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La Coctelera

Red Latina sin fronteras

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24 Agosto 2009

desde Uruguay: Ellos dicen

Por Fernando Butazzoni (*)

Los que te mataban dicen que eras feliz. Dicen ellos que tus niños hambrientos fueron apenas una fatalidad. Y dicen que aquellos niños que allá por el año 2002 comían pasto, en realidad jugaban a vivir en una estancia. A ser vacas jugaban, digo yo. A ser sobrevivientes de un naufragio de otros. A hundirse junto con un barco al que nunca se habían subido. Y dicen, los que te mataban, que esos niños ahora quieren volver a comer pasto. Pero resulta que el gobierno, en lugar de darles una buena ración de pasto les entrega computadoras, unas pequeñas computadoras de plástico que solo sirven para que los niños se confundan y para que sus padres y sus madres se confundan junto con ellos. Ahora, con el Plan Ceibal, las familias están confundidas y ya no se puede jugar a ser vaca en una estancia y tampoco se puede comer pasto.
 
Los que te postraron dicen que te gustaba. Dicen ellos que el humo de tus chimeneas envenenaba el aire y molestaba a los vecinos y era una agresión para el medio ambiente. Y peor, dicen que eras un poco holgazán. Ellos se preguntan para qué iban a ponerte a fabricar camisas, gomas, vidrio, muebles, zapatos. Para qué hacerte trabajar, razonan, si además no querías. Dicen que esos productos los fabricaban otros, y que los hacían mejores y más baratos. Y ellos los importaban, y luego los vendían en lugares resplandecientes y seguros, de lo más bonitos. Sin humo, sin chimeneas y con grandes ganancias.
 
Los que te torturaron dicen que no sufrías. Dicen ellos que apenas si utilizaron el rigor para interrogarte, para ver qué sabías, a quiénes conocías o habías conocido, por dónde habías estado, y cuándo y cómo. Ellos nos explican que nunca se sienten seguros, porque el Mal se agazapa en las esquinas, sobre todo en las esquinas de los barrios más pobres, como el Borro o Cerro Norte. Antes, en otro tiempo, el Mal se escondía en las fábricas y en la Universidad, pero según nos explican ellos el mundo ha cambiado, y ahora con la globalización no hay casi fábricas para que el Mal se meta en ellas, así que solo queda la Universidad pública, porque resulta que el Mal no se atreve a entrar en las universidades privadas.
 
Los que te humillaron dicen que no era para tanto. Dicen ellos que las empleadas domésticas, a las que antes se les llamaba siervas o sirvientas, están de lo más enojadas con el gobierno, porque ahora su pobre patroncita tiene que pagarles la Caja de Jubilaciones, y además tienen atención médica, lo cual es completamente innecesario. Ellos dicen que la salud de las empleadas domésticas es de hierro, a prueba de todo. Ellos y ellas dicen que sus fieles empleadas domésticas son capaces de trabajar todo el día de lo más contentas, orgullosas de tener un patrón que es todo un señor y una patroncita tan buena.
 
Los que te desaparecieron dicen que es mejor olvidar. Dicen ellos que fue un tiempo doloroso en el que ocurrieron cosas desagradables. Y además aseguran que ya nadie se acuerda de tus huesos perdidos, de los agujeros en los que te enterraron. Y explican que hubo una guerra, que murieron muchos inocentes, que tu desaparición fue lamentable pero que ya está. A otra cosa mariposa, dicen. Y dicen también, en susurros, que algo habrás hecho después de todo. Ellos dicen que no eras inocente, que algo sabías. Muy doctorales explican que el mundo estaba dividido, recuerdan la Guerra Fría, hablan de los espantos soviéticos, de Cuba, de la tiranía de Fidel Castro. Yo te advierto que te cuides de esa gente, no sea cosa que te encuentren, te agarren de nuevo y te vuelvan a desaparecer.
 
