Uruguay: Desaparecidos en el Frente
(La Diaria, 9 octubre 2009).
Faltan 16 días para que la ciudadanía de Uruguay enmiende o confirme
la decisión política más tétrica de la actual era democrática:
la consagración de la impunidad de quienes violaron los derechos
humanos durante la dictadura. Las encuestas no son auspiciosas.
El estudio más reciente, de la firma Cifra, indica que apenas 42%
de los entrevistados a fines de setiembre se disponían a apoyar
la nulidad de la Ley de Caducidad. Bastante menos que el 50%
registrado por la misma consultora en mayo. Desde entonces, ese
porcentaje no dejó de bajar.
Nada permitía suponer que la cosa se daría de esta manera. La
campaña de recolección de firmas por la anulación de la impunidad
arrancó con vientos en contra que se fueron haciendo favorables
muy de a poco.
Al principio se oponían potencias políticas del
oficialismo, como el presidente Tabaré Vázquez y el MPP, el sector
más votado del Frente Amplio. Las reticencias y vacilaciones
tardaron años en caer. En diciembre, el Congreso frenteamplista
decidió adherir a la campaña. El Partido Nacional dejó en libertad
de acción a sus simpatizantes. El Colorado y el Independiente son
los únicos que rechazan en bloque el voto rosado.
Pero el plebiscito no se integró a la campaña del Frente Amplio.
No figura en la publicidad emitida por radio y televisión, excepto en
avisos del Nuevo Espacio. Los candidatos no suelen mencionarlo
en sus discursos, ni siquiera para responder las alusiones de la
oposición, muchas de cuyas figuras se regodean en el error (o en
la mentira descarnada) al confundir "nulidad" con "derogación",
asegurar que los tupamaros fueron "amnistiados" o fantasear (y
fantasmear) con que la anulación de normas es un procedimiento
ilegal y nunca utilizado en Uruguay. Los oficialistas se limitan a
ensobrar la papeleta rosada con sus listas. Los militantes de base
se manifiestan con timidez, llevando globos de ese color a los actos.
Es como si los frenteamplistas tuvieran vergüenza de su propia
convicción o pensaran que resulta impopular.
El oficialismo parece creer que lo único que se juega el 25 de
octubre es su segundo período de gobierno, su mayoría parlamentaria
y, en menor medida, el sufragio epistolar. José Mujica llegó a
recomendarles a quienes aún no eligieron candidato presidencial
que "si no les gusta la cara del Pepe, por lo menos pongan un voto
en blanco". Y a pedirle a su grey que les "chamuye en el tronco de la
oreja a los indecisos" así "no votan contra el pueblo". Sin embargo,
por el momento no hizo pedidos similares para que sus seguidores
convenzan de pronunciarse contra la impunidad a los que todavía
dudan al respecto.
Es un problema histórico, aunque no del pasado. Es de ahora.
Esta misma semana, uno de los responsables de instruir y educar a
los soldados de este país, el director del Instituto Militar de Estudios
Superiores, general Wile Purtscher, opinó que antes del golpe de
Estado de 1973 las Fuerzas Armadas actuaron "dentro de la ley" y
que el plebiscito por la anulación "es una aberración jurídica". "Aboliendo
la Ley de Caducidad, podemos ir muchos presos. Cualquier
oficial que haya estado en servicio puede ir preso, por cualquier
denuncia que haga cualquiera", dijo a la diaria. Son los militares que
coinciden con Purtscher quienes "están encadenados al pasado",
y no los impulsores del voto rosado, como dijo el senador blanco
Francisco Gallinal, hace dos semanas, en El Espectador.
Cuando la oposición se propone conquistar votos esgrimiendo
el miedo a la rapiña y el copamiento, el oficialismo evita poner el
acento en la necesidad de castigar a los más sanguinarios y perversos
delincuentes uruguayos del siglo XX. Y eso que le regalan
argumentos. Por ejemplo, el candidato presidencial colorado, Pedro
Bordaberry, que llamó a conferencia de prensa para defender
la inocencia del jefe de esa banda criminal, al tiempo que postula
mano firme y tolerancia cero.
A falta de alusiones en ese sentido, Mujica desconfía del valor
curador, reparador y educador de la justicia ante las violaciones de
los derechos humanos. Eso era lo que significaba aquella infeliz
declaración al diario argentino La Nación: "La justicia tiene un
hedor a venganza de la puta madre que lo parió". No hablaba del
honor de los jueces de la Suprema Corte, como se lamentaron los
candidatos opositores, con pésima comprensión lectora.
Restan 16 días en cuesta arriba. La Coordinadora Nacional por
la Nulidad carece de recursos para realizar sola todo el trabajo.
Pero el oficialismo tiene unas cuantas fichas más para jugar. Si no
lo hace, el Frente Amplio tal vez se encarame otra vez al gobierno,
pero podría también ser el mariscal de una vergüenza histórica,
algo muchísimo peor que serlo de una derrota electoral.
Marcelo Jelen
La Diaria, 9 octubre 2009
Montevideo, Uruguay
