Uruguay: debaten tema Cuba (y mucho más en realidad...)
Un, dos, tres… ¿Cuba?
Escrito el 2 de marzo de 2010 por Marcelo Estefanell
(1) Quien calla, otorga
Al poco tiempo de finalizada la segunda guerra mundial, Albert Camus recibió información de un ciudadano ruso exiliado en París sobre las persecuciones realizadas por Stalin contra camaradas que comenzaban a disentir. En el mejor de los casos, eran condenados a trabajos forzados en campo de concentración en Siberia, pero muchos eran ejecutados lisa y llanamente. Camus trasladó estas denuncias a Jean Paul Sartre, su amigo y compañero de andanzas en aquéllos tiempos. El fundador del existencialismo no dudó de las fuentes de Camus, pero, pese a su aversión manifiesta hacia el estalinismo, aconsejó a su amigo no hacer pública esa información para no hacerle el juego a la derecha. Sartre era partidario de esperar un momento más oportuno para denunciar esas barbaridades. Pasan los años y la naturaleza de estos hechos se vuelve a repetir una y otra vez en distintos puntos del planeta y en países regidos por sistemas autoritarios (y otros no tanto) de la más variada procedencia. Basta con repasar los “comunicados oficiales” desmintiendo las atrocidades denunciadas por las organizaciones de derechos humanos o por la oposición del régimen de turno, para ver la estrecha similitud en la redacción y en los conceptos; a tal punto, que si uno quita el origen de un cable de noticias y se lo da a leer a una persona precavida y suspicaz, no podrá discernir si ese texto proviene de Chechenia o de Pakistán, de Birmania o de China, de Venezuela o de Cuba, de Níger o de Burkina Faso. Y en caso de recurrir a documentos históricos sin mostrar el origen de los hechos que se describen (masacres, torturas, persecuciones y cárceles), tampoco el lector podría saber si se refiere al régimen de Pinochet o del Goyo Alvarez, a la dictadura de Vidiela o al régimen de Fidel. Cuando prima la intolerancia al grado de que quien piensa distinto es un enemigo (o el diablo, o un agente de la CIA) estamos condenados a transitar por caminos abyectos. Y si seguimos callados para no hacerle el juego al “otro” retrocedemos inevitablemente hacia los rincones más oscuros de la humanidad como especie. Todas estas reflexiones estallaron en mi cerebro cuando camino al trabajo escuché las declaraciones de la madre de Orlando Zapata Tamayo, quien acababa de morir en un hospital cubano luego de 85 días de huelga de hambre. Confieso que hasta entonces no tenía idea de quién era Zapata Tamayo, pero me bastó encender el computador al llegar a mi oficina y recorrer la prensa mundial en internet (incluido el Granma), para tener todas las versiones acerca de este disidente cubano que se rebeló ante sus carceleros como en otros tiempos lo hicimos los que sufrimos reclusión en el Uruguay durante los los oscuros tiempos de la dictadura. Oír las declaraciones de Reyna Luisa Tamayo Danger, madre de Orlando Zapata, me retrotrajo inevitablemente a las denuncias que hacían nuestros familiares ante las organizaciones de derechos humanos cuando lo militares perseguían y torturaban a cuanto ciudadano conspirara contra el régimen. Y oír las explicaciones del presidente Raúl Castro sobre la muerte de este disidente, me trajo a la memoria, aunque con distinto signo, la palabras del inefable general Rapela en cadena de radio y televisión, pocas horas antes del plebiscito de 1980, cuando vio venir la derrota del proyecto de reforma constitucional de la dictadura. Nuestros “gorilas” le echaban la culpa siempre a la subversión y al marxismo internacional. El gobierno cubano martilla constantemente sobre el mismo cuco: el imperialismo yanqui y su bloqueo a la isla. A esta altura de mi vida y con los 13 años de dura cárcel a mis espaldas, me indigna profundamente la muerte de Orlando Zapata Tamayo como en su momento me indignó