Francisco Ferrer i Guardia (1859-1909)
"No hijo de su tiempo: Francisco Ferrer i Guardia, la Escuela Moderna y la pedagogía racionalista "
Escrito por Dario Covarrubias//uffda_one@hotmail.com
http://www.entodaspartes.org/~columnanegra/wordpress/?p=1369
La función de educar, como posibilidad de recrear personas mas humanas, utilizando la cultura y el análisis critico de la historia para evolucionar, se ha minimizado de tal forma, que son únicamente elementos de una estructura ancestral, que se mantiene para recrear la idea de una evolución existente. La frustración, ante la educación, de muchos en la actualidad, es síntoma del retraso de las pautas metodológicas y didácticas para la enseñanza. La escasa investigación y preocupación, en torno a este tema tan fundamental para el desarrollo individual y social, resulta entonces una cuestión necesaria de tratar, comprender y remediar. De lo anterior estriba la importancia trascendental de volver al pasado, constantemente, desde el presente, para analizar y traer hasta nuestra actualidad planteamientos en torno al problema de la enseñanza, que muchas veces han sido obviados por "utópicos" o "impracticables" debido a la "naturaleza malvada" o compleja del ser humano.
En esta ocasión, me referiré a uno de los pedagogos más influyentes dentro de las propuestas educativas y didácticas alternativas del siglo XX: el español Francisco Ferrer y Guardia, sus propuestas pedagógicas racionalistas y la concreción de estas en lo que se denomino La Escuela Moderna. El valor de Ferrer y su obra se encuentra en haber sido, por decirlo de alguna manera, un no hijo de su tiempo. Una práctica, en torno a conceptos educativos en franca oposición con el estado mental prevaleciente en la sociedad española de su época, le llegara a costar la vida. Concretiza hasta donde puede llegar la intolerancia y simboliza en consecuencia la oposición a los métodos educativos y didácticos de control que, hasta hoy en día, son reproducidos en las instituciones de educación formal y específicamente dentro de las aulas.
Considerando que la lucha de Ferrer i Guardia no ha cesado en la actualidad, que sigue siendo primordial, en esta época, la liberación de las mentes de la ignorancia y de los dogmas, que sigue siendo prioridad desmonopolizar la labor educativa, de enseñanza y formación, de las manos de los grupos de poder, esperamos que el contenido de este pequeño ensayo motive al lector, al docente, al investigador didáctico y al estudiantado en general, hacia el análisis del papel de la educación en la emancipación y la valoración de los individuos y su primordial importancia para el desarrollo de una sociedad en constate cambio.
"Ahora el esta muerto, pero es nuestro deber reanudar su trabajo, para continuarlo, propagarlo,
y atacar todos los fetiches que mantienen a la humanidad
bajo la burla del Estado, el capitalismo y la superstición".
Piotr Kropotkin. Días después de la muerte de Francisco Ferrer. Londres, 1909
Francisco Ferrer i Guardia (1859-1909)
Resulta sumamente complejo desarrollar un estudio de la vida y obra de Francisco Ferrer i Guardia. Las escasas fuentes para determinar su devenir y sus aportes a lo que es la historia de la pedagogía, se encuentran dispersas o no han sido consideradas en este país para su reedición o consulta. Debido a esto es que este ensayo se encuentra delimitado a los documentos mas importantes que se han podido conseguir en un corto lapso de tiempo, entre los que se encuentran el texto fundamental para entender la vida, las ideas y las prácticas de Ferrer, La Escuela Moderna[1], y algunos otros documentos anexos sobre pedagogía racional, ensayos sobre la Escuela Moderna y análisis de pedagogía libertaria desarrollados por Colectivos anarquistas españoles y argentinos (en todos estos la figura de Ferrer i Guardia, aparece como personaje principal y sobresaliente).
