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15 Mayo 2011

México_Subcdte Insurgente Marcos: carta 2da a Luis Villoro...

De "Informaciones del Centro de Español y Lenguas Mayas Rebelde Autónomo Zapatista"
celmrazinfo@cronopios.org

DE LA REFLEXIÓN CRÍTICA, INDIVIDU@S Y COLECTIV@S.
(Carta Segunda a Luis Villoro en el Intercambio Epistolar sobre Ética 
y Política)

 
Abril del 2011.
"Si en el cielo hay unanimidad, apartadme un lugar en el infierno"
(SupMarcos. Instrucciones para mi muerte II)
 
I.- LA PROSA DE LA CALAVERA.
Don Luis:
Salud y saludos maestro. Esperamos de veras que se encuentre mejor de 
salud y que la palabra sea como esos remedios caseros que alivian 
aunque nadie sabe cómo.
Cuando inicio estas líneas, el dolor y la rabia de Javier Sicilia 
(lejano a la distancia pero cercano en ideales desde antaño) se hacen 
eco que reverbera en nuestras montañas. Es de esperar y de esperanza 
que su legendaria tenacidad, así como ahora convoca nuestra palabra y 
acción, alcance a agrupar las rabias y dolores que se multiplican en 
suelos mexicanos.
De Don Javier Sicilia recordamos sus críticas irreductibles pero 
fraternas al sistema de educación autónoma en las comunidades 
indígenas zapatistas y su terquedad al recordar periódicamente, al 
finalizar su columna semanal en la revista mexicana PROCESO, el 
pendiente del cumplimiento de los Acuerdos de San Andrés.
La tragedia colectiva de una guerra insensata, concretada en la 
tragedia particular que lo hirió, ha colocado a Don Javier en una 
situación difícil y delicada. Muchos son los dolores que esperan 
encontrar eco y volumen en sus reclamos de justicia, y no son pocas 
las inquietudes que esperan que su voz acuerpe, que no dirija, las 
ignoradas voces de indignación.
Y también ocurre que en torno a su figura agigantada por el digno 
dolor, acechen los buitres carroñeros de la política de arriba, para 
quienes una muerte vale sólo si suma o resta en sus proyectos 
individuales y de grupúsculos, aunque se escondan detrás de una 
representatividad.
¿Un nuevo asesinato se hace visible? Pues entonces hay que ver cómo 
afecta eso la pueril contabilidad electoral. Para allá arriba importan 
las muertes si pueden incidir en la agenda electoral. Si no se pueden 
capitalizar en encuestas y tendencias de preferencia electoral, 
entonces vuelven a la lúgubre cuenta donde las muertes ya no importan, 
aunque sean decenas de miles, porque vuelven a ser un asunto individual.
Ignoro, al momento de escribirle estas palabras, los pasos que sigue 
ese dolor que convoca. Pero su reclamo de justicia, y todos los que en 
él se sintetizan, merecen nuestro respeto y apoyo, aún con nuestro 
pequeño ser y nuestras grandes limitaciones.
En el ir y venir de las noticias sobre ese suceso, se recuerda que Don 
Javier Sicilia es poeta. Tal vez por eso su persistente dignidad.
En su muy particular estilo de ver y explicar el mundo, el Viejo 
Antonio, ese indígena que fue maestro y guía de todos nosotros, decía 
que había personas que eran capaces de ver realidades que aún no 
existían y que, como no existían tampoco las palabras para describir 
esas realidades, entonces tenían que trabajar con las palabras ya 
existentes y acomodarlas de un modo extraño, en parte canto y en parte 
profecía.
El Viejo Antonio hablaba de la poesía y de quienes la hacen. (yo 
agregaría a quienes la traducen, porque l@s traductor@s de la poesía 
que habla lenguas lejanas también deben ser un mucho hacedor@s de 
poesía).
Los poetas, las poetisas, ¿ven más lejos o ven de otro modo? No lo sé, 
pero buscando algo que, dicho en el pasado, hablara del presente que 
nos duele y del futuro incierto, encontré este escrito de José Emilio 
Pacheco que me mandó hace tiempo un mi hermano mayor y que viene al 
pelo para que nadie entienda:
Prosa de la Calavera.
 
