México: Feliz cumpleaños insurrección rojinegra zapatista
Sergio Rodríguez Lascano
(Texto basado en la ponencia leída, el 1 de enero, en San Cristóbal de las
Casas, en ocasión de la presentación del libro sobre el Primer Coloquio
Internacional in memoriam Andrés Aubry)
A dos de los nuestros:
A Eladio Villanueva Saravia, muerto después de cumplir su deber regresando
de una reunión de trabajadores. Por varios años secretario general de la
Confederación General del Trabajo del Estado Español. Sindicalista
revolucionario, heredero de la mejor tradición del anarcosindicalismo de los
años 30. Enamorado de la lucha zapatista, fue un factor no únicamente para
la solidaridad con las comunidades indígenas sino para mirarse en su espejo.
Eladio, amigo, compañero, formabas parte de los irreductibles, de los
insumisos, de los subversivos. Tu recuerdo está en nuestros corazones.
A Calixto Tlacotzi Meléndez, bracero indígena de la montaña de la Malintzi
en San Pedro Tlalcualpan, Tlaxcala. Murió el lunes 16 de noviembre y las
palabras que sus familiares le escucharon antes del deceso fueron: "Avisen
al Subcomandante Insurgente Marcos que cumplí, que no me vendí, que no me
rendí, que no me dejé engañar". Sus compañeros de la Asamblea Nacional de
Braceros agregaron: "el compañero murió en pie de lucha y, como él, otros
hemos tomado la decisión de vivir y morir sin rendirnos". De esa estirpe era
nuestro compañero Calixto, de esa estirpe son nuestros compañeros braceros.
En el seminario de hace dos años in memoriam de Andrés Aubry
-maestro-estudiante, compañero de las comunidades zapatistas rebeldes-, el
Subcomandante Insurgente Marcos, en su primera intervención, terminaba
poniendo en el centro del debate siete tesis, las últimas cuatro decían:
"CUATRO.- El Capitalismo no tiene como destino inevitable su
autodestrucción, a menos que incluya al mundo entero. Las versiones
apocalípticas sobre que el sistema colapsará por sí mismo son erróneas. Como
indígenas llevamos varios siglos escuchando profecías en ese sentido.
"CINCO.- La destrucción del sistema capitalista sólo se realizará si uno o
muchos movimientos lo enfrentan y derrotan en su núcleo central, es decir,
en la propiedad privada de los medios de producción y de cambio.
"SEIS.- Las transformaciones reales de una sociedad, es decir, de las
relaciones sociales en un momento histórico, como bien lo señala Wallerstein
en algunos de sus textos, son las que van dirigidas contra el sistema en su
conjunto. Actualmente no son posibles los parches o las reformas. En cambio,
son posibles y necesarios los movimientos antisistémicos.
"SIETE.- Las grandes transformaciones no empiezan arriba ni con hechos
monumentales y épicos, sino con movimientos pequeños en su forma y que
aparecen como irrelevantes para el político y el analista de arriba. La
historia no se transforma a partir de plazas llenas o muchedumbres
indignadas sino, como lo señala Carlos Aguirre Rojas, a partir de la
conciencia organizada de grupos y colectivos que se conocen y reconocen
mutuamente, abajo y a la izquierda, y construyen otra política".
Dos años después, quisiera abordar estas cuatro tesis, buscar su desarrollo
y tratar de ubicar lo que, desde mi particular perspectiva, representa uno
de los rasgos centrales del pensamiento zapatista.
1. Hace muchos años, un socialista norteamericano, Hal Draper, escribió un
pequeño panfleto titulado "Las dos almas del socialismo". En él, realizaba
un análisis histórico de las dos formas de entender la lucha por la
construcción del socialismo: una desde arriba y otra desde abajo. Él
concluía: "Desde el comienzo de la sociedad, han existido un sinfín de
teorías ‘probando' que la tiranía es inevitable y que la libertad en
democracia es imposible; no hay otra ideología más conveniente para una
clase dominante y para sus intelectuales lacayos. Se trata de predicciones
autosatisfechas, ya que ellas solamente son ciertas mientras son tomadas
como ciertas. En último análisis, el único camino de demostrar su falsedad
es la lucha misma. Esta lucha desde abajo nunca ha sido detenida por las
teorías desde arriba, y ha cambiado el mundo una y otra vez. Escoger
cualquiera de las formas del socialismo desde arriba es mirar hacia atrás,
al viejo mundo, a la ‘vieja mierda'. Escoger el camino del socialismo desde
abajo es afirmar el comienzo de un nuevo mundo".
