México: Porque sà y ahora defender el Municipio Autónomo de San Juan Copala
1 de julio de 2010
Marcela Romero Juárez y Guadalupe Jiménez López
1. Una autonomÃa que resiste para todos
El Municipio Autónomo de San Juan Copala, ubicado en el estado de Oaxaca e integrado por comunidades indÃgenas triqui, representa una de las muchas y diversas formas en que los pueblos indÃgenas de México están construyendo su derecho colectivo a la autonomÃa.
Por los trágicos acontecimientos que lo vio protagonista en los últimos meses -las repetidas agresiones de grupos paramilitares contra iniciativas masivas que se solidarizaron con este proceso de autodeterminació n indÃgena- el Municipio Autónomo "rompió el silencio" y su nombre sonó por algunos dÃas en los medios masivos de comunicación.
En este texto, queremos ir más allá de la contingencia que apremia a la población de San Juan Copala -asediada por grupos paramilitares- y de las apariencias, que pintan como estructural e irremediable el conflicto que padece el pueblo triqui.
Nuestra reflexión parte del entendimiento que el proceso de organización y resistencia que ha llevado al pueblo triqui a declararse autónomo es parte de una lucha más amplia; y que las aportaciones de otras experiencias autonómicas han sido fundamentales en la elaboración del proyecto de Copala. Por lo tanto, defender la autonomÃa en San Juan Copala significa también defender el sistema de seguridad y justicia de la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias- PolicÃa Comunitaria de la Costa Chica y Montaña de Guerrero, la lucha para la reapropiación de la tierra de los pueblos nahuas de Ostula, Coire y Pómaro de Michoacán, el derecho a la palabra que practica Radio Ñomndaa-La Palabra del Agua en la región amuzga de Guerrero, los Municipios Autónomos zapatistas de Chiapas...
En distintas partes del paÃs donde se ejerce la resistencia, y en particular en estos lugares donde la autonomÃa crece, el gobierno emprende todo tipo de estrategias para desgastar e impedir que estos referentes sigan expandiéndose, como la creación de grupos paramilitares y la cooptación de lÃderes y organizaciones de izquierda.
2. Telón de fondo: conflicto y violencia
El color dominante en las calles de San Juan Copala es el rojo, rojo vivo, el de los huipiles que las mujeres triquis tejen para ellas. "Es por la migración, pero sobre todo porque a los hombres, a los jovencitos y hasta los niños los mataron. Somos puras viudas y huérfanas". Asà explicaron algunas mujeres su presencia mayoritaria en el pueblo, durante el primer aniversario del Municipio Autónomo, el 20 de enero de 2008. En ese entonces, el logro más importante de la organización autónoma era que, desde su institución, ya no se habÃan registrado asesinatos en las 17 comunidades que lo integraban; y el hecho, tratándose de la región triqui, era sin duda contundente. Lamentablemente, esta situación de "paz"-principal objetivo del Municipio Autónomo- no se pudo mantener, y en 2009 la violencia recrudeció hasta llegar, en estos dÃas pre-electorales, a niveles insostenibles.
La situación de violencia que padece el pueblo triqui es un hecho innegable, pero se ha también transformado en un estigma (al igual que el "Guerrero bronco") y en una justificación apriorÃstica de la realidad, utilizada con gusto por las autoridades estatales como pretexto para desentenderse de sus responsabilidades en la región[1]. Sin embrago, es necesario tratar de entender -aunque someramente- las raÃces y los impactos de la situación de violencia generalizada que desde hace décadas se vive en la entidad, ya que no podemos entender la insurgencia social sin insertarla en tal contexto arraigado de represión, impunidad, relaciones clientelares y discriminació n étnica. El racismo es el elemento fundador del mito del triqui violento, y la dominación lo que ha llevado a la descomposició n las relaciones sociales internas a este pueblo indÃgena.
