EL HOMBRE DE LA BOLSA
por MarÃa Luisa Etchart                                                     Â
 Aunque tal vez resulte difÃcil imaginar que alguna vez fui una nena, con el pelo rubio y sonrisa confiada, les aseguro que lo fuÃ. En estos dÃas poblados de recuerdos que tanto distan de las actuales realidades, me vino a la memoria la amenaza que algunos mayores hacÃan a los niños que no se comportaban a la altura de sus expectativas (debo admitir que nunca recibà semejante intimidación) y que consistÃa en decirles :"Si no dejas de portarte mal, vendrá EL HOMBRE DE LA BOLSA a llevarte". La imaginación hacÃa que los niños imagináramos un señor vestido de oscuro con una gran bolsa al hombro que nos llevarÃa vaya a saber adónde y para hacernos qué.
 Luego vino la técnica, la ciencia, los armamentos nucleares, los imperios económicos, la educación robotizada, el castigo al "diferente", el lavado del cerebro a cargo también de los medios,y otras hermosas prácticas que nos han llevdo a este mundo donde se viola a la naturaleza, se desprecia al "perdedor", y en el cual ya a nadie parece dolerle el corazón cuando se ven imágenes de miseria y crueldad extrema, mientras no sea en nuestro entorno inmediato.
 El famoso HOMBRE DE LA BOLSA sigue existiendo, pero ahora es el HOMBRE DE LA BOLSA DE WALL STREET, que todos los dÃas sonrÃe tocando campanitas y dándose abrazos mientras con simples operaciones (la mayorÃa fraguadas y tendientes a desesperar a los millones que se sienten amenazados por sus "subas" y "bajas" sin tener defensas contra eso), que sin motivo real hizo trepar el precio del petróleo sin que ningún gobierno preguntara airadamente las causas, que luego lo hizo bajar pero sin que eso marcara ninguna diferencia en los precios que estamos pagando por los alimentos, medicamentos, o cualquier otro elemento indispensable para vivir.
 El HOMBRE DE LA BOLSA de mi niñez parecÃa un castigador para los "mal portados"; el de WALL STREET se rÃe sádicamente mientras hace temblar a los inocentes que no tienen dinero ni poder ni han hecho otra cosa que seguir la corriente a los que mandan. Mientras, los cada vez más poderosos "pastores" prometen prosperidad a quienes se sometan a sus caprichosas interpretaciones del LIBRO escrito por hombres y aseguran que el Señor les dijo tal o cual cosa, los niños en las escuelas y colegios no son tratados como personas únicas con sus identidades también únicas, sino que deben someterse a interminables exámenes "multiple choice" sin tener derecho a expresar sus cuestionamientos, sus dudas, sino que sólo reciben "calificaciones mayores o menores de cierto numerito convencional" y sin posibilidad de que se los ayude a conocerse a sà mismos y a sus potenciales, que pueden ser muy distintos a los que marcan los programas estereotipados y las metas que otros fijan para sus vidas.Los que no cuadran en tan rÃgido patrón son acusados de tener "déficit atencional" o ser "hiperactivos", buena clientela para psicólogos mientras los padres atemorizados se culpan por "no haber hecho las cosas bien".
 La lista de atrocidades que se cometen contra el ser humano promedio es tan extensa que no cabe en un simple correo, pero a poco que empiecen a pensar, podrán elaborar su propia lista, entre la que figurará sin duda la proliferación de medicamentos que luego de algunos años se encontrarán hicieron más daño que bien, el sorprendente crecimiento de consumo de drogas que, ¡Oh, sorpresa, ningún gobierno parece atinar a combatir con efectividad! (es demasiado buen negocio para algunos), y etc. etc.
 Mientras tanto, la mayorÃa ha olvidado cómo escuchar el canto de un pájaro, admirar la majestuosidad e independencia de un árbol que se da a sà mismo la forma que más le agrada, todo a partir de una mÃsera semilla.
 ¿Hay una salida? Sólo se me ocurre que antes de descubrirla tenemos que luchar contra las miles de mentiras con que nos maniatan todos los dÃas, negarnos a creer y repetir lo que dicen los cada vez más numerosos "expertos", mirar hacia adentro, hacia nuestro maravilloso interior donde se esconde, ahogado, el ser humano que podemos ser, el capaz de amar, de sentir compasión, respeto por el universo, el que no necesita acumular bienes ni ejercer poder sobre otros, el hermoso y confiado niño que alguna vez fuimos. Un abrazo.
MarÃa Luisa Etchart
10 de febrero de 2009