la muerte de Vladimir Roslik y la de mis compañeros en el Penal de Libertad. No quiero permanecer callado ante estas inequidades. Más acá de mis simpatías por la revolución cubana y de sus logros en los planos de la salud y de la educación, no puedo dejar de discrepar con la ceguera ideológica que siguen mostrando sus gobernantes a casi veinte años del fin de la guerra fría. Flaco favor le están haciendo a su pueblo y a todos los que creemos en la solidaridad, en la justicia, en la libertad y en la tolerancia. Independientemente de las versiones oficiales y de los argumentos de los disidentes, nada puede justificar la muerte de este cubano, aunque algunos lo tachen de “gusano” y otros de “héroe de la libertad”. Esta muerte es tan condenable como las atrocidades que cometen los gringos con los presos en Guantánamo. Y en este caso, además, una mano no lava la otra: las dos están sucias de sangre y de muerte. En mi opinión, hace años que llegó el momento de no permanecer en silencio. Hay que desterrar para siempre el argumento de no hacerle el juego a la derecha. No es válido. Callarse es hacerse cómplice de los errores, de los dogmas y de las taras que necesariamente generan la falta de libertad, la burocracia y el fanatismo. La crítica, en última instancia, sigue siendo una herramienta liberadora. La obsecuencia, por el contrario, solo alimenta a la vanidad de los hombre y a la tiranía de los gobiernos.
(2) Quien calla otorga.
Ese es el título de un escrito tuyo que llegó a mis manos. Aún no lo puedo creer. Si yo callara en este momento sería más que un cretino útil. ¿Cómo es posible que una persona inteligente que perdió 13 años de su vida y se la jugó cuando tuvo que hacerlo haya perdido la perspectiva (y no hablo de socialismo, ideología, ni nada que se parezca) del ser humano progresista que luchaba por un mundo mejor? No puede haber un análisis en serio de nada en el mundo que hable de justicia, de respeto, de no amordazar, de las libertades, que deje de lado a los Estados Unidos de Norteamérica. Los EE.UU. son desde hace muchísimo tiempo los infractores peores que ha conocido la humanidad, los más grandes genocidas prepotentes a los que nada les impide el paso, y que generan reacciones en su contra que la globalización ha dado en llamar: "terrorismo". Ningún país tercermundista está libre de su garra inmune - e impune -, y hoy por el gas, el petroleo, los materiales estratégicos o el agua, invaden lo que se les canta y entonces: ¿Dónde están las manos democráticas que lo condenen? ¿Porqué hemos de atacar - con gran funcionalidad al sistema - a nuestros hermanos latino americanos, africanos, asiáticos que desde siempre fueron, son y serán atacados por el sheriff del mundo?? Defender a Orlando Zapata no me lleva a pensar en Roslik, me hace pensar en Oscar Bernatti, lumpen vendido a los milicos: ¿alguien lo defendió dentro del penal?, ¿y fuera? Comparar a Fidel o Raúl con el Gral Rapella es comparar a héroes de la vida, ejemplo para muchas generaciones que aún vendrán, con un ladrón genocida que no conoció límites - formado en la Escuela de las Américas.- No tengo la facilidad de explicar todo lo que siento, pero me voy a valer de las palabras de William Yohai que están a continuación. Jorge Llambías (también 13 años preso)
(3) ¡Por algo será, Ché!*
* Las dos notas precedentes, llegaron a mis ojos el último fin de semana. La primera apareció en una publicación virtual de su autor; la otra, circuló hasta ahora solamente entre pocos. Al igual que Jorge, imposible callar. Disculpen la densidad, pero valió la pena.
Las dialéctica de la lucha de clases y no los méritos personales, por cierto, nos ha colocado a unas cuantas y unos cuantos “ex”, en una situación relativamente privilegiada aunque desigual entre nosotros mismos, con respecto a lo que se ha dado en llamar “libertad de expresión” o “de opinión”.
