México_Oaxaca: Fuerza Indígena Chinanteca en resistencia
México_Oaxaca: Fuerza Indígena Chinanteca
Sara Bravo Ramírez
http://www.revistarebeldia.org/revistas/numero63/guerrero.pdf
Allá arriba pretenden repetir su historia.
Quieren volver a imponernos su calendario de muerte, su geografía de destrucción.
Cuando no nos despojan de nuestras raíces, las destruyen.
El trabajo nos roban, la fuerza.
Nuestros mundos, la tierra, sus aguas y tesoros, sin gente dejan, sin vida.
Las ciudades nos persiguen y expulsan.
Los campos mueren y nos mueren.
Y la mentira se convierte en gobiernos y el despojo arma a sus ejércitos y policías.
En el mundo somos ilegales, indocumentados, indeseados.
Perseguid@s somos.
Mujeres, jóvenes, niños, ancianos mueren en muerte y mueren en vida.
Y allá arriba predican para abajo la resignación, la derrota, la claudicación, el abandono.
Acá abajo nos vamos quedando sin nada.
Sólo rabia.
Dignidad tan sólo.
SUBCOMANDANTE INSURGENTE MARCOS, 15 DE SEPTIEMBRE DE 2008
La gran Chinantla, un territorio indígena al que se le tribuyen dos posibles significados Qui-an: "hombrebueno y bondadoso" personaje que fundara el primer pueblo Chinanteco hacia el año 1100, o Chiantla que significa literalmente "espacio cerrado" y sirve para designar un valle cercado por montañas.
En ese pedazo del sureste mexicano vive el pueblo indígena chinanteco que, por cientos de años, ha desarrollado una cosmovisión y cultura distintivas. Al mismo tiempo, han sufrido un proceso de conquista donde el capitalismo los ha arrinconado en lo más intrincado de la sierra, pero incluso ahí se recrean como cultura y se niegan a desaparecer ante la nueva guerra de conquista en su contra.
En el festejo del primer aniversario de la Fuerza Indígena Chinanteca (FICh), los habitantes de distintas comunidades de la Chinantla se conocen, platican, asienten, escuchan con paciencia milenaria las participaciones en español y en chinanteco de los miembros de la FICh y de los visitantes que llegaron a festejar con ellos este su primer año de lucha.
Sus participaciones son contundentes: "defenderemosnuestro territorio ante aquel que quiera arrebatárnoslo,
tenemos que sacar al guerrero que llevamos dentro, a Kia-nan, él regresará para que juntos nos organicemos y podamos unir a la Chinantla contra el despojo de nuestro territorio".
En la reunión de aniversario cuentan que sus males, pero también sus luchas, vienen de más atrás: "nosotros, como pueblo indio, vemos que hay una guerra de exterminio en nuestra contra, que esa guerra tiene cientos de años, desde que llegaron los españoles y nos quitaron absolutamente todo: nuestras creencias acerca de la vida y de la muerte,
nuestra cultura, nuestras tierras. Pero esa guerra
no acabó con la independencia ni con la revolución.
Actualmente, nuestros pueblos viven otra guerra de
exterminio donde nos quieren quitar nuestro maíz,
nuestra comunidad, nuestro ejido, nuestras costumbres,
nuestra gasona o cambia mano que es la forma
en como nos ayudamos recíprocamente entre todos
los integrantes de la comunidad, nuestra vestimenta,
nuestra lengua y, nuestro territorio.
Pero, lo más grave de todo, es que nuestro pueblo
no sabe para qué nos van a quitar nuestra montaña.
Los enviados de Semarnat vienen y nos dicen que aquí
se va a capturar carbono y que eso va a benefi ciar a
nuestros hijos, pero nuestros pueblos no saben qué es
la captura de carbono y no saben para qué el gobierno y
sus biólogos ponen computadoras en la montaña".
Las venas abiertas de la Chinantla
Los hombres, mujeres, niños y ancianos que habitan
las comunidades de la sierra chinanteca no conocen
sobre el calentamiento global y los mercados
de carbono, pero a partir de las cicatrices que deja
la experiencia vivida nos cuentan sobre las condiciones
en las que han vivido por generaciones. Son
concientes que sobreviven en medio de la pobreza
y la incomunicación. Describen las condiciones de
olvido y desprecio al que los tienen sometidos los
gobiernos.
