Uruguay: análisis crítico y debate
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ACLARACIÓN FUNDAMENTAL
a Hebert Mejías Collazo
Muy estimado compañero:
Me das una gran satisfacción con tu carta, pues es la respuesta de un reconocido luchador. Agradezco más las merecidas críticas que los inmerecidos elogios, porque de eso se trata este diálogo, o se debería tratar.
Dos son los elementos de mi nota que señalás como descalificaciones inconvenientes de mi parte en las expresiones que uso: "izquierda fundamentalista", y "culto a los muertos".
Sobre lo segundo, lo único que corresponde es pedir disculpas a todos, se trató de una expresión impropia. Podrá haber en los usos y costumbres de nuestra izquierda radical cosas con la que mi sensibilidad no se lleva muy bien, pero debo respetar la sensibilidad de los demás.
Ahora bien, sobre el otro tema, lo que yo llamo actitud fundamentalista dentro de la izquierda, hay allí un elemento conceptual que es demasiado importante para dejarlo de lado, ni tampoco para tratarlo a la pasada como hice en mi nota. Voy a tratar de explicarme.
Las ideologías son respuestas a situaciones históricas dadas, cuando un bloque de fuerzas sociales propone de esa forma una salida a una crisis estructural, se asigna el objetivo de transformar la sociedad y formula un proyecto social diferente.
Cuando triunfa, la sociedad cambia y se instala un nuevo orden. Pero este nuevo orden despliega nuevas contradicciones sociales que estaban enmascaradas en la fase en que se combatía al viejo orden, las fuerzas hasta entonces unidas se bifurcan, la ideología revolucionaria ahora traducida en poder se reinterpreta y pasa a ser una expresión retardataria. La historia sigue su rumbo y la maduración de las nuevas contradicciones llevará a otra crisis social, nuevas propuestas de cambio y nuevos enfrentamientos.
"El esquema aquí propuesto describe simplemente la actitud del racionalismo ante la historia", dice Samir Amín (que es de quien saqué los conceptos anteriores, nadie piense que me los inventé yo solito), y sigue: "Nada en él es definitivo, todo cambia, y esos cambios deben ser explicados. No se trata de un enfrentamiento entre el bien y el mal, sino de la actividad de fuerzas sociales que mantienen intereses, estrategias, y puntos de vista diferentes".
Y yo agrego: cuando el intento de cambio social es derrotado, también esa derrota deberá ser explicada. No se trata de que "el mal triunfase sobre el bien" sino de que en algún punto hubo un divorcio entre la necesidad social y la propuesta revolucionaria.
Cuando las fuerzas sociales emergentes se recuperan de la derrota (porque nadie se recupera instantáneamente) las fuerzas que mantienen el poder ya habrán dado un paso más y la realidad habrá cambiado agregándose un nuevo elemento a eso de que nada es definitivo.
El proyecto social revolucionario deberá ser reformulado por esas dos razones: porque tiene que aprender de la derrota pasada y porque tiene que acompañar el cambio de la realidad.
Sigue Amín (Fundamentalismo o racionalismo: dos actitudes frente a la historia de las sociedades, en La Desconexión):
"La actitud de espíritu del fundamentalismo contempla a la historia desde un punto de vista que habla otro lenguaje". Propone una visión de la sociedad capaz de resolver -para siempre- los problemas sociales y humanos. Rechazar esa visión es preferir el mal.
"No parecen los fundamentalistas estar demasiado interesados por saber por qué las cosas han sido y son las que son. Lo que en realidad les interesa es saber en qué punto dichas cosas se han separado de sus principios fundacionales. Y esa metodología la aplican con tanto vigor (no rigor) que su primer examen pasa por su propia historia".
También coincido plenamente con Amín cuando dice: "Todas las ideologías de transformación social, cuando surgen y se organizan como fuerzas materiales de combate, mantienen una tendencia a expresarse en términos fundamentalistas". Y en los dos ejemplos que pone: la ideología de la Revolución Francesa, y el marxismo.
