Uruguay: reflexiones y debate
enviado por posta_portenia@yahoo.es
Uruguay: RESPUESTA A PETRAS
Posta Porteña tuvo la gentileza de publicar en su último número una nota que me enviase James Petras en respuesta a algo que escribí bajo el nombre de "OTRA VEZ LA TEORÍA DE CUANTO PEOR TANTO MEJOR" que había sido publicado un número antes. Creí imprescindible dar a conocer esa crítica a mi planteo por una cuestión elemental de honestidad intelectual.
El comentario de James Petras
En el Nro. 230 del 17/11 de Posta Porteña se publicó "Otra vez la teoría del cuanto peor tanto mejor" de Fernando Moyano. El amigo y compañero Petras hace una crítica a ese planteo, que compartimos con todos.
HOLA FERNANDO:
Gracias por el artículo. Creo que debes confrontar datos mas complicados.
Los movimientos revolucionarios eran mas fuerte bajo Sanchez de Losada que bajo Morales, bajo De la Rúa que Kirchner, que bajo Lucio, Noboa que Correa.
Bajo la dictadura en Brasil, surgió el CUT / PT Clasista, y se convirtió en colaboracionista bajo los presidentes electorales.
No es un argumento para apoyar el "peor es mejor", pero si cuestiona los argumentos que presentas.
J Petras
Hoy, abusando nuevamente de la amplitud de este medio de difusión amigo, quisiera dar a conocer lo que yo por mi cuenta le acabo de escribir al amigo Petras a propósito de su nota. Lo hacemos en el entendido de que lo que importa no es tanto quién dice qué cosa, sino el intento de entablar una discusión seria.
Fernando Moyano
HOLA JAMES
Recibí tu cuestionamiento a mi nota sobre el retorno de la teoría "cuanto peor tanto mejor", en la cual pones los ejemplos de las coyunturas en Argentina, Brasil, Bolivia y Ecuador en que los movimientos sociales combativos se desarrollan con gran fuerza bajo regímenes abiertamente reaccionarios, pero pierden fuerza bajo los gobiernos de seudo-izquierda que los suceden.
Los ejemplos que planteas son muy a tener en cuenta. Creo que el tema del "ablandamiento" de la lucha al cambiar las condiciones es un fenómeno de la lucha de clases que debemos analizar. El abanico de ejemplos es muy amplio.
Amin, ( NdR creemos que se refiere al teórico marxista egipcio Samir Amin ) llegado el caso, ha hecho una interesante consideración sobre los momentos en que el impulso de amplios sectores sociales por "la urgencia de la agenda" coincide con el impulso de "vocación estratégica" de los sectores más avanzados como se vio en las "cinco grandes revoluciones" (Francesa, Mexicana, Rusa, China y Argelina), y luego, alcanzados los objetivos más urgentes "se da vuelta la página de la agenda" y ese amplio frente social se parte o al menos se distiende y disgrega, los sectores más avanzados pierden apoyo social y los objetivos estratégicos quedan de lado, la revolución se "normaliza". Según Amin lo que habría ocurrido es que esas revoluciones tenían en realidad el objetivo acotado y utilitarista de corto plazo que termina imperando, y que el objetivo aparente de largo plazo y cambios mucho más profundos y principios universales era solo el producto ideológico del punto de auge de la movilización social. Sería una especie de ley histórica por la cual los egoístas y acomodaticios les terminan dando siempre una patada en el culo a los revolucionarios románticos universalistas. Con todo el profundo respeto que me merece este autor que tanto me ha hecho pensar y romper esquemas creo que hay algunas fallas en su razonamiento, pero no voy a entrar aquí en eso.
Sería osado de mi parte ponerme a opinar sobre Argentina, Brasil, Bolivia y Ecuador. Pero sobre Uruguay puedo hablar, y creo que en este caso no tienes "all the picture".
En esencia, el argumento que se esgrime es: cuando las condiciones del necesario enfrentamiento a la derecha dura y pura obligan a la gente a luchar, los sectores más radicales pueden tomar protagonismo.
Y cuando los sectores moderados, conciliadores, reformistas, socialdemócratas, sectores medios o como se los quiera llamar les tiran algunas migajas a la gente y los conforman, entonces lamentablemente los radicales quedan aislados por la combinación de distintos factores.
Pero ya José le había explicado al faraón que en los años de vacas gordas hay que guardar un poquito para los años de vacas flacas. Uruguay es un país muy regular, en que las cosas se cumplen como el ciclo menstrual de una mujer, pueden dejarse marcadas en el almanaque. Estas teorías de interpretación histórica son planteadas ahora para sacarse la responsabilidad por las cagadas del pasado, pero ese profundo pensamiento nunca está cuando es necesario adelantarse al futuro.
