Laura Isabel Feldman - Penny : la ceremonia y el duelo que impidieron y quisieron evitar
Nació el 11 de agosto de 1959.
Fue secuestrada y desaparecida el 18 de febrero de 1978. Fue vista en el centro clandestino de detención "Vesubio".
La asesinaron el 14 de marzo del mismo año. Su cuerpo fue enterrado como N. N. en el Cementerio de Lomas de Zamora. Tenía 18 años.
En abril de 2009 sus restos fueron identificados por el Equipo Argentino de Antropología Forense.
El 15 de diciembre de 2009 comenzará el juicio oral y público donde serán juzgados ocho represores acusados de los crímenes cometidos en el "Vesubio".
A 31 años de su asesinato.
Cuando algunos todavía proponen que "hay que dejar atrás el pasado",
cuando nos piden olvidar y perdonar,
cuando nombran "revancha" o "venganza" al lento trabajo de la justicia,
hay otros que insisten con tenacidad en la búsqueda de la verdad,
hay muchos que sostenemos y apoyamos esa posición y esa lucha.
31 años después avanzamos un paso más contra la mentira y el ocultamiento y la salvaje represión que diseminó el Terrorismo de Estado en la Argentina cuyos efectos, lo podemos comprobar, no han concluido.
31 años después podemos despedirnos de Penny, que siempre estuvo en nuestros corazones y lo seguirá estando, velar sus restos, realizar la ceremonia y el duelo que impidieron y quisieron evitar.
31 años después gracias al trabajo de muchos, entre quienes destacamos al equipo de antropólogos forenses:
- Llamamos a difundir esta noticia.
- Solicitamos que aquellos que tienen informaciones que aún no han aportado sobre nuestros desaparecidos a acercarse a los organismos de derechos humanos.
- Reclamamos la aceleración en los procesos judiciales.
- Informamos que los familiares que quieran aportar muestras de sangre para contribuir a la identificación de los restos de los desaparecidos por el terrorismo de estado pueden comunicarse al 0800-333-2334 del Equipo Argentino de Antropología Forense.
Familiares, amigos y compañeros convocan a velar sus restos y a recordar a Laura, el jueves 10 de septiembre de 12 a 19 hs en el hall de la Escuela Carlos Pellegrini, Marcelo T. de Alvear 1851.
Ni olvido ni perdón!
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Tinieblas que se disipan (*)
Por Hernán López Echagüe
Los militares latinoamericanos le brindaron a la palabra desaparición una magnitud desmesurada en nuestro vocabulario. Acaso ignoraban que, por sencilla derivación o consecuencia semántica, le estaban otorgando idéntico poder y tamaño a la palabra búsqueda. Desaparición remite a sombras, encierro y quietud; búsqueda, en cambio, a movimiento, intemperie, acción, y, como factible y lógica culminación, hallazgo.
En abril de este año, el Equipo Argentino de Antropología Forense identificó los restos de Laura Isabel Feldman. Penny. Un grupo de tareas de la dictadura argentina la había secuestrado en febrero de 1978. Sus dieciocho años de edad causaban recelo, de modo que no podían menos que fusilarla y arrojar su cuerpo en alguna de las decenas de catacumbas que habían diseminado a lo largo del país. Militaba en la Unión de Estudiantes Secundarios, la UES, agrupación estudiantil del peronismo revolucionario.
Los sepultureros furtivos de la gran dictadura latinoamericana presumían tener el don de extinguir cuerpos. Pero la tierra y el mar no se cansarán jamás de devolverlos a la superficie, de rescatarlos del confinamiento.
La búsqueda y la evocación no tienen fecha de caducidad. El hallazgo tampoco.
Los sepultureros furtivos la enterraron, apiñada con otros cuatro cuerpos adolescentes, en el cementerio de Lomas de Zamora. Fosa NN, desprovista de nombre, piel y aliento. Acta de defunción, pluma oficinesca: "Shock traumático agudo, por herida de bala".
"De la violencia, de la verdadera violencia", dice el escritor chileno Roberto Bolaño en el primer párrafo de su cuento El Ojo Silva, "no se puede escapar, al menos no nosotros, los nacidos en Latinoamérica en la década del cincuenta, los que rondábamos los veinte años cuando murió Salvador Allende".
Penny nos aproxima un poco más al momento del relámpago. El instante en que el relámpago resquebrajó nuestro mundo y nos empujó al borde del despeñadero. Rayo de enajenación al que le sucedió un aguacero de violencia inaudita. En el día del relámpago de marzo de 1976, del cielo comenzaron a caer miserias y desventuras de toda naturaleza. Procesión de años vacíos en los que campeó la mudez, y el desdén y la resignación nos sumergieron en una vejez temprana, en el ocaso del deseo.
No puedo figurarme a Penny, su mirada cautivadora, sus hermosos rasgos de mujer aniñada, en apariencia quebradiza, sólo en apariencia, convertida en un manojo de huesos. Todavía hoy, al cabo de tanto tiempo, no puedo entender tanta cizaña, tanta sevicia.
