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La Coctelera

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25 Enero 2011

Uruguay: La cara oculta de la impunidad

EL NUEVO CAPRA, LA VIEJA MEGACORRUPCIÓN Y LAS TORRES INCONCLUSAS DE LA
DICTADURA DE LOS RAPIÑEROS ORGANIZADOS Y PROTEGIDOS...
¿NO HAY CON QUÉ DARLES?

Hace ya casi 20 años -durante 1992, desde sus comienzos- alrededor de
un centenar de familias acuciadas por la ver-dadera tragedia social de
la falta de vivienda y de trabajo decoroso y estable, y sin más
alternativas que vivir a la intempe-rie y de la mendicidad pública,
el arrebato o el jodido asistencialismo gubernamental, u ocupar
lugares abandonados de muy precarias condiciones edilicias y
sanitarias, arremetimos en masa sobre cinco de las decenas y decenas
de "torres" "del BHU" inconclusas que pululaban entonces por
Montevideo como resultado y evidencia material -contante, sonante y
vergonzosa- de los fraudes, las estafas y los robos lisos y llanos,
cometidos por empresarios de la industria de la construc-ción,
inmobiliarias, bancos, financieras y afines, con la complicidad o la
vista gorda de jerarquías estatales -muy especial-mente durante la
dictadura-, en perjuicio del Banco Hipotecario "del Uruguay", del
Banco República y de promitentes familias compradoras que habían
financiado las construcciones luego abandonadas, a través del ahorro
sistemático y prolongadísimo en las arcas de dicha institución
"social" oficial, creada por el reformismo burgués de la primera mitad
batllista del definitivamente extinguido Uruguay del siglo XX.
Algunas de estas llamadas "promotoras" -auténticas mafias capaces de
cualquier disparate-, pertenecían a cadenas multinacionales que operan
en el mundo entero y que, en muchos casos, su negocio consiste,
parcialmente, en invertir en aventuras bélicas imperialistas que
significan la destrucción de ciudades enteras (y el genocidio más
salvaje, por supuesto) y el posterior negoción de su reconstrucción
(además del negocio de la venta y tráfico de armas, entre otros, como
lo vemos hoy en Irak y Afganistán, por mencionar únicamente los
ejemplos actuales más gruesos y conocidos).
Pero volvamos al 1992, aquel ´92 en el que lo único considerado
relevante en el plano político, fue el abrumador rechazo popular a la
Ley de Empresas Públicas con la que se pretendía imponer la
privatización casi total del Estado. El otro hecho estimado como muy
importante, lo fue la movilización estudiantil a nivel secundario, con
huelgas y ocupaciones de centros de estudio contra la reforma
neoliberal de la enseñanza y contra criterios oficiales represivos y
regresivos. Las ocupaciones de los edificios inconclusos, sin embargo,
no tuvieron casi más eco que el que recibieron como asunto de la
"crónica roja", y, también entonces, como expresión de caprichos
"ultraizquierdistas". Prácticamente, tampoco hubo atención del tema
por parte de los grupos políticos institucionalizados, ya muy
entretenidos en la siembra y la cosecha electoralista; la poquísima
militancia orgánica que "arrimó" a las ocupaciones, fue más un
problema que un aporte (amagues de traslado a ese ámbito de pujas y
protagonismos propios de los aparatos y aparatitos; vedetismo, puro
deporte ocupacional, no exento en algunos casos de actitudes éticas
francamente condenables, que terminaron incidiendo sensible y
nocivamente en el desarrollo ulterior de este auténtico movimiento
social de abajo, muy difícil de ser controlado partidariamente, pero
también muy contaminable por individualidades e individualismos
fuertemente egoístas, sectarios y divisionistas).