Y eso es lo que vivimos acá en Uruguay.
La llegada del Frente Amplio al gobierno ya estaba marcada en el almanaque y se sabía muy bien TODO lo que iba a pasar, desde tiempo antes.
Tal vez los Babeuf,( EL MANIFIESTO DE LOS PLEBEYOS, Graco Babeuf - Revolución Francesa )Zapata, Trotsky, Ben Bella hubiesen sido sorprendidos por los hechos pero los llamados revolucionarios, revolucionarios uruguayos no tienen justificación.
La agenda política en Uruguay es tan previsible que es aburrida.
Vieron venir el gobierno del Frente desde mucho tiempo antes sin haberse puesto a pensar siquiera "¡Oh! Aprontémonos que se viene un cambio de condiciones, definamos una táctica apropiada". Luego se encontraron con ese gobierno y tampoco pensaron "¿Será correcto lo que hacemos? La decadencia que experimentamos ¿no estará indicando que estamos haciendo algo mal?".
Y así pasaron CINCO AÑOS estériles. En el último minuto y a las apuradas unos decidieron una táctica electoral y otros una táctica anti-electoral, sin ningún intento acuerdo entre ellos. Ambas alas SE DIERON DE CABEZA CONTRA LA REALIDAD.
Pero todavía luego de esto en vez de encarar una AUTOCRÍTICA hay quienes sacan de la galera una teoría histórica muy tonta inventada por los populistas rusos hace siglo y medio y con un precedente nefasto en el Uruguay de los '60 para SEGUIR SIN HACER NADA y esperar que sean "los cambios de condiciones" los que les mejoren su performance.
Y lo peor es que la táctica sería: que sea la clase trabajadora en su conjunto la que pague A SU COSTA el cambio de condiciones por empeoramiento que nosotros los revolucionarios necesitamos para poder desarrollar nuestro trabajo, porque en estas condiciones no logramos crecer. Siendo que además, en las condiciones previas a las que se quiere regresar, tampoco se logró. No es de extrañar entonces que la clase trabajadora nos da la espalda.
Te pongo un ejemplo. En estos días estuvo en un programa de televisión el candidato a presidente por Asamblea Popular, un sector de izquierda extra-frentista que no llegó a los votos necesarios siquiera para sacar ni un diputado. Ante el muy pobre desempeño electoral de su sector este hombre no piensa en los innumerables gruesos errores que cometieron, y lo explica en cambio porque la gente votó al Frente influida "por el peligro de la derecha, solo por eso". Es de suponer entonces que este sector logrará crecer y desarrollarse el día que viva en condiciones en que NO HAYA UN PELIGRO DE DERECHA.
Pero los revolucionarios definimos nuestra táctica y nuestra metodología de acción de acuerdo al momento. Si definimos una táctica equivocada nos irá mal, pero la cancha no tiene la culpa de que nos caguen a goles. Lo que quiero decir es bien simple. Si estos sectores de pretensión revolucionaria no solamente no se desarrollan sino que además están en profunda decadencia numérica y también política e ideológica desde hace años, si ya ni siquiera producción intelectual tienen, es porque no se logran adaptar a las condiciones políticas existentes, y no lo logran porque NO LO CONSIDERAN NECESARIO, están muy seguros de tener la verdad.
El mencionado peligro de la derecha es algo muy presente para la clase trabajadora uruguaya, pero era previsible y estaba previsto. Antes de dejarse sorprender por un hecho tan simple, un mínimo de sensatez hubiese sido decir: "Nosotros estamos abiertamente en contra de este gobierno pro-capitalista del Frente Amplio, lo combatimos en todos los terrenos y también en las urnas. Pero si llegado el caso fuese necesario en la segunda vuelta evitar un peligro mayor para la clase trabajadora, y aún sabiendo que eso ha sido estimulado por el gobierno entreguista, nuestra lealtad superior a hacia la clase (no al gobierno) hace que sin perder nuestra independencia política, y solo si es estrictamente necesario, prestaremos nuestro voto e la segunda vuelta para cerrarle el paso a la derecha".
¿Qué hubiese pasado?¿Hubiésemos traicionado algún principio?
Cualquiera puede encontrar en la trayectoria de los grandes revolucionarios que fueron fieles a sus principios pero también fueron políticos realistas, actitudes políticas parecidas. Y es muy dramático recordar lo que pasó cuando el PC Alemán bajo el gobierno socialdemócrata de la república de Weimar y por no darle los votos a la socialdemocracia... ¡favoreció a los nazis!!!!