El territorio triqui es enclavado en la más amplia región mixteca, que lo rodea por completo. Pero sobre todo, es sometido polÃtica y económicamente a tres ciudades mestizas, históricamente sedes del poder caciquil: Constancia del Rosario, Juxtlahuaca y Putla de Guerrero. Anteriormente, San Juan Copala mantenÃa por lo menos la independencia administrativa, que perdió en 1948, cuando le fue quitada la categorÃa de municipio y su territorio repartido entre las tres cabeceras mestizas.
Los grupos de poder regionales acompañaron el desprecio hacia la población indÃgena con un gran interés hacia sus recursos: las fértiles tierras y el potencial de una fuerza de trabajo muy barata. AsÃ, los conflictos agrarios iniciaron cuando las élites de las ciudades mestizas usurparon tierras comunales triquis; para quebrar la resistencia indÃgena usaron por un lado el terror y el exterminio de los lÃderes naturales, y por otro la cooptación de otros lÃderes más accesibles, fomentando el surgimiento de facciones opuestas para su estrategia de dominación. En el mismo engranaje está la implantación de los cultivos de café y plátano, que rompieron con el autoconsumo introduciendo la acumulación y la diferenciació n económica en la región. Este proceso, que se vivió en todas las regiones rurales del México posrevolucionario, en la región triqui se pervirtió: con frecuencia las cosechas no eran pagadas en dinero sino con alcohol, armas y municiones, facilitando que la envidia entre vecinos se resolviera, cuando posible, con el asesinato. Asimismo, se formaron bandas de pistoleros y se fomentó el cacicazgo interno al pueblo triqui.
Esta situación de "violencia", antes como ahora, es particularmente funcional a los poderes económicos y polÃticos: sustentándose en ella en los años ‘40 se desmantelaron los dos municipios triquis[2] y en los ‘50 se impuso la militarizació n del territorio indÃgena, que fue bombardeado en el ‘56. Al mismo tiempo, el PRI se instalaba con fuerza en la región, imponiendo su autoridad sobre el sistema tradicional de gobierno indÃgena e impulsando en la región proyectos de "desarrollo".[3]
En contra de las múltiples vertientes de la dominación, el pueblo triqui inició a organizarse de forma independiente: primeros fueron algunos maestros, luego El Club, que luchaba para el control de los recursos y de la producción, y la defensa de las tradiciones. Violentamente reprimidas, estas organizaciones heredaron sus ideales y proyectos al Movimiento de Unificación y Lucha Triqui (MULT), formado en 1981, organización que con valor por una década luchó contra la dominación y resistió a la violenta represión del estado y de los grupos de poder locales. El MULT logró imponerse polÃticamente en la región, por lo que en 1994 el PRI impulsó la formación de la Unión de Bienestar Social Triqui (UBISORT), organización que entró inmediatamente en conflicto con la otra. Los choques violentos marcaron la historia de las dos organizaciones, en particular la del MULT que reclama centenares de muertos. Cuando los lÃderes del MULT iniciaron a corromperse y su lucha se limitó a la gestión de recursos, en un rápido acercamiento a la estructura priista que siempre mantuvo el poder en el estado, un grupo de inconformes creó el MULT-Independiente, que se forjó durante las movilizaciones magisteriales de 2006 y participó en la creación de la Asamblea de los Pueblos de Oaxaca (APPO). Apenas dos meses después de la violenta represión que cimbró esta experiencia organizativa estatal, en San Juan Copala se anunciaba la institución de un Municipio Autónomo, "integrado por todas las comunidades y barrios que han roto o en el futuro rompan la subordinación a las organizaciones del gobierno o ligadas a él".[4]
Cabe señalar que, mientras una parte del pueblo triqui inició a construir espacios de autodeterminació n y de dialogo, otra parte, ligada a las dos organizaciones mencionadas, recrudeció el uso de la violencia como arma polÃtica, fortaleciendo grupos paramilitares que actualmente mantienen con las armas el control en la región.
