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9 Septiembre 2010

Brasil: entrevista a JOAO PEDRO STEDILE del Movimiento de Trabajadores Rurales sin Tierra

6/09/2010     http://www.prensadefrente.org/pdfb2/index.php/a/2010/09/06/p5907


ENTREVISTA A JOAO PEDRO STEDILE
"Serra representa la burguesía y la vuelta del neoliberalismo"

Nilton Viana, Brasil de Fato.-Para el integrante de la dirección nacional del Movimiento de Trabajadores Rurales sin Tierra, la victoria de Dilma permitirá un escenario y correlación de fuerzas más favorables al avance de conquistas sociales, inclusive de cambios en la política agraria. La candidatura de José Serra representa el núcleo central de los intereses de la burguesía y el regreso al neoliberalismo. Esta es la afirmación de João Pedro Stedile. En su primera entrevista a Brasil de Fato, el dirigente nacional del MST y de Vía Campesina constata que, en el actual escenario electoral, las candidaturas no están debatiendo programas, proyectos para la sociedad. Pero, según él, ellas representan claramente intereses diversos de fuerzas sociales organizadas.

En ese sentido, Stedile afirma que Serra representa los intereses de la burguesía internacional, de la burguesía financiera, de los industrias de San Pablo, del latifundio atrasado, con Katia Abreu de coordinadora de finanzas y sectores del agronegocio de etanol. Frente a ese escenario, defiende que, "como militantes sociales, y como movimientos sociales, tenemos la obligación política de derrotar la candidatura de Serra".

Brasil de Fato- Con la implementación del modelo neoliberal, los bancos y el capital financiero aumentaron sus ganancias y pasaron a dirigir la economía de Brasil, que se sustenta en la política de intereses altos, meta de inflación, ahorro fiscal y política de exportaciones. ¿Cuáles son las consecuencias de ese modelo?

João Pedro Stedile - Estamos viviendo la etapa del capitalismo que se internacionalizó, dominó toda la economía mundial sobre la hegemonía del capital financiero y de las grandes corporaciones que actúan a nivel internacional. El mundo está dominado por 500 grandes empresas internacionalizadas, que controlan el 52% del PIB mundial y dan empleo para apenas 8% de la clase trabajadora. Las consecuencias a nivel mundial son un desastre, ya que toda la población y los gobiernos nacionales precisan estar subordinados a esos intereses. Y no respetan más nada, para poder aumentar y mantener sus tasas de ganancia. Sus métodos van desde la apropiación de las riquezas naturales a la deflagración de conflictos bélicos para mantener las fuentes energéticas y el control del Estado, para apropiarse de la plusvalía social o de la economía colectiva a través de los intereses que los Estados pagan a los bancos. En Brasil, la lógica es la misma. Con el agravante de que siendo una economía
grande y dependiente del capital extranjero, aquí el proceso de concentración de capital y de riqueza es todavía mayor. Esta es la razón estructural del por qué -a pesar de ser la octava economía mundial en volumen de riquezas- estamos en el 72º lugar en las condiciones medias de vida de la población y somos la cuarta peor sociedad del mundo en desigualdad social. Por lo tanto, esa fase del capitalismo, en vez de desempeñar un papel progresista en el desarrollo de las fuerzas productivas y sociales, como fue en la etapa del capitalismo industrial, ahora los niveles de concentración y desigualdad solamente agravan los problemas sociales.

- Aún con la elección de gobiernos progresistas, el Estado brasilero mantiene su carácter antipopular, sin la realizaración de cambios más profundos que resuelvan los problemas estruturales del país. ¿Cómo evalúa la democracia y el Estado en Brasil?

-Primero, hay una lógica natural del funcionamento de la acumulación y exploración del capital que sobrepone a los gobiernos y las leyes. Segundo, en el período neoliberal, lo que el capital hizo fue justamente eso, privatizar el Estado. O sea, la burguesía transformó el Estado en su rehén, para que funcione apenas en función de los intereses económicos. Y quitó al Estado de las áreas de políticas públicas de servicios que sirven a toda la población, como educación, salud, transporte público, vivienda, etc. Por ejemplo, tenemos 16 millones de analfabetos. Alfabetizarlos costaría como máximo unos 10 billones de reales. Parece mucho -el Estado, con todo su aparato jurídico impide invertir ese dinero-, pero eso representa dos semanas de pago de intereses que el Estado hace a los bancos. Construimos viaductos y entradas en semanas, pero ¿para resolver el déficit de viviendas populares es imposible? Tenemos todavía 10 millones de viviendas que faltan para el pueblo.

Por último, la sociedad brasilera no es democrática. Nosotros nos engañamos con las libertades democráticas de manifestación, que conquistamos contra la dictadura, que fueron importantes. Pero la verdadera democracia es garantizar a cada uno de los ciudadanos derechos y oportunidades iguales, de trabajo, de tierra, educación, vivienda y cultura. Por eso, aún cuando elegimos gobiernos con propuestas progresistas, no tienen fuerza suficiente para alterar las leyes del mercado y de la naturaleza del Estado burgués.