Informan a las y los visitantes que ellos no cuentan
con escuelas dignas donde se eduquen sus hijos, que
los niños, al salir de la primaria, tienen que caminar la
montaña por varias horas para asistir a la secundaria o
a la preparatoria a Ayotzintepec o a Montenegro. Que
no cuentan con clínicas ni hospitales para curar sus
enfermedades.
Nos relatan que las familias se están desintegrando,
pues, ante la pobreza, los jóvenes tienen que salir
de sus comunidades, viajar a las ciudades para emplearse
como albañiles, como obreros. Van a Puebla,
a Veracruz y al DF, pero también se la juegan viajando
al otro lado. "Los jóvenes ven que el maíz, el frijol y
la yuca que cultivamos ya no da pa' vivir, por eso se
van. Muchas veces pasan años y no tenemos noticias
de ellos, no sabemos dónde están, si están bien o están
mal", nos cuenta una habitante de San Antonio. Por
distintas rutas y con la ayuda de los lazos de paisanos
y familiares los jóvenes migrantes se establecen en los
estados de Virginia, Pensilvania, California y Texas.
Al mismo tiempo, conocen sobre las penalidades
de convertirse en jornaleros agrícolas en Sonora,
nos relatan la experiencia de quienes han tenido que
ganarse la vida en los campos de cultivo de las empresas
agroindustriales: "ahí, está peor que aquí, son
verdaderos campos de concentración, de explotación,
donde los hacen trabajar 12 y 14 horas, viven en galerones
sin agua ni ventilación, les pagan una miseria,
no hay buena comida. Ahí no hay futuro, sólo trabajan
para esperar la muerte".
Reconocen que las personas que tienen que salir
de los pueblos lo hacen por necesidad, no por gusto.
En la región, nos cuentan, no hay muchas opciones: "la
gente que no tiene tierra puede trabajar de jornalero en
Ayotzintepec, ahí se produce maíz. Los terratenientes,
desde antes de la reforma al Artículo 27 Constitucional,
despojaban al indígena de sus tierras. Con la reforma,
el despojo se legalizó. Los terratenientes compran las
tierras a precios bajos, la están acaparando como antes
de la revolución. Los campesinos sin tierra se contratan
de jornaleros y producen maíz, pero ese maíz no es para
ellos, no es para que se alimenten ellos y sus familias,
ellos producen maíz para los terratenientes, ellos sólo
se quedan con un jornal que no alcanza para nada".
"Los habitantes que sí cuentan con un pedazo de
tierra tienen que vérselas con la compañía de papel o
con la hulera de Tuxtepec. Los indígenas siembran el
árbol de hule, la compañía le compra a los campesinos
a 6 mil pesos la hectárea de hule. Detrás de esa
compra queda el campo devastado, pero la hulera vende
un Torton de hule en 280 mil pesos. ‘Imagínense
-nos dicen- cuánto dinero no gana la empresa de
hule con el trabajo de los indígenas".
Los tratos con la compañía de papel resultan en
la misma rapiña: los comuneros y ejidatarios ponen
la tierra y en ella se siembra eucalipto y pino. La
compañía compra a precios muy bajos los árboles
dejando cientos de hectáreas deforestadas. La compañía
de papel y la de hule, si bien son las principales,
no son las únicas que saquean la región. Nos
cuentan que, "en ciertas regiones de la Chinantla, se
está acaparando la tierra para sembrar maíz y yuca.
El objetivo no es producir alimentos, sino etanol.
Nosotros sabemos que quienes están acaparando la
tierra, despojándola a los campesinos y sembrando
maíz para producir etanol son Ulises Ruiz y Fidel
Herrera".
Finalmente, los coyotes del ganado, dueños de
grandes ranchos productores de carne del norte del
país principalmente, compran la res en pie a los indígenas
chinantecos, bajo la vil "ley de San Garabato":
compra barato y vende caro, llegan a la sierra baja de
la Chinantla con camionetas capaces de transportar el
ganado. De 18 a 24 meses tuvieron que pastar los animales.
