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15 Enero 2011

Alternativas emergentes al sistema de dominación múltiple del capital...

Estudio de casos desde la realidad latinoamericana
Humberto Miranda Lorenzo

Más allá del impacto geopolítico y de la importancia real de procesos y personalidades, es necesario volcar más la atención, en cuanto a la emancipación humana, a lo que se está gestando en los márgenes de la dominación, a lo que está naciendo de las resistencias. El socialismo, el comunismo, la sociedad superadora del capital, saldrán de la ruptura total y dolorosa del patrón de producción y reproducción de la vida que impera y se reproduce hoy. Ruptura que está teniendo lugar en esos sectores al margen, en estado de exclusión de la lógica del capital.

Y no se habla aquí de lumpens, de sectores delincuenciales, de las mafias o los cárteles de la droga como los sectores sociales marginales capaces e interesados en la transformación del capitalismo. Esos son sectores perfectamente integrados y parte estructural del sistema. La violencia ciudadana es una herramienta de la dominación y una pieza clave en la llamada arquitectura financiera.

Se hace referencia a las grandes masas de campesinos despojados de sus tierras, de trabajadores desocupados y ocupados, obreros que han tomado fábricas en régimen autogestionario; de indígenas que han organizado comunas con un alto grado de autonomía, cada una con propuestas de formas de organización de la producción que buscan salir de los marcos de la dominación y de los patrones de funcionamiento del mercado capitalista.

A este tipo de experiencias de construcción de nuevas relaciones «desde abajo», está estrechamente ligada la lucha protagonizada por el EZLN [Ejército Zapatista de Liberación Nacional] en el sur de México, y la implantación de las Juntas del Buen Gobierno, las cuales, ante todo, tienen el valor de ser el resultado de un proceso profundamente participativo, casi inédito, en tiempos y en una región caracterizados por el asistencialismo político y estatal, y el verticalismo en las relaciones de poder.

El alzamiento zapatista ocurrió en 1994, y no fue hasta el año 2003 que se establecen estos mecanismos de gobierno local después de un largo proceso de consultas y asambleas en las comunidades, de donde emergieron las propuestas de cómo organizarse. Debe recordarse que, incluso, el alzamiento del 1ro. de enero de 1994 tuvo lugar mediante el voto secreto y directo de todos y cada uno de los miembros del EZLN.

La realidad mexicana es atravesada por la corrupción como mal endémico. Numerosa bibliografía, materiales fílmicos y obras literarias han reflejado este hecho. El desarrollo del capitalismo en México ha estado signado por el desgobierno, la acumulación de riquezas en cada vez más reducidos sectores sociales (los últimos datos cifran en 22 las familias que concentran todo el poder económico y la riqueza de esa nación).

Ante esta realidad, el zapatismo se propuso una transformación radical de las relaciones sociales en las áreas controladas por dicho movimiento y surge así el programa de establecimiento de mecanismos alternativos de organización social.

Tras el fracaso de los primeros diálogos con el gobierno federal, en diciembre de 1994, el EZLN realiza una movilización política y militar (la Campaña Paz con Justicia y Libertad para los pueblos indios) en la cual los milicianos e insurgentes abandonaron sus posiciones en la selva y la montaña para ocupar los territorios habitados por las comunidades zapatistas. En ese momento se declaró la creación de los municipios autónomos, y se sentaron las bases para el autogobierno.

El EZLN comenzó un proceso de liberación de determinadas áreas en el estado de Chiapas y se dio paso a la creación, mediante proceso de consulta y participación popular, a los MAREZ (Municipios Autónomos Rebeldes Zapatistas). Los MAREZ conjugan la experiencia asociativa indígena (esencialmente maya) con el proceso vivido en casi diez años de lucha autónoma, entre 1994 y 2003, período en que se puede notar, junto a muchas otras, la influencia de las comunidades anarquistas españolas (catalanas y vascas) que proliferaron en los años 30 del pasado siglo.

A partir de ese momento comenzó un proceso de organización de las comunidades en lo que se ha denominado como los «caracoles», nombre dado por su modo de funcionamiento, que consiste en el establecimiento de gobiernos rotativos o giratorios, pero también transitorios, que se encargan de administrar dichas comunidades mientras aprenden la autogestión como forma de vida. El principio zapatista de «gobernar obedeciendo» no es más que la síntesis autogestiva de que el gobierno debe ser un servidor de los intereses de la población. Pero además del carácter rotativo de la administración en las Juntas del Buen Gobierno, se establece el principio de que los gobiernos sean por colaboración gratuitos, por apoyo baratos.

Son, hasta ahora, cinco caracoles en La Realidad, Morelia, La Garrucha, Roberto Barrios y Oventic. Cada uno de ellos ha adoptado un nombre que tiene que ver con el propósito que cada comunidad se ha trazado para la transformación social y expresan una apuesta de construcción cultural general que va desde la forma de producir, hasta el gobierno, la impartición de justicia, salud, educación, vivienda, trabajo, información y cultura, así como la alimentación, el comercio y el tránsito local.

Los representantes son nombrados por Asamblea General, pero si no cumplen con lo que les corresponde, pueden ser revocados por la misma Asamblea que de antemano ha establecido mecanismos de control de la gestión de sus representantes. En cada Junta funciona una Comisión de Vigilancia, igualmente rotativa y nombrada también en Asamblea. Funciona como «Oficialía de Partes» y tiene a su cargo obtener los datos de quienes desean presentar asuntos a la Junta, clasificar los tipos de problemas y pasar todo ello a la instancia adjunta de gobierno. La Comisión de Vigilancia también está presente en las reuniones para que la «Junta no se vaya por mal camino». Sin embargo, la vigilancia mayor sobre estos gobiernos regionales la ejercen las comunidades, fuente de poder y representación.