3. RaÃces y matices de la autonomÃa para los triquis de Copala
Este brevÃsimo recuento de la historia reciente de la región triqui baja[5] nos ayuda a entender el significado y la forma particulares que adquieren la reivindicació n y la práctica de la autonomÃa en este contexto, ya que no se pueden abstraer los procesos autonómicos de las situaciones históricas, polÃticas, económicas y sociales en que se desarrollan, asà como de las necesidades que los determinan.
Asimismo, la reflexión sobre otras experiencias autonómicas ilustra trayectorias similares, como el hecho de que la declaración de la autonomÃa representa una respuesta desde abajo a las diferentes situaciones de violencia que llegan a ser insostenibles para los pueblos.
Territorio e identidad
La primera vertiente de la violencia, como mencioné arriba, es representada por la discriminació n y el desprecio. AsÃ, las autonomÃas son también, y sobre todo, una necesidad para la defensa de la identidad de los indÃgenas. Repropiándose del poder que tienen, como colectividad, de decidir y construir su futuro, los pueblos afirman su derecho de ser, de existir en tanto pueblo. En este sentido, la lucha por la autonomÃa es una lucha para la sobrevivencia de la colectividad. Atrapados en una disputa sin lÃmites de violencia entre las organizaciones polÃticas de la región, los triquis se veÃan en la perspectiva de perder sus propias formas de gobernarse, crear acuerdos, resolver los conflictos, y dejarse arrastrar en una guerra intestina que terminarÃa de quebrar el ya fragmentado tejido social.
Elemento fundamental para la reproducción de la cultura y de la identidad, asà como para el sustento material, es el territorio. Suelo para la siembra, pacha mama que alimenta, la tierra, definida simbólicamente y culturalmente, se vuelve territorio, cuyo sentido es inextricable de la identidad del pueblo que allà tiene sus raÃces, sus mitos, sus fiestas y su alimento. A través de la dominación colonial y de la ocupación de tierras por las élites mestizas, lentamente la tierra ha sido arrebatada al pueblo triqui. La imposición de cultivos comerciales impuso el control ajeno sobre sus recursos. Asignando a tres distintos municipios mestizos la autoridad administrativa sobre el espacio que, politica y culturalmente, para los triquis es de competencia del Chuman'a[6] de San Juan Copala, el estado trató de arrebatar al pueblo el control polÃtico sobre su territorio.
Si el territorio es la raÃz de la identidad, su defensa implica la autonomÃa. Recuperar la unidad territorial apuntaba entonces a la reconstrucció n integral del pueblo, para sacudirse de la secular opresión de las élites mestizas y de la corrupta clase polÃtica estatal.
Organización polÃtica vs. Asambleas comunitarias
Sin embargo, las divisiones polÃticas y partidistas han dividido y enfrentado radicalmente al pueblo triqui, lo que representa la otra vertiente de la violencia, la más desgarradora.
"Antes de formar el Municipio Autónomo, se convocaron a las comunidades triquis de varias organizaciones. El tema de las pláticas era cómo evitar el baño de sangre en la región y avanzar por el bien de la comunidad. En una asamblea muy amplia, en la que participaron concejales de la APPO y lideres naturales de las comunidades, discutimos cómo constituir una nueva organización, éramos puros triquis. Ya en la plática, varios ancianos que participaban dijeron que formar otra organización era seguir dividiéndonos; en un corto tiempo habrÃa que comprometerse con un partido polÃtico. Al final de varias discusiones, decidimos no crear ninguna organización, sino mejor rescatar la cultura, los usos y costumbres de la región para construir nuestra propia autoridad, nombrar nuestro presidente. En ese momento no se mencionó la autonomÃa, solo se decidió trabajar a nuestro modo, e incluir a todas las organizaciones que están en San Juan Copala", comentó en una entrevista Jorge Albino, vocero del Municipio Autónomo[7].