De esa forma hubiese sido más fácil para un trabajador uruguayo común y corriente entender nuestra actitud crítica. Y podríamos haber desarrollado nuestro trabajo político en forma más fluida y abierta, sin despertar una tensión extrema. No le hubiésemos pedido a la gente la "agenda máxima" para poder acordar la "agenda mínima".
Todo esto podría ser simplemente teoría si en estos cinco años no hubiese habido ninguna condición para una política de masas que desbordase los marcos de la "normalización progresista". Pero sí las hubo. Cierto es que en un solo punto, la lucha por la anulación de la ley de impunidad. Pero esas condiciones existieron, y fueron totalmente desaprovechadas por los llamados sectores revolucionarios.
El gobierno frenteamplista pactó con los militares mantener la ley de impunidad. Sin embargo había una resistencia sorda de las bases frenteamplistas que no lograba expresarse. La había sobre muchos temas, pero faltos de conducción política (ya que la izquierda combativa no lo era) y no habiendo un clima de movilización social grande, esa disconformidad solo podía romper el chaleco de fuerza burocrático en este punto de gran sensibilidad, en que la traición de la cúpula frenteamplista era demasiado vergonzosa, y que además podía despertar un amplio movimiento ciudadano.
Siempre hubo sectores que mantuvieron la lucha de denuncia de la impunidad con métodos más combativos, pero bajo el gobierno del Frente esto comenzó a declinar, como era lógico de esperar, y se transformó de movilización de masas en acción testimonial. El camino evidente era la combinación de formas que incluyesen convocatorias amplias a la ciudadanía a través de la firma y el voto, en un país de tradición democrática como Uruguay, Sin embargo los sectores de la izquierda radical uruguaya se autoexcluyeron de la iniciativa de plebiscito constitucional. Eso facilitó que la propia iniciativa plebiscitaria pudiera ser mejor manejada y acotada por los sectores reformistas que la impulsaron y se limitó estrictamente a la anulación de la ley de impunidad descartando la perspectiva de incorporar otros elementos de lucha contra el terrorismo de estado. La cúpula frenteamplista se opuso desde el principio totalmente a la iniciativa, pero sin dejar de oponerse se aseguró también de que aún en caso de prosperar, prosperase por lo mínimo. Y los que queríamos darle otro alcance a esta iniciativa no teníamos posibilidad de alterar esta situación porque los llamados radicales nos habían dejado solos.
Aún así la iniciativa prosperó y fue desatando las contradicciones del Frente Amplio. La presión de la base frenteamplista fue comiendo la estructura del Frente desde abajo y a expresarse en desbordes internos hasta que el Congreso dejó aislado a Tabaré Vázquez y su entorno. En esas condiciones, tarde y mal los sectores de la izquierda radical se acercaron. Tarde, porque la iniciativa ya estaba cortada por lo mínimo, y mal porque venían a ponerse a la cola de la burocracia sindical y de un sector frenteamplista cubriendo el vacío que los sectores más retrógrados y esta conducción burocrática dejaba. Y aún así hubo quienes (caso de Asamblea Popular, ya citada) que siguieron hasta último momento sin sumarse a la acción reclamando como disco rayado que fuese el parlamento y no la gente quien anulase la ley. El argumento es que se corría el peligro de perder el plebiscito. ¡Vaya revolucionario el que tiene miedo de perder la batalla por la opinión pública y la conciencia de la clase y prefiere que las cosas las resuelva el parlamento burgués!
Hoy leo con asombro un balance de uno de estos sectores que dice que la derrota del plebiscito "estaba fríamente calculada". Esto parece dicho por el Chapulín Colorado, un personaje cómico de la televisión mexicana. Parece que los burócratas del Frente Amplio son notables calculistas, calcularon fríamente que el plebiscito llegase al 48% y no al 50. No tengo forma de sostener que ese 2% que faltó fue debido a que estos sectores no aportaron el esfuerzo necesario desde el principio, pero sí corresponde decir que si la iniciativa plebiscitaria no hubiese quedado en el planteo revisionista del pasado al que la limitó la estrategia conciliadora, hubiese sido más fácil llegar a sectores más amplios de la ciudadanía, y que esa batalla interna por la orientación política de la campaña tal vez igual no se hubiese podido ganar pero al menos se hubiese podido pelear honorablemente. Hoy hacen balances de la batalla que no dieron y, como decía Fidel, "¿cómo saben lo que pasó si en ese momento estaban debajo de la cama?".