Como Ulises me llamo Nadie. Como el demonio de los Evangelios mi 
nombre es Legión. Soy tú porque eres yo. O serás porque fui. Tú y yo. 
Nosotros dos. Vosotros, los otros, los innumerables ustedes que se 
resuelven en mí.
(?)
Después fui, al punto de convertirme en lugar común, símbolo de la 
sabiduría. Porque lo más sabio es también lo más obvio. Como nadie 
quiere verlo de frente nunca estará de sobra repetirlo: No somos 
ciudadanos de este mundo sino pasajeros en tránsito por la tierra 
prodigiosa e intolerable.
Si la carne es hierba y nace para ser cortada, soy a tu cuerpo lo que 
el árbol a la pradera: no invulnerable, tampoco perdurable, sí 
material más empecinado o resistente.
Cuando tú y todos los nacidos en el hueco del tiempo que te fue dado 
en préstamo acaben de representar su papel en este drama, esta farsa, 
esta trágica y bufa comedia, yo permaneceré por largos años: 
descarnada desencarnada.
Serena mueca, secreto rostro que te niegas a ver (arráncate la 
máscara: en mí hallarás tu verdadera cara), aunque lo sabes íntimo y 
tuyo y siempre va contigo.
Y lleva adentro, en fugaces células que a cada instante mueren por 
millones, todo lo que eres: tu pensamiento, tu memoria, tus palabras, 
tus ambiciones, tus deseos, tus miedos, tus miradas que a golpes de 
luz erigen la apariencia del mundo, tu alejamiento o entendimiento de 
lo que realmente llamamos realidad.
Lo que te eleva por encima de tus olvidados semejantes, los animales, 
y lo que te sitúa por debajo de ellos: la señal de Caín, el odio a tu 
especie, tu capacidad bicéfala de hacer y destruir, hormiga y carcoma.
(?)
Porque voy con ustedes a todas partes. Siempre con él, con ella, 
contigo, esperando sin protestar, esperando. De los ejércitos de mis 
semejantes se ha forjado la historia. De la pulverización de mis 
añicos está amasada la tierra.
(?)
Así, quién lo diría, yo -máscara de la muerte- soy la más profunda 
entre tus señales de vida, tu huella final, tu última ofrenda de 
basura al planeta que ya no cabe en sí mismo de tantos muertos. Si 
bien sólo perduraré por breve tiempo, de todos modos muy superior al 
que te concedieron.
(?)
Toda belleza y toda inteligencia descansan en mí, y me repudias. Me 
ves como señal del miedo a los muertos que se resisten a estar 
muertos, o a la muerte llana y simple: tu muerte. Porque sólo puedo 
salir a flote con tu naufragio. Sólo cuando has tocado fondo aparezco.
Pero a cierta edad me insinúo en los surcos que me dibujan, en los 
cabellos que comparten mi gastada blancura. Yo, tu verdadera cara, tu 
apariencia última, tu rostro final que te hace Nadie y te vuelve 
Legión, hoy te ofrezco un espejo y te digo: Contémplate.
(José Emilio Pacheco, ?Prosa de la calavera?, en ?Fin de siglo y otros 
poemas?, México, Fondo de Cultura Económica / Secretaría de Educación 
Pública, Lecturas Mexicanas No. 44, 1984, pp. 114-117)
II.- LA PERTINENCIA DE LA REFLEXIÓN CRÍTICA.
?Cuando la hipocresía comienza a ser de muy mala
calidad, es hora de comenzar a decir la verdad?
Bertold Brecht.
 