La autonomÃa en contextos de violencia implica la construcción de nuevas formas de poder, más horizontal y plural. En un contexto polarizado, en que las relaciones entre las personas se estaban corrompiendo, donde el miedo empezaba a dominar la vida cotidiana, una parte del pueblo triqui decidió romper con la dinámica de las organizaciones polÃticas, que al reproducirse cada vez generaban más divisiones y conflictos. Entendieron que debÃan crear una institución más poderosa que las distintas organizaciones existentes.
Para detener la violencia construyeron un nuevo poder, que se impusiera polÃtica y simbólicamente como una referencia para el territorio al ser construido sobre el consenso y no sobre la exclusión. El Municipio Autónomo representa una institución que, al menos en sus intenciones, gobierna para todos los que están en el territorio, sin importar su militancia polÃtica (en un principio, integraban el Municipio comunidades del MULT-I y algunas inconformes de UBISORT, y habÃa un proceso de dialogo con las bases del MULT). Este poder "alternativo" que construyen las autonomÃas se basa en el consenso, porque quien lo ejerce son las asambleas -comunitarias o municipales -: espacios colectivos de discusión y tomas de decisiones, donde las diferencias son respetadas en los acuerdos que de ellas emergen.
Como comenta Jorge Albino, esta nueva forma organizativa se pensó en oposición a la que prevalece en la región: organizaciones polÃticas que, de una u otra forma, dependen de los partidos[8]. UBISORT es una organización de directa filiación priista; por su lado, después de una larga temporada de lucha social, también el MULT optó por la lógica partidista. Este punto merece un esclarecimiento, ya que es fundamental para posicionar el planteamiento autonómico triqui al interno del movimiento indÃgena mexicano. El debate sobre las formas que deberÃa tener el estatuto de autonomÃa de los pueblos indÃgenas tiene ya varÃas décadas; en México, alcanzó su culmine durante los Diálogos de San Andrés. En ese espacio, se manifestaron dos posiciones: por un lado, los que entendÃan la autonomÃa como un cuarto piso de gobierno que habÃa que establecerse al interno de la estructura administrativa del Estado, lo que implicaba la lucha por conseguir espacios de representació n indÃgena en las instituciones polÃticas, legislativas y de gobierno. Por otro lado, los que concebÃan la autonomÃa como una práctica cotidiana, que tiene sus raÃces en las comunidades, y afirmaban la imposibilidad de establecer un modelo único para su implementació n. El EZLN, junto con varias representaciones indÃgenas (muchas de ellas oaxaqueñas), sostuvieron esta segunda posición, que a la postre resultó en la práctica de la "autonomÃa sin pedir permiso", respuesta obligada a la ceguera del Estado mexicano frente a la demanda de reconocimiento de los derechos colectivos de los pueblos.
Por su parte, otras organizaciones optaron por la vÃa institucional hacia la autonomÃa, logrando por ejemplo diputaciones indÃgenas a nivel estatal y federal. En esta coyuntura podemos insertar la decisión de los dirigentes del MULT -ya entrados en confianza con el gobierno priista del estado de Oaxaca que los apoyaba generosamente con "proyectos"- de "dar la lucha desde arriba", y fundar el Partido de Unidad Popular (según ellos, "el primer partido indÃgena" del paÃs). Instituido en 2003, apenas a tiempo para poder participar a las elecciones en 2004, el PUP tuvo como resultado más evidente la victoria de Ulises Ruiz para el gobierno del estado, restándole un pequeño pero significativo porcentaje de votos al candidato de la izquierda, según sostiene ParÃs Pombo.[9]
AutonomÃa y recursos
No obstante reivindique una autonomÃa que se inspira en las Juntas de Buen Gobierno zapatistas[10], el Municipio Autónomo de San Juan Copala no plantea, como aquellas, una ruptura completa con las instituciones del Estado.
