Argentina_Memoria y actualidad: Masacre de la familia Lanuscou
El 3 de septiembre de 1976, a las once y media de la noche, el Comando de Zona 4 de las Fuerzas Conjuntas, a cargo del Teniente Coronel Landa, aniquiló la casa de la familia Lanuscou, ubicada en Catamarca y Asunción, Martínez, partido de San Isidro.
"Septiembre se hizo noche,
la noche fue una tumba,
sobrevivió la pequeña
pequeñita de seis lunas"
(Fragmento de " Matilde de seis lunas"
escrito por David Antonio Lanuscou)
Roberto Lanuscou tenía 28 años y su esposa Amelia Bárbara Miranda, 27, ambos militaban en Montoneros. Tiempo atrás se habían conocido en unas vacaciones en Córdoba. provincia a la que se irían a vivir luego de casarse. El primer hijo, Roberto, nació el 30 de agosto de 1970; la segunda, Bárbara, nació el 9 de febrero de 1972; y por ultimo la más pequeña, Matilde, nació el 30 de marzo de 1976. Poco tiempo más tarde, ocultándose de las fuerzas represivas, se mudaron a San Isidro.
Los tiros se escuchaban desde lejos en una noche interminable. Al día siguiente de la masacre, el Comando que llevo a cabo el "operativo" informó a los distintos medios que "las Fuerzas Conjuntas detectaron una reunión de delincuentes subversivos" y que "finalizada la acción, se comprobó que en el interior del edificio existían cinco delincuentes muertos".
Entre los cincos subversivos estaban Roberto, de seis años, Bárbara, de cuatro (imagen), y Matilde de seis meses de edad.
La casa quedo destruida, juguetes y ropa tirada bajo la sombra del cordón militar, que como cuervos se hicieron presentes los días siguientes al horror.
El 25 de enero de 1984, se realizaron las exhumaciones después de descubrirse que las partidas de defunción e inhumación fueron fraguadas. Se encuentran los cadáveres de los padres, los de los niños en ataúdes de adultos, y en el de Matilde huesos de otros adultos, una manta con la forma de un bebe envuelto, y en su interior el osito rosado y el chupete de Matilde.
"Las denuncias anónimas de que un militar sacó de la casa destruida un bebé en brazos, mas los estudios del antropólogo forense de Oklahoma Clyde Snow en el lugar de la exhumación, dan la certeza de que Matilde está viva". (Fragmento extraído de una carta escrita por David Antonio Lanuscou, hermano de Roberto, dirigida a Ernestina Noble, en el 2003.)
La directora del Grupo Clarín, fue sospechada de la apropiación de una bebé adoptada bajo la última dictadura. Por irregularidades en los expedientes de adopción, fue detenida en el año 2001, por orden del juez federal, Roberto Marquevich.
"Desde el año 1984 comenzaron a llegar a la Asociación Abuelas de Plaza de Mayo denuncias que decían que los chicos que había adoptado Ernestina Herrera de Noble eran hijos de desaparecidos.
Las presentaciones expresaban que, como Clarín tuvo durante la dictadura muy buenas relaciones con los militares, y además el diario recibió en esa época -junto con La Nación y La Prensa- la empresa Papel Prensa, había vínculos muy estrechos con el Proceso", reveló a DsD (Diariossobrediarios) Alcira Ríos, coordinadora del equipo jurídico de Abuelas de Plaza de Mayo.
Por varias razones se vinculó a la hija adoptiva de Ernestina Noble con Matilde Lanuscou pero "En el caso Noble lo que falta es el ADN de estos chicos para establecer si son hijos de desaparecidos. Pero de todas formas el caso es grave: las dos adopciones son de nulidad absoluta, porque fueron hechas en fraude de la propia ley de adopción vigente en ese momento." dijo Ríos a DsD.
La abuela de Matilde fue Abuela de Plaza de Mayo, murió soñando el encuentro con su nieta. Hoy su tío David Antonio Lanuscou sigue la misma búsqueda. Un fragmento de su canción "Matilde de seis lunas" reza "El sol araña las sombras, con sus espinas de tiempo, vuela, Matilde, paloma, a un horizonte de encuentros".
La ley es Noble
Por Enrique Gil Ibarra
Resulta que en 1976, la señora Ernestina Herrera recibió dos regalos de Dios.
Y fueron dos porque, como todos sabemos, el barbeta es sumamente generoso con sus amigos. En mayo de ese año, en la puerta de su casa (la de la Señora, no la de Dios) apareció una caja. Cualquiera podría suponer que una dama como la Señora Ernestina hubiera pensado: "¡Me pusieron una bomba!". Pero no. Audaz, valiente, defensora de la justicia, la Señora abrió la caja y descubrió que en su interior dormía una hermosa bebé que se apresuró a adoptar, ya que durante mucho tiempo la Señora había rezado al altísimo por esa dicha, que finalmente, en ese año del Señor, le fue concedida.
Como este tema de los bebés abandonados en cajas frente a las puertas de mansiones ya había sido tratado exhaustivamente por Charles Dickens, el Juzgado de Menores Nro. 1 de San Isidro no le concedió la adopción tan fácilmente. Para nada. Le exigió testigos y, gentilmente, la Señora ofreció dos: su chofer particular y una vecina. Frente a tan contundentes pruebas, el Juez a cargo confirmó el milagro y la adopción. La bebita fue llamada Marcela.