La no muy querida y jodida “fama”, algo ayuda, sin dudas. Al menos como convidados de piedra, diminutísimas parcelas del poder mediático burgués han sido ligeramente invadidas por alguna gente que seguimos siendo para el régimen, enemigos eternos, granos en la puerta del culo, rompepelotas “irrecuperables”, por lo menos… En fin, “agitadores” y “propagandistas”, ciertamente, de la abolición de la explotación “del hombre por el hombre” y de la revolución socialista, aunque las palabras suenen algo rimbombantes para estos tiempos de impresionante reflujo anticapitalista. En muchos casos, la “militancia” ha quedado prácticamente reducida a eso: a gastar los últimos cartuchos de nuestras vidas en apuntar a las sienes del sistema no improvisando con pólvora mojada, balas locas o en pueriles berretines, sino aprovechando los casi insignificantes resquicios “democrático-mediáticos” para volver a mostrar con las armas de la razón y de la fe en la causa, que: "(...) El régimen que impera en nuestro país tiene una cara y una careta. La careta es esa apariencia de libertad y democracia que solo experimenta la gente rica y que se muestra para el exterior. Libertad de prensa, libertad de opinión, libertad de circulación, libertad de agremiación, derechos de huelga, etc. (…). Pero la democracia de nuestro país, como la democracia burguesa en todos lados, no resiste la prueba de fuego de la lucha de clases. Ante la mínima amenaza a los intereses capitalistas, una huelga obrera, por ejemplo, se esfuma hasta el último rastro de la democracia. Tal es lo que ha sucedido en Paysandú con motivo de la huelga remolachera. Aquí ha caído por completo la careta y ha quedado en descubierto una cara siniestra que ya evoca las macabras fauces del fascismo (…)”. Para volver a mostrar lo que ya Raúl Sendic, con esas palabras simples pero crudas, señalaba en el semanario socialista “El Sol” del 7 de noviembre de 1958, abocado precisamente a la misma tarea agitativa que para él y muchísimos más, no era la única en aquel fermentarlo de imberbe sublevación de los nerviosos y apurados ´60. Manuales, para esta tarea, no hay. También se improvisa, se rasca por aquí y por allá, se recurre a nuevas formas de comunicación colectiva, se hace el trabajo de la pulga, y se tiene claro que si la aspiración es llegar regularmente a la “gran prensa” y la gran “multimedia”, ésto tiene un precio: suavizar la palabra, maquillar los conceptos, no traspasar las fronteras de lo permitido por el “cuarto poder”. Ser, a lo sumo, “atreviditos” hasta por ahí nomás. O sea, nuestro resquicio aprovechable fundamental sin deponer principios ni hacer buena letra de “correctos ex”, es en definitiva esta vertiente virtual por ahora medio elitista, pero válida, de la Internet sistémica aunque permeable, que de alguna manera, en general, llega a un número creciente de personas y organizaciones, y, alguna que otra vez, tiene cierto eco tergiversado en los medios “formales” de comunicación. Pues bien, el autor de “Quien calla, otorga”-1, es uno de los “ex” que podría haberse adentrado con muy buena performance en esta casi quijotesca pretensión de “zapadores ideológicos” en medio del explicable tembladeral revisionista reinante, sobre todo a partir de la publicación de su libro “El hombre numerado”, que, por su tono introspectivo, sincero e inteligente, le abrió las puertas a una cierta fama literaria especial y a un también especial mundillo pseudo intelectual que habitualmente tiene su expresión en espacios radiales y televisivos supuestamente “periodísticos”, escuchables y mirables casi obligadamente por descarte y por inercia, en un océano cultural de fenomenal, creciente e inevitable mediocridad “sabiamente” administrada por expertos en lo mediocre, en algunos casos, con visos de “agudeza crítica” e “independencia de criterios”. Este buen “escribidor”, al igual que los demás “ex”, no tenía ni tiene