Uruguay: La danza con lobitos camuflados, sigue...
EL ESPECTÁCULO DEBE CONTINUAR.
Para quienes se sorprenden de la conducta de algunos personajes que
han adquirido cierta fama sobre todo a partir de sus nada sutiles
exhortaciones a carnerear en el paro general del 7 de octubre, no está
demás hacer un par de referencias que nos muestran que en realidad de
novedoso y sorprendente no hay nada y que no se trata de cuánto han
cambiado estos ejemplares que se repiten con nombres distintos a lo
largo y lo ancho de la historia, sino de cuánto han sido capaces de
disfrazar durante décadas sus respectivas "consistencias" ideo-lógicas
y sus verdaderos "horizontes políticos" (léase, ambiciones
personales), más allá de gestos que el sentido común nos señala como loables.
En algún caso, es tan coherente y prolija la cronología de sus
carreras políticas (no exentas de riesgos, peligros y hasta lo que
concebimos como "heroicidades"), que lo que vemos ahora en la
superficie, desde cargos de jerarquía del gobierno "progresista", se
nos aparece claramente como la consecuencia natural o el "broche de
oro" del reconocimiento que tales personajes -casi en el ocaso de sus
vidas- hacen hacia quienes, a su vez, los han promovido a las altas
esferas de la cúpula político-partidaria gubernamental, como "premio",
digamos, precisamente a la consecuencia, la "lealtad" y la "contracción militante"...
DOS CASOS PARADIGMÁTICOS
Veamos brevemente dos casos paradigmáticos -Luis Romero y Fernando
Butazzoni- en la medida que cada uno de ellos se refiere a personajes
de extracciones sociales y hábitos de vida primigenios muy parecidos
(familias humildes y laboriosas, laburantes de toda la vida) y que,
por eso mismo, ilustran elocuentemente acerca de cómo ese mero dato de
la realidad -los orígenes de clase- no basta para garantizar
lealtades o deslealtades hacia la causa y los principios
revolucionarios: los individuos sueltos, inmersos en contextos
político-ideológicos laxos y debilitados por el burocratismo, el
"administrativismo" y el culto al individualismo dirigentil, terminan
actuando como lo que terminan siendo realmente: personajes
homogeneizados por su propio "ascenso" social privilegiado, que los
coloca en un plano común de expectativas de vida y conductas afines a
un mismo sentimiento de pertenencia a algo muy parecido a la casta de
"notables" o "elegidos" de viejas (y no tan viejas) civilizaciones
autoritarias y elitistas, aún sobrevivientes a pesar del camino
recorrido en la lucha de clases y a pesar de los meros discursos que
todavía se dan el lujo de mencionar "la justicia" y "la libertad",
mientras en los hechos, se las violenta.
"¡QUE EL MEDIADOR SEA FASANO, POR FAVOR!!!"
Las referencias que siguen son extraídas de una triste realidad vivida
hace poco menos de 20 años en un medio laboral que sigue siendo un
moderno presidio de súper-explotados, si nos atenemos a los últimos
hechos conocidos públicamente: el diario La República, la empresa REG
SA, copropiedad del Dr. Federico Fasano Mertens.
Si se hace memoria, se tendrá presente que dicho periódico surgió -en
1987- en conflicto con sus trabajadores gráficos, que no superaban el
medio centenar de operarios, prácticamente todos afiliados al
Sindicato de Artes Gráficas / PIT-CNT. El primer número se imprimió
luego de arrancarle a la patronal un compromiso firmado de respetar
la fuente de trabajo de media docena de compañeros del taller de
fotomecánica, que para hacer-lo cumplir, parcialmente, fueron
necesarias diversas y sostenidas medidas de lucha en condiciones muy
difíci-les, ya que en general el personal mayoritario propiamente de
prensa, permaneció "neutral", y Fasano agitó en todo momento el
fantasma de que los "antipluralistas" y "polpotistas", éramos una
ínfima minoría de su personal, confabulada para hacer fracasar su
proyecto de periodismo "amplio", "plural" y "libre"...