Los revolucionarios nos presentamos ante la historia como RACIONALISTAS en el sentido de que cuestionamos la irracionalidad del orden existente y proponemos una salida que es una construcción conceptual en base a la razón, y todos los elementos de la política revolucionaria (programa, estrategia, táctica, metodología, plan de lucha, etc. etc.) son apelaciones a la razón.
Pero siempre tenemos la tendencia al FUNDAMENTALISMO que ocurre en toda IDEOLOGÍA DE COMBATE. La lucha exige flexibilidad y cambio, pero a "los fundamentalistas... les preocupa más la posible traición a sus principios que la explicación de la misma".
También el marxismo ha tenido su maniqueísmo, su dogmatismo, su macartismo, su enajenación como ideología del poder, etc. Ante estas realidades, es moneda corriente que muchos combatientes revolucionarios vean allí la traición (y así es), el apartamiento de los principios fundacionales, y que sea prioritario para ellos rechazar esto (que lo es) antes que explicarlo.
Por la razón que sea, de chiquito salí EXAGERADAMENTE RACIONALISTA, lo que ha sido motivo en mi vida desde conversaciones de boliche hasta sesiones de terapia. Tomen los compañeros esto como de quien viene, el aporte, para lo que pueda servir para comprender lo que nos pasa, de un racionalista obsesivo.
En los 60 y 70 hubo en América Latina un auge de la lucha revolucionaria. Fuimos derrotados. Eso trajo muchas heridas y secuelas. En un cierto momento pudimos recomponernos (a medias) y presentar nuevos combates. Fuimos traicionados.
La mayor parte de nuestros propios compañeros abandonaron los principios revolucionarios. Dimos una batalla política contra esa entrega. Fuimos derrotados.
No siempre el dolor y la bronca son buenos consejeros, pero allí están.
AFERRARSE a las viejas ideas, a las viejas actitudes, a las viejas prácticas, como quien se aferra a un madero en medio de un naufragio, es una actitud defensiva elemental ante la tragedia, y te salva la vida (en un primer momento).
Pero llega un momento en que es necesario ENCARAR OTRA COSA. Es necesario tener la amplitud mental suficiente como para DESPEGARSE de las viejas ideas, prácticas y actitudes. Someter el viejo proyecto a la crítica de la razón, no solo porque la realidad ha cambiado, también porque ya ha sido sometido a la crítica de los hechos Y NO PASÓ LA PRUEBA.
El combatiente que no se deja aplastar por la derrota y tampoco cooptar por los vencedores, tiene la reacción de "apretar los dientes y seguir", lo que es extraordinario. Pero cuando nos torean con el mismo trapo y entramos, cuando nos damos una y otra vez la cabeza contra la pared, cuando llevamos de nuevo a la gene a las mismas encerronas, allí ya no nos parece seguir aplaudiendo esa actitud.
Yo siempre pienso, de loco que soy, que EL ERROR ES MI LUGAR EN EL MUNDO. Me explico. Todo lo que hay en la vida se divide en dos: las cosas que no dependen de mí y que no puedo cambiar, y las cosas que sí dependen.
Esas también se dividen en dos: lo que hice o hago bien (que puedo cambiar y empezar a hacerlo mal, pero mejor que no), y lo que hice o hago mal.
Y eso es LO QUE ME DEBE IMPORTAR ANTES QUE NADA. Me señalás un error: caigo en expresiones inconvenientes y descalificatorias en lo que escribo. Es un error, y lo puedo cambiar. Entonces, eso es lo que debe preocuparme.
¿Qué ocurrió con la guerrilla? ¿Por qué fue derrotada? ¿Qué errores se cometieron? ¿Qué podría haber sido diferente?
Cuarenta años es mucho tiempo. Hay un MOMENTO en que es necesario SOLTAR la tabla de salvación. Tenés toda la razón cuando decís que
"cultivar la memoria que merecen aquellos compañeros caídos en pie de lucha es un deber revolucionario irrenunciable". Pero una voz adentro mío me dice: ¡Pero no es suficiente!!
En mi nota cité un trabajo de un compañero que conocí, y tú mucho más. Raúl Cariboni, que hizo ¡EN CALIENTE!! un análisis crítico de aquella experiencia.