La organización de base son las comunidades indígenas zapatistas. En ellas se realizan asambleas de todos los «que ya tienen bueno su pensamiento » (doce-catorce años en adelante) que deliberan y deciden sobre todos los asuntos relativos a la vida comunitaria. En estas asambleas se designan diferentes personas y/o comisiones para diversos cargos, algunos de los cuales tienen que ver con la organización del autogobierno (hay también cargos para tareas internas, de carácter religioso u otros, que se circunscriben al ámbito local). Es a partir de la coalición de comunidades que se forman los municipios autónomos, principal expresión del proceso autonómico en Chiapas.

Según el Subcomandante Marcos, en la tercera parte de «Leer un video » (conjunto de siete escritos publicados por el periódico La Jornada, de México):

Las autoridades autónomas que se turnan para dirigir las JBG [Juntas de Buen Gobierno] se mantienen de sus necesidades personales, durante los días que despachan en los Caracoles, con aportaciones de los pueblos y con apoyo del EZLN. El promedio de gasto personal diario (sin contar lo del pasaje de su comunidad al Caracol y de regreso) de un miembro de la junta de La Garrucha, por ejemplo, es de menos de ocho pesos (en otros lados sube un poco más). En el caso de Oventic, es de cero pesos, porque las autoridades llevan sus tostadas, su fríjol y su café.1

Afirma Raúl Ornelas que:

En la misma dinámica que llevó a la creación de los municipios autónomos, las Juntas de Buen Gobierno representan un paso adelante en las posibilidades de coordinación e intercambio, tanto dentro del territorio zapatista, como en la relación con las «sociedades civiles». Las Juntas están concebidas como ventanas «para entrar y salir de las comunidades» y sus tareas están encaminadas en dos sentidos: potenciar la coordinación regional en las iniciativas de construcción de la autonomía y corregir los problemas que enfrenta el proceso autonómico.2

Entre los roles que asumen las Juntas del Buen Gobierno se encuentran:

  • Tratar de contrarrestar el desequilibrio en el desarrollo de los municipios autónomos y de las comunidades.
  • Mediar en los conflictos que pudieran presentarse entre municipios autónomos y entre estos y municipios gubernamentales.
  • Atender las denuncias contra los Consejos Autónomos por violaciones a los derechos humanos, protestas e inconformidades, investigar su veracidad, ordenar a los Consejos Autónomos Rebeldes Zapatistas la corrección de estos errores y vigilar su cumplimiento.
  • Vigilar la realización de proyectos y tareas comunitarias en los Municipios Autónomos Rebeldes Zapatistas, cuidar que se cumplan los tiempos y formas acordados por las comunidades, y promover el apoyo a proyectos comunitarios en los Municipios Autónomos Rebeldes Zapatistas.
  • Vigilar el cumplimiento de las leyes que, de común acuerdo con las comunidades, funcionen en los Municipios Rebeldes Zapatistas.
  • Atender y guiar a la sociedad civil nacional e internacional para visitar comunidades, llevar adelante proyectos productivos, instalar campamentos de paz, realizar investigaciones (que dejen beneficio a las comunidades) y cualquier actividad permitida en comunidades rebeldes.
  • De común acuerdo con el CCRI-CG del EZLN, promover y aprobar la participación de compañeros y compañeras de los Municipios Autónomos Rebeldes Zapatistas en actividades o eventos fuera de las comunidades rebeldes, y elegir y preparar a esos compañeros y compañeras.
  • Cuidar que en territorio rebelde zapatista el que mande, mande obedeciendo.

Como dato adicional, se puede señalar que la autonomía productiva ha permitido el autoabastecimiento y la ayuda solidaria a otras regiones y países, como el caso de Tabasco, posterior al desastre de las inundaciones, cuando las comunidades zapatistas fueron las primeras en enviar suministros a los lugares más pobres e inaccesibles, y con Cuba, con el envío de maíz y gasolina en el año 2006.

Un aspecto notable en cuanto a las formas de organización autonómicas del zapatismo, es la vocación de suprimir las separaciones que caracterizan a la dominación capitalista. A diferencia de los sistemas representativos impuestos a escala global por la cultura occidental, el «mandar obedeciendo» de las comunidades zapatistas combina la discusión colectiva con representaciones acotadas que hagan viable el autogobierno. Esta organización, denominada la «resistencia», no reifica los roles de la representación (los cargos son rotativos y no representan medios de avance económico) y trata con igual interés todos los aspectos de la vida comunitaria. Ni burócratas, ni guerreros, los representantes y los rebeldes zapatistas son, ante todo, campesinos ligados al trabajo de la tierra y a la vida de sus pueblos.

Las nuevas relaciones de producción que se van creando, generan un comportamiento que tiende a «naturalizar» la humildad, el sentido de pertenencia a un colectivo, comunidad, y no el ansia de protagonismo, el individualismo que promueve todo sistema estructurado de forma jerárquica, que conduce a que un individuo, o grupo de ellos, ejerza cualquier mecanismo de poder por encima del grupo o comuna que supuestamente representan.

El Subcomandante Marcos, en un texto de alto vuelo político y poético, propone una lectura de los significados de la organización en caracoles que se han dado en las comunidades zapatistas, en el territorio bajo su gobierno en Chiapas.

