Uruguay: El pasado. el presente y la conexión del "salvataje"
Hay una conexión lógica -dialéctica, políticamente hablando-, un hilo conductor firme y sostenido, una poco visible pero verdadera sintonía filosófica, entre el período de la dictadura fascista y este presente "progresista" nuestro.
Más allá de intencionalidades declarativas y motivaciones subjetivas diferentes entre los principales protagonistas "timón en mano" de aquellos y de estos tiempos, al menos los resultados concretos del accionar político institucional de entonces y de ahora, son los mismos: la preservación atenta y cuidadosa del sistema.
Muestran, además, una misma incomprensión de la realidad, el mismo idealismo infecundo que se traduce en a-historicismo crónico, contrario a lo que pretende ser caballito de batalla de este gobierno, al menos: el progreso, los cambios para avanzar, "las reformas históricas", etc., .Los porfiados hechos, después de todo, siguen siendo los que hablan mejor y enseñan:
EL "SALVATAJE" QUE NO CESA
1).- Nada ni nadie desde aquel y desde este oficialismo, ha puesto en tela de juicio al sistema capitalista.
Al contrario: ayer -como no podía ser de otro modo- por vía de la imposición directa y el amedrentamiento criminal; hoy indirectamente a través de un posibilismo derrotista y prácticas populistas de hecho demagógicas, reaccionarias y adormecedoras, la consagración del capitalismo expuesto como única alternativa de vida en sociedad, es sistemática y planificada.
La razón de ser del autoritarismo cívico-militar, ayer, y de la crema dirigente del progresismo, hoy, es igualmente la defensa regular del sistema y de los intereses de la clase dominante. En ambos casos, se gobierna obstaculizando cualquier posibilidad de cuestionar siquiera declarativamente al modo de producción capitalista y sus formas de dominio político-cultural, cada vez más reproductoras de ignorancia y domesticación y cada vez más directamente violatorias de la condición humana.
A lo sumo, hoy, hay únicamente "atrevimiento" oficial apenas para extrovertir "voluntad política" de propender a que los "daños colaterales" del sistema, sean lo "menos peores" posibles ("humanización" del capitalismo, "espíritu" de más "ecuánime"
redistribución de la riqueza, consideración con los más sumergidos, y todas las medidas "filantrópico-asistencialistas" naturales a esta visión conciliadora y tolerante de una realidad que la contradice a cada minuto, pese a lo cual, los voceros más activos del publicismo "progresista", tratan de insistir en la supuesta inevitabilidad del "capitalismo bueno" y en el supuesto carácter de utopía "hermosa pero irrealizable" del socialismo).
LOS FAVORECIDOS Y LOS PERJUDICADOS, LOS MISMOS DE SIEMPRE
2).- Consecuentemente, el rasgo dominante en ambos contextos es la profundización y consolidación de las nuevas formas de la dependencia económica, política y cultural del país, practicándose un neoliberalismo a ultranza y políticas sociales que perjudican cada día más al pueblo trabajador y favorecen aun más a los sectores locales más acomodados y a los grupos monopólicos de los cuales estos sectores son fieles e interesados servidores.
En el pasado dictatorial como en el presente "democrático", el modelo político-económico de capitalismo imperante, lo ahonda y reafirma en su naturaleza aberrante y a-histórica, y lo que ayer se impuso por las armas y el terrorismo de Estado más brutal, hoy sigue imponiéndose por vía de un democratismo estéril y caricaturizante, con aditamentos de terrorismo estatal más peligroso que el de los milicos, pues opera subliminalmente con mucho más fuerza y "mejores" y más duraderos efectos psicológicos que "por la vía armada" a la que el sistema no tiene ningún empacho en recurrir toda vez que le es necesario.
3).- Nada detuvo ayer, ni hoy tampoco, la concentración y multinacionalización monopólica del capital, siendo su expresión más clara la tenencia de la tierra en manos de pequeñísimos grupos económicos totalmente comprometidos con los intereses imperialistas.
