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12 Noviembre 2011

Bolivia: Feminismo comunitario

Julieta Paredes, de la Asamblea Feminista, autora del libro 'Hilando 
fino desde el feminismo comunitario'

Emma Gascó y Martín Cúneo
La Paz, Bolivia

Julieta Paredes fue una de las fundadoras de Mujeres Creando en 1992. 
Tras un agitado debate sobre cómo enfocar el trabajo de este 
colectivo, se integró en la Asamblea Feminista, donde sigue militando. 
Durante la primera presidencia de Evo Morales, trabajó durante dos 
meses para el gobierno realizando un plan en el que se pondrían en 
práctica muchos de los principios del "feminismo comunitario". Según 
reconoce Paredes, aunque no hay voluntad política de cumplir con el 
plan, éste ya se está implementando en las comunidades gracias a las 
organizaciones sociales.

  DIAGONAL: ¿Qué es el feminismo comunitario?
JULIETA PAREDES: En la Revolución Francesa los hombres declaran los 
derechos de los hombres: libertad, fraternidad, igualdad, propiedad 
privada, ciudadanía o Estado nación. Las mujeres se quedaron al 
margen. Y ésa es la modernidad europea occidental; no es que haya 
nacido con la igualdad de las mujeres. A partir de ahí nace el 
movimiento feminista, en toda su razón europeo, occidental, 
norteamericano. Hemos luchado y sólo para los hombres. No. También las 
mujeres queremos nuestros derechos, pero los planteamos como derechos 
individuales. A los derechos individuales de los hombres, queremos los 
derechos individuales de las mujeres: propiedad privada, ciudadanía, 
divorcio...

Nosotras, en nuestro feminismo comunitario, partimos de otro lugar, 
porque nosotras no nos plantamos individualmente, nosotras nos 
plantamos lado a lado con los hermanos. Desde una identidad común 
planteamos una propuesta política, ya no individualista, sino de todos 
mis derechos en la comunidad, no mis derechos individuales. Eso 
presupone que nos reconocemos como parte de las mismas 
discriminaciones, opresiones y explotaciones que sufren nuestros 
hermanos, con la denuncia de que ellos en la comunidad se convierten 
en nuestros opresores y nuestros explotadores. El chacha-warmi, la 
famosa complementariedad andina, es una complementariedad jerárquica 
donde los hombres están sobre las mujeres. Compartimos las luchas con 
ellos, todas las luchas, pero denunciamos que en el interior de la 
comunidad ellos se convierten en nuestros patriarcas y patrones.

Si queremos una revolución y un proceso de cambio eso es lo primero 
que tiene que cambiar en la comunidad. No es suficiente culparle al 
Estado, al q'ara [blanco], al español, del machismo... Nosotras 
pertenecemos a nuestra comunidad, a nuestra identidad cultural, y 
desde ahí vamos a pelear, desde ahí vamos a defender nuestros derechos 
como mujeres que forman parte de la comunidad. Ésa es la matriz del 
feminismo comunitario.

D.: ¿Cuánto tiene este patriarcado de herencia prehispánica y cuánto 
de colonial?
J.P.: Nosotras hablamos de que ha habido un entronque patriarcal. Mis 
hermanos aymaras no se salvan porque igual eran patriarcas antes. Una 
prueba de eso es la negociación que hacían entre hombres en el espacio 
de las llamadas Vírgenes del Sol, utilizado para el servicio sexual, 
económico, político y educativo de las castas dominantes de los incas. 
Y esas hijas eran de los pueblos conquistados. Si antes de que 
llegaran los q'aras [los españoles] esto era un paraíso, como algunos 
hermanos dicen, ¿por qué no eran los hombres el botín de mediación e 
intercambio, por ejemplo, entre los aymaras y los incas?

Sin embargo, en el siglo XIII o XIV las mujeres acá estaban un poquito 
mejor que las mujeres en Europa en esa época, que no tenían tierra y 
no eran consideradas personas... Aquí sí, en las comunidades y en las 
castas dominantes eran consideradas personas. En la Europa del 
medioevo las mujeres dependían de los hombres; del padre pasaban al 
esposo. Aquí existía la patrilinealidad y la matrilinealidad, dos 
líneas tanto de tierras como económica... Había patriarcado, pero la 
situación de las mujeres estaba mucho mejor que en Europa. Nosotras 
siempre decimos "hemos venido de mejor a peor" con la invasión 
colonial, con el capitalismo, con la modernidad. ¿Cómo que nos anda 
diciendo la ONU o la Unicef que hay que mejorar la situación de la 
mujer? Primero tendríamos que recuperar la situación en la que estaban 
nuestras tatarabuelas y de ahí empezar a mejorar.