En el fondo, aquí se ubica el debate central que hoy se expresa en el
conjunto del pensamiento de izquierda. Y no en un debate mal formulado,
abstracto y profundamente ahistórico, sobre el poder. En el que, por un
lado, algunos confunden tomar el poder con ganar elecciones, aunque se
mantenga intacta la lógica interna del capital (es decir, la explotación, el
incremento del trabajo abstracto, la autovalorización del capital), el
despojo, (el permanente proceso de separar a los productores de los medios
de producción); el desprecio en el que se persigue al que piensa, se viste,
vive o es diferente; y la represión, al mantener intocada la vieja
estructura burocrática del Estado oligárquico o dictatorial: la policía y el
ejército.
Y, por otro lado, están quienes ubican la lucha contra el capitalismo
únicamente como gestos y símbolos: hoy dejo de creer en el capital y, por lo
tanto, me desenchufo de él. Este día no voy a trabajar, hoy no siembro...
¡Cómo si el trabajador en su cotidianidad pudiera tener opciones de esta
naturaleza! Mal entendiendo lo que son las experiencias zapatistas, por las
cuales lanzaron la Sexta Declaración de la Selva Lacandona.
El problema del poder es algo muy serio que no puede ser banalizado: Ni por
aquellos que se dicen revolucionarios y se la pasan planeando la próxima
participación electoral, para ver si, por fin, pasan del 5 por ciento de la
votación. Ni por aquellos que dicen representar la revolución con minúsculas
y hacen una teoría cerrada de la intuición ética zapatista de no luchar por
el poder, para acabar en la semiparalización de una subjetividad abstracta
y, casi siempre, ajena a la lucha real de los de abajo.
La renuncia zapatista a tomar el poder es una decisión ética y política,
pero eso no quiere decir dejar de luchar por generar una nueva relación
social, en la cual el que mande lo haga obedeciendo. Donde el poder no sea
ejercido por una nueva casta sacerdotal que haga de la información el
monopolio de su poder. Donde no exista una clase política con intereses
materiales especiales separados y en contra de los trabajadores del campo y
la ciudad.
El debate sobre las dos almas del pensamiento de izquierda se refiere a dos
visiones no únicamente del proceso de organización de la lucha social, sino
del mismo funcionamiento del sistema de dominación. La crisis actual, de la
que hablamos hace dos años, ha puesto otra vez en el tapete de las
discusiones el tema de estas dos almas.
Si pudiéramos hacer un resumen de lo que se promueve desde la izquierda
frente a esta crisis, podríamos decir que los reformistas ya no promueven
ninguna reforma de verdad (reformismo sin reformas), y que los
revolucionarios son lo que promueven una salida reformista (revolucionarios
reformistas) que busca dotar al Estado de viejas herramientas, las cuales
fueron útiles en el paréntesis que abrió la dictadura del dinero
inmediatamente después de la Revolución rusa. (Que ahora algunos quieren
ridiculizar como un simple golpe de Estado. Un "golpe de Estado" que puso a
temblar a Wall Street, a la City londinense, a la Bourse en París; que hizo
que cambiara la forma del Estado y que llenó de esperanza a millones de
seres humanos por todo el mundo).
El problema que tienen estas visiones es que no entienden cuál es el corazón
de la dominación capitalista. El problema no es si la propiedad es privada o
estatal, cuando el Estado está al servicio de una burguesía parasitaria. Eso
lo sabemos bien en México. El petróleo estatizado no fue una herramienta
para la sociedad en contra de la burguesía, en cambio, sí fue el basamento
sobre el cual se construyó el capitalismo mexicano. Igual podríamos decir de
los ferrocarriles o de la electricidad.