Dicen aquí que los más antiguos dicen que otros más anteriores dijeron que los más primeros de estas tierras tenían aprecio por la figura del caracol. Dicen que dicen que decían que el caracol representa el entrarse al corazón, que así le decían los más primeros al conocimiento. Y dicen que dicen que decían que el caracol también representa el salir del corazón para andar el mundo, que así llamaron los primeros a la vida. Y no sólo, dicen que dicen que decían que con el caracol se llamaba al colectivo para que la palabra fuera de uno a otro y naciera el acuerdo. Y también dicen que dicen que decían que el caracol era ayuda para que el oído escuchara incluso la palabra más lejana. Eso dicen que dicen que de- cían. Yo no sé. Yo camino contigo de la mano y te muestro lo que ve mi oído y escucha mi mirada. Y veo y escucho un caracol, el «pu'y», como le dicen en lengua acá.3

Los caracoles son las estructuras «institucionales» que las comunidades zapatistas y el EZLN han asignado como sedes de las Juntas de Buen Gobierno. En cada uno existe:

[...] una modesta cabaña que sirve de oficina y de alojamiento para los miembros de la junta. En el mismo espacio, de modo general, se pueden encontrar una clínica (ya en algunos casos cuentan con quirófanos sencillos), una clínica dental, una escuela, espacios para los proyectos productivos (artesanía, agricultura, venta de comida y materiales audiovisuales; un terreno deportivo, casi siempre para basketball que sirve además, como pista de baile y auditorio al aire libre.4

Los caracoles ofician también como punto de contacto con lo que los zapatistas llaman las «sociedades civiles». Es ahí donde tienen lugar las reuniones con las Juntas de Buen Gobierno, se proponen proyectos de colaboración, la participación en las iniciativas de las comunidades zapatistas.

Dado el carácter específico que han asumido las luchas de clase en México y las dinámicas de relacionamiento que han tenido lugar entre las organizaciones y los movimientos sociales progresistas, el EZLN se ha propuesto una estrategia a largo plazo, la cual busca ir a «las raíces del mal», las relaciones sociales de producción capitalistas:

En el capitalismo hay unos que tienen dinero, o sea capital y fábricas y tiendas y campos y muchas cosas, y hay otros que no tienen nada, sino que sólo tienen su fuerza y su conocimiento para trabajar; y en el capitalismo mandan los que tienen el dinero y las cosas, y obedecen los que nomás tienen su capacidad de trabajo.

Y entonces el capitalismo quiere decir que hay unos pocos que tienen grandes riquezas, pero no es que se sacaron un premio, o que se encontraron un tesoro, o que heredaron de un pariente, sino que esas riquezas las obtienen de explotar el trabajo de muchos. O sea que el capitalismo se basa en la explotación de los trabajadores, que quiere decir que como que exprimen a los trabajadores y les sacan todo lo que pueden de ganancias. Esto se hace con injusticias porque al trabajador no le pagan cabal lo que es su trabajo, sino que apenas le dan un salario para que coma un poco y se descanse un tantito, y al otro día vuelta a trabajar en el explotadero, que sea en el campo o en la ciudad.

Y también el capitalismo hace su riqueza con despojo, o sea con robo, porque les quita a otros lo que ambiciona, por ejemplo tierras y riquezas naturales. O sea que el capitalismo es un sistema donde los robadores están libres y son admirados y puestos como ejemplo.

Y, además de explotar y despojar, el capitalismo reprime porque encarcela y mata a los que se rebelan contra la injusticia.5

En la Sexta Declaración, el EZLN (y aquí es posible la generalización dado el método de consulta permanente con las bases de todo cuanto va a llevar a cabo la dirección, aunque sigue siendo cuestionable la organización militar y la permanencia en sus puestos por tanto tiempo de los comandantes, las comandantas y el propio Subcomandante Marcos. De algún modo, resulta paradójico con la estructura rotativa y rotatoria de los caracoles) plantea de modo categórico el objetivo antisistémico de su lucha y del modo en que organiza la propuesta en los territorios zapatistas.

La Otra Campaña aparece como un nuevo comienzo donde el objetivo es la transformación social radical. Desde la perspectiva de la autonomía, la Sexta Declaración y La Otra Campaña, resultan de la constatación de que no hay espacio posible de construcción de una sociedad justa en el tipo de sociedad actual, en la cual el sistema político no es más que un aspecto de todo el sistema de dominación. «Por ello se plantea transformar el conjunto de las relaciones, tanto las que sujetan a las comunidades como aquellas que, desde el interior de colectividades y grupos, los gobiernan. Las apuestas zapatistas para los años por venir son: la autonomía, el autogobierno y la solidaridad entre los que resisten y luchan».6

Las nuevas propuestas zapatistas no se limitan a proponer una lucha anticapitalista sino que apuntan hacia la búsqueda de nuevas relaciones sociales. En esta perspectiva general, deben destacarse varios aspectos importantes planteados por el EZLN desde 2005.

En primer lugar, propone ensayar colectivamente nuevos caminos para la lucha social. La historia muestra la importancia crucial de la organización en las luchas antisistémicas, no solo para el combate sino, y principalmente, de la construcción de la nueva sociedad.

En este sentido es esencial su propuesta para establecer la autogestión como uno de los principales modos de pelear contra el capitalismo y de reorganizar la sociedad. En la misma dirección apunta el recurso a la idea de apoyo mutuo como forma de relacionarse «entre compañeros» al interior de La Otra Campaña. En el programa zapatista esta idea significa tanto el ensayo de nuevos caminos en la lucha, como críticas a la cultura de la izquierda, el positivismo, el marxismo ortodoxo y libresco que pudieran entorpecer la acción del propio EZLN.