La guerra de arriba sigue, y su paso de destrucción pretende también 
que todos empecemos a aceptar ese horror cotidiano como si fuera algo 
natural, algo imposible de cambiar. Como si la confusión reinante 
fuera premeditada y pretendiera democratizar una resignación que 
inmoviliza, que conforma, que derrota, que rinde.
En tiempos en que se organiza la confusión y se ejerce conscientemente 
la arbitrariedad, es preciso hacer algo.
Y un algo es tratar de desorganizar esa confusión con la reflexión crítica.
Como podrá ver en las misivas que le adjunto, Don Luis, se han sumado 
a este intercambio de reflexiones sobre la Ética y la Política, Carlos 
Antonio Aguirre Rojas, Raúl Zibechi, Sergio Rodríguez Lascano y 
Gustavo Esteva. Esperamos que más pensamientos se vayan agregando a 
este espacio.
Quisiera tocar en esta segunda carta nuestra, algunos de los puntos 
que toca usted en su respuesta y que, directa o indirectamente, 
también señalan nuestros corresponsales que lanzan sus ideas desde la 
Ciudad de México, Oaxaca y el Uruguay.
Todos abordan, con sus particularidades, es decir, en su calendario y 
su geografía propios, este asunto de la reflexión crítica. Estoy 
seguro que ninguno de nosotros (usted, ellos, nosotros) pretendemos 
que se establezcan verdades inamovibles. Nuestro propósito es arrojar 
piedras, bueno, ideas, al estanque aparentemente tranquilo del 
quehacer teórico actual.
El símil que uso de la piedra va más allá de la retórica de una 
superficie momentáneamente agitada por la piedra. Se trata de llegar 
al fondo. De no conformarse con lo evidente, sino atravesar con 
irreverencia el estanco estanque de las ideas y llegar al fondo, abajo.
En la época actual la reflexión crítica está aparentemente estancada. 
Y digo aparentemente si es que uno se atiene a lo que en los medios 
impresos y electrónicos se presenta como reflexión teórica. Y no se 
trata sólo de que lo urgente haya desplazado a lo importante, en este 
caso, los tiempos electorales a la destrucción del tejido social.
Se dice, por ejemplo, que el año que nos preocupa, el 2011, es un año 
electoral. Bueno, también lo fueron todos los años anteriores. Es más, 
la única fecha que no es electoral en el calendario de arriba es? el 
día de las elecciones.
Pero ya se ve que la inmediatez difícilmente puede diferenciar lo que 
pasó ayer de lo que pasó hace 17 años.
Salvo las ?molestas? interrupciones de catástrofes naturales y humanas 
(porque los crímenes cotidianos de esta guerra son una catástrofe), 
los teóricos de arriba, o los pensadores de lo inmediato, vuelven una 
y otra vez sobre el tema electoral? o hacen malabarismos para ligar 
cualquier cosa al tema electoral.
La teoría chatarra, como la comida ídem, no nutre, sólo entretiene. Y 
de eso parece tratarse si nos atenemos a lo que aparece en la gran 
mayoría de los diarios y revistas, así como en los paneles de 
?especialistas? de los medios electrónicos de nuestro país.
Cuando estos expendedores de teoría chatarra miran hacia otras partes 
del Mundo y deducen que las movilizaciones que derrocan gobiernos son 
productos de celulares y redes sociales, y no de organización, 
capacidad de movilización y poder de convocatoria, expresan, a más de 
una ignorancia supina, el deseo inconfeso de conseguir, sin esfuerzo, 
su lugar en ?LA HISTORIA?. ?Twittea y ganarás los cielos? es su 
moderno credo.
Y, al igual que los ?productos milagro?, estos exaltadores del 
Alzheimer teórico y político, promueven soluciones fáciles para el 
caos social actual.
A nadie se le ocurre que, tal y como lo presenta la publicidad, si usa 
tal loción para caballero o tal perfume para dama se verá 
instantáneamente en Francia, al pie de la Torre Eiffel, o en los bares 
del Londres de arriba.
Pero, al igual que los productos milagros que prometen bajar de peso 
sin hacer ejercicio y atascándose de comida, y hay personas que lo 
creen, también hay quien cree que se puede tener libertad, justicia y 
democracia con sólo tachar una boleta a favor de la permanencia del 
Partido Acción Nacional, del arribo del Partido de la Revolución 
Democrática o del regreso del Partido Revolucionario Institucional.
Cuando esta gente sentencia que sólo hay una opción, la vía electoral 
o la vía armada, no sólo demuestra su falta de imaginación y de 
conocimiento de la historia nacional y mundial. También, y sobre todo, 
vuelve a tejer la trampa que sirvió de argumento para la intolerancia 
y la exigencia de una unanimidad fascista y retrógrada para uno u otro 
lado del espectro político.
?Brillante? análisis éste que se plantea la urgencia de definiciones? 
frente a las opciones que imponen los de arriba.
Pero de las falsas opciones alerta muy bien Gustavo Esteva en su 
texto, y creo que da para un tema especial de este intercambio a la 
distancia.
En lugar de tratar de imponer sus endebles axiomas, podrían optar por 
debatir, por argumentar, por tratar de convencer. Pero no. Se trató y 
se trata de imponer.
Creo sinceramente que no les interesa debatir en serio. Y no sólo 
porque no tienen argumentos de peso (hasta ahora todo es un listado de 
buenas intenciones e ingenuidades que rayan en lo patético, donde el 
Partido Acción Nacional demuestra que el ?modo Fox? no es un caso 
aislado sino toda una escuela de dirigentes en ese partido, donde el 
Partido Revolucionario Institucional predica el autismo frente a la 
historia propia, donde el vario pinto de la autodenominada izquierda 
institucional pretende convencer con consignas a falta de argumentos), 
sino porque no se trata de cambiar nada de fondo.
Es hasta cómico ver cómo se hacen malabares para encantar a las masas 
(sí, las desprecian pero las necesitan) y al mismo tiempo cortejar sin 
rubor al poder económico.
De lo que se trata, para ellos, es precisamente de maniobrar en el 
estrecho margen de los escombros del Estado Nacional en México para 
tratar de exorcizar una crisis que, cuando reviente, habrá de barrer 
también con ellos, es decir, con la clase política en su conjunto. En 
suma: para ellos es una cuestión de supervivencia individual.
La vocación de soplones, delatores y gendarmes le sienta bien a esta 
chatarra teórica que alentó la histeria intelectual y artística, 
primero en contra del movimiento estudiantil de 1999-2000 y su Consejo 
General de Huelga, y después contra todo lo que no aceptara las 
directivas de esta gavilla de policías del pensamiento y la acción.
Se trata de establecer una diferenciación que es más bien un 
exorcismo: están ellos, los bien portados, es decir, los civilizados, 
y están los otros, los bárbaros.
En su endeble tinglado teórico están, por un lado (y arriba), l@s 
individu@s brillantes, sapientes, mesurados, prudentes; y por el otro 
lado (y abajo) está la masa oscura, ignorante, arrebatada y provocadora.
Del lado de allá: los prudentes y maduros usurpadores de la 
representatividad de las mayorías.
Del lado de acá: las minorías violentas representándose sólo a ellas mismas.
-*-
 