En esta segunda vuelta la dirección de Asamblea Popular llama a anular el voto. Pero las encuestas de intención de voto indican que el 90% de sus votantes votará por Mujica-Astori. Claro está, ¿qué respeto político puede inspirar siquiera en su propia gente una dirección así? ¿Qué hay de raro que luego vivamos una derrota?
Sobre la ley del "ablandamiento de las condiciones", puedo tirar algunos elementos para pensar
En las condiciones de enfrentamiento más duro es lógico de esperar que los sectores más fogueados ocupen un mayor protagonismo, aunque tengan menos predicamento de masas. Cuando las tensiones sociales disminuyen transitoriamente por efecto de una coyuntura el deber de los revolucionarios es buscar ampliar su predicamento de masas en las nuevas condiciones incluyendo toda clase, también a los que tienen un desarrollo más atrasado de su conciencia política. Es cuando Lenin decía que el era "partidario de una forma de colaboración de clase: que el sector más avanzado del proletariado colabore con el sector más atrasado de la misma clase". Claro está, eso puede significar que pasemos a formas de lucha en que los sectores más fogueados no tendrán el mayor protagonismo. Aunque eso no debería ser un problema, parece ser el mayor de los problemas.
También es claro que al enfrentar al enemigo más claramente reaccionario se pueden armar alianzas más amplias, pero cuando algunos sectores menos radicalizados ven cumplir algunas metas parciales esas alianzas se reducen. Pero de lo que se trata no es de repudiar a los viejos aliados, porque esas alianzas siempre se platearon como transitorias. Se trata de buscar nuevas alianzas más flexibles sobre nuevos puntos. Siempre se trata de: consolidar las fuerzas propias, ganarse a los sectores intermedios y vacilantes, y aislar al enemigo. Pero aquí se hace todo al revés: degastar las fuerzas propias, empujar a los vacilantes hacia el enemigo, y aislarse a sí mismos.
Otra cosa a pensar es el tema de las formas de lucha. Los momentos duros alientan las formas de lucha radicales, y los vacilantes las aceptan por imperio de las circunstancias, pero cuando la cosa se distiende las abandonan. ¿Qué quiere decir eso? Que hay que cambiar las formas de lucha, ya lo explicaron los clásicos del pensamiento revolucionario en cientos de casos. Las guerras las ganan los hombres y no las armas y para una guerra de pueblo el primer ingrediente es el pueblo, esa es la primera ley de Giap. Poco importa si es la piedra o el voto, usaremos las dos cosas cada cual en su momento.
Por último quiero seguir el camino de la especulación que me proponen. ¿Qué pasaría si gana Lacalle?
Lo primero que pasaría es que al menos una parte de la gente echaría la culpa a los que llamaron a anular el voto, y estos sectores quedarían más aislados todavía.
¿Los burócratas sindicales encontrarían más dificultades para frenar la lucha de la gente? Todo lo contrario, forjarían una nueva alianza con el gobierno reaccionario y en el movimiento sindical habría una combinación entre la represión interna y la externa.
Llegaría un punto, esperemos que sí, en que la gente volvería a luchar. Pero lo haría para recuperar el terreno perdido por el avance reaccionario, recuperar lo que el gobierno de derecha les quitó, recuperar el terreno dentro del sistema. ¿Y qué estaría dibujado como perspectiva en la cabeza de la gente?
¡OTRO GOBIERNO DEL FRENTE AMPLIO! Lo que se habría conseguido es reciclar las expectativas reformistas de la gente. Y al final volveríamos a lo mismo. Eso es precisamente la "alternancia" de gobiernos conservadores y socialdemócratas. Permite a los socialdemócratas descansar y recuperarse del quemo del gobierno, tal como lo está haciendo la derecha ahora.
Para que la gente piense en otro sistema diferente del capitalismo es necesario empujarlos para adelante y no para atrás. Porque se pierda terreno dentro del capitalismo por la derrota del reformismo y el retorno de la derecha la gente no va a pensar necesariamente en el socialismo, pensará en volver a un gobierno reformista que recupere ese terreno dentro del capitalismo. De esta trampa debemos salir con las fuerzas propias y no por una combinación de circunstancias fortuitas, especulando cuales serían más favorables. Debemos salir porque nosotros y no la derecha derrote a los reformistas. Y para eso, si alguna circunstancia hay que aprovechar, es que los hechos pusieron al desnudo nuestros errores y carencias, y comenzar por una autocrítica.
Decía Rosa: "Cuando mayor es la catástrofe, tanto más profunda es la limpieza". Esperemos eso.
Un abrazo
Fernando
fuente: boletín digital postaporteñ@
Noviembre de '09 -Año 4 -Nº 234
posta_portenia@yahoo.es