Francisco Ferrer i Guardia nació el 10 de enero de 1859 en Alella, cerca de Barcelona. Pertenecía a una familia de pequeños propietarios rurales, católicos y monárquicos (a pesar de esto o gracias a ello, Ferrer se inclinaría por corrientes anticlericalistas). Por diversas razones familiares, Ferrer fue a vivir a Barcelona y entró a trabajar con un comerciante de harina de Sant Martí de Provencals. Hacia los quince años, el comerciante para el cual trabajaba le inscribió en clases nocturnas; posteriormente ingresara a la logia masónica Verdad de Barcelona, iniciándose en los ideales republicanos. Serán estas concepciones las que lo llevaran a apoyar el pronunciamiento militar del año 1886, cuya finalidad era proclamar el advenimiento de la Republica. El fracaso de este movimiento lo obligo a exiliarse en Paris[2], donde dará clases de castellano, y en donde tendrá la oportunidad de relacionarse con intelectuales y luchadores sociales anarquistas de la talla del geógrafo francés Elisée Reclus, el ruso Piotr Kropotkin, Charles Malato y recibir las influencias en educación de Rousseau, Tolstoi y Sebastian Faure.
De esto último es posible deducir ciertas influencias libertarias o anarquistas que se verán plasmadas en los proyectos educativos de Ferrer, y de la imagen que de este se tiene, hasta hoy en día, como un proyectista y ejecutador de una educación libertaria en su tiempo[3]. De hecho, Manuel Ruiz Zorrilla, republicano, con el cual colaboraba Ferrer "...hombre de alteza de miras y no suficientemente prevenido contra las miserias humanas, solía calificarme de anarquista cada vez que me veía exponer una solución lógica, y por tanto radical siempre, opuesta a los arbitrios oportunistas y a los radicalismos de oropel que presentaban los revolucionarios españoles que le asediaban y aun explotaban..."[4]
Con todo esto, hacia 1901 e influido por las teorías pedagógicas racionalistas y con la ayuda de una antigua alumna suya, Ernestina Meunier[5], que le heredo la propiedad de un millón de francos, pudo llevar a cabo su proyecto en la ciudad de Barcelona, creando La Escuela Moderna, además editara ese mismo año su periódico La Huelga General y colaborara con el órgano anarquista Tierra y Libertad (otro doble antecedente de la influencia ácrata en su persona). Su prestigio aumentaba en las escuelas republicanas y anarquistas cuando, en 1906, fue acusado como inductor del fallido atentado contra el rey Alfonso XIII, que había sido llevado a cabo por Mateo Morral, traductor y bibliotecario de la Escuela Moderna, la cual fue cerrada de inmediato al tiempo que Ferrer era arrestado y procesado. Declarado inocente al año siguiente, se dirigió sucesivamente a Francia, Bélgica (donde presidió una asociación pedagógica internacional, denominada Liga Internacional para la educación racional de la infancia) y Gran Bretaña.
Regresó a Barcelona en junio de 1909 y, tres meses más tarde, fue nuevamente detenido en su localidad natal, sin prueba alguna[6], responsabilizado de las recientes demostraciones de protesta que tuvieron lugar en julio en contra del embarque de tropas hacia Marruecos y que pasaría a la historia como la Semana Trágica (hechos en los cuales Ferrer no había participado). Tras un simulacro de Consejo de guerra y un agitado proceso, es declarado culpable y fusilado el 13 de octubre de ese año en la prisión militar barcelonesa de Montjuïc[7], a pesar de la indignación y las campañas de solidaridad que se organizaron en Europa y en el exterior y que propiciaron la sustitución de Antonio Maura en la presidencia del gobierno. Su injusta muerte le convirtió en mártir de la educación laica.