Los ojos de Penny, los que ahora estoy contemplando, son una exhalación de presencia continua que nos ayuda a disipar un poco las tinieblas que la envolvían. Las tinieblas que todavía envuelven sus caras múltiples. La Penny uruguaya y chilena. La Penny peruana y brasileña. La Penny colombiana, paraguaya y ecuatoriana. Las Penny de este sur jodido que todavía debemos devolver a la superficie, rescatar del confinamiento.
El diez de septiembre, en el patio del colegio Carlos Pellegrini, Penny, que en agosto cumplió cincuenta años, se reencontrará con sus amigos, compañeros y familiares. Leo en el texto de la solicitada que habrán de publicar en estos días: "31 años después avanzamos un paso más contra la mentira y el ocultamiento y la salvaje represión que diseminó el terrorismo de Estado en la Argentina, cuyos efectos, lo podemos comprobar, no han concluido. 31 años después podemos despedirnos de Penny, que siempre estuvo en nuestros corazones y lo seguirá estando, velar sus restos, realizar la ceremonia y el duelo que impidieron y quisieron evitar".
No es un decir. La búsqueda y la evocación no tienen fecha de caducidad. El hallazgo tampoco.
(*) Brecha, Montevideo, viernes 4 de septiembre, 2009.
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Todavía cantamos (*)
Por Laura Giussani
Volver a los diecisiete, después de vivir un siglo...
Teníamos diecisiete por entonces, diecisiete tenía Penny cuando la ví por última vez . Hoy rondamos los cincuenta, podríamos ser sus padres, y nos enfrentamos a unos huesos que, dicen, le pertenecieron, que alguna vez formaron parte de su ser, que tenían nombre y apellido pero habían sido enterrados en una fosa común como NN. ¿La encontramos? ¿Tienen algo que ver con nosotros esos restos? ¿Restos?
Es como descifrar signos sin ser sabios competentes...
" Ana Feldman nos trajo la noticia de que han sido encontrados los restos de su hermana Laura en una fosa común y ya fueron identificados, ayer nos reunimos un grupo para pensar que hacer. La idea es hacer un acto público por su memoria y nuestro recuerdo", decía el primer mensaje que mandaron sus amigos del Carlos Pellegrini. Y cuando estábamos al borde del abismo, paralizados, sin dar un paso, sin comprender qué ocurría, qué debíamos hacer, nos juntamos, los mismos, los de entonces, los que compartimos colegios, clubes, actos, marchas, campamentos, y apareció ella. Recuerdos y más recurdos. Ella con su paquete de particulares verdes siempre a mano, del brazo de Angelito, cantando.
Siempre que se hace una historia se habla de un viejo de un niño o de sí, pero esta historia es distinta ....
Ella con sus amigos del Zumerland, ella en Miramar, ella pintando paredes con una aerosol que le estalla en la mano en el barrio de barracas, ella con mirada pícara, oyuelos y pecas, contando que se le dió con Angelito, "y no sabés lo que es", ella bajando lo ojos, seduciendo, riendo. Ella y sus infinitos mohines. Ella, sí, viva. Finalmente, viva. Con su guitarra siempre a mano.
Vamos a pintar paredes, vamos a decir las cosas...
Por un momento quedaba atrás el dolor, el que estuvo clavado en el corazón durante años, porque se la llevaron, porque escribió Penny en la pared de Vesubio, porque ni embajadas ni autoridades dieron respuestas, porque La Nación no permitió siquiera que figurara en la necrológica para despedir a su madre, porque era una desaparecida más y los desaparecidos no están, no existen, no tienen entidad, están desaparecidos, como con cinismo sin igual decía Videla. Pero Penny es una desaparecida que vuelve, está, existe. Y ahora sabemos cómo fue secuestrada y fusilada.
"Quiero apartar la tierra parte a parte/ a dentelladas secas y calientes/quiero minar la tierra hasta encontrarte/y besarte la noble calavera/ y desamordazarte y regresarte"
Por eso vuelve a su colegio, con sus amigos de entonces y para que la conozcan los chicos de su edad, porque Penny quedó a los dieciocho, a ellos les corresponde tomarla y abrazarla como a una igual. Quizás ese sea el sentido de todo esto, quizás por eso durante treinta años hubo quienes estuvieron dando esas dentelladas que clamaba Miguel Hernández. Con tenacidad, sin respiro, amigos, familiares, organizaciones y el Equipo de Antropología Forense trabajaron hasta devolverla a su lugar.
No son muchas las cosas para reconocerle a este país malogrado, pero una de ellas es ésta. Treinta años de búsqueda y un solo canto.
"Ole, ole/ ole ola/ adonde vayan los iremos a buscar".
(*) Miradas Al Sur, 6 de septiembre, 2009.
enviado por lechague@adinet.com.uy