Los zapatistas son transparentes, su anticapitalismo busca trastocar el
corazón de la dominación, no le temen a la palabra expropiación de los
medios de producción, de comunicación y de la tierra, para regresarla a
manos de los campesinos. No estatización sino expropiación. Y esto se debe a
que no hay mucho espacio para dónde hacerse
Decididamente, la fase actual del capitalismo ha confiscado los derechos de
la vida, la vida misma. Los fenómenos de incautación se han multiplicado y
amplificado en todas partes. Se ha expropiado a la gente de sus derechos
fundamentales: en tanto que "recurso humano", no tiene derecho a la
existencia mas que en función de su rentabilidad. "Ahora bien, la fuerza de
trabajo en acción, el trabajo mismo, es la propia actividad vital del
obrero, la manifestación misma de su vida. Y esta actividad vital la vende a
otro para asegurarse los medios de vida necesarios. Es decir, su actividad
vital no es para él más que un medio para poder existir. Trabaja para vivir.
El obrero ni siquiera considera el trabajo parte de su vida; para él es más
bien un sacrificio de su vida. Es una mercancía que ha adjudicado a un
tercero. Por eso el producto de su actividad no es tampoco el fin de esta
actividad". (Carlos Marx: Salario, Precio y Ganancia). Para que luego nos
cuenten sobre quién inventó el concepto de biopoder.
El capitalismo en su fase actual, conocida como neoliberalismo, con sus
repercusiones en el terreno de la economía, la política, la sociedad, la
cultura, la ideología, la comunicación; con su proceso de reordenamiento y
reorganización del trabajo por medio de la combinación de procesos
tecnológicos muy sofisticados con el regreso del trabajo esclavo, con su
deslocalización y relocalización, con su outsourcing, con su precariedad, ha
sido complementado con una violencia semejante a una avalancha por su
intensidad y extensión. Todos los límites de la moral y la naturaleza, la
edad y el sexo, el día y la noche. El capital celebra sus orgías (Marx
dixit). Todas las coyunturas y los esqueletos de todas las instituciones que
se construyeron en el origen del capitalismo crujen y se desmoronan. Como
piel de víbora yacen en el suelo, en especial la democracia representativa
(el gran fraude del Obama's dream no es sino la más espectacular
demostración). Efectivamente: todo lo sólido se desvanece en el aire.
2. En especial, la argamasa de las instituciones estatales se ha
desmoronado. La actual fase que vive el capitalismo representa el punto más
alto al que se llegó, pero también el origen de una crisis que no puede y no
debe ser reducida a su vertiente económica, sino al conjunto de las
relaciones sociales que el capitalismo ha edificado. Ya que la sola
vertiente económica deja de lado una serie de aspectos claves que definen
los rasgos característicos de esta fase: la redefinición del Estado-Nación
y, por lo tanto, del concepto de soberanía en su dos variantes: la del
proceso productivo y la del espacio territorial del capital, con la virtual
eliminación del espacio homogéneo del Estado nacional, la ruptura de la
cadena "territorio-Estado-riqueza".
Asimismo, la conversión de territorios, ubicados formalmente en tal o cual
país, en "factores productivos" en la lógica de la internacionalización del
capital. De alguna manera, se trata de la subsunción del territorio al
capital, más aún, la subsunción de la vida, de todo lo vivo, al capital; la
agudización de la contradicción trabajo vivo / trabajo muerto y, por lo
tanto, el incremento de la terciarización del trabajo. La crisis de la
pareja fábrica-Estado, fábrica-ciudad, para pasar a la nueva pareja:
territorio-capital.
Estos son algunos de los rasgos nuevos más importantes. Sin dejar de
mencionar que la esencia básica del capitalismo es la competencia y la
eliminación del otro. Por lo tanto, es un sistema que vive y se desarrolla
en función de crisis permanentes: la crisis es el caldo de vida del sistema.
Por eso, hay que tener cuidado con todas esas interpretaciones que nos
ubican en un sistema armónico y estable. Donde parece que todo ha sido
planeado y ejecutado a la perfección, donde la lógica de las corporaciones
ya subordinó todas las viejas contradicciones. Donde todo es producto de un
complot.