"La enseñanza racionalista puede y debe discutirlo todo,
situando previamente a los niños sobre la vía amplia y directa de la investigación personal"
Francisco Ferrer i Guardia. Grabado al pie de su monumento erigido en Bruselas. 1910
La Escuela Moderna y la pedagogía racional. La educación del porvenir
Hace algo más de un siglo, hacia el mes de agosto de 1901, abría sus puertas, en el número 70 de la calle de Bailén de Barcelona, un centro educativo que se proponía transformar radicalmente la experiencia pedagógica en sentido crítico, laico, racionalista y libertario[8]. Se pretendía afirmar un proyecto abiertamente separador de la mediocridad intelectual, de las limitaciones existentes como fruto de la superstición , del autoritarismo y de las carencias higiénicas y materiales que dominaban el marco educativo de la España de la Restauración, tanto en el caso de los escasos centros públicos estatales como en el de los centros privados, fundamentalmente religiosos.
En realidad existía ya cierta tradición en los ambientes del pensamiento humanista y progresista de la España de la época: la fundación de escuelas laicas, muy vinculadas al librepensamiento, al republicanismo y a las sociedades obreras, no era una iniciativa demasiado exótica. Ahora, siguiendo este mismo camino, la Escuela Moderna se plantea como un ejemplo de pedagogía militantemente racionalista que, fundamentándose en la educación integral y en la coeducación, de sexos y de clases sociales (posición muy atrevida para la época, por ambas cuestiones[9]), pueda romper el muro del dogmatismo intelectual y de la falsa moral impuesta a golpe de autoridad, convirtiéndose en un núcleo de permanente promoción de la emancipación social.
En línea con el optimismo filosófico heredero de la Ilustración, buena parte de los ambientes libertarios confiaban en el trabajo en pro de la renovación educativa como instrumento definitivo que abatiría los prejuicios y permitiría conseguir el objetivo de una sociedad libre, justa y fraterna. La piedra de toque es el aprendizaje de la libertad en la libertad, mediante la vía de la razón personal. El medio natural de dicha vía, la única que se basa en la afirmación de la autonomía del sujeto como condición de posibilidad del hecho mismo de la educación es, evidentemente, la laicidad: la ausencia de condiciones previas y de restricciones mentales que, desde la imposición de creencias o de límites a la investigación, impidan el libre acceso al conocimiento. Según Ferrer:
"La misión de la enseñanza consiste en demostrar a la infancia, en virtud de un método puramente científico, que cuando mas se conozcan los productos de la naturaleza, sus cualidades y maneras de utilizarlos, mas abundaran los productos alimenticios, industriales, científicos, artísticos útiles, convenientes y necesarios para la vida...No perdamos, pues, el tiempo pidiendo a un dios imaginario lo que únicamente puede procurarnos el trabajo humano"[10]
Ferrer i Guardia, impulsor y alma de la Escuela Moderna, había conectado con el espíritu de la renovación pedagógica por medio de las ideas de Paul Robin, teórico de la educación integral, en sus años de exilio en Francia. El concepto de Paúl Robin de educación integral, que engloba de manera simultánea los componentes intelectual, físico, ético, estético y emocional de la personalidad y que no separa el mundo del estudio del mundo del trabajo, se mezclará con la defensa del método intuitivo, inspirado en las teorías de Johann H. Pestalozzi y de Friedrich Fröbel, que pretende obtener el desarrollo armónico y progresivo de las facultades y aptitudes naturales de los niños. "Niños y niñas han de descubrir la realidad directamente, no conformándose con aquello que pueda decirse, académicamente, sobre dicha realidad. Parece bastante claro que este tipo de procedimientos y de expectativas han sido confirmados más tarde por la pedagogía evolutiva de Jean Piaget"[11].
Ferrer pedía una educación basada en la evolución real y psicológica del niño, individualizada. La pedagogía racionalista establecía la utilización de la ciencia con los niños, esta ciencia que hacia este tiempo había avanzado tanto afirmaba Ferrer, no se debía utilizar contra los niños, sino a su favor y del desarrollo espontáneo de sus facultades, de sus observaciones directas, a fin de que puedan buscar libremente la satisfacción de sus necesidades físicas, intelectuales y morales. La Escuela Moderna proponía, además, una educación basada metodológicamente en la ayuda mutua[12], en la solidaridad entre los hombres y la crítica de las injusticias mediante el estudio de los mecanismos y las condiciones que las hacen posibles. Como es posible apreciar la primera reflexión que hace Ferrer i Guardia acerca de la educación es que ésta es un problema político. Los modelos pedagógicos del momento no le satisfacen porque obedecen a los intereses del Estado y del clero. La preocupación reciente de los gobiernos por extender la enseñanza a las capas populares se debe realmente a la necesidad de mano de obra cualificada para que las empresas puedan mejorar la producción[13]. Así, la escuela estatal es realmente un medio de dominación burguesa para controlar la mentalidad de la clase obrera, y la escuela confesional un modo de seguir inculcando las supersticiones religiosas para evitar la liberación del pueblo.
