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La Coctelera

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5 Diciembre 2009

EL HOMBRE DE LA BOLSA

por María Luisa Etchart                                                      

 Aunque tal vez resulte difícil imaginar que alguna vez fui una nena, con el pelo rubio y sonrisa confiada, les aseguro que lo fuí. En estos días poblados de recuerdos que tanto distan de las actuales realidades, me vino a la memoria la amenaza que algunos mayores hacían a los niños que no se comportaban a la altura de sus expectativas (debo admitir que nunca recibí semejante intimidación) y que consistía en decirles :"Si no dejas de portarte mal, vendrá EL HOMBRE DE LA BOLSA a llevarte". La imaginación hacía que los niños imagináramos un señor vestido de oscuro con una gran bolsa al hombro que nos llevaría vaya a saber adónde y para hacernos qué.
 Luego vino la técnica, la ciencia, los armamentos nucleares, los imperios económicos, la educación robotizada, el castigo al "diferente", el lavado del cerebro a cargo también de los medios,y otras hermosas prácticas que nos han llevdo a este mundo donde se viola a la naturaleza, se desprecia al "perdedor", y en el cual ya a nadie parece dolerle el corazón cuando se ven imágenes de miseria y crueldad extrema, mientras no sea en nuestro entorno inmediato.
 El famoso HOMBRE DE LA BOLSA sigue existiendo, pero ahora es el HOMBRE DE LA BOLSA DE WALL STREET, que todos los días sonríe tocando campanitas y dándose abrazos mientras con simples operaciones (la mayoría fraguadas y tendientes a desesperar a los millones que se sienten amenazados por sus "subas" y "bajas" sin tener defensas contra eso), que sin motivo real hizo trepar el precio del petróleo sin que ningún gobierno preguntara airadamente las causas, que luego lo hizo bajar pero sin que eso marcara ninguna diferencia en los precios que estamos pagando por los alimentos, medicamentos, o cualquier otro elemento indispensable para vivir.
 El HOMBRE DE LA BOLSA de mi niñez parecía un castigador para los "mal portados"; el de WALL STREET se ríe sádicamente mientras hace temblar a los inocentes que no tienen dinero ni poder ni han hecho otra cosa que seguir la corriente a los que mandan. Mientras, los cada vez más poderosos "pastores" prometen prosperidad a quienes se sometan a sus caprichosas interpretaciones del LIBRO escrito por hombres y aseguran que el Señor les dijo tal o cual cosa, los niños en las escuelas y colegios no son tratados como personas únicas con sus  identidades también únicas, sino que deben someterse a interminables exámenes "multiple choice" sin tener derecho a expresar sus cuestionamientos, sus dudas, sino que sólo reciben "calificaciones mayores o menores de cierto numerito convencional" y sin posibilidad de que se los ayude a conocerse a sí mismos y a sus potenciales, que pueden ser muy distintos a los que marcan los programas estereotipados y las metas que otros fijan para sus vidas.Los que no cuadran en tan rígido patrón son acusados de tener "déficit atencional" o ser "hiperactivos", buena clientela para psicólogos mientras los padres atemorizados se culpan por "no haber hecho las cosas bien".
 La lista de atrocidades que se cometen contra el ser humano promedio es tan extensa que no cabe en un simple correo, pero a poco que empiecen a pensar, podrán elaborar su propia lista, entre la que figurará sin duda la proliferación de medicamentos que luego de algunos años se encontrarán hicieron más daño que bien, el sorprendente crecimiento de consumo de drogas que, ¡Oh, sorpresa, ningún gobierno parece atinar a combatir con efectividad! (es demasiado buen negocio para algunos), y etc. etc.
 Mientras tanto, la mayoría ha olvidado cómo escuchar el canto de un pájaro, admirar la majestuosidad e independencia de un árbol que se da a sí mismo la forma que más le agrada, todo a partir de una mísera semilla.
 ¿Hay una salida? Sólo se me ocurre que antes de descubrirla tenemos que luchar contra las miles de mentiras con que nos maniatan todos los días, negarnos a creer y repetir  lo que dicen los cada vez más numerosos "expertos", mirar hacia adentro, hacia nuestro maravilloso interior donde se esconde, ahogado, el ser humano que podemos ser, el capaz de amar, de sentir compasión, respeto por el universo, el que no necesita acumular bienes ni ejercer poder sobre otros, el hermoso y confiado niño que alguna vez fuimos.  Un abrazo.

María Luisa Etchart
10 de febrero de 2009

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