Por otra parte, destaca la importancia que se asigna en la Sexta Declaración a la construcción del poder y la unidad de los de abajo. Resulta interesante el planteo de que «[...] al contacto con los otros sótanos y otros abajos la visión transformadora se enriquecerá y abarcará procesos menos visibles, más interiorizados en las subjetividades de los de abajo»,7 pues la articulación de las diversas luchas antisistemicas será una de las claves principales para el cambio civilizatorio. No ha dejado de tener vigencia la aseveración de Marx en cuanto a que el comunismo local sería tragado por las relaciones internacionales.

El socialismo es un proceso de «socialización», no solo a escala de un país, sino a escala planetaria. Y la articulación de los movimientos, redes y organizaciones sociales, así como de sus experiencias, será vital en la perspectiva emancipatoria. El horizonte de la transformación social no cambia, pero solo desde la unidad en la diversidad se podrá superar el capitalismo.

Lo que se intenta con La Otra Campaña es construir un tipo de sujeto que cuestione no sólo a los dominadores, sino también a los actores sociales que se definen como contestatarios del sistema y en los hechos se integran como agentes de la dominación, a veces mediante las políticas corporativas y la contrainsurgencia asistencialista, a veces reprimiendo brutalmente a la población o a las resistencias sociales. En el camino de la transformación, la creación de una base social plebeya, permitirá establecer nuevas relaciones con esos actores, tanto en términos de fuerza, como en construcción de alternativas al modo capitalista de organizar la sociedad.8

Sería aventurado hacer un pronóstico sobre la posibilidad de generalización de tales experiencias, sobre todo, a escala de la sociedad mexicana, particularmente en la actualidad, en medio de la situación política incierta en el país, el auge de la reacción, la derrota de la propuesta de López Obrador y el grado de aislamiento de La Otra Campaña.

Sin embargo, esta es una experiencia digna de atención, estudio y aplicación en la medida de lo posible. La dinámica de la lucha revolucionaria latinoamericana hoy ha centrado la atención en los procesos de Venezuela, Bolivia y Ecuador, dejando casi en silencio lo que sucede con los caracoles zapatistas. Un proceso de generalización de tales prácticas debe comenzar, necesariamente, por el conocimiento, el contacto, la divulgación y el debate crítico. Pero la inmediatez de la realidad y el cúmulo de acontecimientos parecen sacar del centro de la atención del pensamiento revolucionario experiencias de «largo plazo» como la zapatista, los «sin tierra» y otros múltiples movimientos que están teniendo lugar en nuestra región. El factor geopolítico y la confrontación con las oligarquías y en especial con el imperialismo estadounidense hacen pasar a un segundo plano estos análisis.

Ana Esther Ceceña sintetiza el impacto de las prácticas del zapatismo en el plano del pensamiento revolucionario mundial:

Más que ningún otro, el movimiento zapatista logró explicitar que la reconstrucción de la humanidad, destruida, fragmentada y degradada por el capitalismo y por el sistema de dominación, empiezan por la reconstrucción de su propio ser, social y cultural, en un proceso de negación de la negación como pauta libertadora. Mirar desde otro lado y de otra manera para percibir que la realidad es mucho más que dos polos opuestos en un mismo plano de inteligibilidad. Descubrir todos los planos de realidad, todas sus dimensiones, todas sus perspectivas, deja fluir todos «los mundos que en el mundo son» para construir el mundo en el que quepan todos.9

El caso del Movimiento de Trabajadores Sin Tierra (MST) brasileño está también en la línea de construcción social anticapitalista a largo plazo con avances evidentes. Afirma João A. Peschanski:

La lucha de los sin tierra se convirtió en un referente internacional, motivo de inspiración para movimientos campesinos en todo el mundo, por la dimensión y creatividad de su forma de actuación: con el objetivo declarado de luchar por la reforma agraria, organiza a 250 mil familias en ocupaciones de tierra dispersas por la mayor parte de los Estados del país, de acuerdo con datos de 2006.10

Debe señalarse que este es, también, un movimiento que va contracorriente en tanto gira en sentido contrario al desarrollo visto como urbanización, industrialización, nodos conglomerados poblacionales de concreto y asfalto interconectados por viales terrestres, ferrocarriles y líneas aéreas cada vez más costosas e inseguras.

De igual modo, es necesario expresar que no por agrupar la cantidad de personas pobres del campo y la ciudad y por su dinámica le es intrínseco un sello antisistémico ni todos y cada uno de sus integrantes poseen una conciencia clara del rumbo hacia el socialismo o la superación del capitalismo.

Luego del fracaso del Estado de Bienestar y del modelo de sustitución de importaciones que Brasil promovió en toda la región, se generó un proceso en reversa hacia el incremento de las exportaciones y a satisfacer las demandas de los mercados internacionales, lo cual llevaron a cabo los grandes latifundios, apoyados por los gobiernos militares en detrimento de los productos destinados al mercado interno. «Producían soya, mientras la población comía frijoles. Esto porque la producción se puso en función del pago de la deuda externa: era preciso exportarla para pagar, se sujetaron a los precios internacionales que venían bajando en las últimas décadas».11

Todo ello trajo consigo el mencionado proceso de «desruralización» y, como en el resto del continente, un gran número de campesinos y trabajadores agrícolas fueron despojados de sus tierras, parcelas y puestos de trabajo, lo que dio lugar a una gran concentración de la tierra y una gran concentración de masa de trabajadores que partieron a las ciudades en busca de empleo.