No digo que sea la única visión crítica posible, digo solo que esas visiones críticas no abundan y que esta es de lo mejor que he encontrado. Pero no ha habido mucho interés en conocerla o discutirla.
Esto es solo un ejemplo de los temas que están pendientes de discusión.
Cariboni, luego de tratar en general sobre la lucha revolucionaria en Uruguay y la disputa ideológica con el reformismo, y luego de abordar también en general el problema de la guerrilla en América Latina, se refiere específicamente a la guerrilla tupamara, de la que hace un análisis político e ideológico, y también de su metodología militar y sus aspectos operativos.
Tengamos en cuenta que él también tenía su experiencia en este terreno.
Su conclusión más general es que la metodología aplicada en ese caso tiene más que ver con la lucha ANTICOLONIALISTA y por la liberación nacional (una lucha que podría englobar a sectores burgueses) que con la lucha social por el socialismo (que no podría).
O sea: una metodología de lucha que se corresponde más con el nacionalismo burgués que con el socialismo obrero.
En sí, esa no sería una conclusión demasiado asombrosa si se refiere a un movimiento llamado de Liberación Nacional, lo interesante es que Cariboni extraiga de ello consecuencias en lo referente a la metodología política, el trabajo de masas, los métodos organizativos, etc., y que luego de ello comience a mostrar las consecuencias que eso tiene en los distintos aspectos no solo políticos sino además técnicos de la lucha armada: apoyos logísticos, momentos de repliegue y ofensiva, infraestructura de locales, etc. Lo que dice Cariboni es que hay una insuficiencia en el accionar de la guerrilla tupamara que, hacia atrás en la cadena causal, se debe a sus definiciones políticas confusas en materia social (la falta de prioridad en la definición socialista y clasista), y hacia adelante a su vez, en sus consecuencias, es crucial para explicar la derrota de la guerrilla.
¿Por qué razón? Hay una razón de fondo, que el nacionalismo burgués no puede prosperar en un país donde el CAPITALISMO NACIONAL no puede prosperar.
Pero Cariboni hace un balance positivo de la INAUGURACIÓN dela lucha armada en Uruguay más allá de la derrota. Por la cantidad de combatientes, la extensión de las acciones, el tiempo en que la guerrilla se sostuvo, saca la conclusión:
"Es en terreno de los hechos donde se ha demostrado la viabilidad de la lucha armada, ya incorporada definitivamente a la estrategia política de las organizaciones evolucionarias".
En mi opinión, hay que hacer una precisión. MILITARMENTE, la guerrilla en Uruguay no tuvo casi ninguna relevancia. No constituyó nunca ningún peligro serio para el aparato represivo. Su importancia fue demostrar un POTENCIAL.
Pero POLÍTICAMENTE tuvo un impacto muy grande, que tampoco fue totalmente positivo, pero terminó contribuyendo fuertemente al desarrollo de la izquierda A PESAR de la derrota. Yo estaba en aquel momento en el MUSP.
Creo que cometimos un GRAVE ERROR al subvalorar la importancia política de la aparición de la guerrilla, una especie de "militarismo invertido".
Aún derrotada la guerrilla hizo un corte en la historia de nuestra izquierda, tan serio que les fue necesario RECURRIR A LA MISMA GENTE para cerrar esa grieta y restablecer la mitología democrático-burguesa.
El impacto político de la guerrilla modificó aquel contexto en aspectos POSITIVOS y NEGATIVOS, e hizo lo mismo también en alguna medida con nuestra historia posterior.
Lo que es positivo para nosotros, es negativo para ellos. Me refiero obviamente a la contradicción principal de nuestra lucha de clases. Pero de todo lo que era negativo para ellos, se recuperaron. De lo negativo que tuvo para nosotros NO NOS HEMOS RECUPERADO.
Cuando vemos la reconversión de estos guerrilleros de ayer en promotores hoy del capitalismo, cuando vemos que hoy son portavoces de la burguesía que SE PRETENDE (o más bien ELLOS pretenden que sea aún en contra de lo que expresamente dicen y hacen los voceros directos de esa clase) "NACIONAL", nos preguntamos si no hay una ligazón orgánica entre la reconversión pro-capitalista de Mujica y su gente y los límites NACIONALISTAS que siempre tuvieron en su política.