Los que te amargaban la vida dicen que, en el fondo, estabas lleno de alegrías. Ellos dicen que tenías muchos partidos de fútbol para divertirte, grandes goleadores que jugaban en Italia, la Noche de las Luces con Mickey, las domas en Turismo, la Vuelta Ciclista y, en agosto, la Rural del Prado. Y que en aquellos tiempos semejantes espectáculos podías mirarlos por la televisión en caso de no tener dinero para el boleto o para las entradas. Dicen que después de todo no era tan malo que los unos estuvieran allá y los otros estuvieran acá. Juntos pero no revueltos, dicen. Aseguran que eso es lo mejor para conservar los valores y evitarte pasar un mal rato.
 
Los que te avergonzaron y estafaron y robaron y mataron, ellos, dicen que lo hicieron por tu bien. Dicen que aquel llanto presidencial fue el fruto de un mal momento, y que los encarcelamientos de cinco ex ministros ocurrieron porque te faltaron los controles adecuados, así que después de todo fue culpa tuya y no de ellos. Y que el chileno que apareció con un tiro en la nuca era un mal bicho, de lo peor, y que por eso hubo que matarlo y esconder su cadáver en la arena de la playa. Y dicen, también, que los asesinos de ese hombre eran unos verdaderos patriotas que merecen el honor, la gloria y, por supuesto, la jubilación anticipada.
 
Los que te comieron y te bebieron durante dos siglos dicen que estabas muy sabroso y que eras feliz con los banquetes. Explican que ellos siempre fueron educados y formales, que nunca se sentaron a la mesa donde te trinchaban en mangas de camisa, sino con elegantes trajes, que siempre te comieron con los cubiertos adecuados, con la platería fina de las grandes ocasiones. Dicen que te devoraron sí, pero con buenos modales de urbanidad, con regias damas sentadas a la mesa, con preciosos nenes a ambos lados. Preguntan si esa consideración no tiene ningún valor, si no te parece que es la mejor manera de comerte y de beberte. Y ellos dicen, y te lo advierten, que ahora pueden venir otros para comerte y beberte en multitud, todos y todas, algunos vestidos en harapos, muchos malolientes, hombres y mujeres, niños y viejos, todos sentados a la misma mesa, todos comiéndote y bebiéndote hasta saciarse. Todos y todas riéndose, sin prestar atención a los grandes asuntos, sin cuidar los modales.
 
Ellos te piden que lo pienses. Ellos te preguntan si prefieres ese banquete tan poco elegante del populacho, en lugar de las magníficas fiestas que ellos ofrecieron en tu honor cada vez que te comieron. Yo creo que debes responderles. Es mejor que se los digas una vez más, para que entiendan y se dejen de joder.