La concentración de la tierra en manos de latifundistas en Brasil ha alcanzado los más altos niveles en todo el hemisferio. La cantidad de campesinos y trabajadores rurales desocupados y desalojados es también de las más altas de la región. Esto trajo una paradoja cuya solución ha sido una propuesta de gran sencillez y profundidad al mismo tiempo. Los grandes latifundios poseen inmensas áreas de tierras cultivables sin uso productivo, luego, se genera un movimiento social que busca que las familias campesinas desposeídas y marginadas ocupen esas tierras ociosas y las pongan a producir.

* (Cuba, 1962). Investigador Agregado del Instituto de Filosofía, desde 1995 forma parte del Grupo América Latina, Filosofía Social y Axiología, Galfisa del Instituto de Filosofía, La Habana, Cuba. Miembro del Instituto Internacional para la Autogestión (International Institute for Selfmanagement, IIS), es también profesor adjunto del departamento de Ciencias Políticas del College of Charleston, Carolina del Sur.
** Este fragmento forma parte del proyecto de investigación Movimientos sociales y nuevos paradigmas emancipatorios en el siglo XXI. Diversidad, identidad y articulación en América Latina, del Grupo Galfisa.
1 Alejandra Rivera: «2003, los caracoles zapatistas», en .
2 Raúl Ornelas: «La construcción de las autonomías entre las comunidades zapatistas de Chiapas», en . [Ver también en VVAA: 68 francés, 40 mayos después, Ruth. Cuadernos de Pensamiento Crítico, no. 2, Editorial de Ciencias Sociales / Ruth Casa Editorial, La Habana, 2009, pp. 203-212, y en (n. de la R.).]
3 Subcomandante Insurgente Marcos: Chiapas: la treceava estela, sexta parte: «Un buen gobierno», julio de 2003, en .
4 Raúl Ornelas: Ob. cit. (en n. 2).
5 EZLN: "Sexta Declaración de la Selva Lacandona", junio de 2005, en .
6 R. Ornelas: Ob. cit. (en n. 2).
7 EZLN: Ob. cit. (en n. 5).
8 R. Ornelas: Ob. cit. (en n. 2).
9 Ana Esther Ceceña: Derivas del mundo en el que caben todos los mundos, Siglo XXI Editores / Clacso, México, 2008, p. 10.
10 Ivana Jinkings e João A. Peschanski: As utopias de Michael Löwy: reflexões sobre um marxista insubordinado, Boitempo, São Paulo, 2008, p. 1.
11 Ibíd., p. 5.

El planteamiento por sí solo ya entraña un enfrentamiento al sistema, en tanto cuestiona el régimen de propiedad (las tierras se acumulan y se heredan, siguiendo la lógica de la propiedad capitalista) y, por otra parte, el modo en que se plantea la explotación de esas tierras por parte de quienes las ocupan, comienza a cambiar las prácticas vigentes en la lógica del mercado capitalista. Primero, porque están dirigidas a la subsistencia. Segundo, ya se establecen las relaciones de producción con un alto grado de socialización, pues nadie puede alzarse con la propiedad de las tierras o los medios de producción, sino que todo el trabajo y su organización tiene una naturaleza colectiva.

No obstante, en la década de los 80, los líderes del movimiento deciden promover un proceso de colectivización de la producción en las ocupaciones, con el concepto de combatir de este modo la lógica de producción capitalista, y crearon en la vida cotidiana relaciones que se apartaban del mercado y la competencia y que, por el contrario, generaran solidaridad y complementariedad entre los trabajadores. Pero el experimento fue fallido dada su introducción forzada. João Pedro Stedile, líder del movimiento, expresa que: «No funcionaron, porque, en primer lugar, el método es muy ortodoxo, muy rígido en su aplicación. En segundo término, porque no es un proceso, es muy estático».12

Los regímenes de prácticas vigentes en el movimiento por aquellos años no tenían una tendencia objetiva hacia una radicalización antisistémica. De ahí que corrieran la misma suerte, salvando las diferencias, que los falansterios de Fourrier. Era necesaria una construcción sin imposiciones, ni verticalismos. Era necesario que las prácticas de producción y reproducción de la vida, contestatarias al régimen del capital, emergieran en toda su diversidad, acompañadas de nuevas relaciones de poder y de una preparación acorde con ellas.

En términos de las relaciones de poder, el MST no escapó a la concentración de cargos y su no renovación. La coyuntura histórica que se presenta en la década de los 80 y la aplicación del estrategismo de izquierda trajeron consigo una concentración de cargos en pocas manos. Durante once años (entre 1988 y 1997), y teniendo en cuenta que las elecciones para los cargos de dirección ocurren cada dos años, un mismo grupo concentró la más importante cantera de cargos en la Dirección Nacional.

Año tras año, la renovación de los líderes fue baja, lo que indica una tendencia de poca apertura en la instancia. De las 38 personas que ocuparon un cargo en la Dirección en el período, 57,9 por ciento quedaron por más de dos años; 14,6 quedaron por seis y 15,8 por ocho y nueve años. Los cargos en esa instancia estuvieron poco abiertos para las mujeres: entre 1988 y 2005, de los 81 líderes que pasaron por la DN, solo 16 eran mujeres (20 por ciento).13

Y este es un fenómeno que continúa repitiéndose. La no renovación de los liderazgos sucede como si fuese una especie de «destino manifiesto » en las personas que asumen roles de dirección de los procesos sociales. Los líderes se forman en el fragor de determinadas luchas, pero las personas que asumen tales roles no «nacieron» con ese don, sino que se destacaron en sus actividades fundamentales a las que un día no pueden volver; las personas articuladas en una práctica consecuente se rotan en la asunción de dichas funciones.