En tierra chinanteca, cada res ocupa una hectárea
de terreno en promedio para alcanzar un peso de
400 a 500 kilos. Los coyotes ofrecen a los indígenas
14 pesos por kilo, luego se llevan los animales a establos
en Nuevo León y Jalisco para que, en un mes o
dos, dupliquen el peso y vendan la res en canal hasta
en 50 peso por kilo.
Estas son algunas de las formas en que las venas
abiertas de La Chinantla aportan ganancias a los ricos
de la región y de regiones lejanas. Pero una nueva forma
de despojo, mucho más sutil, comenzó a gestarse
en la década de los noventa: el Pago por Servicios
Ambientales (PSA). Implementada principalmente
por Semarnat, Conafor y Conagua, es una forma en
que los indígenas de la región se enfrentan con grandes
empresas trasnacionales, y cuyo principal objetivo
es que los comuneros y ejidatarios pierdan el control
total de su territorio.
Territorio amenazado
Con el Programa de Certificación de Derechos
(Procede) comenzó un nuevo despojo en La Chinantla.
Las autoridades de la Secretaria de la Reforma Agraria
(SRA) llegaron a los pueblos para convencerlos de
que era muy importante iniciar el trámite de certifi-
cación. Les prometieron inscribirlos en los distintos
programas gubernamentales: Oportunidades, Seguro
Popular, becas para los niños y apoyo a adultos mayores,
si aceptaban iniciar dicho trámite.
La SRA midió e hizo el estudio de poligonales en
alrededor del 80 por ciento del territorio chinanteco.
Sin embargo, la SRA realizó una certificación peculiar:
en lugar de parcelar todo el territorio y emitir
títulos individuales, como sucedió en las tierras de
cultivo, dejó que la montaña y los ríos formaran parte
de tierras de uso común, es decir, dejó a la montaña y
a los ríos sin certificar.
Un compañero nos comenta el proceso: "aquí entró
el Procede y Procecom, certificando las tierras, ese
fue el primer paso para privatizarlas. Creó las pequeñas
propiedades mediante títulos de propiedad, pero
todo lo que es la montaña y los ríos quedaron como
terrenos de uso común y, al quedar como terrenos de
uso común, a la gente, a los ciudadanos, a los comuneros,
el gobierno les dijo que iba a entrar como reserva
ecológica. El gobierno fue envolviendo a los pueblos,
les dijo que esa tierra de uso común iba a quedar
como reserva pues formaba parte del patrimonio que
los indígenas le tenían que dejar a sus hijos; como si
nuestros abuelitos no las hubieran cuidado y como si
la montaña no formara parte ya de nuestro patrimonio
y de nuestros hijos, como si nosotros no cuidáramos
la montaña desde tiempos inmemoriales".
La certificación abrió la puerta a las reservas ecológicas
y al Proyecto de Servicios Ambientales. Nos
cuenta otro compañero de la región: "En 1997, se
inicia un estudio a través de la Semarnat, un estudio
en toda la región Chinanteca y, en 2002, 2003, entra
el proyecto de las reservas ecológicas para la captura
de bióxido de carbono, algo que nuestros compañeros
indígenas no entienden".
Lo que más molesta a las comunidades es el desprecio
con que los funcionarios de Semarnat han tratado
a los pueblos y comunidades chinantecas: "no
hablan con la verdad, no nos dicen, nos tratan como
a menores de edad, porque no nos explican en qué
consiste el PSA. En lugar de eso, le dicen a los pueblos
que van a obtener beneficios económicos. El proyecto
de las reservas ecológicas es presentado como
programas que benefician a los pueblos, por ejemplo:
crianza de animales, de borrego, de chivo, de vacas,
de gallinas, de puercos. También proponen proyectos
como la siembra de hortalizas, pero, en medio de esos
programas y proyectos, se está metiendo el programa
de las reservas ecológicas y la gente no entiende, porque
los campesinos han cuidado la sierra sin necesidad
del programa de Semarnat o Conafor. Entonces,
a los pueblos les parece, en principio, un buen trato:
les dan dinero, les dan programas por hacer aquello
que han hecho toda su vida: cuidar la selva, proteger
la sierra".