Todo empezó en enero con la toma masiva del edificio inconcluso de
Avda. Agraciada y Suárez -en el verano, como pasó ahora con los dos
centenares de familias del barrio Nuevo Capra que ocuparon las cuatro
o cinco hectáreas baldías de esa zona- y llegó hasta setiembre-octubre
de 1992, con la ocupación de lo que hoy es un coqueto edificio de
Constitu-yente y Magallanes, en el que un bebé de meses falleció al
caer desde el noveno piso por ausencia de condiciones míni-mas de
seguridad -a semejanza de lo ocurrido poco antes en el de Agraciada
con otro niño, de tres años-. En todos los casos hubo automáticamente
denuncias penales contra las familias ocupantes, intervención policial
intimidatoria con algún empujón a los cachiporrazos e insultos -pese a
que algunos de los ocupantes habían sido milicos-, interminables
plantones y amansadoras en los juzgados, amenazas de procesamiento,
cárcel y envío de los menores a albergues del INAU (INAME, en aquellos
años); gente que se asustó y abandonó las ocupaciones para terminar
abajo de alguna ochava o algún puente de la ciudad, y gente que, sin
embargo, resistió exponiéndose al riesgo de las rejas y el escarnio
público, sin desistir de la firme determinación de poner fin, de una
vez por todas, organizadamente y con dignidad obrera, a la ominosa
odisea tras un techo decoroso, que en algunos casos lo era desde toda
la vida, generación tras generación, como una auténtica condena
histórica y hereditaria, sin fin, más brutal y vergonzante que la de
ser considerado un delincuente o un violador de la famosa y
nauseabunda "propiedad privada" (no la del rancho donde se vive, el
pantalón que vestimos o el cepillo de dientes, se entiende) elevada a
la categoría de sublime razón de ser de los chupasangre de toda laya.
No parece ser éste ni el lugar ni el momento apropiados para entrar
en detalles -muy jugosos y "pedagógicos", por cierto, que, lo
prometemos, trataremos de registrar entre unos cuantos en poco tiempo,
por escrito, no como repertorio de anécdotas pintorescas o negocio
editorial, y sí como sistematización de enseñanzas que a estas alturas
deben ser colecti-vizadas para que el pueblo pobre se las apropie, las
use, las mejore, las imponga, en una lucha que no sólo no ha perdido
sentido para nada -como podemos apreciarlo diariamente-, sino que es
parte sustancial de una muy dura lucha más general, más profunda y más
prolongada, por abolir esta sociedad inmunda que postula como mandato
divino un "derecho a la propiedad privada" que no es otra cosa,
precisamente, que la pretensión de que respetemos religiosa y
obedientemente el robo organizado desde el mismo Estado, pues la
propiedad privada es en definitiva la apropiación privada y compulsiva
de lo que sale de las manos de los trabajadores -los mismos que penan
por un techo en condiciones dignas-, y que nos es arrebatado regular e
incesantemente mediante la fuerza, la violencia institucionalizada,
las leyes promovidas por los mismos ladrones y un sistema judicial que
actúa siguiendo incondicionalmente sus mandatos (siempre,
"naturalmente", con la complicidad activa de todo el aparato estatal
coercitivo-represivo y la industria mediática, puestos al servicio de
la minoría rapiñera que es la misma minoría opresora y explotadora que
reclama a gritos medidas duras contra ocupantes de predios baldíos o
de lugares de trabajo donde se viola sistemáticamente el derecho a la
sindicalización y leyes y normas laborales básicas). Dejemos esos
detalles para otra oportunidad más propicia, y detengámonos en las
siguientes conside-raciones que seguramente no habrán de motivar la
intervención "de oficio" de ningún juez, fiscal o legislador (a no ser
algún profesional "desubicado" que esté dispuesto a resignarse a un
traslado obligado hacia la sede de algún juzgado lejano de la campaña,
o, directamente, al despido o la jubilación anticipada tras ser
"sumariado" con cualquier pretexto arbitrario aplicado por los que
cortan realmente el bacalao):
En 1992, tras las dos primeras ocupaciones de edificios sin terminar
en manos, teóricamente, del BHU, las familias ocu-pantes fuimos
descubriendo con sorpresa, perplejidad y muchísima bronca e
impotencia, un paquete impresionante de mega-chanchullos
multimillonarios, por los que nadie estuvo preso siquiera un segundo,
ni siquiera en calidad de "indaga-do", ni ayer, en plenos gobiernos
"cívico-militares" y blanqui-colorados, ni hoy, en plenos gobiernos
"progresistas" preocu-padísimos por la defensa de la "sagrada e
intocable propiedad privada" y el salvataje de un sistema capitalista
que se cae a pedazos y que en su caída nos agarra de las patas y los
testículos, a algunos resistiendo y a otros, colaborando servil-mente.