D.: ¿Cómo cambia el colonialismo la situación de las mujeres?
J.P.: El colonialismo hace un pacto entre hombres para que las peores 
perjudicadas sean las mujeres. Nosotras planteamos que el entronque 
patriarcal crea un imaginario cómplice en nuestros hermanos, como si 
quisieran poder ser en algo como el opresor. Entonces empiezan a 
controlar a sus mujeres con la potestad que les dan los virreyes, los 
españoles, la iglesia. Por eso decimos que si vamos a descolonizar no 
lo vamos a conseguir si no hay una despatriarcalización.

Este dominio sobre las mujeres vuelve a quedar patente en la República 
y la revolución del ‘52, que supuestamente era un revolución liberal. 
Los títulos de la reforma agraria hacen dos traiciones: a la comunidad 
y a las mujeres. Son títulos individuales, pese a que las tierras eran 
comunitarias, y el hombre es el jefe de la familia, la mujer no 
cuenta. Las mujeres se quedan en el ‘52 sin tierra, cuando la lucha 
por las tierras también había sido una lucha de las abuelas.

Con ese entronque de los patriarcados los hermanos salen un poquito 
favorecidos. Ese poquito luego se consolida en los dominios y las 
responsabilidades personales de cada hombre en relación a su compañera 
o las mujeres que lo rodean. Es importante esta matriz de entender las 
cosas, porque no es solo el colonizador, aquí hay responsabilidades de 
cada hombre, de cada abuelo, de cada tatarabuelo traidor a la 
comunidad, traidor a sus hermanas.

D.: ¿Y qué ha ocurrido en los últimos años?
J.P.: Hay un sistemático ocultamiento e invisibilización de lo que es 
la participación política, económica y teórica de las mujeres. Y ese 
sistemático ocultamiento e invisibilización tiene como consecuencia 
que la comunidad hoy está tuerta, manca y coja, porque este lado que 
somos las mujeres [se tapa un ojo], por el patriarcado y el machismo, 
no está funcionando. Por lo tanto, los hermanos están mirando con un 
sólo ojo creyendo que lo miran todo. Nosotras tenemos esta otra 
mirada. Y ésta es la mirada, ésta es la mano y éste es el pie que le 
falta de la comunidad.

En este proceso de cambio la participación de las mujeres no es un 
favor, una concesión, una caridad que puede hacer el hermano Evo, el 
MAS o la Asamblea Plurinacional, es una obligación de toda 
organización y toda comunidad. Porque si no pasa lo que está pasando 
hoy. El proceso se tropieza, se cae, porque piensan que están mirando, 
pero se olvidaron del otro lado. Y de ese lado están viniendo los 
golpes, las corrupciones, los autoritarismos, las jerarquías... Esta 
visión y esta manera de entender es recíproca, no es complementaria. 
Se trata de poner la comunidad en su lugar: no son dos 
individualidades, es una misma, pero hoy está mal. Ese entronque 
patriarcal ha ido reafirmando a los hermanos arriba. Si los 
tatarabuelos dudaban un poco, eran un poco tímidos en su machismo, hoy 
son impunes. Les importa un bledo lo que dicen las mujeres, ellos 
discuten entre ellos, se cagan en lo que podamos decir. Son impunes y 
les importa un pepino.

Este proceso a las mujeres nos plantea el desafío de aportar sin 
renunciar a nuestra autonomía. Eso es el feminismo comunitario. Hemos 
creado esta otra manera de interpretar el feminismo, pero nos seguimos 
llamando feministas. Nuestro plan teóricamente es impecable, creativo, 
novedoso, pero no hay voluntad de cumplirse.

D.: ¿En qué consiste el plan para poner en práctica los principios del 
feminismo comunitario?
J.P.: Lo que se ve por los índices planteados por el propio 
capitalismo es lo que el capitalismo necesitaría de las mujeres en 
América Latina para servir mejor a la acumulación económica. Lo que 
nosotros hemos dicho es que nos negamos a esos índices. Nosotras 
hablamos de campos de acción y de lucha.