Pero supongamos que les interesa debatir y convencer.
Discutamos, por ejemplo, las reales consecuencia del proyecto 
transexenal de Acción Nacional de cambiar una conocida estrofa del 
Himno Nacional mexicano y en su lugar poner ?Piensa, ¡Oh Patria 
Querida!, que el cielo una víctima colateral en cada hijo te dio? y 
frente al cual ninguno de los otros partidos ha planteado una 
alternativa puntual y firme.
O las supuestas bondades del regreso del Revolucionario Institucional 
y el consecuente refrendo de toda una cultura de corrupción y crimen 
que empapó al conjunto de la clase política de México.
O las posibilidades reales del proyecto de dar marcha atrás a la rueda 
de la historia y volver al Estado Benefactor que es la propuesta de la 
aún endeble coalición de oposición.
Todos, además de detestar la reflexión teórica (claro, la que no sea 
una púber autocomplacencia), se plantean un imposible: mantener, 
rescatar o regenerar los escombros de un Estado Nacional que dio a luz 
y acuerpó al sistema de partidos de Estado. Ése que encontró en el 
Partido Revolucionario Institucional su mejor espejo y frente al cual 
toda la clase política de arriba hoy se esmera en acicalarse.
¿O no se han dado cuenta de hasta qué punto están destruidas las bases 
de ese Estado? ¿Cómo mantener, rescatar o renovar un cadáver? Y aún 
así, hace tiempo que la clase política y analistas que la acompañan se 
esmeran en vano en embalsamar las ruinas.
Pero se entiende, la ignorancia no es condenable. Claro, a menos que 
se vista de sabiduría.
No es posible, decimos nosotros, plantearse cualquier tipo de solución 
al desastre del Estado Nacional sin tocar al sistema responsable de 
esa ruina y de la pesadilla que puebla todo el país.
Hay soluciones, decimos nosotros, pero sólo pueden nacer de abajo, de 
una propuesta radical que no espera a un consejo de sabios para 
legitimarse, sino que ya se vive, es decir, se lucha en varios 
rincones de nuestro país. Y que es, por tanto, no una propuesta 
unánime en su forma, en su modo, en su calendario, en su geografía. Es 
decir, es plural, incluyente, participativa. Nada que ver con las 
unanimidades que pretenden ser impuestas por azules, amarillos, rojos, 
verdes, rosas, y comparsas que los acompañan.
Pero nosotros reconocemos que podemos estar equivocados. Que puede 
ser, es un supositorio, que la destrucción perpetrada aún deje un 
margen de maniobra para rehacer desde arriba el tejido social.
Pero en lugar de alentar un debate serio y profundo, se nos pide que 
volvamos a callar y, otra vez, se nos impele de nuevo a apoyar a 
nuestros perseguidores, a quienes, por ejemplo, dan cobijo con sus 
palabras o su silencio a personas como Juan José Sabines Guerrero, 
quien desde el gobierno de Chiapas persigue y reprime a los que no se 
unen al falso coro de loas a sus mentiras hechas gobierno, a quien 
persigue a los defensores de los derechos humanos en la Costa y Altos 
de Chiapas y a los indígenas de San Sebastián Bachajón que se niegan a 
prostituir su tierra, a quien alienta la acción de grupos 
paramilitares en contra de las comunidades indígenas zapatistas.
Porque quienes realmente conocen lo que se está haciendo y deshaciendo 
en Chiapas y no temen, han renombrado el lema de Sabines y ahora lo 
llaman ?Deshechos, no palabras?. Sabines Guerrero es lo que mejor 
representa a la putrefacta clase política mexicana: tiene el apoyo del 
PAN, del PRI, del PRD y del movimiento de AMLO; es generoso con los 
medios para que digan lo que conviene y callen lo que no le conviene; 
mantiene una apariencia que a nadie le parece importar que sea eso, 
una apariencia presta a hacerse añicos en cualquier momento; y 
gobierna como si del aplicado capataz de una hacienda porfirista se 
tratara.
Y todavía se nos exige ?hacerle aportes críticos constructivos? a un 
movimiento dirigido y conducido para repetir la misma historia, con 
otros nombres, de opresión.
¿Cuándo van a entender que existen individuos, grupos, colectivos, 
organizaciones, movimientos, a quienes no nos interesa cambiar lo que 
está arriba ni renovar (es decir, reciclar) una clase política que no 
es más que un parásito?
Nosotros no queremos cambiar de tiranos, de dueños, de amos o de 
salvadores supremos, sino no tener ninguno.
Pero en fin, si algo hay que agradecer a lo ocurrido allá arriba, es 
que ha develado una vez más la pobreza teórica y la evidente debilidad 
estratégica de quienes se proponían y proponen mantener, relevar o 
reciclar a los de arriba para exorcizar la rebelión de los de abajo.
Creo sinceramente que una reflexión crítica profunda debiera tratar de 
apartar la mirada del hipnótico carrusel de la clase política y ver 
otras realidades.