Es más: las cifras actuales muestran un avance notable en este sentido, avance que es a la vez retroceso para los intereses populares nacionales
¿PUEBLO MOVILIZADO?... SÍ, PARA FESTEJAR
3).- No hubo en dictadura ni hay tampoco hoy, organización ni participación popular (no al menos significativas); es creciente la estigmatización generalizada -inducida desde el aparato propagandístico gubernamental y la industria mediática que le es funcional-, de toda protesta o demanda social organizada -aunque ni se mencionen las aspiraciones de cambios profundos-, especialmente la surgida desde el movimiento sindical, que hasta ahora es prácticamente la única sostenida y creciente, por más tibia que ella sea en general. Hoy, como ayer, desde el andamiaje burocrático estatal, la movilización popular es contenida; a lo sumo, el pueblo cuenta para soltar globos y alzar banderas festejando el resultado electoral o la performance celeste.
(Cabe señalar que aunque hoy, por supuesto, hay expresiones mínimas de lo que ha dado en llamarse intencionalidad revolucionaria organizada "admitida", son tan mínimas, que en los hechos no tienen peso político ni condicionan para nada la ejecución de la estrategia general pro sistema. Existen, en teoría, alrededor de unos cuarenta nucleamientos "radicales" de variadísimas vertientes, en su inmensa mayoría, mini-nucleamientos, que no representan ni medio millar de militantes ni, tampoco, es obvio, irradiación social hacia otros ámbitos distintos a los que se consideran "ámbitos de militancia" permanente u organizada tradicionales.
Más allá de las dificultades propias del espacio de proclamada intencionalidad revolucionaria, el progresismo, a semejanza de la dictadura, practica una constante política de escarnio, satanización y división neutralizadora, de cualquier conjunción político-social que postule la abolición del capitalismo y que señale su agotamiento. Comparte con el oficialismo cívico-militar, incluso, el "delirio" de calificar de violentistas y energúmenas estas intencionalidades que, hoy por hoy, no dejan de ser únicamente eso, intencionalidades -pensemos solamente esto: hasta sólo por "inteligencia" política, cabría esperar de gobiernos llamados progresistas, una cierta iniciativa "dialoguista" al menos con aquellos sectores que, supuestamente, comparten con estos gobiernos un mismo tronco común político-ideológico; un diálogo que, bien miradas las cosas y en nuestra atomizada situación actual, le resultaría potencialmente funcional a su misma estrategia de hecho de salvataje del sistema, debido a la escasez de consistencia ideológica que, desafortunadamente, nos aqueja en general, porque lo ideológico hay que educarlo, y que se traduce en poca capacidad refleja, incluso, como para asumir nuestra unificación elemental e impostergable, por más que toda la estantería se nos venga encima...).
(Obviamente que este punto de vista, corta grueso. Pero es como hay que cortar cuando tratamos de interpretar en serio lo que nos proponemos transformar en serio -incluida nuestra propia realidad "interna", ni qué hablar).
ESTÁ AGOTADO, PERO...
Volviendo a lo central: no es que se menosprecien aquellos datos que nos dicen que estamos ante motivaciones subjetivas distintas entre aquellos actores rosadito-verdosos de ayer y éstos rosadito-oxidados de hoy. Pero es cierto también que, a pesar de la voluntad de los individuos o grupos de individuos, sus acciones tienen proyecciones concretas -objetivas, medibles, reales, categóricas- muy semejantes en una misma perspectiva "salvadora" de relaciones sociales y bases económicas, que unos salieron a defender a lo bestia, hace cuatro décadas, y otros, un rato antes, a atacar a punta de fusil, postulando que la liberación nacional y el socialismo eran la única salida antagónica al capitalismo.
Los "cívico-militares" actuaron como militantes de la causa burguesa, reclaros en la convicción de que por más agotado que esté, el capitalismo sigue siendo defendible a como dé lugar; por si no tuvieran otras "razones", tenían -y tienen- la razón, miserable, pero elemental, de que este sistema, es su sistema, de él surgen los privilegios de que gozan; de él, surge el poder que ejercen, gobiernen directa o indirectamente, como lo hacen hoy cómodamente.