Simplemente conservaron lo de BURGUÉS y redujeron lo de nacionalista a lo folclórico, pasaron del nacionalismo burgués al cipayismo burgués.
¿Por qué? Porque el nacionalismo NO ESTÁ en el horizonte de la burguesía uruguaya como clase social por una razón estructural, como se ha explicado innumerables veces.
Por supuesto que cuando decimos aquí "nacionalismo burgués" nos referimos tan solo a un TINTE de la guerrilla tupamara de aquel entonces operando DE PLENO en el campo popular, y es Cariboni quien supo sacar de ese aparente matiz todas sus conclusiones operativas en la lucha guerrillera misma.
Y cuando nos referimos hoy a eso, nos referimos a un proyecto político que está DE PLENO en el campo de la burguesía y que es "nacional" solamente en ese TINTE.
Pero si hay una ligazón orgánica entre los límites ideológicos, políticos y programáticos de la guerrilla y los problemas operativos que llevaron a su derrota, esta ligazón es resultado de la anterior: sub-valorar la necesidad de arraigo clasista de la lucha revolucionaria, de la necesidad de su trabajo político declaradamente socialista desde el principio, y apuesta al "atajo" de la acción. SON LAS DOS CARAS DE LA MISMA MONEDA.
Por otra parte, en lo personal, le debo a Cariboni el aporte conceptual que me permitió romper con el último resabio de nacionalismo burgués que quedaba en la TERMINOLOGÍA - y nada más que en eso, pero quedaba - que el MUSP había heredado del útero del Partido Socialista en el que se gestó, y de la concepción de Trías de las "fases", en la que hay una FASE NACIONAL Y POPULAR en la que la clase obrera "completa las tareas no cumplidas de la revolución burguesa".
Digo hoy: ¿por qué debería realizar la clase obrera "tareas" que le son completamente ajenas?
Es el prejuicio del paradigma del estado-nación, y hoy me resulta mucho más clara y más útil la idea de Cariboni.
Hasta aquí, y muy brevemente, lo que pienso de la derrota de la guerrilla debido a los ERRORES cometidos. Involucraban, a mi modo de ver, un error de CONCEPCIÓN.
Ahora vayamos a lo que yo llamo "fundamentalismo".
Llamo FUNDAMENTALISTA a la actitud del combatiente que privilegia sobre todo REIVINDICAR LA VIEJA IDEA y resistir toda revisión. Llamo RACIONALISTA a la actitud que quiere el BALANCE de lo viejo y una nueva construcción conceptual porque NO ESTÁ CONFORME con lo anterior. Los dos tipos de comportamiento (también el fundamentalista) entran en la "sopa" en que se cuecen las nuevas ideas, las nuevas prácticas, y las nuevas organizaciones. "También", pero no pueden ser EL INGREDIENTE PRINCIPAL!!!!
Una corriente política centrada en el fundamentalismo, que reivindique la formulación política anterior con el único argumento de que ES LA FORMULACIÓN POLÍITICA ANTERIOR, jamás podrá emprender las nuevas tareas, llegar a las nuevas generaciones, resolver los nuevos problemas.
Ni siquiera logra hacer un balance crítico del pasado, ni siquiera acepta PLANTEAR LA NECESIDAD de ese balance crítico. Si no discutimos críticamente el pasado (el pasado de todos y cada uno de nuestros antecedentes) NO TENDREMOS FUTURO.
Esa resistencia espiritual a tomar distancia de nuestro propio pasado (una distancia AFECTIVA y CONCEPTUAL) ha sido muy importante para resistir, pero hoy es un obstáculo para construir.
Pero NO ESTAMOS HABLANDO de dos grupos de PERSONAS, estamos hablando de dos tipos de actitud, o métodos, que están al alcance de todos nosotros, y que todos tenemos la opción de tomar o dejar. Todos tenemos tendencia al fundamentalismo, y todos podemos superar esa actitud.