¿Qué tienen qué perder? En todo caso, tendrán más argumentos para 
autoerigirse en ?la única alternativa posible?. Después de todo, l@s 
otr@s son taaan pequeñ@s y (¡uff!) taaan radicales.
Aunque tal vez alcancen a ver?
Que el heroico esfuerzo de colectivos anarquistas y libertarios por 
sustraerse de la lógica del mercado capitalista es efecto y causa de 
un pensamiento radical. Y que el futuro tiene su apuesta principal en 
los pensamientos radicales. Así que bien harían en ver con respeto ese 
variopinto modo de tener identidad propia: los piercings, tatuajes, 
estoperoles, las greñas multicolores y demás parafernalia que tanto 
les repulsa.
O la lucha de organizaciones sociales de izquierda independiente, que 
optan por organizar choferes, mini-micro-nano comerciantes y colonas 
(lo que sea de cada quien, las hembras también ahí son mayoría), en 
lugar de organizar automovilistas, cámaras de comercio y asociaciones 
vecinales VIP, y que pueden dar cuenta de cambios importantes en sus 
condiciones de vida. Y no por la vía del asistencialismo electoral 
disfrazado de gestoría, sino por la organización del colectivo con 
proyectos inmediatos, mediatos y de largo plazo. Por algo es que se 
mantienen independientes y así resisten.
O la legendaria resistencia de los pueblos originarios. Si alguien 
sabe de dolor y lucha, son ellos.
O la digna rabia de las madres y padres de asesinad@s, desaparecid@s, 
pres@s. Porque bien harían en recordar que en este país no pasa nada? 
hasta que las mujeres deciden que pase.
O la indignación cotidiana de obrer@s, emplead@s, campesin@s, 
indígenas, joven@s frente al cinismo de los políticos sin distinción 
de color.
O la empecinada lucha de l@s trabajador@s del Sindicato Mexicano de 
Electricistas a pesar de, ellos sí, tener en contra una gigantesca 
campaña mediática, represión, cárcel y amenazas y hostigamientos.
O la persistente lucha por la libertad a l@s pres@s polític@s y la 
presentación con vida de los desaparecidos.
¿O no? ¿La democracia que quieren ellos no es sino una amnesia 
administrada a conveniencia? ¿Se escoge qué ver y así se elige qué 
olvidar?
III.- ¿EL INDIVIDUO CONTRA EL COLECTIVO?
En su misiva, Don Luis, toca usted el tema del individuo y del 
colectivo. Una añeja discusión de arriba los contrapone y ha usado eso 
para hacer la apología de un sistema, el capitalista, frente a las 
alternativas que surgen frente a él como resistencia.
El colectivo, se nos dice, borra la individualidad, la subyuga. Y 
entonces, en un salto teórico ramplón, se pasa a cantar alabanzas al 
sistema donde, se repite, cualquier individuo puede llegar a ser lo 
que sea, bueno o malo, porque existe la garantía de libertad.
Se me ocurre que esto de la ?libertad? es algo sobre lo que habría que 
bordar más a fondo, pero tal vez sea en otra ocasión, por ahora 
volvamos al individuo? o individua, según el caso o cosa.
El sistema canta loas al individuo de arriba o al de abajo.
Al de arriba porque el resaltar su individualidad buena o mala, 
eficiente o deficiente, brillante u oscura, escamotea la 
responsabilidad de una forma de organización de la sociedad. Así 
tenemos que hay individuos gobernantes malos? o más malos (perdón, no 
encontré ninguno que me permitiera poner ?o buenos?), individuos de 
poder económico ídem, etcétera.
Si el individuo de arriba es perverso, torpe, cruel y terco (lo sé, 
parece que estoy dando la media filiación de Felipe Calderón 
Hinojosa), entonces lo que se tiene que hacer es quitar a ese 
individuo malo y poner en su lugar a un individuo bueno. Y si no hay 
individuos buenos, pues entonces al menos malo (lo sé, parece que 
estoy repitiendo una consigna electoral de hace 5 años y pronta a 
reciclarse).
El sistema, es decir, la forma de organización social, queda intacto. 
O sujeto a las variaciones permisibles. Es decir, se pueden hacer 
algunos cambios, pero sin que cambie lo fundamental, a saber: hay unos 
pocos que están arriba, unos muchos que están abajo, y los que están 
arriba lo están a costa de los que están abajo.
Y al individuo de abajo se le aplaude y se le admira porque la 
rebeldía individual no es capaz de poner en serio peligro el 
funcionamiento de esa forma de organización social. O se le ridiculiza 
y ataca porque el individuo es vulnerable.
Permítaseme entonces una arbitrariedad retórica: digamos que los 
anhelos fundamentales de todo ser humano son: vida, libertad, verdad. 
Y que tal vez se puede hablar de una graduación: mejor vida, más 
libertad, mayor conocimiento.
¿Es posible que el individuo pueda alcanzar a plenitud estas 
aspiraciones y sus respectivas gradaciones en un colectivo? Nosotros 
creemos que sí. En todo caso, estamos seguros de que no puede 
alcanzarlas sin el colectivo. ?