Fue especialmente en el proceso "cívico-militar" que se impuso una
modalidad lisa y llanamente delictiva prolijamente organizada, que
venía practicándose ya, incipientemente, desde la época "demokrática"
del pachecato:
Se presentaban ante el BHU y el Banco República, en calidad de
"promotoras", empresas fantasmas (en general, parale-las, truchas,
piratas, de mentira, inventos temporarios y fantasiosos de
"prestigiosas" y renombradas empresas del negocio de la construcción y
del financiamiento habitacional, consorcios, etc., la mayoría de ellas
actuando todavía con total impu-nidad en el presente) a las que se les
aprobaban cuantiosísimos planes de financiación oficial por el
"compromiso" (a través de contratos y convenios rigurosamente
"legales") de construir "torres" habitacionales destinadas
fundamentalmente a sectores pertenecientes a "capas medias" en
condiciones de poder bancar mes a mes cuotas importantes con las que,
supuestamente, dejarían la condición de "promitentes propietarios",
para pasar a ser "propietarios plenos", luego de añares de aportes
mensuales que irían cobrándose las mismas empresas promotoras, o, de
manera mixta, entre ellas y el mismo BHU y el BROU.
La operativa fraudulenta era tan elemental y sencilla, y tan
escandalosamente monumental, que parece increíble que no haya saltado
a la luz pública antes de la cadena de ocupaciones de 1992, pero más
increíble todavía es que aún hoy pueda mantenérsela en el silencio más
absoluto y sugestivo, siendo muy evidente que no hay nadie
-absolutamente nadie, ni siquiera con intención proselitista o
electorera- dispuesto a hincarle el diente al asunto aunque más no
fuera superficialmente y sin meterse muy a fondo con "el poder" y
estafadores profesionales claramente identificables y
justifica-damente encarcelables. De hecho, toda una caterva de
encubridores, sigue colaborando con quienes debieran estar entre rejas
y con sus bienes inmuebles y otros, legítimamente expropiados por el
Estado.
Operaban así de sencillo: la empresa comprometía la construcción en
etapas, por las que previamente recibía los dineros estatales en
cifras abultadísimas y en condiciones que, además, oficiaban de "aval"
para interesantes líneas de crédito privado otorgado ligeramente por
comerciantes y despachantes de aduana proveedores de  máquinas,
herramientas, materias primas y otros materiales, y hasta mano de obra
calificada (pues ya funcionaba la maldita y podrida tercerización), a
la espera de pagos virtuales que resultarían jugosísimas ganancias
futuras, pero que, en general, no se harían efectivos en su totalidad,
jamás (más de una empresa acreedora, dio quiebra por esta vía, dejando
más tendal de desocupación, salario impago e incobrables deudas con la
DGI y otros organismos estatales).
Las "promotoras", se puede decir que cumplían formalmente con dichas
etapas constructivas, paso a paso (aunque en la mayor parte de los
casos, el "cumplimiento" significara pésimas construcciones realizadas
con los peores materiales, fácil y rápidamente deteriorables y con
serios riesgos de derrumbe o cortocircuitos eléctricos, o cualquier
otro siniestro ante fuertes embates de la naturaleza, por ejemplo).