Los adalides del "progresismo" lo hacen a partir de la derrota ideológica esencial que los condujo a la conclusión de que la revolución y el socialismo, son un imposible. O sea, fueron permeados del "dato clave" de la ideología burguesa, que -razonablemente desde un punto de vista acorde a su propia situación material-, sostiene que la sociedad capitalista es el estadio superior e insuperable de organización social a que puede aspirar la especie humana después de haber pasado por el comunismo primitivo, el esclavismo y el feudalismo.
DEFIENDEN LO "INSUPERABLE
No importa lo que nos muestre la realidad; no importa ver cómo al sistema, acogotado por la imposibilidad material de reproducir capital y lucro, sólo le va quedando la prepotencia y el genocidio para someter mercados y saquear naciones y pueblos enteros, creando alocados consumismos que durarán lo que dura un lirio, mientras el hambre mundial nos coloca en peores condiciones que el esclavismo mismo. Sí o sí, la clase dominante está "moral y filosóficamente"
obligada a sostener esta pretensión falaz de cosa perfecta y eterna contra viento y marea, aún en su agónica, estéril y criminal sobrevivencia.
No es que todas las corrientes autoproclamadas "progresistas" sufran el mismo grado de permeabilidad ideológica, ni tampoco que en todos los casos prime una visión condicionada por el nuevo status social que hayan adquirido a partir del respaldo electoral convertido en cargos de gobierno; lo que sí es cierto es que todas coinciden en por lo menos la ausencia de rigor analítico elemental a la hora de pretender entender la realidad, que es la misma de hace cuarenta años, con creces.
Aún aquellas corrientes oficialistas que creen no haber perdido del todo la aspiración de alcanzar "un mundo mejor", o que han caído trágicamente en fabricaciones teóricas y estrategias políticas fantásticas propias del "ilustrísimo revolucionario" de auténtico cuño maquiavélico intelectualoide, comparten con las corrientes decidida y declaradamente claudicantes y renegadas, no solamente la miopía política a-histórica, contraria al progreso humano. Comparten también la subestimación de los "no ilustrados", que no son otros que los mismos obreros, estudiantes y amas de casa, que vienen votando por el "progresismo" desde hace 20 años.
La gente que, subestimada y ninguneada, sin embargo, comprenderá mucho antes que los miopes "bien intencionados", que el capitalismo, para hacerse mierda, no necesita de colaboracionismo agudizador de contradicciones -si es que existe esta categoría "militante"-, sino de pueblos enteros en pié de guerra, combatiendo al sistema frontalmente para ayudarle a caer a pedazos, para destrozarlo, en un proceso que para nada necesita de fantasmales estrategas de una revolución que sólo existe en las mentes afiebradas de los nuevos "socialistas utópicos", por no decir, los nuevos sofistas hijos de las insuperadas "desviaciones radicales" de antaño, que, básicamente, serían las que explican un re-torcimiento analítico entendible en literatos de la ciencia-ficción como Isaac Asimov, pero no en quienes se enojan cuando se los coloca en un plano de igualdad con los entreguistas lisos y llanos del presente.
RESPIRACIÓN BOCA A BOCA Y LAS GUAMPAS QUE ASOMAN
Lo que aquí se sostiene -para no aburrir más-, es que, así como la dictadura fascista, ayer, fue la válvula de escape para un sistema en crisis aguda especialmente en las zonas del capitalismo dependiente, hoy lo es -no solamente en Uruguay, sino prácticamente en todo el continente, con matices, por cierto- una alternativa de gestión política, que opera, además de válvula de escape, también como ilusorio "aire fresco" o re oxigenación del capitalismo, con el aval de las urnas, que, por ahora, reflejan un imaginario popular ganado por una lógica y renovada esperanza y por una prédica engañosa cuya "autoridad" se funda en un pasado digno al que el presente desmiente y, poco a poco, ridiculiza hasta terminar siendo, como lo será, la evidencia de que los oportunistas también son capaces de jugarse el pellejo en ciertas circunstancias especiales.