En procura de atenuar la confrontación directa, y muy desgastante, con
una patronal incansable en la persecución antisindical, en aquellos
momentos los gráficos acompañamos la iniciativa de recurrir a un grupo
de "personalidades" que intentaría, supuestamente, una mediación
fructífera. Nos animó, además, la propuesta de que uno de esos
mediadores, fuera Luis "El Moco" Romero, veterano dirigente entonces
del PIT-CNT, junto a un par más de integrantes de la Mesa
Representativa y un par de legisladores (uno, blanco; el otro,
colorado). La fe que le teníamos al "Moco" venía de su pasado de
fuerte militancia sindical en FUNSA y, también, de su estrecho y
comprometido involucramiento en la acción política ácrata previa a la
dictadura, que le valieron la persecución de los botones y otras
serias dificultades en su vida personal ulterior.
No exagero nada: tal fue nuestra sorpresa ante los planteos
conciliadores y humillantes de Romero respecto a cómo manejarse con
el infalible "Pingüino" Fasano, que muy pronto los gráficos empezamos
a bromear con que hubiera estado bueno invitarlo a Fasano mismo, en
lugar de Romero, a formar parte de la comisión mediadora, en la que
resultaron más "radicales" y "clasistas" los legisladores de los
partidos tradicionales, que "El Moco". Claro, desconocíamos sus
vínculos casi familiares, herencia de viejas y entrañables amistades
del exilio, con otro personaje "clave" de REG SA, también ex
militante y ex "ultra" de los dorados tiempos de la "lucha armada" y
la "acción directa" (el Sr. Néstor Molina).
Por supuesto que cuando decidimos pararle el carro al "Moco" y hacerle
ver en una buena, que la estaba cagando feamente, su reacción nada
autocrítica nos dejó ver, encima, que estaba totalmente jugado a los
frecuentes coloquios amistosos y por la libre con los "compañeros"
Fasano y su delfín Molina. Fue Romero el primero en desertar de una
comisión mediadora que en realidad no pudo mediar un carajo, y todo
siguió su curso "natural" de manoseo a los trabajadores, de
difamación y ridiculización de su organización, y, obviamente, de
obligadas medidas sindicales de fuerza. En última instancia, predominó
una estrategia "republicano-fasanesca" tendente a deshacerse de todo
aquel que tuviese el tupé de organizarse para defender sus derechos
laborales más elementales...
"El Moco" es hoy "nuestro" subsecretario en el Ministerio "de Trabajo
y Seguridad Social", el mismo Luis Romero que públicamente trata de
descalificar y ridiculizar la lucha sindical, diciendo cualquier
barbaridad ante el primer chupete mediático que le meten en las
narices, pretendiendo inducir a los trabajadores al desacato sin-dical
y al abandono de una honrosa dignidad obrera que al menos debería
existir en su subconciente de ex explotado y ex luchador.
DE NUEVO EN EL PRESIDIO MEDIÁTICO
Omitiendo el detalle de las vicisitudes de más de dos años en REG SA
desde la "muerte natural" de aquella comisión mediadora (luego hubo un
par más, también al santo cuete), llegamos al momento crucial de mayo
de 1989, que es cuando aparece en escena el otro per-sonaje
irremediablemente encariñado con el dúo Fasa-no-Molina desde el
inolvidable y prolongado exilio mexicano: Fernando Butazzoni...
Volante de medio campo en "La República", siempre listo para cualquier
pase, sin función laboral muy preci-sa aunque "medio jefe" en todo, en
teoría -sólo en teo-ría- formaba parte del plantel de periodistas de
la publi-cación, y nadie podía imaginar que atrás de su soberbia y
subestimación hacia el personal gráfico sindicalizado, hubiera un ex
guerrillero tupa, que había llegado a ser oficial del ejército
revolucionario que derrocó al somo-cismo en Nicaragua, apenas diez
años antes.