El capitalismo, para su existencia, necesita seguir generando mercancías,
entre otras, la mercancía fuerza de trabajo. No puede sobrevivir únicamente
con la especulación financiera. La fórmula D-M-D' sigue siendo, a la larga,
la única viable para que el sistema siga funcionando. Los que pensaban que
la fórmula D-D' sería la panacea que eliminaría del vocabulario del
capitalismo la palabra crisis, hoy están viviendo las consecuencias de su
estupidez.
Una de las contradicciones más grandes a las que se enfrenta el sistema es
que, dado el nivel de desarrollo de las fuerzas productivas, se podría
sustituir una buena parte de la fuerza de trabajo y la reducción de la
jornada de trabajo podría ser aún más drástica de lo que ha sido, pero el
viejo problema de la realización de las mercancías sigue presuponiendo la
existencia del trabajo vivo. Esto es solamente un ejemplo para señalar que,
en la búsqueda de los rasgos distintivos de la actual fase del capitalismo,
no podemos olvidar que existe una serie de elementos centrales que no sólo
no han cambiado sino que se han recrudecido.
En ese marco, conceptos como Estado-Nación, burguesía nacional, comercio
internacional, partidos nacionales, clase obrera nacional, sindicatos
nacionales, revolución nacional, son más caducos que nunca. Lo cual no
elimina el sentimiento nacional de abajo y de los de abajo, basado no en las
viejas ideas arriba señaladas sino en algo más profundo: historias, cuentos,
relatos, canciones, poemas, sueños, conversaciones, mitos, ritos y leyendas.
Estas palabras son más viejas y más nuevas que las otras. Atraviesan a las
otras, las invaden, las anulan y, cuando ya se piensa que han dejado de
existir, vuelven a emerger con una fuerza arrasadora.
De alguna manera, el sistema que se inició en el siglo XVI con el nacimiento
de un modo de producción que, desde su fase preindustrial, manifestaba
nítidamente su tendencia hacia un expansionismo devorador e ilimitado, está
terminando con la imagen que fue diseñada por Marx en El Capital: un mercado
mundial, efectivamente mundial, en los albores del siglo XXI. De alguna
manera, la geografía, el diseño trazado por Carlos Marx en El Capital,
apenas se está terminando de construir.
La mundialización de la producción y los intercambios comerciales y
financieros son una realidad en todos los niveles, pero una realidad
contradictoria, limitada y tensionada que anuncia tanto el desastre como la
esperanza. O para decirlo con palabras más bonitas, las de Charles Dickens
en Historia de dos ciudades: "Érase el mejor de los tiempos y el más
detestable de los tiempos; [...] la primavera de la esperanza y el invierno
de la desesperación. Todo lo poseíamos y nada poseíamos".
3. En una novela cubana, El hombre que amaba a los perros, su autor Leonardo
Padura escribe: "la vida es más ancha que la historia". Creo que esto es
profundamente certero, yo sólo le agregaría: "la vida también es más ancha
que la teoría".
Si hiciéramos un breve resumen de lo que ha sucedido desde la aparición del
zapatismo, diríamos que hemos podido ver cómo la luz de la experiencia del
zapatismo se ha filtrado a través de un prisma y de ahí han salido un
sinnúmero de tonalidades (este seminario ha sido un ejemplo suplementario).
Parafraseando a Marx diríamos: "De cada quién según su zapatismo, a cada
cual según su ilusión". Esto en sí mismo no es malo, al contrario, siempre y
cuando no caigamos en visiones cerradas que no dialoguen entre sí. Y, desde
luego, siempre y cuando no cometamos el error -otra vez parafraseando a
Marx- de hacer realidad lo siguiente: "El problema de todo análisis del
zapatismo es que se ha dedicado a interpretarlo cuando de lo que trata es de
trasformar la realidad". Y créanme, esto no se logra con discursos ni
pensamientos, por muy críticos que sean. La única manera es en la práctica,
es decir, en la vida misma.