Afirmó el primer presidente municipal autónomo, José RamÃrez: "acordamos en una asamblea que no es necesario reconocer legalmente el municipio, es nuestro municipio, nuestra autoridad, y basta con que nosotros lo reconozcamos, no el gobierno del estado. Pero también dice el Consejo que tenemos que exigir los recursos del estado para las comunidades porque son nuestros".[11] Una de las demandas principales del Municipio Autónomo es poder obtener los recursos públicos destinados a las comunidades (Ramo 28 y 33); denuncian que dichos recursos, que las cabeceras municipales deberÃan canalizar hacia las comunidades, nunca les han llegado. AsÃ, reivindican la gestión de estos apoyos y la posibilidad de usarlos para desarrollar proyectos de corte autonómico: "anteriormente el gobierno es el que decide que va a hacer en cada comunidad. Ahora creemos que se deben hacer consultas en las comunidades y asà decidir los proyectos que se realicen, según la iniciativa de la gente; la tarea de las autoridades es hacer cumplir estas decisiones"[12].
4. Logros y avances del Municipio Autónomo de Copala
Sin embrago, los logros más importantes que ha tenido el Municipio Autónomo en los primeros dos años de existencia, no se han realizado con los recursos públicos. [13]
Entre los elementos que concretamente representan la autonomÃa para Copala está la constitución de la policÃa comunitaria, inspirada en la conocida experiencia guerrerense. Para Copala, instaurar una forma de seguridad propia, controlada por la autoridad autónoma y la asamblea, representaba una necesaria respuesta a la situación de violencia provocada por las varias facciones armadas. La seguridad y la resolución de conflictos son la base de cualquier intento de organización autónoma. Garantizar la seguridad de los propios pueblos, marcar un alto a la violencia, significa restituir la libertad a los individuos y a la colectividad. Una vez que hayan reconstituido las relaciones de convivencia y la confianza, los pueblos pueden edificar su futuro. Pero todo esto no es posible mientras los pueblos estén amenazados en su cotidianidad por la violencia y el miedo que los inmovilizan.
Otro elemento clave de la autonomÃa triqui es el proceso de rescate de las formas indÃgenas de organización y gobierno. El presidente y su cabildo (suplente, secretario y alcalde) son nombrados por una asamblea general de todas las comunidades que participan en el proyecto, en la que participan figuras importantes de la estructura social triqui: los lÃderes naturales o principales, los mayordomos y los ancianos. Lo que destaca de esta tradición organizativa que se está recuperando es el carácter colectivo de la autoridad (Consejo), y la colegialidad en la toma de decisiones (asambleas). En los tres años de gobierno, el primer cabildo no ha gobernado solo: el Consejo de ancianos -dos por cada comunidad- lo acompañó diariamente en su trabajo, lo que confirió gran legitimidad y prestigio entre la población. En los primeros meses del 2010, otra asamblea general eligió el nuevo presidente, que hasta la fecha no ha podido desempeñar a cabalidad sus funciones por la situación de asedio en que vive actualmente el pueblo de Copala.
El tercer fundamental logro de la autonomÃa triqui ha sido recuperar la palabra y el derecho a la comunicación, instalando la Radio Comunitaria "La Voz que Rompe el Silencio", en la que se involucraron los jóvenes de las comunidades con el objetivo de dar a conocer los derechos indÃgenas y fortalecer una cultura de paz y dialogo. Lamentablemente, quienes no aceptan la idea de la pacificación de la región no dudaron en usar, una vez más, la violencia para callar La Voz: a los pocos meses de su instalación (7 de abril de 2008) dos jóvenes locutoras -Teresa y Felicitas- fueron asesinadas en una carretera de la región.