En la política internacional, el gobierno Lula invirtió en la relación con países del hemisferio Sur, con el fortalecimiento del Mercosur y Unasur. ¿Cuál es su evaluación de esa política y cuáles son sus límites?

-El gobierno Lula llevó adelante una política externa progresista en el ámbito de las relaciones políticas de Estado. Y una política de los intereses de las empresas brasileras, en sus aspectos económicos. Comparado a las políticas neoliberales de Fernando Henrique Cardoso, que eran totalmente subordinadas a los intereses del imperialismo, esto es un avance enorme, pues tuvimos una política soberana. En la política, se fortalecieron los lazos con gobiernos latinoamericanos y de ahí nació la Unasur para América del Sur, y la Comunidad de los Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC)) para todo el continente, excluyéndose a los Estados Unidos y Canadá. Esos doss organismos representan el fin de la OEA. En la economía se fortalecieron lazos económicos con países del sur. Pero todavía precisamos avanzar más en la construcción de una integración continental que sea de interese de los pueblos, y no apenas de las empresas brasileras, mexicanas y argentinas. Una integración popular latinoamericana en el ámbito de la economía será el fortalecimiento del Banco del Sur, para sustituir al FMI. El banco del ALBA, para sustituir el Banco Mundial. Y la construcción de una moneda única latinoamericana, como está propuesta por el ALBA, a través del sucre, para salir de la dependencia del dólar. Si queremos independencia y soberania económica en las relaciones internacionales y latinoamericanas, es fundamental colocar nuestras energías para derrotar el dólar. El dólar fue fruto de la victoria estadounidense en la segunda guerra mundial y ha sido, en todas estas décadas, el principal mecanismo de expoliación de todos los pueblos del mundo.

En un aspecto más amplio, el presidente Lula tiene razón: las Naciones Unidas no representan los intereses de los pueblos y por eso es una tontería que Brasil sueño con tener la presidencia. Lo que precisamos es construir nuevos y más representativos organismos internacionales. Pero eso no depende de propuestas o voluntad política. Depende de una nueva correlación de fuerzas mundial, en la que los gobiernos progresistas sean mayoria. Y hoy no lo son.

El sistema de televisión y radio es extremadamente concentrado en Brasil, en comparación con otros países de América Latina. ¿Cuáles son las consecuencias de eso para la lucha política?

Durante el siglo 20, hegemonizado por la democracia republicana y por el capitalismo industrial que produjo una sociedad de clases bien definida, la reproducción ideológica de la burguesía se daba por los partidos políticos, por las iglesias y por los sindicatos y asociaciones de clase. Hoy, en la fase del capitalismo internacionalizado y financiero, la reproducción de la ideologia dominante se da por los medios de comunicación, en especial redes de televisión y las agencias internacionales de noticias. La burguesia descartó los otros instrumentos y prioriza estos, de los que además tiene un control total. Por eso, en Brasil, en América Latina y en todo el mundo, los medios de comunicación están bajo el control absoluto de las burguesías. Y ellas lo usan como reproducción ideológica, como fuente de ganar dinero y como manipulación política. Y como sus patrones están internacionalizados, sus pautas y agendas están también centralizadas. Por eso, la construcción de un regimen político más democrático, incluso en los marcos del capitalismo, depende fundamentalmente de la democratización de los medios de comunicación. Eso es fundamental para garantizar el derecho al acceso a la información honesta e impedir la manipulación de las masas. Y los gobiernos deberían comenzar eliminando la publicidad estatal, en cualquier nivel, en cualquier medio de comunicación. Es una verguenza lo que se gasta en publicidad oficial. En Paraná, para tener una idea, en ocho años de gobierno Lerner [1995-2002], el Estado pagó más de un billón en publicidad para dos o tres grupos de comunicación.

-Las grandes ciudades brasileras enfrentan problemas como falta de vivienda, escuelas, hospitales además de problemas de violencia. ¿Cómo analiza la cuestión urbana?

-La mayor parte de la población se concentra en las grandes ciudades, y ahí están concentrados también los pobres y los mayores problemas resultantes de ese modelo capitalista, y de un Estado que actua solamente en favor de los ricos. Los pobres de las grandes ciudades se amontonan en las periferias, no tienen derecho a vivienda, escuela, transporte público decente, trabajo. En ese contexto es evidente que el sistema genera un ambiente propicio para el narcotráfico, para la violencia social.

-Y el Estado, ¿Qué ha hecho a través de los diferentes gobiernos?