Déjenme tratar de explicar esto: La idea de que nos reunimos para que el
zapatismo nos diga cómo ve las cosas o cuáles son sus propuestas terminó en
el 2005, con las reuniones preparatorias y con La Otra Campaña. Igual, creo
que el dedicarse a analizar al zapatismo ya es un trabajo un poco inútil.
El zapatismo es lo que es y nadie mejor que ellos lo han explicado. No es
como otros movimientos que esperaron a la llegada de expertos europeos o
norteamericanos para que hicieran la interpretación de su lucha, claro, el
resultado casi siempre fue empobrecedor. Por eso, nunca se ha entendido el
lado profundo, cubano, de la revolución que triunfó en 1959 y se quiso
reducir a una herramienta: la "guerra de guerrillas".
Porque no se puede ser anti eurocentrista o fustigar a Hegel y su teoría del
Estado para terminar hablando todo el tiempo de Hegel, Lenin, Trotsky, Rosa
Luxemburgo y Gramsci. Otra vez, ellos fueron lo que fueron. Ellos, junto con
Marx y Engels, fueron revolucionarios de acción, no teóricos. Todo lo que
escribieron lo hicieron a partir de un imperativo categórico: la
transformación de la realidad. Se equivocaron y acertaron como todo aquel
que se atreva a meterse a un movimiento no como observador sino como
participante. Lo que sirva de ell@s y de otr@s lo usamos, y lo que no, lo
tiramos. Creo que es lo mismo en el caso de Bakunin o Kropotkin. Así de
fácil, así de sencillo. Pero no podemos vivir con la obsesión sobre un
pasado que, lo siento, pero ya pasó.
Otra vez, como le gustaba repetir al revolucionario de Tréveris: "Dejar que
los muertos entierren como Dios manda a sus muertos".
El zapatismo, creo yo, es uno de esos inicios o comienzos en la historia, ya
lo he señalado en otras ocasiones. De esos verdaderos nuevos comienzos han
habido varios: la revolución francesa de 1789, la revolución de
independencia en México de 1810, la Comuna de París de 1871, la Revolución
de 1910-1919 en México, la revolución rusa de 1917, la revolución China de
1949-1950, la revolución cubana de 1959. La virtud que tienen esos comienzos
es que se puede dialogar con ellos sin necesidad de juzgarlos, ponerlos en
el tribunal, sentenciarlos y luego ponerlos en el paredón. Se pueden y se
deben entender como parte de esa larga lucha de la humanidad por poner en
sus manos el control de sus destinos, de esa larga lucha por la emancipación
humana. Dialogar con ellos es bueno, de vez en vez. El consejo del filósofo
Baruch Spinoza sigue siendo válido: ni reír ni llorar sino comprender. O
mejor aún: reír, llorar, amar, comprender, pero sobre todo luchar.
4. Nosotros
"No morirá la flor de la palabra, podrá morir el rostro oculto de quien la
pronuncia hoy, pero la palabra que vino desde el fondo de la historia y de
la tierra no podrá ser acallada por la soberbia de los poderosos. Nosotros
nacimos de la noche, en ella vivimos, en ella moriremos, pero mañana la luz
será para los más para quienes hoy es negado el día... Nosotros somos la
dignidad rebelde, el corazón profundo de la patria... para nosotros nada,
para todos todo..."
El calendario zapatista no es igual al del dinero ni al de la clase política
(como para exorcizar el 2010, se renueva la Cocopa que lanza un desplegado
elogiando tanto al César como a Dios, es decir, se decide seguir haciendo el
ridículo a costa del erario de la nación). Bueno, en ese calendario de los
zapatistas, en un texto del 2005 titulado La imposible geometría del poder,
se señalaba explícitamente lo que hoy está sucediendo con la clase política
de todos los partidos: todo lo que ellos hablaban era un intercambio sin
público, sin audiencia. Era y es un diálogo entre ellos.
Igualmente se advertía que si los medios de comunicación se embarcaban en
esa lógica, perderían cualquier credibilidad. El ejemplo de lo publicado por
el diario La Jornada, de manera vergonzante (es decir, no en primera plana),
sobre la supuesta rendición de los zapatistas, no es sino un ejemplo de ese
proceso.
