Los mitos son sólo eso.
Enciendo el televisor y recurro a un noticiero (en este caso Telefé) para tratar de saber cómo va mi país, al que tanto esfuerzo dediqué, en el que nacieron mis hijos - a los que crié dándoles ejemplo de integridad, honestidad y trabajo- y que me defraudó una y mil veces sumiendo mi vejez en paupérrima situación y el panorama que me devuelve la pantalla me deja estupefacta:
Jóvenes que parodian "La Batalla del Cerdo" de Bioy Casares (a quien sin duda jamás leyeron) golpean o asesinan todos los días a ancianos indefensos, otros cometen actos vandálicos y delictivos por ver un espectáculo musical sin pagar, otros de mayor poder adquisitivo esperan en trance la venta de otro tomo de Harry Potter, como si fueran a encontrar en esa chatarra literaria la respuesta a los interrogantes de la vida. En otro contexto, otro mito argentino, Maradona, protagoniza un nuevo episodio de desequilibrio sobre el que todos opinarán sin falta, olvidando que jamás se aclaró el choque a una cabina telefónica donde estaba una pareja, huyendo del lugar y poniendo a un asalariado a reemplazarlo.
En las noticias locales, acá en Costa Rica, candidatos de las próximas elecciones prometen, como un mito, darnos "seguridad", como si un cada vez más creciente número de policías en la calle pudieran garantizar que cesaran la violencia, el tráfico de drogas, los accidentes protagonizados por locos al volante, la contaminación flagrante de ríos y montañas, sin siquiera mencionar de soslayo las causas de tanto hecho doloroso, no sea cosa que se vayan a encontrar responsabilidades de la clase política que, como un cuerpo colegiado, se defiende a sí misma y a sus asociados..
Mientras tanto, niños y jóvenes anónimos que pueblan regiones jamás mencionadas, tratan en silencio de aprender, de capacitarse, esperanzados en poder acceder mañana a un trabajo digno con remuneración justa cada vez más inaccesible , padres que deben hacer malabares para criarlos procuran inculcarles valores morales y ancianos que se pasaron la vida laborando cuentan las monedas para cubrir sus necesidades más apremiantes. En algunas zonas, valientes anónimos se esfuerzan por denunciar e investigar los efectos que los agroquímicos que acompañan el cultivo de la tan endiosada soja ya tienen y tendrán en mayor proporción en el futuro sobre las malformaciones, problemas de salud y envenenamiento de las capas de agua.
Los mitos van ganando: nadie parece cuestionarse que un señor que patea con maestría una pelota merezca ganar en un mes lo que un hombre útil a la sociedad no ha ganado en toda una vida, los medios de comunicación sirven al amo propulsor del consumismo y van permeando con sus notas aparentemente inocuas las mentes a fuerza de repetitivos conceptos en que el modelo jamás se cuestiona. La globalización de la estupidez a nivel de las masas es un ingrediente imprescindible para perpetuar el estado actual del mundo. Así podremos oír en CNN hablar de guerras injustas y monstruosas como si fueran un día de campo, escucharemos consejos de cómo invertir nuestro dinero (como si de verdad lo tuviéramos) o nos aterrorizarán con las plagas que vienen.
Veremos también múltiples desastres que pudieron haber sido evitados si se hubiera cuidado la ecología del planeta pero sin mencionar la posible relación que hay entre estos dos fenómenos.
Cientos de miles de activistas en todo el mundo se esfuerzan con sacrificio por hacer oír su voz y denunciar las consecuencias que sufren millones de habitantes más las que pueden esperarse de tanto desenfreno económico por parte de los poderosos, pero no se propalan, estamos demasiado ocupados escuchando basura y creando y fomentando mitos."Si la historia la escriben los que ganan, eso quiere decir que hay otra historia" nos recordaba Lito Nebbia, pero seguimos aferrados al mito de la historia cuyas íntimas verdades ni siquiera podemos sospechar.
Nunca tanto como ahora ha sido necesario crear conciencia sobre los problemas reales que nos aquejan, sus causas y cómo contrarrestarlos. En vez de escuchar durante horas a un comentarista deportivo describir una jugada que en nada cambiará nuestras vidas, en vez de escuchar panegíricos a los Stone como si fueran dioses del Olimpo, necesitamos con urgencia desarrollar nuestra propia conciencia , aprender a mirar a nuestro alrededor y dejar de ser cómplices silenciosos. Si no lo hacemos por nosotros, al menos tengamos la decencia de hacerlo por las generaciones que vienen.
Nos lleva toda una vida conocernos a nosotros mismos, descubrir nuestros potenciales, aprender de nuestros errores y necesitamos de toda nuestra atención para lograr escuchar nuestra voz interior más profunda que es la que irradia la empatía: el saber ante cada circunstancia ponernos en el lugar del otro, maravillosa herramienta que si lográramos afinar y usar diariamente eliminaría la codicia, las guerras, la mentira constante a que nos sometemos los unos a los otros y donde siempre triunfa el que porta el cerebro más reptil que basa su accionar en cuatro premisas: territorio, ritual, jerarquía y engaño.
Los mitos y prejuicios creados a través de siglos ahogan nuestro mejor saber, Pero ni la técnica ni la ciencia nos han librado de que permanentemente se reproduzcan nuevos mitos que repetimos y asimilamos mansamente, como si fueran verdades. Y aquí estamos, empantanados en un mundo que cada día es más peligroso, más cruel, más egoísta y seguimos repitiendo las letanías que nos inculcaron, repitiendo rituales carentes de contenido, y negándonos a nosotros mismos y a nuestros descendientes la única posibilidad salvadora, que es la de ver el panorama completo y nuestro grado de responsabilidad por acción u omisión de que esta farsa continúe.
María Luisa