-La única respuesta ha sido la represión. Más policía, más violencia oficial, más cárceles. Las cárceles están llenas de pobres, jóvenes, mulatos o negros. Hya una situación insostenible de tragedia social. Todos los días vemos los absurdos de desigualdad social, del descanso del Estado y de la avidez del capital. Las estadísticas son terroríficas: 40 mil asesinatos por año en las grandes ciudades, la mayoría por la policía. Por eso los movimientos sociales apoyaron la campaña de desarmamento. Pero la fuerza de las empresas bélicas financió campañas, etc., y el pueblo cayó en la ilusión de que el problema de la violencia urbana se resolvería teniendo derechos a tener un arma. Entiendo que la pobreza y la desigualdad en las grandes ciudades brasileras es un problema social, de los más graves que tenemos. Infelizmente ningún candidato está debatiendo el tema, ni áun cuando el debate es para prometer seguridad. ¿Seguridad para quién? Las familias precisan seguridad de trabajo, escuela para los hijos.

En las elecciones presidenciales, el cuadro presenta dos candidaturas que polarizan la disputa, mientras las otras no demuestras fuerzas para cambiar esa situación. En esa coyuntura, ¿Quién abre mejores perspectivas para la clase trabajadora y para la reforma agraria?

-Las candidaturas no están debatiendo programas, proyectos para la sociedad. Pero las candidaturas representan claramente intereses diversos de fuerzas sociales organizadas. Serra representa los intereses de la burguesía internacional, de la burguesía financiera, de los industriales de San Pablo, del latifundio atrasado, con su Katia Abreu de coordinadora de finanzas, y sectores del agronegocio de etanol. Dilma representa sectores de la burguesía brasilera que resolvieron aliarse con Lula, la clase media más consciente y prácticamente todas las fuerzas de la clase trabajadora organizada. Vean que, a pesar de toda la popularidad de Lula, en esa campaña Dilma reunió más fuerzas de la clase trabajadora de lo que se logró en la elección de 2006. La candidatura de Marina representa apenas sectores ambientalistas y de clase media de los grandes centros y por eso su potencial electoral no sube. Y hay tres candidaturas de partidos de izquierda, con compañeros de biografia respetada de compromiso con el pueblo, pero que no consiguen aglutinar fuerzas sociales a su alrededor, y por eso, el peso eletoral será pequeño. En ese escenario, nosotros vemos que la victoria de Dilma permitirá un escenario y correlación de fuerzas más favorable para avanzar en conquistas sociales, inclusive en cambios en la política agrícola y agraria. Y evidentemente en ese escenario incluimos la posibilidad de un ambiente propício para mayor movilización social de la clase trabajadora como un todo, para la obtención de conquistas. Como militantes sociales, y como movimientos sociales, tenemos la obligación política de derrotar la candidatura Serra, que representa el núcleo central de los intereses de la burguesía y el regreso al neoliberalismo.

-El MST presentó una evaluación de que la lucha electoral no es suficiente para la realización de los cambios sociales. Por otro lado, analiza que es un momento importante en el debate político. ¿Cómo va a actuar el MST en las próximas elecciones?

-La izquierda brasilera, los movimientos sociales y políticos todavía están aturdidos con la derrota político-ideológica-electoral que sufrimos en 1989. Eso llevó a muchas confusiones y también a algunos desvíos de sectores de clase. Vivimos un período de la historia de lucha de clases de nuestro país en que la estrategia para conseguir acumular fuerzas para los cambios sociales es la combinación de la lucha institucional con la lucha social. En la lucha institucional,adoptamos la visión gramsciana en la cual los intereses de la clase trabajadora precisan disputar y tener hegemonia en la disputa de gobierno en los tres niveles: municipal, estadual y federal. Nuestros espacios de conocimiento, universidad, medios de comunicación. Nuestros sindicatos, iglesias y otras instituciones de la sociedad de clase. Y la lucha social son todas las formas de movilización de masa, que posibilitan el desarrollo de conciencia de clase, y la conquista de mejores condiciones de vida -sabiendo que ellas dependen de derrotar los intereses del capital. Pues bien, ¿qué sucedió en el último período? Parte de la izquierda y de la clase trabajadora priorizó la lucha institucional, la disputa apenas de gobiernos y menospreció la lucha social. Y parte de los movimientos sociales, desencantado con la crisis ideológica, desdeñó la lucha institucional, como si la lucha directa, de masas, fuese suficiente. Lucha social apenas, sin disputar proyecto político en la sociedad y sin disputar los rumbos institucionales del Estado, no consigue acumular para la clase. Pueden hasta eventualmente resolver problemas puntuales de la clase, pero no cambian la naturaleza estrutural de la sociedad. El MST entiende que debemos aglutinar, combinar, estimular las dos formas de lucha, de forma permanente. Para que con eso podamos acumular fuerzas, organizadas, de masa, de forma orgánica, que construya um proyecto político de la clase y al mismo tiempo cree condiciones para el auge del movimiento de masas, pues este es un período histórico en el que la clase tiene condiciones de ir a la ofensiva, de tomar inciativa política, de pautar sus temas para todo el pueblo. Por eso, claro que todo militante del MST, como ciudadano consciente, debe arremangar las mangas y ayudar a elegir los candidatos más progresistas en todos los niveles. Eso es una obligación de nuestro compromiso con la clase.

Para leer el resto de la entrevista, ingresar en la nota en Brasil de Fato.

Tags: brasil

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