De la misma forma, en otro texto, se les había dicho a los intelectuales que
despreciaron y se burlaron del movimiento de los estudiantes del CGH, que
esa acción tendría consecuencias, que "los abajo firmantes" ya no tendrían
el mismo peso y que lo perderían cada vez más si se dejaban llevar a los
brazos de una clase política cada vez más descompuesta. De alguna manera, se
les decía que se volvería a lo que era el ambiente intelectual previo a la
insurrección zapatista. Y, finalmente, se daba a entender que el zapatismo
iba a dar un nuevo salto.
Poco después, el zapatismo escribió una no despedida que, al final, parece
que sí lo era a la señora sociedad civil: "... quienes nos han apoyado hasta
ahora en la lucha exclusivamente indígena podrán, sin pena ni remordimiento
alguno, deslindarse de esa ‘otra cosa' a la que se refirió el Comandante
Tacho en la plaza de San Cristóbal de Las Casas en enero del 2003, hace dos
años y medio. Es más, hay un comunicado que, de acá allá, hace ese deslinde
y que puede ser presentado en una solicitud de empleo, currículum vitae,
reunión de café, sala de redacción, mesa redonda, templete, foro, escenario,
solapa de libro, nota de pie de página, coloquio, precandidatura, libro de
arrepentidos o columna periodística y que, además, tiene la ventaja de poder
ser exhibido, como prueba de descargo, en cualquier juzgado... Pero quienes
encuentren en su corazón un eco, así sea pequeño, de nuestra nueva palabra y
se sientan llamados por el camino, el paso, el ritmo, la compañía y el
destino que hayamos elegido, tal vez decidan renovar su apoyo (o participar
directamente)... sabiendo que será ‘otra cosa'. Así, sin engaños, sin
dobleces, sin hipocresías, sin mentiras".
El zapatismo, entonces, no buscaba ya establecer, con todos y todas,
vínculos de solidaridad en torno a la lucha indígena, sino vínculos de
compañerismo con las y los explotados, despojados, despreciados y reprimidos
de México y el mundo. Creo que nunca una fuerza política de izquierda fue
tan clara y tan honesta en sus planteamientos
Así, ha venido surgiendo un Nosotros nuevo. Un nosotros en el que ya no
esperamos a que el zapatismo nos diga qué hacer, ni el momento de hacer. Un
nosotros que camina no atrás, no adelante, sino a su lado. De compañero a
compañero. Un nosotros que puede ver los ojos de las comunidades zapatistas
en rebeldía y ya puede sostener la mirada.
Un nosotros que entiende y respeta el silencio zapatista, porque ellos se
han ganado el derecho a hablar, pero también a callar, y casi siempre
después de un silencio prolongado algo fuerte suena. No es como el ruido
permanente de la clase política que busca hacer hablar a los zapatistas, ya
sea filtrando que se rindieron o ya sea comunicando las bondades de las
Juntas de Buen Gobierno. Y uno se pregunta: si esos políticos dicen que son
tan buenas, ¿por qué no, por lo menos, intentan imitarlas y dejan de cobrar
las fortunas que les pagan por ser "representantes populares"?
El zapatismo no actúa a modo del dinero ni de la clase política, ni de
aquellos que, desesperados, quieren que les digan si van bien.
El Tiempo zapatista es muy otro y creo que, cada vez más, debe ser nuestro
tiempo. El espacio ya está claro: se ubica abajo y a la izquierda, en el
lugar donde la gente trabaja, manual o intelectualmente. Donde lo que se
posee, la fuerza de trabajo, se vende inmediatamente: en la fábrica, en el
campo, en las escuelas, en la esquina del barrio, en los mercados públicos,
en la sierra, en el llano, en el comercio informal, en la calle... (ahora
permanentemente vigilada por cámaras de espionaje en la Ciudad de México, al
mismo tiempo que Marcelo y su consorte sueñan que el zócalo de México es el
Rockefeler Center o Les Champs Elisee, y que si no hay nieve la inventamos,
como se inventan una realidad de un gobierno preocupado por los pobres y
organizan consultas para saber si se sube el pasaje del metro sin hacer la
pregunta concreta).
