Uruguay: es difícil la intemperie...

Es difícil salir a la intemperie, cortar el cordón umbilical.
Todo parece tan lejos, desde la posibilidad de influir, de participar, hasta el logro de cierta certeza de realizar cosas concretas.
Es tan difícil la intemperie que muchos, la mayoría sin duda alguna, elije el cobijo de ese techo, aunque esté descascarado y sin ideas, aunque por sus agujeros ideológicos lluevan ideas tan diferentes a aquellas que teníamos cuando, entre todos, construíamos la casa.
Los discursos cada vez más lejos de la realidad cotidiana, esa que duele, que lastima, porque una gran parte de tu vida la utilizaste para ayudar a cambiarla.
En esa construcción dejaste horas de tiempo, libertades de tu vida, amores y dolores varios.
Fuiste protagonista, partícipe, del nacimiento y crecimiento de la criatura.
Nacieron juntos el Frente y vos.
Adolescentes, adultos, clandestinos y legales, las historias se entrecruzan en todo instante junto a las emociones más fuertes y más hermosas. Todo transcurría bajo ese techo que nos contenía a cada vez más compañeros.
Es difícil la intemperie.
Cuando nos juntamos vemos los pocos que somos, nos contabilizamos arrugas y sueños devenidos en esperanzas rotas.
Siguen las ganas pero ya no rodeados de pueblo, sino tratando de llegar a otros oídos receptivos, Che mediante, que observen nuestro dolor, nuestro reclamo, este grito que quiere ser tan potente que nadie pueda dejar de escucharlo.
El tiempo nos cobra cuentas a todos y aquella estructura luminosa y pujante se ha tornada anquilosada y mentirosa.
Ha perdido la dignidad ante un sistema poderoso que te abraza y aprisiona. Un sistema al cual hay que enfrentar como atados al mástil para no sucumbir ante su seducción del bolsillo lleno y el corazón vacío, como Ulises ante las Nereidas en el mar de los Sargazos.
Es Difícil La Intemperie.
Muchos y no tantos la han elegido para vivir su corta vida. Exilios y soledades marcaron la vida de quienes optaron por la incomodidad de incomodar al poder, de quienes prefieren seguir creyendo que es posible algo superior a la bastardeada actualidad aunque hoy el premio sea casi un castigo: aislamiento, singularidad ajena a lo colectivo, reproches a la actitud de no acompañar a la multitud y la eterna duda, el siempre visible interrogante que te pregunta si estás haciendo lo correcto.
Es difícil la intemperie pero en ella estamos, la desafiamos, no nos callamos, y nuestras razones por lejanas que parezcan son tan reales como el desguace de tantos sueños y utopías.
No hay triunfo asegurado, más bien estamos comprando nuevas derrotas por largo tiempo, pero en algunos, en muchos, la dignidad y la coherencia tienen un valor que ningún sistema puede cooptar, que ningún pragmatismo puede comprar.
Es difícil la intemperie cuando tantos compañeros nos miran con una mezcla de bronca y estupor, de duda mezclada con respeto.
Saben que existe una cuota importante de razón en quienes nos alejamos pero quieren creer que es posible reconstruir lo destruido y reclaman el derecho de intentarlo.
Los agujeros ideológicos de ese techo se disfrazan de cobijo y crea una nueva ilusión de gradualidad en el cambio.
Las palabras maquillan la realidad circundante y logran retardar un tiempo más, la cara cierta del engaño y el simulacro.
Es difícil la intemperie, pero nos resulta imposible el silencio, el pragmatismo dominante, la mentira contumaz.
No creemos en el no se puede y mucho menos en el no lo intentemos.
Libertades y vidas merecen tener mejor destino que la complicidad ante sociedades que mantienen y acrecientan la exclusión y la miseria de los más.
Es difícil la intemperie pero la vida es una sola y mucho más difícil es perderla rodeada de falacias y resignaciones.
Por lo menos a intentarlo.
Eduardo Abeleira 27/9/09
enviado por posta_portenia@yahoo.es