De este modo, para evitar esta manipulación política es necesario basar la educación sobre la ciencia positiva, que es lo que él llama pedagogía o enseñanza científica y racional. "La ciencia debe estar al servicio de la razón natural (o "necesidades naturales de la vida") y no de la razón artificial de la burguesía"[14]. Por eso el principal cometido de la escuela debe ser el de que el niño conozca el origen de la desigualdad económica, la falsedad de las religiones a la luz de la ciencia, el error del patriotismo y el militarismo[15] y la esclavitud que supone la sumisión a la autoridad. El ideario pedagógico de Ferrer se decanta claramente por el papel de creación de conciencia sociopolítica de la escuela, aunque como sostiene acertadamente B. Delgado en su obra sobre la Escuela Moderna, "...Ferrer i Guardia hacía pública confesión de que había que respetar la inteligencia y la libertad del niño declarando que el buen maestro era capaz de prescindir de sus propias ideas de adulto"[16].
En la Escuela Moderna, cuando casi nadie se planteaba lo expuesto anteriormente, intentaron dar forma a todo ello: los niños y las niñas tendrán una insólita libertad, se realizarán ejercicios, juegos[17] y esparcimientos al aire libre, se insistirá en el equilibrio con el entorno natural y con el medio, en la higiene personal y social, desaparecerán los exámenes y los premios y los castigos[18]. Los alumnos visitarán centros de trabajo y harán excursiones de exploración. Las redacciones y los comentarios de estas vivencias en terreno, por parte de sus mismos protagonistas, se convertirán en uno de los ejes del aprendizaje[19]. Y esto se hará extensivo a las familias de los alumnos, mediante la organización de conferencias y charlas dominicales.
Algunos autores han criticado a Ferrer i Guardia que su ideario pedagógico fue incoherente con la práctica real de la Escuela Moderna, fundamentalmente en lo referido al adoctrinamiento ideológico revolucionario que, efectivamente, parecía darse[20]. Pero es importante saber situar esta teoría en un contexto en el que la enseñanza racionalista se convertía en bandera de revolucionarios y anarquistas, y que por tanto, el respeto absoluto a la independencia del niño era un objetivo que no se veía incompatible con la formación de futuros rebeldes. Por otro lado, las tensiones sociales e ideológicas provocadas por la cerrazón oscurantista del clima social y político dominante en el que se desarrollaba la obra racionalista de Ferrer, pudo conducir, en algún caso, a posiciones de ingenuo radicalismo, algo contradictorio, incluso, con el uso libre del método intuitivo. Podríamos encontrar algo de esto en cierta decantación racionalista que quizás no dejaba espacio a las formas no dogmáticas de espiritualidad, o en el uso exclusivo de la lengua castellana, tan característico de un supuesto cosmopolitismo universalista que compartían algunos sectores del movimiento obrero y del pensamiento libertario. Ferrer aducía siempre que se cuestionaba la exclusividad del castellano ante el catalán como vehículo de enseñanza que, de haber podido "antes que el catalán, cien veces el esperanto"[21]
Francisco Ferrer i Guardia el no hijo de su tiempo, a través de la pedagogía racionalista de la Escuela Moderna destruía todo lo que, en su situación, respondía a la organización de la violencia: los medios artificiales donde los niños se hallaban alejados de la naturaleza y de la vida y la disciplina intelectual y moral de que se sirve la autoridad para imponerle pensamientos, hechos y creencias que depravan y aniquilan las voluntades. Pero también construía: situaba al niño en el medio que solicita, el medio natural donde se hallaba en contacto con todo lo que ama y donde las impresiones vitales reemplazaban a las fastidiosas lecciones de palabras, le entregaba las herramientas para su superación individual, física y mental, le entregaba la conciencia de su valía. Ferrer preparaba, en gran parte, la emancipación total de los niños y las niñas.