La rotación permanente en las funciones de dirección y la vuelta a las bases y a las funciones que los líderes ejercían antes de ser tales, son vitales para la radicalización real de ese movimiento, que es el comunismo descrito por Marx y Engels en el Manifiesto Comunista, pues la comunidad, el poder común compartido y socializado desde las bases, son la fuente de autoridad en la perspectiva antisistémica real.

Si se observan las experiencias descritas hasta aquí (Bolivia, Ecuador, México, Brasil), si se observa la dinámica en procesos tan radicales como los de Venezuela y Cuba, se hace evidente la tendencia casi a cero de la movilidad social en el sector de dirección, tanto en los movimientos como en los procesos revolucionarios en el poder. Se genera un grupo que solo se dedica a dirigir, a decidir, a planear el futuro de los de abajo y llega el momento en que se pierden las conexiones. No por una «predestinación al mal» que sea inherente a la actividad humana, sino por la repetición de los patrones jerárquicos de dominación de las sociedades sustentadas en una lógica de producción y reproducción de la vida con arreglo a un principio individual, de la diferencia, de la dominación.

Continuando con el análisis de la evolución de la propuesta antisistémica del MST, hay un momento de gran importancia, en 1984, en el que se elaboró un texto programático resultado del Encuentro Nacional de Trabajadores Rurales Sin Tierra. En dicho texto se formulan los principios del MST, que son, a saber:

  • luchar por la reforma agraria;
  • luchar por una sociedad justa, fraterna y acabar con el capitalismo;
  • integrar a la categoría de los sin tierra a los trabajadores rurales, arrendatarios, parcelarios, pequeños propietarios, etcétera, y

• la tierra para quien la trabaja y de ella precisa para vivir.14

En el mismo encuentro el movimiento adopta la lucha contra «la política económica latifundista y agrícola como un retorno tan solo a la explotación en beneficio del capital nacional y extranjero»15 y proponen la asunción de su posición actual de autonomía política.

En ese momento comienza a tener lugar una contradicción en la medida en que los dos primeros principios, enunciados en el documento programático, tienen un contenido anticapitalista y van dirigidos a la autonomía del movimiento. «Es más [señala Peschanski]: defienden que la tierra esté en manos de quien en ella trabaje por el sustento de la familia, sin destacar las necesidades del excedente para el mercado, contrario a la venta de trozos de lotes».16 Pues cuando esto ocurre los campesinos quedan como parias, vagabundos, al no tener las condiciones mínimas para hacer producir la tierra y conseguir por ella un equivalente aplicado como capital adelantado en la plantación de parte del área de menos precio. Sin embargo, la respuesta es proponer el aumento de la productividad, en una lógica de tipo capitalista, y al mismo tiempo utilizar la tierra como asalariados. «No cuestionan el mercado competitivo y establecen como objetivo central acabar con el capitalismo».17

De aquel documento hasta hoy se ha operado una transformación en las prácticas y en el planteamiento del MST. El enfrentamiento directo con los latifundistas y sus representantes en el gobierno, la depauperación y exclusión que trajo la sucesiva aplicación de las políticas de ajuste neoliberal con las administraciones de Collor de Melo y Cardoso, así como la agudización de los choques sociales que han provocado dos mandatos de Lula y el Partido dos Trabalhadores (PT), han hecho a los Sin Tierra moverse en el sentido de la búsqueda de espacios para el estímulo de una nueva situación política y los lazos de sociabilidad alternativos.

Un logro importante de las experiencias de los Sin Tierra, en medio de la complejidad cultural y política que atraviesa la realidad brasileña, ha sido mantenerse al margen, en la medida de lo posible, de la cultura dominante, teniendo en cuenta que se trata de un medio para conservar la dominación de los más pobres. Se parte de la no reproducción de los patrones de consumo, lo cual se aplica en los tres sectores clave, en el modo y el destino de la producción, en la organización política y en la formación de los cuadros y de los miembros de la organización.

Por otro lado, está teniendo lugar una tendencia a priorizar el desarrollo de comunidades, a nivel local, con un fuerte vínculo y articulación con las restantes. Ateniéndose al criterio de Gilmar Mauro, líder del movimiento, el desarrollo de alternativas frente al capitalismo debe priorizar la actuación en pequeñas localidades, descentralizar y generalizar los focos de resistencia y construcción de nuevas relaciones.

El poder local es poco discutido en las organizaciones políticas, por lo menos con la amplitud necesaria para las necesidades que tenemos. Normalmente ponemos la mirada en la macroeconomía y la macropolítica, olvidando que el sustento de todo esto está enraizado en lo local. Para que se tenga una idea de cómo la burguesía valora lo local, en el Congreso Nacional existen más de cuatro mil pedidos de concesiones para canales de televisión locales y ninguno para canales nacionales. La mayoría de los pedidos provienen de diputados y políticos regionales. ¿Por qué sucede esto? Porque toda la lógica de las polémicas políticas electorales, parlamentarias o de prefectos se da a nivel local y regional, inclusive, como puerta de entrada para las candidaturas a cargos más altos. Para ser elegidos es preciso dialogar con el sujeto que vive en la localidad.18

Debe reconocerse que la prioridad a las dinámicas locales, con el grado de articulación que se requiere entre ellas, deja abierta la puerta a la articulación de la diversidad y no a su homogeneización en un solo modelo productivo y reproductivo de la vida en todas sus esferas. Por otra parte, la vida cotidiana de las personas tiene un rol decisivo y muchas veces postergado en los proyectos anticapitalistas emprendidos en la historia.