(*)Fernando Butazzoni
Escritor y periodista, nacido en Montevideo, en 1953 en el barrio del Paso del Molino. A la edad de 7 años, se mudó con su familia a la ciudad de Las Piedras, y allí cursó sus estudios primarios y secundarios. En 1968 comenzó a trabajar en el Grupo Teatro Nocturno del Liceo de Las Piedras, donde eran profesores, entre otros, Vivián Trías, Luis A. Solari, Isobel Rubbo, Carlos Machado, Julio Louis. Participó en las luchas estudiantiles de la época y en 1971 se integró a la lucha política. Debió exiliarse en 1972.
Tras vivir la experiencia del gobierno socialista de Salvador Allende en Chile, en 1973 Butazzoni debió abandonar ese país, radicándose en Cuba. Allí realizó trabajos comunitarios, estudió Ciencias Biológicas en la Universidad de Oriente, fue profesor de Enseñanza Secundaria y escritor de programas de radio en la ciudad de Holguín. En 1979, a la edad de 25 años, obtuvo con su primer libro (Los días de nuestra sangre) el Premio Casa de las Américas de cuentos.
A fines de 1978 se enroló en las filas de la resistencia nicaragüense contra la dictadura de Anastasio Somoza y a comienzos de 1979 fue enviado al frente de batalla como oficial de artillería en una unidad de combate del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN). Participó en varias batallas y en la campaña del Frente Sur, en las selvas de La Zopilotera y en la toma de ciudades y pueblos. El 19 de julio de 1979 combatió en la toma de Managua, la capital del país. Tras la guerra, permaneció en Nicaragua hasta 1980, donde escribió su libro de poemas De la noche y la fiesta, que obtuviera una mención en el Premio Internacional de Poesía Rubén Darío. Ese mismo año regresó a La Habana.
Al año siguiente comenzó a trabajar como periodista free-lance para diversas publicaciones latinoamericanas y europeas, y escribió su primera novela (La noche abierta) la cual fue galardonada por la Confederación de Universidades de Centro América con el premio EDUCA de Narrativa Latinoamericana de 1981.
En 1982 fue jurado del Premio Casa de las Américas, en La Habana, y del Premio EDUCA, en San José de Costa Rica. Viajó también a Europa, y en Suecia colaboró en la fundación de la publicación cultural "La Revista del Sur". En 1983 se radicó en Suecia con su familia. Vivió una temporada en Italia, de donde es oriunda su familia y trabajó como corresponsal de guerra en América Central.
En 1985 regresó al Uruguay, una vez electo el gobierno democrático. Ese mismo año se integró al grupo fundacional del semanario Brecha, donde colaboró con sus páginas literarias.
Por concurso, en 1986 fue designado director de la revista "Gaceta Universitaria", órgano de la Universidad de la República que había sido censurado y clausurado durante la dictadura militar. En ese año se publicó en Montevideo su segunda novela (El tigre y la nieve), la cual obtuvo un importante éxito editorial y fue traducida a varios idiomas. También se vendieron sus derechos cinematográficos a una productora independiente de EEUU y participó en la elaboración del guión para la película, pero el proyecto no llegó a realizarse.  
En 1988 se integró al staff del diario La República (Montevideo), donde llegó a ocupar el cargo de Secretario de Redacción. También trabajó en radio, y colaboró con proyectos internacionales de la Unesco en el área de las comunicaciones y la cultura.
  En 1990 fue invitado a pronunciar el discurso inaugural del Premio Casa de las Américas, en La Habana, y a integrar el jurado de dicho concurso. El tono de ese discurso y una serie de notas publicadas en Montevideo a su retorno, provocaron su enfrentamiento con las autoridades cubanas. Un breve suelto publicado por la dirección de la revista Casa de las Américas, en el que tambien se atacaba al peta peruano Antonio Cisneros, así lo consignaba.  
En la década de 1990 continuó escribiendo y publicando (Príncipe de la muerte, La noche en que Gardel lloró en mi alcoba, Ensayos del Orobón, Mendoza miente), al tiempo que participó en charlas, conferencias y encuentros internacionales de escritores en EEUU, Europa y América Latina. 
En 1994 fundó y dirigió la revista Índice Universitario, dedicada al análisis de la educación superior y a la información científica y humanística. 
Entre 1995 y 2000 llevó adelante distintos proyectos periodísticos en radio, entre ellos la dirección, junto con el periodista Alfonso Lessa, del programa "En vivo y en directo", de radio Sarandí. Esta experiencia, en la que se efectuaron entrevistas y mesas redondas de gran importancia con intelectuales y pensadores de diversas partes del mundo (José Saramago, Leopoldo Zea, Arturo Pérez-Reverte, entre otros)  duró apenas 10 meses, pues la empresa propietaria de la emisora canceló su contrato y lo sacó del aire.
 
Fernando Butazzoni ha publicado los siguientes libros:
-         Los días de nuestra sangre (cuentos, Ed. Casa de las Américas, La Habana, 1979)
-         La noche abierta (novela, Ed. Educa, Costa Rica, 1982)
-         Con el ejército de Sandino (crónicas, Ed. Cono Sur, Suecia, 1983)
-         El tigre y la nieve (novela, Ed. Banda Oriental, Montevideo, 1986)
-         Nicaragua: noticias de la guerra (crónicas, Ed. Banda Oriental, Montevideo, 1986)
-         La danza de los perdidos (novela, Ed. Trilce, Montevideo, 1988)
-         La noche en que Gardel lloró en mi alcoba (novela, Ed. Planeta, Montevideo, 1996)
-         Príncipe de la muerte (novela, Ed. Seix Barral, Buenos Aires, 1997)
-         Mendoza miente (relato, Ed. Alfaguara, Montevideo, 1998)  
-         Libro de Brujas (novela, ed. Alfaguara, Montevideo, 2001).

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