Nosotros y nosotras las que ya entendimos la importancia de la paciencia
impaciente.
Nosotros los que ya no queremos que nos resuelvan nuestros problemas, sino
que los queremos resolver junto con los compañeros y compañeras zapatistas.
Nosotras y nosotros los que ya entendimos que tampoco es conveniente
crearles problemas gratuitos a las comunidades.
Nosotros y nosotras las que vivimos en la frontera del aguante. En los
márgenes de la sociedad, pero esos márgenes son cada vez más anchos, más
grandes, mientras que el centro es sólo un punto donde se aglutinan los 30
grupos financieros nacionales, los 100 grupos financieros internacionales y
una clase política cada vez más cínica.
Nosotros y nosotras las condenadas de la tierra, los sin techo, los sin
tierra, los sin papeles, los nobody, los sin cuerpo.
Nosotras y nosotros los que, en todo el mundo, decidimos que nuestro lugar
es entre los de abajo, entre los migrantes, entre las mujeres violentadas.
Nosotros y nosotras las que reconocemos esfuerzos y esa lucha de esas
nosotras que buscamos ser. Nada de que atrás de un gran hombre hay una gran
mujer, no, nuestro lema es que al lado de cada mujer hay un hombre, no para
defenderla sino para juntos cambiar las relaciones sociales de explotación
que han permitido el mantenimiento del patriarcado ¿O, al revés?
Nosotras y nosotros los que decidimos echar nuestra suerte con las
comunidades indígenas zapatistas, sin importarnos la correlación de fuerzas,
ni los consejos prudentes, ni el tintinear de los señores del dinero.
Nosotros y nosotras que vivimos en Vicenza y Roma; en París, en sus banlieus
tan llenos de rabia; en los Ángeles y Nueva Cork; en Madrid, Barcelona y
Zaragoza; en Buenos Aires y Sao Paulo. En todos esos rincones del mundo que
son el mundo mismo. Con todos ellos hemos construido también ese Nosotros y
ese Nosotras que nos abarca y nos junta.
Nosotras sus compañeras, nosotros sus compañeros, en este inicio del 2010
podemos decir, con cierto orgullo: estamos list@s. Costó mucho, nos
equivocamos demasiado, tuvimos que aprender a desaprender, el más complicado
de todos los aprendizajes. Pero aquí estamos a su lado compañeros
zapatistas.
Estamos frente a un nuevo discurso y una nueva práctica de la rebeldía y
ésta no se ha elaborado con base en un caudillo, un dirigente o un partido,
o incluso un Ejército rebelde ni en un Subcomandante. Puede contar con el
zapatismo y con su jefe militar, el Subcomandante Insurgente Marcos, pero
debe ser trabajado entre muchos y entre diferentes. Se trata de darle toda
la fuerza a la sociedad de abajo, lo que permitirá que las acciones de ésta
expresen el desarrollo de una energía humana que busque cambiar las
relaciones de dominio y llevar a cabo un ajuste de cuentas con anteriores
años de injusticia. Que construya un camino de solidaridad humana y que, al
mismo tiempo, abra un espacio de rebeldía frente al conformismo social y la
resignación ante las acciones de los señores del dinero y de la guerra.
Esta nueva práctica representa una dinámica de rebelión contra la
injusticia, la mentira, la intolerancia, el despotismo, la insolidaridad.
Representa también la voluntad de hacerse oír, por medio de romper con los
equilibrios y las formas anteriores. Representa la posibilidad de
reencontrar nuestras ilusiones perdidas, nuestro amor, nuestro respeto a la
tierra, no a partir de discursos y prácticas viejas sino de la construcción
de lo nuevo, lo diferente. Significa la rearticulación de un campo
alternativo: el de los del México del sótano que buscan dialogar con el
México de abajo, desde la perspectiva de que ya no es necesario voltear
hacia arriba, que el mejor homenaje que les podemos hacer a los hombres y a
las mujeres que promulgaron el Plan de Ayala es lograr la construcción de
ese Otro campo político y social. Para eso se requiere la construcción de un
nuevo discurso de equivalencias que permita evidenciar que ya no hay espacio
para dónde hacerse.