Un par de cositas para terminar, que tal vez debían haber sido el grueso de la nota:
Hoy empiezan a verse en la superficie las fisuras inevitables del aliancismo contemporizador progresista. Asoman como asoman en general las cuestiones ideológicas "de piel", así, de un saque y sin previo aviso. Más allá de lo teatral que también hay en el asunto, la ley de impunidad y las maniobras groseras pero eficaces del progresismo tratando de soslayar posibles sanciones internacionales, ha dejado ver quiénes y cómo son las culebras a las que Mujica decía había que abrazarse "para avanzar" por la senda encuentrista.
Aún tratando de contemplar todo el espectro polivalente del progresismo sin que se produzcan grietas, verseando al pueblo con "leyes interpretativas" y otras yerbas, pero a la vez enviando mensajes de tranquilidad a los milicos que sin mucho gré-gré, dicen Gregorio, la ambigüedad y la inoperancia -también funcionales al sistema- seguirán siendo la línea política del progresismo, tanto que hasta viejos y caducos culebrones inspiradores del "proceso cívico-militar" como Sanguinetti y Batlle, se dan el lujo de alardear de fervientes demócratas, junto al tal Rosales que debutó "militarmente" en plena tortura y desapariciones de los ´70.
No solamente "la derecha" no hace gastos y multiplica sus ganancias contantes y sonantes en su prostitución pro-imperialista, mientras se desgasta y deteriora "la fuerza progresista"; no desaprovecha cada bolada que le sirve en bandeja la alianza de culebras cariñosas del progresismo, para seguir dando cátedra en materia de fascismo disfrazado de respeto a la voluntad popular, con acompañamiento desde la misma alianza "para ganar" que en cierto modo fue posible, precisamente, hipotecando la lucha contra la ley de impunidad y hasta traicionándola, como hace un año.
Los conciliadores muestran que la conciliación es imposible y que, más temprano que tarde, la farsa llegará a su fin, dejándonos ver con total crudeza la gravedad del momento histórico y ubicando a cada cual del lado de la trinchera que haya elegido con sus propios hechos: del lado de la historia o del lado de los que tienen por qué luchar en su contra
LA OTRA CONEXIÓN, LA NUESTRA
La conexión lógico-dialéctica entre pasado y presente de la sobrevivencia capitalista y la contundencia de sus hechos, re-clama por lo menos un arrebato de humildad del lado de la conexión lógico-dialéctica de la resistencia popular al sistema, que también existe, para asumir sin más dilatorias el desafío moral revolucionario de poner todos nuestros esfuerzos individuales y colectivos, toda nuestra intención revolucionaria, toda nuestra voluntad, al servicio de la unidad más estrecha posible, relegando a segundos planos muy respetables autonomías y particularidades, que en el mejor de los casos sólo podrán cristalizar amplificando una conexión lógica de resistencia entre pasado y presente con los demás, sólo realizable como amplificación generosa y sin sectarismos entre los más diversos ámbitos de un movimiento popular que duerme, parece, pero que no está muerto, que despertará sin esperar a nadie y que acogerá en su seno a todas y todos los que hayan transformado la humildad en herramienta de entrelazamiento humano fresco y sincero y la unidad en arma de combate irreductible contra el enemigo común y su ya demasiado dilatada conexión lógica pro sistema.
Aún a riesgo de caer en lo obsesivo, no hay que dejar pasar ni una sola oportunidad en reiterar lo que la realidad día y no-che nos sigue demandando sin fatiga y sin dejarse ganar por el conformismo: cada segundo desperdiciado en subestimar la construcción conciente de la unidad, es también un pequeñísimo-gran tiempo que le estamos restando a la pelea y una (¿pequeña?) contribución objetiva a la defensa del sistema, cuyo agotamiento se hace meramente virtual sin la rectificación moral que significa asumir la unidad de los revolucionarios como condición básica para ser tales y no colocarnos de hecho en la misma situación de claudicación que cuestionamos en los responsables de proseguir el estúpido "salvataje" del capitalismo después de haber jurado y perjurado invocando la revolución y el socialismo.
Gabriel Carbajales