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La labor forjada y desarrollada por Francisco Ferrer y sus colaboradores directos (Ernestine Meunier, Dr. Martínez Vargas, R. Columbie, Emilia Boivin, Odeon de Buen, entre otros) a través de la estructuración de la Escuela Moderna fue un proyecto que pretendía desvincular todos aquellos factores externos que influían y entorpecían la verdadera esencia de la educación escolar. Por ello, la Escuela Moderna aportó renovaciones en la pedagogía que desde su inicio, aún siguen vigentes en las escuelas actuales. Dentro del aula, la pedagogía se adoptó en sentido crítico, laico, racionalista y libertario. El sentido crítico de la enseñanza, dio paso a la importancia de la investigación y la observación directa por parte del estudiante, de la expresión y opinión de su visión personal de los conocimientos; la racionalidad de hechos, procedimientos y actitudes. La laicidad empieza con la supresión de las creencias y, con ello, las supersticiones que impedían el acceso libre al conocimiento.
En relación al alumno, vemos que Ferrer i Guardia propuso métodos avanzados del ámbito psicológico para el desarrollo de la personalidad de los estudiantes, a ser críticos con su propia realidad, no conformarse con lo académicamente aprendido. El profesor realiza ejercicios y juegos tanto dentro del aula como al aire libre, que los alumnos tengan el contacto directo con las fuentes, sin mediadores que lo substitúyan, (visitas a museos, fábricas, espacios geográficos, etc.) y vela por el equilibrio de la relación entre individuo-naturaleza y la higiene, tanto personal como social. Ferrer i Guardia elimina los premios, los castigos, los exámenes y las calificaciones ya que, según el autor, sólo crean distinciones entre los alumnos y tampoco representan la capacidad ni la intelectualidad del alumno respecto al conocimiento de los contenidos. Fuera del aula, encontramos los Boletines de la Escuela Moderna en los que se incluyen redacciones de los estudiantes sobre excursiones, comentarios y opiniones, críticas sobre la escuela en sí, noticias de mayor revuelo, estudios pedagógicos estudiados por los propios profesores.
En la actualidad, en un tiempo marcado por la necesidad de generar actitudes de apertura intelectual y de razonamiento crítico que nos capaciten para generar información sin manipulaciones, y de responder a los retos suscitados por la transformación tecnológica y social que nos conduce hacia la denominada era de la interconexión, es imprescindible saber colocar los procesos de acceso y de transmisión del conocimiento al servicio del progreso ético de la humanidad. Una formación de este tipo, que se mantiene en el tiempo, es la que puede proporcionar una enseñanza laica, racionalista y libertaria, constituida en una de las herramientas imprescindibles para construir una comunidad de individuos, no mediatizada y capaz de dirigir nuestros propios destinos, es decir, de labrar nuestra conciencia y nuestra libertad.
El proyecto esencial de la Escuela Moderna tiene, en este sentido, vigencia y vigor.
Bibliografía
- Delgado, Buenaventura. "La Escuela Moderna de Ferrer i Guardia". CEAC, Barcelona, 1982.Ferrer i Guardia, Francisco. "La Escuela Moderna". Ed. Federación Obrera Regional Uruguaya (F.O.R.U), Montevideo, Uruguay, 1960.
- Gómez, Rita, Lázaro, Isabel y otras. "Francisco Ferrer i Guardia. Investigación y laicicidad". Ed. TICE, España, 2004
- "La propuesta sociopolítica de la Pedagogía Libertaria". Ed. Federación Libertaria Argentina (F.L.A), Buenos Aires, Argentina, 2000.
