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22 Enero 2013

El descrecimiento como consigna política

 

Cuernavaca, Morelos, 14 de diciembre de 2012

Un movimiento muy ligado al pensamiento de Ivan Illich se extiende rápidamente por países latinos de Europa (Francia, Italia, España, Portugal) y por algunos otros, como Dinamarca, Polonia, Inglaterra. También, avanza en Canadá, Australia, Japón, México y Brasil. Este movimiento emerge en Francia en 2003, a partir de la publicación del artículo de Serge Latouche, Pour une societe de decroissance (Por una sociedad de descrecimiento) en Le Monde Diplomatique que desata un movimiento social en Francia: La decroissance.

En 2004 el ecologista Francois Schneider recorre Francia en un burro y consigue la creación de grupos de decroissance en varias provincias; se funda en Lyon el periódico La decroissance, luego, el Partido de la decroissance, y más tarde, la Asociación de la decroissance. En su libro Le pari de la decroissance, Fayard, 2006 (La apuesta por el descrecimiento), Serge Latouche nos advierte: La decroissance (el descrecimiento, como lo llamamos en México) no es un concepto, tampoco es una teoría del decrecimiento, es una consigna política con implicaciones teóricas; es una bandera bajo la cual nos agrupamos aquellos que hemos procedido a hacer una crítica radical del desarrollo y que queremos esbozar los contornos de un proyecto alternativo para una política de post desarrollo.

Como lo advierte Latouche, este movimiento internacional tiene su sustento en la labor de una pequeña "Internacional" anti o post desarrollo, en la filiación de Ivan Illich, Jacques Ellul y Francois Partant que desde los años 60 analiza y denuncia las calamidades producidas por el desarrollo en los países subdesarrollados o del Sur y que permanece en Francia de manera casi subterránea hasta 2002, el año del famoso coloquio de la UNESCO en Paris Deshacer el desarrollo, Rehacer el mundo. En este coloquio convergen los seguidores del pensamiento de Ivan Illich, él mismo estuvo presente (fue su última aparición antes de morir en Bremen, en diciembre de ese año), de Nicholas Georgescu Roeguen y de Corneluis Castoriadis. Estas tres grandes corrientes de pensamiento se unifican en torno a la denuncia del crecimiento como valor central del mundo de nuestros días. El coloquio de 2002 en Paris anticipa claramente la crisis de la sociedad de mercado mundializada y propone un salida positiva: la construcción de una sociedad autónoma, participativa y ecológica: la sociedad de descrecimiento.  Esta corriente de pensamiento no sitúa el corazón del problema en el neo o ultraliberalismo o en la economía formal, sino en la lógica del crecimiento percibida como esencia de la economicidad.
No se trata de sustituir una mala economía por una buena economía o un buen desarrollo, pintándolos de verde o de sociales o de equitativos, con una dosis más o menos fuerte de regulación estatal o de hibridación por la lógica del regalo o la solidaridad; se trata de salir de la economía, como quien abandona una religión, pues esa es su naturaleza hoy en día; abandonar el corsé de la escasez, el delirio productivista, el imaginario económico capitalista, los axiomas de la economía.
El movimiento por el descrecimiento considera que el crecimiento económico de los últimos 30 años ha sido en gran medida financiero; sabemos que no hay relación entre riqueza económica y bienestar social; sabemos del contenido polisémico de la palabra riqueza y pobreza.  El movimiento rechaza, también, el llamado desarrollo sustentable al que denuncia como una tentativa de engaño para salvar al crecimiento económico; lo denuncia como un oxímoron y como un pleonasmo.
Por otra parte, nos tememos mucho que tanto el Final del Petróleo Barato y el desorden climático provocan ya un decrecimiento sostenido de la economía mundial; parece que vamos a tener que educarnos por medio de catástrofes; el decrecimiento es ya casi inevitable, tal como lo predijo Georgescu Roeguen. Como alternativa al desastre institucional mundial, Latouche propone descrecer serenamente; Aries propone descrecer equitativamente; Ecomunidades propone descrecer colectivamente.  El descrecimiento debe ser una decisión colectiva de las comunidades y pueblos y también, si se quiere, una decisión ética individual, no impuesta por el espíritu competitivo.

Serge Latouche propone como primer paso la descolonización del imaginario (eliminar la intoxicación mental creada por la escuela, los medios y el consumismo); preconiza el descrecimiento, no como una alternativa concreta sino como una matriz que autoriza el fortalecimiento de alternativas: propone esquemáticamente, como guía: 8 Rs: la Revalorización de los dones de la Naturaleza y de la convivencia humana. Reconceptualizar el trabajo, el empleo, el consumo, la ciudad, la comunidad; Reestructurar: cambiar las relaciones de producción (rechazo al productivismo), distribución y consumo; Redistribuir la riqueza, el acceso al patrimonio natural entre el Norte y el Sur y en el seno de la sociedad; redistribuir la tierra y el trabajo. Relocalizar la política y la economía; proceso de reenclavar-reclavar que favorezca la autoproducción; reducir radicalmente el uso del transporte; Reducir los consumos de agua, energía y otros dones de la Naturaleza, hasta conseguir la huella ecológica adecuada (los estadounidenses tendrían que reducir hasta diez veces sus consumos per cápita, los europeos entre cinco y siete veces, para llegar a la sustentabilidad); reducir las horas de trabajo y el uso de transportes. Reusar y Reciclar.

 Paul Aries, otro de los referentes de este movimiento francés, señala el descrecimiento no es el descrecimiento de todo y para todos, concierne a los que han crecido mucho: los ricos y los países opulentos; propone las siguientes canteras del descrecimiento: terminar con la ideología del progreso o el culto a la ciencia y la tecnología; liberarse de la Megamáquina; acabar con la sociedad de consumo; terminar con la sociedad del trabajo; realizar una relocalización generalizada; reaprender la gratuidad y nuestras relaciones con la Naturaleza, lo que incluye nuestras relaciones con nosotros mismos; reencontrar la autenticidad de la vida o del saber vivir, saber hacer; y saber distinguir los umbrales con la técnica; una vida en la que dejamos de ser espectadores; re significar nuestro cuerpo; re significar el tiempo y el territorio. Reestablecer la convivialidad con el fortalecimiento de la autonomía. Resimbolizar la sociedad; construir un movimiento para el descrecimiento; para terminar con lo imposible: el descrecimiento. La Apuesta por el Descrecimiento, es pues una propuesta para reabrir la creatividad, asfixiada por el totalitarismo economicista, desarrollista, progresista, por el pensamiento único creado por le economía; es una apuesta para reconstruir la convivencia humana y rehacer nuestras relaciones con la Madre Tierra; es una apuesta para recuperar la Buena Vida o el Buen Vivir.     

Miguel Valencia
ECOMUNIDADES
Red Ecologista Autónoma de la Cuenca de México
¡Descrecimiento o Extinción!
Blog: 
http://red-ecomunidades.blogspot.com/  
Blog: Decrecimiento-Descrecimiento Mexico:
http://decrecimientomexico.blogspot.mx

Tags: ecologia

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