Pero la joda, la gran joda planificada y olfateable hasta por el más
tonto de los mortales, sobrevenía y cristalizaba "magis-tralmente" en
la etapa póstuma de la construcción: la etapa "finalista", aquella en
la que resulta imposible truchar imple-mentos y materiales referidos
al aspecto sanitario y de saneamiento; a la cerámica y los mármoles,
al granito auténtico; a ductos adecuados para el servicio de agua
potable, energía eléctrica y líneas telefónicas; ascensores, placares,
vidrios de buen grosor, espejos, mampostería de calidad, etc., etc.,
etc.. Todo en general importado y de altísimos precios cotizados en el
mercado y que, obviamente, representaban la parte más suculenta de los
frívolos y generosísimos "préstamos" anticipados del BHU y el BROU a
las promotoras privadas sedientas de lucro y curros al por mayor y sin
importar cómo, pero siempre actuándose en aras de la "propiedad
privada" y al amparo de la inexpugnabilidad del gran capital impune.
Desdichadamente, nuestra muy poca conciencia, entonces, de las
proyecciones escandalosas de todo esto, nos llevó a subestimar los
resultados documentados de nuestra propia investigación. Está claro:
no éramos cazafantasmas, éramos gente que ni siquiera sospechaba qué
pudiera haber atrás de tanto edificio inconcluso y abandonado. Nuestra
investiga-ción, en principio, respondía al propósito inmediato de
obtener un techo adecuado en condiciones asumibles, que no pasaba
necesariamente por quedarnos en esas instalaciones ubicadas en barrios
con todos los servicios comunitarios necesarios, sino que apuntaba a
que las ocupaciones operaran como puente hacia otras soluciones más
accesibles, a las que, supuestamente, se prestaría atención desde "el
poder" en la misma medida que éste sintiera peligrar, en última
instancia, su famosa y execrable "propiedad privada", por más que ella
fuera obtenida por medios escandalosamente fraudulentos y corruptos,
como era evidente.
Tan "pajaritos" fuimos, que las voluminosas carpetas que logramos ir
armando con datos muy firmes sobre esta mega-joda a varias puntas, las
entregamos una a una a los legisladores del momento y a algunos ediles
departamentales, sin quedarnos siquiera con un original a mano
copiable para hacerlo público luego (aunque es probable que aparezca
alguno o que alguno de esos ex-legisladores tenga la bondad de
proporcionarlo a algún medio de prensa, aunque ninguno de los
semanarios "de izquierda" del ´92 ni la prensa "plural" reprodujo
siquiera un párrafo de los facsímiles que se les envió entonces,
prolijamente). Nos pasamos días enteros recorriendo los más
impensables rincones de la burocracia estatal financiera y
entrevistando a acreedores jodidos por las promotoras; identificamos
señorones de la política y la politiquería delicadamente comprometidos
en la corrupción inmobiliaria y afines; hasta personajes del poder
judicial lo estaban, aunque muy bien "cubiertos" por las formalidades
de la superestructura del sistema; más de un alto oficial de las
FF.AA. quedaba repegado en el curro, incluso alguno que todavía tenía
cierta jerarquía en el aparato represivo, a pesar de tristísimos
prontuarios criminales (es más, algunas referencias conducían a la
sospecha, por lo menos, de que algunas muertes nunca aclaradas de
empresarios que habían aparecido carbonizados en sus autos o en sus
domicilios, en plena dictadura, tenían que ver con toda esta mierda).
Nos faltó precisamente eso que hoy desde "el poder" se les achaca
gratuitamente a los ocupantes del Nuevo Capra o a cualquiera que deje
de llorar sus derechos para ejercerlos en lo concreto: visión
política, articulación operativa, clara comprensión de los piolines
que habíamos empezado a tocar y tironear, comprensión de que en
realidad éramos una pequeña expresión de eso que hemos dado en llamar
imprecisamente "poder popular"... Faltó espíritu "Monty"; o sea, no
contabilizamos como herramienta de fuerte presión y de impacto
psicológico sobre la "opinión pública", la revelación masi-va de toda
la documentación probatoria, incluso para promover demandas penales
que hubieran alcanzado a más de un mandamás todavía activo
políticamente y en la joda financiera actual a niveles hasta extra
nacionales (me refiero a la financiera "Monty", intervenida en los ´60
por el ex MLN, capturándose enorme cantidad de documentos que probaban
corrupciones e implicancias gigantescas indesmentibles por completo y
que escrachaban fehacientemente a los múltiples y polifacéticos
implicados, gente "de peso" del pachecato y compañía).