El problema es lo que viene luego. Sigue con el
relato: "la Semarnat organiza las asambleas comunales
y ejidales, les dice a los ejidatarios y comuneros
que tienen que cuidar sus recursos naturales, que tienen
que reservar la sierra porque es el futuro de sus
hijos y que, a cambio de eso, les darán dinero y programas.
Les llegan a prometer alrededor de 500 mil
pesos anuales, ¡imagínate eso! ¿Sabes lo que es todo
ese dinero para un pueblo indígena? Con esos engaños,
los comisariados aceptan, las asambleas aceptan,
los hacen fi rmar de que ya aceptaron las reservas. Le
dicen a la gente que ya están aceptadas las reservas
ecológicas, entonces, lo que hace la Semarnat -conjuntamente
con la Conafor y una asociación civil- es
que van y hacen un estudio poligonal de toda el área
de uso común. El estudio poligonal comprende la cantidad
de terreno que la comunidad ha ‘cedido' para las
reservas ecológicas y, una vez que ya levantan el acta
y estudio poligonal, lo que hace la asamblea es que
aprueba, pero sin darse cuenta de qué es lo que están
aprobando: sin darse cuenta que están entregando sus
tierras al gobierno federal y a la iniciativa privada".
"Y de repente le llega a los pueblos un certifi cado
en donde se les dice que le dan el reconocimiento
a la comunidad por haber ‘donado voluntariamente'
tanta cantidad de terreno. Es lo único que va a quedar
a los campesinos: un papel, como en la escuela: un
certificado de buena conducta, pero, en realidad, es
un certifi ado de muerte y despojo".
En mayo de 2007, Felipe Calderón incorporó al
Plan Nacional de Desarrollo un apartado especial: el
Programa Especial de Cambio Climático. Es un documento
técnico en el que se sustenta la política que el
gobierno federal implementará para mitigar los efectos
del cambio climático en el planeta1.
Los analistas de Semarnat argumentan que, desde
los años ochenta, se ha venido manifestando una profunda
transformación en el campo mexicano, donde
se observa una disminución sostenida de la población
campesina de subsistencia, así como una disminución
del régimen de propiedad social de la tierra. Insisten
que, aunque aún es parcial, con los avances del
Programa de Certifi cación de Derechos Agrarios se
puede tener ya una lectura de la vocación de la tierra
rural, que, ante el abandono de cultivos tradicionales,
se abre una ventana de posibilidades para que los habitantes
del medio rural ingresen a mercados que les
reditúen mayores ganancias, entre ellos, el Pago por
Servicios Ambientales, fundamentalmente la captura
de carbono y la protección de ríos.
Los "brillantes" técnicos de las dependencias
gubernamentales elaboran el siguiente análisis:
sostienen que las naciones industrializadas no cumplirán
con lo fi rmado en el protocolo de Kyoto -a
saber, una disminución de las emisiones de gases de
efecto invernadero, entre ellos, monóxido de carbono-
y que ante esta realidad, esas naciones, para
cumplir sus compromisos, comprarán bonos de carbono
a naciones que no hayan rebasado los límites
establecidos en el Protocolo de Kyoto. Los técnicos
de Semarnat argumentan que en México existen 24
millones de hectáreas en las cuales hay potencial
para implementar proyectos de captura de carbono.
En otro documento2 -el Informe sobre la
Propuesta de Pago por Servicios Ambientales en
México realizado en el marco del proyecto "Pago por
Servicios Ambientales en las Américas", auspiciado
por la fundación Ford y ejecutado por la salvadoreña
Fundación Prisma- se hace un análisis sobre los actores
involucrados en las áreas susceptibles para capturar
carbono. El análisis propuesto en el documento no podía
ser más esclarecedor. Afi rma que las comunidades
indígenas gozan de un capital natural muy importante,
en un momento en el que sucede el fenómeno del "enverdecimiento"
(greening) de la economía. Muchos de
los pueblos indios viven en zonas con gran diversidad
biológica y con importantes recursos forestales susceptibles
de ser aprovechados en el mercado de carbono.
