Uruguay: ¿cosas del pasado?
Sofía Miranda, octubre de 2009.
Hay gente que cree que lo que pasó en la dictadura es cosa del pasado, que mejor
no tocarlo, que ya fue. Pero no es así. Yo nací en 1987, dos años después de finalizada
la dictadura y sin embargo sus consecuencias me afectan directamente hasta el día de hoy.
Desde que nací, prácticamente, sé que hay gentea la que no le importa sacarle la vida a alguien, o
desintegrar una familia, o negarle a un niño el derecho de tener un padre, o negarle a una
madre saber qué fue de su hijo.
La dictadura me negó crecer con la natural inocencia de confiar en los demás porque
siempre supe estas cosas, siempre supe que habían personas sin saber dónde está su ser
querido, qué le pasó.
En fin, que hubo un grupo de personas que hirió a otro montón de personas sin tener un mínimo de
remordimiento o consideración humana.
Mi padre es uno de esos hijos a los que le negaron el derecho de tener un padre.
Tenía 13 años cuando se lo llevaron, y no sólo lo dejaron sin la figura sino además sin tener idea de qué
fue de él, dónde estaba, si podría volver a verlo algún día. Nada, no supo nada más.
El dolor que sintió mi padre por esa separación abrupta e irreversible, por ese agujero que le
quedó para siempre en su alma, nos lo trasladó a mi hermano y a mi. Porque si bien fue un muy
buen padre y nos dio todo el amor del que fue capaz, la ausencia continua de su padre no le
permitió nunca ser feliz del todo, siempre estaba ese algo, esa falta, esa angustia.
Mi abuelo siempre fue una presencia intangible en mi casa, probablemente por el hecho de que
nunca se supo que había sido de él, siempre está y estaba presente en nuestro pensamiento,
porque eso es lo que pasa cuando una persona desaparece, en realidad lo que desaparece es
su cuerpo pero su esencia, su recuerdo, todo está muchísimo más marcado que si
hubiésemos sabido qué fue de él.
Es hipócrita decir que lo que pasó en la dictadura ya es caso cerrado o que nos
tendríamos que conformar con que algunos de los militares y golpistas ya están presos.
¡No nos podemos conformar nunca!
No es asunto cerrado porque 30 años después de la desaparición de mi abuelo, mi padre
seguía buscándolo y se murió sin saber nada, con esa ausencia latente.
Los restos de mi abuelo aparecieron en diciembre de 2005 y se confirmó que eran de é
el 1º de marzo de 2006, casi un año después de la muerte de mi padre.
Además faltan montones de personas por aparecer, hay muchas madres que siguen sin
saber nada de sus hijos y muchos hijos con una imagen idealizada de sus padres, porque
nunca los pudieron conocer, sin saber dónde están ni qué fue lo que les pasó y eso es una
herida que va a continuar abierta en nuestra sociedad hasta que aparezca el último de los
desaparecidos.
Hay gente que prefiere vivir de espaldas a la realidad pero esto no cambia las cosas.
Y no son sólo los desaparecidos, cuántos niños fueron separados de sus padres durante años,
criados por parientes, con muchísimo amor claro, pero nunca es lo mismo, quién les
devuelve el tiempo de separación, las cosas que se perdieron del crecimiento de sus hijos a
esas personas, eso es algo que no tiene solución ni perdón.
No nos podemos conformar con que haya algunos militares presos porque no son los
únicos, ellos son las caras más visibles pero hay otros muchos torturadores y asesinos, que
se sabe quiénes son, están totalmente identificados, como por ejemplo el asesino de
mi abuelo, que está libre y tiene una vida de lo más tranquila, y la van a seguir teniendo si
esta ley caduca, inhumana y antinatural sigue vigente, vamos a tener que seguir viviendo
sabiendo que hay gente de esta calaña viviendo una vida feliz y tranquila.
Feliz y tranquila sí, porque no sienten ningún remordimiento, ningún peso de conciencia,
ellos siguen mintiendo sobre el paradero de la nuera de Gelman sin importarles nada lo que
siente Macarena. También nos mintieron a nosotros en su momento en la comisión para la
paz, ellos mienten porque no les importa seguir lastimando, hacer que gente viva el resto de su
vida con un hueco en su pecho.
No digo que encontrando a los desaparecidos ese agujero se cierre ni mucho menos, porque
de hecho la herida ya está y es tan profunda que no va a cicatrizar nunca pero por lo menos
tenés una incógnita menos en tu vida y la tranquilidad y el orgullo, si es que esta ley se
anula, de que vivís en un país donde la verdad y la justicia importan y que vale la pena vivir y
luchar por él.
Sofía Miranda, octubre de 2009.
Si entendiste
esta carta y su
contenido te hizo
sentir ganas de llorar
y bronca, votes lo que
votes el 25 de octubre
o aunque no
votes nada, meté la
rosada por la
anulación de la Ley
cobarde de la
Impunidad.
Porque los pueblos
tenemos el
derecho y el
deber de juzgar.
Vecin@s de Santa Catalina
Coordinación de Vecin@s
x la Anulación de la Ley de Impunidad
octubre 2009
coordinaciondevecinos@gmail.com