El capital ha afianzado su lógica de funcionamiento mediante la naturalización de sus relaciones a nivel de la vida cotidiana, mediante la atomización diaria de los individuos a partir de la escala global del sistema. Las personas no se sienten cerca, no parecen necesitar del resto de sus congéneres para su sobrevivencia, por el contrario, en ese proyecto de triunfo global, cada individuo es un obstáculo en los propósitos de éxito del otro. La comunidad, en la lógica del capital, es un espacio de lucha por el acceso a los bienes de producción y consumo global, producidos por no se sabe quién, en no se sabe dónde.

En ese sentido, la idea del espacio local, que se da desde el surgimiento del MST, se caracteriza por el reconocimiento de que la transformación social ocurre a través de la movilización popular, por el contacto con el pueblo, entre el pueblo. Esta dinámica ha estado influenciada por la metodología de la Educación Popular, principalmente por la teoría de Paulo Freire, con el énfasis en el rescate y el fortalecimiento de la cultura popular, de las tradiciones y las experiencias locales, tratando de subvertir la hegemonía cultural del capital a partir de los procesos de la vida cotidiana de los sujetos, quienes se convierten en los agentes pedagógicos de su propia transformación.

El MST en su práctica organizativa trata de apartarse del vanguardismo político y de la jerarquización de la organización de la lucha. La política tiende a volverse un encuentro dialéctico entre el oprimido y el militante político.19 A través de metodologías y prácticas de horizontalidad, así como de la consulta, discusión y el consenso colectivo se va logrando un balance entre las propuestas de producción y reproducción de la vida, la organización política acorde con ellas y la educación y formación de quienes integran el proceso de cambios.

En términos del desafío educativo y formativo que tiene por delante la transformación social en una realidad como la brasileña, destacan la creación y el funcionamiento de alrededor de 2 000 escuelas públicas, con matrícula de 160 000 niños y niñas, han sido formados 4 000 educadores, todo ello en las ocupaciones contando desde 1984 hasta la fecha. El MST inauguró la escuela Florestán Fernandes, la «universidad de los sin tierra», para la formación técnica y política del movimiento.

El gran desafío para el movimiento, señala João Pedro Stedile, radica en que «[...] el MST tiene que luchar contra tres barreras: el latifundio, el capital y la ignorancia» y «no se trata solo en el sentido de alfabetizar a las personas, lo que es bastante sencillo, sino en el sentido de democratizar el conocimiento para un mayor número de personas».20 El objetivo es simultanear la socialización del conocimiento junto a la de la producción y el poder. Se persigue la formación de nuevos sujetos, se privilegia la dignidad en la formación de valores, conjuntamente con la producción y reproducción de una vida con dignidad, no dirigida al consumo irracional, a la generación de ganancias y a la diferenciación económica y, por consiguiente, política.

Los gérmenes sociales alternativos se encuentran también en el tipo de organización desarrollada por el MST en las ocupaciones. En 2004, 105 466 familias vivían en 1 649 asentamientos organizados por el movimiento; en 2005, había casi 700 campamentos con 124 240 familias ligadas al MST.21

Esas ocupaciones, formas de resistencia, son espacios privilegiados para la construcción de nuevas formas de convivencia social. En las comunidades creadas en el proceso de reivindicación de la reforma agraria, «el espacio interactivo es un continuo proceso de aprendizaje» y «un proceso de formación política generador de militancia que fortalece la organización social».22

Ese espacio de recreación de la convivencia social, vivenciado en las nuevas prácticas sociales, depende de la continua politización de la dinámica de las ocupaciones. Uno de los grandes desafíos del MST es motivar a los campesinos, tanto a aquellos que ya conquistaron la tierra por la cual lucharon, como a aquellos que se mantienen luchando por cambios sociales. Ese desafío se vuelve todavía más urgente en las discusiones sobre el modelo productivo de los asentamientos. Cada vez más, el movimiento desarrolla experiencias de agroecología.

En una de las cartillas de preparación del movimiento puede leerse:

[...] debemos estimular la práctica agrícola sin la utilización de insumos externos al rancho, sin la utilización de los agroquímicos. Con el tiempo debemos ajustar esta forma de producir, evitando gastar dinero con fertilizantes y venenos, con horas máquinas, buscando utilizar más y mejor la mano de obra disponible y desarrollando técnicas adaptadas a nuestra realidad, evitando intoxicarnos y contaminar la naturaleza. Debemos abrirnos a la creatividad de los compañeros, produciendo una nueva matriz tecnológica.23

La agroecología, entendida como el medio para afianzar la relación entre producción solidaria y compromiso ecológico, comienza a ser la tónica de gran parte de las ocupaciones modelo. Las ocupaciones del MST constituyen también un ejemplo para la sociedad. Son espacios en que en el cotidiano de vida, las personas conviven, aunque estén en una sociedad capitalista, de modo alternativo en tanto combinación de espacios de producción, politización y formación de nuevos sujetos.

