Argentina: A tres años de la desaparición de Jorge Julio López
fuente: AGENCIA DE COMUNICACION RODOLFO WALSH (AW)
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A tres años de la desaparición de Jorge Julio López
Desaparecido del gatopardismo
"Los discursos de la política ocultan la política (se postula el nunca más pero se aprueba la ley antiterrorista). Los tiempos políticos sólo admiten la hora del testimonio, jamás la de la transformación (se colocan placas mientras se sofistican los recursos para la seguridad)". Una nota del abogado Ismael Jalil, integrante de Correpi.
Buenos Aires 18 de septiembre de 2009 (Agencia Walsh). Nada cambia aunque parezca que sí es un viejo y remanido objetivo de quienes no aspiran más que a eso, a parecer.
La política de gestos construye ilusorias versiones de la realidad porque prima el gesto y se devalúa lo trascendente (se bajan cuadros de represores pero se intensifica la represión).
Los discursos de la política ocultan la política (se postula el nunca más pero se aprueba la ley antiterrorista).
Los tiempos políticos sólo admiten la hora del testimonio jamás la de la transformación (se colocan placas mientras se sofistican los recursos para la seguridad).
Tres años de impunidad para la desaparición de JORGE JULIO LOPEZ se inscriben en este contexto.
Tres años de impunidad desde que el por entonces ministro del Interior actual jefe de Gabinete declaró que "López podría haber ido a visitar a una tía".
Tres años de impunidad desde que se deslizó que se trataba de un enajenado mental y hasta que era colaborador de la bonaerense para alejar así toda connotación política al caso, despegar y sobremanera garantizar impunidad a los desaparecedores.
Tres años de impunidad para una investigación que desechó pistas trascendentes, aportadas por el esfuerzo de los querellantes.
Tres años de impunidad en un proceso instruido por jueces que como Durán, tienen fuertes vinculaciones con la institución policial directamente involucrada en el caso.
Tres años de impunidad para una "pesquisa" que tuvo por dos años a la propia institución policial bonaerense al frente y cuyo mayor logro fue haber frustrado toda posibilidad concreta para conocer la verdad, por ejemplo plantando pistas falsas como la del llavero en el jardín de la propia casa del desaparecido compañero.
Tres años de impunidad para jefes policiales que hicieron públicas medidas de estricto secreto procesal en indisimulada complicidad con los desaparecedores, como aquella conferencia de prensa previa al allanamiento que debía hacerse en el penal de Marcos Paz donde está alojado el represor Etchecolatz y en el que se presumía con graves indicios que se escondía prueba determinante.
Tres años de impunidad para la desaparición del compañero LOPEZ aún de los medios de comunicación.
Pero también, tres años de impunidad que acaso sirvan para explicar, entre otras,
1- Cuál es el rol de los aparatos represivos del estado capitalista en el contexto de la llamada democracia burguesa.
2- Hasta dónde llega el permiso del poder hegemónico para jugar a juzgar.
No hablamos de cualquier estado, hablamos del estado burgués en el sentido de estado mayor de la clase dominante. Como tal, del instrumento por excelencia que cuenta esa clase a la hora de construir su hegemonía. A veces lo hace mediante el consenso y otras, muchas, en el uso de la violencia que asume una característica fundamental: está monopolizada de modo que la recurrencia a metodologías "legales", o de las otras, no entrañan diferencia alguna.
Nadie que se atreva a discutir la discrecionalidad que la burguesía ostenta sobre los aparatos coercitivos del estado (institucionalidad y legalidad) puede hoy desconocer la estrecha vinculación reinante entre el poder hegemónico y bandas de polichorros, polisecuestradores, patotas sindicales, barras bravas, seguridad privada en las empresas. Y es que ambos expresan una misma realidad: el derecho de propiedad debe ser resguardado por sobre cualquier otro derecho, y para ese fin cualquier medio se justifica.
A la continuidad de políticas económicas le importa poco la fachada que asuma el estado, en democracia o en dictadura siempre tendrá a mano el esquema represivo de modo legal o del otro. Lo concreto es que la violencia más cruda, aquella que el poder ejerce para construir hegemonía en una sociedad dividida en clases, está siempre en las mismas manos y aunque a veces parece que las suelta para permitir "la actuación de una Justicia que aplique la legalidad " en realidad lo que pretende es camuflar su ilegítimidad, y es entonces desde el propio estado que se impulsa el juzgamiento al tiempo que con omisiones, distracciones y encubrimientos de toda laya se protege a la mano de obra que nunca dejó de estar ocupada.
Julio Jorge López no es un desaparecido cualquiera. Albañil, luchador social como consecuencia de su primera desaparición, venció al terror y señaló vehementemente a su torturador y a los centros de detención encubiertos por el mismo estado en tiempos donde la lucha de clases construyó historia.
Su primera desaparición pareció advertirnos que el cuestionamiento del sistema requiere de organización e independencia de clase, la segunda le agrega que no debe hacerse con los mismos argumentos y miradas del sistema.
La judicialización como única estrategia es funcional al propio sistema. La justicia tiene el mismo carácter que el estado que la contiene y de contiguo conviven los desaparecedores del compañero LOPEZ, con quienes se autoproclaman "gobierno de los derechos humanos".
Nadie duda que la autoría de la desaparición de Julio Jorge López está entre la mano de obra que ocupan los poderosos a través del estado, más nadie debería dudar en la facilitación y legitimación que el gatopardismo gobernante les ha brindado.
Tres años de impunidad, muchos botones para una dura muestra.
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