Las cifras de lo que el BHU y el BROU eran (son) acreedores debido a
estas estafas en cadena y organizadas, eran (son) monstruosas,
siderales, y equivalen a decenas y decenas de miles de nuevas
viviendas o reciclajes. Sencillos, prácticos y ágiles recursos de
"justicia" elemental (y ésta no es monopolio de los jueces; lo es
también de los poderes políticos), harían realizable el cobro de estas
deudas fenomenales con el Estado, este Estado que algunos dicen "somos
todos". En efectivo o en valores no perecederos, como espectaculares
mansiones en Carrasco y Punta del Este, intermi-nables estancias
plenas de ganado y buena tecnología de punta, costosísimos cero
kilómetros, "inviolables" cuentas bancarias y secretísimos "cofre
fort", serían (son) la fuente natural con que cobrarse los mega-afanes
y con que construirse señoras viviendas ni parecidas a los aberrantes
núcleos básicos o las cuevas infrahumanas de "Un techo para mi país" o
similares...
Porque, en realidad, la situación es la misma del ´92, de ese año en
que las ocupaciones pasaron sin pena ni gloria, de-jando muchas
familias diezmadas, más jorobadas que antes, destruidas. Derrotadas,
en definitiva (hay que admitirlo; sería un necio triunfalismo sostener
lo contrario), por manipulaciones demagógicas y por contradicciones
internas para nada insuperables, pero que para superarlas hacen falta
la transmisión prolija y sistemática de las enseñanzas dejadas por
nuestras propias experiencias; la comprensión, además, de que
cualquier acción directa del pueblo, por más espontánea que ella
aparezca, desenvuelve situaciones y potencialidades de enorme riqueza
no sólo en cuanto a metas inmediatas y puntuales, por lo que exigen
precisamente lo que hoy no poseemos aunque traten de endilgarnoslo los
burócratas: pers-pectiva política, malicia política, avive político,
al menos claro olfato o instinto de clase que nos diga que
siempre-siempre, los que creen "representarnos" -aún con la "mejor" de
las voluntades- terminarán cagándonos, si los dejamos, si no les
hacemos sentir nuestra fuerza real y si no recurrimos a ventilar toda
la podredumbre que actúa como freno anti "poder popular", para lograr
lo que con toda seguridad se logra apelando a la conciencia popular de
nuestros iguales a través de la pura verdad sin fruslerías
politiqueras, de frente, sin eufemismos, sin decir gre-gre para decir
Gregorio.
Y, para terminar esta desprolijísima sarta de ocurrencias surgidas
viendo cómo se ha intentado sopapear y engañar a las ejemplares
familias trabajadoras del Nuevo Capra, una sugerencia lanzada como
desafío para todos nosotros y nosotras, viendo cómo las cosas parecen
haberse quedado congeladas por inercia en el año 1992:
¿No habrá que activar por todos los medios posibles (facebook,
pintadas, lo que se te ocurra) la exigencia popular de que sean
definitivamente ejecutados -materialmente ejecutados- los culpables de
las estafas anti BHU y BROU y que lo rescatado sea empleado "como dios
manda" de una vez por todas?.
Por si hay dudas, démosle bola a estas pocas palabras y números
extraoficiales pero ciertos, difundidos nada menos que por el diario
de la burguesía cipaya, publicados el 31 de noviembre del año que
recién terminó bajo el título "Desalojar intrusos no es nada fácil":

Las cifras:

55.000 viviendas están deshabitadas en Montevideo. Hay unas 500 casas
en ruinas y unos 80 edificios inconclu-sos.