Los asentamientos y campamentos [afirma Gilmar Mauro] no pueden ser vistos como entes aislados del municipio, sino como parte de la sociedad local. Es verdad que ellos tienen particularidades y, por eso, necesitan discutir, entre otras cosas, las políticas públicas específicas, incluyendo, las locales. [...] La cuestión es cómo organizamos a nuestra gente de base para poner en disputa esas políticas públicas específicas y cómo nos incluimos y ayudamos a la clase trabajadora local en la lucha por ellas y en la manera de organizarnos juntos para cambiar la realidad socioeconómica y cultural del municipio. [...] Debemos siempre estimular la incorporación del mayor número de personas en los espacios organizativos, en las variadas luchas, debates políticos y teóricos para que, además de la participación formal, tengamos una participación efectiva y de calidad y, con eso, formar el mayor número de cuadros no solo para el MST, sino para la lucha política de la clase trabajadora.24

Habría, de todos modos, determinadas reservas con respecto al planteamiento del MST como alternativa al capitalismo, en tanto existe todavía cierto defasaje entre el discurso y la práctica productiva y política. Aún en Brasil no puede hablarse de una coyuntura favorable en cuanto a la izquierda. De hecho, las perspectivas son difíciles, pues los dos períodos de Lula y el PT han implicado un retroceso en la radicalización de las luchas, se ha fortalecido el sector corporativo y no se vislumbra una continuidad de las posiciones de la izquierda en el gobierno. Lo cual, hasta cierto punto, ha encapsulado a la dirección del movimiento que ha dado su apoyo y puesto su capital político en la apuesta de Lula quien, a fin de cuentas, no ha profundizado la reforma agraria, y el programa «hambre cero» se convirtió en una quimera que disminuyó el prestigio del movimiento a escala nacional. El MST en estos momentos se reinventa a sí mismo y busca afianzar su autonomía política.

La construcción del socialismo sin tierra para por la ruptura con las formas institucionalizadas de hacer política. Para eso, hecho lo que para muchos parecía imposible -la nacionalización del movimiento campesino en Brasil- es necesario planear la lucha. Para eso, es necesario colocarse en un plano estratégico. Para eso hay que reconstruir la línea de la izquierda, traer el socialismo al debate actual, no como algo impuesto, como un concepto extemporáneo, sino como una dinámica de transformación y de resistencia al capitalismo. Sacar del foco la institucionalidad y estimular la lucha de clases.25

Hasta aquí se exponen un conjunto de experiencias que desafían la lógica de producción y reproducción de la vida del capital, aunque no pueda afirmarse que cada una por separado, o su articulación en el estado en que se encuentran en la actualidad, sean una alternativa concreta de cambio civilizatorio.

Pero en medio de todo, la diversidad de estas prácticas comienza a hacer firme la certeza de que no existe un solo camino para remontar el dominio del capital, que no existirán tareas postergables, y que si bien la autogestión y la diversidad no constituyen por sí mismas el cambio de sistema, dicha transformación social no podrá prescindir de ambas. No habrá socialismo sin diversidad, como no lo habrá sin autogestión.

Entre los grandes desafíos del paradigma autogestionario desde la perspectiva de la resistencia latinoamericana se pueden mencionar:

  • La debilidad aún de una propuesta de producción y reproducción de la vida superadora del capital y de una organización económica autogestionaria.
  • El sesgo local y sectorial prevaleciente en dichas experiencias, las cuales todavía no tienen una propuesta articuladora a escala nacional o regional y, por otra parte, la autogestión continúa, en su mayoría, encapsulada en experiencias económicas, aunque es necesario reconocer los grados de generalización que va alcanzando.
  • En las campañas y redes internacionales, son pobres los mecanismos que garanticen una amplia participación en la toma de decisiones y la designación de representantes.
  • Los gobiernos progresistas y revolucionarios en el poder no han encontrado mecanismos de articulación de las experiencias autogestivas, incluso, en aquellos casos en los que les permitieron el acceso al gobierno.
  • La experiencia más radical y duradera, aquella que se ha mantenido contra todas las agresiones y pronósticos, y la que, además, tiene las mejores condiciones (y la mayor necesidad) de aplicación de experiencias autogestionarias, la Revolución Cubana, continúa sin dar cabida a tal alternativa en sus estrategias de sobrevivencia y desarrollo.

12 João Pedro Stedile y Bernardo Mançano Fernandes: Brava gente: la lucha de los sin tierra en Brasil, Caminos, La Habana, 2001.
13 João A Peschanski: La evolución organizacional del MST, tesis, Universidad de São Paulo (USP), São Paulo, octubre de 2007, p. 124.
14 Bernardo Mançano Fernandes: La formación del MST en Brasil, Vozes, Petrópolis, 2000, p. 82.
15 I. Jinkings e J. A. Peschanski: Ob. cit. (en n. 10), p. 17.
16 Ídem.
17 Zilda Iokoi: Iglesia y campesinos: teología de la liberación y movimientos sociales en el campo. Brasil y Perú, 1964-1986, Hucitec, São Paulo, 1996, p. 98.
18 Gilmar Mauro: Construir el poder popular: el gran desafío del nuevo siglo, cartilla de Consulta Popular, abril de 2006.
19 Ver I. Jinkings y J. A. Peschanski: Ob. cit. (en n. 10).
20 J. P. Stedile y B. M. Fernandes: Ob. cit. (en n. 12), p. 74.
21 Según datos del propio MST: , «asentamiento» es una ocupación que está regulada por proyectos de reforma agraria del gobierno, «campamento» es una ocupación que reivindica la regularización.
22 J. P. Stedile y B. M. Fernandes: Ob. cit. (en n. 12), p. 283.
23 Reforma agraria: por un Brasil sin latifundio, MST, São Paulo, 2000, pp. 50-51.
24 G. Mauro: Ob. cit. (en n. 18).
25 I. Jinkings e J. A. Peschanski: Ob. cit. (en n. 10), p. 24.

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