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Notas
[1] La edición y traducción de la obra póstuma de Ferrer utilizada para desarrollar este estudio, fue elaborada por la Federación Obrera Regional Uruguaya (F.O.R.U), hacia el año 1960.
[2] Según parece, este exilio, y las experiencias de la que este resultaran, serán el gatillante para que Ferrer concibiera los conceptos educativos que tomarían cuerpo en su proyecto de Escuela Moderna.
[3] La ideología ferreriana de los años ochenta y de principios de los noventa es republicana. Concretamente Ferrer es adepto al Partido Republicano Progresista de Ruiz Zorrilla. Evolucionará posteriormente en un sentido anarquista: participa a fondo en la campaña para la
liberación de los presos de Alcalá del Valle y en la creación del núcleo sindicalista barcelonés de Solidaridad Obrera.
[4] Ferrer i Guardia, Francisco. "La Escuela Moderna". Ed. Federación Obrera Regional Uruguaya (F.O.R.U), Montevideo, Uruguay, 1960, p. 5. Las cursivas son nuestras.
[5] Resulta muy interesante, la descripción que hace Ferrer en su libro de la "señorita Meunier", la cual sumamente católica, religiosa y moralista, quedara deslumbrada por las formas de enseñanza y las pretensiones pedagógicas de Ferrer, que sin sugestiones egoístas, sino a través de innumerables consideraciones y consejos, le abrirá la puerta hacia el racionalismo.
[6] Se arguye el antiguo vínculo que Ferrer tenia con Mateo Morral.
[7] Aparte de la injusta condena a muerte, Ferrer, según la sentencia reproducida en la Enciclopedia Anarquista, debía también indemnizar todos los daños y perjuicios ocasionados por los incendios, deterioros de vías de comunicación, férreas y telegráficas, ocurridos durante la rebelión.
[8] He pretendido remarcar los conceptos fundamentales en cursiva para representar los lineamientos centrales de la propuesta pedagógica racionalista impulsada por Francisco Ferrer, materializada en la experiencia de la Escuela Moderna.
[9] Para Ferrer la naturaleza, la filosofía y la historia enseñaban, contra todas las preocupaciones y todos los atavismos, que la mujer y el hombre completan el ser humano, y el desconocimiento de esta verdad tan esencial y trascendental estaba siendo y era causa de males gravísimos, que mantenían el retraso moral e intelectual en la sociedad. Por otro lado, la coeducación de pobres y ricos, en un mismo espacio y bajo una misma perspectiva, ponía en contacto a unos con otros en la inocente igualdad de la infancia, por medio de la sistemática igualdad de la escuela racional, que no anticipaba ni amores ni odios, ni adhesiones ni rebeldías, sino que preparaba sujetos íntegros y concientes.
[10] Ferrer i Guardia, Francisco. Op. cit., p. 48. De esta concepción estriba la importancia que Ferrer atribuye a los textos de enseñanza que se reproducirían en la Escuela y que conformarían la Biblioteca de esta. Considerando que la escuela había estado en todo tiempo, supeditada a la enseñanza concordada con la autoridad y la conveniencia de las clases dominadoras, y por tanto a hacer obedientes y sumisos, era evidente que nada de lo escrito a tal fin podía ser utilizable. La Escuela Moderna, a través de su editorial, se dedico a la difusión de nuevos textos con ideas innovadoras, creativas y dinámicas, vivas y provocadoras, y de probado rigor científico. Tan sólo se precisaría citar, entre otros, los de Odón de Buen, Elisée Reclus, J.F. Elslander (otro referente de la renovación pedagógica), M. Petit, P. Kropotkin, o la misma Clémence Jacquinet, antigua alumna de Ferrer y profesora de la Escuela.
