asia, Grecia, Pachamama que revelan la importancia que, para la mayoría de las culturas antiguas, tuvo desde un comienzo el carácter femenino en la relación del ser humano con el entorno en que habitaban.

El judaísmo desde un principio excluyó hasta lo máximo el papel femenino en todo lo relacionado con su relación con la divinidad. No existen diosas ni se acepta la presencia de mujeres en el templo porque de antemano son tachadas de impuras. En contacto con las religiones paganas el cristianismo posteriormente adoptó la presencia femenina: la Virgen María primero y las santas posteriormente, pero asumiéndolas como excepciones a la regla de que todo lo femenino era pecaminoso y corrompido en su esencia.

Antropocentrismo: En el relato genesíaco Dios creó al hombre para que dominara sobre la tierra y sobre todo lo que en ella existiera. De hecho, el dominio sobre la tierra y el resto de los seres vivos no aparece como una simple posibilidad ¡es una orden!: "Procread y multiplicaos, y henchid la tierra; sometedla y sojuzgadla" (Gen 1, 28 ).

Posteriormente esta orden se repite y se refuerza a Noé: "Procread y multiplicaos, y llenad la tierra", añadiendo "que os teman y de vosotros se espanten todas las fieras y todas las aves del cielo; todo cuanto sobre la tierra se arrastre y todos los peces del mar los pongo en vuestro poder" (Gen 9, 2).

Como se puede observar, la naturaleza en el judeocristianismo parece haber sido creada única y exclusivamente para uso del hombre, un uso además fundado en la agresión, como puede deducirse de los términos "que os teman y de vosotros se espanten"; sin embargo, el mismo texto bíblico considera al hombre existencialmente inclinado al mal (Gn 8,21; Sal 51), por lo que de antemano la naturaleza queda condenada a ser administrada por un ser con tendencias al mal

Monoteísmo: Estos cultos monoteístas, (un solo Dios), califican de idolatría cualquier acto de adoración que no vaya dirigido a su único Dios, es decir, cualquier forma de veneración o sacralización de los elementos que conforman la naturaleza (bosques, ríos, lagos, animales, manantiales, montañas, etc.) es considerada como un pecado abominable.
La consecuencia del desencantamiento o desacralizació n de la naturaleza por parte de una de las fuentes de nuestro modelo cultural es que ha permitido asumirla como un objeto de valor mercantil, sujeta a las poderosas fuerzas del mercado, ajena totalmente al mundo espiritual, y por ende, desprotegida y vulnerable.

Uno de los padres de la iglesia católica, Santo Tomás de Aquino, cuya obra fue el puente que unió el pensamiento aristotélico con la teología cristiana expuso lo siguiente: "No preguntará Dios al hombre que trato dio a los animales; no se les juzgará tampoco por su comportamiento frente a la naturaleza, no obtendremos salvación- prosigue el Doctor de Aquino- diciendo al Señor: Es el mundo, gracias a nosotros, mas bello, mas útil, más fructífero".

Por su parte otro icono del pensamiento cristiano-occidenta l, San Agustín de Hipona acota que: "lo único importante para nuestra salvación es que guíe nuestros actos el amor a la divinidad", por lo que el amor a la naturaleza o al resto de la creación no tiene ningún valor a los ojos de Dios.

Ideología Tribalista de la Elección. La noción de pueblo elegido permitió desde un principio la exclusión y el rechazo de cualquier otra forma de ver y entender el mundo. El judeocristianismo mostró desde muy temprano una abierta hostilidad e intolerancia hacia toda forma de cultura "pagana" esto es, hacia toda cultura que no fuera la propia. Así, la noción de superioridad espiritual fue usada para alentar las guerras "santas", la inquisición, las conquistas y la esclavitud.

Como bien señala el teólogo brasileño Leonardo Boff: "las iglesias fueron cómplices de la mentalidad que condujo a la actual crisis mundial de la biosfera". De igual forma el documento final de la VIII Asamblea del Consejo Ecuménico de Iglesias reunidas en la ciudad australiana de Canberra acotó: "Cuando más insistía la teología en la trascendencia de Dios y su distancia del mundo material, tanto más la tierra era considerada como un simple objeto de explotación humana y como una realidad no espiritual".

                     
                    

RUDOLF BAHRO (1935 - 1997)
"Creo que la crisis ecológica traerá el fin del capitalismo"
"Cuando las formas de una cultura vieja van muriendo, la nueva cultura es creada por las pocas personas que no le temen a la inseguridad"

Su pensamiento exploraba con una despiadada honestidad las contradicciones reales de la persona con ideas de izquierda que se volvía "Verde".

Para Bahro, la clase obrera junto con la burguesía son partes intrínsecas del sistema industrial: "En el caso del capitalismo los obreros son partes del carrusel de la formación capitalista" . Los sindicatos pertenecen a las fuerzas societarias más conservadoras y se oponen a la trasformación de la sociedad.

Bahro se oponía a ese "reformismo" que aparece como una actividad opositora, pero que prolonga la vida ilusoria de la sociedad industrial y capitalista.

Bahro, miembro fundador de Los Verdes (Die Grunen) de Alemania occidental, fue elegido en 1980 para el Parlamento Federal. Para él, la política Verde consistía en capturar la conciencia de la gente, no en acumular votos.

Hacia 1985 había renunciado al partido. Su testimonio de renuncia resaltaba que los Verdes no querían salir del sistema industrial capitalista: "En vez de expandir la conciencia la están oscureciendo a lo largo de toda la línea". Bahro repudiaba particularmente la continua justificación de los Verdes para no cambiar nada.

Para Bahro, las naciones industrializadas debían reducir su impacto sobre la Tierra a un décimo de lo que ocurría. El "desarrollo" estaba acabado. Como Arne Naess, filósofo noruego de la ecología profunda, Bahro tenía una visión biocéntrica y no antropocéntrica. A diferencia de Naess, Bahro estaba inserto en la cultura de la izquierda.

Bahro despertó a la conciencia crítica en la ex República Democrática Alemana, o Alemania oriental. Allí, un partido comunista marxista era la premisa asumida como perspectiva oficial. Bahro mismo se afilió al partido a los 17 años. Tras la invasión de 1968 a Checoslovaquia canceló su identificació n con el régimen oficial. Fue encarcelado por escribir su primera obra magna, 'La Alternativa en Europa Oriental', publicada en Alemania occidental. Fue deportado de la RDA en 1979 tras pasar dos años en prisión.

Evolucionó intelectualmente desde el comunismo/marxismo crítico hacia el ecosocialismo. En esta senda, demolió las ortodoxias de la izquierda, del partido verde y de la burguesía.

Fue precursor del Biocentrismo de izquierdas y dejó una extensa bibliografía.

Los siguientes libros existen en inglés:

  • 'The Alternative in Eastern Europe', 1977. Bahro llamaba a este libro "Una contribución a la crítica del socialismo actualmente existente" desde una postura revolucionaria.
  • 'Socialism and Survival', 1982.
  • 'From Red to Green', 1984. Recomendado particularmente.
  • 'Building the Green Movement', 1986.
  • 'Avoiding Social & Ecological Disaster: The Politics of World Transformation' , subtitulado "Indagación de los Fundamentos de la Política Espiritual y Ecológica", 1987 (en alemán) y 1994 (en inglés).
Tags: ecologia

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