Para los autores del documento, en especial para
el apartado de Oaxaca: Martha Miranda y Francisco
Chapela, "la mayor parte del territorio nacional apto
para estrategias de PSA en captura de carbono, el ciclo
hidráulico, la biodiversidad y (en forma un poco
menor) belleza escénica, es propiedad social de los
campesinos e indígenas. Hay que reconocer que la
política nacional claramente apunta a una reducción
paulatina de la población campesina, y drástica a
nivel internacional, y la reducción de propiedad social
también. La supervivencia del sector campesino,
en contra de esta visión de nación, dependerá de la
combinación de la capacidad de los campesinos de
recuperar poder político y su capacidad de lograr una
eficiencia económica competitiva".
Descalifican la forma en que los campesinos fueron
utilizados para apuntalar el desarrollo estabilizador
y polantean que, ahora, "los gobiernos deben rechazar
la práctica de pedir a los campesinos otro sacrifi cio
más para la nación -o ahora la humanidad- y entender
como justo y necesario el obtener un ingreso
reflejando el valor económico real de los servicios ambientales
que resultan de las actividades y decisiones
de los campesinos por cuidar su entorno".
"PSA resulta ser atractivo para mucha de la población
campesina. Inclusive puede verse como ‘ganar la
lotería' que a campesinos se les pague para cuidar su
propio entorno. Pero la recepción inicial de la idea no
es igual a su apropiación cabal. Claro, la base cultural,
indígena en particular y campesina en general, constituye
la mejor para la apropiación de PSA".
En efecto, desde fi nales de la década de los noventa,
en la academia, en las dependencias gubernamentales
y en las empresas que lucran con la biodiversidad
del planeta, se estableció un consenso: los pueblos
indios habitan en las zonas de mayor diversidad biológica
del planeta. La cosmovisión que desarrollan sobre
su entorno y la forma de tenencia de la tierra han
asegurado la conservación de los recursos naturales.
Pero, ante las condiciones de miseria de los pueblos
indios, esas zonas ricas en biodiversidad se ven amenazadas,
se hace necesario cambiar la forma en cómo
esos indios utilizan la tierra. Una vez más -sentencian-,
son los indígenas y su pobreza quienes ponen
en peligro la biodiversidad.
En lugar de reconocer que los pueblos indios han
permitido la conservación de su biodiversidad, de
su tierra y territorio, a partir de prácticas culturales
que son adversas al capitalismo, los funcionarios de
las dependencias públicas los ven como menores de
edad, incapaces de decidir sus destinos. Intentan inscribirlos
a un mercado de servicios ambientales, confrontarlos
directamente con empresas trasnacionales
que les quitarían el control y manejo sustentable de
sus territorios, ésa es la apuesta de los poderosos. Un
integrante de la FICh lo resume con toda claridad:
"mientras ellos producen muerte y destrucción, nosotros
hemos cosechado la vida en nuestra montaña, en
nuestra sierra".
A los integrantes de la FICh les importa mucho
compartir con comuneros y ejidatarios de otras regiones
su proceso: "para que se cuiden, para que no
se dejen. Primero llegó el Procede y el Procecom,
parcelaron las tierras pero dejaron como uso común
aquellas que Semarnat tenía planeadas para reservas:
la montaña y los ríos. Todo ello con la intención de dividir
a las comunidades y ejidos. Y una vez parcelada
la tierra, hacer tratos ya no con la asamblea sino sólo
con los presidentes de los bienes comunales y ejidales
que están al servicio de los caciques. De esta forma se
individualiza la toma de decisiones.
Finalmente, para la implementación de la reserva,
también se fomenta el individualismo, "por ejemplo
con el programa ‘Vigilante del cerro', en el que pagan
recompensas a personas que denuncian a sus vecinos
por cortar leña seca en la montaña, por sacar el tepijilote,
la palma para las casas, plantas medicinales.
Esas actividades y la utilización de la montaña que
milenariamente se venían haciendo, con las reservas,
el campesino ya no las puede hacer. Ahora, cualquier
persona puede denunciar a su vecino. Se da el caso
en que un mismo familiar denuncia a su sobrino, a su
tío, eso genera desconfi anzas y divisiones, pero entre
nosotros mismos, y encubre al verdadero enemigo: la
Semarnat y las empresas trasnacionales".