En la medida en que la supere, el mayor "fundamentalista" puede contribuir con la mejor visión crítica.
A su vez, el mayor racionalista puede volverse fundamentalista, alcanza con que acierte una y se entusiasme demasiado con ello y quede encerrado en un planteo unilateral. ¡Y como ocurre que todos alguna vez acertamos, el acierto puede ser un problema!
Podemos llegar a tener (¿o ya tenemos?) Un extenso diálogo de sordos entre todos los que alguna vez embocamos. Como decíamos, toda ideología combatiente tiende naturalmente a eso.
Todos tenemos esa tendencia, a veces concientemente pero muchas no, y hasta a veces estando muy convencidos de que hemos superado todo eso. Estamos cuestionando aquí un MÉTODO y una ACTITUD, no a las personas. De lo contrario, si empezásemos a plantear la cosa como de personas.... seríamos unos fundamentalistas.
Voy a suprimir del párrafo en cuestión de esa nota mía las expresiones "izquierda fundamentalista" y "culto a los muertos". ¿Qué queda?
Si sufrimos derrotas, si se cae eso que pretendía ser "socialismo", si las guerrillas son derrotadas, tenemos que ponernos a trabajar, investigar, encontrar los errores y producir nueva teoría.
¿Cómo se hace ciencia, si no?
No vamos a salir adelante con el método de repetir hasta el hartazgo las viejas consignas como si fuesen verdades inmutables.
No vamos a lograr convocar a la gente a la lucha por el socialismo si no sometemos a la crítica a las experiencias socialistas fracasadas, y NO VAMOS a resucitar las guerrillas derrotadas si no comprendemos en qué estaban equivocadas.
Hay aquí una deuda muy grande que tenemos con nosotros mismos.
Hay allí, o quise que hubiese, una PROPUESTA DE TRABAJO, una propuesta para RECUPERAR a la vieja izquierda revolucionaria de este país, pero recuperarla para el futuro y no para el pasado.
Donde decía: "NO VAMOS a resucitar las guerrillas derrotadas si seguimos aferrados al culto a los muertos y no comprendemos en qué estaban equivocadas" debió decir: "NO VAMOS a resucitar las guerrillas derrotadas si SOLAMENTE recordamos a los muertos y no comprendemos en qué estaban equivocadas". (En qué estaban equivocadas LAS GUERRILLAS, se entiende).
Y lo que dice sobre "el método de repetir hasta el hartazgo las viejas consignas como si fuesen verdades inmutables", es que es EL MÉTODO DE LA IZQUIERDA FUNDAMENTALISTA, el método propio de lo que comienza como una actitud defensiva y una reafirmación de la identidad revolucionaria, PERO SE TERMINA CONVIRTIENDO EN UN OBSTÁCULO.
No estoy proponiendo aquí una guerra santa contra los fundamentalistas, porque eso es lo propio de los fundamentalismos.
Lo que digo es que nuestra guerra contra las defecciones ideológicas, contra la traición, contra la entrega, no debe ser hecha con el MÉTODO de repetir hasta el hartazgo las viejas consignas como si fuesen verdades inmutables.
POR MÁS QUE el abandono definitivo de ese método nos deje la impresión de que estamos abandonando nuestra identidad.
Decía Lenin en abril: "... tenemos miedo de nosotros mismos. No nos decidimos a quitarnos la camisa sucia a que estamos habituados y a la que hemos tomado apego... Mas ha llegado la hora de quitarse la camisa sucia, ha llegado la hora de ponerse ropa limpia".
Por supuesto, no lograremos TAMPOCO cumplir las nuevas tareas si no mantenemos también el respeto por esa tradición a la que debemos someter a la crítica. La crítica no debe vulnerar el respeto.
En eso también se pueden cometer errores, y de esos errores se debe aprender.
Por suerte tenemos para ello la valiosa ayuda de la crítica de los amigos.
Gracias, salud.
Fernando Moyano
FUENTE: postaporteñ@
Nº 280 Febrero 10 de 2010 -Año 5
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textos completos del intercambio puede encontrarse en las ediciones anteriores archivadas en http://postaportenia.blogspot.com/