[11] Gómez, Rita, Lázaro, Isabel y otras. "Francisco Ferrer i Guardia. Investigación y laicicidad". Ed. TICE, España, 2004, p. 12
[12] El concepto de ayuda mutua o apoyo mutuo, fue investigado histórica y científicamente por el "príncipe anarquista" Piotr Kropotkin, con el cual Ferrer habría tenido contactos en sus viajes por Europa, como lo mencionamos mas arriba. Es uno de los grandes planteamientos elaborados por el anarquismo para establecer la futura nueva sociedad, en donde la cooperación y la solidaridad entre los individuos suprimiría el egoísmo y la mezquindad. Kropotkin establece los antecedentes históricos de este concepto haciendo un estudio del pasado, donde reconstruye las distintas formas de apoyo mutuo en los diversos estadios del desarrollo humano. Kropotkin, Piotr. El Apoyo Mutuo. Edición digital disponible en www.institutoanarquista.cl
[13] El argumento es ampliamente desarrollado y problematizado por Ferrer en su obra, específicamente en el capitulo denominado: La renovación de la Escuela, pp. 35-40.
[14] "La propuesta sociopolítica de la Pedagogía Libertaria". Ed. Federación Libertaria Argentina (F.L.A), Buenos Aires, Argentina, 2005, p. 13
[15] El presente ensayo incluye, como anexo, una actividad para desarrollar en el aula, sobre antimilitarismo y las formas "noviolentas" de resistencia que pueden ser utilizadas por los individuos que se ven inmersos en este tipo de procesos, totalmente contrarios a la solidaridad, a los derechos y dignidades humanas.
[16] Delgado, Buenaventura. "La Escuela Moderna de Ferrer i Guardia". CEAC, Barcelona, 1982 p.95
[17] El juego, los ejercicios y el esparcimiento, como prácticas de aprendizaje, daban el paso en el infante a su libre iniciativa, era el camino que derechamente lo conduciría a conseguir su cultura, sin someter su cerebro, sus percepciones, al molde de los antojos de padres y profesores. "El niño en donde quiere que este debe manifestar sinceramente sus deseos, por lo que es necesario arrancar de cuajo, de las salas de clases y espacios de aprendizaje, el mutismo y la quietud insoportables, que son las características de la muerte" Ferrer i Guardia, Francisco. Op. cit., p. 28
[18] En la Escuela Moderna no existen ni el premio ni el castigo, porque la enseñanza racional sobre la que se basa es un método de defensa contra el error y la ignorancia. Dicho método no incluye castigos, premios o exámenes con sus correspondientes calificaciones; pues calificar a los alumnos supone hacer distinciones intelectuales que les pueden confundir y dar información falsa de sus cualidades.
[19] La Escuela Moderna necesito y tuvo su órgano de prensa. Debido a las constantes tergiversaciones, falsas interpretaciones y a los señalamientos como "institución peligrosa", la escuela no dudo en levantar el Boletín de la Escuela Moderna, por el cual se insertaban los programas de la escuela, noticias interesantes, datos estadísticos, estudios pedagógicos originales de sus profesores, noticias del progreso de la enseñanza racional en España y otros países, y publicación de los pensamientos de los estudiantes, esta ultima, según Ferrer, era la que tenia mayor éxito.
[20] Esta parece ser la crítica fundamental hecha por algunos estudiosos de la pedagogía y la enseñanza al trabajo de Ferrer i Guardia, las demás se limitan a críticas y contradicciones que presentaba la forma de enseñanza-aprendizaje racionalista en los detractores de Ferrer (en este tiempo el clero, el Estado, la burguesía, el capitalismo, el conservadurismo, etc.)
[21] Ferrer y Guardia, Francisco. Op. cit., p. 10. El esperanto es un intento de "lenguaje internacional" creado hacia 1887 por el medico y lingüista polaco Ludwik Lejzer Zamenhof, quien soñó con unir todos los pueblos del mundo mediante la creación de una lengua de comunicación universal, por lo que es un referente reivindicativo del anarquismo que pretende la supresión de las fronteras, los nacionalismos y todo tipo de fanatismos etnocentristas.