Hace unos años, el Sup dijo que no era necesario voltear a Bolivia, que lo
que se estaba preparando aquí era realmente nuevo. Se le interpretó mal por
los cagatintas; no se trataba de decir que lo de Bolivia no era importante.
Ellos lo están haciendo a su manera y la sabiduría de sus pueblos indios
pondrá en evidencia que no se trata de construir el capitalismo andino (creo
que ese animal no existe), como dice su vicepresidente, el delluziano Álvaro
García, sino otra cosa. Y que nosotros, por nuestro lado, debemos intentar
otro camino. Aquél que parte de lo que yo llamaría, no sin cierta prudencia,
el método zapatista:
Escuchar-preguntar-caminar-elaborar-caminar-preguntar-escuchar y corregir.
Elaborar ocupa el cuarto lugar, corregir el octavo, pero existe, no nos
hacemos tontos sobre la responsabilidad de lo que uno escribe. Escuchar
ocupa el primero y el quinto, después de elaborar hay que volver a escuchar.
Escuchar, no tomarse el tiempo simplemente para oír sino para comprender la
voz que viene de debajo de la tierra del sótano, del barrio. Escuchar el
dolor de los de abajo no es una concesión -o como decía un líder de
izquierda "algo que ya sabemos"-, sino que representa darle su lugar a quien
está llamado a cambiar la situación. Significa ser simplemente una
herramienta para que se construya como sujeto al conocer el dolor de los
otros que con él sufren.
Preguntar, no a partir de querer confirmar una hipótesis de trabajo sino
buscar la razón profunda de la lucha y del dolor. Significa conocer los
agravios y reconocer los elementos de dignidad que permiten las respuestas.
Caminar que no es otra cosa que enlazar, que promover que los otros se
conozcan, llevar la palabra del rincón más alejado del país a todos los
rincones que conforman el país y el mundo de los de abajo.
Elaborar, significa asediar esa realidad que se nos ha revelado, sabiendo
que se trata de eso, asedios, en tanto buscamos ubicar las tendencias de lo
que pasa y de lo que la gente hace.
Caminar, una vez más, para ver si ese asedio es el que nos dijeron, el que
nos expresaron.
Preguntar sobre las conclusiones a las que se han llegado después de todo el proceso.
Escuchar de nuevo, dejar que nos digan si esas conclusiones son las de ellos
y no inventos metodológicos a los que éramos y, a veces, seguimos siendo tan afectos.
Finalmente, corregir, inevitablemente nuestro asedio fue limitado y requiere
que se vuelva a construir, reconociendo explícitamente cuando nos
equivocamos y cuando no supimos recoger o explicar la voz de los de abajo.
Bueno, eso es todo. Todavía es poco porque ese Nosotr@s sigue en
construcción. No somos sacerdotes ni líderes, ni tribunos ni césares, ni
intelectuales ni profesores rojos, somos simplemente albañiles de la
Rebeldía, de la insumisión, de la insubordinación. Somos militantes.
Nosotros y nosotras los que sembramos una manzana que no comeremos.
Los que desde la sombra gigante del zapatismo construimos la otra sombra
gigante de la diferencia.
Nosotros y nosotras que fuimos paridos el 1 de enero de 1994, y que
alcanzamos nuestra mayoría de edad en junio del 2005.
Nosotros los que Nadie nos sabemos, los Nadie que somos, los Nadie que
seremos. Los que venimos de la sombra, los que caminamos en la sombra, los
que en la sombra nos diluiremos.
Y, perdón, no podía terminar sin una cierta nostalgia sesentayochera porque
no puedo negar mi origen, parafraseando las palabras de los muros de París
diría: joven insurrección rojinegra zapatista: cada día más bella, cada día
más joven. Feliz cumpleaños.
Gracias.
San Cristóbal de las Casas 1 de enero del 2010.
Año 16.
La Otra Cultura IN-LAK-ECH