ninguna obligación formal o cosa parecida, que le comprometa a hablar o callar en defensa de la revolución en general ni de la revolución cubana en particular. No tenía ni tendría que tener lo que al fin de cuentas sólo se tiene con autenticidad, cuando se siente como obligación moral propia y espontánea, casi, y que no pasa necesariamente o únicamente por andar escribiendo o discurseando como enfermo noche y día, a veces defendiendo lo que se defiende solo, y otras, atacando lo que también se defiende a sí mismo sin nuestra “ayuda”. A lo que sí estaba obligado el autor de “El hombre numerado”, de motus propio, sin sentirse un soldado quieto de algún dogma, partido o partiducho, es a callar o a hablar sin plegarse a caricaturizaciones o juicios ligeros –ligerísimos- sobre un complejísimo proceso histórico que, o “desconoce” debiendo conocerlo como lo conoce, o sencillamente, su memoria y su conciencia han sido malheridas por las aspas pesadas y cruentas del gran molino de viento y excremento sin vida potencial, ya, del capitalismo, que cuando golpea fuerte nuestras guampas hasta quebrarlas, no produce personajes precisamente simpáticos y pintorescos como El Quijote, sino, más bien, pobres seres juguetes del destino y la necedad, como algunos de los tristísimos personajes de las geniales novelas revolucionarias de Vasco Pratolini, o como los patéticos “ignavos” del Dante, con suerte. El resultado material de lo concebido por el ex hombre numerado de marras –el producto objetivo, la conclusión fáctica, lo que dicen textualmente sus antojadizas analogías y sus tímidas apologías- no es otra cosa que la aparente paradoja de OTORGAR, SIN CALLAR. De comparar lo incomparable; de extrapolar por encima de tiempos y realidades bien distintas, percepciones y vivencias, como quien junta masa de tortas fritas con plasticina; de opinar frívolamente sobre cosas muy serias; de confundir una supuesta “neutralidad crítica” de humanismo renacentista, con concesiones y transas ideológico-filosóficas, que representan, sencillamente, robarte con las palabras a vos mismo todo lo que generosamente otorgas con ellas a quienes han sido y siguen siendo, los expropiadores, los ladrones, los asesinos, de lo mejor de la humanidad, que sigue siendo, la verdad (sí, esa suma de verdades relativas, que, por supuesto, como todo lo humano, tiene que ver con el lugar que ocupemos y desde el que miremos el universo, incluído el universo propio, personal, intransferible, que, no obstante, coexiste con otros seres sociales como nosotros). Me viene a la mente, libremente, sin mucha sapiencia, un fenómeno interesantísimo que se produjo –lo digo con propiedad, sin ánimo de babosear a nadie- en muchísimos de los ex a los que los milicos lograron enloquecer en el campo de concentración de “Libertad”: se dio el delirio común –no contagiado, “autónomo”, diría, colectivo pero autónomo- de convencerse de que en Uruguay ya habíamos llegado –no se sabe cómo- al socialismo, y que “Libertad” era el lugar donde “los desviados ideológicamente”, estábamos internados para ser “recuperados” por el “ejército rojo oriental” a las órdenes del “comité central revolucionario” vernáculo… ¡Locura y pico, se sabe!!!, pero ni aún en ese estado patológico grave, ni el más loco de los locos de mameluco, pudo sustraerse al portentoso impacto de la verdad como agente de la realidad: ¡estaríamos en el “socialismo” y todo lo que vos quieras, pero los verdes “rojos” eran tan hijos de mil putas como los verdes-verdes de la “anterior” sociedad dividida en clases, qué joder!!!. Verbigracia –diría un erudito de la academia de ciencias-: hay cierta razón en aquello de que por lo menos ciertos locos no comen vidrio ni aún en las peores circunstancias, y de que a veces es preferible una locura de la que se puede volver gracias a ciertas reservas o instintos, que una cordura conformista y sosegada que también puede devenir