¿En dónde, con quién, contra qué??. Éstas, decimos nosotros, son las 
preguntas cuya respuesta define el lugar del individuo y del colectivo 
en una sociedad, en un calendario y una geografía precisos.
Y no sólo. También definen la pertinencia de la reflexión crítica.
Antes dije que estas reflexiones colectivas no pretenden alcanzar la 
verdad general, pero sí tratan de alejarse de la mentira unánime que 
desde arriba se nos trata de imponer.
-*-
 
Y sólo unas palabras sobre esfuerzos que ahora parecen de individuos 
solitarios.
A quienes critican las distintas iniciativas que, aún dispersas, 
surgen del dolor social, habría que recordarles que, al juzgar y 
condenar a quien hace algo, están absolviendo a quien nada hace.
Porque acabar con la arbitrariedad, desorganizar la confusión, parar 
la guerra, son tareas colectivas.
IV.- LO QUE VA A PASAR.
El mundo como ahora lo conocemos será destruido. Desconcertados y 
maltrechos, nada podrán responder a sus cercanos cuando les pregunten 
?¿Por qué??
Primero serán movilizaciones espontáneas, violentas y fugaces. Luego 
un reflujo que les permitirá respirar tranquilos (?¡uf! ya pasó, mi 
buen?). Pero después vendrán nuevos levantamientos, pero organizados 
porque participarán colectivos con identidad.
Entonces verán que los puentes que destruyeron, creyendo que habían 
sido erigidos para ayudar a los bárbaros, no sólo serán imposibles de 
reconstruir, también se darán cuenta de que esos puentes eran para ser 
ayudados.
Y dirán ell@s que vendrá una época de oscurantismo, pero no será sino 
simple rencor porque la luz que pretendían detentar y administrar no 
servirá absolutamente para nada a esos colectivos que se hicieron de 
su propia luz, y con ella y en ella andan y andarán.
El mundo ya no será el mismo mundo. Ni siquiera será mejor. Pero se 
habrá dado una nueva oportunidad de ser el lugar donde la paz sea 
posible de construir con trabajo y dignidad, y no un continuo ir 
contra corriente en medio de una pesadilla sin fin.
Entonces, puesto que poesía, en una pinta sobre un muro derruido se 
leerán estas palabras de Bertold Brecht:
 