Ciudades:
Vivienda. Empresarios del Parque Rodó buscan eliminar un foco de
problemas comprando el edificio abandona-do de Bulevar Artigas y
Maldonado. Defensoría del Vecino tiene 25 casos problemáticos
(Diario El País, 31/10/2010, Montevideo).
Por último, la memoria libre y soberana, me trae el recuerdo casi
mágico (que algunos, por supuesto, tratarán de des-mentir) de una
tarde-noche de los ´80, en la que se detuvo y se aniquiló por vía de
la decisión política "de arriba", una ola entusiasta, justa y valiente
que había prendido con enorme fuerza en las bases del FA, al fin de
cuentas gente de laburo entre la que mucha, muchísima, ya estaba en la
situación en la que hoy están las familias del Nuevo Capra y un sinfín
de familias orientales más, en la capital y en el interior:
PARA ESA NOCHE, COMO UNA TEMPESTAD DE JUSTICIA POPULAR IMPARABLE, SE
HABÍA IMAGINADO Y ORGANIZADO MÍNIMAMENTE -y muy orgánicamente, por
cierto- LA OCUPACIÓN MASIVA DE MUCHÍSIMAS DE LAS MÁS DE 40.000
VIVIENDAS ENTONCES DESHABITADAS EN MONTEVIDEO (mantenerlas sin
alquilar, es una manera de mantener altos los precios de los
alquileres, artificializando y potenciando la demanda a la vez que se
reduce también antojadizamente la oferta).
Nunca quedó claro de donde ni de quiénes partió la "contraorden", pero
aquellos tiempos, ya eran, no hay duda, estos tiempos en los que ni
siquiera hay bases para emprender nada serio y comprometido con los
intereses de los que están más jodidos, aunque éstos estén aludidos en
cada discursillo de moda... Eran tiempos, ya, en los que los
"dirigentes" no dirigían nada, pero sí mandaban y resolvían en todo y
por todos monopólicamente (y con madurez político-ideológica, por
supuesto, tanta que el hedor ya empezaba a sentirse a la legua),
abandonándose aquella "otra forma de hacer política" con la que el FA
había nacido en la época en que ningún militante soñaba con que la
justicia saliera precisamente o exclu-sivamente del poder judicial,
como hoy predica el vice recomendando "dejar hacer a la justicia"
(dejar hacer, está claro, es seguir haciendo lo mismo que ya
conocíamos: dejarnos cagar, mientras el vice y sus cómplices duermen
placenteramente en sus regias casas con alarma de seguridad y GPS, "en
el país de los cambios").
Hacerse eco de todo esto, es también organizar la pelea con la gente
del Nuevo Capra y de todos los Capra que están en el vientre de la
loba que seguirá pariendo rebeldía y justicia desde abajo, a veces con
frustración y más penurias y des-engaños, pero no siempre.
Traducir al lenguaje de todos los días, estas líneas desprolijas,
equivale no sólo a la necesaria denuncia. Es también una forma de
potenciar y clarificar en los hechos qué es el famoso "poder popular",
darle fuerzas dándole razones que no vendrán de otra gente que no
seamos nosotros mismos, el ultraje desparramado por todo el país, que
no vive ni en Ca-rrasco ni veranea en Punta, que es vilipendiado por
la "izquierda tradicional", que es "infantillista" por no transar con
los que transan, que se tropieza más de una vez con la misma piedra,
pero, como el común de la gente, no queda ni rengo de razones ni de
principios elementales.
Así, pues: ¡Arriba todos los Nuevo Capra!!!, ¡Abajo los que siguen
amparando a los delincuentes de cuello duro!!!. ¡Juicio y Castigo para
los estafadores y los especuladores de una impunidad que es la misma
que nos dejó tortura, desapariciones y niños durmiendo en la calle,
"educados" para una vida de rejas, titulares de diario y el desprecio
más inhumano y jodido imaginable: el desprecio a la pobreza que
todavía no se ha convertido en desprecio a la pobreza y resignación a
vivir como animales!!!.

¡Arriba los que luchan!!!

Gabriel Carbajales

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