Pero como hemos señalado, ese año Dios fue más generoso aún y, en el mes de julio, hallándose por casualidad Doña Ernestina en el mismo juzgado realizando trámites, hete aquí que llegó una pobre mujeruca zaparrastrosa de nombre Carmen Luisa Delta, que deseaba regalar a su hijo de sólo tres meses. Ni lerdo ni perezoso, el juez se mandó un Credo, y alabó al altísimo. "Está usté en el lugar indicau" dicen que le dijo a la miserable madre. E ipso facto le entregó el niño a la Señora Ernestina, que firmó el recibo y se fue a su casa lo más campante. El niño fue bautizado (por supuesto) con el nombre de Felipe. Las malas lenguas -que nunca son discretas- afirman que el documento de identidad aportado por la madre desamorada en realidad pertenecía a un señor. ¿Sería el primer milagro de cambio de sexo en 1976? ¿Debería aquella pobre mujer reclamar el premio ofrecido por la reina inglesa a todo varón que lograra parir?
Pero abandonemos esas impías elucubraciones. Lo cierto es que los hijos tan deseados llegaron por fin a alegrar la vida de la Señora Ernestina. Los tiempos pasaron. El año 1976 quedó lejano en el ayer, y con él supusieron muchos que quedarían enterrados los recuerdos, el terror subversivo y las ridículas pretensiones de un grupo de extranjerizantes comunistas, aunque, desde luego, los milagros seguirían derramándose sobre aquellos que realmente los merecieran.
Los niños han crecido. Son hoy hombre y mujer adultos y muy, muy ricos. Herederos de un imperio periodístico intocable. Su madre adoptiva es viuda de un prócer de la República y ella misma un emblema de moral, ética y buenas tradiciones.
Tradiciones que intentan modificar individuos sin corazón, que insisten desde hace años en que las adopciones de los muchachos son sospechosas, y afirman que pueden probarlo con sólo un análisis de ADN. Ya en el 2002, un Juez inconsciente detuvo a la Señora Ernestina ¡ocho días antes de Navidad! acusándola de indecencias tales como "falsificación de documento público" a lo que agregó "falsedad ideológica en dos oportunidades" e inserción de "datos falsos en un expediente civil". La afrenta no pasó desapercibida. En marzo del 2003 el Juez Marquevich fue separado de la causa por la instancia superior (la ofensa le costó el cargo) y reemplazado por otro, más compenetrado con los milagros que la Justicia debe comprender y aceptar a ojos cerrados. Tan cerrados como el cajón donde durmió el expediente durante años.
Tan lejos de 1976 estamos, que las vueltas de la vida y de la política hicieron posible que a partir de la sanción de la Ley 23.511, los hijos y nietos de desaparecidos en cautiverio tuvieran la oportunidad de reencontrarse con su historia verdadera, aunque eso implicara (quizás) desautorizar un par de milagros.
En su artículo cuarto, la Ley dice:
Art. 4.- Cuando fuese necesario determinar en juicio la filiación de una persona y la pretensión apareciese verosímil o razonable, se practicará el examen genético que será valorado por el juez teniendo en cuenta las experiencias y enseñanzas científicas en la materia, la negativa a someterse a los exámenes y análisis necesarios constituirá indicio contrario a la posición sustentada por el renuente.
Pero la Corte Suprema prefiere desentenderse de semejantes minucias, y confiar en la justicia divina, ya que para aplicar la otra se confiesa (parece) incompetente: actuando en contra de lo establecido por la Ley argentina (si Dios es argentino, para qué necesitamos leyes), ha autorizado a los hijos adoptivos de la Señora Ernestina a no cruzar sus muestras de ADN con todas las registradas en el Banco de Datos Genéticos, sino a hacerlo solamente con las dos familias (Gualdero-García y Miranda-Lanuscou) que han presentado querella.
El objetivo de la Ley 23.511 - "Art. 5.- Todo familiar consanguíneo de niños desaparecidos o supuestamente nacidos en cautiverio, tendrá derecho a solicitar y obtener los servicios del Banco Nacional de Datos Genéticos. La acreditación de identidad de las personas que se sometan a las pruebas biológicas conforme con las prescripciones de la presente ley, consistirá en la documentación personal y, además, en la toma de impresiones digitales y de fotografías, las que serán agregadas al respectivo archivo del BNDG. El BNDG centralizará los estudios y análisis de los menores localizados o que se localicen en el futuro, a fin de determinar su filiación, y los que deban practicarse a sus presuntos familiares. Asimismo conservará una muestra de la sangre extraída a cada familiar de niños desaparecidos o presuntamente nacidos en cautiverio, con el fin de permitir la realización de los estudios adicionales que fueren necesarios"- que consiste precisamente en brindar las máximas posibilidades de investigación para garantizar la recuperación de la identidad a los niños secuestrados ilegalmente, se ve de esta manera desvirtuado de nuevo.
Nuestra Corte Suprema ha resuelto que los potenciales familiares de desaparecidos deben contentarse con el milagro de la casualidad, y acepta los planteos de los muy creyentes abogados de la Señora Ernestina, que saben estar amparados por Dios o, lo que viene a ser lo mismo, por el multimedio Clarín.
Como vemos, los hijos de desaparecidos no tienen de qué quejarse. Hoy, ayer y siempre, la Ley es "Noble".
Enrique Gil Ibarra