Vosotros, que surgiréis del marasmo en el que nosotros nos hemos 
hundido, cuando habléis de vuestras debilidades, pensad también en los 
tiempos sombríos de los que os habéis escapado. Cambiábamos de país 
como de zapatos a través de las guerras de clases, y nos 
desesperábamos donde sólo había injusticia y nadie se alzaba contra 
ella. Y sin embargo, sabíamos que también el odio contra la bajeza 
desfigura la cara. También la ira contra la injusticia pone ronca la 
voz. Desgraciadamente, nosotros, que queríamos preparar el camino para 
la amabilidad no pudimos ser amables. Pero vosotros, cuando lleguen 
los tiempos en que el hombre sea amigo del hombre, pensad en nosotros 
con indulgencia.
 
Vale Don Luis. Salud y que la inmovilidad no triunfe de nuevo.
Desde las montañas del Sureste Mexicano.
Subcomandante Insurgente Marcos.
México, Abril del 2011.
 
P.D.- Ya para terminar esta misiva, otra vez la muerte llegó con su 
imprevisto paso a un camino compañero. Felipe Toussaint Loera, un 
cristiano de esos que creen en la necesidad de la justicia terrenal, 
se fue una tarde de este caluroso abril. De Felipe y de otr@s como él 
son de quienes hablábamos en textos recientes. Él fue y es parte de 
esa generación de hombres y mujeres que han estado del lado de los 
indígenas cuando no estaban aún de moda y también cuando dejaron de 
estarlo. Lo recuerdo en una de las reuniones preparatorias de La Otra 
Campaña, en el 2005, ratificando su empeño en inscribir su historia 
individual en la historia de un colectivo renaciendo una y otra vez. 
Saludemos su vida, porque en ella, a las preguntas ?¿dónde?, ¿con 
quién?, ¿contra qué?? Felipe se respondió: ?abajo, con los indígenas 
que luchan, contra el sistema que los explota, los despoja, los 
reprime y los desprecia?. Todas las muertes de abajo duelen, pero hay 
unas que duelen más cerca. La de Felipe es como si algo muy nuestro 
nos faltara.

 

 

 

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enviado por  CELMRAZ
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