Sin ir jamás de frente, en ese estilo oblicuo, zigzagean-te y sin
carácter a que nos tienen acostumbrados algu-nos considerados
"intelectuales" de la farándula política reinante, fue responsable de
ir urdiendo -no solo, por supuesto- una infame trama anti Sindicato de
Artes Gráficas, que lo llevó incluso a hacer de rompehuelgas práctico,
obligadamente escrachado en un cuestionadí-simo volante que lo
señalaba como tal, junto a otras dos "celebridades" del llamado mundo
del "cuarto po-der". Ello, en medio de una huelga motivada por el
des-pido totalmente arbitrario de una de las más eficaces tipeadoras
del diario, la querida Charo (de esas que apenas tienen una falta
ortográfica cada dos mil pala-bras de copiado, simil moderno de los
fenomenales linotipistas de antaño), elegida por el clan pluralista
pa-ra provocar una huelga de 5 meses, a cuya finalización, y luego de
un millón de editoriales llenos de patología reaccionaria de lo más
jodida, el medio centenar de operarios gráficos fuimos despedidos
abusivamente ("despido abusivo", precisamen-te, es la figura jurídica
que laudó a favor de los trabajadores, que durante un año más
sobrevivimos cobrando nuestro despido mes a mes y evitándonos la
demencia prematura que supone trabajar en las condiciones de "La
República", ayer, anteayer y hoy).
Fernando Butazzoni, hoy, es el mismo Butazzoni ofi-cialmente al frente
del SODRE que se ocupó "sutilmen-te" de bombardear el paro del 7 en su
órbita de "acción cultural progresista".
EL MAYOR RESPONSABLE NO ES EL MÁS "DESBOCCADO"
Actualmente, la cobranza mayor por anti sindicalismo, llueve
lógicamente sobre el afamado y desboccado Julio Bocca, especímen
"cultural" que nos muestra que el amarillismo no es monopolio de
algunos "orientales ilustrados" que ya no bailan "por un sueño" que
aban-donaron, aunque sí se comportan como las divas y los divos de
Tinelli (pletóricos de triunfalismo y encandila-dos por las luces del
jet-set vernáculo, luces que en realidad apenas si iluminan las
sombras en que se con-virtieron de hecho, vaya uno a saber cuándo y
cómo, pero con toda seguridad mucho antes de este presente de claridad
que nos permite mostrarnos de una vez por todas tal como somos y tal
como fuimos más allá de las apariencias).
El magnífico paro del 7 de octubre de este bendito 2010, habrá tenido
función a lleno de la sala "Adela Reta" y todo lo que se quiera, pero
no sólo ni principal-mente gracias a los tubazos del genial danzarín
de mo-da aquí y en decadencia artística del otro lado del río.
Funcionó la carnereada cultural gracias fundamental-mente a los
esquiroles del gobierno, cuyo jerarca mayor calificó al paro como
"entretenido". Funcionó, en definitiva, un patético y diminuto
triunfalismo de pigmeos ideológicos que tendrán que conformarse con
mucha suerte -lo saben- con que los días de paro no pare "el sector
estratégico" de la economía nacional que es el ballet en un país en el
que conviene persuadir a nuestros hijos de que estudien danza, canto
o baile del caño, y trabajen gratis como pasantes los días de paro... y
que, entre danza y danza, se consigan algún bagayito pa ir tirando y
seguir alimentando la baja fenomenal del desempleo y la pobreza
crónica.
LA DANZA CON LOBITOS CAMUFLADOS, SIGUE...
Ya lo señaló Antonio Gramsci hace casi un siglo, tratando de explicar
la decadencia y la descomposición del viejo partido socialista
italiano, mientras crecía el ascendiente político del fascismo
organizado: decía que no se había conocido antes, unidad tan fuerte,
estrecha y mezquina, como la de aquel partido "de
izquierda" que terminó siendo un pequeñísimo "partido de los
funcionarios del Estado" (que no es lo mismo que la dignísima COFE que
hoy volantea, de nuevo, el doble discurso de los que han hecho pomada
sus orígenes de humildad y orgullo proletario).
No hay drama; el espectáculo debe continuar y continuará "a sala
llena", con tribunas afuera y tribunas adentro, y aplausos, muchos
aplausos y mucho fervor, ese fervor que no pierden los trabajadores
anteponien-do neciamente el amor propio y frívolo, al amor y la fé en
la causa y los principios de los oprimidos en pos de su emancipación y
su realización como auténticos seres humanos y no como bestias de
carga sometidas a latigazos, incluidos los latigazos "culturales".
Gabriel Carbajales
Montevideo, octubre del 2010