En los ejidos y comunidades de la región chinanteca
que han aprobado las reservas ya hay experiencias
de denuncias entre habitantes de un mismo pueblo,
también se han intentado aplicar multas de mil
pesos por pescar en un río reservado y de hasta cinco
mil pesos por sacar de la montaña leña seca. Incluso
han multado a personas por el solo hecho de ingresar
a la poligonal reservada.
Ante el exterminio no nos queda otra alternativa
mas que organizarnos
"Nosotros teníamos información de los proyectos
del capitalismo, vimos lo que estaba pasando en la
región y en las otras regiones, de cómo se está dando
el despojo por las instituciones de gobierno, por
ejemplo, reservas ecológicas, todos los programas.
Nos dimos cuenta de la mira del gobierno en complicidad
con las empresas trasnacionales. También
nos preguntábamos: ¿por qué esas instituciones insisten
tanto en venir aquí, a esta región de tanta pobreza
y marginación?
Y nos dimos cuenta que la región chinanteca es
muy rica en biodiversidad y en recursos naturales: en
esta región existen minas de oro, plata, hierro, uranio,
petróleo. Entonces, todo eso es ambicionado por las
grandes empresas trasnacionales. El agua, esta región
es la tercera región en captación de agua en el estado.
Nosotros no veíamos eso, porque vivimos en ella, pero
no la conocíamos al cien por ciento o no nos dábamos
cuenta que aquello que hemos visto todos los días, los
bosques, la montaña, el agua eran una mercancía para
el gobierno y para esas empresas trasnacionales".
"Los despojos ya habían empezado antes de que
formáramos la FICh. Nosotros pensamos que teníamos
que formar una organización que fuera útil para
defendernos de esos despojos, defendernos de la ambición
de las empresas trasnacionales. Teníamos que
irnos hermanando en los problemas, hacerle frente a
esos problemas que ya están presentes pero que los
pueblos se han venido enfrentando solos".
Durante las mesas de trabajo del aniversario de
la FICh, el Consejo de Ancianos de la comunidad
sede, Jocotepec, compartió con los presentes sus experiencias
de lucha y con organizaciones pasadas.
"En 1965, llegó el ejército a la comunidad, llegó la
policía, los caciques con sus armas encañonaron a
hombres, mujeres, niños y ancianos por igual, nos
trataron como a animales, mucho nos humillaron, se
llevaron los papeles a Montenegro -evocan el cambio
de sede del municipio constitucional de Jocotepec
a Montenegro-, nuestros abuelos, nuestros padres
buscaron justicia, se metieron a muchas organizaciones,
pero sólo los engañaban".
"Nosotros ingresamos al Movimiento Civil por la
Defensa de los Pueblos, pero sólo nos acarreaban para
hacer plantones y tapar carreteras, para esas organizaciones
también éramos como animales que hacen bulto,
el líder sólo buscaba su benefi cio personal, nos utilizó
para ir de traje a sentarse con el gobierno. Por eso
nosotros estamos ‘hasta la madre' de los movimientos
y los líderes que nos engañan, de los golpes y sufrimientos
que hemos tenido en la lucha por hacer justicia.
Por ejemplo, la diputada que se vendió para que
no se hiciera justicia en nuestro pueblo, por eso, ya no
creemos en las elecciones ni en los partidos políticos".
El Consejo de Ancianos recomienda que "se siga en
pie de lucha, que se sigan uniendo a los pueblos, que
se defi enda la montaña, que si ya se encontró una buena
organización que se siga luchando con ella".
Frente a los golpes y humillaciones, "se buscó
la forma y la alternativa de cómo formar esta FICh.