en catastróficos delirios de disociación entre el pensamiento y la realidad si bajamos la guardia y nos dejamos encantar por los viejos, viejísimos, cantos de sirena del imperialismo de entrecasa, que lo hay y mucho, sin duda. Para terminar y no hacer de esto un melodramático manifiesto de apología de la locura o una atrevida payada psicosocial, expreso mi deseo, mi ferviente deseo, de que el autor de “El hombre numerado” esté aquejado tan sólo de una reversible locura otoñal, o, ni eso, una sencilla y corregible desorientación pasajera, que pronto lo libere y lo vuelva al mundo real, al mundo del capitalismo real queriendo hacerle sombra al pequeñísimo mundo del socialismo a gatas de la hermana Cuba, tan chiquita, tan aparentemente sola, tan llena de errores y notorias desviaciones desde una óptica purista, que dan ganas de atacarse de un sarcástico fanatismo para gritar a los cuatro vientos: ¡Qué horrendo, qué espanto, qué ironía de la historia!: ¡mientras en el gran mundo del capitalismo real –del capitalismo del Uruguay- mueren millones y millones de seres humanos de hambre por no tener qué comer o a raíz de la sequía, mientras cientos y cientos de miles de inocentes son abatidos intermitentemente por bombas incendiarias y otros se inmolan asesinando, en una islita de mierda de 11 millones de adoradores del comunista Fidel y su hermano Raúl, en décadas y décadas de bloqueo y de “cuco” imperialista (¡pavada de cuquito, ché!), el único que muere de hambre, muere no por falta de comida, sino por luchar en pos de la restitución del capitalismo real!!!. ¡Un héroe de la auténtica utopía que en Cuba es volver al capitalismo!. ¡Ni siquiera muere por lo que sería una razón lógica y encomiable en un panorama de total desbarranque revolucionario como el que quieren pintarnos los capos de la mediocridad “crítica”: su huelga de hambre, su infeliz final, no tiene nada que ver con una lucha por el salvataje del socialismo cubano en bancarrota!!!.
Más nada.
En realidad, mejor y más contundente, es la fresca y nutritiva respuesta de Jorge. Esto pretendió ser un complemento de ella desde un ángulo que propone a Marcelo y algunos más, meditar para rectificar, no para responder al golpe del balde, embarrándola más aún, pues capáz que estos demorados cuestionamientos le sirven, a él y a nosotros, para entender que sí –no por los motivos de Sartre o san puta-, que hay veces en la vida, que hay que callar para otorgarnos el derecho a la reflexión profunda, aguijoneados por tragedias humanas cotidianas tan pero tan espantosas, muchísimo más, que una docena de durísimos años en la penumbra extrema impuesta por el mismo “cuco” imperialista que sometió al pueblo cubano a interminables décadas de tales oprobio, escarnio y humillación, que en el alma colectiva de ese pueblo es imposible que pueda haber razones para entender livianos paralelismos entre su conducta y la de la dictadura mundial de la burguesía en nombre de la cual el imperio sacrificó a un hombre que, seguramente, tuvo más fibra de héroe desgraciado que la que difícilmente posean sus cobardes adoctrinadores a 90 millas del único país en el mundo que ha terminado con la desnutrición infantil, a un precio que solamente pagan los pueblos que tal vez no conozcan mucho de teoría del socialismo, pero sí de la dignidad sincera y angustiada de los que la descubren a tiempo y no la abandonan nunca.
De una dignidad que, naturalmente, supone morir y matar por la libertad, aunque esta libertad como patrimonio y tesoro de la humanidad toda, aún sea un sueño, un dulce y lejano sueño que verá la luz de su materialización con el despertar de un hombre-mujer nuevo que jamás podrá borrar de su retina los horrores y los errores de su conquista, pero que tampoco jamás se arrepentirá de ella ni maldecirá de sí mismo.
¡Por algo es que el Che sigue vivo, por algo será!!!.
Gabriel Carbajales ________Montevideo, Uruguay