Hay un campo de acción y de lucha que es el cuerpo. No es la salud 
reproductiva, es el cuerpo. Ahí puedes discutir desde sexualidad, 
derecho a ser mamá, aborto, hasta los procesos existenciales e 
identitarios del blanqueamiento, porque es nuestra belleza, nuestros 
cuerpos son distintos como indígenas y eso hay que trabajarlo y 
valorarlo. Se trata de la descolonización más íntima. Luego está el 
espacio. Porque, ¿qué espacios tenemos las mujeres? Desde la tierra 
hasta los espacios de la casa, ¿realmente tenemos casa las mujeres? ¿o 
somos unas parias? Aquí también se puede hablar del espacio político. 
Otro campo de lucha es el tiempo, tiempo para trabajar... El trabajo 
doméstico es trabajo, no es amor, es trabajo, es tiempo. Si los 
hombres tienen tiempo es porque no hacen trabajo doméstico. Otro 
campo, el movimiento, tiene que ver con movimiento organizativo y 
autonomía organizativa política y social, autoorganización. Aunque 
estés formando parte de un movimiento grande como puede ser las 
Comunidades Interculturales o los cocaleros, tiene que haber la 
autonomía organizativa de las cocaleras. Y, por último,la memoria, que 
es ese largo recorrido de nuestra sabiduría y nuestras luchas 
heredades de nuestras abuelas, esa memoria larga....

No hay voluntad política para llevar adelante el plan, pero no cuentan 
con nuestra astucia, como dice el Chapulín Colorado, que somos las 
organizaciones sociales. Nosotras estamos caminando por todas las 
comunidades, hablando, construyendo, haciendo alianzas. Es el proceso 
pese a Evo, ojalá sea con él, porque hay que reconocerle sus méritos, 
pero el proceso es nuestro. Y estamos trabajando con las 
organizaciones de mujeres, con organizaciones de hermanos afines... Es 
un feminismo con nuestras comunidades, desde nuestras comunidades, 
haciendo entender peleando. Hay que trabajar con las mujeres. Son las 
organizaciones sociales las que vamos a garantizarlo, de hecho el plan 
ha sido ideado para esto...

D.: ¿Cómo se aplica el plan?
J.P.: Esto en la comunidad lo puede hacer cualquiera, cualquier 
hermana, aunque no sepa escribir. Con estos cinco campos de lucha, las 
mujeres de una comunidad se reúnen para hablar, por ejemplo, de un 
proyecto de gallinas... A partir de cualquier proyecto, ellas tienen que 
discutir cómo se van a ver afectados esos cinco campos de acción. Por 
ejemplo, el cuerpo de las mujeres en este proyecto ¿cómo va a estar? 
¿Con qué tiempo se va a desarrollar? ¿Qué va a significar este 
proyecto de las gallinas si no se comparten las tareas domésticas? ¿Va 
a significar que si antes las mujeres dormían cuatro horas, ahora van 
a dormir dos horas? ¿Y no se trataba de mejorar acaso la situación de 
las mujeres?

Al haber hablado de cuerpo, si una compañera muere duele. Ya no es lo 
cínico de las estadísticas. Porque esta comunidad se ha fijado sus 
propios índices. Entonces el cinismo de la tecnocracia del desarrollo, 
de la planificación del desarrollo lo hacemos mierda con esto. Porque 
ahí los logros los sientes en la piel, porque es tu mamá, tu vecina, 
tu hija... Es otra concepción. Esto lo estamos enseñando, facilitando el 
proceso de aprendizaje de las hermanas, pero es un proceso lento.

D.: ¿Cuál fue el papel de la mujeres en las movilizaciones contra el 
neoliberalismo?
J.P.: En el año 2003 son las mujeres la principal fuerza política y de 
sostén cotidiano de la insurrección. La cotidianidad ha sido 
organizada por las mujeres en ollas comunes. ¿Cómo se ha organizado la 
compra, el trueque, las ollas comunes? A principio de 2005, estalla la 
otra crisis con el gobierno de Mesa. Lo que se hace es una pequeña 
insurrección y ahí los hombres ya eran famosos. La prensa 
internacional los había puesto en la cartelera, se habían puesto de 
moda y ellos no iban a dejar eso. En 2005, los hombres agarran toda la 
dirección. ¿Saben qué hacen? Toman la planta de Sinkata, de repartija 
del gas (antes no teníamos gas domiciliario). "Ni una garrafa de gas 
para la ciudad de La Paz ni a nadie. Bloqueo". ¡Cojudos! ¿Cómo se iba 
a sostener un movimiento sin comida? ¿Cómo comes? Con gas. ¿Ves? [se 
tapa un ojo]. No saben, creen que todo se hace guerreando. Pero la 
revolución se sostiene desde distintos lados, no sólo es cuando 
aparece la tele... Y ahí estamos la mujeres. Si no hubiera sido por las 
mujeres no hubieran resistido ni tres días.

(*) Julieta Paredes fue una de las fundadoras del colectivo artístico y 
político Mujeres Creando
(Publicado en Diagonal nº160)

fuente:
http://losmovimientoscontraatacan.wordpress.com/2011/11/08/%E2%80%9Cde-no-ser-por-las-mujeres-no-hubieran-resistido-ni-tres-dias%E2%80%9D/

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