Y, analizando esa situación, compartimos con otros
compañeros esa misma idea y así es como se ha ido
platicando con diferentes comunidades. Algunos
compañeros tenían información de que existía una
organización más grande que se llamaba La Otra
Campaña, entonces, con la necesidad de organización
de los pueblos y con la existencia de La Otra
Campaña se convocó a otros compañeros para que
formáramos esa organización. Platicando con la gente
de los pueblos, con integrantes de las comunidades,
nos dimos cuenta que para los pueblos era importante
contar con una organización que diera rumbo a la
lucha que antes parecía aislada, que parecía que cada
quien estaba luchando solo, con sus problemas.
"Esos compañeros de los pueblos ya estaban cansados
de las organizaciones que sólo los utilizaban,
entonces con muchas pláticas, compartiendo esa necesidad
de unir las luchas, los esfuerzos, es como se llega
a un 13 y 14 de octubre de 2007, cuando se confirmó el
nombre de la que iba a ser nuestra organización.
Lo hicimos en esas fechas, después del 12 de
octubre, cuando se cumplieron 516 de la conquista
de México, para decirle a nuestros pueblos que los
conquistadores no pudieron acabar con nosotros, que
todavía nos queda una mínima dignidad para luchar,
para defendernos, que no hemos muerto y que estamos
formando la resistencia desde acá, desde estos
rincones de la selva chinanteca. Nosotros necesitamos
desarrollarnos como pueblo, reencontrar esa
dignidad, encaminarnos a la autonomía. No somos
objetos, somos personas, pensamos y tenemos nuestras
propias capacidades, nuestras propias virtudes".
"Con la convocatoria de la Sexta Declaración,
no sólo tenemos la oportunidad de ser parte de algo
más grande, de saber que, junto a otros campesinos e
indígenas como nosotros estamos defendiendo nuestros
territorios amenazados por las empresas trasnacionales.
También tenemos la oportunidad de juntarnos
con otros compañeros que no son indígenas: que
son jóvenes, maestros, universitarios de la ciudad.
Tenemos la oportunidad de juntar los problemas del
campo y de la ciudad, pero también las luchas del
campo y de la ciudad".
Pero también se comienza a perfi lar el fantasma
de la represión. Cuando los gobiernos se enteran que
se están dando más reuniones para informar a los pueblos
que aún no aprueban las reservas ecológicas, que
se están juntando los ejidatarios y comuneros que no
están de acuerdo con éstas, que están compartiendo
experiencias, que se está creciendo la inconformidad,
que para ellos se hace más clara la intención de despojo
de los gobiernos. Cuando los pueblos se juntan,
se escuchan, se platican, se organizan, es cuando los
gobiernos incrementan la amenaza de la represión.
Nos cuentan: "hay un puesto de revisión del ejército
federal en la comunidad de Playa Vicente desde hace
muchos años, pero ese puesto se ha incrementado en
número y ha incrementado las revisiones y el hostigamiento
frente a todo lo que resulte ‘sospechoso'. Al
mismo tiempo, ahora hay un puesto de revisión parecido
en Ayotzintepec: nos vigilan y acosan, pero no
detendrán el derecho de los pueblos a organizarnos".
Para ellos, es claro: "no hay otro camino, necesitamos
recuperar la dignidad de los pueblos indígenas,
como dice La Sexta Declaración de la Selva
Lacandona, recuperar la dignidad de todo el pueblo
trabajador, porque nosotros somos los que empleamos
tiempo y esfuerzo para sostener a este país y sostener
también a los que están gobernando para que, al
último, nos digan: ‘ten esta miseria por tus recursos
naturales'. Es como darte una patada".
"Ante esto, no nos queda otra alternativa más que
organizarnos, concientizando a nuestros compañeros,
porque no va a venir nadie a hacer la labor que nos
corresponde, nadie nos ha venido a enseñar lo que
hemos vivido y la experiencia de despojo que tenemos,
lo que estamos padeciendo. Entonces, nosotros
tenemos que ser maestros de nosotros mismos, intercambiar
experiencias entre nosotros".
Notas:
1. Poder Ejecutivo Federal. Programa Especial de Cambio Climático.
2008-2012 www.presidencia.dob.mx
2.Http://www.undp.org.cu/eventos/aprotegidas/Pago_Serv_
Amb_Mexico_Fund_Ford.pdf
http://www.revistarebeldia.org/revistas/numero63/guerrero.pdf
archivos 2008