5. Resistir
Las autonomÃas son una práctica de resistencia, pero esto no ha significado para los pueblos estar inmóviles parando los golpes del sistema, sino un lento caminar hacia un destino propio: preservar, reconstituir y crear formas de gobierno y de resolución de los conflictos, formas de transmitir el conocimiento en la comunicación y la educación, formas de curarse, de festejar y de imaginar el mundo. Asimismo, los procesos de autonomÃa indÃgena participan en las luchas nacionales de resistencia y liberación, enriqueciendo con una visión propia los movimientos de transformació n social.
El desenlace del conflicto en Copala -conflicto que no involucra solamente las diferentes organizaciones triquis, sino el estado y los poderes fácticos que gobiernan en Oaxaca- puede ser un precedente determinante para otras experiencias que se encuentran igualmente en situaciones crÃticas. En este sentido, se pronuncia el mismo Municipio Autónomo:
"...quienes somos golpeados por el hecho de buscar un camino distinto, el deseo de vivir con tranquilidad y en armonÃa se nos condena a vivir falsamente un camino que no decidimos, se nos impone por grupos caciquiles y dirigentes traidores de su pueblo, paramilitares y malos gobiernos que comparten la visión de un estado autoritario, militar, terrorista y que hoy buscan de todas las maneras decir que estamos fuera de la legalidad, de la razón, para preparar el camino de la represión! ¡Una masacre!, que no solo es para el Municipio Autónomo de San Juan Cópala, sino para el pueblo de Oaxaca y de México, porque hoy Copala es emblemático para tod@s los que vemos una guerra donde confluyen todos los escenarios que preparan contra quienes lucha ye buscan justicia, esta es una Guerra de estado, abierta y dirigida sin ninguna moral, sin titubeos para desaparecernos..."[14]
Los primeros años del gobierno autónomo en San Juan Copala demostraron que sà se puede cambiar la realidad a partir de la propia historia, que sà se puede crear otras formas de convivencia, que, junto con otras luchas, sà se puede...
Ahora, es el momento de defendernos a todos.
[1] Como lo demostraron en ocasión de las dos Caravanas de Solidaridad, realizadas en abril -en la que fueron asesinadas dos personas por los paramilitares- y en junio de 2010. Con respecto a esas iniciativas, las autoridades estatales se empeñaron en fortalecer esta visión de violencia irremediable, afirmar que no hay las condiciones para realizar acciones de respaldo al Municipio Autónomo, dando a entender que el estado nada puede con la fuerza paramilitar. Por otro lado, es evidente que este argumento encubre si no una complicidad con estos grupos, seguramente una actitud de desinterés hacia un "conflicto interno a la etnia" (o sea, que se maten entre ellos).
[2] Cuyas cabeceras corresponden a los centros ceremoniales, Copala e Chicahuaxtla.
[3] Cuales el del aprovechamiento del RÃo Balsas.
[4] Declaración del MASJC, enero 2007.
[5] Un estudio detallado y profundo se encuentra en San Juan Copala: dominación polÃtica y resistencia popular, de Francisco López Bárcenas, publicado en 2009 por la UAM-X y accesible en formato pdf en este sitio.
[6] Centro ceremonial, polÃtico y religioso que aglutina a las comunidades (o barrios) triquis.
[7] Entrevista personal, septiembre 2008.
[8]Comunicado del Municipio Autónomo, 28 de mayo del 2010, en http://autonomiaenc opala. wordpress.com.
[9]MarÃa Dolores ParÃs Pombo, "Prologo", en F. López Bárcenas, San Juan Copala: dominación polÃtica y resistencia popular, UAM-X, 2009, p.16.
[10] Comunicado del Municipio Autónomo "que no se pudo leer en Copala", 8 de junio de 2010, en http://autonomiaenc opala. wordpress.com.
[11] Entrevista personal, enero 2008.
[12] Ibid.
[13] Un listado de todas las acciones emprendidas por el Municipio Autónomo se encuentra en http:// municipioautonomode sanjuancopa la.wordpress. com/logros- y- avances-2/
[14] Idem.
